Dulce Chacón:
"La reconciliación real de la guerra civil
aún no ha llegado"

Santiago Velázquez Jordán


 

   
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Dulce Chacón vive en el último piso de una céntrica calle de Madrid. Es una mujer afable y simpática, y nos recibe vestida de negro, con una sonrisa prendida de sus labios que sólo oculta cuando se tocan temas serios. Nació en Zafra, Badajoz, en 1954 y es autora de los libros de poemas Querrán ponerle nombre (1992), Las palabras de la piedra (1993), Contra el desprestigio de la altura (Premio Ciudad de Irún 1995) y Matar al ángel (1999). Además, ha escrito las novelas Algún amor que no mate (1996), Blanca vuela mañana (1997), Háblame, musa de aquel varón (1998) y Cielos de barro, que le valió el Premio Azorín en el año 2000. Su última novela, La voz dormida, está siendo un éxito de ventas y muy bien acogida por el público. En ella, Dulce Chacón cuenta la historia de unas mujeres que se vieron obligadas a guardar silencio en los años de la guerra civil española y en la inmediata posguerra, basándose sobre todo en testimonios orales recogidos por ella misma.

-¿Cómo surge La voz dormida? ¿Es un poso de Cielos de barro, algo que le quedó y que tenía que decir?

-No, yo empecé esta novela antes que Cielos de barro. Lo que ocurre es que Cielos se me atravesó y tuve que dejar esta. La voz dormida surge de una necesidad personal de hace mucho tiempo, de conocer la historia de España que no me contaron, aquella que fue censurada y silenciada. Para mí, era importante conocer la historia reciente de nuestro país, me movió un deseo y un impulso de saber más. He estado documentándome e investigando durante cuatro años para poder escribir la novela. He consultado con historiadores, he leído muchos libros y, sobre todo, he recogido muchos testimonios orales. Esto fue lo que me motivó a centrar la historia en las mujeres, porque creo que son las protagonistas de la Historia que nunca se contó. Esa es la voz silenciada, la figura en la sombra. La historia con minúscula es la que me ha servido para darle carne a los personajes e incorporar a cada uno de ellos una historia real.

-Todas las historias que aparecen en la novela ¿son reales?

-Prácticamente todas las historias están documentadas en hechos reales, no es que sean reales en sí. Hortensia, por ejemplo, una mujer condenada a muerte que esperan que nazca su hijo para fusilarla, no existió y es, por tanto, ficticia. Pero ha habido muchos casos parecidos y en ellos me he basado.

-¿Qué diferencia La voz dormida con sus obras anteriores?

-Lo que he hecho ha sido ficcionalizar la realidad, he cogido pedazos de realidad y los he incorporado a la novela. La línea argumental de la novela es ficticia, pero el tiempo en el que se desarrolla es real. Las penurias están documentadas en hechos reales. He construido una verdad a medias sobre el hecho de una verdad completamente auténtica. Es la primera vez que mezclo ficción y realidad.

-¿Qué diferencias ha encontrado entre lo que le contaron de pequeña sobre la guerra y lo que ha descubierto después?

-Hay una fundamental: la mayor parte de la información que tenemos los españoles ha sido la historia que nos han contado los vencedores de la guerra civil. Los vencedores ocultaron gran parte de la historia que no interesaba que se supiera. Esa parte oculta y en sombras es la que intentamos recuperar muchos, a través de las novelas, del cine, de los documentales. Hay en España, una inquietud por adentrarnos en esa época. Hay que darle a la memoria el lugar que debe ocupar.

-¿Produce resquemor hablar de la guerra civil con la gente?

-Yo pienso que sí hay un conflicto. Hablar todavía del conflicto es revivirlo, y existe ese resquemor quizá porque se ha hablado poco de él. Es necesario hablar más y contar más, para que la voz sea un instrumento de reconciliación y no un arma arrojadiza contra el otro. La reconciliación real todavía no ha llegado, porque aún no se ha producido esa conversación. Hemos oído la versión de los vencedores, ahora tenemos que oír a los vencidos

-¿Hay ira en esa gente que salió derrotada?

-Yo recuerdo una mujer que habló conmigo, que se llama Pepita y es la que me inspira la protagonista de la historia...

-Que deja de llamarse Pepa, no.

-...eso es, porque la Pepa es la condena a muerte. Ella decía "yo perdono, pero no olvido". Tiene mucha razón esta mujer, porque el olvido es una enfermedad. La persona que no tiene recuerdos, no se tiene a sí misma. La desmemoria es un problema muy grande para un país. Un país tiene que conocer su historia para saber a dónde se dirige.

-He leído en algún sitio que usted dijo que la guerra civil no acabó con el bando franquista del 39, sino con la muerte del franquismo. Pero ahora acaba de decir que aún no ha terminado.

-No, yo no he dicho que acabara con la muerte de Franco. La guerra civil acabó para unos en el 39, y para otros quizá no haya acabado, porque hay mucha gente que todavía no ha podido contar su historia. El silencio está enquistado de tal manera que está hecho callo, y es muy difícil sanar ese silencio. El conflicto acabó, por supuesto, en el 39, pero la exterminación física de los republicanos y de los rojos era la política de “tierra quemada” del franquismo. Durante muchísimos años se estuvo fusilando a gente diariamente. Y luego, cuando ya habían conseguido lo que querían, se siguió reprimiendo a los familiares de los presos.

-Sí, es como esa anécdota que cuenta en la novela, en la que un personaje muere en abril del 76 poco antes de que la policía se presente a buscarlo, como todos los años, para evitar que se manifestara en el primero de mayo, y les dice su mujer: "pasen y llevénselo".

-Claro, eso es. Porque la libertad era una libertad vigilada, incluso los que no habían sufrido penas de cárcel, estaban vigilados. El horror debió haber acabado al finalizar la guerra, y no fue así. El silencio debía haber acabado cuando murió Franco y no acabó. Se hicieron los Pactos de la Transición, que obligaban a cambiar armonía por silencio. Cuando ya han pasado 25 años de la transición, mucha gente dice "bueno, y ahora para qué contar esta historia", a mí eso me lo han dicho. Ese "para qué" forma parte del silencio. El conflicto acabará cuando se pueda hablar libremente de él. No es ira ni revancha, sino un deseo legítimo de recuperar una memoria olvidada y secuestrada. Hay muchísimo que contar. Yo he hablado con gente que no había hablado de esto con nadie, gente que me pide que cierre la ventana para poder hablar, porque teme que sus vecinos la escuchen o que la señalen con el dedo. Eso significa que no se ha hablado todo lo que se debía haber hablado.

-¿Qué piensa de que EE.UU, a través de Eisenhower, apoyara al régimen franquista?

-Las potencias democráticas, entre comillas, que hablaban de España como "el problema español", fueron muy injustas con la República. Abandonaron a la República cruelmente, temiendo que España se convirtiera en un satélite de la Unión Soviética. Eso es muy injusto. Dejarnos aquí con un dictador y apoyarlo incluso.

-Bueno, eso es lo que pasa hoy día con Afganistán y con Irak. En la guerra contra la URSS, EE.UU apoyó a Afganistán y en los ochenta apoyó a Sadam Hussein para luchar contra Irán. O el golpe de estado de Chile de Pinochet derrocando a Allende.

-Claro. Estados Unidos se mueve por el dólar. Cada vez es más claro que los intereses americanos son puramente económicos. Si entraron en Afganistán fue para llevarse la construcción del gaseoducto, y si entran en Irak es para llevarse el petróleo. Es un imperio económico, y apoya aquello de lo que va a sacar tajada.

-¿Ha tenido algún libro de ficción como referencia para escribir La voz dormida?

-En ficción, me he apoyado poco, porque como iba a hacer ficción, necesitaba realidad. Quizá tenga alguna influencia de los libros que haya leído sobre el tema. Quizá podría nombrar Por quien doblan las campanas de Hemingway, que leí muy jovencita y que fue el primer libro en el que vi que la España en que vivimos proviene de dos Españas, y que el bando republicano también existía. Yo siempre había escuchado la historia de los nacionales. La primera vez que oí hablar de los Republicanos fue en este libro de Hemingway. Después ha habido otros libros, como Luna de Lobos de Julio Llamazares o Maquis de Alfons Cervera. Son libros que están ahí, puesto que uno es fundamentalmente lo que lee. Sobre todo, me he apoyado en libros de historiadores y de testimonios, más que en novelas.

-Conozco a alguien que dice que el libro le recuerda un poco a la película Libertarias.

-Eso me han dicho también en la radio. Hace mucho tiempo que la vi y puede ser que haya influido algo, pero no lo sé, la verdad. No me acuerdo muy bien de ella.

-¿Cómo ve el papel de la mujer hoy día?

-La mujer perdió dos veces. Perdió la guerra civil y perdió los derechos civiles que había logrado durante la República. En el primer caso, perdieron las mujeres republicanas, en el segundo, las dos, tanto republicanas como nacionales, porque fueron relegadas al ámbito doméstico. Hubo un organismo oficial que se llamaba la Sección Femenina, y que ensañaba a la mujer a ser ama de casa, descanso del guerrero y ángel del hogar. Esto lo explica muy bien Mary Nash en un libro que se titula Rojas. Esa pérdida la hemos arrastrado hasta hoy. La mujer tiene que mostrar su valía doblemente en cualquier campo, porque nuestra sociedad, la sociedad española, sigue siendo muy machista.

-¿Qué opina del hecho de que un sector de la Iglesia española considere que el maltrato a una mujer no es válido como nulidad del matrimonio?

-La Iglesia se equivoca tanto, que ya estamos acostumbrados a sus errores. Y éste es otro de ellos. Quizá piensen que el matrimonio anterior es válido, porque es un sacramento. Pero decirlo y explicarlo como lo han explicado, es una aberración. La mujer maltratada se merece más respeto que eso.

-Pero ahora ya no existe esa voz dormida de hace unos años, no. Ahora hay más proyección pública, más medios para expresarse, reivindicar y luchar con respeto al maltrato de la mujer.

-Ahora tenemos más recursos, y la prensa también ayuda. Antes, el silencio estaba hasta en los medios de comunicación. No obstante, sigue habiendo miedo, tanto en el tema de la guerra civil como en el de los maltratos. La mujer está desamparada por la ley. Al maltratador, que tiene una multa de veinte mil pesetas por pegar, le sale muy barato maltratar a su mujer. Afronta la multa y la vuelve a pegar. Habría que cambiar la ley, para que la mujer pueda alzar dignamente la voz.

-Cambiando un poco de tercio y volviendo al terreno más literario, ¿cuáles son sus autores de cabecera?

-De cabecera, tengo a mis poetas preferidos. Me gusta mucho la poesía y creo que es la esencia de la literatura. La poesía es la que mueve el mundo. Leo continuamente libros que ya he leído. Leo mucho a César Vallejo, a Paul Celan, a Rilke, a José Angel Valente, a Félix Grande. Con respecto a la narrativa, muchísimos. Por poner un ejemplo, Julio Llamazares es un maestro, Luis Landero, José Saramago.

-¿En qué campo se siente más cómoda escribiendo, en el de la poesía o en de la novela?

-A mí me apasiona el lenguaje y, a partir de ahí, me encanta escribir lo que sea, poesía, narrativa, teatro, lo que me apetezca en cada momento. Lo importante es hacerlo con pasión. Pero quizá el género al que más respeto y el que mejor me hace sentir, es la poesía. La capacidad de sugerencia de la poesía es superior a todo lo demás.

-¿Qué piensas de toda esa "guerrilla" que siempre acompaña a los poetas, que si poetas de la experiencia, que si poetas del conocimiento, que si poetas del silencio? O la reciente antología Las ínsulas extrañas de Andrés Sánchez Robayna.

-(Risas). Sí parece que hay una tradición de corrientes en la poesía. Creo que mucha gente se construye así misma iniciando una polémica, y para mí las polémicas, corrientes o rencillas grupales desprestigian a quienes las promueven. El poeta tiene que escribir lo que le dé la gana desde donde le dé la gana. La poesía es siempre poesía de la experiencia y poesía del conocimiento y poesía del silencio, y si no, no es poesía.

-Ha citado antes a José Ángel Valente. Valente era de los guerreros.

-(Risas de nuevo). Sí, Valente era muy guerrero. Una vez le invité a los cursos de verano de El Escorial y me decían "y con quién lo vas a poner" (carcajadas). Cuando organicé los cursos, me comentaban que no mezclase a unos con otros, y yo les dije que invitaría a quien considerase que tenía que invitar, y que lo pondría en la mesa en la que yo considerase que tenía que intervenir, y si no quieren ir que no vayan. No entro en esas polémicas.

-A usted la literatura le viene de la infancia, porque su padre fue poeta. ¿Cómo se puede inculcar el gusto por la lectura a los niños?

-A mí me invitan mucho a dar charlas en colegios e institutos, y me gusta ir. Creo que la niñez y la juventud están muy mal educadas por nosotros, la gente mayor, porque somos incapaces de transmitir la pasión por la literatura. El otro día vi una encuesta que me dejó estupefacta, y decía que en primaria había un 80% de apasionados lectores, y que cuando llegaban a secundaria quedaba el 8%. La lectura es apasionante, la prueba es que a los niños les encanta leer, les encanta los cuentos. Lo que pasa es que no sabemos cuidar eso ni transmitir la pasión de la literatura. Cada edad debe tener sus libros. Ahora los niños leen a Harry Potter, pues que lo lean, porque a lo mejor, dentro de unos años, eso les lleva a Proust. No hay que meter el libro como un tornillo, sino que tiene que ser algo natural y crecer orgánicamente. El libro hay que leerlo por necesidad propia. No hay que obligar, sino contagiar la pasión. Si a un niño de trece años, le obligan a leerse el Quijote, con las miles de páginas que tiene, y encima le van a examinar de eso, probablemente se cree el efecto inverso, y considere que eso es un ladrillo.

-¿En qué ha contribuido a su carrera literaria el Premio Azorín que ganó en el 2000?

-Ha contribuido a que me lea más gente, porque sales en los medios y los lectores te conocen más y te leen más. Es lo que verdaderamente gratifica a un escritor, que haya gente que lea lo que escribe. Me ha valido para tener más lectores.

-¿Piensa que La voz dormida va a ser el Soldados de Salamina de este año?

-(Risas) Va por el camino. (Risas. Dulce Chacón se pone seria y continúa). No, sabes qué pasa, que este libro ha servido a mucha gente para romper su propio silencio. Cada uno tiene que contar una historia. Este libro, me dijo María García Hortelano, la viuda de Juan García Hortelano, ha servido como espita por donde podemos explotar todos. Eso es algo muy bonito. La verdad es que está teniendo una buena acogida. Se está convirtiendo en un acto casi social, porque la gente viene a contarme sus historias, cuando el libro ya está acabado.

 

© Santiago Velázquez Jordán 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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