LINAJES DE CALVAS, BARBAS, y CABELLERAS


Dra. Pilar Vega Rodríguez

Profesora Asociada del Departamento Filología Española III. Facultad de CC de la Información - U.C.M.


a agudeza satírica de Quevedo, tanto en sus obras en prosa como en los abundantísimos romances, letrillas, sonetos, jácaras, etc. alcanza un objetivo globalizador y universal. Se enfoca contra todo y contra todos. La mixtura de tópicos satíricos hace desfilar por sus variadísimos metros, médicos, alguaciles, letrados, vizcaínos, alcahuetas, viejas, narigudos, matronas, cornudos, al tiempo que propone otras burlescas paráfrasis, bodas de las hortalizas, Apolo, Dafne, Eros y Leandro en comprometidas situaciones, irrisión de los motivos emblemáticos, fénix, pelícano, unicornio, etc

La proporción de este talante satírico, mordaz como pocos y su obsesión escatológica, alcanza la exhaustividad de las edades decadentes e hipercríticas. Por esta razón, la burla de los defectos físicos, señaladísima en Quevedo, debe entenderse como parte de un más amplio abanico de motivos satíricos. La irrisión de la calva y la canicie forma parte de la mofa de la vejez, ridícula y avarienta, con su idolatría por la juventud.

El romance burlesco de Quevedo titulado "Varios linajes de calvas" desarrolla una serie de argumentos satíricos contra el defecto de la calvicie, relacionados con otros tipos grotescos de la poesía quevedesca: el hombre velludo y viril, la mujer joven casada con el viejo, la sátira de los clérigos y letrados, las alusiones escatológicas, etc. El ludibrio de los calvos se argumenta en los términos siguientes: los calvos y desbarbados son menos hombres que los cabellados, a la calva se llega por el vicio (la lujuria y la prodigalidad) y por esto mismo lo representa, y es, al fin, preludio de la vejez ridícula y fea. Conocida es, por otra parte, la aversión de D. Francisco por las expresiones hechas, sentimiento que se desahoga en sus sátiras lingüísticas contra los refranes, etc., y, por la misma razón, contra las opiniones comunes vendidas en los refritos de erudición, polianteas, enciclopedias y similares, parodiadas en el Libro de todas las cosas. Esta obrita que recopila burlescamente un sinfín de utilidades incluye un apartado sobre los tratados de fisionomía, resumidos en clave humorística, sobre el presupuesto de que estas obras dogmatizan aspectos evidentes:

Todo hombre que tuviere el cabello ensortijado, negro y recio, dará más que hacer a los barberos, y el que criare piojos se rascará a menudo la cabeza [1].

El determinismo fisionómico atribuía a las señales corporales externas el rango de hipótesis para el conocimiento moral. Juan Bautista de la Porta fue uno de los autores más conocidos en el momento con su De Humana phisiognomia (Nápoles, 1560) y sus tesis fundadas en la teoría del médico griego Polemón [2]. También el pensamiento popular, en el marco del refranero, se había hecho cargo de proposiciones semejantes, y con el progresivo abultamiento de las colecciones, -a las que se incorporan abundantes glosas eruditas-, refraneros y enciclopedias terminan por asemejarse. En un repertorio de refranes glosados compuesto hacia 1660, las Sentencias Filosóficas de Luis Galindo, localizamos el más numeroso cuerpo de refranes fisionómicos de las colecciones barrocas. Las Sentencias Filosóficas procuran el comentario científico de los proverbios más tradicionales, localizables en otros repertorios antiguos, como los de Santillana, Núñez, Mal Lara, que obtienen ahora un sustrato teórico. Es el caso de refranes como los siguiente: "Buena cara dice buen alma" y también "Hombre señalado o por muy bueno o por muy malo", "Virtudes vencen señales", y similares.

En líneas generales, la doctrina fisionómica sugiere la conveniencia de guardarse "de aquellos que señaló la naturaleza", pues el defecto de ésta arguye "de ordinario defectos en el ánimo del sugeto y passiones que le inclinan a vicios conforme a las reglas deste Arte (fisionómica). Y cuando son notas de buena disposición y compostura corporal significan por contrario buenas inclinaciones en los hombres que se hallan" [3]. Según el principio aristotélico, las señales del rostro son silogismos por los que puede averiguarse el ánimo humano, Per signa corporis nobis nota sillogizamus dispositionem anima nobis ignotas. 2. Prior. y por esto, la deformidad de rostro y talle es indicio de la fealdad del alma. Los defectos físicos son como las insignias de ignominia que se colocan en el hábito de los hombres, notas de infamia que corresponden a conductas viciosas. Incluso "el mal nombre y feo en los hombres haze indicio de delito contra el reo acusado", recuerda Luis Galindo [4].

Monstrum in corpore monstrum est in animo postulaba Juan Bautista de la Porta (lb.2.cp.13), con una vehemencia comprometedora de las cuestiones más palpitantes del siglo, libertad y predestinación. El estoicismo, -no podemos detenernos ahora en esto-, al considerar la belleza como uno más de los bienes de fortuna, en sí indiferente, será el mediador de esta contienda. La virtud tiene más gracia en el hermoso, y, por otra parte, la verdadera hermosura está en la virtud [5].

El romancillo de las calvas, incoado por la parodia de los romances de ciegos [6], desaconseja el matrimonio de las jóvenes con el hombre calvo.

Madres, las que tenéis hijas,
así Dios os dé ventura,
que no se las deis a calvos,
sino a gente de pelusa.

El anónimo enunciador de la satirilla evoca nostálgicamente los tiempos gloriosos en que los españoles finos "menos dulces", eran más "crudos"

eran los hombres lanudos;
ya son como perros chinos.
Zamarro fue Montesinos
el Cid, Bernardo y Roldán... 

Estas dos alusiones sobreentienden la simbología de la cabellera fuerte, el vello abundante, y la barba poblada como muestras de virilidad, fuerza y valor (DAut). El hombre piloso, como en el conocido ejemplo de Aristomenes (Pilosa qui habuerint corde. Alex. Ab. Alexandre. Geniales Dierum), no sólo tiene el cuerpo velludo sino también el corazón, signo de valentía. El vello en las palmas y plantas de los pies, según enuncia el refranero, indica además un talante lujurioso: Hombre velloso, rico o luxurioso [7]. Por esto, los hombres a los que falta esta cualidad, calvos y depilados, o las mujeres que cuentan con ella, son incluidos entre los tipos malignos de la fisionomía. Las mujeres barbudas "son de condiciones ahombradas y muy lujuriosas, y da la razón filosófica y es porque esta calidad les proviene de la abundancia calida y húmida, como se experimenta en las liebres, animales lujuriosísimos y por eso tan vellosos que hasta en las plantas crían pelo, que no se halla en ningún otro animal" [8].

Exceptuando a la barbuda, que también retrata Quevedo en algunos versos [9] la hombría se indica por la barba (DAut), y también la sabiduría, si se tienen en cuenta los axiomas clásicos Barba teniunt philosophus [10], ya que el sabio suele ser anciano, y la experiencia acarrea sapiencia. Es habitual en la comedia, por otra parte, que el papel del anciano o viejo se atribuya al "Barbas", por la caracterización con densa cabellera y barba postiza (DAut). Así el romancillo "Varios linajes de calvas" previene del casamiento con el "desbarbado hasta la nuca", que suele ser "capón", es decir que, como castrado, no es hombre. La comparación de los capones con los barbados procede directamente de la burla fisionómica. Los tratados pronosticaban negativos indicios en la barba rala y raída, y según recuerda el repertorio de Galindo: "Por de costumbres péssimas y de inclinación maligna señala los mal barbados la Physionomía, comparándolos a los capones y a las hembras, que son generalmente de natural indócil y de ingenio duríssimo al gobierno, engañosos y facinorosos" [11].

La autoridad que confiere la barba es lo que ha inducido a letrados, médicos y ermitaños a usarla pobladísima, costumbre con la que pretenden inspirar la idea de su sabiduría12, cuando toda su ciencia consiste en "pelo y gestos", censura Quevedo. Los rapados son por fuerza ignorantes, el barbero puede deshacer letrados, e incluso hombres.

Mas, pues nunca se hallan en capones
ni se admiten lampiños abogados
las leyes son de casta de cojones [13]

La cabellera es ornato y nobleza del hombre, la barba, sede del honor: Vix ullus unquam habebitur honos imberbi. "Poca barba, poca vergüenza" [14]. La cabellera es argumento de nobleza y libertad, coronación y capitel del edificio humano, "y la cubierta que le defiende ya del frío, ya del calor extraño, y en el adorno y hermosura corporal la parte no menos deçente y principal, porque en los viejos haze respeto y ocasiona reverencia, en los sacerdotes veneración, en los soldados ferocidad, hermosura y gala en los mancebos, adorno necesario y celebradísimo en las mujeres, dulzura y agrado y gracia en los niños. Desnudo decimos que está el arbol sin la cabellera de su follaje, feísimo y triste y assí el cuerpo humano sin ella, toda su compostura flaca y sin arte, como defectuosa de la última mano para su perfección (ibid. 45B).

Pero la excesiva preocupación por la cabellera es síntoma de fatuidad y lindeza en mujeres y hombres. "No hay peinado, afirmaba Sinesio, que no haya nacido para mujer" y contra estos S. Ambrosio exclama ergo et pariant, ergo parturiant, qui nutriunt, qui crispant, comam, sicut faeminae. Precisamente la escasa virilidad de los calvos es sugerida por Quevedo al pintar las diligencias que pretenden su disimulación. La calva se cincha con melenas anudadas, dejando descubrir las pechugas, recuerda al mapamundi:

Hay calvas de mapamundi
que con mil líneas se cruzan,
con zonas y paralelos
de carretas que las surcan...
Hay calva-truenos también,
donde está la barahunda
de nudos y de lazadas,
de trenzas y de costuras.[15]

El catálogo burlesco de los calvos, jerónimos, sacerdotales, análogo a las referencias a la tintura dominica16, utiliza una gran variedad de imágenes satíricas. Unas se fundan en la dimensión física de la calva17: las calvas jerónimas; la prominencia: montes calvarios18. El contenido de la calva, o lo que es lo mismo, la cabeza hueca sugiere la similitud de la calva-vejiga19. El uso de pelucas del que se infiere la necesidad de vestimenta a la calva puede explicar la metáfora de la calva-nalga, y por asociación doble, suciedad de la calva, entendida también con aplicación al linaje:

Hay calvas asentaderas,
y habían los que las usan
de traerlas con gregüescos,
por tapar cosa tan sucia. [20]
Pelo fue aquí, en donde calavero,
calva no sólo limpia, sino hidalga;
háseme vuelto la cabeza nalga;
antes gregüescos pide que sombrero. [21]

La desnudez de la calva conduce la sátira del postizo y la peluca irónicamente descrito: guedeja requiem, caparazón, casquete, pelo ajeno, copete, melenas. El sombrero sirve igualmente a estos efectos, salvaguardando el honor del calvo, que ha de preferir ser descortés a mostrarse descubierto.

Ten sombrero perdurable y de por vida, y no te le quites aun para dormir; y si otro te quitare el sombrero, remítete a la cabezada, y a la reverencia; y si por esto te dijeren que eres descortés, di que más vale ser descortés que calvo; y si por descortés riñeren contigo y te mataren, también vale más ser muerto que calvo, y procura morir con tu sombrero como con tu habla22.

La calva-nalga es una imagen que aprovecha la tradición fisionómica según la cual la calvicie es motivada por el vicio de la lujuria. La misma opinión sostiene el refranero. En el comentario de Más vale cano, que calvo, Luis Galindo sostiene que las canas, efecto de la edad, son venerables. La calva, defecto natural, ignominiosa.

"Aquellas honrradas, esta infamada y ridícula. Las canas graue adorno en los prudentes y la calva fealdad vergonzosa. Desta se corren y procuraron cubrir los más pacientes, aunque mas cuerdos, pero las canas, quien mexor siente, siempre las tubo en estima y se preció dellas" (104C). Tiénese por ignominiosa la calua y la Physionomia se juzgan contra el calvo por hombre engañoso, mentiroso y maligno, y en sentir de Aristóteles tanbién por luxuriosíssimo. Es vicio, como al gotta y otros, enfermedad hereditaria de padres y abuelos a hijos y nietos... Pero lo cano trahe respeto y reverencia y de su parte las canas tienen la presumpción de juicio sentado, maduro y prudente y generalemnte arguyen otras virtudes que si no las acompañan, deben en todos acompañarlas. Y, por contrario, lo calvo denota vicios y costumbres malas de sugeto en común, y de aquí con razón prefiere nuestro Refrán el honor de las canas a la infamia de la calva, desestimando una fealdad desnuda por un defecto mal vestido (ibid)

Juan Baptista della Porta [23], aduce la misma autoridad de Aristóteles para prevenir del trato con los calvos Rari capilli. Si vis non falli, fuge commercia calvi, Arist. in Problem. En los textos coetáneos a la sátira quevedesca de los calvos es tradicional la rechifla de los pelados. Puede recordarse, por ejemplo, el diálogo burlesco entre Justina y el pelo de su pluma [24] que la moteja de pelona no sólo por bubosa sino por pobre. El llamado mal francés causaba la calvicie de sus enfermos y a esto se refiere Quevedo en el diálogo de una guedeja con las tijeras

Sacárame de pelón,
cosa que no ha sido fácil,
y a España daré la vuelta
luego que mi gesto desfrancie.
Haga en mí lo que las bubas
en otros cabellos hacen,
sea Dalila de mi cholla
y las bedijas me arranque. [25]

En el romancillo de las calvas Quevedo juega a las dos posibilidades de los pelados. Los españoles ya no son hombres, y por esto les faltan cabellos: "Calvos van los hombres, madre,/ calvos van; / mas ellos cabellarán". Y también,

Si a los hombres los queremos
para pelarlos acá 
y pelados vienen ya,
si no hay que pelar,
¿qué haremos? [26] 

lo que puede entenderse como efecto del carácter pedigüeño de las mujeres o como resultado del vicio venéreo. La vergonozosa desnudez de la calva y el impudor que sugiere es lo que motiva la disimulación, como hemos visto, de la que se mofa Quevedo. Pero la verdadera razón del apego al disfraz de la calva es desvelado también por el poeta. La calva sobreviene cuando avanza la edad y los hombres deben abandonar sus vicios. Es un motivo más del aforismo estoico: nosce tempus.

Yo he visto una calva rasa,
que dándola el sol relumbra,
calavera de espejuelo,
vidriado de las tumbas.
Marido de pie de cruz
con una muchacha rubia,
¿qué engendrará, si se casa,
sino un racimo de Judas? [27]

La canicie es definición de la edad anciana y en los tratados morales se signa positivamente: es el equivalente de la experiencia, prudencia, autoridad. Las canas honradas son el efecto de la edad venerable, (Dignitas senum canicies, Proverbios de Salomón, cp.20), presunción de juicio sentado, maduro y prudente, y señal de otras virtudes "(Galindo, 104C). Cani autem sunt sensus homini et aetas senectutis vita immaculata (Libro de la Sabiduría, cp.4). Las canas son el esmalte del tiempo y que sientan bien sobre el oro de la prudencia [28]. El propio Quevedo a pesar de omitir cualquier referencia positiva a la canicie confirma esta simbología:

Pues ya me envejecen canas
quiero dar sanos consejos
a cierta Marifulana [29]

Frente a las canas honradas las stultae procuran ocultarse, o no se conforman con las costumbres del que envejece. No se le ha cerrado la mollera concluye el refranero en oprobio de los que obran puerilmente ya entrados en edad, "del viejo liviano en quien provinieron antes las canas que la firmeza y consolidación de la mollera". O también Viejo verde, canas verdes, porque es ridículo empezar a vivir cuando la vida se acaba y síntoma de la más completa stulticia la inadecuación entre obras y tiempo, noscere tempus, en que concluyen los estoicos, Nil turpius, quam viuere incipiens senex. Pub. Syr sent. La canicie no implica necesariamente sabiduría, sino edad: Tempus non docet sapientiam o senex non semper sapiunt [30].

Al margen de que el senex juvenis constituya un motivo satírico de la poesía europea, como demostró Curtius, lo cierto es que la figura del anciano joven protagoniza numerosas composiciones quevedescas. En concreto, la mujer vieja que quiere pasar por doncella representa para Quevedo el colmo de lo ridículo. Como remedio de las canas la tintura ofrece una pluralidad de imágenes irrisorias en la sátira quevedesca. El río Jordán, lugar de la renovación bautismal, es el punto de referencia en la lengua común a la hora de describir las trazas que la vejez analiza para disimular sus deterioros. Remozarse o irse al Jordán significa "voluer el viejo a la juventud y repararse la edad" (Galindo, 264C). Y en las letrillas de Quevedo es un sobrenombre del tintero, "... Cabello que dio en canario / muy mal a cuervo se aplica / ni es buen Jordán el tintero / al que envejece la pila", (Blecua,155), porque remoza con falsedad la blancura de los años. "Niego el antaño / píntome el mostacho" (Blecua, 121). El tintero aguado, la renovación frustrada, el bautismo de los vinos tinto y blanco que se saludan mutuamente, la mixtura de los tonos, utiliza otra imagen recurrente, la "barba calabriada", donde el color negro con ser "el más honesto, estaba allí tan por los cabellos que era violento y cosa indecente", (Rufo, 35)

La tintura es el remedio de las canas, pero resulta traicionera. El tiñoso no puede disimular mudanzas repentinas que anochecen en blanco y se levantan en negro:

Que el viejo que con destreza
se ilumina, tiñe y pinta,
eche borrones de tinta
al papel de su cabeza,
que enmiende a Naturaleza,
en sus locuras protervo;
que amanezca negro cuervo,
durmiendo blanca paloma,
con su pan se lo coma (Blecua,140).

Al referirse a esta transformación dolosa Quevedo suele utilizar un sistema de imágenes habitual. La cabellera teñida es ave mal agüero, "cuervo negro", seleccionada por su carácter siniestro y por la reminiscencia que sugiere la historia narrada por Ovidio en las Metamorfosis: el cuervo siendo blanco tornó sus plumas negras al recibir una mala nueva (lb.2), fábula celebrada en los apotegmas áulicos, que añaden la similitud de la historia con el acontecer del cabello canoso, "lo mismo sucede a las canas cuando las testan", es decir, cuando las rubrican con la pluma. También Rufo inserta un apotegma sobre la transformación nocturna de los barbiteñidos pues no es pequeña "hazaña acostarse cisne y levantarse cuervo", (Rufo, 432). El emparejamiento de dos aves de distinto color, o que sugieren diferencia cromática, es muy frecuente en Quevedo, "hoy garza y ayer mochuelo" (O. Completas, II, Letrillas, XI, 208), "El vejete palabrero ... / acostándose canario / se nos levanta jilguero" (ibid.208).

Señas de la tintura son la mecla del pelo negro, rubio y el bermejo, en disconformidad con el cabello, notas infortunadas para los fisiónomos, pues denotan falsedad de carácter y perversas costumbres, Falso por natura cabello negro y barba rubia (Galindo, 29B). La Fisionomía dictamina que la disparidad de las señas comunes:

como es en la desigualdad en los ojos, en la distinción de colores de las niñetas y como pinta nuestro castellano en cabello y barba discordantes, nunca...hace buen juicio del sugeto. De donde por extraordinario y por el concurso de dos calidades, malignas, ambas, le declara el refrán por engañoso y falso, quando de por sí cada una era bastante para el mal prognostico. Pues solo la seña del cabello muy negro denota astucia, hombre rezeloso y tímido melancholico, y la barba ruvia o roxa dize ingenio doloso y muy inclinado a las asechanzas.

Por otra parte el tono de los teñidos, según declara della Porta, adquiere significación particular. Los refranes establecen un canon estético para la mujer, "negra, cabello y cejas", contra la práctica antigua de enrubiar los cabellos que se reserva coetáneamente sólo a las prostitutas. El color negro ha sido preferido al rubio por juzgarse más alejado de lo cano (11A). El tinte de los cabellos es ocupación ridícula en la que han perecido no pocas o, contra su intento, han perdido sus cabellos

Toda vieja que se enrrubia
pasa de lejía se llame
y toda vieja opilada
en la cuaresma se gaste 
                  (Comisión contra las viejas...258)

El color bermejo, no sólo del pelo rojo sino del rubio encendido, es pronóstico fisionómico de malignidad. El refranero acusa esta consideración antigua: Poca barba e men colore sotto ciel non è pegiore, (Galindo, 28B). Homo roso, e femina barbuta, la lunta tre mia la salutta. Hombre bermejo y muger barbuda de lexos tres millas los saluda, (Galindo, 30B). Si el grande fuesse valiente, y el pequeño paziente, y el bermejo leal, todo el mundo sería igual, (Galindo, 169B). Home royx y goz cerrut, auans mort que conegut (Hernán Núñez, f.57). La fisionomía describe los bermejos como hombres malvados, mentirosos, iracundos, necios, avaros (J. della Porta, Humana Physiognomia.b.2. cp.2. &24), inclinados a las asechanzas, astutos, infieles, engañosos, "habilidades todas preparatorias de la traición" por las que se representa iconográficamente a Judas, como hombre bermejo. "Y compáranse los tales a la zorra que es animal odioso y deste pelo, y en especial nota (de infamia) la fisionomía si la barba en los bermejos correspondiente con el color del cabello fuesse rala o no correspondiente". (Galindo, 168B, Porta, lb.2.cp.3). La mezcolanza de tonos en cabello y barba, derivada de la caducidad del tinte, manifiesta, por tanto, la falsedad de quien procura engañar al tiempo y la opinión ajena.

La edad, que es lavandera de bigotes
con las jabonaduras de los años,
puso en mis barbas a enjugar sus paños,
y dejó mis mostachos escariotes...
Yo guiso mi niñez con almodrotes
y mezclo pelos rojos y castaños
que la nieve que arrojan los antaños
aún no parece bien en los cogotes
Mejor es cuervo hechizo que canario...(Blecua, 130)
Su Jordán es el tintero, 
y con barbas colorines
trae bigotes arlequines
como el arco celestial
Y no lo digo por mal, 
	(O. Completas, II, 208).
Que la dama escabechada
tienda al aire trenzas rojas
y que engañe con las hojas,
como parra vendimiada;
que la píldora dorada,
receta de mano suya
con afeite de aleluya
cubra rugas de pasión
milagros de corte son (ibid.216).

Otros chistes, continuando con la burla de la pluralidad de tonos, utilizan de modo ambivalente el término "barbacana" fortaleza, para referise al seguro de la ancianidad, y la barba-cana, o blanqueada. A canas honradas no ay puertas cerradas. El tinte sobre la honradez hace descender a la ancianidad del sagrado del castillo a la repugnacia del foso. Escribe Juan Rufo: "Un hombre cano, amaneció teñida la barba, a cabo de diez años que la traía como un papel. Visto lo cual le dijo: Ayer fuistes barbacana y hoy muladar".

No hay barba cana ninguna
porque aún los castillos pienso,
que han teñido ya las suyas
a persuasión de los viejos (Blecua, 157)

Este juego verbal, consolidado por otra parte en la tradición, induce al refranero a considerar la licitud del matrimonio entre anciano y moza. No conforma el viejo con la moza, (Juan de Mal Lara, Filosofía Vulgar, II, 137). Viejo que me honre y no mozo que me assombre, (Galindo, 212C) Juan de Mal Lara pondera los inconvenientes de esta unión por el carácter indómito de la mujer joven (Poeta Teognis: Incommoda est uxor invenis viro seni) los celos del hombre viejo, y la posibilidad de hijos huérfanos (FV, I, 317). El hombre viejo, sin embargo, es más capaz en el gobierno de la mujer y la casa que el mozo, sólo pendiente de su comodidad y arreglo (ibid. I, 247). Lo que en ningún caso conviene es el matrimonio de ancianos que no produciría generación. Y resulta más conforme casar a la moza con el viejo que no al contrario (ibid.) Semper seni juvenculam subijce. Chil.3. cent.5.cp.91.

Precisamente por esto, y como ya previno Marcial, Quevedo reúne en pareja histriónica el matrimonio de la mujer vieja y el hombre joven con preferencia al ejemplo contrario. El romancillo "Varios linajes de calvas" propone a la muchacha un "marido de pie de cruz", o calavera, como interpreta Astrana Marín, por ser la calavera lo que se pone al pie de la cruz de los calvarios en las pinturas. El colmo de la vejez ridícula es la pretensión de andanzas amorosas. Al cabo de cien años todos seremos calvos, es decir, la calva es el eufemismo de la calavera y de la muerte. Por otra parte, el DRAE juzga la expresión ser un calavera aplicándola al "hombre de poco juicio y asiento". En consencuencia, la calaverada es la "acción desconcertada", propia de un hombre de aquellas características. Cuando en 1726 el DAut, define la voz calaverar -la calaverada aún no se consolida- utiliza estos términos :"ponerse calvo, cayéndose el pelo, voz jocosa e inventada que se documenta en Quevedo. A continuación cita varios de los pasajes del romance "Varios linajes de calvas". El protagonismo de Quevedo en la formación de esta voz calaverar se indica de modo exclusivo: "v.a. de que usó Quevedo para dar a entender, que las hermosuras y las mozas con la mala vida y los vicios se pierden y se ponen presto en punto de dar fin, y ser calaveras muriéndose".

Es un calavera, según se deduce, quien pierde la salud, el honor y la fortuna (pérdida de pelo) por seguir los vicios juveniles. El calavera, en nuestro sentido idiomático, no es el hombre viejo, sino el joven o maduro. La calva no connota ningún sobreentendido ridículo o vergonzoso. En la poesía satírica de Quevedo auna en cambio, edad, vicio, y desatino, inadecuación al propio tiempo. Las burlas de la poesía satírica de Quevedo, fundadas en tradiciones populares y por otra parte difundidas y popularísimas, probablemente influyeron más de lo que habitualmente aceptamos en la consolidación de vocablos familiares. La figura irrisoria del calvo, la parodia de la vejez disimulada, la paradoja estoica que muestra la proximidad de placer y dolor, son pinceladas quevedescas en la acuñación de la voz que hoy designa al libertino.

Notas:

Publicado en Cuaderno del Matemático, nº 11. Diciembre 1993.