¿JUAN SIN MIEDO O GIOVANNIN SENZA PAURA?
¿LO SCIOCCO SENZA PAURA
O EL MOZO QUE QUERÍA APRENDER LO QUE ES EL MIEDO?

¿ESCOGER O CONTRASTAR?

Cristina Martín de Doria
Universidad de Sevilla


 

Los cuentos populares son obras anónimas, puesto que se trata de un saber colectivo que, generación tras generación, se ha ido transmitiendo de padres a hijos con miles de objetivos diversos, como ayudarlos a quedarse dormidos, hacerles reír o incluso enseñarles algún tipo de nueva lección. Por lo tanto estos cuentos son de tradición oral, aunque eso sí, relativamente cortos.

Sin embargo, cabe destacar que estos cuentos no siempre han estado destinados a los niños, ya que en otras épocas tampoco los adultos podían resistirse a la tentación de escuchar estos maravillosos cuentos que les eran contados por boca de juglares, que, muy acertadamente, sabían darles a éstos ciertos toques personales para hacer que sus historias no fueran sólo para niños.

Por consiguiente puede decirse que siempre hay alguien que inventa, estando esto totalmente permitido, dependiendo de las exigencias de su público. Crear no es obra del pueblo sino de un individuo aislado, pero, cuando esta creación individual es aceptada por el pueblo, cada uno lo recrea y lo modifica según su peculiar visión, dependiendo también, amén del auditorio, de su propia tradición y de su contexto social y cultural. Con lo cual se olvida su autor originario y la obra pasa a manos del pueblo y pasa a ser un saber colectivo. Para aclarar lo dicho hasta ahora con un soporte literario nos haremos eco de las palabras que el Arcipreste de Hita usa en algunos de los versos de su obra el Libro de Buen Amor:

“Qualquier ome, que l´oya, sy bien trobar sopiere,

Puede más añedir o enmendar si quiere.

Ande de mano en mano: qualquier que lo pidiere.

Como pellas las dueñas, tómelo quien podiere”

(Arcipreste de Hita, 1967:estrofa 1629)

Para Menéndez Pidal, las variantes “se engendran por el sentimiento de la impersonalidad del arte, y nacen de una tensión poética o creadora que invade al que transmite una obra popular” (Menéndez Pidal, 1969: 251). Esa tensión, producida por el hecho de que el narrador se halla frente al público, hace que en cada narración se improvise un diverso o incluso nuevo desarrollo del cuento, según el tipo de público, el lugar, el momento, etc. Podría incluso arriesgarme a decir que, probablemente, un mismo narrador nunca repetirá exactamente igual una historia de su repertorio.

El cuento popular, como toda la literatura de transmisión oral, es cultura viva y no está sujeto a cánones fijos. Pues bien, estas variaciones son debidas al hecho de que los cuentos nunca tienen una localización concreta y los protagonistas casi nunca adquieren una identidad propia e inmutable. Generalmente los protagonistas se mantienen en el anonimato (“un ragazzetto...”, “un uomo...”, “un hombre...”...) o quedan caracterizados por su oficio (“i ladri...”, “il prete...”, “il sacrestano...”). A veces se indica alguna característica menor pero esencial al cuento: el parentesco (“il nipote...”, “ el padre...”, “los hijos...”), o incluso se recurre a una deficiencia física como “lo sciocco...”

Por lo tanto, quizás lo visto hasta ahora pueda explicar el hecho de que en estos cuentos que he seleccionado para hacer el trabajo, aunque la temática general sea la misma, en cada uno de ellos hay algo de más con respecto a los otros o viceversa. ¿En qué puede residir esta variación?, pues sin lugar a dudas, reside en que la vía de transmisión de Juan sin miedo (María Pascual, 1985:Tomo 4), Giovannin senza paura (Italo Calvino, 1979: 3-4), Lo sciocco senza paura (Italo Calvino, 1979: 341-342) y El mozo que quería aprender lo que es el miedo (Grimm, 1957: 12-23), no es la misma. Hay muchos elementos que inciden directamente en la bifurcación de estas vías que, aunque poseen la línea temática común, la estructura narrativa y las funciones de los personajes son muy diversas.

Fue V. Propp quien centró toda su atención no en los temas, sino en la estructura narrativa y en las funciones de los personajes. Los elementos fundamentales de esa estructura están definidos y numerados por Propp en treinta y una funciones (Propp, 1971: 37-74). El punto de partida suele ser una fechoría cometida por el agresor, o una carencia, una falta de algo, padecida por el héroe o su familia. El desenlace incluye un matrimonio, una recompensa, la recuperación del objeto buscado; es decir, la reparación de la carencia inicial. Entre el comienzo y el desenlace se encuentran las demás funciones: alejamiento de la casa, la prueba o pruebas que sufre el héroe, la recepción de un objeto mágico, la ayuda que le prestan algunos animales agradecidos, el combate entre el héroe y el agresor, el regreso, la persecución, el matrimonio y la subida al trono, habitualmente en el reino de su suegro.

Para poder hacer un análisis contrastivo entre los cuentos escogidos, recurriré a las 31 funciones de Propp y así contrastaré las diferencias y las semejanzas que he encontrado entre ambos desde el punto de vista estructural y funcional del cuento. Sólo haré referencia a las funciones que aparezcan en estos cuentos, dejando a un lado las que no vengan al caso.

1. SITUACIÓN INICIAL:

Esta función hace referencia a la descripción inicial de la familia y del personaje en sí. Los dos cuentos italianos, al igual que el Juan sin miedo de María Pascual, hacen una descripción inicial muy breve, mientras que el cuento de los hermanos Grimm se para bastante en esta descripción. La situación inicial de los tres primeros es la siguiente:

“C´era una volta un ragazzetto chiamato Giovannin senza paura, perché non aveva paura di niente...” (G.s.p.)

“Un uomo aveva un nipote che era stupido: non capiva niente ma non aveva paura di nulla....” (S.s.p.)

“Hace muchos años, en una granja de un país lejano, vivía un hombre que tenía dos hijos: Pedro y Juan. Pedro era muy miedoso y Juan por el contrario, no sabía lo que era el miedo...” (J.s.m.)

Sin embargo, la descripción inicial de El mozo que quería aprender lo que es el miedo es muchísimo más densa:

“Érase un padre que tenía dos hijos, el mayor de los cuales era listo y despierto, muy despabilado, y capaz de salir con bien de todas las cosas. El menor, en cambio, era un verdadero zoquete, incapaz de comprender y aprender nada, y cuando la gente lo veía, no podía por menos de exclamar: <<¡Este sí que va a ser la cruz de su padre!>. Para todas las faenas había que acudir al mayor; no obstante, cuando se trataba de salir, ya anochecido, a buscar alguna cosa, y había que pasar por las cercanías del cementerio o de otro lugar tenebroso o lúgubre, el mozo solía resistirse: (...)” (El mozo que...).

Podemos ir destacando ya algunas otras similitudes y semejanzas entre estos cuentos, amén de las propias funciones o de la propia estructura. Como puede observarse, entre Lo sciocco senza paura y El mozo que quería... existe una semejanza muy característica y ésta es que en ambos cuentos el protagonista se ve descrito no sólo como alguien que no sabe lo que es el miedo, sino como alguien que también es tonto (“stupido” y zoquete). Es importante hacer esta aclaración, porque como podrá observarse tras la lectura de estos cuentos, los dos italianos no son más que dos de las muchas otras aventuras que el protagonista vive en el cuento de los hermanos Grimm. Es como si de este último cuento se hubieran desmembrado dos de esas pruebas a las que el mozo es expuesto para conseguir saber lo que es el miedo y hubieran dado lugar en Italia a dos cuentos diferentes por su aventura, pero semejantes por su objetivo final, conocer el miedo. Y aún así estas pruebas “comunes” poseen algunas diferencias como podremos comprobar más adelante.

2. ALEJAMIENTO:

En Giovannin senza paura, el chico era un viajero que aparece desde un principio como alguien que ya está viajando desde hace algún tiempo por el mundo (“Girava per il mondo e capitò a una locanda a chiedere alloggio.”).

En El mozo que quería aprender lo que es el miedo, el chico, después de pasar, sin ningún resultado positivo, una prueba ideada por su tío el cura , con el consentimiento de su padre, este último decide que lo que debe hacer es enviarlo a viajar por el mundo para que madure y aprenda a ser alguien en la vida. El hijo acepta pero, en realidad, él desea correr mundo para intentar averiguar lo que es el miedo:

“—¡Ay!—exclamó el padre—. ¡Sólo disgustos me causas! Vete de mi presencia, no quiero volver a verte.

—Bueno, padre, así lo haré; aguardad sólo a que sea de día, y me marcharé a aprender lo que es el miedo; al menos así sabré algo, que me servirá para ganarme el sustento.

—Aprende lo que quieras dijo el padre; lo mismo me da. Ahí tienes cincuenta florines; márchate a correr mundo (...)”.

En Juan sin miedo, sin embargo, Juan, por cuenta propia decide irse al bosque a esperar a los duendes y a las brujas porque quería saber lo que era el miedo:

“—Quisiera saber lo que es el miedo — dijo Juan a su hermano—. Me voy a ir al bosque a la hora en que salen las brujas y los duendes.”

3. PROHIBICIÓN:

Esta prohibición cobra la forma de un consejo en estos cuentos.

En Giovannin senza paura el posadero es el que le aconseja sobre el palacio en el que va a pasar una noche, y digo una noche porque otra de las diferencias entre estos cuentos es que excepto en este cuento, en el resto, el chico tiene que pasar en el castillo o palacio hasta tres noches para llegar a romper la maldición. Éste le dice:

“—Qui posto non c´è, —disse il padrone, —ma se non hai paura ti mando in un palazzo.

—Perché dovrei aver paura?

—Perché ci si sente, e nessuno ne è potuto uscire altro che morto”

En Juan sin miedo es un oso el que le aconseja que el lugar es muy peligroso diciéndole:

“—¿Adónde vas?— preguntó el oso.

—Quiero pasar tres noches seguidas en el castillo para saber lo que es el miedo.

—¡Seguro que lo sabrás muchacho! dijo el oso. El castillo está lleno de fantasmas y nadie ha podido pasar en su interior más de una noche.

En el cuento de los hermanos Grimm el posadero es el que lo incita a pasar tres noches en el castillo encantado, porque el que lo consiguiera se casaría con el hijo del rey y podría encontrar los numerosos tesoros que se escondían allí, pero su esposa dijo al posadero:

“¡Cállate por Dios!—exclamó la patrona—. Más de un temerario lo ha pagado ya con la vida. ¡sería una pena que esos hermosos ojos no volviesen a ver la luz del día!.”

4. TRANSGRESIÓN:

Ésta hace referencia a la transgresión de los consejos que le daban, puesto que, a pesar de ellos, el chico no dudó en pasar o bien una noche o bien tres en el castillo o palacio de los que nadie había podido aún salir con vida o al menos no había podido pasar más de una noche, dependiendo del cuento. Por lo tanto, después de ser advertido de que aquel lugar era muy peligroso, en cada uno de los cuentos actúa de las siguientes formas:

En El mozo que quería..., después de que la mujer del posadero le había dicho aquellas palabras: “A la mañana siguiente, el joven se presentó al Rey y le dijo que, si se le autorizaba, él se comprometía a pasarse tres noches en vela en el castillo encantado.”

En Giovannin senza paura, después de que el posadero le había explicado que de ese palacio nadie había salido con vida: “Figuratevi Giovannino! Si portò un lume, una bottiglia e una salciccia, e andó.”

Por su parte, en Juan sin miedo, después de que el oso le dijera que era muy peligroso entrar en aquel lugar: “Juan entró en el castillo y, después de rezar sus oraciones (mensaje claro dirigido a los niños, que deben rezar antes de dormir), se tendió a dormir sobre un montón de paja.”

5. PRUEBAS:

Esta función es la más característica de estos cuentos puesto que lo más importante de ellos es la realización de esas pruebas para poder romper el encantamiento. Éstas, aún siendo bastante terroríficas, no les sirve para conocer lo que es el miedo pero, sin embargo, un poco más tarde, por una estupidez, sabe lo que es sentir miedo, e incluso en Giovannin senza paura, se muere del susto, siendo éste un final un tanto macabro.

Dentro de esta función podemos hallar otras muchas que actúan directamente en relación con las pruebas a la que es sometido el chico. Éstas se irán sucediendo poco a poco y en su momento haré referencia a ellas. De hecho ahora mismo es el momento de recurrir a una de ellas; ésta es la función de la TRANSMISIÓN DE UN OBJETO. Pero en estos casos no se trata de un único objeto sino que se trata de tres objetos de los que se vale para ir superando cada una de las pruebas.

En Giovannin senza paura, el chico se lleva consigo “un lume, una bottiglia e una salciccia”. Se los lleva, eso sí, por iniciativa propia, mientras que en El mozo que quería saber... el Rey es el que le proporciona esos objetos, entre los que el único similar es el fuego/”lume”:

“Mirólo el Rey, y, como su aspecto le resultara simpático, le dijo:

—Puedes pedir tres cosas para llevarte al castillo, pero deben ser cosas inanimadas.

A lo que contestó el muchacho:

—Dadme entonces fuego, un torno y un banco de carpintero con su cuchilla.”

Sin embargo, en Juan sin miedo, el muchacho no se lleva ningún objeto para poder pasar las pruebas y las tres noches en el castillo.

Nos pararemos ahora en el análisis de las pruebas de cada uno de los cuentos, en las similares y en las diferentes.

Partiremos, para hacer el análisis, de El mozo que quería aprender lo que es el miedo, puesto que, al ser el más extenso, posee en sí mismo la mayoría de las pruebas del resto de los cuentos.

Antes de que el chico se marchase a correr mundo por orden de su padre, éste intentó que se convirtiera en alguien de provecho pero su único afán era aprender a tener miedo. El padre estaba tan preocupado que un día se lo comentó al sacristán y éste dijo que si tan sólo era eso que él ayudaría a su hijo a tener miedo:

“—Sólo os diré que una vez que le pregunté cómo pensaba ganarse la vida, me dijo que quería aprender a tener miedo.

—Si no es más que eso — repuso el sacristán—, puede aprenderlo en mi casa. Dejad que venga conmigo. Yo os lo devastaré de tal forma, que no habrá más que ver.”

Quizás haya podido pensarse que durante todas las líneas anteriores el cuento Lo sciocco senza paura, no ha sido analizado, pero las razones residen en el hecho de que este cuento no encierra más que esta prueba que estamos analizando ahora mismo y su análisis ha debido de esperar hasta llegar el momento adecuado. Pues bien, en este cuento italiano, ahora no aparece un padre sino un tío cuyo sobrino era tan tonto como el mozo del cuento de los hermanos Grimm, al que sólo le preocupaba en la vida el aprender lo que era el miedo. En este caso el tío del muchacho tenía un hermano cura, al que pensó llevarle su sobrino para ver si le podía dar una mejor educación:

“L´uomo pensò che aveva un fratello prete, che avrebbe potuto educarlo meglio.”

Pero las trampas o engaños (siendo el ENGAÑO otra de las funciones de Propp) son diferentes en ambos cuentos. En el de los Grimm, el sacristán le encarga de tocar las campanas a altas horas de la noche mientras que él se disfraza de fantasma para asustar al chico, pero éste no se asusta y lo que en realidad hace es empujarlo escaleras abajo por haberlo molestado en su trabajo sin ni siquiera identificarse. Pero estos daños corporales quedan en eso en este cuento, en meros daños, relacionándose directamente con otra de las funciones de los personajes, la FECHORÍA. Sin embargo esta fechoría va mucho más allá en el cuento italiano, donde el cura manda al chico a velar un muerto, que en realidad no es más que el sacristán haciéndose el muerto. De pronto este “muerto” levanta algunas partes de su cuerpo y tras levantar la cabeza dice:

“—Ehi, tu! Sono vivo ancora!

Il ragazzo dice: se sei vivo, morirai ora. Prende uno spegnitoio, glielo dà sulla testa e l´ammazza” .

En los cuentos italianos no se preocupan por suavizar un poco la muerte, pudiendo ser esta situación, a mi modo de ver las cosas, un tanto traumática para los niños.

Es curioso el hecho de que en El mozo que quería...una de las pruebas que el chico debe pasar dentro del castillo es similar a la que pasa “lo siocco senza paura”, aunque su final no es tan trágico. Al chico, en su tercera noche se le aparecen seis hombres cargando un ataúd pensando él que el muerto era su primo que había fallecido hacía varios días. Él intenta volverlo a la vida calentándolo pero cuando vuelve a ella y le dice: “—¡Te voy a estrangular!” A lo que el muchacho contestó: —¿Esas tenemos? —. ¿Así me lo agradeces? Pues te volverás a tu ataúd—. Y, levantándolo, metiólo en la caja y cerró la tapa.” En este caso el chico no lo mata sino que simplemente lo devuelve al lugar de donde había salido tan naturalmente.

Una vez que el chico ya se había aventurado en viajar por el mundo, como lo hace Giovannin senza paura desde un principio, éste se encontró por el camino con un hombre que le dijo que le ayudaría a conocer lo que es el miedo. Le hizo pasar la noche junto a varios ahorcados pero eso a él no le producía ningún miedo. El hombre al día siguiente se quedó impresionado marchándose diciendo: ” —En mi vida me he topado con un tipo como éste.”

Esta prueba está recogida sólo en este cuento, mientras que las pruebas del castillo, unas más semejantes que otras, aparecen también en el resto de los cuentos. Parece ser que el lugar “castillo/palacio” es común en los tres cuentos y el más importante. Cabe destacar que en Giovannin senza paura sólo aparece una de las pruebas que el protagonista del cuento de los hermanos Grimm tiene que superar, aunque no es exactamente igual, simplemente se parecen mucho. En este cuento a Giovannin se le aparece, poco a poco, el cuerpo de un hombre enorme (“era un omone gigantesco...”). Y digo poco a poco, porque se le fueron apareciendo cada una de las extremidades del cuerpo, a medida que él lo iba desafiando sin sentir ningún tipo de miedo. Este desafío consistía en que el gigante le decía a Giovannin lo que tenía que hacer, pero éste, usando su valentía y su astucia (puntos que pertenecen a la función de la TAREA DIFÍCIL), rehusaba a hacerlo y obligaba al gigante a hacerlo él primero pues no es que tuviera miedo, sino que simplemente desconfiaba de él. Se estableció, pues, una competición dialéctica entre Giovannin y el gigante, perteneciendo ésta a la función del COMBATE, llegándose finalmente a la victoria del chico, que da lugar a varias funciones: la REACCIÓN, al superar la prueba, la VICTORIA, al obtenerla en el combate, y TAREA CUMPLIDA, al superar la tarea difícil, no tenerle miedo al gigante.

Al final, el gigante le entregó tres marmitas de oro, de las cuales una era para él, otra para los soldados que vendrían a buscar al chico a la mañana siguiente y la última era para el primer pobre que pasara, cobrando aquí forma la función de la REPARACIÓN, en la que un objeto suprime la pobreza por medios misteriosos y se rompe el encantamiento:

“—Giovannino, l´incanto è rotto!.”

La función del RECONOCIMIENTO podemos hallarla también en esta prueba, puesto que mediante las riquezas recibidas, se le había reconocido al chico su valor. Pero el problema era que él no quería ser reconocido por su valor, sino más bien saber qué era no tener valor. Mediante la función del DESCUBRIMIENTO se sabe que ese tal gigante no era más que el último heredero de la estirpe de la familia del palacio y que lo único que buscaban era alguien valiente capaz de ser digno de pertenecer a esa estirpe.

“—Il palazzo tientelo pure tu. Perchè dei padroni di questo palazzo, è perduta per sempre ormai la stirpe...”. Aquí, pues no se produce la función de la VUELTA o regreso a casa, puesto que lo que Giovannin hace es quedarse a vivir en el castillo para siempre, más bien se desarrolla la función de la LLEGADA a un palacio.

Este cuento se caracteriza por la sobriedad y la sencillez de recursos, en comparación con la narración, por ejemplo, de la misma prueba del cuento de los Grimm. El narrador hace uso de la economía de medios, lo cual, sin embargo, no impide que mantenga algunos procedimientos de repetición en la narración, quizás para ayudar a memorizar el cuento y para hacerlo un poco más simple ante las mentes de los niños que están empezando a entender las cosas:

“E Giovannino: —E butta!- e venne giù un´altra gamba. Giovannino addentò la salciccia.

—Butto?

—E butta! E viene giù un braccio. Giovannino si mise a fischiettare.

—Butto?

—E butta! Un ´altro braccio.

—Butto?

—Butta!”

En El mozo que quería... sí que aparece un hombre dividido en trozos, pero éste se divide sólo en dos, y junto a este primer hombre aparecen después otros más. Entre el mozo y el primer hombre también se produce un combate dialéctico, desarrollándose aquí la función del COMBATE, ya que el chico provoca al medio hombre diciéndole que no osara a sentarse en su banco porque el trato era que éste sería suyo:

“—¡Eh ,amigo, que éste no es el trato!—dijo—. El banco es mío.

El hombre quería echarlo, pero el mozo, empeñado en no ceder, lo apartó de un empujón y se instaló en su asiento.”

Pero esta función del COMBATE, no sólo se observa en esa primera lucha dialéctica, que más tarde adquiere ciertos tonos de violencia, sino que también se ve reflejada en el hecho de que, más tarde, el chico juega una partida de bolos con esos hombres, entablándose así una competición donde entra en juego la astucia, al servirse de su torno para modelar las cabezas de las calaveras que les servían como bolos. Pero en este caso la función de la VICTORIA no se desarrolló por completo porque como muy bien dice el narrador:

“Jugó y perdió algunos florines (...)”

pero, las funciones de la REACCIÓN, al superar la prueba y la de la TAREA CUMPLIDA, al superar la tarea difícil y no tenerle miedo esos medios hombres, sí que se pueden observar.

En el cuento de los hermanos Grimm el chico tiene que superar otras pruebas que tampoco aparecen en el resto de los cuentos, como eran: la lucha contra los gatos, que querían jugar a las cartas con él y la lucha con la manada de gatos y perros que querían asustarlo. En el primer combate jugó un papel muy importante la astucia del chico (función del COMBATE, con la que puede relacionarse directamente un juego de cartas). Pero también en la segunda lucha fue muy esencial la misma función, que en este caso aludía al hecho de batirse en pleno campo. Desde luego las funciones de la REACCIÓN, la VICTORIA y la TAREA CUMPLIDA, al superar la tarea difícil, se ven claramente reflejadas, pero el final es de una violencia extrema, puesto que no sólo mata a los gatos de la primera pelea, sino que también mata a los gatos y a los perros de la segunda, y los arroja a todos al estanque, desarrollándose así la función de la FECHORÍA. Para acabar con los primeros se hace uso del banco de carpintero y para matar a los segundos usa el cuchillo. De nuevo los objetos le ayudan a superar las pruebas.

Este chico afronta en este cuento la única prueba que es común a una de las del cuento de María Pascual: Juan sin miedo. En esta prueba se desarrolla la función del DESPLAZAMIENTO o vuelo por los aires, puesto que tanto el chico de los hermanos Grimm, como Juan sin miedo, al acostarse en una cama, se ven al instante, volando sobre ella por todo el palacio. En el cuento de los Grimm, la cama vuela sólo unos instantes y sólo por el palacio:”Pero apenas había cerrado los ojos cuando el lecho se puso en movimiento, como si quisiera recorrer todo el castillo. (...) Y la cama seguía rodando y moviéndose, como tirada por seis caballos, cruzando umbrales y subiendo y bajando escaleras.”, sin embargo, en Juan sin miedo:

“—¡Vaya!- se dijo al ver a aquella cama tan cómoda—. Hoy dormiré más a gusto que en las noches anteriores.

Pero, apenas se había acostado, la cama salió volando por los aires.

Después de volar durante toda la noche, la cama empezó a descender sobre el jardín del palacio del rey.” El DESPLAZAMIENTO fue más duradero y la última prueba, mientras que en el cuento del Mozo que quería saber lo que es el miedo, aún falta la última prueba, muy parecida, por cierto, al final de la única prueba de Giovannin senza paura. En esta prueba al chico se le presenta un viejo con una larga barba blanca que directamente le dice que lo va a matar. Pero el combate no es cuerpo a cuerpo sino que primero desean ver quién es el más fuerte (función del COMBATE, puesto que se entabla una competición en la que entra en juego la astucia). Sí es verdad que el viejo rompe con un hacha un yunque, pero el chico, invitando al viejo a que se acercase para que lo viera mejor, al golpear con el hacha, le aprisionó la barba capturándolo así. Desarrollándose la función de la FECHORÍA al golpearle e infligirle daños corporales, el viejo se da por vencido y le dice que a cambio de que lo deje le daría grandes riquezas. El hico aceptó y podemos observar la función de la REPARACIÓN o del RECONOCIMIENTO, al obtener un objeto muy preciado como resultado inmediato de las acciones precedentes. Las funciones de la REACCIÓN, la VICTORIA y TAREA CUMPLIDA, se observan claramente en el final de este cuento.

Al igual que en el Giovannin senza paura, hay tres arcas de oro escondidas en el sótano o bodega que debe repartir por partes iguales entre los pobres (no uno sólo como sucedía en el cuento de Calvino), el rey (en lugar de dársela a la guardia, como tuvo que hacer Giovannin) y él mismo.

En este cuento al chico no se le regaló el palacio pero tampoco volvió a casa (función de la VUELTA o regreso a la propia casa), sino que se, mediante la función de la LLEGADA, fue a vivir al palacio del rey extranjero al que le había pedido permiso para pasar las tres noches en el castillo.

Por último se desarrolla la función del MATRIMONIO, tanto en este cuento como en el de Juan sin miedo, puesto que el chico se casa con la hija del rey como premio a su valentía. Pero su meta no era ser valiente, sino tener miedo.

“—Has desencantado el palacio y te casarás con mi hija.

—Todo eso está muy bien — repuso él—. Pero yo sigo sin saber lo que es el miedo. ”

Mientras tanto, en Juan sin miedo: “Juan y la princesa se casaron y se fueron a vivir a un hermoso palacio.”

Este último cuento está destinada claramente a un público de niños muy pequeños puesto que los personajes, a diferencia del resto de los cuentos, son una bruja, un ogro, un oso, fantasmas y un duende con unos ratones. No quiero decir que los demás no estén destinados a los niños, pero quizás este Juan sin miedo, sea excesivamente fantástico, puesto que estos personajes que aparecen son los propios a los que los niños muy pequeñitos todavía les tienen miedo, como la bruja, el ogro, etc. y viceversa, por lo que respecta al papel del osito bueno que va a avisar a Juan.

Pero no podemos olvidarnos de algo tan importante como esta pregunta: ¿Consiguieron Juan, Giovannin y el mozo averiguar lo que es el miedo?. Pues sí, lo consiguieron, aunque de una forma tan estúpida que lo que nos hace es darnos cuenta de que lo que realmente hemos oído o leído no es más que un cuento y que cualquier parecido con la realidad es una simple casualidad. En El mozo que quería aprender lo que es el miedo, la mujer le echa encima un cubo con peces cuando está durmiendo y así se asusta y dice: “—¡Ah, qué miedo, qué miedo, mujercita mía! ¿Ahora sí que sé lo que es el miedo!”.

En Juan sin miedo, su mujer lo empuja al estanque y como no sabe nadar se apodera de él un pánico espantoso gritando:

“—¡Socorro! ¡Socorro!- empezó a gritar Juan—. ¡No sé nadar! ¡No sé nadar!.

La princesa ayudó al muchacho a salir del agua y le preguntó con la sonrisa en los labios:

—¿Sabes ahora lo que es el miedo, esposo mío?

—¡Vaya si lo sé! -respondió Juan-. He estado a punto de ahogarme. Ahora, gracias a ti, ya soy un ser normal.”

Sin embargo, en Giovannin senza paura, el final es un tanto tétrico y absurdo:

“Giovannin senza paura con quelle monete d´oro fu ricco e abitò felice nel palazzo. Finché un giorno non gli successe che, voltandosi, vide la sua ombra e se ne spaventò tanto che morí.”

Está claro que la VARIABILIDAD de la que hablábamos en un principio está totalmente presente en estos textos que, aunque poseen una temática común, la estructura narrativa y la función de los personajes, que Propp estudia con detenimiento en su Morfología del cuento, hacen posible distinguir esas variantes tan propias del cuento popular, transmitido oralmente de pueblo en pueblo.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ARCIPRESTE DE HITA, JUAN RUIZ. Libro de Buen Amor, Clásicos Castellanos, 2 vols., Espasa-Calpe, Madrid, 1967.

CALVINO, ITALO. Fiabe italiane, Volume primo, Torino, Einaudi, 1979, 6ª edizione.

GRIMM. Cuentos completos de los hermanos Grimm, Barcelona, Editorial Labor, 1957, 1ª edición.

MENÉNDEZ PIDAL, RAMÓN. Poesía juglaresca y juglares, Austral, Espasa-Calpe, 6ª edición, Madrid, 1969.

PASCUAL, MARÍA. Miniclásicos, Tomo 4, Barcelona, Ediciones Toray, 1985, 12ª edición.

PROPP, V. Morfología del cuento, Madrid, Fundamentos, 1971. donde se exponen y comentan las 31 funciones que Propp atribuye a los cuentos maravillosos.

 

Notas:

[1] Prueba única muy similar en la que se basa el cuento italiano Lo sciocco senza paura.

[2] Nótese hasta donde puede llegar la violencia en los cuentos italianos en comparación con los de los hermanos Grimm. Es importante recordar que en Il Cappuccetto Rosso italiano el lobo se come violentamente a la Caperucita roja y a su abuela y nunca vuelven a vivir, mientras que en el resto de las versiones el lobo sí que se las come, pero luego el cazador las rescata de la barriga del animal, sustituyéndolas por piedras.

 

© Cristina Martín de Doria 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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