Editorial


...y el ganador es: ¡Don Quijote!

La reciente elección, a través de una encuesta organizada por el Instituto Nobel y el Club del Libro Noruego, del Quijote como "mejor obra de ficción del mundo" no tendría más valor que el anecdótico que se le debe conceder a este tipo de prácticas, pero el hecho de que la votación se realizara entre escritores le añade un valor especial. Cien escritores de 54 países, nos dicen, han elegido la novela cervantina en primer lugar y de forma destacada.

La "belleza" de un libro puede ser algo fácil de experimentar, pero difícil de justificar. En realidad, la importancia de un libro no reside tanto en su "belleza", concepto históricamente cambiante y en gran medida subjetivo (el Quijote mismo tuvo sus épocas oscuras), sino en su capacidad de introducirse en otros libros, en su capacidad para vivir a través de ellos.

Hace ya unos cuantos años comenzamos la publicación de la "Biblioteca Quijotesca" en Espéculo. La idea era recoger las obras en las que era detectable, en diversos sentidos, la presencia de la novela cervantina. La lista de autores comenzó a crecer de forma sorprendente. Lectores de diversos países comenzaron a enviar fragmentos de obras en las que se apreciaba claramente esta presencia cervantina. Las referencias directas, las estructuras narrativas, la explicación que ayudaba a construir un personaje, etc. se multiplicaban extendiendo la lista de autores. Y lo que hay es solo una pequeña parte. Por esto, el dato de que la lista ha sido confeccionada por las preferencias de los escritores es relevante.

En algunas informaciones periodísticas se habla del Quijote como "ganador absoluto", se dice que "eclipsó" las demás obras, etc. Se interpreta el resultado como si fuera una competición deportiva y se renuncia a ver lo auténticamente importante: que en muchas de las obras que le siguen en la lista está también presente la obra de Cervantes.

Es muy significativo que sea Madame Bovary la segunda obra tras la cervantina pues su parentesco con el Quijote es evidente. También lo es con otras obras y autores de la lista: Kafka (qué magnífico libro el de Marthe Robert comparando El castillo con el Quijote), Thomas Mann (puede leerse su Travesía marítima con Don Quijote y apreciarse el valor de la ironía en toda su obra), Dostoievski (El idiota), Borges (su Pierre Menard)... Podríamos ampliar la lista: el Quijote está presente en obras como el Club Pickwick (Dickens), el Huckleberry Finn (Mark Twain)... En fin, está repartido por lo mejor de la Literatura occidental.

Lo que hace grande al Quijote es precisamente esta fuerza centrífuga, su capacidad de ser semilla y de germinar produciendo otras grandes obras. Quizá deberíamos enseñar la literatura de otra forma, no aislando las obras y convirtiéndolas en monumentos nacionales competitivos, sino, por el contrario, mostrando que la cultura es un tejido cuyos hilos se reparten por todas las geografías. Así nadie se sentiría satisfecho porque los franceses (esos que nos vuelcan los camiones en la frontera) hayan quedado en segundo lugar. Estaríamos todos más unidos gracias a Cervantes.

Dostoievski dijo refiriéndose al Quijote: "En el mundo entero no existe una obra más profunda y consistente. Por el momento, es la última y máxima palabra del pensamiento humano, es la ironía más amarga que hubiese podido expresar un hombre, y si el mundo se terminara y en algún lugar del más allá se preguntara a los hombres '¿han entendido su vida en la tierra?, ¿qué conclusión hicieron acerca de ella?' entonces el hombre podría argumentar calladamente por medio del Quijote: 'Esta es mi conclusión sobre la vida, ¿me pueden enjuiciar por ella?" Nada más se puede añadir.

Joaquín Mª Aguirre Editor


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