Crítica


Hipertexto

La convergencia
de la teoría crítica contemporánea
y la tecnología



Colección Hipermedia nº 2. Barcelona, Ediciones Paidós, 1995. 284 pp. 2430 ptas.
Tradución de Patrick Ducher.


a aplicación de las técnicas hipertextuales en campos muy diversos ha permitido la multiplicidad de enfoques desde ámbitos teóricos diferentes. Cada nuevo campo en el que se aplican los hipertextos suscitan reflexiones teóricas que enriquecen el conjunto de la teoría hipertextual. Este es el caso de la obra Hipertexto.La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología.

George P. Landow es profesor de Lengua Inglesa e Historia del Arte en la Universidad norteamericana de Brown. Su formación y procedencia intelectual le capacitan para abordar un terreno complejo: la aplicación de las nuevas tecnologías hipertextuales en el campo de las humanidades, especialmente en el de la literatura, si bien dicha aplicación, como veremos, lleva a una redefinición del concepto de "literatura".

El análisis de Landow abarca espacios bien definidos: el desarrollo conceptual del "hipertexto", las implicaciones que tiene para la teoría e instituciones literarias, las aplicaciones educativas, y los aspectos "políticos".

El efecto básico de la irrupción de los hipertextos en la vida cultural es un hacer manifiesto que muchas de las facetas que consideramos "naturales" en los textos que hasta hoy manejamos son fruto de unas convenciones socio-culturales. El hábito tiende a convertir en natural lo que no lo es. La tecnología de lo impreso se ha superpuesto a lo estrictamente literario y se ha confundido hasta constituir una amalgama difícilmente diferenciable.

Estamos tan acostumbrados al libro impreso que sus características y condicionamientos han pasado al hecho poético. Landow señala:

Tan básicos y radicales son estos efectos que nos fuerzan a constatar que muchas de nuestras actitudes e ideas más queridas y frecuentes hacia la literatura no,son sino el resultado de determinadas tecnologías de la información y de la memoria cultural que proporcionaron el entorno adecuado para dichas actitudes e ideas. esta tecnología, la del libro impreso y sus parientes más cercanos, que incluye la página impresa o mecanografiada, engendra ciertas nociones de propiedad y unicidad del escritor que el hipertexto hace insostenibles. En otras palabras, el hipertexto ancla en la historia muchos de nuestros supuestos más difundidos, haciéndolos descender del éter de la abstracción y parecer meras consecuencias de una tecnología dada, arraigada en un tiempo y lugar dados (pág. 49).

En efecto, la tecnología de lo impreso supuso una revolución que afectó de forma radical al concepto de "obra" literaria, al de "autor" y, por supuesto, al de "público". Todas estas instancias del sistema literario se ven redefidas dentro del marco que crea la tecnología tipográfica.

Esos aspectos son considerados por Landow, pero le interesan más los aspectos relacionados con la teoría literaria. El mismo título de la obra hace referencia al proceso de "convergencia" entre la teoría literaria contemporánea (Barthes, Derrida, Bajtín, Jameson, etc.) y los elementos que deja al descubierto la utilización de un nuevo medio. Lo que permanecía oculto bajo los condicionamientos que el medio ofrecía se revela ahora en su esencia tecnológica al pasar a una nueva forma, la hipertextual, y a un nuevo medio, el digital. Es decir, los límites que la obra literaria tenía trazados no eran en su totalidad propios, sino que estaban determinados por el medio en que se desarrollaba.

Landow ve en la teoría literaria -y también en ciertas prácticas literarias- el deseo de romper con las limitaciones que la forma impresa imponía a la obra. Así, por ejemplo, la búsqueda de la ruptura de la linealidad, la fragmentación, la "dispersión, que se pueden encontrar en determinadas obras anticipaban como deseo las posibilidades de un nuevo medio, y se ven acogidas en la forma hipertextual.

No es Landow el único que ha señalado el carácter asociativo propio de ciertas obras frente a las limitaciones lineales de la tramas convencionales. Maurice Blanchot hablaba -refiriéndose a Proust y Joyce- de "un conflicto entre un orden de concepto jerarquizados y el desmenuzamiento de las realidades sensibles" (El libro que vendrá; Caracas, Monte Avila, 1969, p. 30). En este sentido, la secuencialidad narrativa se ve condicionada por la necesidad de la linealidad secuencial del discurso impreso. Aquí Landow coincide con los que han señalado la importancia decisiva de la imprenta en la formación de la ciencia-racionalidad moderna (Eisenstein, Ong, etc.), o, en una fase anterior, la importancia de la forma de racionalidad que la escritura ampara frente a las formas cognitivas y expresivas de una tradición oral. Es decir, el denominado pensamiento "primitivo" no está fuera de la lógica (irracionalidad), sino que trabaja sobre otras formas "lógicas" diferentes. Aquello que nos parece más "natural", no escapa a la determinación tecnológica.

Si la tecnología determina las formas del pensamiento y su expresión, la llegada de una nueva tecnología dará lugar a nuevas formas culturales. El hipertexto, con sus redes de "nodos" y "enlaces" permite superar las jerarquías de lo impreso. Al no ser un sistema cerrado, permite desplazar la responsabilidad de la decisión al destinatario. El hipertexto es un sistema abierto que permite al receptor construir sus propios caminos de lectura saltando de "lexia" en "lexia" conforme a sus intereses. El texto tiene un principio y un final; el hipertexto no está dado, sino que se crea en cada lectura conforme a los recorridos que establezca cada lector. El texto se "termina"; el hipertexto, en cambio, continúa creciendo gracias a la posibilidad de añadir nuevas lexias por parte de sus autores o, incluso, sus lectores.

Landow desarrolla en la obra las posibilidades educativas del hipertexto. Nos transmite su experiencia en la utilización de diferentes programas para la enseñanza de la literatura. El hipertexto se revela como un instrumento que cambia radicalmente la forma de trabajo en las aulas. Frente al trabajo aislado, el hipertexto es una tarea que tiende a fundir los esfuerzos de muchos. La posibilidad de "unir", es decir, de "asociar" elementos es el inicio de la destrucción de las barreras que obligan a percibir separaciones artificiales entre materias educativas. Los estudiantes aprenden a vincular elementos y comprende mejor sus aplicaciones y su esencia. Landow señala que mientras el texto tradicional es un instrumento de "enseñanza", el hipertexto es un instrumento de "aprendizaje", ponderando el carácter interactivo que éste tiene:

La experiencia de leer con hipertexto demuestra que su capacidad intrínseca para asociar una gran cantidad de materiales crea un entorno de aprendizaje en el que la documentación de apoyo de cada asignatura existe en una relación mucho más directa de lo que puede conseguirse con las tecnologías didácticas convencionales. A medida que los estudiantes leen temas de lengua inglesa, encuentran información de otros cursos y asignaturas y así pueden pueden percibir las relaciones que imperan entre ellos.(p. 162)

La última parte de la obra analiza las nuevas relaciones "políticas" que el hipertexto establece. El texto instaura una relaciones de "poder" determinadas entre las diferentes partes que intervienen (editor, autor, lector); el hipertexto obliga a una redefinición de las relaciones que se establecen entre estas instancias, otorgando un mayor poder de decisión al lector, que es capaz de elegir entre diversos "caminos" de lectura.

Landow no oculta las resistencias -que él mismo ha experimentado- a estas nuevas formas de trabajo, especialmente en un mundo tan reglado como es el académico. Esas relaciones de poder que mencionábamos anteriormente, se hacen más reales en el ámbito de la docencia.

La obra de Landow es recomendable para los que tengan interés en acercarse a la teoría hipertextual, recomendable también para los interesados en la teoría literaria y para todos aquellos preocupados por las limitaciones de las formas de enseñanzas tradicionales.

Joaquín María Aguirre


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