EL GRABADO REFERENTE AL TEATRO ROMÁNTICO
EN LA PRENSA VALENCIANA DEL SIGLO XIX

 

J. Enrique Peláez Malagón


 

El Romanticismo artístico es un movimiento difícil de definir tal vez porque sea más un movimiento social y espiritual, “un modo de sentir” que un estilo en el más estricto sentido del término. Tal vez por este motivo siempre se le ha puesto en función al Neoclasicismo, bien para señalar la oposición del segundo respecto al primero, bien para matizar, según los casos, esta oposición.

Sea como fuere, lo cierto es que el Romanticismo tiene un contenido, unas características que nacen del fuerte desengaño frente a la realidad, de ahí que se trate bien de cambiar ésta (caricaturas políticas, panfletos...), bien de eludirla alejándose de ella en el tiempo (se recurre a la Edad Media) o en el espacio (hacia otros lugares lejanos y exóticos).

Estas características determinadas y definitorias también se dan en la ilustración gráfica, hecho por el que podemos hablar de grabados e ilustraciones románticas.

Si como hemos dicho el concepto de Arte Romántico está todavía por definir de una manera clara y final, el tema del grabado romántico dista, hoy por hoy, mucho de tener una cronología específica, unas características exclusivas o simplemente de una definición más o menos precisa. Si concretamos más y en vez de hablar de grabado ilustrado lo hacemos de producción gráfica en la prensa y concretamente en la prensa valenciana, nos damos cuenta que este concepto está todavía por construir, y definiciones, cronologías o peculiaridades que podrían ser más o menos exactas para el grabado romántico en general, no terminan por concordar con la producción ilustrada en la prensa valenciana. Es por ello que necesariamente se tenga que recurrir a hablar de “producción en la época romántica”, haciendo una referencia únicamente a la proximidad cronológica de las obras con el Romanticismo o a tratar de rastrear algunas determinadas características románticas en una producción que muchas veces se escapa de la cronología oficial.

Por otro lado, tratar de definir el teatro romántico no es tarea fácil, ya que más que de teatro romántico habría que hablar de características románticas en la producción dramática de la primera mitad del siglo XIX, características que muchas veces vendrían dadas por la oposición al frío teatro neoclásico y otras por la rehabilitación del antiguo teatro del Siglo de Oro Español.

Desde este punto de vista habría que hablar de como el teatro del Siglo de Oro del XVII, es abandonado por los dramaturgos en aras de buscar un nuevo tipo de teatro más acorde con la Ilustración y el Neoclasicismo, y así aparecen las nuevas comedias del siglo XVIII en donde se vuelven a tomar las características clásicas: Regla de las tres unidades (acción, tiempo y lugar), separación entre lo cómico y lo trágico, preferencias por los temas burgueses contemporáneos, proscripción de todo lo imaginativo y lo heroico, imitación de la realidad de un modo verosímil y sobre todo una intencionalidad moralizadora y pedagógica en las obras. Estas características seguidas por Moratín, Nassarre e Iriarte entre otros, dan como resultado una producción teatral fría, académica y alejada de los intereses del espectador que se va a refugiar en las antiguas comedias del Siglo de Oro rechazando en nuevo tipo de Arte.

Con esta perspectiva la aparición del Romanticismo en el arte rechazando las reglas y volviendo al siglo XVII, provoca una rápida aceptación de este movimiento entre las capas más populares. Aceptación que se puede observar en las críticas y referencias teatrales que aparecen en todos los periódicos, algunos de los cuales llegan a incluir la representación de sus escenas entre sus páginas.

Pese a los problemas conceptuales anteriormente expuestos tanto por lo que se refiere a la definición de grabado como de teatro romántico, existe una realidad objetiva que viene dada por una serie de ilustraciones gráficas que sobre este nuevo teatro se desarrollan y difunden por medio de la prensa valenciana hacia mediados del siglo XIX. En éstas podemos rastrear una serie de características en cuanto a forma (técnicas y estilos) y fondo (temas utilizados), que nos hablan de una producción netamente romántica.

De esta forma la revista El Fénix (1), semanario que recogerá la tradición de otras publicaciones valencianas anteriores como El Liceo o El Cisne, haciéndose eco de una serie de aspectos como la novela, las Bellas Artes, la Historia... todo dentro del gusto de la época. Ilustrará sus páginas con imágenes de representaciones teatrales sin especificar, indeterminación que envuelve más al grabado en una atemporalidad y falta de espacialidad que acentúa su procedencia romántica. En una de ellas (Figura nº 1) (2) observamos a dos caballeros, uno de los cuales, escondido tras unas cortinas, sale de súbito, sorprendiendo e hiriendo mortalmente al otro. Es por tanto una escena de lucha, en donde la traición y el engaño están patentes, sentimientos en donde se escapan las más bajas pasiones y que lo enlazan directamente con una influencia romántica. Es más, la vestimenta y acción de los personajes nos recuerdan a las novelas de capa y espada tan al gusto de la moda de estos momentos. Y es que la sociedad de esos años demandaba obras de sentimiento en donde las pasiones, los dramas, las luchas, lo heroico y lo trágico fuesen corrientes en lugar de frías obras de contenido pedagógico.

Otro ejemplo lo tenemos en la segunda de las figuras (3), en donde una pareja representa una escena galante, ambos van con una indumentaria medieval (gusto romántico por aquella época), y sus gestos y expresiones son bastante representativos de la escena que están desarrollando, lo que aumenta la teatralidad y dramatismo del momento.

También en la misma revista encontramos otra escena (Figura nº 3) (4) en donde además se deja ver el aforo del teatro así como los telones, circunstancia que pone de manifiesto el origen de la representación. En ella aparece un personaje clamando al cielo con actitud desesperada, mientras que otros lo observan con gran resignación, elementos y gestos que nos hablan de un drama romántico y las ropas contemporáneas de los actores nos acerca a la idea de que es un drama que vive la sociedad del momento y por eso tal vez gozase de gran aceptación.

Un peculiar ejemplo que aleja estas imágenes del clasicismo más si cabe, es la figura de un hombre que se disfraza de mujer para representar una determinada escena (Figura nº 4) (5). La utilización de actores masculinos para la representación de femeninos se puso de moda (por lo que a precedentes del teatro romántico se refiere) en la Inglaterra isabelina y más concretamente con el teatro de Shakespeare, momento en el que se prohibió a la mujer actuar públicamente y los hombres hubieron de ocupar su lugar en la escena. Esta utilización del rol femenino en las obras tuvo su aceptación y se extendió por otros lugares; pero con la llegada del Neoclasicismo tal cambio de papeles se consideró como aberrante y un teatro pedagógico y moralizante no lo permitió, con lo que se hubo de esperar al nuevo Romanticismo para volver a realizar esta permuta de roles. En la ilustración este hombre vestido de mujer en expresión de declamar un monólogo ante el público está vestido con ropas del siglo XVII, con lo que se vuelve a recalcar la idea del gusto por este periodo de tiempo.

Todos los grabados están realizados mediante un proceso litográfico que permite la inclusión de detalles, algo en los años cuarenta del siglo XIX es novedoso e importante, ya que sólo de esta manera se puede apreciar en su totalidad lo representado. Todos ellos son también anónimos, circunstancia normal durante la primera mitad del siglo, ya que el artista no era considerado como tal, sino como un trabajador más, un “especialista” que aportaba su “técnica” (que no arte) a la imprenta. Por tal motivo era inconcebible una personificación de la obra, de la misma manera que lo era citar el nombre del linotipista que montó las letras en la plancha. Esta situación cambiará radicalmente a lo largo de la segunda mitad del siglo cuando, dada la competencia, los editores e impresores quieran contar entre sus colaboradores con artistas ya consagrados, que naturalmente pretenderán firmar su obra. Con el tiempo, lo artistas menos consagrados en imitación a los que están en primera fila, seguirán el ejemplo.

Otra de las revistas que abren una galería de personajes teatrales en sus páginas es la Galería Pintoresca (6)

Es una publicación de variedades, fundamentalmente teatrales, hecho éste que le sirve para introducir unos grabados de personajes vestidos con ropas históricas. De nuevo, como en el caso de la publicación anterior, no se alude a obras específicas ni a autores, sino a escenas o personajes sacados de sus contextos y “útiles” para un fin romántico: Mostrar el exotismo de lo representado. No estamos por tanto ante críticas teatrales particulares, sino ante la posibilidad que da el género dramático de obtener imágenes históricas o exóticas.

Estos grabados excepcionalmente están firmados, por lo que podemos saber que fueron realizados por Linati y litografiados por A. Pascual. Esta ausencia de anonimato en la prensa valenciana de estos momentos, se debe a que el artista es un italiano a quien se le han comprado las pinturas, como artista, firma su obra, a lo que el litógrafo valenciano Antonio Pascual se une siguiendo el ejemplo.

La primera de estas litografías es el que lleva por nombre “La Cracoviana” (Figura nº5) (7) en donde se representa a una mujer vestida con un traje de capricho polaco que contrastaba con las modas españolas: falda por encima de los tobillos, poco vuelo, abrigo rematado en piel y sombrero pintoresco en forma de cono. En la imagen se ha recurrido a realizar un retrato de la actriz teatral francesa Rosa Chavarri (1824-1861) con uno de los trajes utilizados para sus representaciones. Vestimenta, que a todas luces, dada la diferencia con la moda española de mitad de siglo es exótica.

Otra litografía será la denominada “Rosa Chavarri en el papel de Clara Harlowe” (Figura nº6) (8), de nuevo se recurre a la actriz que alcanzó una gran fama en París durante más de veinte años, creadora para el género del vaudeville de importantes papeles de dama joven y primera dama, quien además fue también admirada en Inglaterra en donde desempeño varias obras de gran éxito, de ahí que se la represente en el grabado que presentamos con un traje inglés.

El personaje por tanto, viste una ropa conforme a la moda inglesa de la segunda mitad del siglo XVIII a imitación de la que pudo llevar Clara Harlowe, dama de la alta sociedad londinense. Es un traje hasta los pies sencillo y sobrio recubierto por una capa que continúa las líneas del vestido y adornado con un tocado simple según la moda inglesa de esos años.

La última de las litografías de esta revista representa a “San Basilio” (Figura nº7) (9) revestido con ropas de ceremonia en donde se puede ver el Alba recubierta por una casulla rematada por una gran estola que baja hasta los pies.

Es ciertamente improbable que ésta fuese realmente la ropa ceremonial de un obispo del siglo IV a tenor de las toscas representaciones de obispos de la antigüedad de los que se podía tener noticia en el siglo XIX, es más bien una ropa ceremonial de un obispo a la que se han quitado ciertos añadidos medievales y barrocos, obteniendo así una ropa sencilla acorde con lo que debería de haber sido la vestimenta de un obispo en la antigüedad, pero no es histórica. Esto se puede observar al comparar la obra con las pinturas de San Basilio de El Greco o de Francisco Herrera de donde resulta esta litografía una mera simplificación. Por otro lado hay que tener en cuenta que San Basilio fue un obispo del rito griego no latino y por lo tanto debería de tener otras ropas para la liturgia.

Referencia al teatro también la encontramos en El Museo Literario (10), Este semanario intenta cubrir el vacío que dejó en la prensa valenciana la desaparición del El Fénix años atrás, y como él, intentará mantener la misma estructura y secciones a las que ya nos hemos referido.

La novedad de esta revista se centra en la inclusión de modelos caricaturescos a la hora de representar figuras teatrales, circunstancia que, desde otra perspectiva, los convierten en románticos.

Estas caricaturas se centrarán en el mundo de la zarzuela. Este género teatral musical nacido en España durante el siglo XVII, siempre estuvo de actualidad (a excepción de las últimas décadas del siglo XVIII y principios del XIX), pero será entorno a 1850 cuando comience un nuevo resurgir popular del que se harán eco las imágenes de la prensa valenciana.

De hecho se toma esta fecha como el momento en el que la zarzuela moderna comenzó a extenderse y a obtener un rápido éxito: En febrero de 1850 encontramos la primera representación en el teatro Principal valenciano con el estreno de El Duende. En los primeros años de la década estas obras eran realizadas por cantantes secundarios, pero ya a partir de 1853 comienzan a contratar los teatros valencianos cantantes de primera fila (11) lo cual nos da idea del auge de este género. Tal auge no podía pasar desapercibido por los ilustradores de la prensa valenciana y algunos de ellos afrontaron el problema como la revista a la que nos referimos que nos presenta una serie de imágenes al respecto.

Una de ellas será la denominada o “He aquí un apreciable tenor cómico de zarzuela”, (Figura nº 8) (12) en ella vemos a un individuo colocado frente al espectador cantando un fragmento de zarzuela, el esfuerzo fónico que realiza desfigura de tal manera sus rasgos que le imprimen un sentido cómico a la figura, además el hecho de la postura que adopta (sobre todo de las manos) acompañado de la vestimenta con un lazo blanco exageradamente grande, refuerzan la idea de comicidad de la obra, e incluso el hecho de llamarlo “cómico” y vestido de gala carga a la imagen, da una ironía también cómica, comicidad que habría que situarla dentro de lo que Baudelaire denominó como “cómico significativo” (13), esto es, una comicidad de la imagen que necesita de la deformación o exageración bien de lo representado bien de su contexto para poder conducir a la risa, es una tipología cómica bastante sencilla y por ello comprensible por amplias capas de la sociedad.

Las razones de tomarse la cuestión zarzuelística como broma las podríamos encontrar bien dentro de los detractores del género en su globalidad (la zarzuela es el género “chico” en su acepción peyorativa del término y por lo tanto difícilmente puede llegar a igualarse con otros géneros musicales “serios” como la ópera) o bien se trate de una crítica constructiva por la que se pone en duda el valor de las representaciones zarzuelísticas en Valencia que no alcanzan el valor artístico de otros lugares. En este sentido este tipo de crítica acercaría la caricatura a los postulados de García Cádena quien durante la década de los sesenta escribía artículos deplorando la calidad de estas piezas musicales e intentando dar algunas soluciones posibles con el fin de poder mejorar el género en Valencia (14).

Otra ilustración (Figura nº 9) (15) llevará por título “Dúo de tenor y barítono y coro de armas de ambos sexos”, en este caso nos encontramos también con una crítica, pero una crítica no en el sentido cómico del caso anterior en donde se busca la comicidad a través de las exageraciones o deformaciones de la realidad, en este caso se ha hecho necesaria una frase para acentuar la comicidad: Si el tenor es la voz masculina de registro elevado y barítono la voz masculina de registro medio, se juega entonces con los registros de voces para identificar las graves con lo masculino y las agudas con lo femenino, de ahí la crítica a un “afeminamiento” de las voces está servida; pero además un afeminamiento que se llega a plasmar en la imagen representando al tenor con cara ruda y bigote, mientras que al barítono se le hace barbilampiño, delgado, estilizado, y de maneras “poco masculinas” en sus gestos y posturas. Aquí la comicidad ha utilizado la afeminación de personaje masculino con el fin de provocar la risa, no será la primera vez ni la última que se recurre como objeto cómico a la utilización de estereotipos de posibles homosexuales, en este sentido se busca lo que en palabras de Berson era una socialización de la risa (16), esto es buscar inconscientemente en lo cómico el mecanismo social por el cual “lo diferente” era considerado como ridículo y ridiculizado con lo que se tendía a impedir de esta forma que lo diferente tuviese carta de naturaleza propia. En este sentido lo homosexual como “diferencia” sexual es un terreno abonado para la crítica muchas veces feroz en la que empiezan a vislumbrase planteamientos homofóbicos.

Caso parecido lo encontramos en otra de las imágenes (Figura nº 10) (17) que lleva por título “Presento a ustedes un tenor serio también zarzuelista” en ella aparece un tenor al que se vuelve a representar de forma afeminada tanto por ropas como por gestos y expresiones con objeto de buscar la comicidad por medio de la risa a “lo diferente”, pero al que además ironizando con el adjetivo “serio” que se le ha adjudicado en el título, aparece vestido de forma estrafalaria.

Finalmente la última de las revistas a la que hacemos referencia es El Liceo Valenciano (18), revista, igual que las anteriores de variedades, en donde se recogen secciones dedicadas a las Bellas Artes, la literatura, la poesía... En ella aparece una imagen (Figura nº 11) (19) en donde se nos representa a un grupo de soldados por cuyas vestimentas los podemos acercar al siglo XVI en actitud de conversar y animar a un compañero que se siente abrumado por alguna cuestión, de nuevo argumentos como otros tiempos (los del esplendor militar de España), la camaradería o el honor vuelven a aparecer en el panorama teatral del momento.

 

NOTAS

1) El Fenix, Imp. Benito Monfort, Valencia, 1847

2) “Escena de teatral de lucha”, El Fenix, nº62, del 6 de diciembre de 1846, p.315

3) “Pareja representando una obra”, El Fenix, nº49, del 6 de septiembre de 1846, p.252

4) “Escena teatral”, El Fenix, nº47, del 23de agosto de 1846, p.239

5) “Escena caricaturesca de un hombre disfrazado de mujer para una representación”, El Fenix, nº35, del 29 de mayo de 1846, p.177

6) Galería Pintoresca, Imp. José Rius, Valencia, 1847

7) “La cracoviana”, Galería pintoresca, nº1 del 15 de diciembre de 1847, lámina inserta en la publicación, sin página.

8) “Rosa Cheri”, Galería pintoresca, nº1 del 15 de diciembre de 1847, lámina inserta en la publicación, sin página.

9) “San Basilio”, Galería pintoresca, nº1 del 15 de diciembre de 1847, lámina inserta en la publicación, sin página.

10) El Museo Literario, Imp. José Rius, Valencia, 1863

11) Gálbis López, Vicente, “La zarzuela en el área mediterránea”, Cuadernos de música, nºs 2 y 3, Madrid, 1997.

12) El Museo Literario, nº 7 del 17 de febrero de 1866, p. 65

13) Baudelaire, Charles, Lo cómico y la caricatura, Madrid, Visor, 1988, p.39.

14) Ver los artículos que sobre esta cuestión publicó el mismo Cádenas en El Diario Mercantil de Valencia (del 17 de Marzo de 1860 por ejemplo)

15) El Museo Literario, nº7 del 17 de febrero de 1866, p. 65

16) E. Bergson, La risa, Espasa Calpe, Madrid, 1986, p.93

17) El Museo Literario, nº7 del 17 de febrero de 1866, p. 68

18) El Liceo Valenciano, Imp. López y Compañía, Valencia, 1841

19) El Liceo Valenciano, nº 2 del 9 de enero de 1841, p.6

 

© J. Enrique Peláez Malagón 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/teatro.html