Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 


 


Miguel Catalán:
El último Juan Balaguer

Valencia, Algar, 2002, 233 pp.

 


 

SOBRE NOVELAS DE LA GUERRA CIVIL

Dr. Luis Veres
Universidad Cardenal Herrera-CEU (Valencia)

El tema de la guerra civil española y de sus consecuencias se ha constituido en la segunda mitad del siglo XX en un filón de donde escritores de los diferentes grupos generacionales de la segunda mitad de este siglo han visto el correlato de la fabulación más fértil y de las intrigas más insospechadas. Lejos ha quedado aquella novela de los vencedores y de los militantes que analizaban el cruel fenómeno del conflicto como una guerra maniquea de arquetipos esquemáticos y de olvidos imperdonables con el fin de una idealización, a veces esquizofrénica, de esos años tan duros de nuestra historia. La epicidad de autores como Agustín de Foxá o Rafael García Serrano quedó eclipsada por la construcción de novelas más equilibradas que poseían una mayor ambición, la de colocar a cada hombre en su mundo, en su clase social, huyendo de los estereotipos trasnochados y de la polaridad más simple. Novelas como la trilogía de Arturo Barea, La forja de un rebelde, dieron al traste con el grupo de novelas de los vencedores que no había conseguido penetrar en la complejidad de un tema tan próximo en su pasado como el de la guerra civil. Quizás fue Barea el primero que consiguió captar la realidad del conflicto español con un acierto difícil de entender ante la carencia de una perspectiva histórica, pero fue el autor de La ruta, de La forja y de La llama, el que consiguió acaparar las distintas vertientes de la guerra recopilando sus causas y consecuencias en un universo verosímil que no se distanciaba en exceso de la realidad y que aunaba con gran maestría ficción y determinismo histórico. A Barea le siguieron Max Aub, Cela, Sender, Torrente Ballester, Delibes, Umbral, Benet, Marsé o, en parte, Muñoz Molina, autores que remembraron la guerra civil como un referente ineludible de la visión de la realidad española contemporánea.

Esta corriente narrativa se ha prolongado hasta nuestros días con novelistas de distinta suerte que han visto en la guerra civil una situación límite en donde se explican los hechos del presente y en donde se contextualizan a la perfección los requiebros de las pasiones y los rencores humanos. A ella pertenece el autor que nos ocupa, Miguel Catalán, y su novela El último Juan Balaguer. Catalán posee ya cierta trayectoria como investigador y ensayista procedente del mundo de la filosofía con varios ensayos como Pensamiento y acción (Barcelona-1994), Proceso a la guerra (Valencia-1997), Diccionario de falsas creencias (Alicante-2001), El sol de media noche (Alicante-2001), lo cual le ha conducido a publicar artículos en revistas como Leer, Claves de la razón práctica, Anthropos o Cuadernos del Norte. También es autor de una novela, Te morirás sin saberlo (Madrid-1996) y de un libro de cuentos, Sólo por si acaso (Alicante-2000).

El último Juan Balaguer es su tercera entrega narrativa, la cual consigue imponer una feliz distancia con sus títulos anteriores, ya que Catalán ha logrado en esta novela cierta madurez, al despojarse de algunos lastres lingüísticos de los que pecaba su prosa anterior, colorista y, en cierta medida, barroca. Pero ninguno de esos defectos nos aparece en El último Juan Balaguer, relato que ha conseguido fusionar con gran acierto el dinamismo narrativo, la fertilidad del diálogo y la descripción de los distintos contextos en los que se mueve la acción. Los logros de la novela no se detienen ahí, porque El último Juan Balaguer es un relato que esconde su mayor virtud en la estructura, ya que el autor juega con tres planos de significación, situados en tiempos distintos, aunados, finalmente, en una prodigiosa unidad. El grueso de la obra establece una multitud de curiosas situaciones entre la recreación histórica y el presente más actual. Por ello no se trata de una novela de la guerra civil que cumpla con las convenciones del canon de la novela histórica. Una cena de amigos sirve para encuadrar diversas historias en un laberinto de fábulas que quedan enlazadas en torno al motivo del mito y, así, el encuentro de un viejo mago y un joven, la historia de un cuadro de Delacroix, un pintor y una historia de amor pasional, el relato despiadado de las huellas de los refugiados españoles en los campos de concentración franceses meses antes de la ocupación alemana, se transforman en una historia del destino de los hombres, una historia de la humanidad de carácter simbólico interrumpida por los avatares del presente que alcanza cotas de perfección poco frecuentes. La novela consigue con esta trama entretener al lector más exigente, distrayendo su atención con recursos nada fáciles y estableciendo un juego de correspondencias en donde el narrador apuesta y vence, y en donde el lector, finalmente, debe reconocer su derrota, derrota en la ficción del relato que no encuentra su paralelo en la realidad, pues nada de este libro aburre, y ello sin procedimientos al uso en unos tiempos en donde prima la lógica del mercado y la satisfacción de los gustos más habituales.


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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2003