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Una novela para leer en voz alta

por Marina Romero Naranjo (*)

Asegura Pablo Zamora Muñoz en la introducción al libro que contiene la traducción de Mai sentita così bene, de la autora italiana Rossana Campo (Génova, 1963), que las novelas de esta escritora son romanzi di conversazione (novelas de conversación). Acertadísimo.

Mai sentita così bene, de 1995, cierra una trilogía comenzada por esta autora italiana en 1992 con In principio erano le mutande y continuada en el siguiente año con Il pieno di super. Constituyen cada una de las tres novelas una especie de cuadro teatral donde la historia se apoya básicamente en los diálogos o bien en los pensamientos de una voz protagonista cuya presencia se evidencia con mayor o menor intensidad, según la novela. En las dos primeras, este personaje principal, eje de la narración, aparece dibujado con mayor claridad, pero en Mai sentita (síncopa del título que la propia Campo utiliza siempre) realmente no existe una jerarquía de personajes y en ese cuadro teatral intervienen atropelladamente unas y otras (son todos personajes femeninos). No es éste un texto de fácil comprensión en una primera lectura, y por tanto tampoco resulta fácil su traducción. El argumento del que parte sí es claro. Seis mujeres italianas viven «exiliadas» en París (como la propia Campo) y se reúnen en casa de una de ellas para cenar. Los preparativos de la cena, las compras previas, la propia cena y los postres darán mucho de sí en una larga noche en la que estas mujeres intercambiarán sus últimas aventuras amorosas, sentimentales y sexuales, una velada que culmina con el descubrimiento de una traición que pone la guinda amarga y reflexiva a una historia que podría ser la de cualquier mujer de nuestro tiempo. Lo que resulta complicado, y por ello original y novedoso, es la forma en cómo está «montada» esta historia que más que con capítulos o párrafos parece construida a base de fotogramas y planos.

Mai sentita es una novela que se podría englobar en un nuevo género narrativo. Se encuentra a caballo entre el guión cinematográfico y el teatro, aunque pasado por el cedazo de la literatura. Incluso más que una «novela de conversación», como afirma Zamora, más bien estaríamos hablando de «novelas para leer en voz alta». La complicación de este libro no radica ya en el argumento, sino en esa libertad lingüística y formal que utiliza su autora para contar ese argumento, rasgo que se ha convertido en un estilo propio. El libro carece así de cualquier coherencia tipográfica. En él se hace caso omiso de la puntuación o del correcto uso de los guiones en el diálogo; las acotaciones se suceden continuamente, unas veces entre paréntesis, otras entre comas, a modo de texto dramático o cinematográfico, e incluso en ocasiones no aparece ningún rasgo formal que las identifique; las frases permanecen suspendidas con la coma ortográfica ante las continuas interrupciones del discurso de cada personaje; los temas se pisan unos a otros y los pensamientos se entrecruzan con los diálogos; es frecuente la anarquía absoluta en el empleo de la letra mayúscula o la deformación formal de las palabras, esto es, duplicación de vocales, interrupción de la última sílaba, separación de las letras a través de guiones. Dicho de este modo parece que estuviéramos hablando de una obra caótica, pero es precisamente esa falta aparente de una revisión más escrupulosa, esa locura estructural que posee la novela de Rossana Campo, la que la convierte a su autora en una inteligentísima trasgresora de los cánones lingüísticos y a su traductor en un auténtico héroe capaz de conseguir hilvanar un texto de estas características. Aquí lo único que importa es que estamos ante una conversación. Podrían haber sido tres, dos e incluso una sola, las protagonistas de esta historia. No forzosamente seis. De hecho el lector a duras penas llega a saber cuántas son las mujeres que intervienen en esta multiconversación, pero no es algo imprescindible, no es algo por lo que se detenga la acción o el ritmo del argumento. A la irrelevancia de los personajes precisamente se refiere Angelo Guglielmi (1995) cuando afirma que en las novelas de la Campo los verdaderos actores son las palabras.

Es esta la primera impresión que causa Mai sentita, que estamos ante algo diferente pero cercano y, aunque la lectura puede resultar desordenada, en seguida se resuelve al comenzar a leer, cuando el lector aborda la primera página y se da cuenta de que el texto le pide que entone en voz alta lo que acaba de leer, algo que también Albertini (1995) ha advertido al asegurar que los libros de Rossana Campo no se leen, se escuchan.

En España hallamos un fenómeno similar con Manolito Gafotas. Este personaje, en fin, esta historia fue concebida en principio por su autora, Elvira Lindo, como un libro para escolares y finalmente ha sido adaptada a guión radiofónico, teatro y película. Las peripecias del simpático Manolito nacieron precisamente de las conversaciones que esta escritora (no olvidemos que es además guionista de cine), oía de sus hijos y sobrinos, conversaciones que probablemente se limitó primero a transcribir directamente y a las que luego fue añadiendo elementos de su propia inventiva. Un fenómeno parecido es el de El club de la comedia, unos monólogos que se han convertido en obra de teatro y programa de televisión, y que incluso han adoptado el formato de disco compacto. Se trata del mismo punto de partida: escuchar estas historias en voz alta. En este caso, no es un actor el que interpreta un texto ideado para conmover, sensibilizar o simplemente hacer reír al público, sino que es una personaje corriente el que «confiesa» a quienes tiene delante qué es lo que le ocurre cada mañana al levantarse, a qué personas tiene que soportar día tras día en el trabajo o qué hace para ligar una noche cualquiera en un bar. Estos monólogos no son unas piezas de teatro universales; al público le gusta oír eso que precisamente le ha pasado esa misma mañana al entrar en el ascensor. La cotidianidad se ha convertido hoy en algo brillante y la literatura, las artes, se hacen eco de ello. Son experiencias reales las que empiezan a interesar, las que se plasman en un libro o se cuentan en un escenario, experiencias cercanas que nos son familiares, que siguen esa máxima de «¿a quién no le ha pasado alguna vez esto?».

Rossana Campo lo sabe. Sabe que actualmente la inercia del impacto audiovisual es tremendamente fuerte en los receptores. La cadena de la comunicación no se centra ahora en la importancia del mensaje sino del medio. Ella misma reconoce que mientras escribía Mai sentita pensaba ya en la película: «Cinéfila como soy, mientras escribía la novela ya vislumbraba la película» (Arosio, 1995). Es más, Rossana Campo escribió su novela Il matrimonio di Maria (1998) a partir del guión radiofónico del mismo nombre, así como su primera novela, In principio erano le mutande, llevada al cine de mano de la directora Anna Negri en 1999.

Así, con este trabajo del traductor Pablo Zamora Muñoz, la obra de Campo se introduce en España para unirse a esta corriente que está emergiendo en nuestras librerías, teatros y salas de cine. Pero no deja de ser curioso cómo ha entrado un libro de estas características en nuestro país. Digamos que es un tipo de literatura que, abanderada por una autora moderna, feminista, muy de nuestro tiempo, atrevida y singular, podría responder positivamente a la demanda del público y del mundo editorial. Si hablásemos de estas novelas simplemente como un producto apoyado por un buen plan de marketing, probablemente resultarían ser todo un éxito. Sin embargo, Mai sentita così bene penetra en España en forma de estudio lingüístico, a través de una edición poco comercial y cuyo diseño, que resulta poco llamativo, no parece corresponder al bombazo coloquial e inteligentemente humorístico que guardan sus páginas. Así pues, la primera incursión de Rossana Campo en el mundillo literario español se topa con un público muy especial: estudiantes de lengua italiana. Éstos se van a encontrar con un estupendo manual de conversación, de giros y expresiones coloquiales, de registro espontáneo y desenfadado, además de un interesante catálogo de información útil sobre el pensamiento de la mujer, dicho sea de paso.

La elección de Zamora Muñoz de esta novela para ejemplificar el estudio de una lengua no puede ser más acertada. No se trata de seguir la tradicional metodología de listening, sino de oír una conversación «real» donde el lector tenga la sensación de haberse convertido en la séptima persona invitada a esa cena. Es algo así como la trascripción del contenido de una cinta de grabadora, o de un micrófono oculto en la solapa de cualquiera de las protagonistas. En la elección de Zamora Muñoz de este libro subyace la seriedad que encierra el trabajo de esta autora, a menudo tachada por algunos sectores críticos en Italia de ser una escritora de novelas de entretenimiento. Pero Mai sentita no es un libro para lectores poco exigentes, a quienes pasen desapercibidas alusiones como las de la repetida dialéctica Bobary-Karenina, las determinantes citas de Virginia Woolf, o la ironía del episodio del menor de edad y Fitzgerald, en la piscina. Mai sentita no es sólo una novela de tintes cómicos y fácil de leer; bajo el registro coloquial se esconde la extensa experiencia intelectual de su autora.

La penúltima frase de la novela, «¿y ahora cómo te sientes?», no es accidental. Rossana Campo deja ver bajo estas cinco corrientes y simples palabras un nuevo plano, el de la reflexión, para aquellos que sí se atreven a bajar de vez en cuando a los infiernos de su propia mente.

 

Bibliografía consultada

ALBERTINI, A. E., «Donne sull’orlo del rap», en Giornale di Brescia, 18 de noviembre de 1995, p. 37.

AROSIO, E., «Sei ragazzacce in cerca di un film», en L’Espresso, 28 de julio de 1995, p. 90.

GUGLIELMI, A., «Sei disinvolte ragazze di Campo», en Tuttolibri. Supplemento La Stampa, 29 de julio de 1995.

(*) Marina Romero Naranjo es periodista y escritora.


 El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/tan_bien.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2002