Cambios lingüísticos
ante el proceso de innovación tecnológica
de la comunicación digital

 

Ana María Calvo Revilla
Universidad San Pablo-CEU de Madrid


 

1. INTRODUCCIÓN

El desarrollo de los medios informáticos y de las nuevas tecnologías en la red ha transformado de un modo sustancial la configuración de la cultura y de la información, generando nuevos usos de la lengua escrita y creando nuevas formación de comunicación humana.

Anteriormente a la acuñación del término hipertexto1 en 1981 por Theodor H. Nelson -quien se refirió con este término a un tipo de texto electrónico, a una escritura no secuencial que, mediante la existencia de una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos, permite al usuario establecer una multiplicidad de itinerarios de acceso y ampliar la información en una pantalla interactiva-, en julio del año 1945, el concepto había sido desarrollado por Vannevar Bush en un artículo publicado en la revista Atlantic Monthly titulado Cómo podemos pensar; en dicho artículo Bush, a partir del diseño de la nueva arquitectura filosófica y técnica del nuevo mundo del ciberespacio y de los ordenadores, trazaba un paralelismo interesante entre el funcionamiento de la mente humana mediante asociación de ideas y el hipertexto, que sigue también esa tendencia natural a la "selección por asociación", al no seguir un hilo único y lineal.

Al suprimir la linealidad, propia del texto impreso, el hipertexto carece de la unidad característica de lo escrito; y, si bien los nexos contribuyen al enriquecimiento de las relaciones con otros textos, también favorecen la dispersión y fragmentación del texto en otros textos. Hacemos alusión a este aspecto con palabras de G. P. Landow:

“La necesaria contextualidad e intertextualidad, que surgen al situar unidades de lectura en una red de trayectos fácilmente navegables, entretejen los textos, incluidos los de otros autores y los de medios no verbales. Un efecto de este proceso es que debilita, y tal vez destruye, cualquier sentido de unicidad textual” (Landow 1995:74).

Es un texto electrónico ordenado y estructurado, pero no secuencialmente; a través del hipertexto, combinando información procedente de fuentes diversas, el lector puede acceder a un gran número de bases de datos de forma asociativa y organizada; por este motivo, precisa una buena estructuración de la información para que pueda contribuir a aumentar la capacidad cognitiva del lector; por el contrario, puede provocar situaciones de desorientación, pérdida de la ubicación y desbordamiento cognitivo si no está bien estructurado. Las posibilidades técnicas de la sociedad virtual han de ser un medio de comunicación, en el que se ha de evitar que el centro de gravitación resida en el medio, en la red, en detrimento del mensaje.

Como ha señalado Jaime Olmedo, el web -término creado en 1989 por Tim Berners-Lee, investigador del CERN (Centro Europeo de Investigación Nuclear)- es uno de los medios de comunicación basados en Internet, pero no el único, pues a través de la red se accede “al correo electrónico, al envío y recpeción de archivos, a un servidor desde un sistema remoto, tablones de anuncios, páginas informativas y, por supuesto, el World Wide Web” (Olmedo 2001), aunque aquí nos centraremos, sobre todo, en el web y el correo electrónico.

 

2. CUESTIONES TERMINOLÓGICAS

Uno de los grandes temas planteados es el relativo a la unidad de la lengua a la hora de enfrentarnos a un vocabulario preferentemente creado en inglés, posible factor de divergencia lingüística a la hora de su adaptación al español; el tema que ya fue planteado hace años por el profesor Fernando Lázaro Carreter en 19972, quien hizo, entonces, una llamada esperanzada a la conciencia lingüística de todos aquellas personas vinculadas al mundo de la informática y de la publicidad, sigue estando vigente aún con mayor fuerza.

Un factor a tener en cuenta es el relativo a la velocidad con que, en un mundo globalizador y en un medio tan rápido como Internet, se han implantado -y continúan haciéndolo-, dichos términos, sin que dé tiempo a fijar términos equivalentes en español con criterio unificador entre las distintas comunidades hispanohablantes.3

Como ha subrayado Juan Pi Llorens, Presidente de IBM, “las nuevas tecnologías en general, e Internet en particular, han hecho que surjan nuevas necesidades de expresión, nuevos conceptos que nuestros idiomas no pueden describir adecuadamente por carecer de términos o palabras precisas. La mayor parte de esta nueva terminología proviene del inglés”.4

Según el estudio efectuado por José Antonio Millán5, un tercio de las palabras y siglas utilizadas en la Internet están tomadas directamente de esta lengua, de ahí que, en el mejor de los casos, se simultaneen los términos españoles e ingleses: correo electrónico/e-mail; explorador/browser, etc.

En muchos casos se ha impuesto más el término inglés: es el caso del término web procedente de World Wide Web, conocido también -aunque en menor medida- como “telaraña mundial”, sin que hayan dominado el panorama lingüístico por el momento, al nivel de lengua común, propuestas como las planteadas en el I Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Zacatecas (México) relativas al uso de la sigla MMM, correspondiente a “Máxima Malla Mundial” en un intento de adaptación de www.6

Siguiendo la distinción efectuada por Emilio Coseriu entre léxico estructurado (lingüístico, arbitrario, sin dependencia de la realidad objetiva) y léxico terminológico de validez universal, el lenguaje informático se caracteriza por poseer un léxico propio, terminológico, de una gran amplitud, puesto que su significado es idéntico en las diversas lenguas. Los continuos avances en este campo han ido unidos a la creación de nuevos términos, de neologismos, para designar los nuevos hallazgos, aunque, como hemos señalado, se han ido formulando en la lengua inglesa.

Como en otros campos científicos, que han forjado nuevas voces teniendo a las lenguas clásicas como punto de partida, incorporando su amplia gama de lexemas, prefijos y sufijos, en la terminología informática también son frecuentes las nuevas formaciones de palabras con prefijos y sufijos; se habla, como ha definido M. Alvar Ezquerra (1993) de prefijoides, por tratarse de prefijos que se anteponen a la base léxica pero falsos en su origen culto, introduciéndose en la lengua en palabras creadas artificialmente, siendo los más frecuentes hiper- (hipertexto, hipermedia, hiperenlace), inter- (internet, internauta, interfaz, interoperatividad, interactivo, interficie, etc.), intra- (intranet), tele- (telecomunicación, telenet), video- (videoconferencia), etc.

Como ha subrayado M. C. Piñol (1999), en el caso de internet, intranet y telnet, no hay una opinión unánime sobre la naturaleza de estos neologismos: “Los términos internet, intranet y telnet, por ejemplo, pueden ser presentados como una combinación de fragmentos -si se considera net un acortamiento de network-, pero también como formas prefijadas -si se entiende net como una palabra simple” (Piñol, 1999, cap. 6. 5).

Se ha multiplicado el número de neologismos también por medio de los afijos; entre los más frecuentes están -dor (navegador, explorador, visualizador, direccionador), -ero /-era (disquetera, listero, netero), -ear (chatear, emailear, efetepear, chatear, postear, forwadear), -izar (visualizar).

Un rasgo destacado en la terminología informática es la presencia sobresaliente de siglas con un fuerte grado de lexicalización; con la innovación tecnológica se ha ido desarrollando, de un modo extraordinario, la renovación léxica de la lengua inglesa, dando lugar, en unas ocasiones, a un tipo de formación de palabras mediante la unión de letras o sílabas de otras palabras, generalmente de sus iniciales; por aludir a cuestiones terminológicas desarrolladas en este campo, tendríamos en unos casos, la formación de siglas mediante la conservación de la inicial de cada palabra, en la terminología de J. Martínez de Sousa (1984) o de Casado Velarde (1985); y, en otros casos, la aparición de acrónimos, fruto de la combinación de fragmentos de palabras, el equivalente del término blending de M. Lang (1990).

La mayor parte de las siglas utilizadas en medios informáticos aparecen plenamente lexicalizadas, siendo difícil en la actualidad reconstruir el sintagma nominal original, ya que han adquirido una gran independencia como palabras, como ha sido objeto de estudio por Mar Cruz Piñol (1999); es el caso de ADSL (Línea de Suscripción Asimétrica Digital), FTP (Protocolo de Transferencia de Ficheros), GSM (Sistema Global de Comunicaciones para móviles), IP (Protocolo Internet), HTML (Lenguaje de Marcado de Hipertexto), HATTP (protocolo de Transmisión de Hipertexto), TCP/IP (Protocolo de Control de Transmisión/Protocolo Internet), URL (Localizador Universas de Recursos), etc.

Como hemos señalado, en muchos casos, muchas de estas siglas han dado origen a nueva formación léxica que admite la sufijación, como ha señalado F. Rodríguez González (1989): es el caso de los sufijos en -ear (efeterpear) o en -ista.

Respecto a los acrónimos, señalamos, a continuación, algunos de los más conocidos, y recogidos en el trabajo de M. C. Piñol (1999): bit (=bit, bitio), a partir de “binary digit”; bitnet, a partir de “Because It’s Time + network; cyberspace (=ciberespacio), a partir de “cybernetic space”; educom, a partir de “educational company”; ebone (=red troncal europea), a partir de “european bone”; infoaddict (=infoadicto), a partir de “informatic (o information) addict”; infopista, a partir de “informatic (o information) + pista”; internauta, a partir de “internet + nauta”; internet, a partir de inter + network”; intranet, a partir de “intra + network”; isoc, a partir de “internet society”; mbone (= red troncal multimedia), a partir de “multimedia bone”; módem, a partir de “modulador demodulador”; multimedia, a partir de “multiple media”; spanglish, a partir de “spanish + english”; telnet, a partir de “tele network”; email, e-mail, a partir de “electronic mail”; emoticon (=emoticono), a partir de “emotional icon”.

En este sentido, son interesantes las propuestas que han ido surgiendo de elaboración de glosarios de terminología relacionada con la Internet; así desde 1984 con la publicación del Diccionario Internacional de siglas y acrónimos de J. Martínez de Sousa, han ido apareciendo en el escenario editorial otros estudios semejantes: en 1987, la publicación del Diccionario de siglas y abreviaturas de M. Alvar y A. Miró; de manos de R. Casals en 1988, Acrónimos coincidentes en artes gáficas e informática; de A. R. Bocanegra en 1990, Acrónimos y otras abreviaturas en informática, por citar alguno de entre ellos.

Es frecuente también la reducción de las palabras mediante la supresión de algunas sílabas; es el caso de ACK (acknowledgement), MAC (Macintosh), NET (Network/Internet), en los cuales se produce, en muchas ocasiones, la sustitución o desplazamiento de la forma abreviada sobre la palabra original, por cuestiones de economía lingüística; es el proceso conocido como acortamiento, en la terminología de M. Lang (1990), o como abreviamiento, en la J. A. Miranda (1994).

Estos recursos han penetrado con fuerza por la presión no sólo de la cultura anglosajona y americana sino también por su fuerza económica, que nos convierte a los hispanohablantes en importadores de terminología; su utilización pone de relieve también, una vez más, la difusión internacional que alcanzan los términos científicos, fruto de la relación directísima que se establece entre el significante y la realidad designada.

Estos préstamos consisten, muchas veces, en la incorporación directa de la palabra extranjera, de la totalidad de su significante y significado, presente, por ejemplo, en el léxico de la tecnología (modem, fax, software, hardware) y en el de la programación informática (Word, Outlook, Photoshop PowerPoint, Flash, Dreamweaver, Hotmedia, etc.), con el riesgo de que vayan surgiendo terminaciones anómalas de las palabras en el español, formación de nuevos tipos de plural en -s para las palabras terminadas en consonante (clips).

Se recurre también a la formación de neologismos a través de la composición sintagmática: sustantivo + complemento determinante, en sus diferentes estructuras sintácticas:

  1. sustantivo + adjetivo (conexión remota, domino público, fibra óptica, programas compartidos, telaraña mundial, etc.);

  2. sustantivo + de + nombre: (ancho de banda, autopista de información, base de datos, caballo de Troya, etiqueta de la red, capa de enlace, entorno de red, foro de debate, servidor de listas, etc.);

  3. sustantivo + preposición + nombre (conexión por línea, televisión a la carta, etc.);

  4. sustantivo + preposición + sintagma nominal (gestión del correo electrónico), etc.

Como ha estudiado Mar Cruz Piñol (1999), se siguen, en estos casos, los criterios marcados para considerar que se trata de sintagmas lexicalizados: 1º) que represente una unidad semántica coherente referida a nuevas realidades, imposible de deducir por la simple unión del significado de cada uno de sus componente; 2º) la frecuencia del uso conjunto de los elementos constituyentes; 3º) la existencia de un paradigma en que se mantenga uno de los elementos de sintagma; 4º) la imposibilidad de sustituir el elemento constituyente por otro, así como la de intercalar modificadores o determinantes entre ellos; 5º) la equivalencia en otras lenguas en una sola unidad ortográfica, del tipo: acuse de recibo/acknowledgement, ancho de banda/bandwith, capa de enlace de datos/datalink, sistema central/host, etc. También se encuentran compuestos integrados por dos sintagmas nominales usuales, como correo caracol, dominio raíz, espacio internet, etc.

A otro aspecto también importante se ha referido Francisco A. Marcos Marín, al señalar los cambios lingüísticos experimentados en el propio uso de la lengua, con la aparición de nuevas acepciones en términos como “navegar”, “bajar(se)”, “descargar”; la aparición de palabras homónimas del tipo “chatear”, sin relación con el término “chato” sino con el inglés chat, y el uso de préstamos, tan frecuentes ya, como hardware o software.7

Bastantes neologismos tienen su origen en la adquisición de un nuevo significado como aplicación (application), bajar (download), cuadro (frame), directorio (directory), enlazar (link), fichero (file), icono (icon), navegar (navigate), pirata (hacker), puerto (port), red (network), ruta (route), cargar (upload), tertulia (chat), virus, etc.

El hipertexto, concepto relacionado con el de hipermedias o multimedias, concebidas éstas como uniones interactivas de información que incluyen no solamente texto sino también imágenes estáticas como fotografía o ilustraciones, imágenes en movimiento (video o animaciones), audio (música o sonidos), etc., genera un tipo de comunicación directa, rápida, de rasgos semejantes a los que constituyen la comunicación oral (Tolhurst 1995); sin embargo, teniendo en cuenta que la adquisición del conocimiento es un proceso lento, la lectura de estos textos ha de contar con el tiempo como uno de sus ingredientes esenciales, si de verdad desea contribuir al enriquecimiento cultural del hombre (Eco 1996).

El hipertexto, en general, fomenta un tipo de lectura nerviosa, impaciente, distraída, en búsqueda de nuevos enlaces, de nuevos contenidos, alejada de los hábitos requeridos por la lectura reflexiva. Por un lado, potencia la capacidad de relacionar conceptos y un aprendizaje no limitado a la memorización repetitiva de los mismos y, por otro lado, genera un tipo de lectura activa en continuo diálogo con el texto, en la que el lector puede moverse con libertad, sin la necesidad de seguir una estructura predeterminada, siendo el lector quien crea su propia secuencia textual al canalizar su foco de intereses y elegir, en función de los mismos, su centro de atención. Como ha afirmado Jaime Olmedo, “junto a documentos de interés, se encuentra mucha basura cultural electrónica. Sin embargo, todo documento -textual o visual- necesita siempre del ser humano como descifrador imprescindible del sentido que contiene el código común del idioma. Sea en el entorno que sea, el hombre se halla presente en la emisión y en la recepción de los mensajes, inaugurando y clausurando todo proceso comunicativo” (Olmedo 2001).

 

3. ANÁLISIS LINGÜÍSTICO DEL CORREO ELECTRÓNICO

La comunicación masiva, sin fronteras ni intermediarios, a escala mundial es, entre otras realidades, una realidad lingüística distinta de la que hasta ahora hace unas décadas se había presenciado. Esta ausencia de fronteras se plasma con gran viveza en la utilización masiva del correo electrónico, ya que, hoy se estima que alcanza un 75% de la actividad que los usuarios de la red consagran a este fin (Whelan 2000).

El correo electrónico ha generado un tipo de comunicación rápida, de mayor utilidad por presentarse en soporte informático y permitir la impresión o manipulación del mismo; resulta, pues, muy eficiente como herramienta de trabajo, si bien, aunque utilizado con una finalidad investigadora, la escritura aparece más cuidada, este medio se han convertido para muchos usuarios en el sustituto de la conversación telefónica y de la correspondencia epistolar; es en estos campos en los que está marcando la evolución de la lengua.

Enumeramos a continuación algunos de los rasgos más destacados, desde el punto de vista lingüístico, derivados de la utilización del correo electrónico, también denominado correo caracol entre los internautas.

Teniendo en cuenta que la diversidad de las situaciones en que ocurre el acto comunicativo determina la estructura idiomática de los mismos y que la modalidad expresiva varía dependiendo de los receptores del mensaje y de los medios en que se haga, no podemos olvidar el contexto sociológico que acompaña esta escritura informal, desarrollada fundamentalmente entre un sector joven de la sociedad, en un entorno familiar, y muy coloquial; el lenguaje del correo electrónico configura, con frecuencia, un estilo rápido y relajado de escritura, poco reflexivo, espontáneo y vivo, que viene caracterizado por rasgos diversos, entre los que destacamos, desde el punto de vista semántico, la prolijidad semántica y, unida también a la falta de reflexión sobre el mismo proceso de escritura, la utilización de términos de significado poco preciso, que no matizan ni perfilan, de expresiones banales, palabras comodín y verbos plurisignificativos, de frases hechas, giros coloquios, tópicos consagrados por el uso, la utilización de abreviaturas, etc.; por su mayor aceptación entre el mundo juvenil, se presta a una mayor permeabilidad a palabras de moda, de ahí que la limitación del número de vocablos pueda conducir a un empobrecimiento lingüístico considerable; las repeticiones innecesarias, debidas fundamentalmente a la rapidez con que se escribe, a la improvisación y a la falta de una ordenación previa de las ideas y de una adecuada disposición de los materiales lingüísticos.

Por otro lado, no se respetan las reglas gramaticales y ortográficas del español normativo; aunque este aspecto ponga de relieve la deficiencia de la enseñanza de la lengua y de los planes de estudio, puede deberse también a la inmediatez de la comunicación que establece a través de este medio; entre otros rasgos, se pueden destacar la ausencia de mayúsculas donde éstas son pertinentes, la supresión generalizada de la tilde; la supresión de vocales en las palabras más comunes, sobre todo la letra e, la desaparición de los signos de puntuación, sustituidos, en la mayoría de los casos, por signos de admiración, interrogación, etc. en un uso enfático de la lengua.

En este sentido, conviene señalar que se introducen modificaciones en el uso de los signos de interrogación y de exclamación; con más frecuencia en los signos de exclamación, pero también en los de interrogación, se aprecia una tendencia a suprimir los signos de apertura al comienzo de la expresión o frase, por imitación de otras lenguas en las que únicamente se coloca el signo final. Respecto a la interrogación, se utilizan los signos de apertura y cierre, seguidos el uno del otro (¿?), para enfatizar la duda mantenida sobre el tema que se esté tratando; y también con un valor enfático es frecuente la reiteración ilimitada de ambos signos de interrogación y de exclamación, en su significación de cierre. Con cierta periodicidad, los signos de interrogación se escriben con un espacio de separación respecto de la primera y la última palabra del período que enmarcan, y con un espacio de separación respecto de las palabras que los preceden o los siguen.

Quien escribe el mensaje se siente, quizá de un modo inconsciente, en posesión de una mayor libertad idiomática, de ahí que el orden de las palabras esté más gobernado por un orden psicológico que lógico, sin seguir la estructura gramatical sintáctica; se percibe también preferencia por el empleo de oraciones cortas, gramaticalmente simples, por una sintaxis pobre, entrecortada y abierta a una interpretación libre mediante el empleo de puntos suspensivos, etc.; las oraciones con frecuencia no están completas y se deja el sentido a la interpretación del receptor, quien ha de sobreentenderlo.

No se respeta la normativa relativa a la forma gráfica que ha de presentar el signo de puntuación que, como es sabido, ha de estar formado por tres puntos (...); con frecuencia se presenta como sucesión numerosa de puntos, utilizados con un valor enfático marcado, como se percibe en el ejemplo siguiente: “¡qué suerte estudiar cuando ya nada se espera....... personalmente exaltante.......!”.

Se utilizan los signos de puntuación, unas veces para expresar duda, temor, vacilación, etc. (ej.: “Te escribo poco y corto, pero dando señales de vida, se agradece el emilio, pero me quedan dos semanas de exámenes,...”); en otras ocasiones, como un medio de captar la atención del receptor del mensaje (ej.: “Pues como los oíis...ahora resulta que...”); entre otros usos figura el dejar en suspenso el discurso (ej.: “Asunto: ya no sé de qué hablo......”, “mañana empiezo mis practicas por la tarde, a ver q tal...”) o el enfatizar el valor expresivo de un texto (ej.: “Estoy mayor ya tía...”).

Haciendo un uso propio de la libertad idiomática, los usuarios de correo electrónico se sirven de un número elevado de abreviaturas; siguiendo la clasificación de la Real Academia Española, las abreviaturas que aparecen en estos mensajes no son convencionales sino “personales”, si bien desde un ámbito de escritura privada se están extendiendo su uso generalizado. En su mayoría no se atienen a la normativa fijada por la RAE para la construcción de las mismas: no se cierran generalmente por el punto, aparecen en cualquier lugar del texto. La mayor parte se forman por contracción mediante la eliminación de las letras centrales, sobre todo, vocales y dejando sólo las letras más representativas: “pq” en lugar de la conjunción causal “porque”, “q” en lugar de la conjunción que, también en su forma contracta si va seguida de artículo determinado “quel” en lugar de “que el” (ej.: “es igual de feo qel padre pero sin bigote”); también aparecen abreviaturas por truncamiento, esto es, por eliminación de las letras o sílabas finales de una palabra, del tipo “aprox” en lugar de “aproximadamente”, etc. Figuran también abreviaciones que combinan letras y números, jugando con la representación fonética de los sonidos (ej.:“salu2” en lugar de “saludos”), fruto esta vez de la influencia de la telefonía móvil.

Los límites entre la oralidad y la escritura no están tan delimitados; se escribe muchas veces como se habla, sin medir las palabras y manifestar lo primero que se le ocurre, lo cual genera una escritura más natural y más descuidada, aunque no son rasgos que hayan de ir necesariamente unidos; quien escribe inconscientemente habla y procura mantener la atención del lector; predomina, por este motivo, un tipo de escritura impresionista, que plasma con viveza descriptiva la realidad, que apela al interlocutor, mediante el uso de interjecciones, vocativos, expresiones enfáticas, etc.

La rapidez en la escritura y la ansiedad generada por el deseo de una contestación rápida provocan una escritura mucho más afectiva, con una carga fuerte de emotividad; la misma ausencia del receptor del mensaje permite hacer confesiones anímicas que en otro tipo de escritura no se harían; se manifiesta con mayor facilidad los estados psíquicos, sentimientos de tristeza, alegría, miedo, vergüenza, etc., con un claro predominio de la función emotiva del lenguaje.

Entre los principales elementos de oralidad se encuentran las expresiones coloquiales, los tacos, una mayor agresividad en el empleo del lenguaje, la repetición gráfica de las onomatopeyas (muac), las alteraciones gráficas de carácter enfático mediante el alargamiento de vocales, la transcripción gráfica de alteraciones fónicas propias de la lengua oral informal. La ausencia del receptor del mensaje se manifiesta en el empleo de la función fática, bien para mantener la comunicación (¿me escuchas?, ¿me explico?, ¿entiendes lo que te digo?, etc.), para prolongarla (dime lo que piensas) o para interrumpir la comunicación; son frecuentes también, por este motivo, las expresiones lingüísticas frecuentes en los diálogos, que invitan a buscar la aproximación, reproducir los términos del lenguaje hablado, etc.

La ausencia de contacto visual entre los interlocutores se intenta sustituir mediante la utilización de unos símbolos gráficos, basados en la combinación de signos de puntuación, denominados emoticonos, a través de los cuales se intentan plasmar los estados anímicos (Sanderson 1993, Rincón y Plágaro, 1998) y, en los cuales hay un claro desplazamiento del lenguaje verbal por el lenguaje visual, mediante imágenes dibujadas con los signos que tiene el ordenador.

La relación epistolar ha generado la aparición de bases de datos de personas interesadas en intercambiar correspondencia; son los denominados pen-pals, cada vez más generalizada entre hablantes de lengua hispana, si bien hasta ahora predominaban los de lengua inglesa.

La presencia de las potencias económicas en la sociedad mundial de la información será uno de los factores determinantes a la hora de velar por la defensa del español, de ahí que, como bien expuso José Luis Martín de Bustamante en el I Congreso Internacional de la lengua Española,8 la defensa del idioma pasa, además de por velar por la uniformidad ortográfica de la lengua, también por la recaudación de bienes públicos y privados para desarrollar al máximo una ingeniería lingüística, capacitada para hacer frente a los nuevos requerimientos informáticos.

 

Notas:

[1] Para profundizar en el concepto de hipertexto cfr. G. P. Landow (1995): Hipertexto. La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología. Barcelona: Paidós.

[2] Cfr. LÁZARO CARRETER, F. (1997): El dardo en la palabra. Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. 423-424.

[3] Este problema ya fue planteado en 1996 por Xosé Castro Roig durante el Congreso de la Asociación estadounidense de traductores (ATA), celebrado en Colorado (EE.UU); . Publicación electrónica en: http://www.xcastro.com/neutro.html.

[4] Cfr. J. Pi Llorens (2001): “La traducción cibermática del español”. Nueva Revista, 74. 145-147. 145.

[5] MILLÁN, J. A. (1996): “Palabras enredadas”. El país semanal, 20 de octubre.

[6] Esta propuesta fue formulada en la ponencia “El español en las redes globales”, defendida por José Antonio Millán en dicho Congreso. Publicación electrónica en:
http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/zacatecas/tecnologias/ponencias/millan.htm

[7] Cfr. F. A. Marcos Marín (2000): “El español y la red”. Nueva Revista. 70. 140-145, pp. 140-141.

[8] Esta propuesta fue formulada en dicho Congreso por José Luis Martín de Bustamente “La lengua española en los servicios de telecomunicaciones”. Publicación electrónica en
http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/zacatecas/tecnologias/ponencias/bustama.htm

 

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© Ana María Calvo Revilla 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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