Editorial




Qué es el monitor de un ordenador? Un espacio en el que se visualizan nuestros proyectos y los de los demás. El ordenador era un instrumento de trabajo hasta que se comenzó a conectar con otros. El ordenador solitario pasó de ser un elemento aislado a formar parte de una comunidad. Esa comunidad es ahora el mundo entero, una red que cubre -con mayor o menor densidad- la superficie terrestre.

Desde muchos lugares, desde muchos ámbitos sociales se levanta el mismo mensaje: ¡Ha comenzado un nuevo estado de la cultura, el digital! Para muchos, la revolución que está en marcha es similar a la que se produjo con la aparición de la imprenta.

Toda cultura es tecnológica, transparentemente tecnológica, debemos precisar. La imprenta tuvo sus detractores en los inicios, como los tuvo la escritura manuscrita. Las resistencias tienen muchas causas y de muchos órdenes. No es este el lugar adecuado para exponerlas. Los reparos desaparecen cuando las tecnologías son asimiladas y pasan a convertirse en transparentes, es decir, cuando dejan de ser percibidas y se integran de forma plena en su entorno.

Los ordenadores también sufren resistencias, pero los cambios son hoy en día mucho más acelerados que lo fueron en la Antigüedad. Cincuenta años después de su invención había -hacia el año 1500- alrededor de 200 imprentas repartidas por toda Europa, pero no es hasta el siglo XVIII que se puede hablar de una cultura tipográfica.Hoy nadie se atreve a hacer previsiones más allá de un par de años por temor a que sus cálculos se queden cortos o a ser tomado por visionario.

Los cambios tienen que llegar de puntillas o como un terremoto. El problema estriba, en esta ocasión, en que los cambios son cada vez más rápidos y no dejan demasiado tiempo para dudar.Para este tren, todas las paradas son apeaderos; apenas hay unos minutos para subirse en él.

Nosotros, tan preocupados por la convergencia económica, nos preocupamos muy poco por la convergencia comunicativa. Dejamos que los acontecimientos tecnológicos nos arrastren y nos rasgamos las vestiduras humanistas clamando contra el signo de los tiempos. Los países desarrollados se han volcado en las posibilidades que la nueva tecnología ofrece: educación en línea, bases de datos accesibles desde cualquier punto del globo, desarrollo de instrumentos pedagógicos, bibliotecas electrónicas,... Algunas de estas iniciativas se están poniendo en marcha ya aquí, pero son las menos. Todo está por hacer, porque casi nada está hecho y las posibilidades son incontables.Es el momento de la inversión y de la imaginación.

La cultura está profundamente ligada a los mecanismos de comunicación. La nueva tecnología digital posibilita los intercambios culturales al poner más información en manos de más gente. El ordenador es ahora puerta y ventana; no produce ese ensimismamiento que le cayó como tópico, sino que abre nuevas posibilidades de encuentros. El rechazo de la tecnología comunicativa es ahora el auténtico ensimismamiento y, en unos años, puede llevar al autismo intelectual.

El campo de las humanidades no puede quedar descolgado, amparándose en un mal entendido sentido de la "cultura", de ese tren. Fueron los humanistas del Renacimiento los que se encerraron con los técnicos impresores para producir esas obras que hoy se consideran monumentos culturales. Las "letras" que ellos manejaron son las mismas que componen mi teclado y aparecen en la pantalla de mi ordenador. Una investigadora norteamericana señalaba hace poco que el precedente de Internet era la red medieval de monasterios que difundían y copiaban por toda Europa los manuscritos valiosos.

Podemos seguir pensando en los viejos cauces, podemos seguir utilizándolos con un ejemplar rendimiento... pero no podemos ignorar hacia donde se dirige el futuro.