Lectura y escritura en el hipertexto

Ana Calvo Revilla
Departamento de Periodismo
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación
Universidad San Pablo-CEU de Madrid


 

   
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El término hipertexto fue acuñado en 1981 por Theodor H. Nelson, quien pasó a designar bajo esta expresión un tipo de texto electrónico, una escritura no secuencial que, mediante la existencia de una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos (links), permite al usuario establecer una multiplicidad de itinerarios de acceso y ampliar de modo significativo superiores posibilidades de lectura en una pantalla interactiva; partimos de la definición que del hipertexto nos ofrece Theodor H. Nelson:

“Con hipertexto, me refiero a una escritura no secuencial, a un texto que bifurca, que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla interactiva. De acuerdo con la noción popular, se trata de una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para el usuario".1

Anteriormente a la acuñación del término, en julio del año 1945, el concepto había sido desarrollado por Vannevar Bush en un artículo publicado en la revista Atlantic Monthly titulado Cómo podemos pensar; en dicho artículo Bush, a partir del diseño de la nueva arquitectura filosófica y técnica del nuevo mundo del ciberespacio y de los ordenadores, trazaba un paralelismo interesante entre el funcionamiento de la mente humana mediante asociación de ideas y el hipertexto, que sigue también esa tendencia natural a la "selección por asociación", al no seguir un hilo único y lineal.

Ha sido a comienzos de la década de los noventa cuando el hipertexto se ha convertido en el instrumento interactivo de comunicación entre los hombres permitiendo una velocidad de navegación y asociación entre los contenidos, superior a la alcanzada por la inteligencia humana, hecho que modifica los procesos cognoscitivos, de aprendizaje, de comunicación, etc. En este sentido señala A. Sarasqueta:

“La comunicación interactiva a través de las herramientas tecnológicas que tenemos que saber manejar contribuye, por otra parte, a potenciar una nueva dimensión del sistema inteligente. Éste opera mediante el proceso negociador que establecemos con nuestro propio sistema motor. Le damos información y conocemos su respuesta, y procedemos así de forma continuada. Si en ese proceso cerebral utilizamos la capacidad de información e interactividad que nos proporciona el ordenador, el proceso de negociación con nuestro sistema inteligente gana en potencialidad y en resultados que se traducen en nuevas ideas, conocimientos y decisiones”.2

Para caracterizar el hipertexto, es necesario partir de los elementos que conforman su estructura textual; la terminología empleada para designar los elementos estructurales del mismo es variada. Así G. P. Landow, siguiendo a R. Barthes, utiliza el concepto lexia para designar los nodos o secuencias textuales, que él considera “unidades de lectura” que comprenden, unas, pocas palabras y otras, algunas frases3. Espen J. Aarseth4, sin embargo, propone los términos texton para designar una cadena de grafemas, que se corresponde con el material escrito por el autor, y escripton para designar una secuencia ininterrumpida de uno o más textones, construidos por cada uno de los lectores a través de la trayectoria textual elegida, la cual diferirá de la elegida por el autor, construyendo de este modo un nuevo texto. El hipertexto es configurado como una textualidad compuesta de bloques y nexos (hipervínculos) que permiten multiplicar los trayectos de lectura.

Otros autores utilizan el término significante para designar para referirse al texton, y significado para referirse al escripton.5

El hipertexto es un medio informático que relaciona información tanto verbal como no verbal, al almacenar caracteres, imágenes y sonidos y relacionar los distintos elementos con facilidad; sus nexos electrónicos unen lexias tanto "externas" a un texto dado (por ejemplo un comentario a éste por otro autor, o textos paralelos o comparativos), como internas, creando de este modo un texto multilineal o multisecuencial.

Señalamos a continuación algunos de los rasgos configuradores del hipertexto, siguiendo el análisis efectuado por James Conklin6, uno de los grandes estudiosos de este tema: el hipertexto es una base de datos en red, formada por “páginas” de información textual y gráfica (“nodos” en otra terminología), visualizadas a través de ventanas, las cuales contienen enlaces que representan las conexiones a otras páginas de la base de datos.

Compuesto de múltiples cuerpos sin unión secuencial predeterminada, el hipertexto no tiene un eje primario de organización; es el lector quien, libremente y con una gran autonomía, desplaza o fija el principio organizador marcando su recorrido entre las lexias a través de diversas trayectorias, bien dentro de la obra o fuera de ella. En cualquier caso, el texto principal ya no constituye el centro, pudiendo haber tantos centros de lectura como lectores posibles: no puede subsistir ninguna jerarquía.

El hipertexto tiene dos elementos estructuradores: el texto estructurado por el autor tiene como elemento base el texton, mientras que el que estructura el lector-usuario tiene como unidad base el escripton. Así pues, tenemos unidades de escritura (texton, significante) y unidades de lectura (escripton, significado).

Otro de sus rasgos destacados es la no-linealidad: el hipertexto es un texto electrónico conformado por lexias unidas entre sí por hipervínculos (nexos electrónicos), con una estructura de información no-lineal o no-secuencial; a diferencia de la delimitación a que estamos acostumbrados en la tipología tradicional del texto, las fronteras del hipertexto están difuminadas, al constituir un nodo dentro de una gran red de textos. Este carácter no lineal de la estructura de los contenidos posibilita el acceso rápido a una visión global de los mismos, con las consecuencias lógicas derivadas de este hecho: el aumento de la capacidad de conocimiento del individuo, de su inteligencia y libertad, entre otras. Conviene, sin embargo, subrayar que el hipertexto no escapa totalmente a la secuencialidad, puesto que colocar un nexo es proponer una línea a seguir.

Al suprimir la linealidad, propia del texto impreso, el hipertexto carece de la unidad característica de lo escrito; si bien los nexos contribuyen al enriquecimiento de las relaciones con otros textos, también contribuyen a la dispersión y fragmentación del texto en otros textos. Hacemos alusión a este aspecto con palabras de G. P. Landow:

“La necesaria contextualidad e intertextualidad, que surgen al situar unidades de lectura en una red de trayectos fácilmente navegables, entretejen los textos, incluidos los de otros autores y los de medios no verbales. Un efecto de este proceso es que debilita, y tal vez destruye, cualquier sentido de unicidad textual”.7

La unidad textual fijada por el autor es pronto una unidad efímera, ya que desaparecerá en el momento que suspenda su lectura y no volverá a producirse de nuevo, aunque empiece de nuevo, porque habrá cambiado el contexto en el cual lo hace.

Cuando el texto impreso se convierte en un texto electrónico, deja de poseer la misma clase de textualidad; en este sentido, son de gran interés las observaciones de G. P. Landow al respecto:

“El hipertexto reconfigura el texto de un modo fundamental que los nexos electrónicos no parecían indicar a primera vista. A la fuerza, la hipertextualidad incluye una proporción de información no verbal mucho mayor que la imprenta”.8

Para facilitar el acceso del lector a la información hipertextual, en esa estructura no-lineal, mediante la navegación o "browsing", presenta algunos “servicios” como herramientas de búsqueda, mapas conceptuales, índices, aplicaciones como botones que facilitan el volver atrás los pasos, señalan la presencia de un nexo etc.; todos ellos constituyen procesos interactivos de identificación, de selección y de búsqueda de la información.

El hipertexto presenta un acceso abierto: frente al texto lineal, de acceso único, el hipertexto tiene diferentes accesos a cada uno de los escriptones; así el lector puede llegar por diferentes caminos a los distintos fragmentos de texto.

Es asociativo: el índice de un texto no-lineal es asociativo y se incluye en el mismo texto y no fuera de él; esto le permite al lector innumerables ventajas cuando quiere recuperar información.

Es un texto electrónico ordenado y estructurado, pero no secuencialmente; a través del hipertexto el lector puede acceder a un gran número de bases de datos de forma asociativa y organizada, combinando información de diferentes fuentes; por este motivo, se revela de gran utilidad para la adquisición de conocimientos si está bien organizado; y, por el contrario, puede provocar situaciones de desorientación, pérdida de la ubicación y desbordamiento cognitivo si no está bien estructurado. Aparte de una buena estructuración de los conocimientos, se precisa por parte del lector un cierto dominio de las estrategias de navegación con el fin de evitar búsquedas infructuosas.

El hipertexto es un medio de información dinámica que ofrece diversos caminos de lectura en función del interés del usuario, para lo cual la información se presenta movible, puede cambiar de lugar, modificar su presentación, ser estructurada en varios niveles; de este modo aumenta la capacidad de diálogo del lector con el texto y las posibilidades de comunicación entre los distintos usuarios. Como ha subrayado G. P. Landow, “una de las características fundamentales del hipertexto es estar compuesto de cuerpos de textos conectados, aunque sin eje primario de organización”9; será el lector quien marque su eje de lectura textual.

Algunas de las consecuencias derivadas de este hecho son la difuminación de los límites del metatexto, así como la imposibilidad de aplicarle las nociones de comienzo o final del texto tradicionales; a este hecho ya había aludido J. Derrida al señalar la conveniencia de abandonar la concepción tradicional de texto como una recopilación conclusa de escritos.10

Los usuarios del hipertexto pueden tomar parte activa en la configuración de su propio texto, llegando a construir otro texto con sus aportaciones; en consecuencia, se difuminan de este modo las fronteras entre autor y lector.

El hipertexto expande la noción de texto más allá de los elementos estrictamente lingüísticos; el hipertexto no usa exclusivamente el código lingüístico sino que hace uso también de códigos no lingüísticos al incorporar al discurso verbal elementos de diversa naturaleza: visuales (imágenes, mapas, diagramas), acústicos (sonido). El hipertexto ha dado lugar a la aparición de un nuevo código mediante iconos que son comprendidos por hablantes de distintas comunidades lingüísticas.

El concepto de hipertexto está relacionado con el de hipermedias o multimedias, que siguiendo la definición de Tolhurst11 son concebidas como uniones interactivas de información que incluyen texto, imágenes estáticas (fotos o ilustraciones), imágenes en movimiento (video o animaciones), audio (música o sonidos), texto, etc., y que generan un tipo de comunicación directa, rápida, de rasgos semejantes a los que constituyen la comunicación oral.

Si esta combinación de medios está correctamente utilizada, contribuye al perfeccionamiento del proceso de aprendizaje y de comprensión al aproximarse algo más a la manera habitual en que los seres humanos nos comunicamos, es decir, utilizando varios sentidos para comprender un mismo objeto o concepto.

Como ha subrayado Juan Pi Llorens, Presidente de IBM, “las nuevas tecnologías en general, e Internet en particular, han hecho que surjan nuevas necesidades de expresión, nuevos conceptos que nuestros idiomas no pueden describir adecuadamente por carecer de términos o palabras precisas. La mayor parte de esta nueva terminología proviene del inglés”.12

A este aspecto se ha referido Francisco A. Marcos Martín, al señalar los cambios lingüísticos experimentados en el propio uso de la lengua, con la aparición de nuevas acepciones en términos como “navegar”, “bajar(se)”, “descargar”; la aparición de palabras homónimas del tipo “chatear”, sin relación con el término chato sino con el inglés chat, y el uso de préstamos, tan frecuentes ya, como hardware o software.13

La similitud de funcionamiento entre la estructura de las relaciones semánticas que se establecen desde el cerebro humano y la red de nodos de información que interactúan en el hipertexto han sido objeto de estudio desde la psicología cognitiva; el hipertexto hace posible la conexión de diversos textos entre sí y el establecimiento de relaciones asociativas de gran envergadura.

Todos estos rasgos que configuran la realidad del hipertexto modifican necesariamente los conceptos actuales de texto, lector, autor, etc., así como el concepto tradicional de cultura, transmitida hasta el momento en los libros y las bibliotecas. Así lo ha subrayado G. P. Landow al afirmar que “el hipertexto cambia radicalmente las experiencias que leer, escribir y texto suponen (...)”14.

Frente a la lectura secuencial, con principio y fin, de un texto impreso, la utilización de los hipertextos implica la presencia de un lector más activo que el habitual, con una mayor capacidad de análisis y de asociación de ideas; es el lector quien planifica su propia estrategia de búsqueda atendiendo a su campo de intereses de conocimientos, aficiones, etc.; en función de los cuales el lector decide las estrategias de navegación precisas, pudiendo optar entre las conexiones sugeridas por los nexos o enlaces o buscar conexiones nuevas; la navegación del lector está limitada, sin embargo, por la propia configuración del texto que orienta y conduce al lector a través de los diferentes enlaces, la propia presentación del texto, etc.

El hipertexto, base funcional y estructural de la World Wide Web, constituye un tipo de escritura diferente de la escritura impresa, que configura tipos de lectura diversa, al permitir la creación de tantas interconexiones como los lectores quieran establecer; como ha subrayado Thaïs Morgan, entre uno de sus principales efectos se encuentra el de la liberación al texto de los determinismos de diversa naturaleza, y su apertura a infinitas relaciones15; si bien, como ha subrayado G. P. Landow, esto “no impide a los interesados leer la obra en términos del autor y de la tradición”.16

La hipertextualidad lógicamente ha sido puesta en relación con la definición de polifonía con que caracterizó Bachtin la novela; el hipertexto permite la presencia de multiplicidad de voces, de tantas como lecturas posibles e interconexiones se establezcan; como ha subrayado G: P. Landow, “más bien, la voz siempre es la que emana de la experiencia combinada del enfoque del momento, de la lexia que uno está leyendo y de la narrativa en perpetua formación según el propio trayecto de lectura”17. Se puede percibir una estrecha conexión entre el hipertexto y la realización del formalismo ruso bajtiniano, por ese aspecto dialógico, polifónico y multivocal.

El “texto electrónico” no mantiene la tradicional división entre texto e imagen impuesta por la imprenta, ya que incluso los procesadores de palabras permiten, usualmente, incluir ilustraciones. Entre los elementos visuales que incluye se encuentra el cursor, definido por G. P. Landow como un “una flecha, línea o cualquier otro elemento gráfico parpadeante, que representa la presencia del lector-escritor en el texto"18; su presencia indica la posibilidad de afectar/modificar el texto, algo inconcebible con la letra impresa, en la cual el lápiz podía agregar algo pero no cambiar el original.

El procesamiento electrónico de textos ha introducido un enorme cambio en la tecnología de elaboración del texto, sin duda el más radical desde la invención de la imprenta.

El hipertexto inevitablemente conlleva la aparición de un marco psíquico diferente: utiliza y produce nexos con otros textos e ideas, que el autor extrae de su memoria o de los sistemas electrónicos con los cuales trabaja, y éstos desplazan al texto, lector y escritor hacia otro espacio de escritura.

Así mismo, el escritor pierde el control sobre la lectura y los límites del hipertexto. Una obra puede mezclarse con las de otros autores; un texto puede dispersarse en otros, porque el lector -conectado a una red- puede buscar nuevas asociaciones y conexiones, no predefinidas por el autor. Ninguna versión es definitiva: siempre es posible la corrección, la actualización.

El proceso de lectura se beneficia de los rasgos que configuran el hipertexto: la capacidad de mostrar imágenes en movimiento, sonido, etc., la mayor facilidad de acceso a textos dispersos en poco tiempo, la posibilidad de enlazar múltiples datos en red, su inmediatez, posibilitar la ejecución de una lectura orientada al usuario, posible con conocimientos mínimos informáticos, etc.

En la práctica, lo que hace la Web es intentar entrelazar todo el conocimiento disponible en la red Internet en una compleja telaraña de servidores y documentos interconectados. Esto se consigue con el uso del hipertexto, que consiste en establecer enlaces entre documentos por medio de ciertas palabras e imágenes que aparecen resaltadas en la pantalla y que permiten saltar directamente de un documento a otro.

El hipertexto deja en manos del lector muchas decisiones que, anteriormente, eran propias del autor o del editor. Al leer una obra en hipertexto, se puede generalmente cambiar el tamaño de la tipografía, para verlo mejor. Al llegar a una nota, se podría abrir una segunda ventana y leer la nota, sin borrar el texto original (y la nota aparece, así, como otro texto, no como algo subsidiario o parásito); sucesivamente, se podrían ir estableciendo nuevos nexos, siendo el lector quien en cada momento decide si sigue alguno de ellos; esta red de interconexiones con otros textos ha de ser establecida con un gran sentido crítico y reflexivo, de tal manera que le permita al lector rescatar la información valiosa, verídica y que contribuya a la adquisición del conocimiento.

El hipertexto esboza nuevas posibilidades de aprendizaje autónomo que replantean los modelos pedagógicos convencionales y orientan a la construcción del saber pedagógico en un escenario nuevo y en muchos casos desconocido.

La forma más desarrollada del hipertexto la tenemos en Internet, el hipertexto allí está representado por la posibilidad de que el lector mismo genere su propio argumento. El medio, la herramienta de creación está determinada por palabras claves embebidas en el texto, las cuales al ser activadas permiten vincular (o saltar) al lector a otros textos relacionados con dicha palabra clave, es decir, el lector no debe necesariamente seguir el orden establecido y puede alterarlo. Pero esta forma no es completa si no mencionamos el hipervínculo, el cual en forma más genérica permite enlazar ya no sólo una palabra sino también otros objetos de una página con otros textos o sitios de Internet. Así, una imagen puede ser el medio de vínculo temático o un botón.

Aunque ha aplicado su estudio al diseño del hipertexto en el contexto educativo, el profesor Julio Cabero Almenara19 ha señalado, entre otros, los siguientes rasgos configurativos del hipertexto: facilita pantallas de ayuda para que el lector identifique dónde se encuentra, qué recorrido está realizando, utiliza un diseño de pantallas que faciliten la navegación abierta por el programa, posibilita la integración de los nuevos conocimientos que se van presentando con los ya adquiridos, etc. Son múltiples las redes de información a las que el lector tiene acceso y que le permiten apropiarse de dicha información e integrarlo en un conocimiento previo, en un nodo preexistente, ampliando la red de conocimientos.20

Un rasgo fundamental de la lectura de hipertextos es la difuminación de las fronteras tradicionales existentes entre el autor y el lector de un texto impreso; el lector puede convertirse en lector-autor si acompaña la lectura del documento en hipertexto de la integración en el mismo de nuevos cuerpos de conocimiento, de notas, de nuevos textos y nexos al hiperdocumento.21

Esta posibilidad de que cada lector pueda agregar, alterar, editar el texto abre la puerta a la creación colectiva; a medida que otros lectores accedan a él, el texto queda abierto como tierra fértil para que broten nuevas y mejores ideas.

La versatilidad, en consecuencia, es enorme y requiere un lector activo. Algunos sistemas -como el Lotus Notes- ofrecen además la posibilidad de agregar información que queda así vinculada a puntos precisos del texto leído: si bien no es posible -habitualmente- modificar el original, sí es posible transformarlo en algo totalmente nuevo y eminentemente personal, o bien -incluso- en obra colectiva, ya que también es posible, en las redes institucionales (Intranets) que varias personas adhieran sus comentarios a un mismo texto original y que la versión comentada esté al alcance de todos.

El hipertexto ha originado el desarrollo de estrategias de lectura propias, que lo caracterizan: exige la adquisición de nuevos hábitos de lectura, que permitan la lectura de todo tipo de textos y de códigos diversos e interrelacionados; implica el conocimiento de nuevas fuentes de información y el tratamiento de las mismas, el manejo de los nuevos soportes y medios técnicos para su lectura; el conocimiento de estrategias de búsqueda, recuperación y transmisión de la información.

El hipertexto fomenta un tipo de lectura nerviosa, impaciente, distraída, en búsqueda de nuevos enlaces, de nuevos contenidos, alejada de los hábitos requeridos por la lectura reflexiva. Por otro lado, potencia la capacidad de relacionar conceptos y un aprendizaje no limitado a la memorización repetitiva de los mismos.

También propicia un tipo de lectura activa en continuo diálogo con el texto, en la que el lector puede moverse con libertad, sin la necesidad de seguir una estructura predeterminada, siendo el lector quien crea su propia secuencia textual al canalizar su foco de intereses y elegir, en función de los mismos, su centro de atención.

La lectura no lineal también hace que el texto se oriente hacia el lector, quien se convierte en creador de significados. En este sentido cada lector puede construir su propio texto, dándole un nuevo significado, ya que el índice del texto es asociativo, por lo que el acceso a diferentes referencias será más rápido y eficaz, y afectará tanto a la naturaleza de lo leído como al lector, pues éste a medida que va leyendo construye conocimiento al ir saltando de una referencia a otra; así va ampliando, construyendo, un nuevo conocimiento que le hará llegar a estar cada vez en una nueva situación en la que las posibilidades de enriquecimiento aumentan exponencialmente. Además, el hipertexto le permite a cada lector partir de diferente nivel de conocimiento, o de diferente finalidad, y experimentar niveles heterogéneos de comprensión.

En este sentido, el hipertexto fomenta un tipo de conocimiento autodidacta, desarrollando estrategias cognitivas particulares y habilidades de pensamiento propias. La lectura que genera el hipertexto viene definida como un proceso en el que el lector esencialmente construye y reestructura su propio conocimiento de un modo autónomo.

La "nueva cultura de la comunicación hipertextual" provoca un replanteamiento de la práctica educativa y de la forma de relacionarse con el conocimiento; no se puede seguir pensando en saberes acabados, cerrados, contenidos en un programa rígido y establecido con anterioridad, sino en un currículo abierto y flexible. En esta nueva “sociedad del conocimiento” conviene estar prevenidos para no confundir la información con el conocimiento, ya que, como ha subrayado Alejandro Llano, “la información es algo externo, que se halla a nuestra disposición. El conocimiento, en cambio, es un crecimiento interno, un avance hacia nosotros mismo, un enriquecimiento de nuestro ser práctico, una potenciación de nuestra capacidad operativa. Mientras que la información sólo tiene valor para el que sabe qué hacer con ella: dónde buscarla, cómo seleccionarla, qué valor posee la que se ha obtenido y, por último, cómo procede utilizarla”.22

Es lógico que el hipertexto, convertido en un instrumento esencial del proceso de aprendizaje y también de la enseñanza despierte gran interés desde áreas científicas diversas como la psicología cognitiva o conductiva, la lingüística, la teoría del conocimiento o de la comunicación, la inteligencia artificial, etc.

 

Notas:

[1] Cfr. T. H. Nelson (1981), Literary Machines (Swathmor, Pa., publicación propia), p. 2.

[2] Cfr. A. Sarasqueta (2001), “La comunicación digital potencia nuestro sistema inteligente”, en Nueva Revista, 77, pp. 73-79, p. 78.

[3] Cfr. R. Barthes (1970), S/Z, París, Éditions du Seuil (traducción castellana: S/Z, Madrid, Siglo XXI, 1980)

[4] Cfr. E. J. Aarseht (1997), No linealidad y teoría literaria. En Teoría del hipertexto. Barcelona, Paidos.

[5] Para profundizar en estos conceptos véase cfr. http://www.hezkuntza.net/programa/.

[6] Cfr. J. Conklin (1987), “Hipertext: an introduction and survey”, en IEEE Computer, 20, nº 9.

[7] Cfr. G. P. Landow (1995), Hipertexto. La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología, Barcelona, Paidós, p. 74.

[8] Cfr. ibidem, p. 61.

[9] Cfr. ibidem, p. 24.

[10] Cfr. J. Derrida (1972), La Dissemination, París, Édtions du Seuil (traducción castellana: La diseminación, Madrid, Fundamentos, 1975).

[11] Cfr. D. Tolhurst (1995), "Hypertext, hypermedia, multimedia defined?" en Educational technology, vol. XXXV, nº 2, pp. 21-26.

[12] Cfr. J. Pi Llorens (2001), “La traducción cibermática del español”, en Nueva Revista, 74, pp. 145-147, p. 145.

[13] Cfr. F. A. Marcos Martín (2000), “El español y la red”, en Nueva Revista, 70, pp.140-145, pp. 140-141.

[14] Cfr. G. P. Landow (1995), Hipertexto. La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología, cit., p. 61.

[15] Cfr. T. E. Morgan (1985), “Is There an Intertext in this Text?: Literary and Interdisciplinary Approaches to Intertextuality”, in American Journal of Semiotics 3, pp. 1-2.

[16] Cfr. G. P. Landow (1995), Hipertexto. La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología, cit., p. 23.

[17] Cfr. ibidem, p. 23.

[18] Cfr. ibidem, p. 62.

[19] Cfr. J. Cabero Almenara (1996), “Nuevas tecnologías, comunicación y educación”, Edutec, nº 1 (URL: http://www.uib.es/depart/dceweb/revelec1.html).

[20] Para profundizar en las consecuencias derivadas del empleo del hipertexto en el aprendizaje y en la educación son interesantes los estudios de Rocío Rueda Ortiz (1999), “Hipertexto, ambientes de aprendizaje y formación”, en Espiral. Nuevas tecnologías y comunicación, Enero (http://www.pangea.org/org/espiral): "El replanteamiento de los modelos pedagógicos convencionales con la incorporación de los dispositivos tecnológicos implica reconsiderar desde las metas hasta las prácticas pedagógicas mismas, pero apuntando hacia la formación de sujetos cada vez más conscientes y responsables de su propio proceso formativo. En este sentido, los dispositivos hipertextuales generan un ambiente propicio de aprendizaje, que requiere, sin embargo, de la presencia de otras alternativas, de otras formas de aproximarse al conocimiento. Por ejemplo, tanto las experiencias directas con hechos o fenómenos naturales, físicos, sociales, la observación directa de la realidad, como la experimentación, siguen siendo interacciones esenciales en la construcción de conocimiento científico y tecnológico".

[21] Puede ser interesante cfr. http://www.hezkuntza.net/programa/. Y también Ministerio de Educación de la Nación, (2000), El monitor de la educación. Tercer trimestre. Año I. N° 1; B. Fainholc (1999), La interactividad en la educación a distancia. Paidós. Buenos Aires.

[22] Cfr. A. Llano (2000), “La hora de la sociedad de la inteligencia”, en Nueva Revista, 70, pp. 162-169, p. 163. Puede ser interesante cfr. J. Adell (1995), "La navegación hipertextual en el World-Wide-Web: implicaciones para el diseño de materiales educativos". Comunicación al II Congreso de Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación para la Educación, Universitat Illes Balears, Palma de Mallorca, 1995. Versión electrónica (1996): http://nti.uji.es/docs/nti/edutec95.html

 

© Ana Calvo Revilla 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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