Gaspar Pérez de Villagrá y Sabine R. Ulibarri:
pasado y presente de la épica de Nuevo México

 

Juan F. Maura
The University of Vermont


 

Trescientos sesenta y cinco años separan las fechas de nacimiento de Gaspar Pérez de Villagrá y Sabine R. Ulibarri, ambos autores, darán testimonio de la tierra y de la gente de un entorno que todavía hoy conserva características similares.

El presente trabajo ofrecerá ciertos paralelismos, salvando las distancias cronológicas y genéricas, del elemento épico de ambos autores en algunas de sus respectivas obras, tanto en prosa como en verso. La manifestación épica que aparece en referencia a los hechos narrados, la imagen de la mujer, por una parte, y la del caballo por otra, serán los puntos de unión en el presente estudio. En lo referente a la mujer, en ambas obras se presentarán personajes fuertes y no sumisos como muchas veces se ha querido pintar a la mujer hispana. En cuanto al caballo, será una constante en donde la épica nuevomexicana girará a lo largo de toda su historia.

El poeta-soldado novohispano Gaspar Pérez de Villagrá, escribió la primera épica de los Estados Unidos. Villagrá, nacido en Puebla de los Angeles (México) en 1555, narrará en su obra los sucesos de la conquista acaecidos en lo que es hoy Nuevo México. Su autor fue testigo de lo narrado y su poema cuenta más la verdad histórica que la verdad poética.

La Historia de la Nueva México de Gaspar Pérez de Villagrá, publicada en 1610, se puede considerar como la primera historia de Nuevo México, aunque, como se sabe, hubo antecedentes escritos sobre estas tierras: Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Fray Marcos de Niza, Antonio de Espejo, Francisco Vázquez de Coronado entre otros. Sin ser una obra muy conocida, la obra de Villagrá ha sido fuente documental como testimonio histórico (Villagrá xviii-xix). Sin embargo, poco se ha escrito de su dimensión literaria. En el caso de otra de las grandes épicas de la conquista americana, la Araucana, de Alonso de Ercilla y Zúñiga como en el de la Historia de la Nueva México, la fidelidad histórica está presente en todo momento. Estas obras mencionadas, siguiendo la tradición clásica renacentista, están impregnadas de una frecuente nomenclatura de la mitología grecolatina.

La Historia de Nuevo México, del capitán Gaspar Pérez de Villagrá, se publicó una década antes del desembarco de los peregrinos ingleses y catorce años antes de que apareciese la Historia General de Virginia, Nueva Inglaterra, y las islas Summer (General Historie of Virginia, New England, and the Summer Isles), del capitán John Smith (Espinosa 17).

El poeta-soldado Ulibarri, nació en el pueblo de Tierra Amarilla al norte de Nuevo México en el año 1919. Participó en 35 misiones de combate en escenarios europeos recibiendo una de las más altas condecoraciones por su valor, siendo en estos momentos uno de los representantes de las letras hispanas en Estados Unidos más respetado por su obra poético-literaria y por su labor docente de la lengua y literatura escrita en español y en inglés en el estado de Nuevo México.

Tanto Villagrá como Ulibarri nos narran aventuras ocurridas en los mismos territorios. Villagrá usará el endecasílabo, Ulibarri en sus cuentos, una prosa cargada de lirismo, aunque en su colección de poemas Al cielo se sube a pie también haga uso en varios casos de la misma versificación que Villagrá.

El binomio autor-obra de estos dos escritores temporalmente marginales será a menudo semejante. La vida y la creación artística —verdad histórica vs. verdad poética— se entremezclan y se hacen una, con un único fin: la supervivencia. Villagrá representa en su obra un ejemplo de duración y aguante en la más hostil de las situaciones. De ahí su épica. Ulibarri, por su parte, no se limita a ser un estudioso y creador de literatura hispana en los EEUU, sino que defenderá su lengua y su cultura en un ambiente reacio a ésta y en una cultura, que por muchos años, no ha querido ver en lo hispano algo representativo de la nación estadounidense. Igualmente luchará por mantener viva la tradición literaria hispana y en este caso nuevomexicana —cuentos, romances, alabados, drama, etc.— que ha sido ignorada por tan largo tiempo por la "gran corriente literaria" angloparlante.

Ambos escritores son hombres de acción y testigos de los hechos que narran; parece como si la musa de estos dos autores se apagara cuando se trata de sucesos no vividos por ellos. La riqueza de detalles que presenta Villagrá sobre los pueblos, solo será comparable con la descrita por Ulibarri, con precisión de datos sobre las tradiciones y la organización social y política de estas comunidades aisladas en el espacio y en el tiempo, reducida hoy a una mera mención anecdótica y extraordinaria de la precaria supervivencia de unos pueblos a punto de extinción.

Nuevo México cobra vigor con la belleza de sus tierras aparecidas en las obras de estos autores. Hay manifestaciones del más puro lirismo garcilasista en el caso de Villagrá y juanramoniano en el caso de Ulibarri. Recuerdense estos versos de la primera égloba de Garcilaso:

Corrientes aguas, puras, cristalinas;
Arboles que os estáis mirando en ellas.
Verde prado, de fresca sombra lleno;
Aves que aquí sembráis vuestras querellas;
Hiedra que por los árboles caminas
Torciendo el paso por su verde seno:

Comparense con estos versos de Villagrá:

Y assí, cual los arroyos que de passo
Refrescan las Riberas y lebantan
Graciosas arboledas y las visten
De tembladoras hojas y entretejen
Diuersidad de flores olorosas,
Amenos prados, frescos deleitosos
Y sombras apazibles agradables, (Canto 8, 151).

Las tierras descritas por Ulibarri y Villagrá son, pese al paso del tiempo, fiel testimonio de lo poco que han cambiado la fisonomía de estos lugares. El sonoro y enérgico idioma en que Ulibarri nos describe su tierra, ha cambiado tan poco como los paisajes. Lugares específicos como Acoma, El Morro, o Tierra Amarilla se harán presentes una y otra vez con cierto tono bucólico en algunas ocasiones, junto con la infatigable actividad de los personajes que corren por las páginas de estos autores. Muchos de estos individuos serán históricos al igual que sus hazañas que de otra manera hubieran quedado anónimas para la mayoría de nosotros. En su libro Mi abuela fumaba puros (1988), Ulibarri describe a su abuela paterna, mujer de un gran carácter y personalidad, como el mismo título del libro indica. Lo mismo hace en su cuento, "Mi abuela cobraba interés" describiendo en este caso a su abuela materna. Dice Ulibarri: "Ella siempre fue lo que fue sin dejar de serlo una sola vez."(The Best of Ulibarri 97)

El español utilizado por el criollo Villagrá es arcaico con resabios y giros del hablado en España en el siglo XVI, el mismo que sigue vivo en algunas partes de Nuevo México pero que muy pronto pasará a ser un cuento, una anécdota más, de las muchas ocurridas en aquellas remotas y queridas tierras. La presencia de la mujer hispana como mantenedora de la tradición y protagonista de una cultura permanente estará basada en hechos reales. La figura del caballo aparecerá en ambas narraciones, no sólo como símbolo poético, o elemento facilitador de la épica, sino como fundamento indispensable del entorno y de la supervivencia de la cultura hispana en tan distantes tierras. El símbolo del "noble bruto" como ejemplo de poder y dominio aparecerá en ambos autores.

Villagrá participó en la conquista y colonización de Nuevo México, llevada a cabo por Juan de Oñate en 1598. La tradición épica de la literatura nuevomexicana, una de las más antiguas y ricas de los Estados Unidos, continuará, como se ha visto en el caso de Ulibarri, hasta el presente. En La conquista de Nuevo México aparecerá la primera heroína hispana de lo que hoy son los Estados Unidos. Su nombre es el de doña Eufemia, mujer de don Francisco de Sosa y Peñalosa quien organizó una resistencia numantina en los tejados de las casas del pueblo de San Juan, plaza en donde se habían hecho fuertes los novohispanos para defenderse de los indios.

Doña Eufemia ya había recriminado con anterioridad a sus paisanos la idea de volver atras con estas palabras:

Assi esta gran matrona a grandes voces
Dentro de la plaza de armas fue diziendo:
"Nobleza de soldados descuidados
Dezidme, ¿en qué estimáis el noble punto
De aquellos corazones que mostrastes
Quando a dura guerra os ofrecistes
Dándonos a entender ser todo poco
Para harta la fuerza y excelencia
De vuestros ánimos gallardos
Si agora sin empacho y sin vergüenza,
Qual si fueredes hembras, vais bolviendo
A cosa tan honrosa las espaldas?
¿Qué cuenta es la que dais siendo varones,
Desto que a vuestro cargo abéis tomado,
Si todo lo dexáis en estas tocas,
Que de ver tal vageza [bajeza] y tal afrenta
Afrentadas las siento ya caídas
Llenas de deshonor y corrimiento
De ver en Españoles tal intento? (Canto 8, 153)

Las tierras de Nuevo México fueron escenario y tuvieron episodios dignos de la mejor de las epopeyas, tanto por parte hispana como indígena. Un puñado de novohispanos tuvo que atacar en invierno a la población de Acoma, situada en una "mesa" de dificilísimo acceso, dejando atrás a sus mujeres y a unos cuantos hombres para defender la plaza. Durante la ausencia de estos hombres, el poblado novohispano fue atacado por los indios. Este tenía cuatro entradas en donde estaban repartidas todas las fuerzas disponibles. Los indios venían acercándose en todas direcciones, amenazando de muerte e insultando a los defensores. Pero doña Eufemia y las mujeres del pueblo, sin permiso del general ya estaban defendiendo los tejados de las casas...:

Requirieron los puestos, y notaron,
Que estavan ya los altos de las casas,
Tomados y ocupados, y assi luego,
El General a voces mandó fuessen,
Algunos Capitanes, y mirasen,
Que gente fuesse aquella, y que destino,
En aquel puesto, puesto los avía,
Mas luego doña Eufemia valerosa,
Hizo seguro el campo con las damas,
Que en el real avía, y fue diziendo,
Que si mandaba el General bajasen,
Si assegurar querían todo aquello,
Que todas ocupavan y tenían,
Con esto el General con mucho gusto,
Dándose el parabien de aver gozado,
En embras un valor de tanta estima,
De toda aquella cumbre, y asi todas,
Las bravas amazonas, assi juntas,
Largando por el ayre prestas valas,
Con gallardo donaire passeaban,
Los techos y terrados lebantados,
…Y visto de los contrarios el recato,
Bolvieron las espaldas sin mostrarse...(Canto 27, 345-46).

Al igual que en la Araucana de Ercilla, no se puede pasar por la obra de Villagrá, sin mencionar al componente indígena, en este caso a las mujeres. Al igual que las hispanas, demostraron que eran capaces de sacrificar sus vidas por una causa merecida. En este caso, Villagrá narra un suicidio colectivo de cuatro hermanas y una madre indias, que deciden echarse al fuego cuando descubren el cadáver de su hermano. Este es el noble Zutalcampo, que con su muerte hace que las mujeres de su familia se den a la desesperación. Este pasaje, lleno de emoción y tragedia, empieza con el lamento y triste fin de la madre, siendo uno de los más conmovedores de la obra.

Este vltimo quebranto y postrer duelo,
Solamente restaua que viniesse,
A mi pobre vegez, triste afligida,
Y vertiendo de lagrimas gran lluuia,
Con el brauo dolor y amor fogoso,
Del tragico furor enterniçada,
Cien mil gemidos tristes redoblaua,
Que del ansiado pecho le salían,
Y como la desesperada furia,
Es el mas cruel y capital verdugo,
De aquel que semejante mal padece,
Assi desesperada y con despecho,
sobre un gran fuego se lanço de espaldas,
Y tras della las quatro hermanas tristes,
También allí quisieron abrasarse,
Sobre el querido hermano ya difunto,
Que así juntas con él se abalançaron,
Junto a la misma madre que se ardia,
Y qual suelen grossisimas culebras,
O ponçoñosas víuoras ayradas,
Las vnas con las otras retorcerse,
Con apretados nudos, y enroscarse,
Assi las miserables se enlazauan,
Por aquellas cenizas y rescoldo,
Que amollentado y fofo a borbollones,
Hiruiendo por mil partes resoplaua,
Y restriuando sobre viuas brasas,
Con hombros, pies, y manos juntamente,
Instauan por salir más era en vano,
Porque assi como vemos yrse a fondo,
A aquellos que en profundo mar se anegan,
Que con piernas y braços sin provecho,
Cortan el triste hilo de sus vidas,
Y en tiempo desdichado, corto y breue,
De las mortales carceles escapan,
Assí estas malogradas fenecieron,
Dando en aquella ultima partida,
Los postreros abraços bien ceñidos,
Y despidiendo assi la dulze patria,
Dieron el longum vale a las cenizas...(Canto 32, 386-87).

Si bien es cierto que la mención de estas mujeres obedece a razones históricas con un fuerte matiz épico-literario, existen también otras mujeres, anónimas la mayoría de ellas, que estuvieron presentes en los momentos más difíciles de la conquista.

La historia de la conquista del pueblo de Acoma por las tropas de Juan de Oñate durante los años de 1598-99, fue como muchas victorias o derrotas, como se prefiera, ambigua. Por un lado aparecen los supervivientes de la victoria, con toda la gloria que supone haber superado todo los obstáculos que representa haber conquistado un territorio alejado de la metrópoli en las más difíciles circunstancias. Por otro lado, aparece la tragedia de aquellos que por razones de la fortuna fueron enfrentados con enemigos tan diferentes a los de su entorno. Las brutalidades y la dureza de esta conquista queda también reflejada en los versos de Villagrá.

En cuanto a la mención del caballo como parte indispensable de la épica de Villagrá, aparecerán significativas alusiones a éste en su obra. En este caso el protagonista no será el autor Villagrá, sino el gobernador Juan de Oñate, eje y centro de toda su épica. El caballo del Gobernador Oñate tendrá también, como el caso de Ulibarri, en "Mi caballo Mago" que ser domado por alguien capaz de someter su voluntad sobre la del animal, simbolizando el poder y el control de lo que le rodea. El narrador ya nos avisa de antemano que el jinete ya estaba avituado a montar caballos "sin freno y sin riendas," dice Villagrá:

Y assí el Gobernador, qual Caio César,
Que sin freno y sin rienda gobernaba
La fuerza de caballos bien soberbios,
Assí saltó en un caballo bravo,
De terrible corage, desembuelto...
"Ea, nobles soldados esforzados,
Caballeros de Christo," fue diziendo,
"Este es noble principio conozido
Para que cada qual aquí nos muestre
Si el crédito y valor del importuno
Y pesado trabajo que seguimos
En sí tiene valor y merecen
Aquellos que le siguen gran corona."
Y con estas razones fue bolviendo
Las riendas al caballo poderoso
Y assí se abalanzó al bravo Río,
Y rompiendo las aguas fue bufando
El animal gallardo y desenbuelto.
Y puesto en la otra vanda hijadeando,
Boluio a cortar las aguas, y en la orilla,
Por los ijares bajo, y anchos pechos,
Resollando vertia y derramaua,
Sobre la enjuta arena guijarrosa,
Del hunido licor vna gran copia (Canto 10, 169-70)

Sabine Ulibarri, por otra parte, conocedor del mundo rural en todas sus dimensiones, lo presentará con la sensibilidad del más delicado poeta, no obstante, esa misma cualidad se verá contrastada con un tono varonil e impetuoso. No es el primer caso en la literatura hispana de un representante de las armas y las letras: Garcilaso de la Vega, el infante don Juan Manuel, Jorge ,Manrique, Miguel de Cervantes, José Martí y otros muchos que supieron profesar ambas disciplinas. El joven Ulibarri tuvo la ocasión de probar sus armas en un momento de su vida. A los 23, años el poeta se enlista voluntariamente en el grupo de bombarderos destinados a castigar posiciones vitales dentro del territorio alemán durante la Segunda Guerra Mundial. El puesto de Ulibarri era el de ametrallador. Corrían los años 1942, 1943 y en cierta misión de rutina el joven artillero, a bordo de un avión tetramotor B-17 del ejército norteamericano, se internó en territorio alemán. Pronto se vieron sorprendidos por un grupo de cazas alemanes siendo violentamente atacados. La posición de Ulibarri correspondía a la burbuja ametralladora situada en la panza del avión. Como toda protección tenían los artilleros, unas camisas blindadas que no llegaban a proteger integralmente todo el cuerpo. Uno de los compañeros de Ulibarri, además del piloto, fue terriblemente acribillado muriendo instantáneamente. Dos motores del avión quedaron totalmente inservibles, con peligro además de la pérdida de una de las alas. Milagrosamente pudieron cruzar el canal de la Mancha y aterrizar en territorio inglés. Todavía cuenta Ulibarri que fue un vaso lleno de whisky lo primero que le ofrecieron nada más aterrizar y lo que más agradeció en esos momentos. Este episodio de su vida no es más que una de las 35 misiones de combate que tuvo en escenarios europeos. Posteriormente el escritor nuevo mexicano sería distinguido con la medalla "Flying Cross Medal".

Pasaremos a comentar uno de sus cuentos del libro Tierra Amarilla, publicado en Ecuador en 1964, donde el elemento épico se combina magistralmente con el lírico, pese a estar escrito en prosa.

En "Mi caballo mago" encontramos un protagonista que funciona como eje a lo largo de todo el cuento: Un adolescente. Todo el relato está cargado de una fina sensibilidad en las descripciones. Existe una simbiosis de épica y lírica de principio a fin —nada extraño si se tiene en cuenta la biografía del escritor.

La trama del cuento que nos lleva a la consagración definitiva del protagonista es en su mayor parte ascendente: la tensión del relato irá aumentando a medida que el autor nos va presentando las enormes dificultades por las que tendrá que pasar un muchacho para poder llegar a enfrentarse al "caballo mago", punto climático del cuento. Una vez tomada posesión del símbolo mítico, se apreciará un descenso en la tensión de la trama. Esta parte corresponde al deleite que supone el objeto poseído y el poder mostrarlo por el pueblo. El muchacho afirma al principio del relato:

Participaba de la obsesión de todos, ambición de lotería de algún día ponerle yo mi lazo, de hacerlo mío, y lucirlo los domingos por la tarde cuando las muchachas salen a paseo por la calle (Tierra Amarilla 5).

En contraste, una vez que se ha hecho posesión del objeto deseado, dice:

"Por delante y por las huellas de antes lo dirigí hacia el pueblo. Triunfante. Exaltado. Una risa infantil me brotaba. Yo varonil, la dominaba. Quería cantar pero callaba. Era un manojo de alegría. Era el orgullo del hombre adolescente. Me sentí conquistador" (13).

Contradictoriamente, estas líneas de exaltación del dominio de sí mismo y del dominio del "noble bruto" se ven contrastadas con otras que vendrán a continuación, de una piedad y compasión que están por encima de su control. Ulibarri es capaz de dominar su risa y su alegría. No obstante unas líneas más abajo se cuestiona la necesidad de pasar el caballo por el pueblo —como si no fuese este uno de los motivos de mayor orgullo— y por otro no puede dominar el llanto:

"Fue necesario pasar por el pueblo. No había remedio. Sol poniente. Calles de hielo y gente en los portales. 'El mago' lleno de terror y pánico por la primera vez. Huía y mi caballo herrado lo detenía. Se resbalaba y caía de costalazo. Yo lloré por él. La indignidad, la humillación. La alteza venida a menos. Le rogaba que no forcejeara, que no se dejara llevar. ¡Cómo me dolío que le vieran así los otros"!(13)

¿Hasta qué punto se pueden considerar sinceras estas alusiones al animal conquistado? En este caso no tienen otra función que la de ensalzar más aún al protagonista: "La alteza venida a menos del caballo" frente a la "nueva alteza" de su posesor.

La veracidad del cuento en sí no deja lugar a dudas, narrado en su mayor parte en primera persona, da categoría testimonial a los hechos presentados. Más tarde llegué a saber por medio del propio autor, que este relato es autobiográfico. El rojo, la violencia del encuentro con la vida misma, la pérdida de la inmaculada pureza que se ve ahora manchada, quedan plasmadas en la simbología utlizada por el autor. Podemos leer al final del relato: "Había manchas rojas en la nieve y gotitas rojas en las huellas del otro lado de la cerca..."(15)

Dentro de la estructura del cuento, cobra gran interés la presentación del "caballo mago", que va a correr paralela a la del adolescente y a los atributos adjudicados a éste. Sin la exaltación del elemento a conquistar o dominar, la narración perdería su carácter épico, que en suma es lo que se pretende. La sucesión de calificativos y ensalzamientos del noble animal aparece en el primer momento. Obsérvese como se hace la presentación medio legendaria, medio auténtica del caballo.

"Era leyenda. Eran un sin fin de historias que se contaban del caballo brujo. Unas verdad, otras invención. Tantas trampas, tantas redes, tantas expediciones. Todas venidas a menos. El caballo siempre se escapaba, siempre se burlaba. Siempre se alzaba por encima del dominio de los hombres" (5).

Nótese el uso que se hace del adverbio siempre. Al caballo "mago" nadie le había podido conquistar todavía, por eso era tan blanco, tan puro. Uno de los momentos de más belleza de todo el relato es la descripción del caballo: es este pasaje un ejemplo de la tremenda fuerza lírica que posee la prosa de Ulibarri. Así podemos leer: "Hecho estatua, hecho estampa. Línea forma y mancha blanca en fondo verde. Orgullo, fama y arte en carne animal. Cuadro de belleza encendida y libertad varonil. Ideal invicto y limpio de la eterna ilusión humana"(7). Unas líneas más abajo aparecerá: "reto trascendental que sube y rompe la tela virginal de las nubes rojas. Orejas lanzas. Ojos rayos. Cola viva y ondulante, desafío movedizo. Arrogante majestad de los campos"(7). La sucesión de imágenes y frases metafóricas hacen que la prosa de Ulibarri se eleve a la categoría de poesía. En cuanto al aspecto lírico, se destaca el uso continuado del sustantivo "blanco" que aparece en 19 ocasiones, en su mayoría funcionando como adjetivo, no obstante, de presentarse algunas veces en la forma del sustantivo "nieve". Este aspecto cromático que domina la mayor parte del relato es el que ofrece la particularidad de dar a los hechos presentados una cierta inocencia e ingenuidad adolescente. El protagonista del cuento lo confirma: un muchacho de 15 años. Este dato es crucial ya que todo el desarrollo del cuento en sí no va a ser otra cosa que el paso de la adolescencia a la confirmación definitiva como "hombre". Como el mismo protagonista del cuento dice: "Reto trascendental que sube y rompe la tela virginal de las nubes rojas..."(7) El paso de una realidad de ensueño, fantasía y mito al rompimiento del cascarón, del himen de la realidad.

Dentro de los elementos exteriores, el paisaje rural forma una parte principal. Las reses, el bosque, el sol, la noche y las estrellas. Hay que hacer mención que en el cuento, solo se mencionan dos estaciones del año: el verano donde empieza la narración, y el invierno, tiempo en que se realizará la conquista. El paso del verano al invierno está exento de cualquier mención del otoño, como si existiese prisa, necesidad, ansias de enfrentarse en singular combate: "Pasó el verano y entró el invierno" (7). En esta sola frase se resume el cambio de estaciones. Esta prisa continúa casi como un presentimiento. No sólo va a afectar al paso de las estaciones sino también al protagonista que espera el encuentro, el momento de la verdad que está cerca. Ni siquiera tendrá tiempo de ir a misa ni de desayunar.

"Domingo. Apenas rayaba el sol de la sierra nevada. Aliento pavoroso. Caballo tembloroso de frío y de ansias. Como yo. Salí sin ir a misa. Sin desayunarme siquiera. Sin pan y sin sardinas en las alforjas. Había dormido mal y velado bien. Iba en busca de la blanca luz que galopaba en mis sueños"(9).

La tensión va subiendo de tono hasta llegar a su punto climático en el enfrentamiento. Aquí triunfa el poeta frente al narrador. Pese al patetismo de la circunstancia, la prosa está empapada de poesía, de fuerza épica y lírica. Veámos la descripción del encuentro: "Vértigo de furia y rabia. Remolinos de luz y abanicos de transparente nieve. Cabestro que silva en la teja de la silla. Guantes violentos que humean. Ojos ardientes en sus pozos. Boca seca. Frente caliente. Y se acaba la larga zanja blanca en un ancho charco blanco" (11).

Es a partir de esta escena y una vez que el muchacho se ha hecho dueño del caballo, poseedor del mito que "estaba por encima de los hombres", que se burlaba de ellos, lo que hace la consagración definitiva, heroica del adolescente hecho hombre. ¿Quién mejor que el padre del muchacho para darle la enhorabuena aunque solo fuese de una manera implícita?.

"Mi padre me vio llegar y me esperó sin hablar. En la cara le jugaba una sonrisa y en los ojos le bailaba una chispa...Me estrechó la mano un poco más fuerte que de ordinario y me dijo: 'Eso son hombres'. Nada más. Ni hacía falta. Nos entendíamos mi padre y yo muy bien...(14/15)"

La imagen paterna vuelve a aparecer esta vez en las últimas líneas del cuento. En esta ocasión, el encuentro es de hombre a hombre. Sobraban las palabras. De la misma manera que el rey posa la espada en el hombro del caballero, el padre le poso el brazo en el hombro. El rito de iniciación estaba cumplido.

En cuanto a descripciones de mujeres "fuertes" Ulibarri nos deja el siguiente retrato de su abuela materna sacado del cuento "Mi abuela cobraba interés". Escribe Ulibarri sobre ella:

"Le gustaba el dinero, y le gustaba gastarlo. Supo ganárselo primero e invertirlo después. Le encantaban las cosas finas y elegantes, y se pasó la vida gozándolas. Le atrajo el reto del comercio y ganó y venció en ese ruedo. Necesitaba el trajín social, la comadrería, y disfrutó. Sobre todo, odiaba el quehacer casero y rutinario y no se dejó esclavizar. En todo esto se ganó el afecto y el respeto de cuantos la conocieron, y fueron muchos. Estoy seguro que murió contenta. Fue libre, fue alegre, fue suya... No, no hay que lamentar su muerte. Hay que celebrar su vida. Se llamaba Gertruditas Armijo de González, y era de Cerro Gordo( The Best of Ulibarri 107).

Tanto en el caso de Villagrá como en el de Ulibarri tenemos dos polos de una literatura testimonial, hecha desde un mundo fronterizo, un mundo de difícil supervivencia hasta el día de hoy. La épica de estos hechos y estos personajes a través del Río Grande no ha terminado todavía. La frontera cultural y geográfica de Nuevo México sigue ahí. El futuro del mundo hispano fronterizo se salvará si somos capaces de reconocer la riqueza de nuestras diferencias. Termino con estas palabras pronunciadas por Ulibarri en 1971 en una de sus ponencias sobre este particular:

The "We are Americans" and "This is America" crowd keeps fighting a pluralistic society and promoting a monolingual citizenry in the most narrow minded and short-sighted way. Their beliefs appear to be that being different is un-American, that homogeneity (as in milk), that mass production (as in doughnuts), is the great American purpose. I submit that ignorance and stupidity are criminal and infinitely more un-American. Human beings are not refrigerators and cannot be forced into the same mold. ¡Viva la diferencia! (The Best of Ulibarri ix-x).

En conclusión, los temas que relacionan la trayectoria temática de estos autores, son el paisaje nuevomexicano como escenario de un enfoque real de la historia, las mujeres fuertes como mantenedoras de la pervivencia de una cultura viva hasta el presente y el caballo desafiante como símbolo de la épica americana.

Sabine Ulibarri, ya no monta a caballo pero todavía tiene su pluma y con esta sigue luchando y cabalgando por los campos del amor a una cultura tan americana como la primera épica escrita sobre los Estados Unidos y tan auténtica como los pueblos que fueron y son hoy testigos de los hechos que pasaron hace ya más de 400 años.

 

OBRAS CITADAS

Garcilaso de la Vega, Obras. Espasa-Calpe: México, 1991.

Loomba, Ania. Colonialism/Postcolonialism. Routledge: London, 1998.

Pérez de Villagrá, Gaspar. Historia de la Nueva México, 1610. A Critical and Annotated Spanish/English Edition Translated and Edited by Miguel Encinias, Alfred Rodríguez, and Joseph P. Sánchez. Albuquerque: University of New Mexico Press, 1992.

———— History of New Mexico. Trans. Gilberto Espinosa. New Mexico: Río Grande Press, 1962) 17

———— Pérez de Villagrá, Gaspar. Historia de Nuevo México. Ed. de Mercedes Junquera. Madrid: Historia 16, 1989.

Ulibarri, Sabine. Al cielo se sube a pie. Alfaguara: Madrid- Barcelona, 1966.

———— The Best of Sabine R. Ulibarri. Edited with and Introduction by Dick Gerdes. Albuquerque: The University of New Mexico, 1993.

———— Critical Essays. Ed. María Duke Dos Santos & Patricia de la Fuente. Albuquerque, University of New Mexico, 1995.

———— Mayhem Was Our Business, Biligual Press/Editorial Bilingüe, 1996.

———— Tierra Amarilla. Albuquerque: University of New Mexico Press, 1993.

 

Notas:

[1] Gaspar Pérez de Villagrá, History of New Mexico trans. Gilberto Espinosa (New Mexico: Río Grande Press, 1962) 17.

[2] Recientemente han salido a la luz unas memorias sobre las misiones de combate en las que participó el joven Ulibarri: Mayhem was our business.

[3] Ania Loomba, explica lo complejo y contradictorio que es hablar del "otro" en términos "poscoloniales". "Despite the enormous differences between the colonial enterprises of various European nations, they seem to generate fairly similar stereotypes of óutsiders´ -both those outsiders who roamed far away on the edges of the world, and those who (like the Irish) lurked uncomfortably nearer home" (107). Sin embargo, en el caso de Ulibarri, perteneciente a una familia nuevomexicana donde no existe ninguna animosidad en contra de su cultura metropolitana sino todo lo contrario, no se considera en nigún momento "otro" sino como mucho "periferia" del mundo hispano. Igualmente, Ulibarri que aprendió su inglés con una institutriz inglesa, ofreció sus servicios voluntariamente al ejércto de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Fue Ulibarri, una vez jefe del departamento de español de la Universidad de Nuevo México, el que trajo a escritores españoles tan conocidos como el novelista Ramón J. Sender y el poeta Angel González. Ulibarri se autodefine como escritor chicano en términos exclusivamente políticos, sin dejar por ello de tener a Ecuador y a España como países predilectos y a haber hecho su tesis doctoral sobre Juan Ramón Jiménez. Por lo tanto, la crítica postcolonial, pese a sus acertados análisis en la India y el Oriente Próximo, carece muy a menudo de precisión en muchas partes del Mundo Hispano, donde el contexto étnico es mucho más difuso y complejo.

[4] Aunque en el caso de Ulibarri fue Juan Ramón Jiménez su más directo modelo, podemos ver algunos trazos garcilacistas en algunas de sus poesías. Véase, Al cielo se sube a pie.

[5] Gaspar Pérez de Villagrá, Historia de Nuevo México. Ed. de Mercedes Junquera. Madrid: Historia 16, 1989. En este trabajo citaré por esta edición.

[6] Este espíritu al que hago referencia, lo podemos encontrar en las conversaciones que hemos tenido con él y en la forma en que se dirige a sus estudiantes, sobre todo si son de Nuevo México. María Duke Dos Santos ha conseguido publicar una serie de entrevistas suyas en donde salen a relucir algunos aspectos de su biografía muy importantes para poder comprender la actitud de poeta-soldado Ulibarri (51).
   Con la mayor cortedad de miras y estrechez mental, las masas que dicen "somos americanos" y "esto es América", siguen luchando promoviendo una sociedad monolíngüe. Al parecer, piensan que ser diferente no es "ser americano", que lo homogeneo (como la leche), que la producción en masa (como las rosquillas), es el gran propósito americano. Yo afirmo, que la ignorancia y la estupidez son criminales e infinitamente más "anti-americanas". Los seres humanos no son refrigeradores y no se les puede fabricar con el mismo molde. !Viva la diferencia! (The Best of Ulibarri ix-x) [Traducci'on del autor].

 

© Juan F. Maura 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/nmexico.html