EN EL JARDÍN DE ANTONIO GALA

"Somos los invitados al jardín,
a la vida, al amor, a otra estancia dichosa".

 

Emilia Ruiz Martínez


 

Los invitados al jardín (Planeta) es el último y más innovador libro de Antonio Gala. En esta ocasión, el autor reúne una serie de relatos cortos bajo un título que no se corresponde con el de ninguno de ellos, pero cuyo mensaje está en el fondo de cada historia. Gala ha transformado, además, tanto la expresión como el lenguaje y la rapidez narrativa. El amor contradictorio, el deterioro, la rutina, cargados de ironía, son los temas que nutren este libro, al que el autor nos invita a entrar.

-¿Qué primera simbología encierra la imagen del jardín? ¿Le confiere en todo momento connotaciones positivas u ofrece otros matices?

- Siempre connotaciones positivas, pero peligrosas. El jardín, en principio, es algo artificial; es algo en que la naturaleza está "afeitada", como decían los clásicos: aderezada, embellecida, tranquilizada de la naturaleza más salvaje. En todas las novelas mías la invitación es a salir del jardín. En Más allá del jardín, la protagonista se encuentra fuera del jardín. Desideria, protagonista de La pasión turca, tiene que marchar a Estambul para encontrarse a sí misma. En estas historias, la salida era del jardín propio. El nuevo libro es una invitación al jardín ajeno, al jardín total, al jardín del amor, de la felicidad, del que no somos dueños ni debemos querer serlo. Estamos invitados a un jardín que es el edén y que nosotros podemos convertir en un medio hostil. Es una metáfora positiva: lo negativo reside en nosotros mismos, que somos malos administradores al obrar como dueños de este paraíso.

- ¿A quién invita usted al jardín?

- A todos; no sólo a los lectores. El libro tiene por título uno que no tiene ninguna de las historias. Todos los personajes que salen en él, viviendo historias amorosas o desamoradas, son los primeros invitados al jardín. Todo el mundo podrá acceder a él y mantener en él una postura positiva o negativa, tranquilizante, embellecedora, enriquecedora o no, o empobrecedora, dejando, además, el jardín maltratado.

-¿Se siente más demiurgo, más omnisciente, en lo que a la creación artística se refiere, con el relato corto?

- Me encuentro no más omnisciente, pero sí más radical. He querido transformar mi expresión, el lenguaje, las historias que cuento, la rapidez del relato. Creo que el cine y el periodismo están muy presentes en este libro: la síntesis, la rapidez, la inmediatez. La poesía también está presente, pero más oculta que en otras ocasiones. Sólo el lector que tenga un atisbo poético verá luminiscencias poéticas que van y vienen en cada circunstancia, y ése será el mejor de los lectores, claro. Creo que con este libro los lectores, en unos casos, sonreirán; en otros, se reirán claramente, porque hay un humor socarrón, y quizá se lleguen a identificar con algún personaje. Si esta especie de poliedro amoroso hace que alguien pueda corregir su postura en el amor, me daré por satisfecho.

- La lectura de Los invitados al jardín nos presenta distintas facetas del amor, siempre planteado de manera contradictoria. Parece un regreso al barroco, a los poetas áureos, al "Desmayarse, atreverse, estar furioso", que diría Lope de Vega.

- Claro, el amor lo es todo; Es como un cachorro, del que no sabemos si juega o nos devora. Pueden hacernos sangre, pero, si es así, es porque no sabemos de verdad amar. El amor es como un puente elevadizo porque es eterno, pero mientras dura; es el terreno en el que las dos orillas, por opuestas que sean, se confunden, en el que dos seres se encuentran y tienen que hacer un lugar común, un proyecto común de ese puente. Normalmente se valora como algo de lo que tenemos que desconfiar. La gente dice: "yo no, enamorarme no, porque se sufre". Vivimos en una época analgésica. Tenemos miedo al dolor, aunque es quizá lo que más educa, mucho más que la felicidad, que es un trastorno mental transitorio, mientras que el dolor es absolutamente personal. Ningún amor puede ilustrarnos para otro amor, porque la experiencia en el amor es como una nota que se toma con lápiz en un papel que luego extraviamos. Sin embargo, el dolor sí se repite ya que es nuestro corazón el que sufre; es, por tanto, acumulativo. El sentimiento del amor está lleno de posibles sombras. El concepto es arriesgado; es algo en lo que el hombre se juega entero.

- ¿Es entonces el amor ese Niño, que decía Quevedo, que en todo tiene su contrario?

- No sólo eso. Es el niño al que se le encomienda que traslade un jarrón maravilloso. Se aterrará tanto por el valor del jarrón que se le acabará cayendo; tendrá que tener cuidado porque el amor, en efecto, es un arma de dos filos: puede hacerte feliz, pero también puede desgarrarte. El amor es un espejo en el que el amante se mira en la cara del amado y viceversa; eso es un egoísmo horroroso. El amor es lo contrario del egoísmo: es ya ser el otro; empezar a ser otro de otra manera diferente. Las historias de amor y desamor de este libro suelen terminar mal, precisamente por eso, porque no estamos habitando el jardín con la generosidad que el amor exige. Shakespeare hablaba de "trabajos de amor". Claro, el amor es un trabajo que consiste en que alguien se cumpla y que, al realizarlo nosotros, nos cumple. Somos malos habitantes del jardín. Estamos invitados a un jardín que no sabemos apreciar.

- Continuando con las reminiscencias literarias, ¿qué lugar, si considera que hay alguno, ocupa la sátira en la descripción de algunos de sus personajes?

-Yo no soy un ensañado, pero sí me gusta la sátira, transformada un poquito en ironía. El lector es mucho más rápido ante un chiste que ante un razonamiento; entiende mejor un adjetivo bien puesto, sobre todo si es desdeñoso, que un largo razonamiento. Yo, por mi colaboración en la prensa, me he acostumbrado a la sinopsis y a la síntesis, y, por la influencia del cine a la rapidez. La experiencia del periodismo me lleva a la carrera de decir lo posible con menos palabras. Es un libro radical e introduce en mi obra una novedad porque, verdaderamente, me he sentido más joven escribiendo este libro de cuentos que con las novelas anteriores.

-Y como narrador, ¿qué actitud mantiene ante determinados personajes? ¿Se implica con ellos?

-Bueno, para eso ha influido mucho mi larga trayectoria dentro del teatro. En él trato de conocer siempre a mis personajes. Cuando van a hablar yo ya hablo por boca de ganso. Yo me abstengo y ellos dicen lo que tienen que decir como lo dirían esos personajes. Esto justifica que haya aquí tantos monólogos en los que me he eludido para que hable el personaje que yo ya conozco.

-¿Pretende ofrecer a través de este libro, a través de cada uno de los relatos, una visión global del mundo, pero desde distintos prismas?

-Es un libro poliédrico, claro. Por eso, a mí me gusta que en algunos cuentos el lector, y será el mejor, sonría, llore, se emocione o se reconozca. Si se reconoce, habré conseguido algo difícil en literatura, es decir, ayudar.

-¿Cree que el lector se mimetiza con lo que usted relata, seducido por ese canto a la cotidianidad, a la realidad, a las situaciones en las que todos nos vemos inmersos cada día?

- Claro, en ese sentido es en el que yo digo que es un libro radical. Es un libro de imaginación, pero tiene mucho de crónica de sucesos, de cosas que me han sucedido a mí y que introduzco para dar esa sensación de hiperrealismo, para decir "esto es lo que hay, señores; no se trata de una novela, no se trata de una fantasía, se trata de una realidad que usted puede tocar también con los dedos".

-Esa hiperrealidad puede hacernos conscientes del deterioro, de la rutina, de lo que el día a día, la vida de uno...

-…va deshaciendo.

- Le propongo, si me lo permite, una pareja de contrarios recurrente en la historia de nuestra cultura: Eros y Tánathos: el Amor frente a la Muerte.

-Pero eso es la cultura griega desde siempre. Por otra parte, no son exactamente contrarios porque el Tánathos es muy erotizante: el saber que algo se acaba, que la vida se acaba, te hace aferrarte más a ello. Los contrarios se complementan muchas veces. El Tánathos, en efecto, nos expulsa del jardín, pero a lo mejor entramos por otra puerta en el mismo jardín para vivir otra vez el Eros.

-¿Estamos entonces en continua paradoja?

-En continua paradoja y en continua palpitación. Si el amor no es vibración no es nada; si no es la luz que embellece las cosas y no estremece el aire no es nada. El que sufre por amor y el que goza por amor está vivo; el que ni goza ni sufre no está vivo.

-¿Por qué la muerte al principio y al final de este libro y además cargada de valores distintos?

-La muerte no es. Bueno, te lo voy a contestar con una cosa. Si yo eligiese un epitafio, sería muy breve, con dos palabras sólo: "Murió vivo", porque hay gente que ya pervive, pero está medio muerta, está sobreviviendo. La vida y la muerte transcurren juntos o son, quizá, una enfermedad mortal de la que no se acaba de morir. Creo que en el libro eso está claro; en él hay personajes que han dejado de vivir.

-¿Han perdido ya la "voluntad", que proponía Schopenhauer, y que les movía vitalmente?

-La vida ya les ha retirado sus velas blancas; allí se alza con unas velas negras, camino de una muerte que no es la que hubiéramos querido. Hay que morir de la propia muerte, como nos decía Rilke. La propia muerte sería la que descubrimos cuando termina el amor.

- Parece que estos cuentos hablan de una nueva actitud vital y creadora de Antonio Gala.

- En la época en la que vivimos, el relato corto parece el idóneo porque puede leerse en los sitios más inverosímiles. He querido hacer una especie de espectáculo total, en que muchas posibilidades del amor se desenvuelven y en que es muy fácil que el lector se sienta aludido. Si no es así, por lo menos verá que, a su alrededor, está sucediendo todo lo que allí se cuenta. Esto ha sido muy satisfactorio para mí.

-¿Finalmente, la esperanza?

-Siempre. La esperanza siempre; es lo que mantiene la vida y el amor. La esperanza de la vida es el amor. El que no tiene amor tiene esperanza de tenerlo. Nadie puede enamorarse si no tiene esperanza.

-¿Ha ampliado el abanico de perfiles femeninos?

-Los cuentos están llenos de mujeres, de caracteres femeninos, porque me parece que la mujer es más capaz de amar que el hombre y de entregarse totalmente. El hombre es más de compartimentos estancos. La mujer es capaz de arriesgarlo todo para que el amor llegue y la satisfaga, y la ilumine, y la mate, si es preciso, con llamas. Su capacidad de renuncia y de generosidad en el amor es mucho mayor que la del hombre. La mujer está mejor creada para el jardín.

-¿Qué recepción espera por parte de los lectores?

- No lo sé. Yo sería un malagradecido si no reconociera que me leen mucho y que me quieren. Pero yo espero de ellos que sean como mis colaboradores. Es decir, que puedan firmar el libro debajo de mi firma. Cada lector lee un libro diferente en el fondo.

-Cada lectura es un mundo.

-Depende de la cultura que tenga, de cómo está ese día, de cómo le haya ido la vida, de los recuerdos que todavía le arañen. Cada lector es un libro diferente y yo quiero que cada uno firme su libro debajo de mi firma.

 

© Emilia Ruiz Martínez 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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