Friedrich Nietzsche:

Homero y la Filología clásica


Traducción y presentación Luis Jiménez Moreno.
Madrid, Ediciones Clásicas, 1995. 78 pp. 750 ptas.


a presencia de la figura de Friedrich Nietzsche es una constante en el pensamiento crítico actual. La edición del profesor Jiménez Moreno nos trae un texto poco habitual: la lección magistral que Nietzsche pronunció en la Universidad de Basilea el 28 de mayo de 1869. Contaba entonces 24 años y le había sido ofrecida una cátedra en dicha Universidad sin haber alcanzado el grado de doctor. Nietzsche es nombrado "profesor extraordinario de filología clásica en la Universidad de Basilea y profesor de lengua griega en la clase superior del Pedagogium". Es el joven más brillante de su generación y así es reconocido por sus maestros. Ritschl lo recomendará para el puesto vacante en Basilea en estos términos: "...aunque desde hace ya 39 años he visto que se desplegaban tantas fuerzas jóvenes a mi vista, nunca hasta hoy he conocido un joven a quien yo haya promivido con todas mis fuerzas, con respecto a mi disciplina, que tan pronto haya llegado a ser tan maduro como este Nietzsche" (p. 17).

La personalidad directa y creadora de Nietzsche se dirige a los principios básicos desde el inicio de su exposición y comienza planteando el terreno sobre el que desea moverse. Con su definición de lo que debe ser la filología pretende superar las tibiezas académicas:

"...la filología está hecha de varias ciencias y como un bebedizo, mezcla de extraños jugos, metales y huesos, puesto que encierra en sí además un elemento imperativo monoartístico sobre una base estética y ética, lo cual consiste en un arriesgado conflicto para su comportamiento meramente científico. La filología es tanto una parte de historia y una parte de ciencia natural como una parte de estética: Historia en cuanto pretende comprender las manifestaciones de determinadas individualidades populares en imágenes siempre cambiantes, la ley imperante en el flujo de los fenómenos; ciencia natural por cuanto la filología trata de estudiar a fondo el instinto más profundo del hombre, el instinto del lenguaje; y finalmente estética porque dispone la llamada antigüedad 'clásica', desde la serie de antigüedades, con la exigencia y la intención de excavar un mundo ideal soterrado, y contraponer el espejo de lo clásico y eternamente válido a la actualidad" (p. 50).

Nietzsche hace un repaso de la denominada "cuestión homérica", problema recurrente y que había dado lugar a lo largo de la historia a planteamientos contrapuestos. La misma existencia de Homero se cuestionaba; el carácter unitario de las obras, las relaciones entre la Odisea y la Ilíada, todos estos elementos habían sido debatidos desde la antigüedad y resueltos según los intereses de cada época. Nietzsche lo plantea en estos términos: "¿Se ha hecho un concepto de una persona o una persona a partir de un concepto? Esta es propiamente la 'cuestión homérica', ese problema central de la personalidad" (p. 60).

A Nietzsche no le satisfacen las propuestas dadas. El conflicto para él no se establece alrededor de la existencia de 'Homero' como figura individual histórica. 'Homero', dice Nietzsche, es un "juicio estético", una construcción valorativa: "Creemos en el único gran poeta de la Ilíada y de la Odisea, pero no en Homero como este poeta" (p. 72)

El hecho de que el Homero que la tradición construyó fuera ficticio no niega la creación individual. Para Nietzsche el 'pueblo' puede crear la leyenda de Homero, pero es incapaz de crear la Odisea o la Ilíada, esas obras siempre serán fruto del genio individual:

"Aquella época que inventó las innumerables leyendas de Homero, la que compuso el mito de la rivalidad entre lo homérico y lo hesiódico, que consideraba como homérico todas las poesías del ciclo, no presintió una singularidad estética, sino una singularidad material cuando pronunciaba el nombre de 'Homero'. Homero, para esa época, corresponde a la serie de nombres artísticos como Orfeo, Eumolpo, Dédalo, Olimpo, en la serie de los descubridores míticos de una nueva rama artística, a quienes deben ser atribuidos por los mismo todos los frutos posteriores que nazcan de esa nueva rama.

Y aquel admirabilísimo genio, a quienes debemos la Ilíada y la Odisea, corresponde también ciertamente a esta posteridad agradecida. El también sacrificó su nombre en el altar de Homero, el antiquísimo padre de la poesía épica de los héroes" (pp. 72-73).

La "lección" nos permite apreciar el sentido que Nietzsche otorgaba a la filología, la mezcla de rigor científico y especulaciones estéticas y filosóficas. También deja patente la admiración que levantón entre los profesionales que reconocieron en él su característica fuerza creativa y analítica.

La obra está precedida por la introducción de Luis Jiménez Moreno que se centra, especialmente, en los aspectos que llevaron a Nietzsche a ocupar, recién terminados sus estudios, la plaza de profesor en Basilea.

Joaquín María Aguirre


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