El estigma de la Cruz en Hijo de hombre
de Augusto Roa Bastos (2ª parte)

Rosa C. Audubert


 

   
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Analogías con el Nuevo Testamento.

De la misma forma que en el punto desarrollado en la 1ª parte [Espéculo nº 19], se intentará en éste establecer correspondencias con episodios y personajes del Nuevo Testamento.

Ciertamente, y después de una búsqueda minuciosa similar a la realizada con el A.T., resulta sugestivo descubrir que la semejanza con los Santos Evangelios no existe más que en el nivel de las sugerencias.

En efecto, las descripciones, referencias o expresiones efectuadas por el narrador remiten a recordar sucesos precisos, personajes concretos y situaciones determinadas, pero sólo en el nivel de las relaciones entre significantes, que actúan como disparadores para la construcción de imágenes, hechos o episodios que remeden a sus símiles evangélicos.

Las referencias existen y son claras, sin embargo, es necesario destacar que no existen, como en el caso del A.T., personajes o situaciones puntuales que puedan tomarse como correspondientes a otros del N.T. En este sentido, entonces, trataré de marcar dichas correspondencias en el plano de las relaciones entre significantes.

A fin de que la exposición sea ordenada trabajaré, en primer lugar, sobre algunos personajes que interesa destacar puntualmente; para seguir, luego, con algunas frases que actúan como referentes de conexión directa con la segunda parte de la Biblia.

 

Algunas consideraciones sobre ciertos personajes puntuales.

  • Gaspar:

    1. Relación madera-carpintería-Cristo.

    Cuando leemos frases como las siguientes:

    “... olía a madera, de tanto haber trabajado en ella.
    (...) Los muchachos -decía Macario- se reunían en su carpintería para verlo trabajar...”

    Es imposible no recordar a José de Nazareth, esposo de María, y aún la del propio Jesús cuando todavía era un niño. Sin embargo, la asociación se hace por la imagen o la referencia al oficio (carpintería), pero no es posible aseverar que Gaspar era Jesús o José, por cuanto no hay características puntuales que permitan sustentar esta idea.

    2. Relación clavos-madera.

    Cuando la chipera asegura que:

    “...Se durmió en el corazón de la madera (...) Pero algún día despertará y vendrá a llevarme. (...) Le clavaron las manos y los pies...”

    parecería estar hablando de la figura de Cristo, aunque el contexto determine que esto no es así por cuanto se encuentra en medio de un párrafo que se presta a la confusión entre lo cristiano y lo pagano como se consignará más adelante.

    3. Relación lepra-Cristo.

    Dice Macario Francia:

    “Al principio pensamos en un habitante de otro mundo -nos decía Macario- Pero era un hombre. Tenía el bulto y la traza de un cristiano. Y estaba allí parado, quieto, mirándonos con su silencio y sus brazos extendidos...

    (...) Al resplandor de la hoja inmovilizada en el aire, vieron que era un Cristo de madera del tamaño de un hombre...”.

    La relacion de leproso moribundo-Cristo se traduce inequívocamente como Lázaro, el leproso al que Jesús resucitó de la muerte, y del cual Nuestro Señor era amigo.

    En efecto, el saberlo enfermo de lepra y creador del Cristo de Itapé quién había sido su amigo y compañía antes de morir no hace más que confirmar la asociación en la superficie del texto.

  • Saluí.

  • 1. Relación prostituta- Cristóbal.

    Saluí es una prostituta de la que el narrador nos cuenta que:

    “Ella no tenía más que su impúdica popularidad que iba creciendo en el ranchito a oscuras, a orillas del agua.(...)Sombras acuclilladas esperaban su turno ante la estera, bajo la luna, ocultándose entre los yuyos, del paso de la ronda....

    (...) Por entonces sólo era la enfermadora (...) y la rebautizaron irónicamente con el mote de pequeña-salud (...)

    Podía olvidar todo eso. Todo lo que había ocurrido hasta el arribo de él (...)Hasta ese momento que iba a cambiar su vida...”

    La presencia de Cristóbal y su indiferencia habían llevado a Saluí a querer abandonar su vida de pecadora para recomenzar una nueva; quería estar limpia y nueva frente a Cristóbal, un hombre diferente a los demás.

    El evangelio, por su parte, nos refiere una historia que es posible conectar con la novela de manera más contundente, aún, que la de Lázaro:

    “Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo entró allí con un frasco de poerfume (...)se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos (...)

    “Si este hombre fuera profeta, sabría quien es la mujer que lo toca y lo que ella es:¡una pecadora!. Pero Jesús le dijo: Simón tengo algo que decirte (...) ¿Ves esa mujer? Entré en tu casa y tu no derramaste agua sobre mis pies; en cambio ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.(...) sus numerosos pecados le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor...”

    Resulta interesante confrontar el párrafo bíblico citado con el siguiente diálogo entre Saluí y Cristóbal:

    “¿crees en el milagro, Cristóbal?

    -¿Milafgro?-

    -Que ocurra algo imposible. Eso que sólo Dios puede hacer...

    -Lo que no puede hacer el hombre nadie más puede hacer-dijo él ásperamente.

    -Si...tal vez eso es la fuerza que hace los milagros

    (...)

    -Yo también estoy empezando a comprender muchas cosas, Cristóbal. Antes de morir, Aquino me dijo que yo estaba naciendo de nuevo. Tal vez tenía razón. Estar aquí, al lado tuyo y no tener vergüenza...me parece imposible...

    Jara aplastó el pucho contra la culata del fusil. Pasó el brazo lentamente por encima del hombro de ella y la atrajo sobre el suyo...”

    Sin ser idénticos los ecos de aquella historia evangélica parecen cobrar cuerpo en esta otra a partir de la relación María Encarnación (prostituta)- Cristóbal (el portador de Cristo).

     

    Otras correspondencias con el N.T.

  • Las enfermedades.

  • La mención casi continua de leprosos, lunáticos, hemorroísas, ciegos, mudos etc. Proponen desde el texto asociaciones que llevan directamente a las múltiples curaciones milagrosas de Jesús en su prédica antes del calvario. En el texto, sin embargo, no hay curaciones (excepto en el capítulo “Madera y carne”) sino sólo alusiones a las enfermedades que, a la postre, resultan significativas por su enlace con el N.T.

    Dice el narrador de Roa Bastos:

    “...Mi hermana Candé estaba muy enferma de pasmo de sangre...”

    Dice el Evangelio según San Mateo:

    “...Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años...”

  • Referencias.

  • A continuación serán expuestas una serie de citas que contienen frases o palabras que actúan como referentes en un párrafo determinado, que, a lo largo del texto se multiplican en muchos que podrían ser analizados de la misma manera.

    “...A su regreso me mandó llamar. Me hizo extender la mano. Vió la llaga de la verdad. Ya era suficiente castigo. Pero él mandó a mi padre que me diera cincuenta palos en su presencia. Che rú Pilar me pegó cincuenta azotes, uno por uno, con una rama de guayabo mojada en vinagre y sal. Yo aguanté los primeros sin llorar, pero antes de desmayarme le vi a taitá los ojos blancos del dolor que sentía. Yo era el más querido de sus hijos...”

    a) Referencia a la “llaga de la verdad”.

    Es inevitable recordar el episodio en que Jesús enfrenta a Santo Tomás con su incredulidad al decirle:

    “...Trae tu dedo aquí y mira mis manos; trae tu mano y métela en tu costado, y no seas incrédulo...”(Jn. 20, 27)

    Tomás era un hombre nacido en la indigencia y sólo confiaba en sí mismo. Poco antes del encuentro con Jesús había dicho a los apóstoles: “si no veo la marca de los clavos en las manos (...) no lo creeré...”. De ahí, quizás, la llaga de la verdad.

    b) Referencia a los azotes.

    Antes de ir hacia el Calvario para morir crucificado, Jesús es flagelado, azotado, y coronado burlonamente con espinas

    c) Referencia a la rama mojada con vinagre y sal.

    “..Jesús dijo: Tengo sed.

    Había allí un recipiente lleno con vinagre; empaparon una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca...” (Jn. 19,28-29 )

    d) Referencia a la última cena.

    Dice el texto de Roa Bastos:

    “...Cristóbal sacó su avío y lo compartió con Saluí. Después se levantó, trajo un poco de agua del grifo en una lata de aceite y la distribuyó a medio jarro para cada uno. Él no bebió.

    -¿No vas a tomar?- le preguntó Saluí.

    -No

    -Yo no tengo sed- le dijo ella, tendiéndole su jarro.

    -Yo tampoco...

    Se miraron con una expresión indefinible. El rostro de Cristóbal por primera vez pareció ablandarse y humanizarse.

    De pronto oyeron a Gamarra, que decía invisible al otro.

    -¡Nuestra última cena! ¡Qué rica es!...”

    Recuerda el episodio en el que Jesús reunido con los apóstoles celebra la Ultima Cena antes de morir.

    Dice San Mateo en el Evangelio:

    “...tomó pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo tomad y comed. Esto es mi cuerpo. Después tomo un caliz, dio gracias, y se lo dio a sus discípulos diciendo: “Bebed todo de él, porque esta mi sangre, la sangre de la nueva alianza, que será derramada para remisión de los pecados.” (Mt. 26,26-28)

    Podrían establecerse un sin fin de relaciones como las anteriores que corroboraran la presencia del sentido de los Evangelios en el texto de Hijo de...

    La tradición católica de nuestros pueblos, la influencia de los jesuitas encargados de difundir el evangelio en América y la cercanía cultural con estos textos permiten una asociación más rápida con la historia de Cristo y el ritual cristiano en general, que con la tradición hebrea que, por el contrario, sin sernos desconocida, nos es ajena.

    Frente al pueblo de la ficción, a las historias que se relatan y a una cadena de significantes que refuerzan el mito1 de la vida, pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, es lógica la preferencia por estas asociaciones que, por otra parte, se encuentran a flor del texto.

    Dice la Introducción a la lectura de la Santa Biblia: “En esencia, la Biblia nos narra y nos explica la redención de Jesucristo, anunciada y preparada en A.T y realizada en el N.T. Y esta redención o esta salvación, que Jesucristo llevó a cabo con su muerte, no es sino la liberación total del hombre en todos sus aspectos: social, político, económico, cultural y religioso...”

    Por su parte, dice la introducción al Nuevo Testamento: “Al establecer su propio canon, la Iglesia no pretendió oponer otra Escritura a la ya existente. El Nuevo Testamento no sustituye al Antiguo. Al contrario, lo confirma y aclara su verdadero sentido, mostrando como se realizaron en Jesucristo las promesas de Salvación, contenidas en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos. De uno a otro testamento no hay ruptura, sino cumplimiento...”

    Falta todavía desarrolar un ítem antes del resúmen de las ideas que surjan del análisis de la mítica del texto; no obstante, con lo hecho hasta aquí empieza a perfilarse un sentido posible a esta fuerte analogía con el A.T. y esta evocación en superficie del Nuevo, por el hecho de que el primero refiere la historia concreta del pueblo de Dios, mientras que el segundo es la palabra misma del Hijo de Dios. Historia y palabra; opresión y liberación en lo fñísico y en lo espiritual; lo particular (el pueblo judío) y lo general (la humanidad toda); el pueblo y la cruz, cuyo estigma se intenta demostrar en el texto de Roa Bastos.

  • Creencias y rituales paganos.

  • Si bien en un primer momento pensé en buscar analogías como en los casos anteriores, pero, a poco de comenzar advertí que no era pertinente hablar de semejanzas , puesto que las creencias y rituales paganos son los únicos reales en el texto de Roa Bastos, ya que como se desprende del texto el pueblo de la ficción tiene profundas raíces guaraníes. Ellas son, en definitiva en centro mismo de las confusiones de las que venimos hablando a lo largo del capítulo entre lo cristiano, lo pagano y lo hebraico. Me limitaré, por lo tanto a intentar consignar una serie de cuestionamientos que surgen desde el lector frente al desorden de los datos, para luego ahondar en las posibles respuestas de los mismos con la casi seguridad de que con ellas, el caos establecido desde la técnica también en esta dimensión hermenéutica, no hace más que corroborar a Foucault cuando afirma que:”..sería el desorden que hace centellar de un gran número de posibles órdenes...”2

    Los datos.

    Dice Mircea Eliade: “...antes de intentar una definición del fenómeno religioso, conviene saber de que lado habrá que buscar los hechos religiosos, y sobre todo, entre esos hechos, aquellos que se dejan observar en estado puro, es decir aquellos que son simples y que están lo más cerca posible del origen...”3; para agregar más adelante que: “...ciertas hierofanías son o llegan a ser de este modo multivalentes o universalistas; hay otras que siguen siendo locales e históricas; inaccesibles a las otras culturas, han caído en desuso durante la historia misma de la sociedad en que se habían realizado..."4

    En medio de un sin fin de intertextualidades apegadas a dos de las grandes religiones como son la hebrea y la católica, el primer capítulo nos acerca una cantidad de datos interesantes sobre el particular sentir religioso de los guaraníes; capítulo que en torno al eje triangular formado por el Cristo de Itapé, Gaspar y Macario confunde lo católico, lo pagano y lo hebreo.

    A una primera lectura se advierte, como fue dicho, que el capítulo tiene un tono particularmente diferente del resto y transmite la sensación y el desconcierto de comprender que hay frases que sencillamente quieren decir más que lo que realmente dicen. La repetida revisión del texto nos mueve a cuestionarnos sobre el sentido de algunas frases, oraciones o párrafos que aportan pistas, en algunos casos concretas, en otras desconcertantes.

    Dice el narrador Miguel Vera:

    “...De allí solía arrancar. El decía yvagá-rata (...) y aludía a las fuerzas cosmogónicas que lo habían desencadenado, a la idea de destrucción del mundo según el Génesis de los guaraníes...”.

    Dice la chipera de carovení al referirse a Gaspar y después de asegurar que había sido clavado de pies y manos, en una clara alusión a Cristo ya analizada.

    “...El cometa lo volverá a traer...”

    ¿Un Génesis que es nuestro Apocalipsis? ¿Un hombre que tan pronto es emparentado a la figura de Cristo, queda, después de la afirmación de la chipera, totalmente alejado de su parecido?

    Estamos, indudablemente, frente a un relato que mezcla lo cristiano (la figura de Cristo) con los mitos cósmicos de los pueblos primitivos.

    Es, en realidad, la palabra la que evoca el recuerdo de una imagen reconocida de nuestra iconografía cristiana; recuerdo que se confunde cuando también la palabra crea una idea absolutamente diferente.

    Desde el texto se reconoce esta confusión entre lo cristiano y lo pagano cuando expresa que: “los itapeños tenían su propia liturgia” para aclarar después: “...era un rito áspero, rebelde, primitivo, fermentado en un reniego de insurgencia colectiva...

    Como en los casos anteriores intentaremos abordar por separado cada uno de los cuestionamientos presentados para clarificar un análisis de por sí complejo.

    1. Destrucción que es Génesis.

    Refiere Mircea Eliade que: “...los guaraní de Mato Grosso conocedores de que la tierra será destruida por el fuego y por el agua, partieron en busca de un país sin pecado, especie de paraíso terrestre situado al otro lado del Océano. Estos largos viajes, inspirados por los chamanes y efectuados bajo su dirección comenzaron en el siglo XIX y han durado hasta 1912...”5. Creen que la catástrofe es consecuencia de la vejez del mundo y, en este sentido, los guaraníes han encontrado “...una expresión (...) conmovedora de la fatiga cósmica, del deseo de reposo absoluto y de la muerte (...) inevitable desencanto que sigue a una vana y larga exaltación mesiánica...”6

    De los aportes del autor citado podríamos sacar algunas conclusiones interesantes para completar el sentido mítico del texto, y que, al mismo tiempo, aclara algunas contradicciones aparentes.

    Es evidente que los guaraníes comenzaron un éxodo, aunque espiritual, buscando un paraíso terrestre dirigidos por los chamanes. Nótese que la fecha de finalización dada por Eliade coincide con una de las fechas que se consignan en el texto de Roa Bastos.

    Teniendo en cuenta sus creencias, no es extraño que se exprese que la destrucción del mundo era el Génesis para un pueblo que pensaba que: “...la catástrofe sería seguida de la renovación del Mundo y del retorno de los muertos...”.7

    Génesis y Éxodo también connotados desde las creencias paganas.

    2. Gaspar y el cometa.

    Decía en la introducción a la mítica del texto que en estos pueblos con raíces aborígenes tan fuertes, con una cosmovisión primitiva de la relación hombre-naturaleza, el espacio entre lo sagrado y lo profano se estrecha considerablemente.

    En este sentido, Gaspar es un mito vivo para Itapé; la ruptura con el tiempo profano y la irrupción del tiempo sagrado8 que lleva a Miguel Vera a afirmar:

    “...como desapareció en medio del espanto, era como si se hubiera perdido en una grieta de un tiempo muy lejano...”

    Al respecto afirma Eliade que: “ ...Para vivir en el mundo hay que fundarlo y ningún mundo puede nacer en el caos de la homogeneidad y la relatividad del espacio profano...” y, entonces, se impone intentar determinar cuales fueron los pasos enmarcados dentro de las creencias siguió el pueblo de Itapé para constituir este mito que reúne en sí fragmentos, ecos de otros preestablecidos en las Sagradas Escrituras y, también, en las creencias particulares de los guaraníes.

    Las hierofanías se manifiestan por medio de signos y algunas distinciones particulares, siempre vistas desde el otro y sacralizadas también por el otro. Gaspar era ya alguien especial en el pueblo que lo respetaba y lo veneraba:

    “ No era tacaño. Solo dejaba lo necesario para para comprar materiales y herramientas. El resto lo repartía entre los que tenían menos que él. Levantaba las deudas de los agricultores a los que el fuego, el granizo o las langostas habían inutilizado sus plantíos. Compraba ropa y bastimentos para las viudas y los huerfanos..."

    “... La gente se tumbaba en el pasto a escucharlo. Osalía de los ranchos.(...) Me acuerdo que de mamá que al oir la distante guitarra se quedaba con los ojos húmedos. Papá llegaba del cañal y trataba de no hacer ruido con las herramientas...”

    Quizás esa capacidad de ser querido, quizás su afición por construir elementos destinados al bienestar de todos y no para la destrucción habrían hecho de él un ser “sobrenatural”, un, como diríamos ahora “fuera de serie”, o, tal vez fuera su condición de músico con toda la carga de su simbolismo9. La necesidad del hombre de vivir en lo sagrado como única forma de garantizar su estar en el mundo lleva a buscar signos o señales divinas que les permitan recuperar el tiempo original, el paraíso perdido después de la Caída.

    Es cierto que Itapé tenía una iglesia, una religión y sus creencias propias, primitivas y paganas; pero, también es cierto que, ateniéndonos al contexto histórico de Paraguay, esos hombres podían sentirse no solo sometidos por sus gobernantes, sino también olvidados de Dios. Cuando la contención de tanta angustia no es contemplada, se hace necesario escapar al mito y vivirlo en toda su plenitud puesto que, de esta forma, se abandona el mundo de todos los días y se penetra en otro sobrenatural.

    ¿Por qué el Cristo de Itapé es venerado por el pueblo? Porque su constructor se había convertido en un mito reencarnado en esa talla de madera purulenta y leprosa como él.

    Ciertamente, ese Cristo representaba mucho más para el pueblo que el simple recuerdo de Gaspar Mora; pero para comprender la profundidad de esa creencia es necesario conocer el mito, para lo cual se analizarán, en primer lugar, los signos que sacralizan a Gaspar y sus consecuencias; para continuar con la constitución del espacio sagrado (Cerro de Itapé) y los rituales que surgen del nuevo culto al Cristo de Itapé, para luego encontrar la verdadera magnitud de su mitificación y veneración que, desde mi punto de vista, es absolutamente ajena a la tradición cristiana que lo tiene como figura absoluta.

  • Los signos.

  • Uno de los primeros signos es su desaparición misteriosa. De un momento para otro nadie en el pueblo sabía que es lo que había pasado con él y, por esa especial veneración que sentían por su persona el pueblo todo sufría su ausencia y pedía por su regreso:

    “Las viejas mandaron promesas por su retorno. Las muchachas andaban tristes con la cabeza ladeada hacia la pena...”

    Un segundo signo fue la enfermedad.10

    Siguiendo a Eliade, es importante consignar que “lo sagrado es al mismo tiempo maculado...”

    “Enfrente, sentado sobre un tronco, Gaspar estaba tocando una guitarra blanca. Sin barnizar... Está enfermo. Tiene el mal de Lázaro...”

    Y, en este sentido, la enfermedad de Gaspar era la mácula que lo convierte en elegido11 y, no solo sufre, sino que manifiesta un sufrimiento por encima de su propia enfermedad:

    “¿Sufro? Si, sufro. Pero no por esto...-se echó una mirada hasta los pies- Sufro porque tengo que estar sólo, por lo poco que hice cuando podía por mis semejantes...”

    Teniendo en cuenta el sentimiento particular de los guaraníes, el conocimiento de la enfermedad de Gaspar, unido a su aislamiento es un signo fuerte de la elección sobrenatural que recayó sobre él. Pero, según el autor que seguimos para estos análisis “...No puede uno acercarse a lo maculado o consagrado cuando se está en condición profana, es decir cuando no se está preparado ritualmente...”12

    Dice el hachero que lo encuentra en el monte respondiendo a Macario:

    “-No puedo contar...- se defendió el hachero

    -Vas a contar -le conminó el viejo-.Tenemos que ir a buscarlo.

    -Le juré sobre el hacha que no diría nada. Gaspar quiere estar sólo...”

    Gaspar era un ser estigmatizado y, en consecuencia elegido.

    Había sido tabuado por la enfermedad y solamente a la luz de la cita de Eliade puede entenderse que la loca de Carovení fuera, junto con Macario, el ciego los únicos que podían acercarse a él para conversarle o llevarle alimentos que, sin embargo, dejaban a una distancia prudente.

    Sin duda, la sola enfermedad no era un inconveniente, había en las afueras del pueblo un leprosario, otros, en semejantes condiciones podrían haber compartido sus últimos días. Sin embargo, por elección y en una actitud cercana a la de los chamanes, prefiere estar solo.13

    Un tercer signo fue su desaparición definitiva que coincide con la llegada del cometa.

    Teniendo en cuenta la idea de los guaraníes acerca de las fuerzas cosmogónicas que provocarían la destrucción del mundo a partir del fuego, es fácil entender la fuerza que un fenómeno como el de la aparición del cometa habrá tenido para este pueblo:

    “...Cundió el pánico. Era el anuncio resplandeciente del fin del mundo. La nueva terrible del castigo se amplificaba en la iglesia, entre las lamentaciones y los rezos...”

    Dice María Rosa, la chipera:

    “¡Ya no está... se fue! -murmuraba con tranquila desesperación- ¡Se lo llevó el cometa!

    Esta desaparición signada por el espanto o la espera de la destrucción final fue la ruptura del tiempo profano para permitir la irrupción del pueblo en el tiempo sagrado.

    A la desaparición de Gaspar y la presencia del cometa siguió una profunda sequía que le es atribuida al fenómeno cósmico. A ella la comprobación de que el leproso no había retirado los últimos alimentos y posteriormente apareció su cuerpo “de bruces sobre los guijarros y la arena del cauce seco”.

    La sed de Gaspar fue un nuevo signo. El había dicho a Macario que ya estaba muerto. Encontrarlo de bruces junto al cauce seco era, de suyo, todo un símbolo.

    En efecto, dice Mircea Eliade al referirse al simbolismo de las aguas: “...En la espera del retorno del circuito cósmico o de la liberación definitiva, el alma del muerto sufre y ese sufrimiento es habitualmente expresado por la sed...”14

    Pero, si el agua fue la culminación de su sufrimiento, el agua fue también su consagración definitiva como mito encarnado en esa talla de madera encontrada por Macario, del cual el narrador dice:

    “Le sobrevivía apaciblemente. Sobre la pálida madera estaban las manchas de sus manos purulentas. Lo había tallado a su imagen y semejanza. Si un alma podía adquirir forma corpórea esa era el alma de Gaspar Mora”.

    Y sobre el cual Macario afirma:

    “...¡Es su hijo! (...) Lo dejó en su reemplazo...

    El agua fue el fin y el comienzo de algo nuevo, y un signo brutal y definitivo para la consagración de esa reencarnación de Gaspar que era el Cristo de madera, ya que cuando lo bajaban del monte para llevarlo al pueblo cayeron las primeras gotas de una lluvia torrencial, con toda la carga simbólica que en sí misma tiene.

    “...Al entrar en el pueblo la torrentada de la lluvia caía sobre ellos desplomándolos, entre los relámpagos y los aletazos del viento. El Cristo chispeaba como electrizado...”

  • Los rituales: su nacimiento y explicación.

  • Desde el reconocimiento de una propia liturgia nacida el mismo día en que el Cristo de Gaspar fue descendido del monte donde el hombre se alojaba, hasta la confirmación de que el rito era áspero y rebelde y primitivo, hay un mundo que separa lo cristiano y lo pagano de un culto que abreva en lo más profundo de la relación del hombre con lo divino.

    1. Semejanzas.

    a) La celebración del Viernes Santo que es coincidente con la liturgia católica de Semana Santa.

    b) El Sermón de las Siete Palabras y el Vía Crucis son dos rituales propios de la misma liturgia pascual.

    2. Diferencias.

    a) Dice el narrador que:

    “El gentío bajaba el cerro con la talla a cuestas ululando roncamente sus cánticos y plegarias. Recorría la media legua del camino hasta la iglesia, pero el Cristo no entraba en ella jamás...”

    y, en lugar del recogimiento propio del Viernes Santo Católico la llegada a la Iglesia es descripta de la siguiente forma:

    “...los cánticos arreciaban y se convertían en gritos hostiles y desafiantes (...) Un rato después (...) el Cristo regresaba al cerro en hombros de la procesión...”

    La iglesia no era el lugar sagrado que contenía al Cristo. El lugar Sagrado estaba ubicado en el cerro.

    (En las supersticiones populares es bastante común que los cementerios o los lugares sagrados se ubiquen en los cerros en la creencia de que en las alturas se está más cerca del cielo.)

    b) Según la liturgia Católica, el Viernes de la Pasión se conmemora el día en el que Nuestro Señor Jesucristo muere en la cruz y, ateniéndonos a lo que significa según Eliade el rito, esta repetición del camino del calvario representa para el cristiano a reactualización de las promesas de Salvación y la renovación de la Nueva Alianza sellada con la sangre derramada por la humanidad.

    c) En el ritual itapeño no se veneraba al Cristo sino que se lo vengaba.

    “Pero la gente de aquel tiempo seguía yendo año tras año al cero a desclavar el Cristo y pasearlo por el pueblo como a una víctima a quien debían vengar y no como a un Dios que había querido morir por los hombres”

    Venganza para un Cristo que era como ellos:

    “Quizás no era más que el origen del Cristo del cerrito, lo que había despertado en sus almas la extraña creencia de un Cristo harapiento como ellos, y que, como ellos era continuamente burlado, escarnecido y muerto, desde que el mundo era mundo.”

    Dice Eliade que:”una hierofanía se vive y se interpreta de manera diferente por las elites religiosas y por el resto de la comunidad”; para agregar más adelante que: “las dos hierofanías son coherentes, es decir que las modalidades de lo sagrado reveladas a partir de ellas no son en absoluto contradictorias, sino integrables y complementarias...” 15 De acuerdo a esta línea de razonamiento y aplicándola a la comprensión de este culto casi doble, se trata, en el fondo de las mismas creencias -Cristo-calvario-cruz o Pasión, Muerte y Crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo- pero, en el primer caso es una hierofanía transparente que revela la importancia simbólica de la muerte de Jesús, y, en el segundo, una hierofanía críptica, más localista que tiene que ver con la forma en que la comunidad reinterpretó o reprocesó los conceptos que su condición de pueblos evangelizados guardaba en las prácticas religiosas cotidianas.

    Cabe preguntarse, entonces, el porqué de aquella liturgia que sin alejarse totalmente de la Católica no respondía a sus cánones tradicionales; y quizás la respuesta se encuentre en la reconstrucción de los pasos que fueron construyendo la nueva liturgia a partir de las marcas textuales que así lo permiten y que intentaré consignar en un cuadro con sus correspondientes apreciaciones.

    Constitución de la hierofanía del Cristo de Itapé.

    Antes del cuadro es necesario marcar algunos puntos que deberán ser tenidos en cuenta y que comienzan a marcar las diferencias.

    Estos son puntos, a mi juicio, importantes para poder comprender la resignificación de rituales cristianos unidos a los conceptos cosmogónicos de los aborígenes guaraníes.

    MANIFESTACION DE LO SAGRADO

    “...era un Cristo de madera del tamaño de un hombre (...) Allí estaba el manso camarada...”

    CANTICO

    “...luego de un rato empezó a cantar con voz rota y débil ese estribillo casi incomprensible del “himno de los muertos”. Se interrumpía a trechos y recomenzaba con los dientes apretados. El canto ancestral se apagó por fin en sus labios...”

    DESCENDIMIENTO

    “La procesión de esa extraño descendimiento avanzaba por la picada sin rumbo, sin hogar, sin destino, por la sola vasta patria de los desheredados y los afligidos...”

    RECHAZO

    “...es la obra de un lazariento...(...)

    No podemos meter adentro eso (...) Es cierto que tiene la figura de Nuestro Señor Jesucristo. Pero el enemigo es astuto. Por destruir la salvación de nuestras almas es capaz de tomar la figura del Redentor...”

    CONSAGRACIÓN

    “¡Es un hombre que habla!¡A Dios no se le entiende... pero a un hombre sí!... ¡Gaspar está en él!...¡Algo habrá querido decir con esta obra que salió de sus manos cuando ya estaba muerto!...

    Las necesidades del pueblo, la falta de comprensión de las autoridades religiosas que no les ofrecían respuestas mostrándoles un Dios al que, desde sus mentalidades llanas no entendían y una serie de signos como los que fueron detallados oportunamente mitificaron a Gaspar Mora y lo encarnaron en una talla de madera que sin cruz parecía ser uno más de ellos.

    Dice el narrador:

    “Tres días con sus noches deliberaron junto al Cristo...”

    y agrega más adelante en una descripción que muestra el momento en que es instaurado el espacio sagrado:

    “Alguien, quizás el mismo Macario, recordó que la lluvia había empezado a caer cuando pasaban frente al cerro. Se les antojó que era muy parecido al cerro del Calvario. Allí debía estar, pues, el Cristo leproso. Al aire libre y cerca del cielo...”

    La iglesia no recibió a un Cristo que era como ellos, harapiento y sufriente; y en su ritual lo bajaban hasta la misma entrada como una muestra de que ellos, su pueblo, se habían solidarizado con quien los representaba mucho mejor que ese Dios que no entendían, un hombre hecho Cristo que, como ellos necesitaba ser vengado.

    Cabría preguntarse el porque de esta necesidad o el porque del nacimiento del nuevo culto; y en este sentido, quizás ayuden algunas apreciaciones de Jung sobre aspectos relacionados con la religión.

    Dice Jung: “...la naturaleza de la religión es esencialmente simbólica...”, y consecuente con su postulado de que los símbolos deben ser “vividos” profundamente por la persona, agrega más adelante que: “...aquellos sujetos incapaces de “vivir” sus símbolos arquetípicos no pueden menos que encontrarlos carentes de sentido, y el hecho de que subordinen sus símbolos a los criterios de la conciencia, indican que dichos símbolos han dejado de estar, para ellos, grávidos de significado...”

    Estas apreciaciones justifican ampliamente lo acaecido en el pueblo de Itapé, puesto que el hombre religioso -y la gente de Itapé lo es- necesita vivir en lo sagrado, que según Eliade implica:”...situarse en la realidad objetiva, de no dejarse paralizar por la realidad sin fin de las experiencias subjetivas, de vivir en un mundo real y eficiente y no en una ilusión...”

     

    Conclusión parcial.

    De la misma manera que se planteaba en el análisis, la construcción del sentido mítico del texto es también compleja teniendo en cuenta la amplitud manifiesta en el simbolismo de los mismos.

    Del análisis surge una fuerte intertextualidad con los relatos bíblicos del A.T, así como la identificación precisa de algunos personajes que, no casualmente, se corresponden con otros particularmente importantes de la primera parte de las Sagradas Escrituras.

    Es sabido que el A.T. y especialmente el Éxodo es una historia de liberación del hombre. En efecto, si el Génesis nos narra la creación y la caída, junto con la primer promesa de la tierra prometida; el Éxodo, por su parte cuenta la historia propiamente dicha de la liberación del pueblo de Dios y sus padecimientos a lo largo de la marcha por el desierto hasta llegar a la que será su patria definitiva.

    Dice el narrador:

    “La aguja de la sed marca en ellos la dirección del agua en el desierto, el mas misterioso, sediento e ilimitado de todos: el corazón humano. La fuerza de su indestructible fraternidad es su Dios. La aplastan, la rompen, la desmenuzan, pero vuelve a recomponerse de los fragmentos, cada vez más viva y pujante.”

    El pueblo de Israel, como el de la ficción es un pueblo oprimido, que sufre, que tiene nuevas caídas y nuevas recuperaciones. En el fondo, la analogía de ambos pueblos intentan, desde mi punto de vista, mostrar un mismo estigma, un mismo destino, un mismo sufrimiento. Un pueblo, en definitiva que fue capaz de sobreponerse a tanto dolor, que se unificó detrás de su Dios y que siguió luchando merced a la esperanza que eran capaces de transmitirles los profetas a partir de sus visiones.

    Ezequiel fue quien trabajando sobre la oposición condenación-salvación traía a su pueblo el mensaje de la instauración definitiva del reino mesiánico; su teología era una teología de la esperanza.

    No es casual la representación casi exacta del profeta en la figura de Macario, una conciencia que advertía a los itapeños -y en ellos al resto- la necesidad de persistir en la lucha y continuar confiando en sí mismos para buscar un cambio aún a costa de sacrificios.

    “El hombre, mis hijos, tiene dos nacimientos, Uno al nacer y el otro al morir...”

    Con esta frase, Macario intentaba transmitir a su pueblo la necesidad de renacer a una nueva vida, pero sus palabras, como las de Ezequiel eran todavía incomprensibles para el pueblo.

    Job fue el hombre que sólo llegó a conocer el verdadero rostro de Dios después del dolor, igual que Gaspar, aceptando fielmente la carga tan penosa, y reflejando en el Cristo de madera purulento y sanguinolento el verdadero rostro de un Cristo extraño a la propia Iglesia, que, contrariamente, lo consideraba impuro.

    Elías era la prefiguración de Jesús, en el A.T. Nombrado varias veces en el N.T como identificado con Juan el Bautista, el que precedió a Jesús anunciando su llegada.

    Todos estos personajes con sus correspondientes bíblicos transmiten un mensaje profundo: no claudicar, no entregarse, no escapar a las circunstancias que el destino nos impone. Abrevar en el reflejo de otros pueblos que padecieron las mismas humillaciones y penurias y seguir adelante.

    Dice el narrador:

    “...recomienza el éxodo de la gente a las fronteras en busca de trabajo, respeto y olvido. Pero quedan muchos. Los agricultores, los peones del ingenio, los obraceros, braceros y mensúes han comenzado a reorganizarse en movimientos de resistencia para imponer salarios menos negreros (...)

    Algo tiene que cambiar. No se puede seguir oprimiendo a un pueblo indefinidamente. El hombre es como un río, mis hijos..., decía el viejito Macario Francia. Nace y muere en otros ríos. Mal río es el que muere en un estero.”

    Coincidente con las creencias de los aborígenes de la región que, al decir de Eliade, entendieron como nadie la fatiga del mundo, el A.T. en su búsqueda de la tierra prometida se equipara a la necesidad de recomenzar de los guaraníes que antes de la destrucción del mundo por el fuego, buscan una tierra sin pecado, un símil del paraíso terrenal donde recomenzar una nueva vida.

    Las alusiones al N.T. instauran la idea de realización del plan de salvación del hombre preparado por Dios.

    Leemos en la presentación del éxodo que el N.T. presenta el antiguo Éxodo “ como una prefiguración de la obra redentora de Cristo, la verdadera Pascua (...) El Éxodo es el prototipo de todos los actos salvíficos”; de lo cual se colige que no son dos testimonios separados, como fuera expresado oportunamente, sino que se complementan; si uno revela los planes salvíficos de Dios para con la humanidad, el otro los realiza en la figura redentora de Cristo.

    La creación del nuevo culto a Gaspar tiene una máscara que es la figura del Cristo de Itapé, y nos advierte el texto que en él se daba una manifiesta “inversión de la fe”. Un Cristo que en lugar de haber dado su vida por los hombres necesitaba ser vengado, dice el narrador.

    Decía anteriormente16 que el hombre religioso necesita vivir en lo sagrado, que la religión es eminentemente simbólica y que el hombre religioso necesita imperiosamente “vivir sus símbolos”.

    Las contradicciones del cura de Itapé y la falta de comprensión de un misterio que como dice el narrador “no cabía en sus simples entendimientos”, los llevaron a resignificar los símbolos de una religión que no entendían, identificándose en la burla el escarnio, la burla, la muerte inútil de alguien que hombre como ellos, harapiento como ellos podía llegar a redimirlos.

    Con Gaspar algo había cambiado, la sequía se clamó con la lluvia del día en que bajaron al Cristo del cerrito y esa insurrección permanente que movía a la gente del pueblo fue el comienzo de la insurrección generalizada después contra el estado precario en que vivían.

    El estigma de la cruz.

    Dice el señor al profeta Ezequiel:

    “Pasa por la ciudad, recorre Jerusalem y marca con una cruz la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las nefastas acciones que se cometen dentro de ella. Pude oír lo que les dijo: "“recorred la ciudad detrás de él y herid. No se compadezcan vuestros ojos ni tengáis piedad. Matad a ancianos, jóvenes, doncellas y niños y mujeres hasta el exterminio. Pero no toquéis a quienes tengan una cruz en la frente” (Ez.9,4-6)

    En el A.T. la marca de la cruz fue un signo de salvación. En el N.T. la cruz es signo de salvación a partir de la muerte.

    El pueblo de Dios, o aquel “resto fiel” al que se refería Ezequiel, heredero del reino mesiánico estaba estigmatizado por la cruz, y una cruz fue el sello de la Alianza definitiva entre el hombre y Dios.

    Desde la técnica de la novela, y si prestamos atención al análisis efectuado, vemos que la intertextualidad más fuerte es con el A.T. (historia, personajes) la semejanza es profunda y tiene muchas correspondencias casi textuales. El N.T., por el contrario, es sólo alusivo, se advierte en lo superficial del texto. Es como si, al igual que el pueblo de Dios, el pueblo de la novela (la historia) estuviera sellado por la cruz (las marcas textuales), en un texto, a todas luces tan crucificado como el pueblo de Itapé.

     

    NOTAS

    [1] Es necesario dejar constancia que la Santa Iglesia Católica no acepta de ninguna manera la idea de que el personaje de Cristo sea visto como un personaje mítico. Los primeros teólogos de la iglesia se negaron a ver en la persona de Jesús un personaje “mítico” y en el drama cristológico un mito, viéndose precisados a determinar y defender la historicidad de Jesus. Sin embargo, Mircea Eliade en Mito y realidad.“Pervivencias del mito y los mitos enmascarados” hace una extensa exposición de los motivos que llevaron a ciertos estudiosos a estudiar más a fondo textos que están plagados de elementos mitológicos.
    Desde mi punto de vista, y teniendo en cuenta la función que cumplen los mitos en las sociedades, he decidido obviar un tema que fue y seguirá siendo foco de discusión entre los teólogos y me quedo con lo que incuestionablemente tiene de mítico la historia de la Vida, pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo reactualizada todos los años en las diferentes festividades religiosas cristianas.

    [2] Foucault, Michel. Op. Cit. p. 3

    [3] Eliade Mircea. Tratado de Historia de las Religiones. Op.cit. p.25

    [4] Ibidem. Cfr. P.28

    [5] Mircea Eliade. Mito y realidad. Op. Cit. p.64

    [6] Ibidem.

    [7] Ibidem.

    [8] “...Para el hombre no religioso, el tiempo no pudo presentar ni ruptura, ni misterio (...) tiene un comienzo y un fin que es la muerte, el aniquilamiento de la existencia...Eliade, Mircea. Lo sagrado y lo profano, Op. Cit. Cfr. p.65

    [9] El músico: “Con frecuencia simboliza la atracción de la muerte (...) La música es una zona diferenciada entre lo diferenciado (material) y lo indiferenciado (la voluntad pura). Por esto se utiliza en los ritos y liturgias. Cirlot, Juan Eduardo. Op. Cit. Simbolismo del músico.

    [10] Eliade, Mircea. Tratado de historia de las religiones. Op. Cit. Cfr. P. 38

    [11] “Los sufrimientos del elegido se asemejan en todos los puntos a las torturas iniciáticas; como el candidato recibe la muerte de los demonios (...) el futuro chamán se ve cortado y despedazado por los demonios de la enfermedad...” Eliade, Mircea. Mitos, sueños y misterios. Edit. Grupo Libro. España, 1991.

    [12] Eliade, Mircea. Tratado de historia de las religiones. Op. Cit. Cfr. P. 39

    [13] “Tales estigmas denotan una elección, los que están provistos de ellos sólo tienen que someterse a la divinidad y a los espíritus que los han singularizado así convirtiéndose en sacerdotes, chamanes o hechiceros...” Eliade. Op. Cit. p...

    [14] Eliade. Op. Cit p. 187

    [15] Eliade Mircea. Op. Cit. p. 31

    [16] Ver citas anteriores Jung y Eliade p. 43 de este trabajo.

     

    © Rosa C. Audubert 2002
    Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

    El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/roa_2.html