Temblor o la rebelión contra la norma

Dra. Marina Villalba Álvarez
Universidad Castilla-La Mancha
Marina.Villalba@uclm.es


 

   
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En Temblor, novela publicada en 1990 por la editorial barcelonesa Seix Barral, Rosa Montero recrea, siguiendo a Mª Dolores de Asís, "por vía imaginativa el mito de la iniciación a la edad adulta" (1) y posterior aprendizaje de una muchacha, Agua Fría, "en un mundo imaginario que posee sus propios perfiles: otros dioses, otras leyes, otros confines" (2), un mundo deshumanizado donde impera el dominio de las ideologías totalitarias. Estamos ante "una visión del mundo en clave de leyenda" (3), una visión del mundo narrada en tercera persona, que recoge todas las dudas personales en un continuo avance hacia la libertad, hacia el establecimiento de un nuevo horizonte. Porque la meta de este viaje al fondo de la condición humana es la búsqueda del Conocimiento y de la Verdad, palabras clave que sólo adquieren su significado real al final de la narración, cuando el poder de los representantes de la ley es sofocado y sustituido por un nuevo orden. Temblor simboliza la rebelión contra la norma imperante, que destruye los valores del ser humano y niega verdades tan fundamentales como que el mundo está regido por el azar monstruoso, en palabras de la propia escritora (4).

 

I. EL MISTERIO OMNIPOTENTE DE LA LEY: QUE SU PODER SEA TEMIDO

"Nunca más la tiranía de la Ley, nunca más el embrutecimiento de los dogmas:
para ser libres, los humanos tenían que aspirar a la omnisciencia de los dioses.
La voluntad y la razón creaban mundos" [Temblor. IV: El corazón de las tinieblas]

La Ley en Temblor se eleva a la categoría de leitmotiv, como fuerza que rige el comportamiento del ser humano. Estructurada la obra en cuatro partes, asistimos a una aceptación de la norma del Imperio en la primera parte, 'Tiempo de Fe', y a un posterior rechazo en las tres partes restantes: 'Camino del Norte', 'La medida del desorden' y 'El corazón de las tinieblas'. Si tenemos en cuenta la aceptación y posterior rechazo de la Ley por parte del personaje principal, Agua Fría, podemos establecer en el texto narrativo un doble plano a nivel semántico: Irrealidad/Realidad, determinado por la enseñanza errónea del Imperio. Desde el Talapot, palacio-fortaleza de la Ley, se proclaman falsos postulados en medio del caos reinante, motivado por el evidente deterioro del mundo.

De este modo y confirmando la teoría de la desigualdad de clase social, se impone la 'muerte verdadera' para la mayoría de los seres humanos, no elegidos por el Cristal: "Los pobres infelices que morían de muerte verdadera eran enterrados sin pompa y con premura, como si sus cuerpos fueran un residuo vergonzoso que hubiera que borrar cuanto antes de la faz del planeta" (5). Frente a la crueldad de la muerte verdadera, que provocaba, según la doctrina imperial, la persistencia de la niebla del olvido, los seres humanos elegidos, Anteriores o Sacerdotes, tenían derecho a una muerte plácida y honrosa: "Los Anteriores tenían derecho al ritual de difuntos: sus restos alimentaban a los buitres y surcaban así los limpios cielos. Convertirse en la sustancia de un ave formidable era un final hermoso" (6).

Por otra parte, el concepto de 'inmutabilidad' servía para perpetuar el Poder en manos de los sacerdotes del Talapot. Aquel que violara la Norma y pusiese en duda la noción del mundo como un continuo inmutable, sería castigado incluso con la máxima pena. Era preciso, pues, obedecer ciegamente los designios de la Ley, porque "La Ley era la Ley, y fuera de la Ley, no existía nada" (7). "La verdad es una e inmutable", "el mundo era uno y mismo, un absoluto", "las cosas son así, y siempre han sido así, ésa es la norma", "todo está escrito. No es posible cambiar el destino" (8) son expresiones que están presentes en el texto narrativo como demostración de la pervivencia de una tiranía que, ejercida desde la fortaleza, alcanzaba a todos los mortales, fuera cual fuera su categoría social. Frente al concepto de 'inmutabilidad', la noción de cambio obedecía a un engaño sensorial, a un error que se apodera de la mente: "caemos, a veces, al contemplar el mundo, en heréticos espejismos de evolución y diferencia" (9).

Contra estas falsas creencias, encaminadas a lograr el aislamiento del Poder y la destrucción del mundo, surge el deseo de descubrir la Verdad y de evitar el deterioro del universo. Estamos ante una realidad oculta, una realidad que es preciso desenterrar y descifrar, porque, como afirma Pedernal, "los designios de la Ley son muy oscuros y cada cual los interpreta según su conveniencia" (10).

Esta búsqueda de la Verdad lleva consigo la aceptación de que la realidad no es inmutable, de que "las aguas de un mismo río son siempre distintas". Al final de la primera parte, "Tiempo de Fe", Agua Fría recuerda las palabras de la vieja mendiga y descubre que "la realidad es un devenir continuo, una constante diferencia" (11). Precisamente, si la vida es siempre cambiante -“la vida es una sustancia siempre en fuga” (12)-, la existencia es irrazonable y "el mundo no se rige por la necesidad, sino por el azar" (13).

Al llegar a este punto, diremos que el azar, confirmando las palabras de Rosa Montero, "es una de las tesis fundamentales de la novela": "por puro y ciego azar (...) sucede todo en este mundo" (14). Ante lo inevitable, nosotros, los seres humanos, lo único que podemos hacer es buscar la felicidad, convertirnos en nuestros propios dioses, encontrar en definitiva la medida del desorden, como afirma Oxígeno, la Gran Hermana.

También, la consecución de la Verdad implica la negación de las nociones "muerte verdadera/muerte preferente", diferencia establecida por los sacerdotes en su intento vano de luchar contra el fin de la existencia y de evitar al mismo tiempo el mantenimiento de una sociedad igualitaria. Del mismo modo que el pueblo UMA, pueblo bárbaro y primitivo que habitaba Las Rocas Negras, tenía su propio ritual sagrado, enterrando una vez al año a todos sus difuntos en cámaras subterráneas, en el mundo de Agua Fría los poderosos inventaron el Cristal y la Ley contra la muerte. Al final, todos se esforzaban y todos perdían porque "la vida de los humanos no (es) sino un desesperado y siempre fracasado combate contra la muerte" (15).

Habíamos señalado al comienzo de este apartado que el personaje principal se rebela al final de la primera parte, a punto de concluir su aprendizaje como sacerdotisa, contra el Poder establecido. En su huída, camino del Norte, conocerá la existencia de una red clandestina de opositores a la Ley, una organización que pretende acabar con la dictadura del Orden y descubrir la Verdad. Oxígeno, máxima autoridad entre los rebeldes, es poseedora de la Razón, frente al Poder en manos de su hermana Océano, la Gran Sacerdotisa. Y precisamente será la Razón la que dicte esa búsqueda incesante de la Verdad en un mundo plagado de mentiras y falsas creencias. La despótica tiranía de la Dictadura, el Poder Absoluto, acaba agonizando bajo la violencia incontrolada de un pueblo sometido siempre a sus imperativos. La Ley del Imperio cederá paso, al final de la novela, a un nuevo orden, semejante al anterior, donde las expresiones "Que su Sabiduría sea Alabada", "Que su Misericordia sea Cantada", "Que la Ley sea Respetada", "Que la Ley Te Ilumine", y el ritual sagrado "Que la Ley nos acompañe y nos haga comprender la Eternidad" serán sustituidos por otras expresiones y rituales más acordes con la nueva época. Un nuevo Poder que llevará también "en sí mismo el ansia de perpetuarse, la tentación de lo absoluto" (16).

 

II. ANATOMÍA DE UN VIAJE: BÚSQUEDA DE LA VERDAD Y DEL CONOCIMIENTO

El paso de la época infantil a la edad adulta, con la consiguiente pérdida de inocencia, está magistralmente ilustrado por Rosa Montero en Temblor. Agua Fría cambia a medida que transcurren los años la túnica blanca de la niñez y la túnica rosa de la adolescencia por la túnica roja, que simboliza la superación de la disciplina y la iniciación a los conocimientos propios de la edad adulta. Ahora bien, cada etapa del ser humano está marcada por la culminación de un aprendizaje, que tiene como base fundamental la aceptación o no aceptación del sistema impuesto. Con frecuencia, cuando llegamos a la edad adulta, comprendemos que aquello que aprendimos en la infancia y adolescencia e incluso después, no responde a la realidad y lo consideramos erróneo.

En el mundo ficticio de la novela que nos ocupa, la verdadera iniciación y el aprendizaje de Agua Fría comienzan cuando huye del Talapot y rechaza los designios de la Ley. Es a partir de este momento cuando comprende que las enseñanzas recibidas en la Casa de los Grandes y en el Palacio-fortaleza de la Ley nada tienen que ver con la realidad que contempla. Ni la placidez de la Casa de los Grandes, experimentada durante dos años de su infancia, ni la disciplina severa sufrida durante su estancia en el Círculo Exterior del Talapot, ni la disciplina más atenuada en los Círculos del Conocimiento, Círculo de Sombras y Círculo de Tinieblas, están en relación con el mundo exterior. Solamente cuando se enfrenta con la realidad, comienza su verdadero aprendizaje.

Joseph Campbell en The Hero with the Thousand Faces (17) establece tres fases en el viaje alegórico del héroe mítico: Partida-Iniciación-Retorno. El héroe recibe la llamada de la aventura, la atiende no sin ciertas dudas, penetra en un territorio singular, cumple la iniciación mediante una serie de pruebas y finalmente alcanza una apoteosis en la que ya no siente deseo ni miedo. En este momento puede volver a reintegrarse.

Este esquema mítico, propuesto por Campbell, puede rastrearse en la novela de Rosa Montero. La heroína emprende viaje con un propósito concreto, descubrir la Verdad y alcanzar el Conocimiento. Se ve sometida a las presiones del nuevo territorio por el que transita, alcanza el esclarecimiento, y regresa de nuevo al lugar abandonado con el fin de detener el deterioro del universo.

La Partida en Temblor se efectúa al final de la primera parte, cuando la heroína considera superado el aprendizaje tanto de la edad infantil como de la edad adolescente y su paso a la edad adulta. Hasta este momento ha comprendido el significado de dos de los tres enigmas planteados por Magenta: "Las aguas de un mismo río son siempre distintas", "No entres en el corazón de las tinieblas sin haber salido antes". El tercer enigma, "Te convertirás en Dios si no cierras los ojos de tu mente", será descifrado por Agua Fría al final del viaje, cuando regresa a la ciudad del Imperio.

Durante su infancia Corcho Quemado, su Anterior, le enseñó el contenido de su propio nombre. Ésa era la norma. Talika, ahora Agua Fría, había crecido alejada del mundo en el recinto de los Grandes, "un lugar hermoso, con sus paredes blancas, sus suelos de colores brillantes, sus patios llenos de frutales y flores" (18). Posteriormente, la muerte de su Anterior y el comienzo de la menstruación marcarían el final de una etapa y el inicio de la edad adulta: será elegida por el Cristal Sacerdotisa del Palacio.

Su aprendizaje en el Talapot, "edificio megalítico (...) monstruoso cubo de más de trescientos metros de lado y otros tantos de altura, cuya base estaba compuesta por formidables bloques de piedra, pulidos pero de forma irregular, que le conferían un aspecto de muralla gigantesca" (19), comenzaba en el Círculo Exterior, círculo disciplinario, necesario, según los designios de la Ley, para doblegar la voluntad del joven al buen camino. En esta primera estación del aprendizaje, vestida con la túnica rosada, Agua Fría aprendió a sobrevivir, a evitar en lo posible el sufrimiento y conoció la violencia y la tiranía del hombre.

Tras haber pasado un año en el círculo disciplinario, anulada la personalidad bajo la tiranía de la obediencia, la heroína continúa su aprendizaje legal en el Círculo de Sombras, territorio fronterizo donde reina una penumbra eterna. Vestida ya con la túnica roja, ha de superar las enseñanzas impartidas en los Círculos del Conocimiento, para recibir la túnica morada sacerdotal y pasar al Círculo Interior, como sacerdotisa cobalto. En esta segunda estación adquirió durante catorce meses conocimientos erróneos, como por ejemplo que la realidad es inmutable y la noción de cambio es producto de un engaño sensorial. También comprendió el significado del Cristal, la escala jerárquica del universo, la diferencia entre seres inferiores y superiores, el porqué del privilegio de pertenecer a la orden sacerdotal. Conocimientos todos sujetos a la norma, que serán completados en la última estación, Círculo de Tinieblas, "en donde resplandece la sabiduría y la luz jamás penetra" (20). En este último círculo Agua Fría profundizó en los misterios de la hipnosis y en los Saberes Antiguos, al mismo tiempo que su imaginación iba creando otros espacios diferentes, albergando ya el deseo de huir de la oscuridad eterna, deseo que se cumple una vez conseguida la llave de la puerta secreta y vencidos los obstáculos que encuentra en su huída. Finalmente, la resistencia a la Ley, determinada por un "mínimo y espasmódico temblor" (21), proporcionará a la heroína la libertad deseada.

Comienza en este instante el viaje hacia la verdad y el conocimiento. Se dirige hacia el Norte al encuentro de la Gran Hermana, conocedora de todas las respuestas. Será, pues, a partir de la segunda parte cuando comience la verdadera iniciación de la heroína, que tiene que superar una serie de obstáculos hasta llegar al norte de Tindah, donde habita Oxígeno. La Cordillera Blanca, Aural, la capital del oro, el desierto con el oasis de Koala como único refugio, la comarca denominada Renacimiento, habitada por doscientos seres humanos que habían huido de la Ley, Lulabay, Daday y Tindah son los lugares que ha de atravesar Agua Fría para conseguir su propósito, hablar con la Gran Hermana.

En este largo viaje la heroína ve con sus propios ojos la desolada realidad, la desesperación y el miedo de los habitantes de los pueblos cada vez más pequeños y miserables, el deterioro del mundo a causa de las brumas, “zonas del mundo devoradas por la niebla de la nada y del olvido” (22). Conoce el trabajo duro, el caminar durante jornadas enteras, pero disfruta de la libertad tras el prolongado encierro en la Fortaleza.

En la casa de la Gran Hermana permanece durante un tiempo, adquiriendo nuevos conocimientos sobre la existencia humana. Sin embargo, al no poseer Oxígeno la respuesta adecuada, el viaje de Agua Fría continúa. Su larga estancia entre los Uma tampoco le proporciona la respuesta deseada. Los Uma poseían un poder secreto frente a la muerte, pero también su existencia estaba amenazada por las brumas de la nada. Tenía que regresar al corazón de las tinieblas, al Círculo Interior del Talapot, para conocer los orígenes del mundo y el motivo de su destrucción.

Alcanzado, pues, el esclarecimiento, la heroína puede volver a reintegrarse. La tercera fase del viaje del héroe mítico se cumple con el regreso al Palacio, tras seis años de búsqueda infructuosa. En la cuarta y última parte de la novela, “El corazón de las tinieblas”, Agua Fría conocerá el origen del mundo, el origen de la Ley y del Cristal: “Antes de nuestro tiempo hubo un tiempo más antiguo (...) Poseían el secreto de una energía muy poderosa, mil veces más fuerte que el fuego, y quizá fuera eso lo que arrasó el planeta (...) no quedó nadie vivo; en el espacio flotaban (...) enormes barcos llamados satélites artificiales, verdaderos mundos en miniatura en los que vivían pequeñas comunidades de colonos. Después de la Gran Catástrofe, los colonos esperaron a que la tierra se enfriase y regresaron (...) Aquí sólo encontraron una tierra abrasada (...) y un montón de cristales (...) Los colonos recogieron los cristales (...) y los guardaron respetuosamente como un monumento de los muertos y del mundo perdido. Y así surgió la Ley y la adoración del Cristal” (23).

Conocerá también nuestra heroína el principio de la decadencia y el origen del Imperio de los sacerdotes: “Durante siglos el sistema funcionó perfectamente: todas las mujeres y todos los hombres disponían de cristales y de aprendices a los que traspasar la responsabilidad de sus memorias. (Pero) crecieron demasiado (...) ya no hubo cristales para todos. De modo que se vieron en la necesidad de crear un comité que decidiera quién iba a recibir el cristal y quién no, quién podría perdurar en el recuerdo de su aprendiz y quién se vería condenado a la desolación de la muerte verdadera. Era la primera vez que se introducía un elemento de desigualdad en ese mundo igualitario (...) El delicado equilibrio se rompió; el comité de selección comenzó a adquirir un poder inmenso, y todo poder lleva en sí mismo el ansia de perpetuarse, la tentación de lo absoluto (...) el comité se convirtió en una casta y se creó una religión para justificar los privilegios. Así apareció la Ley, así nació el Imperio” (24).

Y descubrirá finalmente las causas de la destrucción del mundo: “Conscientes de que el saber es la llave del poder, nos apropiamos de los conocimientos existentes. Los adelantos técnicos, los logros de nuestros antepasados pasaron a ser patrimonio secreto y privado. Y el pueblo olvidó (...) Esa fue la edad de oro del Imperio (...) Lamentablemente duró poco. Algo funcionaba mal en el Imperio: las reglas del juego habían sido rotas, y por esa fisura, se introdujo el caos. Llegaron las plagas, las hambrunas, la violencia; guerras intestinas y enfermedades endémicas” (25).

Adquiere, pues, la protagonista en esta última etapa del viaje algunos de los conocimientos que motivaron su partida, pero no puede detener el deterioro del universo, ni siquiera la Gran Sacerdotisa, conocedora de la verdad, puede evitar la destrucción.

Si a lo largo de la novela aparece reiteradamente la idea de que el mundo no está regido por la necesidad, sino por el azar, ahora, al final de su viaje, la heroína ve cómo también por azar surgen los rincones antaño devorados por la niebla. Decide finalmente destruir los cristales, “espejo de lo que somos, representación de nuestros sueños” (26), salvando así el mundo.

El viaje de Agua Fría ha concluido, habiendo logrado su objetivo; sin embargo, el nacimiento del nuevo mundo llevaría consigo la tiranía de una nueva ley. Ahora comprendía el significado del tercer enigma: “Te convertirás en Dios si no cierras los ojos de tu mente”: “Nunca más la tiranía de la Ley, nunca más el embrutecimiento de los dogmas: para ser libres, los humanos tenían que aspirar a la omnisciencia de los dioses. La voluntad y la razón creaban mundos” (27). Ella no participaría en la reestructuración del nuevo orden en Magenta, buscaría su propio espacio, viajaría “hacia algún lugar remoto en donde se pudieran soñar los nuevos sueños” (28).

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Mª Dolores de ASÍS GARROTE (1990): Última hora de la novela en España. Madrid, EUDEMA, 394

(2) AA. VV. (1989): “Narrativa española actual”, Revista de Occidente, 98-99, 202

(3) José MÉNDEZ (1990): “Los azares monstruosos”, El País (25 Febrero), 3

(4) Ibid 3

(5) Rosa MONTERO (1990): Temblor. Barcelona, Seix Barral, 16

(6) Ibid 5

(7) Ibid 5, 31

(8) Ibid 5, 59, 52, 54, 27

(9) Ibid 5, 52

(10) Ibid 5, 54

(11) Ibid 5, 60

(12) Ibid 5, 130

(13) Ibid 5, 170

(14) Ibid 5, 167

(15) Ibid 5, 210

(16) Ibid 5, 241

(17) Joseph CAMPBELL (1949): The Hero with the Thousand Faces. Princeton U.P.

(18) Ibid 5, 9

(19) Ibid 5, 29

(20) Ibid 5, 58

(21) Ibid 5, 75

(22) Ibid 5, 85

(23) Ibid 5, 239-240

(24) Ibid 5, 240-241

(25) Ibid 5, 241-242

(26) Ibid 5, 244

(27) Ibid 5, 250

(28) Ibid 5, 251

 

© Marina Villalba Álvarez 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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