Conflictos Generacionales:
La relación madre-hija en
Un calor tan cercano de Maruja Torres
y Beatriz y los cuerpos celestes de Lucía Etxebarria

Dra. María de la Cinta Ramblado Minero
Cinta.Ramblado@ul.ie
Universidad de Limerick, Irlanda


 

   
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Abstract

The production of texts by Spanish women writers which focus on mother-daughter relationships during the period 1940s-1990s reflects the different attitudes towards generational opposition and interaction between women traditionally educated to be the self-sacrificing angel in the house and their daughters, who attempt to integrate the private and the public in a period beginning with the desarrollismo of the 1960s, continued with the Transition to democracy and ongoing today.

From this socio-historical perspective, this article aims to analyse two novels, by Maruja Torres and Lucía Etxebarria respectively, in which the mother-daughter bond plays a pivotal role in the construction of the female subject. The objective is to show that such a relationship is affected by the turbulent history of Spain in the 20th century and by the changes, for better or worse, experienced by women since the Second Republic (1931-1936) to the present day.

Key Words: Mother-daughter relationship; Spain; Franco’s dictatorship; Sección Femenina; Women’s Studies; Torres, Maruja; Etxebarria, Lucía

 

Según las teorías basadas en la Ley del Padre, el papel fundamental de la mujer es la perpetuación del orden/sistema patriarcal, [1] un orden que, como es bien sabido, se mantuvo y aplicó enfáticamente durante la dictadura de Francisco Franco (1939-1975). En el caso de España, este modelo no fue impuesto solamente por la ideología patriarcal, que ya existía en la España republicana, sino que se afianzó como parte de la estructura social franquista a través de la aplicación de los “preceptos joseantonianos: abnegación y entrega”, principios éstos primordiales en la organización social de la dictadura [2]. El Nuevo Régimen de 1939 institucionalizó la maternidad como parte de su proyecto político. Con la ayuda de la Sección Femenina de Falange y de la Iglesia, la dictadura perpetuó la discriminación genérica desde la infancia, y, como consecuencia “se prohibió la coeducación y se puso énfasis en materias vinculadas al hogar, dado el destino ‘natural’ de las mujeres”[3], garantizando de esta manera la “uniformidad ideológica” del colectivo femenino [4]. En este sentido, el modelo femenino promovido e impuesto por la ideología del Régimen era doble: como individuo, la mujer española debía ser sumisa y estar acostumbrada al sacrificio, pero como miembro de la familia y la sociedad, estaba encargada de reproducir dicho modelo mediante “la intransigencia en la aplicación de unas normas de conducta tanto para ella[ ] como para sus hijas, en caso de que las tuviera” [5]. El Régimen llevó a cabo una política de feminización en la que, como también ocurrió en la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler, se exaltaban “los papeles que tradicionalmente cumple la mujer (domésticos) y aquellos en los que no puede ser sustituida (maternidad)”[4].

La representación de la maternidad y de la relación entre madres e hijas en la producción cultural española contemporánea está directamente relacionada con “la carga simbólica que […] la figura de la madre personificó como representante del país bajo Franco” [6]. El modelo de la madre y esposa sumisa promulgado por la Sección Femenina de Falange durante la primera etapa de la Dictadura refleja la ideología del Nuevo Régimen en su política de pronatalismo y silencio, según la cual “[l]as mujeres habrán de ser las mejores representantes del abstencionismo político promulgado por el franquismo” [7]. Debido al impacto de dicha política tanto en el ámbito público como en el privado, el análisis de la relación madre-hija que se observa en ciertas narrativas contemporáneas escritas por mujeres es esencial en la revisión de la historia reciente de España desde un punto de vista personal o subjetivo que, a la vez, se convierte en colectivo, pues forma parte de la memoria colectiva de las mujeres en España.

Existe una serie de textos producidos por escritoras españolas contemporáneas que se centran parcial o totalmente en la relación madre-hija durante el período 1950-2000. Los diferentes tratamientos de dicha relación reflejan las diferentes actitudes no sólo de las escritoras sino de las mujeres españolas frente a la oposición generacional y la interacción entre mujeres educadas de manera tradicional para convertirse en el abnegado ángel del hogar y sus hijas, las cuales intentan integrar lo privado y lo público, sin que lo segundo sea simplemente una extensión de lo primero. De este modo, estos personajes, pertenecientes a generaciones dispares, aparecen como ejemplos representativos de dos grupos claramente diferenciados que, obviamente, se desarrollan, o crecen, como individuos en períodos históricos diferentes:

El sujeto colectivo de las mujeres mayores de treinta y cinco años se construye respecto a un ellas que no se define, tanto por sus características propias o por sus similitudes con los hombres como por sus diferencias respecto a nosotras. Y, a la inversa, el sujeto colectivo de las mujeres jóvenes se construye en oposición a las características propias de las mujeres de la generaciones de sus madres y, en ocasiones, a una generación mítica de mujeres, la del sesenta y ocho, intermedia entre ambas y diferente de las dos. [8]

Estas diferencias se ven acentuadas por el hecho de que la evolución o los cambios relacionados con la situación de la mujer en España se han aglomerado en unos cuantos años, mientras que dicho progreso se ha producido en el resto de Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial [9]. De esta manera, los cambios experimentados por las mujeres durante el período que va desde el Desarrollismo hasta la actualidad no han sido asimilados por completo por sus madres. Asimismo, las experiencias de las madres durante la Dictadura e incluso la Guerra Civil no han sido claramente entendidas y recuperadas por las hijas, debido fundamentalmente a esa ‘amnesia colectiva’ que ha llevado a la confusión entre “amnistía política” y “amnesia histórica” [10] y que se entendió como parte del pacto de progreso que llevaría a la democracia tras la muerte del dictador [11].

Los textos que ocupan el interés de estas páginas presentan dos posiciones muy distintas en cuanto a la interacción generacional: en uno de ellos, la re-evaluación de la relación con la madre lleva a una reconciliación final con la misma, mientras que en el otro, dicha revisión culmina en la destrucción de todo vínculo materno-filial. Uno de los resultados de esta reconstrucción identitaria a través del análisis de los lazos maternales es la presentación de diferentes generaciones de mujeres en España, las cuales, como ya he mencionado anteriormente, están paradójicamente conectadas por sus distintos entendimientos y, en el caso de las madres, experiencias, del pasado [12]. De este modo, las presentes páginas están inspiradas por historias personales transmitidas generación tras generación en la forma de lo que Amparo Moreno Sardá llama “reproducción generacional”, es decir, a través del linaje materno [13]. Estas circunstancias o predisposiciones personales, junto con el estudio de la situación de las mujeres en la España del siglo pasado, proporcionan las herramientas para el análisis de los textos mencionados en el título. El presente artículo tiene el objetivo de analizar dos obras, de Maruja Torres y Lucía Etxebarria respectivamente, en las que se hace un tratamiento exhaustivo de la relación madre-hija. En dicho análisis se mostrará que dicha relación, supuestamente privada, se ve claramente afectada por la turbulenta historia de España durante el siglo XX y por los cambios, para bien o para mal, sufridos por las mujeres de dicho espacio político desde la instauración de la Segunda República en 1931 hasta la actualidad.

La novela de Maruja Torres Un calor tan cercano se publicó en 1997. Cuenta la historia de Manuela, una escritora de novelas policíacas que, tras recibir la noticia de la muerte de su madre, se embarca en un viaje hacia el pasado, hacia su infancia en la Barcelona de los años cincuenta, un período de su vida marcado por la asfixiante y amenazadora relación con su madre y su tía Amalia, y el refugio que la niña Manuela busca en su tío Ismael y su prima Irene. Este viaje a la niñez concluye con una catástrofe emocional-una especie de pérdida de la inocencia-que lleva a la huída de Barcelona gracias a la intervención de doña Asun, quien se siente en deuda con Manuela por haber salvado su vida y se convierte en su benefactora. Dentro del marco narrativo, que se sitúa en el presente ya que la novela es una narración en primera persona, la travesía de Manuela termina con un inevitable regreso a Barcelona, un reencuentro figurativo (a través de la memoria) con la madre y físico con la prima, es decir, con las dos figuras maternas, Mercedes e Irene. No obstante, es necesario distinguir estos dos encuentros, pues si el segundo se materializa y representa un nuevo comienzo en una relación rota en el pasado, el encuentro con la madre, Mercedes, aparece en la forma de una reconciliación póstuma mediante la comprensión e incorporación a la memoria personal de la experiencia de la madre.

En Beatriz y los cuerpos celestes de Lucía Etxebarria (1998), Beatriz, la protagonista, también comienza un viaje de regreso desde su infancia hasta el momento de la escritura. Este recorrido por el pasado se transforma en un análisis de las relaciones que han marcado su vida; y su consecuencia final es el reencuentro con Mónica, el primer amor de Bea y el más influyente. En este proceso, también vemos a la protagonista abandonar la ciudad de su infancia y juventud, Madrid, por Edimburgo, y retornar a la capital española para revisar sus relaciones pasadas con sus padres y con Mónica. La última etapa de este viaje al interior del sujeto no cumple sus objetivos: su abuso indiscriminado de las drogas ha llevado a Mónica a la necesidad de ingresar en un centro de rehabilitación y la imagen idealizada que hasta ahora hemos recibido a través de las descripciones proporcionadas por Beatriz se desvanece para dar paso a una realidad que incluso Beatriz se ve forzada a aceptar. La ruptura definitiva con el pasado no es representada solamente en la futura huída, de nuevo, a Escocia, sino también en la disolución completa de toda relación emocional previa, incluyendo el vínculo materno. Sin embargo, es necesario especificar aquí que la ruptura con la madre ocurre mucho antes en la novela y que, a pesar de los esfuerzos de la protagonista por entender a su madre, se produce una ruptura irreversible que puede considerarse el resultado de la racionalización de la experiencia materna. Esta racionalización conlleva asimismo, de manera aparentemente contradictoria, un rechazo de la conexión con la madre que anula cualquier posibilidad de asimilación o incorporación de la memoria a través de la línea materna.

Ambas novelas presentan estructuras muy similares. Los dos textos toman la forma de narrativas en primera persona con fragmentación temporal entre el presente y el pasado. En Un calor tan cercano, el pasado está enmarcado dentro del presente, y en Beatriz y los cuerpos celestes, la voz narrativa se mueve constantemente entre el presente y la retrospección. Las dos narrativas pueden considerarse variaciones del Bildungsroman tradicional o novela de formación, ya que ambos textos narran la evolución de las personalidades de las protagonistas mediante la revisión de las relaciones más influyentes en sus respectivas historias personales.

En ambos casos, la relación con la madre, ya resulte en reconciliación o ruptura, es de importancia primordial en el desarrollo o proceso de maduración del sujeto femenino. Las respectivas protagonistas, Manuela y Beatriz, viven en entornos familiares disfuncionales, y la búsqueda de un refugio o un escape fuera del espacio familiar las lleva a interaccionar con otros personajes que van a ejercer una influencia igual o mayor que sus familiares más inmediatos.

La principal diferencia entre estos dos textos radica no solamente en el espacio geográfico y temporal de la acción, sino también en las generaciones retratadas y el resultado del ejercicio de memoria personal, lo cual está íntimamente relacionado con percepciones diferentes de la realidad histórico-social de España. Un calor tan cercano está marcado por la necesidad de revisar y asimilar o incorporar la memoria colectiva, mientras que Beatriz y los cuerpos celestes es un claro exponente de la condición postmoderna, asociada con la alienación, el individualismo y la relativa falta de conciencia histórico-social.

Por supuesto, el hecho de que nuestras dos protagonistas, Manuela y Beatriz, presenten diferentes actitudes frente a sus madres y frente a la definición de su propia identidad como mujeres no se debe exclusivamente a las características de sus respectivas generaciones. Sus posiciones, hasta cierto punto opuestas, están altamente influidas por su pertenencia a grupos sociales, políticos e históricos distintos y también por sus circunstancias personales. En este sentido, es necesario enfatizar que, aunque existen similitudes entre las situaciones de las dos protagonistas, grandes diferencias se manifiestan en los textos, divergencias determinadas no sólo por su género sino también por otras variables de carácter cultural y personal.

Manuela y Bea pertenecen a familias disfuncionales en las que la figura del padre está generalmente ausente, y cuando está presente, es extremadamente violenta y disruptiva. Ambas protagonistas buscan refugio emocional en personajes distintos a la madre; la huída de la situación problemática en la que se encuentran aparece emparejada con el abandono de la ciudad que las ha visto crecer, Barcelona y Madrid respectivamente. No obstante, sus entornos socio-económicos y sus experiencias culturales y educativas divergen ampliamente, al igual que el resultado de la revisión del pasado que constituye el texto, lo cual es un efecto obvio de las diferencias sociales, temporales y geográficas de los escenarios. Mientras Un calor tan cercano se sitúa en la Barcelona obrera y, en su mayoría, perdedora de los años cuarenta y cincuenta, Beatriz y los cuerpos celestes se ambienta en el Madrid burgués de los ochenta y noventa.

Para el presente estudio, me concentraré en un elemento fundamental en las dos novelas mencionadas: la representación de la relación madre-hija, ya que, y quizás anticipándome a la conclusión del análisis, considero que los diferentes enfoques de dicha relación parecen ser característicos de diferentes generaciones (en términos generales) de mujeres en España, y están directamente relacionados con la evolución de la situación de la mujer en la España del siglo XX y con el debate entre el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia.

Mediante la exploración de la relación madre-hija, la narración de Un calor tan cercano ofrece una revisión del pasado desde una perspectiva subjetiva en la que la madre aparece como protagonista de una experiencia originada en “la estrategia de repliegue de una mujer acobardada en una época difícil”, como la misma narradora, Manuela, considera al referirse a su madre [14].

En Beatriz y los cuerpos celestes, sin embargo, no se observa un análisis explícitamente crítico del pasado reciente, excepto en los varios comentarios circunstanciales sobre la Sección Femenina y su modelo de mujer, siempre asociados con Herminia, la madre de Beatriz. Asimismo, no existe un cuestionamiento de la experiencia materna en tanto en cuanto ha sido profundamente marcada por el pasado reciente, obviamente silenciado social y políticamente. En todo caso, la narradora ofrece una racionalización de la identidad de Herminia, o, más correctamente, de su falta de identidad, pero no se advierte un intento de comprensión y asimilación de la misma como parte integral de la transmisión generacional de la memoria de las mujeres. De hecho, lo que sí se observa claramente es una ruptura total con el pasado, tanto personal como colectivo.

En ambos casos, no obstante, es evidente que la transición del orden semiótico al simbólico se ve claramente reflejada en la relación con la madre, ya que tanto Manuela como Beatriz rechazan lo que sus madres representan. Mercedes y Herminia aparecen como madres castradoras y como perpetuadoras del modelo de mujer patriarcal (el ángel del hogar) que las dos protagonistas comienzan a desafiar a edades tempranas: Manuela a través de sus excursiones con Ismael al mundo exterior del Barrio Chino, y Beatriz mediante su amistad con Mónica. En relación al vínculo semiótico con la madre, es interesante observar cómo la única fantasía de re-conexión con la madre en el caso de Manuela, representada en los sentimientos de la niña en relación a su madre, aparece relacionada con el agua y los sentidos, con la excepción de la vista: el olor de la madre, el calor de su piel, todas éstas, sensaciones asociadas con los ‘otros’ sentidos [15]. Un bellísimo ejemplo de este retorno al vínculo perfecto con la madre es ofrecido por la narradora cuando va con su madre a los baños públicos:

Aquellas contadas sesiones de higiene de película, a las que nos sometíamos con pudoroso placer, poseían una cálida promiscuidad de la que carecía nuestra vida cotidiana, acotada por los severos vestidos de mi madre, que parecían determinar la rigidez con que me hurtaba sus efusiones. Era, pienso ahora, cuando ya es tan tarde, como si sólo lejos del piso de los tíos, y desnuda, fuera capaz Mercedes de recuperar algo de su profunda indefensión para ofrecérmelo como un amago de ternura, como una forma física de acercarme al esquivo misterio de su amor por mí. [16]

En el caso de Beatriz, el paso de lo semiótico a lo simbólico parece manifestarse en relación a la madre a medida que la niña contacta con el mundo exterior y se aleja progresivamente del ámbito privado de la madre: “[Mi madre] sentía que la abandonaba, que me disponía a irme dejándola clavada a aquella casa, a aquella vida sin sentido de la que yo podía escapar, pero ella no” [17]. Esta separación voluntaria que la niña comienza a efectuar también tiene como consecuencia inmediata que la madre se esfuerce por retener a la hija, y estos esfuerzos maternales conducen al conflicto y ruptura finales.

El comportamiento del personaje de Herminia en Beatriz y los cuerpos celestes puede explicarse ciertamente en su relación con el modelo femenino institucionalizado por el régimen franquista, ya que la madre de Beatriz aparece descrita como “el orgullo de la Sección Femenina, la santa patrona de la abnegación y el sacrificio” [18]. De hecho, Herminia es una ejemplo de las mujeres educadas en las Escuelas de Hogar, donde “se aprendían los conocimientos necesarios para desempeñar su labor como esposas y madres de la nueva España” [19]. Además de representar el estereotipo del ángel falangista del hogar, Herminia también intenta imponer constantemente la norma a su hija Bea, dictándole lo que puede y no puede hacer: “Una mujer, me decía mi madre, no debe ir sola a un bar” [20]; y cómo comportarse como una señorita y marcar o enfatizar su feminidad: “He escuchado interminables peroratas de mi madre sobre mi aspecto y sobre la necesidad de que compre faldas y me deje crecer el pelo” [21]. En resumen, Beatriz ve a su madre como la figura castrante o fálica cuyo objetivo primordial es la perpetuación de la mística de la feminidad española en la que ella misma ha sido educada:

Lo importante era la renuncia, la sumisión a un poder ajeno, impuesto y absoluto, que exigía la entrega de lo íntimo en nombre de los sagrados valores de obediencia familiar. Se suponía que yo debía aprender a negarme a mí misma y a amoldarme, a aceptar normas y convenciones por incomprensibles que parecieran, asumiendo que se establecían porque eran buenas para mí. [22]

De este modo, Beatriz debe aspirar a ser un reflejo de su madre; debe acatar las leyes familiares y convertirse en la esposa y madre sumisa que, al igual que su propia madre, no será feliz en su matrimonio y, aún así, se resistirá al cambio que la liberaría de su papel subordinado y de una existencia infeliz: “Mi madre no pensó jamás en separarse. Faltaría más: ella era católica practicante. Su religión era lo más importante en su vida […] Su marido no la quería (o no la quería como ella hubiese querido que él la quisiese) y ella sólo podía ser esposa y madre: ni había deseado ni le habían enseñado otra cosa” [23]. Obviamente, puede verse aquí que Herminia no es representativa de la nueva generación de mujeres a las que, en la década de los sesenta, Sección Femenina urgía a integrar “two distinct representations: the traditional one, a feminine-cum-domestic woman; and a feminist one, albeit of a restrained kind, the educated working mother and successful single young woman” [24]. En este sentido es también interesante observar como la narradora nos muestra una imagen de la madre que aparece como representante de ese colectivo de mujeres que son percibidas por sus hijas como las “madres [que] aguantan los golpes del marido … porque se ven como unas inútiles que no aportan nada a la economía familiar … y crecieron en la creencia del valor del trabajo doméstico.” [25] Y es precisamente esta percepción la que hace a la hija rechazar el modelo ofrecido por la madre.

Por el contrario, aunque la problemática relación de Mercedes con su hija Manuela podría entenderse también en términos de reproducción generacional o perpetuación del estereotipo femenino, las razones para esta aparente continuación son diferentes. Mientras que Herminia cree firmemente en lo que predica a Beatriz, la aparente crueldad de Mercedes y su frialdad para con Manuela están directamente relacionadas con el tono que domina el libro, marcado por la resignación, la frustración y el miedo. Un claro ejemplo de este comportamiento se encuentra en la actitud de Amalia y Mercedes cuando las señoritas del Auxilio Social vienen a visitarlas. En palabras de la propia Amalia: “No es por lo que nos dan, sino por el daño que podrían hacernos, hay que estar a bien con esta gente” [26]. Las hermanas tienen que representar una farsa en la que fingen estar transmitiendo a Manuela los preceptos morales de la Sección Femenina, mientras que la realidad es completamente opuesta, pues la situación familiar no se corresponde en absoluto con “the state-projected norm” [27].

No obstante, la cuestión fundamental aún permanece sin respuesta: si tanto Manuela como Beatriz, mediante el ejercicio de revisión del pasado, rechazan lo que sus madres representan, ¿por qué hay diferencias tan claras, al menos en mi opinión, en el resultado de dicha exploración?

A mi modo de ver, la clave a esta pregunta reside en el conocimiento y entendimiento del pasado. Primeramente, las mujeres españolas en su colectividad pueden considerarse como víctimas del Régimen, ya que la imposición del modelo ideal de mujer franquista afectó a todas las mujeres sin importar su clase social, procedencia y/o la ideología política con la que se asociaban. Sin embargo, en el caso de las obras aquí estudiadas, existe una diferencia clara entre ambas madres. Mercedes es obviamente consciente de sus propias circunstancias y se refugia en la relación con su hermana, pero la narradora sabe que, en el fondo, Mercedes lamenta su propio comportamiento con su hija Manuela. En cierta manera, Mercedes parece reconocer la imposibilidad de darle una vida normal a Manuela y por eso aparenta rechazar cualquier vínculo afectivo con su hija, ya que en realidad Mercedes desea liberarla del anquilosamiento y asfixia de su entorno familiar: “[…] nunca pensé que sus frecuentes invocaciones a mi desaparición mediante fórmulas relacionadas con la asfixia […] significaran desamor por su parte, sino, simplemente, que habría preferido que las cosas fueran de otra manera” [28]. Beatriz, en cambio, no intenta en ningún momento explicar el comportamiento de su madre a través de la contextualización histórico-social de su experiencia. Para Bea, su madre intenta agarrarse a ella porque, en su infeliz matrimonio, su hija es lo único que le queda. Asimismo, el conflicto entre estos dos personajes se acentúa debido a la actitud rebelde de Bea, que comienza a desarrollarse en sus años adolescentes y que viene a representar la típica rebelión joven en la España de los ochenta y mucho más radicalmente en los noventa, rebelión muy distinta a la de los años anteriores, pues está marcada irremediablemente por los efectos de la desmemoria política: “Al fin y al cabo ésa era la idea, ¿o no? Escuchar una música determinada, vestir de cierta manera, arreglarte el pelo de un modo absurdo. Cosas que tus padres no entendieran, o no aprobaran. Si no conseguías escandalizarles, señal de que te habías equivocado, de que no eras lo bastante cool” [29].

Como anotación anecdótica y totalmente personal, he de añadir que yo también era algo parecido durante mi adolescencia en los años ochenta. En aquella época, yo pensaba que mis padres no me entendían, que éramos de planetas diferentes … Sin embargo, hoy por hoy, lo veo de otra manera: el país estaba cambiando a una velocidad exorbitante, y muchas personas de la generación de mis padres no estaban preparadas para asimilar los cambios que se estaban produciendo: el conflicto generacional estaba destinado a materializarse en las relaciones personales.

Sin embargo, el conflicto no era el único problema, sino que también era necesario buscar una solución a dicha confrontación. Es aquí donde aspectos generacionales y sociales cobran suma importancia. Las carencias que Manuela y su familia sufren durante la infancia de la niña hacen que la protagonista contextualice y comprenda la experiencia de su madre desde una perspectiva histórico-social, ya que tanto el conflicto generacional que se manifiesta entre la protagonista y su madre como el ejercicio de revisión que supone el texto están muy marcados por los cambios políticos que comienzan a producirse en España en los años sesenta y que afectan directamente a la generación representada por Manuela:

Ahora sé que mi madre pensó en mí hasta el final, y sé también que nunca dejará de maravillarme la sutileza con que la defraudada muchacha que aún respiraba entre los pliegues de su inexpresiva vejez actuó para que yo lo supiera. Aquí estoy, compréndeme. Mídeme con la vara de tu propia experiencia, no juzgues la derrota de mi vida con más severidad de la que usarás para juzgar la tuya.

Es su herencia, metida en una caja de zapatos. Que aprenda a amarla, como nunca la amé, por el camino de la compasión. [30]

De este modo, la conclusión final a la revisión de la infancia, obviamente marcada por la falta de una relación satisfactoria con la madre, se manifiesta en la forma de una reconciliación póstuma con la madre muerta, un entendimiento de sus circunstancias y la asimilación de la experiencia de Mercedes, que ha dejado una clara impronta en la memoria de la narradora.

Por el contrario, Beatriz concibe la situación de Herminia como el resultado de un cierto determinismo social que no es explorado en el texto:

¿Qué culpa tuvo mi padre de que le endosaran de por vida a una niña malcriada a la que casi no conocía, y a la que nadie le permitió conocer? ¿Qué culpa tuvo mi madre de encontrarse de la noche a la mañana encerrada en un piso enorme junto a un hombre que nunca estaba y que no le hacía el menor caso? Nadie le había enseñado a valerse por sí misma, no la prepararon para lo que se avecinaba. No, no hay culpas, solo causas. [31]

Se observa entonces una racionalización final de las circunstancias y experiencias maternas, pero no se produce ningún tipo de reconciliación y no se llega a un entendimiento de dichas experiencias; en claro contraste con la protagonista de Un calor tan cercano, Beatriz efectúa una ruptura radical con su madre, una separación que había comenzado años atrás en su adolescencia. El resultado final de esta escisión se traduce también en una interrupción de la continuidad generacional, o lo que se ha llamado al principio de este estudio, reproducción generacional, ya que la experiencia de la madre no es asimilada ni entendida, sino solamente racionalizada y rechazada, con lo cual parece borrarse de la memoria de la protagonista, debido a su propio deseo de un nuevo comienzo.

Para concluir, se puede decir que los textos estudiados ofrecen aproximaciones muy diferentes a la relación madre-hija, y esta diferencia es de esencial relevancia a la hora de alcanzar un entendimiento profundo de la historia de las mujeres españolas. En ambos casos, Manuela y Beatriz realizan un ejercicio de revisión del pasado propio, en el cual la conexión con la madre y la separación de la misma cumplen un papel primordial en el desarrollo de la identidad textual.

Las consecuencias finales de dicho ejercicio de la memoria son también importantes a dos niveles: todos los personajes en ambas narraciones y sus entornos respectivos representan diferentes etapas de la historia primeramente personal pero a la vez colectiva de un país en el que el cambio radical, aunque paulatino, de una dictadura a un sistema democrático es posible gracias al establecimiento de un silencio colectivo o desmemoria que comenzó en 1939 y que, en ciertos aspectos de nuestra sociedad, aún está vigente.

Finalmente, la posición de las narradoras respectivas, y en cierto modo de las escritoras en cuestión, difieren sobremanera, especialmente en lo que se refiere a su relación con el desarrollo del feminismo en España y el resto de Europa. La novela de Maruja Torres aparece como epítome de una experiencia femenina radicalmente diferente a la masculina. En cambio, Lucía Etxebarria, al hacer a su protagonista rechazar el vínculo con la madre y las diferencias de género, parece hacer un manifiesto a favor de cierto tipo de feminismo andrógino (¿posfeminismo?) en el que se borran las fronteras genéricas y se celebra la naturaleza humana, a pesar de su posmodernidad y la alienación y fragmentación del sujeto que obviamente conlleva.

En cualquier caso, ambos textos son de gran valor al ofrecer experiencias noveladas pero a la vez esenciales para el estudio de la situación de las mujeres en España. Estas novelas no se excluyen, sino que se complementan la una a la otra, contribuyendo a la representación literaria de la experiencia femenina dentro de su diversidad y quedando así como textos útiles para las generaciones de mujeres presentes y futuras que deseen indagar en la experiencia de mujeres resignadas como Mercedes, pasivas como Herminia, e incluso rebeldes como Beatriz, mujeres todas ellas representativas de nuestra experiencia reciente.

 

NOTAS

1. Nancy Chodorow, The Reproduction of Mothering. Psychoanalysis and the Sociology of Gender, Berkeley, Los Angeles, London, University of California Press, 1978; Marcela Lagarde, Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia, 2nd edición. Madrid: horas y HORAS, 1997.

2. Aurora Morcillo Gómez, ‘Feminismo y lucha política durante la II República y la Guerra Civil’, en P. Folguera (ed.), El feminismo en España: Dos siglos de historia, Madrid, Editorial Pablo Iglesias, 1988, p. 81.

3. Carme Molinero, ‘Silencio e invisibilidad: la mujer durante el primer franquismo,’ Revista de Occidente, 223 (Diciembre 1999), p. 77.

4. Documento encontrado en el dossier ‘La mujer en el Franquismo y la transición española’ proporcionado por el Centro de Documentación del Instituto de la Mujer, p. 5. Véase también Helen Graham, ‘Gender and the State: Women in the 1940s’ en H. Graham y J. Labanyi (eds), Spanish Cultural Studies: An Introduction. The Struggle for Modernity, Oxford and New York, Oxford U.P., 1995, p. 104.

5. Molinero, op. cit., p. 81.

6. María José Gámez Fuentes, Representaciones de lo materno en narrativas literarias y fílmicas de la democracia contemporánea: España 1975-1995, tesis doctoral inédita, Universidad de Nottingham, 1999, p. 83.

7. Documento encontrado en el dossier ‘La mujer en el Franquismo y la transición española’ proporcionado por el Centro de Documentación del Instituto de la Mujer, p. 6.

8. Gloria Morejudo, Determinantes del comportamiento político de la mujer española, inédito, Madrid, Instituto de la Mujer, 1985, citado en María Jesús Miranda, Crónica del desconcierto (actitudes básicas y demandas políticas de las españolas), Madrid, Ministerio de Cultura, Instituto de la Mujer, 1987, pp. 16-17.

9. Rosa Montero, ‘The Silent Revolution: The Social and Cultural Advances of Women in Democratic Spain’ en H. Graham y J. Labanyi (eds), Spanish Cultural Studies: An Introduction. The Struggle for Modernity, Oxford and New York, Oxford U.P., 1995, p. 382.

10. Nicolás Sartorius y Javier Alfaya, La memoria insumisa. Sobre la dictadura de Franco, Tercera edición, Madrid, Espasa Calpe, 1999, p.13.

11. Michael Richards, ‘Collective memory, the nation-state and post-Franco society’, en B. Jordan and R. Morgan-Tamosunas (eds), Contemporary Spanish Cultural Studies, London, Arnold, 2000, pp. 38, 44.

12. De hecho, estas diferencias generacionales son identificadas por Luis Garrido con ‘two biographies for Spanish women: a traditional one, associated with women formed under Franco and a modern one associated with those who have grown up in the transition and democratic periods’ (A. Brooksbank Jones, Women in Contemporary Spain, Manchester, Manchester University Press, 1997, p. vii).

13. Amparo Moreno Sardá, ‘La réplica de las mujeres al franquismo’, en P. Folguera (ed.), El feminismo en España: Dos siglos de historia, Madrid: Editorial Pablo Iglesias, 1988, p. 86.

14. Maruja Torres, Un calor tan cercano, Barcelona, Círculo de Lectores, 1997, p. 26. Todas las citas son de esta edición.

15. Esta correlación está basada en la conexión psicoanalítica entre los sentidos y la memoria y la manera en que ‘A trace is left on our physical apparatus of the perceptions which impinge upon it. This we may describe as a ‘memory-trace’; and to the function relating to it we give the name of ‘memory’’ (Freud, (1953)1991:687). Asimismo, está íntimamente relacionada con la asociación entre la subjetividad femenina y el orden semiótico tal y como lo define Julia Kristeva. Esta idea está inspirada por las investigaciones de Teresa Hurley en el campo de la maternidad y la polifonía en la literatura mexicana escrita por mujeres. Véase su tesis doctoral, M/Otherhood and Multivocality in Novels by Four Mexican Women Writers, University of Limerick, 2000.

16. Maruja Torres, op. cit., p. 144.

17. Lucía Etxebarria, Beatriz y los cuerpos celestes, Barcelona, Destino, 1998, p. 102. Todas las citas son de esta edición.

18. Lucía Etxebarria, op. cit., p. 84.

19. Gámez Fuentes, op. cit., p. 18.

20. Lucía Etxebarria, op. cit., p. 25.

21. Ibid., p. 53.

22. Ibid., p. 101.

23. Ibid., p. 85; la cursive es mía.

24. Rosario Coca Hernando, ‘Towards a New Image of Women under Franco: The Role of Sección Femenina,’ International Journal of Iberian Studies, 11(1), 1998, p. 12.

25. Miranda, op. cit., p. 95.

26. Maruja Torres, op. cit., p. 63. De hecho, estas señoritas son el resultado tangible de la educación de las mujeres durante la dictadura, la cual ‘would provide the gender-specific instruction necessary to bring the state into the home’ (Helen Graham, ‘Gender and the State: Women in the 1940s’, en H. Graham and J. Labanyi (eds), Spanish Cultural Studies: An Introduction. The Struggle for Modernity, Oxford and New York, Oxford U.P., 1995, p. 111).

27. Helen Graham, op. cit., p. 189.

28. Maruja Torres, op. cit., p. 95.

29. Lucía Etxebarrria, op. cit., p. 118.

30. Maruja Torres, op. cit., p. 245.

31. Lucía Etxebarria, op. cit., p. 241-242.

 

© María de la Cinta Ramblado Minero 2003
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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