El castellano en Japón

 

Fernando Olszanski (*)
escritor argentino


 

   
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El desarrollo del castellano como segunda lengua en muchos países avanza de manera más que sorprendente. El caso de Estados Unidos sea tal vez el más llamativo. El hecho de que durante la última campaña presidencial ambos contendientes, Al Gore y George Bus, hayan dado sendos discursos en la lengua de Cervantes, lo demuestra con creces. La profecía del Presidente saliente, Bill Clinton, de que él sería el último Presidente monolingüe, está siendo claramente marcada. Algunas palabras de origen español ya empiezan a florecer como normales dentro del léxico de los norteamericanos, incluso en aquellos que no tienen estrecha relación con la lengua. Palabras como fiesta, amigo, empiezan a ser de uso cotidiano. Esta es una tendencia sana y provechosa para los hispano parlantes en el país del norte, es una revalorización retrasada del pasado histórico y geográfico del español.

También el avance del castellano en Europa es considerable. Algo que no sorprendería en los países comprometidos con la Unión Europea, pero sí en aquellos de Europa oriental, donde en los hoteles y servicios turísticos, empiezan a dar servicios en castellano, como tuve suerte de comprobarlo personalmente en un reciente viaje.

Pero lo que me lleva a hablar sobre esto es que, residiendo en Japón desde hace un año, he podido comprobar que la tendencia llegó a estas tierras asiáticas. Realmente está lejos de alcanzar al inglés, que por lengua de negocios corre con ventaja; pero como tercera lengua mantiene posibilidades intactas.

El mayor impacto publicitario está dentro de la propia industria automotriz japonesa. Todas las fabricantes buscan denominaciones latinas para sus modelos. Se pueden leer nombres como Amigo, Presea, Moderno, Alto, Rosa, Familia, y la lista continua de manera interminable. La tendencia llega igualmente a la comida, una de las principales cadenas de restaurantes en las islas japonesas, lleva como nombre Gusto. Asevero que sí es una moda, pero ha superado lo pasajero. Ya ha dejado las mega ciudades para trasladase al interior del país, ahora es fácil leer títulos en negocios como Mi casa, Taberna, Fiesta Latina, a la par de nombres japoneses.

¿Pero en qué se basa éste fenómeno hispanoamericano en el lejano archipiélago japonés? La respuesta es una tanto compleja, pero, en general, este movimiento se apoya en el retorno de los Nikkeis a Japón.

¿Quiénes son los Nikkeis? Son descendientes de japoneses en segunda o tercera generación que, debido a las constantes crisis en los países latinamericanos, han decidido volver a las fuentes tratando de mejorar su situación. (El caso de Alberto Fujimori, ex Presidente del Perú, es el más resonante, hoy es un desocupado de lujo caminando por las calles de Tokyo). Éste desplazamiento genera inconvenientes idiomáticos y culturales. La forma de mantenerse fuertes en los lazos afectivos con el pasado reciente es abriendo negocios de orientación Latina. Han aflorado bares y restaurantes ofreciendo toda la gama de comida hispana; en el rubro bebidas, el ejemplo del Pisco Sauer es más que llamativo, imponiéndose en la preferencia de algunos. Estos latinos han traído ritmos caribeños y sudamericanos, como la Salsa, Mambo, Tango, Cumbia o Merengue. Los jóvenes japoneses pagan fortunas a profesores de origen cubano, colombiano o portorriqueño por una sesión de aprendizaje de estos bailes.

Otro punto de apoyo para los Nikkeis fue la organización del Mundial de Fútbol, un deporte aún no completamente desarrollado en el Japón. En la primera liga nipona juegan muchos brasileños, peruanos, argentinos y provenientes de otros países hispanos. La falta del conocimiento de la cultura latina les abrió las puertas a los Nikkei para otra profesión, la enseñanza del idioma que mejor conocen, el castellano. De los equipos clasificados para Corea-Japón, siete eran hispano parlantes, el idioma de mayor porcentaje de asistencia. Se necesitaron asesores, traductores, guías que acompañen y asistan a las diferentes delegaciones. Muchos jóvenes y no tanto se acercaron a aprender el idioma, tanto en las universidades como de manera particular. Uno de los éxitos secundarios y no tan resonantes, pero para nada menos efectivo de la Copa Mundial.

Las lenguas japonesa y española están más cercanas de lo que muchos suponen. No tocaré el tema de la escritura por supuesto, allí no está mi punto. Sino en la pronunciación. Es más fácil para un japonés hablar castellano que inglés. La cantidad de similitudes entre los idiomas es sorprendente. La palabra DAME, en japonés significa, no hagas eso; AJO y VACA, están cercanas a lo que los españoles dicen gilipollas, o los argentinos boludo o los mejicanos huevón. El único sonido en la lengua japonesa que no está en el castellano, es la sílaba TSU, algo no tan complicado de asimilar. A ellos les cuesta las “R”, las pronuncian como “L”, pero con la práctica eso se supera. Otras palabras en común, con diferente significado son: Tango, Kampo, Tambo, Sake, Noto, etc.

Esta suma de aportes atildados en la música, el baile, la cultura y el fútbol, agregando una fuerte presencia inmigratoria, hacen del idioma español una opción que pasa por encima de una simple moda. Empieza a ser una realidad cotidiana. Ahora el idioma es buscado, es un objetivo de muchos japoneses. El mercado latino a pesar de la crisis, todavía es importante. El idioma español es hablado por varios millones de personas en el mundo. Es la lengua oficial de una veintena de países, y segunda lengua de muchos otros, el mejor ejemplo es los EE.UU.

Los destinos para las vacaciones están cambiando de manera abrupta. Sigue en las preferencia de los nipones, visitar Europa, lógicamente España está en esa lista. Pero las playas y países caribeños empiezan a desplazar a las playas asiáticas. Hoy por hoy, suena más exótico bailar merengue en arenas de Dominicana que comer comida tailandesa en Phuket o bucear en Bali.

Llama la atención que en un país tan opuesto a la cultura latina en general, como lo es Japón, exista una marcada tendencia hacia lo español. Esa tendencia podría desaparecer, y con lógica, mañana. Mantenerla depende de muchos factores, de la persistente inmigración, de la aparición de una nueva moda, del cambio de los gustos de los jóvenes, pero entre ellos, el volumen de negocios entre Iberoamérica y Japón puede hacer la diferencia. Los continuos vaivenes económicos de los países latinoamericanos abren y cierran posibilidades de inversión de manera constante; una nación ávida de materias primas, como Japón, está más que interesada en esos recursos.

Hasta ahora la relación con el castellano ha sido de placer, de alegría, el día que se transforme además de eso en relación de negocios, será más duradera y efectiva. Los japoneses parecen prepararse para ese momento, en general ellos no dejan cosas al azar. Es hora de que aquellos países que despertaron esa pasión, escuchen con atención este juego.

 

(*) Escritor, actor y fotógrafo nacido en Buenos Aires, Argentina. Ha residido alternativamente en Ecuador, Estados Unidos, y Europa. Publicó la novela Rezos de marihuana y el poemario Parte del polvo. Como fotógrafo ha tenido muestras parciales en Argentina, EEUU, y Japón. Actualmente reside en Niigata, Japón, donde realiza un estudio fotográfico sobre Asia y enseña la lengua española.

 

© Fernando Olszanski 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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