ANTONIO COLINAS O EL POETA TRANQUILO

"La poesía es como una grieta a través de la cual se ve la realidad"

 

Yolanda Delgado Batista


 



  Es muy fácil resumir la trayectoria de un poeta en cuatro pinceladas biográficas y nombrar unos cuantos premios relevantes, pero con nuestro autor debemos ser justos. Antonio Colinas es traductor, novelista, ensayista y un gran poeta que vio por primera vez la luz, oyó sus primeros sonidos y descubrió los primeros aromas y colores en tierras de León (La Bañeza en 1946). En 1975 recibió el Premio de la Crítica por Sepulcro en Tarquinia, y su Poesía (1967-1981), fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1982. Pero como decía, seamos justos a la hora de presentar a un artista y a una persona como Antonio Colinas, donde la poesía y el poeta son con honestidad la misma razón de ser y de vivir. Con la sencillez del que está acostumbrado a dar, me abrió las puertas de su casa y de su amistad en Salamanca, en un día en que la primavera se anunciaba explosiva. En esa casa encontré a un sabio que hablaba con palabras que salían de un alma sosegada.

2 poemas de Tiempo y abismo recitados por el autor

—Después de tres años y medio de silencio poético se publica por fin TIEMPO Y ABISMO.

C- Por un lado es una obra que cierra una trilogía que se abrió con Los silencios de fuego y Libro de la mansedumbre, y luego es un libro que creo que se distingue por un tono más fuerte, más grave. Hay en el libro una historia que se va contando, una historia muy sutil, muy subterránea a veces. Una historia que camina hacia la plenitud, hacia esa plenitud de la tercera parte del libro en la cual aunque se hable de vacío, aunque se hable de silencio, son un silencio y un vacío pleno. Esto es un poco en síntesis, la visión que yo tengo de este libro. Un libro en el que se funde lo transcendente con lo más real, sobre todo en la segunda parte, Del ser y del no ser, hay temas más variados, temas más cotidianos, más reales.

—¿Cómo surgió esta obra?

C- El desencadenante de este libro fue la muerte de mis padres. Fue una etapa muy difícil en la que primero falleció mi madre, luego mi padre. Es un libro también significativo para ver como nace la escritura. Yo he explicado que al día siguiente del funeral de mi padre nace el primer poema. Esto pone de relieve ese componente misterioso de la escritura. Podemos poner nuestra voluntad, nuestro esfuerzo, pero si nos falta ese primer poema, difícilmente podremos empezar. Es en ese tiempo misterioso, delicado, cuando surge ese primer poema.

En el libro la muerte ocupa un tema central. El otro día me dijo un amigo de Ibiza que la palabra muerte aparecía sesenta veces. Yo no me había dado cuenta pero, lo cierto es que en el libro hay una superación constante y hay una búsqueda de la plenitud. Este es un libro de la aceptación de la realidad tal como es y eso se materializa sobre todo en el poema La letanía del ciego que ve que es un poema en el que todo vale y todo se acepta.

(...) Que cuando me parezca que he caído,
porque me han derribado,
sólo esté arrodillándome en mi centro.
Que si alguien me golpea muy fuerte
sólo sienta la brisa del pinar, el murmullo
de la fuente serena.
Que si la vida es un acabar,
cual veleta, chirriando en lo más alto,
allá arriba me calme para siempre,
se disuelva mi hierro en el azul. (...)

—Este libro está concebido en tres partes: Penumbras del Noroeste, Del ser y del no ser; Clamor del más allá.

C- En Penumbras del Noroeste veo más bien encuentro. Uno a veces cierra los ojos y va con la memoria hacia atrás. Es cuando aparecen esos primeros símbolos, esos primeros símbolos salvadores y sanadores también. Esos primeros símbolos son los de la infancia, los primeros espacios donde nacimos, donde aprendimos a contemplar. Aparece ese noroeste que es un noroeste muy amplio que va desde León hasta estas sierras de Salamanca, las estribaciones de Gredos. Hay también un reencuentro con ese mito, ese símbolo de la montaña de la infancia. La montaña que se asciende a través de un viaje, que no es sólo un viaje físico hacia la cima, sino que es también ese viaje interior que nos ayuda a conocernos. Creo que lo he dicho a raíz de mis últimos libros pero sobre todo es cierto en éste, que hay también en la escritura un componente de autorrealización que además de escribir para expresarnos, para hacer literatura, pues escribimos para realizarnos. En este sentido la escritura constituye una iluminación, un faro y que, en la noche oscura, en la noche del ser, nos ilumina. La palabra así es palabra luminosa.

El remonte del libro se da en la segunda parte sobre todo con dos o tres poemas. El reencuentro con Ibiza, con el mar, en el poema que se titula En el estrecho, y en ese momento de reencuentro es cuando el ánimo se expande, el ánimo rompe con los esquemas, se libera de los temas obsesivos y ahí viene la liberación. Es cuando el libro cambia de tono. Hay también ese poema de homenaje a Ciorán, ese poema que transcurre en un acantilado y ese diálogo con el abismo, y la superación del abismo físico. A partir de esos poemas finales, todo el libro remonta y entra en esa etapa transcendente.

(...) Asomado, al fin, al borde del abismo
rebosante de sombra,
comprendí que el verdadero abismo
no estaba fuera sino en mí,
y que por eso el otro ya no me atraía. (...)
         (Del poema Reviviendo a Ciorán)

—Explíqueme el por qué del título...

C- El abismo es algo más que un concepto romántico, contiene todo los misterioso, todo lo oscuro, todo lo que desconocemos. El abismo contiene cosas buenas y cosas malas, es un poco el abismo del ser, el abismo del día a día. Y el tiempo, al que se refiere el título, es ese tiempo al que se refería Machado al hablar de la palabra en el tiempo, es decir, un tiempo duradero, un tiempo que no pasa.

—¿Para qué poetas en tiempos de miseria, como se preguntaba Hölderlin?

C- El poeta sigue siendo necesario. No estoy muy de acuerdo... creo que él tampoco estaba muy de acuerdo con esta afirmación suya. Hay una frase todavía más terrible de Adorno: “para qué poetas después de Auswichtz”. Precisamente creo que por todo eso es necesaria la poesía, y debe seguir porque la poesía es sinónimo de humanismo. Cuando el ser humano se ve desprovisto de su humanismo, es otra cosa que hombre. La poesía es consustancial a la vida. Yo no concibo la menos el mundo sin poesía.

 

EL POETA DA RAZÓN DE SU PALABRA

(...) Vivo estoy aún y vivo estaré
en las palabras claras
que he hallado como piedras de un camino,
como leña en los montes.
Yo sólo he tenido que encontrarlas
entre zarzas y espinos.
Con ellas pude dar sentido a mi vida.
Eso es, eso ha sido lo importante.
No tuve por misión utilizar palabras
como piezas de museo, como medallas que rinden,
como navajas que hieren. (...)
     (Del poema El poeta da razón de su palabra)

—¿Qué tiene la Poesía que no tengan otros géneros?

C- Siempre se vuelve al mismo tema de que la poesía es minoritaria, que la poesía vende poco, que la poesía se dirige a pocas personas, y esto es así porque el mensaje de la poesía no suele ser el mensaje de la mayoría, es un mensaje a contracorriente. Normalmente el mensaje del poeta no es un mensaje de su tiempo, es un mensaje intemporal y por intemporal, de todas las épocas. Esto nos lleva a pensar que el poeta habla con palabras que no son de nuestro tiempo, no son palabras puestas al día, no dialoga con la realidad. Lo que sucede es que él está en otro estrato, en otro plano y su palabra es nueva y diferente.

La poesía tiene una concisión y una claridad que la distingue de otros géneros. A veces nos basta con abrir un libro de poemas por cualquier página para que nos llegue el mensaje de ese libro. Eso no sucede con el ensayo o con la novela que es un mensaje más dilatado, más abstracto. Por el contrario, la poesía tiene esa capacidad fulgurante de, a través de unas pocas palabras, comunicamos un mensaje. La poesía es como una grieta a través de la cual se ve la realidad, es sólo una rendija que nos comunica una realidad que no es la cotidiana.

 

SIEMPRE FUI POETA

—¿Cuándo despertó el poeta en usted?

C- Siempre fui poeta pero no lo manifesté hasta los dieciséis años en que hubo una eclosión de muchas cosas. Pero siempre, ya de niño había esa comunicación con las cosas, con lo que uno miraba, con las vivencias. Yo tengo un libro, El crujido de la luz, que es un libro de memorias de la infancia hasta los diez años, en el que ya se pone de relieve muchas sensaciones, muchas vivencias que están en la órbita de lo poético. De hecho, el libro se cierra en el momento en el que el niño intenta escribir un texto, su primer poema, y nota que esas palabras no son las palabras habituales.

Luego hay otro momento que es el de la adolescencia que es un momento plenamente poético por las lecturas, por las vivencias y luego, hay un tercer momento más “profesional”, vamos a decirlo entre comillas, que es cuando la vocación se decanta totalmente y es un momento de dificultad, en él hay muchas decepciones, muchas oposiciones, muchas reticencias, muchas pruebas, muchas pruebas...

—¿Y qué le animó a continuar?

Lo que me animó a seguir fue escuchar la propia voz. Uno escucha una voz interior que es la que importa verdaderamente porque luego llega eses momento en el que hay muchas influencias, donde se nos dice que lo que escribimos no es correcto, y sin embargo, uno sigue escuchando esa voz interior y hay esa fidelidad a esa voz que es la que verdaderamente nos anima.

Luego, qué duda cabe que hay otros componentes, una crítica positiva, un premio, todo esto ayuda y nos anima a seguir. El ver que el propio trabajo da resultado. Muchos años de libros, de esfuerzos que han madurado, nos anima y nos prueba que estamos en el camino correcto.

 

VICENTE ALEIXANDRE, SU MAESTRO

—El premio Nobel Vicente Aleixandre también tuvo algo que ver...

C- Él me ayudó mucho en ese momento concreto, unas veces con correcciones de los poemas míos que leía, otras veces me hablaba de las pruebas que suponía la literatura. Me decía que estaba claro que en mí había un poeta y eso me animaba mucho. Su amistad fue una ayuda muy grande en un momento complicado.

 

GENERACIÓN DE LOS NOVÍSIMOS

—¿Qué le une y qué le distancia de los Novísimos?

C- Las generaciones literarias a veces tienen razón de ser, son útiles por razones didácticas, pero para nada más. Cada poeta tiene su voz, su personalidad, y a la larga, yo creo que sólo existen poetas independientes. Qué duda cabe que yo estoy en la órbita de eso que se ha venido a llamar poesía novísima. Una poesía con la que yo estoy de acuerdo con lo que supuso de renovación respecto al lenguaje, de ruptura con las ataduras que existía con la poesía demasiado tradicional. Todo esto es interesante, pero por lo demás, no me identifico con este grupo que ejerció la cultura por la cultura, en el que había poco sustrato vital en ella. Luego había cosas muy puntuales, como que yo era bastante fiel a Machado cuando los novísimos lo criticaron mucho. Temas como la presencia de la naturaleza que en mi obra es un factor dinamizador, vital, está como telón de fondo, como un elemento cultural más. En este grupo la poesía tiende a lo urbano. Para mí la diferencia está en el concepto de la cultura. Ha sido reconocida como generación novísima o culturalista, y para mí si en la cultura no hay vida, no es tal cultura. Las referencias culturales en mi obra siempre remiten a experiencias vitales, no se da esa presencia de la cultura por la cultura.

 

SIMBOLOGÍA POÉTICA

—La noche, la piedra, la isla, el jardín... son algunos símbolos permanantes en su obra poética. ¿Puede explicarme el sentido de alguno de ellos?

C- La noche es uno de los símbolos más constantes. La noche como fuente de lo misterioso, la noche que lo contiene todo y es a la vez el vacío, ese vacío existencial; la noche como reverso de la luz, que es otro de los símbolos, sobre todo más presente en los últimos libros.

En medio de la noche me despierto,
abro los ojos, miro en lo oscuro
y voy sintiendo un dolor que es
antiguo y, a la vez muy nuevo y vivo.

Al fin ya he tocado el fondo de la noche,
el fondo de mi noche.
Desnuda va quedando la palabra
y palpo en el pecho ese dolor
(las heridas del mundo)
      (Del poema Aunque es de noche, del Libro de la Mansedumbre)

La piedra no como lo negador. Decía Jung que la piedra es energía indestructible, algo que contiene el secreto de las cosas. Lo mismo sucede con la ruina que no es lo caduco, ni lo perecedero, ni lo muerto, sino que es expresión de renacimiento, en el sentido que son algo fructífero, un espacio sin contaminaciones en el que podemos reflexionar, sentir, ver la caducidad del paso del tiempo.

viene la noche hasta las piedras,
viene la brisa oscura a acariciar el lomo de las piedras,
blanda la piedra por el beso
con sabor a siglos
piedra junto a la piedra van negando
el Caos, lo impenetrable,
sube un rumor de piedras desde el río
y de la nieve escasa va llegando
a la mies
la voz o la dureza de la piedra,
porque la noche como piedra rueda
aquí, donde gravita el corazón,
y el Cosmos calla a veces
para que la palabra se propague
como piedra infecunda (...)
     (Del poema Misterium fascinans, del libro Sepulcro en Tarquinia)

Has nombrado la isla que también es importante porque yo viví en una isla veintiún años. Es símbolo de vida y no es sólo un lugar cerrado.

PRODUCE un dolor agudo y muy sublime
tener que abandonar lo que se ha amado mucho
y aquello que los nuestros más amaron,
pues en ti con tu luz, oh isla mía,
conformamos los cuerpos, la sangre que nos une.
     (Del poema Isla del libro Tiempo y abismo)

 

LEÓN, CÓRDOBA, ITALIA, IBIZA...

—¿Y su geografía...?

C- Mi geografía parte del paisaje de León, del páramo, de las riberas y de la montaña. Yo nací precisamente en ese paisaje de riberas, una zona muy rica en ríos. El río también es un elemento consustancial a mi vida. El río y sus sotos es el paisaje de mi infancia, un paisaje de transición entre la ribera y el pinar y el monte bajo.

Viví tres años en Córdoba, y ahí, está ese encuentro con el sur, con ese sur de Andalucía, que es también muy especial. Yo todas esas sensaciones, toda esa estética, la fijé en una novela Un año en el sur, donde se cuenta la vida de un año de iniciación de un joven, donde está muy presente ese sur, que es un poco el reverso de León. El sur es luminoso, más sensual, más intenso... ese sur también es sinónimo de la cultura árabe, de su mundo. Hay presencias como la de Góngora, que era un cordobés ilustre.

Luego está Italia. Me influyó mucho, viví cuatro años. Yo creo que una persona no es igual si no ha pasado por esa experiencia de Italia. Italia es un paradigma en muchos sentidos, sobre todo hay muchas Italias. Está la Italia de Venecia, está la Italia de Dante; está la Italia del Renacimiento, que es sobre todo la que me ha interesado más, pero también está esa Italia del sur, de Pompeya, de Sicilia.

Allí es donde escribí Sepulcro en Tarquinia. Decía Jorge Guillén que es el libro con más Italia que él conocía. Pero incluso en esos momentos sigue el diálogo con la tierra de origen, por eso, en las dos últimas partes está el castro Petavonium. Siempre hay ese regreso a los orígenes, y en el libro se comunican a través de los romano Castro Petavonium es un castro romano de la zona de León, y luego hay esa presencia de lo italiano. Uno está hablando de las mismas cosas pero a la vez por medio de tierras distintas.

 

SEPULCRO EN TARQUINIA

—¿Siente la misma predilección que sintió la crítica por Sepulcro en Tarquinia o prefiere alguna otra obra?

C- Es un libro muy especial muy significativo, muy importante en determinados momentos. Es un libro que ha supuesto mucho para determinados lectores, ha influido mucho, pero hay otros libros míos que no tienen por qué ponerse detrás como Noche más allá de la Noche, o Jardín de Orfeo, o éste último, Tiempo y abismo, o el Libro de la mansedumbre...Yo creo que son libros que están a la misma altura, lo que sucede es que ese libro tiene un fulgor especial. Resulta especialmente atractivo el momento en el que nació. Un libro que tuvo mucho eco. Le dieron el Premio de la crítica, y luego porque es de más fácil lectura que los temas que se plantean en estos últimos libros, que van más unidos a la experiencia del ser; son cosas que hay que vivirlas para conocerlas y por eso el lector fácil lo comparte menos, pero no son libros inferiores.

 

MENOS PALABRAS

—En su obra, el lenguaje ha sufrido una evolución...

C- El lenguaje se ha ido desnudando porque ha habido más meditación. En concreto en Noche más allá de la noche es un libro más complicado de lectura, más hermético. Hay más reflexión que sensaciones, aunque mi poesía siempre es muy emotiva, una poesía de la emoción. Sin embargo, en esta última etapa hay un discurso, unos temas que son quizás más difícil de compartir.

Las sensaciones tienen mucha importancia, entran por los sentidos. Hay una fuerte presencia de los aromas, de los colores. A veces el poema es un cuadro impresionista, para entendernos enseguida. Influyen mucho los sonidos, la música que tiende al silencio en este último libro.

 

PRESENCIA DE LA MÚSICA

—No podemos olvidarnos de la Música y el ritmo ritmo de la respiración en su poesía.

C-Es uno de los grandes temas de mi poesía. Primero, porque es un tema evidente, los instrumentos musicales, las notas aparecen por los libros, pero también está esa otra música del verso, esa música no audible si no se pronuncia, que es la música del verso, el ritmo del verso. Un ritmo que, como has dicho, va unido a la respiración. El verso es la palabra respirada. Y luego, hay otra música en sentido órfico, esa música que está en todo. Esa música que inflama la realidad que nos rodea pero no oímos. Esto se ve en Cinco canciones con los ojos cerrados, que cierran Tiempo y abismo, donde hay esa búsqueda de un silencio sonoro. Un silencio que no es un silencio negador, negativo, sino un silencio comunicativo.

(...) Respiraba silencios,
pero no respiraba.
Mas hoy es el silencio
el que a mí me respira.
Y si tanto silencio
no acallase a la muerte,
aquí llega el aroma,
el murmullo del agua,
la nieve de tu nieve
(“pequeña de mis sueños,
por tu piel las palomas...”). (...)
    (Del poema Cinco canciones con los ojos cerrados).

 

ARMONÍA ES LA PALABRA CLAVE

—¿Qué es para usted la Armonía, idea que le ha ocupado dos libros?

C- El día a día es una lucha por deshacer los contrarios. Hay una expresión de San Juan de la Cruz, sobre la que yo escribí una conferencia, en su poema la Llama, donde él habla de una serie de pasos para que en el mundo dejen de luchar contrarios contra contrarios. Todo en la vida es una lucha de contrarios, de extremos. La dualidad nos asalta cada día en cada circunstancia. De lo que se trata es deshacer esos contrarios que se funden en la idea de unidad, en la idea de armonía.

Lo que para mí es la armonía lo he dicho sobre todo en Tratado de armonía que es un libro donde se expresa teóricamente esta idea a través de vivencias. La armonía es ese momento en el que no hay contrarios, es un momento de plenitud. Es una idea oriental, y en concreto taoísta, que va unida a una visión del mundo. El mundo, como decía un sufí, es un libro que hay que leer. Eso es sobre todo lo que hicieron los taoístas. No tenemos que complicarnos la vida, todo está escrito en la naturaleza, en los símbolos, en los comportamientos e identificarnos con esa lectura. En esa lectura aparecen de nuevo los extremos, la dualidad, la vida aparece como un ciclo de vitalidad y caducidad. Un ciclo de vida y muerte, y en ese ciclo, se encuentran también los instantes de plenitud.

 

HOMBRE Y NATURALEZA

—Parece que en esa lucha de contrarios están el Hombre y la Naturaleza...

C- La ruptura del vínculo con la naturaleza y también su desprecio, el ignorar nuestro propio cuerpo... también el pensamiento oriental tiene una visión unitaria en donde todo tiene sentido. Es esa visión de los sufíes en la que el cuerpo es el microcosmos del macrocosmos. Y no hay otra cosa sino que buscar esa identificación entre la parte y el todo. El mundo ha perdido la armonía y la perdido acaso porque se ha ido saqueando la naturaleza, no se ha valorado el sentido unitario de la realidad, no se leen los símbolos.

 

LAO TSE, M. ELIADE Y JUNG

—Tres personajes que le han influido: Lao Tse, Mircea Eliade y C.G. Jung, ¿qué ha encontrado en ellos?

C- Lao Tse es un misterioso y mítico pensador, si podemos llamarlo así, como lo fue la figura de Orfeo. Todos los pensadores de los orígenes son un poco míticos. Tiene una visión de la realidad que responde a una visión de la totalidad, una aceptación de la realidad tal y como es. El taoísmo es la raíz de la mística universal. Es un libro y un movimiento que se inició ya en el siglo VI a.C. y que luego dio lugar a una especie de cadena iniciática en la que sobre todo están los místicos.

Eliade y Jung son eruditos, vamos a decirlo así, pero que han logrado apresar, hacer la historia de esa tradición. Uno por la vía de la historia, y el otro, Jung, a través de una interpretación más íntima, más propia del psicólogo, psiquiatra que en él había. Se ha dicho que la psicología de Jung es la psicología del siglo veintiuno, todavía no ha alcanzado el relieve que debiera. Pesa aún mucho la influencia de Freud, con el que precisamente él rompio. Hay una visión un poco legendaria de él. Que si era un místico, que trabajaba no con las cosas reales..., cuando lo cierto es que una buena parte del lenguaje que usamos, introversión, extroversión, proyección, consciente colectivo... todo el lenguaje de la psicología es un hallazgo de él. Jung además tiene una visión positiva del arte, como fenómeno de terapia. Lo mismo que veía en la religión. Al contrario de Freud, quien la veía como alienación, Jung la veía como un estado de plenitud. Él sabe que lo religioso y lo existencial van unidos. Sus preocupaciones llegan hasta los platillos volantes, a los que dio también una interpretación. Decía que éstos eran proyecciones en momentos críticos, proyecciones de la psique, era el viejo esquema del mandala, el mandala es el que unifica todo, el gran símbolo de referencia, el círculo, y que a veces necesitamos para reencontrarnos con nosotros mismos, y si no lo vemos, lo proyectamos, decía él, en los platillos volantes.

 

LA SENSIBILIDAD

—La sensibilidad ¿es un don o una condena?

C- Es un don porque esa sensibilidad extremada nos hace ir más allá del conocimiento. Nos permite ver lo que los demás no ven pero a la vez es una condena porque esa visión sensible choca con el mundo, como normalmente es el mundo, que es una realidad más dura, más elemental. Todo el arte nace de la sensibilidad, suele nacer de la sensibilidad y ésta se presta más al entendimiento entre las personas, a la comunicación, por eso es un don y una condena.

—¿Van siempre unidad la genialidad y la locura?

C- Si se estudia a Jung se ve con mucha claridad porque él habló del concepto de sombra. La sombra es algo que va dentro de nosotros y que puede ser destructivo o puede ser positivo. Puede ser destructivo si no se domina o si le damos un protagonismo que no podemos luego controlar y es ahí donde surge el genio extremado, el genio esclavo de su sombra, o esos aspectos oscuros se sacan a la luz y se encauzan en obra de arte o en comportamientos. Algunos genios han sido destructivos porque crecen en una sola dirección hasta tal extremo que ignoran la realidad, acaban chocando con la realidad. Es crecer en una dirección pero autodestructiva. Es el mito de Ícaro, ese acercarse tanto al sol de la verdad que conduce a la propia destrucción. Tampoco llegar al extremo de apegarse demasiado a la realidad. Volvemos a los griego que decían nada en exceso, en el punto medio está la verdad, el equilibrio y la armonía, cuando no estamos ni más allá ni más acá.

 

EL LECTOR

—¿Los lectores...?

C- Para mí una de las satisfacciones mayores es conectar con ese lector anónimo que aparece de repente —no como ese lector al que le das el libro a ver qué dice o como la respuesta del crítico—, con ese lector anónimo y objetivo que sintoniza con tu mensaje.

El creador arroja su palabra nueva al océano de la noche y, en la orilla apartada, el anónimo lector recoge el mensaje, sintoniza con la palabra revelada.
     (Tratado de armonía)

 

TRADUCTOR DE GIACOMO LEOPARDI

—Hábleme de su trabajo como traductor de G. Leopardi?

C- Yo lo que he hecho es darlo a conocer más de lo que se conocía sobre todo a través de esa biografía que publiqué en Tusquets, Hacia el infinito naufragio. He trabajado en Leopardi en dos direcciones, una en el campo biográfico, y otra, en las traducciones. La más significativa la que publiqué en Clásicos Alfaguara, que luego revisé para el Círculo de Lectores. Fue un autor del que me apasioné como lector y luego quedé atrapado, le he dedicado mucho tiempo. Me gusta el Leopardi más depurado porque Leopardi es un romántico, uno de los grandes maestros del Romanticismo europeo. Pero me interesa más ese Leopardi de la reflexión, de la parte central de los Cantos, donde nos ofrece un mensaje depurado, más que el Leopardi desesperado, el Leopardi del pensamiento. Se dice que fue el poeta del pesimismo y volvemos a lo que hablábamos antes del genio, volvemos a la persona que si crece sólo en una dirección se autodestruye.


La riqueza de sus palabras hace entrever que Antonio Colinas es una persona que lleva mucho tiempo preguntándose por el ser, el amor, la vida, la trascendencia, la pasión... ¿No son acaso las cuestiones irresolubles que los verdaderos poetas se han planteado a lo largo del tiempo? En estos tiempos de desorden necesitamos de personas, que como él, intenten sembrar armonía en nuestro interior, tan necesitado de paz. Que la poesía nos oiga.

 

ALGUNAS OBRAS DE ANTONIO COLINAS

Poesía:

Sepulcro en Tarquinia (Editorial Lumen, 1976)

Jardín de Orfeo (Visor Libros, 1988)

Los silencios de fuego (Tusquets Editores, 1992)

El río de sombra (Visor Libros, 1993)

Libro de la mansedumbre (Tusquets Editores, 1997)

Río de sombra: treinta años de poesía 1967-1997 (Visor Libros, 1999)

Tiempo y abismo (Tusquets Editores, 2002)

Biografía:

Hacia el infinito naufragio (Tusquets Editores, 1988)

Rafael Alberti en Ibiza. Seis semanas del verano de 1936 (Tusquets Editores, 1995)

Prosa:

Larga carta a Francesca (Editorial Seix Barral, 1989)

Un año en el sur (Editorial Seix Barral, 1990)

Tratado de armonía (Tusquets Editores, 1991)

Días en Petavonium (Tusquets Editores, 1994)

Nuevo tratado de armonía (Tusquets Editores, 1999)

El crujido de la luz (Ediciones Leonesas, 2000)

 

© Yolanda Delgado Batista 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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