Una revisión al pensamiento de Mario Briceño-Iragorry en su cuentística
(1915-1920)
*

 

Lic. Valmore Muñoz Arteaga
Universidad Católica Cecilio Acosta
Colegio Claret de Maracaibo
Maracaibo - VENEZUELA


 

RESUMEN

La cuentística de Briceño-Iragorry se encuentra diluida en la prensa trujillana y merideña de las primeras décadas del siglo XX. Entre 1915 y 1920 se pueden leer en Ariel y El Rehabilitador de Trujillo, y Albores, Veinte años, Tic-Tac, Alquimia y Ecos Andinos de Mérida. Y que probablemente reuniría en un texto que permaneció inédito llamado Cuentos de estío. Una colección que consta de unos 21 cuentos cortos que poseen el testimonio de un pensamiento en formación, de una pasión ‘comprometida’ con la integridad de una sólida conciencia social bajo el cobijo un discurso que está desarrollándose en América latina.

Palabras Claves: Mario Briceño-Iragorry, Cuentos, Diálogo intercultural, Utopía.

ABSTRACT

The Briceño-Iragorry cuentistic`s is diluted in the trujillana press and merideña of the first decades of century XX Between 1915 and 1920 can be read in Ariel and the Rehabilitador de Trujillo, and Albores, Veinte años, Tic-Tac, Alquimia and Ecos Andisno of Merida. And that probably would reunite in a text that remained unpublished call Stories of summer. A collection that consists of about 21 short stories that have the testimony of a thought in formation, of a passion compromised with the integrity of a solid social conscience under the shelter a speech that is being developed in Latin America.

Key words: Mario Briceño-Iragorry, Stories, intercultural Dialogue, Utopy

 

La cuentística de Briceño-Iragorry se encuentra diluida en la prensa trujillana y merideña de las primeras décadas del siglo XX. Entre 1915 y 1920 se pueden leer en Ariel y El Rehabilitador de Trujillo, y Albores, Veinte años, Tic-Tac, Alquimia y Ecos Andinos de Mérida. Y que probablemente reuniría en un texto que permaneció inédito llamado Cuentos de estío. Una colección que consta de unos 21 cuentos cortos, que aunque de una notable pobreza narrativa en comparación con los cuentos que venían publicando en la prensa compañeros de generación, entre ellos: Jesús Enrique Lossada y Julio Garmendia; sí poseen el testimonio de un pensamiento en formación, de una pasión ‘comprometida’ con la integridad de una sólida conciencia social bajo el cobijo un discurso que está desarrollándose en América latina. Cuentos, así como su poesía, que parecen significar la ejemplificación de una cátedra que viene dictando desde el ensayo.

El cuento, como la poesía y el ensayo, será el agente fundamental para la creación de un diálogo entre la juventud, reconocida como la generación del 18, y los promotores del modernismo y de la unidad latinoamericana; principalmente Rodó, Ugarte, Vasconcelos y Martí. Un diálogo intercultural que entiende que:

Para ayudar en la tarea concreta de construir una América latina que, en el espíritu de la propuesta por Martí, sea realmente la casa en la que conviven, con y en justicia, todas las diferencias culturales que hacen la riqueza de nuestro continente

Un diálogo que buscará los aires nutricios en un modernismo que respira desde su ‘fundación’ aires del romanticismo europeo, básicamente, el alemán y el francés. Mario Briceño-Iragorry forma parte importante del coro ‘dionisiaco’ de este diálogo intercultural. Desde el cuento abonará el camino de la angustia colectiva del intelectual que se margina de la sociedad, que se autoexecra de la realidad para habitar los laberintos del minotauro y del ensueño. En el cuento morirá como hombre para nacer nuevamente despojado de la mediocridad y la insuficiencia de la hora menguada. Para hacerse superhombre en búsqueda de la utopía. Una utopía que busca la fundación de una nueva sociedad, pero dirigida por los más aptos (recordemos su participación 30 años después en el Partido Democrático Venezolano y la concepción de este en el manejo de la nación). ¿Acaso hablamos de la República platónica? Sin duda.

En todo caso, Mario Briceño-Iragorry va tras la huella de si mismo por los senderos del romanticismo europeo, y desde allí fermenta el buen vino que celebran sus palabras ora en el ensayo, ora en la poesía, ora en el drama, ora en el cuento. Recordemos que el título de desollado le viene de su producción poética y cuentística, y no del ensayo en donde se hace de un nombre fundamental en nuestras letras.

La cuentística de Briceño-Iragorry está plenada de temas dignos que se juntan para solicitar a la buena audiencia un análisis aun más digno, serio y profundo. Hemos decidido pasearnos por ellos a través de su crítica a la sociedad del momento. Trabajaremos la cítrica a la sociedad porque queremos ser solidarios con Marx cuando refería que mientras hubiese capitalismo, este tendría su crítica, y ella, provendría necesariamente del espíritu romántico.

El romanticismo en el que puede adscribirse la cuentística de Briceño-Iragorry, es el mismo que describe el sociólogo Michael Löwy como un movimiento cultural de protesta contra la civilización industrial - capitalista moderna, porque considera que ella destruye los valores comunitarios; porque cuantifica y cosifica la vida social; y lo más importante, porque produce el desencadenamiento del mundo. Al enfrentarnos a la primera narrativa de Briceño-Iragorry tropezamos con un discurso agónico que critica los modos de vida y las tradiciones antiguas destruidas por el avance desmedido de esa civilización capitalista - industrial que insurge en Venezuela con la explotación petrolera y que legalizará el positivismo gomecista, y su manejo de la sociedad desde las teorías darwinianas.

En el cuento El otro, publicado en El Rehabilitador de Trujillo el 18 de marzo de 1916, Briceño-Iragorry cuenta la conversación de una madre con su hija enamorada de un poeta:

Convéncete Helvia, no debes elegir para esposo ese que acabas de nombrar. La elección debe recaer siempre en persona que, además de sus cualidades de caballero, reúna las de un individuo pudiente. ¿Qué vas a ganar con que te adore, con que sepa decirte: “tú eres la luz de mi vida”, “por ti iría al cielo y robaría una estrella para colocarla a tus plantas como una humilde ofrenda de amor”, si no puede satisfacer tus caprichos de mujer hermosa y galante?... Di pues, ¿qué vas a ganar con todo esto?

Palabras que nos recuerdan el poema “A un joven burgués” de su coterráneo José Félix Fonseca publicado en su primer libro Hojas errantes (1916) y prologado, justamente, por Briceño-Iragorry:

Me aborreces con furia impotente

porque sabes muy bien que yo no humillo

la altivez luminosa de mi frente

ante tus onzas de dorado brillo.

Pretendes con tu vil palabrería

encenegar mis cantos de poeta:

es que tú envidias la franqueza mía,

es que mi nombre de escritor te inquieta.

porque el insultador no vale nada

jamás intentaré blandir mi espada

aunque vomites de furor espuma.

pero si piensas quebrantar mi calma

sabe que puedo calcinarte el alma

con el trágico fuego de mi pluma!

Más adelante en otro cuento intitulado Las rosas, publicado en el mismo periódico, pero en 1916, escribe:

-Sabes que me acuerdo ahora de aquel poema persa de Abon Isaac, dijo Gabriel, el magnífico poeta, cantor de la voluptuosidad de la vida, que vivía entre jardines llenos de otoño y que dice en el ritmo sonoro de uno de sus versos: “...qué podrás comprar con el dinero de tus rosas que sea más amable que las rosas?...” Porque sabes que causa verdadera lástima ver cómo esas pobrecitas floreras atraviesan las calles solicitando compradores para su fragante mercancía, para esa mercancía florida que es el símbolo de sus vidas pobres y humildes.

-Mira, empezó Efraín después de un tiempo silencioso, tienes razón en lo que dices, pero cuando el poeta persa existió, cuando sus sueños floridos vivían una vida dúplice bajo los árboles enfermos de otoño, que tú dices, o bajo el follaje, febriciente de vida por el beso de la primavera, donde él sentiría acaso esa gran voluptuosidad de la vida que canta en sus poemas sublimes, serían las rosas únicamente lo más amable que se vendiera, lo más espiritual, pero hoy, Gabriel, hoy el estado morboso de la sociedad humana, las prácticas pestilentes de una moral hacen que se vendan cosas más adorables, como el corazón, como la honra, ¿has visto algo más doloroso que una honra hecha pedazos, agonizando sobre unas escasas monedas de plata?... ¿o un corazón vendido por una efímera posición social?...

- Convéncete: hoy existe un gran estío en el alma

El romanticismo no es únicamente un modo de hacer literatura, va más allá de eso. El romanticismo es una conducta, o como lo dice Michael Löwy en una entrevista ofrecida a Néstor Kohan en Argentina:

-Defino el Romanticismo no como una escuela literaria del siglo XIX, como suelen hacer los manuales, sino como un movimiento social y cultural amplio que tiene su expresión en el campo de la literatura y el arte, pero también en la filosofía, en la política, en las ideas sociales y económicas, en la teología y la religión. Es decir, en todos los campos de la cultura social. Para decir esto me apoyo en trabajos de autores como el joven Lukács o el historiador E.P. Thompson, pero ellos no llevan el análisis hasta las últimas consecuencias. El Romanticismo, tal como yo lo entiendo, nace en la segunda mitad del siglo XVIII, pero no termina en 1830 ni en 1848, sino que continúa incluso hasta hoy

Este romanticismo militante lo une Briceño-Iragorry con la visión del arte en función social que le viene de su experiencia con Manuel Ugarte. El pensador argentino va a construir una nueva visión del arte destinada a las nuevas promociones de intelectuales latinoamericanos y que él denominó “arte social”. Ugarte va a conciliar los contenidos de una literatura nacionalista con su particular visión antiimperialista, la misma que comparte con Rodó y Martí fundamentalmente. Entre 1905 y 1908, Ugarte va a elaborar todo un proyecto cultural de alcance continental: “primero en el a su antología de jóvenes autores hispanoamericanos, escrito en 1905 y publicado un año más tarde, y, sucesivamente, en modo más articulado en su breve ensayo , de 1908”. Recordemos que Manuel Ugarte tuvo contacto con el joven Briceño-Iragorry de la primera visita a Caracas en 1912, cuando el argentino dictó algunas conferencias en la Universidad Central de Venezuela; encuentro que fue vital para el proceso de maduración en el trujillano.

Es cuando Briceño-Iragorry asume al liberalismo romántico como fuente filosófica que le guía en el laberinto del ensueño. Desde allí Briceño-Iragorry va a fustigar a la sociedad capitalista venezolana que no le permite ser pobre, algo que para él significó un rango de distinción espiritual. Aunque cabe destacar acá un planteamiento que sobre los liberales románticos hacen Kirkwood y Falleto y que copiamos en otro texto sobre Briceño-Iragorry:

Muchos de estos nuevos intelectuales urbanos pertenecían a familias tradicionales, que en función de su pérdida de importancia económica (generalmente su desaparición como hacendados tradicionales), sufrían una fuerte disminución de su prestigio social. Este desarraigo se refuerza por los contenidos intelectuales del Romanticismo. Hay en tal formación ideológica una fuerte orientación individualizante que los induce a concebirse como individuos y no como grupo

Al respecto podríamos traer a colación dos cartas fechadas el 8 de agosto de 1926 y 10 de mayo de 1928, una dirigida al doctor Baptista Galindo y otra al mismo General Juan Vicente Gómez, quien dirige el manicomio del cual no quiere formar parte ‘aparente’ Briceño-Iragorry:

Señor doctor
F. Baptista Galindo, etc., etc.
MIRAFLORES

Mi respetado Dr. i amigo:

Este es su fiel i agradecido amigo, sin más título que la certeza que tiene de que en usted hay un gran corazón siempre dispuesto a hacer el bien a manos llenas, ocurre una vez más ante usted en demanda de un servicio inapreciable.

Tengo urgencia de ir a Panamá a someterme a una intervención quirúrgica que, con el favor de Dios, espero me permita recobrar mi salud, tan menguada. Yo no tengo dinero para hacerlo, i he pensado en que usted sí puede conseguir para mí del Benemérito Jefe su ayuda eficaz i generosa. Vengo a suplicarle este valioso servicio, que nunca tendría como pagarle mañana, pues se interesan en él mi salud i el bienestar futuro de mi hogar, hoy tan angustiado. Le ruego interesarse por mí i medir la angustiosa situación que mi enfermedad ha venido a proporcionarme, reducido como estoy a lentos trabajos en mi hogar, que no me dan para vivir.

Como le digo la falta de títulos que tengo para obligar a usted, le suple su generosidad proverbial, que puede tanto la nobleza de un corazón como el suyo.

Le ruego perdonar mis continuas molestias, i le suplico creerme su amigo muy sincero i S. S.,

Mario Briceño-Iragorry

Sr. Gral.
Juan Vicente Gómez, etc., etc., etc.
Presente.
Mi respetado Jefe:

Me es honroso dirigirme a usted. Para testimoniarle mi agradecimiento por la nueva prueba de confianza con que me favorece al señalarme para la Agencia de la Navegación de La Guayra, campo en el cual procuraré corresponder debidamente a su favor.

Me permito molestar a la vez su atención exigiendo me favorezca con la suma de Bs. 6000 que me permitan cancelar el valor de un carro que adeudo y me pongan en condiciones de hacer el traslado de mi familia, que aún está en Trujillo. Espero que su munificencia me solucione favorablemente este apremiante circunstancia en que me hallo, y me embargará su gratitud.

Le saludo afectuosamente

Su leal amigo y subalterno

Mario Briceño-Iragorry.

¿Podría ser Mario Briceño-Iragorry un resentido social por su terrible pobreza? En caso de ser afirmativa la respuesta, tendríamos que hacer un nuevo estudio de sus cartas publicadas en Mi Infancia y mi pueblo. Tamaña contradicción, pero es que acaso ¿la contradicción no forma parte también de los espíritus románticos? De igual manera, otros compañeros generacionales mantienen una actitud semejante; como Mariano Picón Salas que hace duras críticas en su juventud a la figura y a la obra vetustas de Febres Cordero, y luego, como parte de esa magia que los envolvía, termina prologando favorablemente la Obras Completas del viejo merideño. Cabe preguntarse ahora, ¿acaso esa heráldica condición de autoproclamarse ‘pobres’ formaba parte de un desdoblamiento entre el hombre real (el de la hora) y el hombre romántico, el de la ensoñación (el de la deshora) Pero ¿por qué abrirse paso entre las callejas de la ensoñación? La respuesta nos la brinda Albert Béguin al afirmar que:

Los románticos se apoyan en una metafísica idealista o en una experiencia inmediata que concuerde con ella, y llegan a afirmaciones del todo opuestas: para ellos, son precisamente el sueño y los demás estados “subjetivos” los que nos hacen descender en nosotros mismos y encontrar esa parte nuestra que “es más nosotros mismos” que nuestra misma conciencia

>En ello se esforzará Briceño-Iragorry, no en buscar en el ensueño ese mundo ideal en donde quepa perfectamente sin molestias su espíritu desollado, sino que en este laberíntico mundo se encuentra su mundo real, esta dualidad explica muy bien las contradicciones en las que puede ubicarse su actuación pública con relación a su desarrollo humano dentro de la palabra.

En todo caso, Mario Briceño-Iragorry, resentido o no, pretende a través de su cuentística sensibilizar al común sobre un mejor modo de vida, más espiritual y, obviamente, menos material. Este proceso de sensibilización viene de un sentimiento de rechazo hacia la realidad, cosa que nos hace evocar el Ariel de Rodó, cuando intenta a través de la evasión (actitud muy propia del romántico) combatir el dominio de Calibán en el Nuevo Mundo. Como todo romántico, Mario Briceño-Iragorry no se siente parte del engranaje de la sociedad venezolana del momento, por ello accede al ensueño para combatirla:

-No. Yo no tengo muchos en mi libro de escuela, es que quiero que me diga ¿por qué son tan tristes los poetas?.

-Porque soñamos mucho, porque amamos demasiado, porque el destino inclemente puso en la copa de nuestra vida una gota de amargo dolor...

-...Nosotros buscamos la suerte, y cuando hay alguien que con sus palabras tersas y con sus risas tranquilas, nos brinda caricias y alegra nuestro espíritu, reímos de triunfo. Siempre buscamos esa persona de manos suaves, de boca fresca, de ojos purísimos, que efectúe el sortilegio de la buena ventura.

Absolutamente germánica esta observación de Briceño-Iragorry, ya que el romántico alemán va impregnando de sensibilidad y de ensoñación para recobrar el pasado alemán, hasta llegar a confundirse el carácter nacional con el mismo temple romántico. Además, Briceño-Iragorry va a crear en su producción literaria un universo paralelo y personal en el cual refugiarse de la hostilidad de la realidad; que a pesar de lo dura y difícil, le permite autoflagelarse, o como lo dice Béguin en palabras de Moritz: “sentir el gran placer en atormentarse a sí mismo”. Por eso vemos la constante presencia del poeta abandonado por su miseria y su pobreza. Ese universo creado para protegerse, para que pueda dilatarse el ‘yo adolorido’ y ‘angustiado’, es el primer síntoma del alma romántica. Volviendo a la fuente germánica del romanticismo en Briceño-Iragorry:

El romanticismo alemán constituye la más rica manifestación de irracionalismo que aparece en todas las naciones europeas desde fines del siglo XVIII. Las frustraciones de la realidad fueron compensadas en forma de originalidad creadora y de nostalgia tanto de los pasado como de lo futuro.

Con relación a lo anterior escribe Novalis: “Anhelo contemplar la flor azul. No se aparta de mi mente, y no puedo ni escribir ni pensar en otra cosa” (Novalis. 1980:68). Busca acaso, Briceño-Iragorry, la amada feérica, la flor azul, el ideal, o posiblemente la utopía. Para ellos estos símbolos significaban los mismo, pero su significación era interpretada en un primer momento en la muerte, en la angustia, en el dolor, ellas serán las llaves de la puerta hacia la otra dimensión en la cual habitan. Así Briceño-Iragorry dialoga por medio del dolor con Ramos Sucre, cuando este último va a afirmar en la Vida del Maldito:

Yo adolezco de una degenarción ilustre; amo el dolor, la belleza y la crueldad, sobre todo esta última, que sirve para destruir un mundo abandonado al mal.

Volví espontáneamente a la soledad, mucho antes del término de mi juventud, retirándome a esta mi ciudad nativa, lejana del progreso, asentada en una comarca apática y neutral (...) A sus espaldas fluye un delgado río de tinta, sustraído de la luz por la espesura de árboles crecidos, en pie sobre las márgenes, azotados sin descanso por un viento furioso.

Por ello, Mario Briceño-Iragorry, junto a sus ‘contertulios’ del 18 van a rebelarse, a insumitirse desde la palabra, desde la literatura, a través de la recreación ensoñadora con el único fin de no dejarse acomodar (como luego hicieron muchos de ellos) en el engranaje de la decadencia humana producto de las concepciones del positivismo, del régimen gomecista y de la explotación petrolera que ya iba a desencadenarse irremediablemente. Pero quedaba la esperanza de las generaciones futuras, y así como Rodó y Ugarte lo hicieron con él, él lo intentó en su obra. El romanticismo de Mario Briceño-Iragorry lo lleva a ser un personaje enigmático y terrible, sombrío como aquel Raskolnikov del ruso atormentado; un personaje que deja de serlo para ser conciencia de lo irremediable y de lo imposible: su mensaje no tiene destinatario.

En este alarde adolorido de Briceño-Iragorry, la mujer va a estar siempre presente en sus cuentos, así como en la obra romántica, la mujer tiene una participación hasta determinante en el discurso del romántico. Son clásicas las significación de ellas en la obra de Goethe, Novalis, Lamartine, Byron, entre otros. La mujer del romanticismo es la complementación del ‘Yo romántico’, el ser que brinda la salvación y la redención al poeta. Margarita salva al Dr. Fausto del infierno, Carlota le devuelve al joven Werther su pasión por la vida a través del suicidio, Dante llega al Paraíso de la mano de Beatriz. La mujer es el espíritu clave de toda la existencia, es un alma mágica. Entre sus compañeros de promoción se escuchan los siguientes cantos:

Revive el fuego de mi amor, procura

Desterrar de mi vida la tortura,

Y constela de rosas

El pálido jardín de mis ideales.

¡Oh, no sabes el bien que me has hecho;

por ensalmo curaste mi herida

el ponerme la mano en el pecho.

A tu voz, huye el duelo y el llanto,

Como un sueño se pasa la vida,

Y es el mismo dolor un encanto.

Mujer, aquí en tu compañía

Espero ansioso i mudo el minuto infinito.

Vi muchas de las cosas leves,

Breves, insustanciales y tranquilas como los nomeolvides y las nieves:

¡Todo lo vi chiquilla en tus pupilas!

En Mario Briceño-Iragorry la mujer parece dividirse en dos instancias: la mujer real, que la representa como un ser conforme, minúsculo, vacuo. En el cuento Ella no dijo nada, publicado en Ariel de Trujillo en 1915, escribe:

No es eso, Carmen, sino que como uno siempre persigue un ideal cuyo retrato lleva fijo en el alma, cuando por algún mentís crees hallarlo en alguna mujer que sonríe amable, se detiene y busca. Pasa algunas horas al amparo de sus caricias, pero al ver que esa no es la idealización que se persigue, sigue el camino en busca de otros ojos mejores y unos labios más dulces donde materializar todos los sueños. Luego hay que convenir en que eso es inconstancia sino equivocación.

En el cuento El otro, ya antes citado, escribe:

En aquel momento, ella dejó de ser la joven fiel a la promesa anterior, fiel a su corazón y fiel al recuerdo, y fue sencillamente mujer.

-Mamá, daré mi palabra a ese hombre, quiero hasta lo último satisfacerla y, además, estoy convencida de lo que tú me dijiste, tú tienes experiencia y dices la verdad... Pero, mamá, ¿cómo se llama mi futuro esposo?

El concepto de la mujer en el joven Briceño-Iragorry parece emanar de sus desordenadas lecturas de Nietzsche de un pequeños apartado del Zaratustra llamado De las mujeres viejas y jóvenes, en cuyas últimas líneas una vieja aconseja al profeta: si vas con las mujeres no olvides el látigo. Es la misma visión que sobre ella tienden los modernistas en su textos. Para Manuel Díaz Rodríguez, primera figura del modernismo nacional, la mujer también va a presentar una doble figuración. En Ídolos Rotos aparecen María a Teresa, la dos hembras por las cuales debate el amor de Alberto Soria. Observándolas a ambas desde la perspectiva de Albert Béguin; tanto María como Teresa van a representar la dualidad en las que se hunde el hombre decadentista:

Conforme a un motivo muy difundido en la literatura decadentista, el protagonista se halla entre dos mujeres: la diabólica Teresa Farías y la angelical María Almeida. Soria, típico héroe decadente por su talante hiperestésico, sufre ‘vacilaciones infinitas’ entre la vigilia (la triste realidad de un presente corrompido) y el sueño (la nostalgia de un pasado idealizado y las esperanzas de un mejor porvenir). Dentro de estas ‘vacilaciones perennes’ hay que situar el amor prohibido y calculador de Teresa (vigilia) y el amor puro y espontáneo de María (sueño).

La mujer es la representación del ideal de la naturaleza humana, la mujer es la figura que sensibiliza el otro lado del alma romántica. En Briceño-Iragorry va ocurrir eso justamente. No existe en su cuentística la ‘otra’ por la cual pueda debatirse en algún momento el amor. Pero sí hay una doble presencia femenina que encaja perfectamente en lo referido a Díaz Rodríguez. Carmen, la joven del cuento Ella no dijo nada; Ángela Rosa, de Las estrellas, Griselda, de Griselda; Helvia, de El otro, Laura, de Laureles Marchitos, Eladia y Amalia, de Agua Fuerte; representan esa realidad triste que intenta corromper con la debilidad y la insuficiencia espiritual al poeta, son la encarnación del materialismo del cual quieren escapar las almas románticas, y que Briceño-Iragorry trata de exorcizar a través de la palabra. Pero nos queda la otra que en Briceño-Iragorry no aparece directamente, sin embargo está. Esa otra mujer comprende al espíritu que envuelve a su discurso, y que por lo menos menciona en el cuento Éxodo, publicado en Ariel de Trujillo en 1915:

Mo vida marchaba sola por entre el montón de hojas secas que brindaba Otoño y reía desdeñosa al beso del aura cálida que le mentía una caricia de mujer. Bajo la soledad de los árboles quietos jugaba ella con infantil dulzura -era la vez primera que la veían mis ojos-, nos dijimos ‘adiós’ como si fuera que nuestras almas conocidas desde antaño, se dieran una eterna despedida... Junto a la fuente mansa caminábamos los dos. Entre mi mano cálida llevaba la suya de albastro -suave y fina como rica porcelana- Sus palabras de seda eran cortas como fulguraciones divinas; y al verla allí tan tierna, tan dulce, tan mía, mi alma fue creyendo, lentamente, que era una flor quien le hablaba con voz de cielo y estrella.

Llena de dulzura inefable empezó a relatarme un cuento de hadas, que en su niñez tranquila contóle alguna vieja madrina de cabellos argénteos... Una cáscada de nombres mentirosos brotó de su boca divina, y llena de una inocente gracia me enseñó que cada uno de los pobres mortales tiene una Hada amiga que le guía por la vida y le regala flores y ensueños azules.

Con voz creída le pregunté curioso:

-¿Cuál es mi Hada amiga?

-¡Yo!, me dijo rayando en dulzura, y empezó a jugar con el encaje de su traje rosa.

Esta Hada, o amada feérica según los románticos alemanes, es la posibilidad de construir una sociedad perfecta en donde habitar sin los desmanes del ahora, de la hora, de la vigilia. ¿No hay manera de hacerlo en la realidad? Pero les quedó la literatura y allí crearon el reino de la palabra en donde hicieron realidad lo que vivían soñando: la Utopía. Esa es la mujer del sueño en Mario Briceño-Iragorry, la utopía, la Idea, es decir, la idealización, que le permitirá trascender las barreras que lo limitan en el mundo que lo rodea y que intenta evadir, sucederá los mismo con sus congéneres del 18.

Este el Mario Briceño-Iragorry de su juventud que fue eterna, pero que han envejecido, volviéndolo un viejo decrépito obsesionado con una país que a lo mejor ni pensó, con una dictadura que no le quitó lo más importante: la capacidad de soñar, con un mensaje que es y tiene que ser sin destino en esta Venezuela de revoluciones, de mentiras, de pactos, de hipócritas. Esta no es y nunca fue la Venezuela de Don Mario. Don Mario es el hombre que nunca se descubre, pero que en su búsqueda nos encontramos siempre con el espejo que nos refleja y nos deja al descubierto. Falta decir poco, porque cuando se dice mucho nunca se dice nada, y de Don Mario se ha dicho mucho, tanto que se hace vapor de en la memoria. Por cierto ¿He dicho que Mario Briceño-Iragorry fue un historiador extraordinario y que escribió un libro pedagógico llamado Mensaje sin destino? Si no lo he dicho es buen momento para callar.

 

(*) Adscrito al Proyecto de Investigación: La Generación del 18 en la senda de la utopía latinoamericana. Universidad Católica Cecilio Acosta

 

© Valmore Muñoz Arteaga 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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