Espéculo

Reseñas, críticas y novedades

 


    Carlos Fuentes

    Instinto de Inez

 

La primera impresión que provoca esta novela es de desasosiego, de pensamientos que se repiten y que nos hacen reflexionar sobre el acontecer humano. Son pensamientos y preguntas como ¿el tiempo es circular?, ¿los mismos hechos se suceden en todas las épocas?, ¿los personajes de siglos distintos sufren idénticos problemas?, ¿el hombre es cruel por naturaleza? Parece que todas estas cuestiones tienen una respuesta afirmativa en la obra de Fuentes. Pero esto es una de las caras de la moneda; existe la otra, la del amor, la solidaridad, el compañerismo y el arte.

Desasosiego, esperanza; amor, violencia; juventud, ancianidad; pasado, presente; ruido de la guerra, música. Las parejas de contrarios representan el movimiento -¿inevitable, fatal?- de la vida. Y más: palabras de amor, palabras de muerte. Y encuentros y desencuentros: dos personas que se aman tiernamente versus el hijo que ordena decapitar al padre para usurpar el poder autoritario (otro de los fantasmas de la novela). Tantos contrarios asustan al lector, porque el ritmo que crean construye un mundo inquietante, difícil: suena la música y, al mismo tiempo, el ruido de los aviones nazis bombardeando Londres.

La historia que relata el libro es compleja, y en realidad son dos historias que se unen al final. Por un lado, tenemos la vida, en el siglo XX, de un jubilado director de orquesta, Gabriel Atlan-Ferrara, en la que se cuenta su discurrir profesional y sentimental con una soprano, Inez de Prada. El eje estructurador es la dirección de La Damnation de Faust, de Hector Berlioz. Por otra parte, el relato de una pareja de una etapa muy diferente, la Prehistoria, con sus problemas para sobrevivir y una gran violencia que les viene encima. Algunos personajes de esta segunda historia pasan a la primera, y de esta manera se crea un producto atractivo y bastante pesimista: el mundo arrastra sus lacras a través del tiempo, y no les encuentra solución.

La estructura de la obra no es lineal, sino que empieza en el siglo XX y luego salta a la Prehistoria, y después vuelve al siglo de la bomba atómica, y así alternan las dos épocas históricas. El lector puede extrañarse porque al principio no ve la relación entre ellas y sólo al final comprende esta estructura, cuando las dos historias se fusionan para provocar un desenlace inesperado y necesario.

Los personajes son dos parejas muy diferentes. La del siglo XX no es pareja en el sentido amoroso, aunque hay una gran atracción entre ellos. Gabriel es poco convencional y su pasión es la música, la dirección de una orquesta. Se siente fascinado por un objeto, un sello de cristal, que para él simboliza lo que ama, algo perfecto y que no admite altibajos o rupturas. Por su parte, Inez, la amada y breve amante del maestro, igualmente vive para el canto, pero es más convencional, más humana y se aferra mucho más a un vivir dentro de la normalidad, aunque en realidad también se parece a su maestro. La otra pareja, la prehistórica, es más sencilla en su comportamiento: la necesidad de supervivencia y comprender el mundo circundante les ocupa el tiempo, a pesar de que también haya momentos para el arte. Así, él pinta en la cueva, y con ello siente algo especial, una realización espiritual. Algunos personajes de la Prehistoria se introducirán en el siglo XX: el tiempo y la evolución no han modificado la condición humana.

La vida es un riesgo: el hombre y la mujer prehistóricos se arriesgan y forman, con naturalidad, una pareja feliz, con sus alegrías y desgracias (¡ay, la muerte siempre presente!). Por el contrario, Gabriel e Inez no se arriesgan, ya que temen el fracaso de su amor y no lo inician y con ello se condenan a la soledad. Si no hay riesgo, no podemos construir la vida.

Varios temas se repiten con mucha frecuencia. Por ejemplo, la música es fundamental y vertebra a los personajes y a épocas históricas como el nazismo, que son descritas a través de ella. Otros temas sustanciales son el amor, la violencia, la memoria, el gobierno, la vejez y la muerte. Todos colaboran para “completar el círculo”. Sin embargo, el final de la novela es esperanzador y hace olvidar la dureza del carácter humano: “ahora hay la plenitud del amor en el instante”. Como todo final es significativo y da claves para entender el libro.

El arte para poner sobre el tapete el horror al que puede llegar la humanidad, para combatirlo. Los asistentes al concierto son sordos que sólo buscan entretenimiento alegre, no mostración de tragedias. Cerramos los ojos ante nuestra crueldad y no queremos superarla. Somos más perversos que nuestros antepasados, que no eran tan refinados a la hora de matar. ¿Fracaso del hombre? ¿No hay esperanza? Sí la hay, por eso hay que arriesgarse, como la pareja prehistórica, a vivir en el amor.

Entre los rasgos lingüísticos que sobresalen en el libro queremos destacar la comparación, que es muy abundante y refleja la calidad del lenguaje literario creado por Carlos Fuentes. Algunas comparaciones son muy bellas, como estas dos dedicadas al nonagenario Gabriel, que reflexiona una y otra vez sobre su vejez: “una ancianidad lamentable [...] que tiende a desaguarse como un odre traspasado demasiadas veces por las espadas del tiempo” y “el viejo se reflejaba como un fantasma de papel”. La comparación se utiliza para subrayar algo a lo que damos importancia: “voz de una potencia comparable al galope de los corceles negros”. Otro rasgo literario relevante es la metáfora, que no aparece tanto como la comparación. Un ejemplo: “la Luftwaffe está bombardeando sin cesar, ola tras ola de pájaros negros pasan chorreando sangre, la gran cabalgata de los corceles del Diablo pasa por el cielo negro”. Algunas metáforas, por sus asociaciones, sorprenden: “el terciopelo nocturno que era su voz”. Comparaciones y metáforas crean un estilo personal y, a la vez, inciden en los temas que le interesan al autor.

También como rasgo lingüístico está un uso amplio de frases sentenciosas como “no hay historia sin sombras”. Y algo que llama mucho la atención es la profusión de preguntas que lanzan y se lanzan los personajes, del tipo “¿por qué no sucedió lo que, posiblemente, pudo suceder?”. Esta gran cantidad de preguntas confieren al libro un carácter reflexivo, de meditación sobre la problemática humana. A través de la interrogación se quiere comprender el cosmos del hombre y su devenir histórico: “¿aparece y reaparece el tiempo?, ¿la historia se duplica y se refleja en el espejo contrario del tiempo, sólo para desaparecer y reaparecer azarosamente?”. Los personajes algunas veces se sienten indecisos, sin saber cómo actuar, y recurren a la pregunta para aclarar su situación angustiosa.

Es de destacar la gran dificultad para reconstruir la vida durante la Prehistoria, sobre todo el lenguaje (recordemos que los sabios lingüistas del XIX y actuales han reconstruido un idioma perdido: el indoeuropeo) y, dentro de él, el diálogo y las palabras de los sentimientos.

Casi al final de la novela, una oración condicional alerta de un gran peligro: “Si vivimos para el pasado, lo hacemos crecer al grado que usurpa nuestras vidas”. Así pues, el presente es lo que cuenta.

Como siempre, la literatura a la vez entretiene y obliga a pensar. No es un producto que sólo irradie belleza por medio de sus palabras y recursos literarios, sino que desprende ideas sobre los temas importantes para el ser humano: el amor, la muerte, la violencia y el gobierno de la comunidad. Carlos Fuentes nos ha regalado una rosa que exhala hermosura y reflexiones profundas. Sus palabras sirven para situar al hombre de nuestro tiempo con sus alegrías y miserias.

Juan José del Rey Poveda
C.E.O. Leoncio Rodríguez (Tenerife)

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/cfuentes.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2002