Valentín Andrés Álvarez, pluralidad de vanguardia


Juan Antonio Cardete Agudo
jacardet@yahoo.es


 

1. UNA FORMACIÓN PLURAL.

Acercarse a la figura de Valentín Andrés Álvarez significa encontrar en un solo hombre la trayectoria intelectual de la primera mitad del siglo XX, la historia de la llamada Edad de Plata de nuestra literatura, y una singular ruptura de dicotomías imperantes­. Este asturiano nacido y muerto en Grado (1891-1982) fue capaz de hacer plural su peculiarísima actividad intelectual uniendo ciencias y letras, vitalidad y estudio, humor y rigor.

Los datos biográficos son elocuentes: el hombre que, licenciado en Ciencias, acude en 1912 al Laboratorio de Investigaciones Físicas de don Blas Cabrera, asiste al mismo tiempo a las clases de un joven catedrático de Metafísica llamado José Ortega y Gasset y remata la jornada ejercitando su destacada habilidad de bailarín: al terminar las clases de Ortega, según él mismo nos cuenta,

"salíamos al anochecer, y yo, muchas veces, con la Crítica de la Razón Pura­ bajo el brazo, me iba a bailar a Maxim´s. Los mismos oídos que recogieran momentos antes graves problemas metafísicos, recibían ahora tangos y foxtrotes. Dentro de mí tuvo lugar el contacto cósmico de la categoría kantiana y el tango argentino. Emparejamiento tan extraño no fue estéril. Tengo a todas mis obras por hijas de él". 1

Ese joven que avanza biográfica y literariamente entre Kant y el foxtrot, entre el pensamiento filosófico y el sentimentalismo del tango, nos ha dejado uno de los más relevantes ejemplos de inquietud intelectual del siglo XX, ejemplo insuficientemente conocido fuera del ámbito asturiano.

Valentín Andrés continúa su formación asistiendo en 1914 a los cursos de doctorado en Ciencias (Echegaray será uno de sus profesores) y a las clases de Ética de García Morente, gracias al cual podrá ser profesor de Física y Matemáticas en la Residencia de Estudiantes. En 1919 una beca de la Junta para Ampliación de Estudios le permite pasar año y medio en París con el deseo de especializarse en Astronomía. Pero Valentín -de nuevo la curiosidad, la inquietud permanente- descubre en París mucho más que la mecánica estelar: descubre la economía (fascinado por un volumen de Pareto abandonado en una biblioteca) y, al mismo tiempo, el dadaísmo. El hijo de nuestro escritor, Valentín Andrés Alvarez Corugedo, recientemente fallecido, tuvo la amabilidad de proporcionarme muy valiosa información: me contaba que su padre se hizo miembro de la Sociedad Dadaísta y recibió un folleto que le decía lo mismo que se les decía a todos los demás miembros: Ha sido usted nombrado Presidente de la Sociedad Dadaísta. Entre los restantes "presidentes" aparecían los nombres de Breton, de Tzara...2

 

2. LITERATURA Y PLURALIDAD.

A la vuelta de París, Valentín Andrés estudia economía política con Flores de Lemus y Derecho entre las universidades de Oviedo y Madrid. Comienza su obra literaria: un libro de poemas, Reflejos­ (1921), narraciones breves (Sentimental Dancing­ y Telarañas en el cielo­ publicadas en la Revista de Occidente en 1925, Dorotea, luz y sombra­ allí mismo en 1927), dos novelas (Sentimental Dancing­ en 1925 y Naufragio en la sombra­ en 1930) 3. El año de 1929 le traerá su consagración como autor con el éxito de su primera obra teatral: ¡Tararí...!­.

Su inquietud característica le lleva a tocar todos los géneros: poesía, narrativa, teatro, ensayo… En 1931 se publica en libro (antes se pudo leer en la Revista de Occidente) su ensayo “La templanza” dentro del volumen colectivo Las 7 virtudes (al lado de César M. Arconada, Antonio Botín Polanco, José Díaz Fernández, Antonio Espina, Ramón Gómez de la Serna y Benjamín Jarnés).

Tras la guerra civil, estrenará su obra Pim, pam, pum ­(1946) dirigida por Rivas Cherif, y tardíamente se publicará su comedia Abelardo y Eloísa sociedad limitada (1980)4 y sus Memorias de medio siglo, de aparición póstuma en su versión final en libro5. Su breve pero muy peculiar producción literaria ha motivado su consideración como autor "raro"6 .

Este contertulio de Ramón y de Ortega, físico, astrónomo, filósofo, economista, abogado, poeta, novelista, comediógrafo y bailarín que fue Valentín Andrés Álvarez, había fundado junto con Benjamín Jarnés, Guillermo de Torre y otros en 1925 una revista de significativo nombre: Plural­.

 

3. HUMOR DE VANGUARDIA.

El humor, esencial en ¡Tararí...!­, es también uno de los rasgos básicos de toda la obra de Valentín Andrés. Así, podemos hallar en su novela Naufragio en la sombra­ un fragmento que merecería estar en cualquier antología del humor negro: la protagonista, Dorotea, se entera de que su abuela está enterrada en un cementerio próximo y busca su tumba. El narrador convierte la escena en una boutique del cadáver:

"Se notaba que la tierra había sido removida en aquel paraje, acaso para nuevos enterramientos. Muy cerca, en la esquina próxima, descubrimos una gran fosa llena de huesos humanos. Dorotea se quedó absorta unos instantes. Luego, como obedeciendo a una idea repentina, cogió un hueso, un fémur, y lo puso sobre su muslo, para ver si tenía las mismas dimensiones que el de ella. Era demasiado corto; no podía ser de su abuela, es decir, suyo. Cogió luego otro fémur, luego una tibia y los fue sometiendo a este mismo examen.

Dorotea se probaba los huesos para ver cuál era el esqueleto que le venía bien. Separó después unas cuantas calaveras, pero no le gustó ninguna. Yo contemplaba aquella mujer, que, volviendo del revés completamente el acto de elegir sus prendas en casa de la modista y de la sombrerera, en la zapatería y en la tienda de guantes, buscaba allí el armazón del cuerpo que estuviera bien a sus vestidos, el pie para la medida de sus zapatos, la mano para sus guantes y la cabeza que viniera bien para sus sombreros"7.

Nuestro autor es todo un maestro en la yuxtaposición de anécdotas humorísticas en una estructura de género autobiográfico. En sus "Memorias de medio siglo", publicadas en 1976 en la Revista de Occidente,­ tenemos un magnífico ejemplo. Sobre la ramoniana tertulia de Pombo nos cuenta:

"No creo que haya habido nunca una tertulia tan absurda, tan pintoresca y tan divertida como aquélla. Entre los asistentes había locos pacíficos, inventores, poetas épicos, líricos y entreverados, y, por supuesto, ingeniosos reventadores de todo. A uno que tenía un drama sobre el "retrógrado" y "reaccionario" Felipe Segundo le dijeron : "El título será, naturalmente, Felipe Segundo Derecha"/.../ A Ramón le parecía muy mal que otros hiciesen greguerías, su gran invención literaria, pues lo consideraba como un plagio intolerable. Pero hubo un valiente que se levantó allí un día a leer greguerías de las que era autor. Se armó un gran alboroto y no pudimos oír más que el título: "Greguerías de Avellaneda"/.../ El gran dibujante y caricaturista Luis Bagaría, que a pesar de pagarle muy bien los dibujos, era tan desordenado y bohemio que estaba siempre sin una peseta/.../ dijo una noche a Ramón y los que cenaban con él: "El sábado próximo os convido a cenar". Ante la gran desconfianza con que se oyó este convite explicó que la Casa Calpe iba a editar un Quijote ilustrado por él; que la semana siguiente firmaría el contrato, cobraría una parte y tendría dinero para el convite. Pero el sábado siguiente, a la hora de la cena, no se presentó, y muy tarde ya, apareció mohíno y cabizbajo. Explicó que no había firmado el contrato, porque sólo le daban diez mil pesetas, "y yo por diez mil pesetas no leo el Quijote­"." 8

En el género teatral Valentín Andrés parecía tener muy clara la importancia del humor. El día anterior al estreno de ¡Tararí...!­, el Heraldo de Madrid­ publica una entrevista en la que Valentín Andrés Álvarez afirma:

"Mi teoría teatral, si es permitido a un novel tener teorías /.../ es esta: no debe hacerse hoy más que farsas cómicas/.../me gustaría que se decidieran a abordar el teatro Ramón Gómez de la Serna, Benjamín Jarnés y Antonio Espina. Son humoristas de gran talento, y el porvenir del arte dramático está en el humorismo" 9 .

Y si esa era su teoría, la práctica de ¡Tararí...!­ la confirma plenamente. La decidida apuesta teórica de Valentín Andrés por el humor se aparta igualmente del opaco sentimentalismo y de la comicidad inocua de muchas funciones de entonces, al tiempo que se suma a las propuestas de autores como Pirandello y Ramón, que encabezan una reivindicación de época de la expresión humorística.

En el panorama español de la década de 1920, ¡Tararí...!, la obra de mayor repercusión de Valentín Andrés Álvarez, supone ni más ni menos que uno de los pocos casos de creación de vanguardia con éxito­ de público y crítica. Vanguardia que fue capaz de llegar a un receptor plural: estrenada en un tiempo en el que ni Valle-Inclán ni García Lorca vieron sobre las tablas sus obras más innovadoras, y con éxito de público (llegó a las cien representaciones en Madrid10) y crítica en años en los que el estreno de Los medios seres­ de Ramón resultaba una batalla campal.

Desgraciadamente para la creación literaria, años más tarde la Economía ocupó la mayor parte del empeño intelectual de quien fue capaz de aventurarse en la unión de ciencias y letras, humor y estudio, público y vanguardia.

 

NOTAS

[1] Naufragio en la sombra­, Madrid, Ulises, 1930, págs. 15-16.

[2] En 1919 “traba amistad con los artistas y escritores dadaístas” (“Cronología (1891-1982)", por José Luis García Delgado y Alfonso Sánchez Hormigo, en Valentín Andrés Álvarez, Libertad económica y responsabilidad social­, Madrid, Ministerio de Trabajo, 1991, págs. 49-57). Esa estancia parisina dejaría huella en la obra de nuestro autor. C. B. Morris emparenta la obra de Valentín Andrés Álvarez con los postulados de Breton en El Surrealismo y España 1920-1936, Madrid, Espasa-Calpe, 2000, pág. 84.

[3] Publicaciones recientes hacen posible el acceso a fragmentos de la obra narrativa de Valentín Andrés y de sus coetáneos: Prosa del 27. Antología, ed. Domingo Ródenas, Madrid, Espasa-Calpe, 2000; Prosa española de vanguardia, ed. Ana Rodríguez Fischer, Madrid, Castalia, 1999.

[4] La primera se publica a los dos años en el volumen ¡Tararí!­. Pim , pam , pum­. Sentimental Dancing­, Madrid, Aguilar, 1948; la segunda se imprime por primera vez en 1980, incluida en la Guía espiritual de Asturias y obra escogida­, Oviedo, Caja de Ahorros de Asturias.

[5] Memorias de medio siglo, Oviedo, Caja de Ahorros de Asturias, 1989.

[6] Juan Emilio Aragonés, "Un "raro" de nuestro teatro: Valentín Andrés Álvarez", La Estafeta Literaria­, núms.402-404, 15 sept., 1968.

[7] Naufragio en la sombra­, ed. cit., págs. 87-88.

[8] "Memorias de medio siglo", Revista de Occidente­, 2ª época, núms.5/6, marzo-abril 1976, pág. 87.

[9] Heraldo de Madrid (25 de septiembre de 1929, pág.6).

[10] Véase el imprescindible trabajo La escena madrileña entre 1926 y 1931. Un lustro de transición, María Francisca Vilches de Frutos y Dru Dogherty, Madrid, Fundamentos, pág. 216.

 

© Juan A. Cardete Agudo 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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