Sylvia Lago: "la literatura no tiene sexo, pero quienes la escriben sí"

Mónica Flori
Lewis & Clark College (USA)


 

¿Qué escriben las mujeres uruguayas hoy?
Conversación con Sylvia Lago.

Sylvia Lago (Montevideo 1932) es novelista, cuentista, crítica literaria, catedrática de literatura uruguaya y directora del Departamento de Literatura Uruguaya y Latinoamericana en la Facultad de Humanidades de Montevideo, Uruguay. Dentro de su obra narrativa se destacan Trajano (Alfa, 1962); Tan solos en el verano (Feria del Libro y del Grabado,1965); Detrás del rojo (Alfa, 1967); La última razón (Arca, 1968); El corazón de la noche (Editorial de la Banda Oriental,1987); y la recopilación de cuentos escritos entre 1965 y 1995 Días dorados, días en sombra (Planeta, 1996); Saltos mortales (Planeta, 2001). En 1998 se publicó, bajo su dirección, el proyecto colectivo de investigación: Narrativa uruguaya de las últimas décadas (1960-1990): Las marcas de la violencia, incluido en la colección de escritores uruguayos titulada Aproximaciones. Esta entrevista tuvo lugar en la Facultad de Humanidades de Montevideo, el 11 de octubre del 2000.

MF: ¿Qué escriben las mujeres escritoras en el Uruguay?

SL: En el período dictatorial la mujer tuvo una representatividad importante. Yo me quedé en el Uruguay y como otras poco pude publicar. Preferí no hacerlo en ese período, por razones de seguridad, pero también como una forma de protesta. Algunas escritoras, sobre todo las que estaban en el exilio como Cristina Peri Rossi, daban su mensaje desde fuera del país. Las que nos quedamos, como Mercedes Rein y yo, no podíamos editar porque nos sacaban los libros de las librerías, e inclusive se corría riesgo de vida.

MF: Pero supongo que seguían escribiendo.

SL: Al oscuro digamos, para el cajón. Después de la dictadura publiqué dos libros que tienen mucho que ver con el período de violencia. El corazón de la noche, un libro de cuentos que salió en 1985 y, en 1996, Días dorados, días en sombra que es una recopilación de cuentos escritos durante treinta años. Las mujeres siguieron escribiendo sobre su temática, sobre todo las escritoras que ya tenían una obra. Por ejemplo, Marosa Di Giorgio continúa escribiendo sobre su jardín natal, sobre la poesía, de su casa infantil. Los hechos políticos no se reflejan en su literatura. Hay literatura de la cárcel, de mujeres que estuvieron presas, como la poeta Gladys Castelvecchi.

MF: ¿Cambió el estilo de escribir durante ese período de censura?

SL: Se escribía mediante eufemismos y circunloquios. Porque si uno quería ser publicado tenía que escribir para el que leía entrelíneas ya que había una censura muy fuerte. Pienso en una escritora como Mercedes Rein, quien continuó publicando después del período en que estuvo presa. Ella estuvo presa en la misma época que (Juan Carlos) Onetti. Su novela Bocas de tormenta es una obra simbólica. Hoy cualquier uruguayo interpreta los símbolos con referencia a una realidad. En el caso mío, yo siempre parto de la realidad, incluso tengo cuentos muy revolucionarios, basados en acontecimientos reconocibles, que durante el período no podían salir porque trataban esa temática. Así en 1972 apareció Las flores conjuradas, mi libro de cuentos de un marcado tinte político. Poco tiempo después desmantelaron la editorial que lo publicó y quemaron sus publicaciones.

MF: ¿Y qué se escribe con el retorno a la democracia y en el Uruguay hoy día?

SL: Una vez que se abre el período llamado de redemocratización podemos editar sin problemas. Entre las escritoras en narrativa tenemos a Cristina Peri Rossi, pero fuera del país, siempre en el exilio y preocupada por lo nuestro. Silvia Larrañaga, quien está radicada en España, cuya última novela se llama El gran café. Es una novela algo fantástica, muy interesante, con el clima parecido al de (Mario) Levrero. Mercedes Rein sigue escribiendo. Yo estoy por publicar en Planeta una novela, que recupera aspectos políticos del Uruguay y la Argentina, se llama Saltos mortales. Está también Teresa Porzecanski que en sus novelas se preocupa mucho por el tema de sus orígenes judíos. Y Alicia Migdal, quien escribe poesía y prosa y ha escrito textos muy lindos acerca de su comunidad judía y de su infancia. Ahora empieza a surgir una serie de narradoras jóvenes, incluso algunas de ellas tienen muy poco publicado, como Cecilia Alvarez. Está Ana Solari, una muy buena escritora y también Andrea Blanqué, autora de muy buenos cuentos, y Marisa Silva, una escritora feminista, que ha sacado premios y maneja muy bien la prosa. En el teatro se destacan Ana Magnabosco y Raquel Diana.

MF: ¿Incide mucho en sus obras el tema de los desaparecidos y de la memoria histórica que ahora se ha vuelto prominente en el diálogo cultural?

SL: Todo el tema político gira en este momento en torno de lo que se está tratando de recuperar a través de la memoria. Pienso que la narrativa ahí cumple una función enorme porque actualiza hechos que no deben olvidarse. Es la memoria de los que quedamos, y hacemos presente una realidad insoslayable. En este sentido hay nombres paradigmáticos, como los de Mario Benedetti o Eduardo Galeano. Sé de mujeres que están escribiendo sobre memorias de la cárcel, como Gladys Castelvecchi. Tienen, estos escritos, gran valor testimonial. Pero es un tema que ha sido tratado más por escritores, como por ejemplo Ernesto González Bermejo o Fernando Butazzoni.

MF: ¿Existe una narrativa gay o lesbiana escrita por mujeres en el Uruguay?

SL: Poco, hay escritoras gay sobre todo entre las mujeres más jóvenes que todavía no se han lanzado a publicar, pero que están escribiendo. No me atrevería a decir nombres porque muy definidos, no los hay. Supongo que es un tema que está candente y que está para explotar en la narrativa nuestra, pero que todavía no existen plenamente las condicionantes sociales. La mujer está un poco reprimida, sale a una marcha, se manifiesta como tal, no se excluye dentro de los diferentes, pero le cuesta más salir con su nombre, en cambio los varones ya lo han hecho. En cambio hay un escritor joven, Daniel Muñoz, que ha escrito obras interesantes con esa temática. La mujer uruguaya, en cambio, está todavía bastante contenida en ese aspecto.

MF:¿Hay un fuerte movimiento feminista?

SL: Sí, diríamos que no en exclusividad en lo literario. La mujer feminista se integra a los núcleos sociopolíticos, a los grupos marginados, a las marchas, a los congresos. En un simposio sobre el género en la Facultad (de Humanidades) se discute si hay un estilo de la mujer, si la literatura tiene sexo o no. En mi opinión, la literatura no tiene sexo, pero quiénes la escriben sí lo tienen. En el estilo se nota la impronta del autor, sea mujer u hombre.

MF: De lo anterior se desprende que la mujer tiene más dificultad en escribir y publicar sobre ciertos temas.

SL: Creo que hay una autocensura todavía fuerte en la mujer, más que en el hombre. Pero uno está viviendo en un país que conserva componentes machistas muy fuertes. La mujer defiende su “posicion” doméstica y le cuesta manifestarse plenamente. Noté, en un congreso feminista en el Canadá en 1989, que las argentinas están más liberadas; el Uruguay parecería ser más provinciano en estos aspectos.

MF: ¿Y esto influye en esta discrepancia genérica en publicar memorias de la cárcel?

SL:No con respecto a esa temática. Hay muchas mujeres escribiendo sobre experiencias de la cárcel, incluso historias de vida, modalidad que está muy de moda.

MF: ¿Quiénes leen las obras escritas por las escritoras mujeres? ¿Es un público de mujeres?

SL: No, en ese sentido estamos parejas con los escritores, nos leen mucho y vendemos bastante, sobre todo las narradoras. La poesía menos, pero pasa también con el hombre. Las grandes editoriales nos piden los materiales y nos publican. Nosotros no tenemos problema para publicar. No ganamos mucho en cuanto a derechos de autor, ganamos muy poco, pero no pagamos ediciones.

MF: Le agradezco mucho la entrevista.

 

© Mónica Flori 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/s_lago.html