Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 


 


José Jiménez Lozano:   El viaje de Jonás
 

Ediciones del Bronce. Barcelona, 2002; pp.132.


Había una vez...

Teresa DOMINGO

"Un hombre solamente" -p.115- "que un día oyó una voz, y se dejó comprometer" -p.49-, y tenía el hombre un nombre que significaba "Paloma, hijo del Verdadero", pero atendía por Jonás. Y esa es la historia que Jonás era un hombre y, como tal, siente miedo -cuando le encargan una misión peligrosa que supera sus limitadas fuerzas- y se extasía con la belleza que, si puede, trata de poseer para disfrutar con ella -su mujer, su manto, su bastón-; quien, para afrontar los mareos durante la travesía, se duerme; al que le gusta aprender, mirar el huerto y a su mujer Micha que es de armas tomar y, encima, leída, y que quiere pasar desapercibido sólo que "le perdía la pasión por hablar" -fabulare-.

Él "era un profeta muy pequeño" -ya lo sabe-, es humilde y conoce sus limitaciones: sus profecías son pequeñas y muy matizadas, y sus debilidades que justifica muy bien: la capa y el bastón son necesarios para su trabajo y el mensajero se ha confundido de destinatario; lo mismo que Micha sabe poner en bonito el porqué de escuchar a escondidas. Ambos son letrados.

El texto seduce desde el principio, porque nos acerca a un hombre de otro tiempo que vive y siente como nosotros; si él ha estado en el vientre de la ballena, los demás también hay días en que lo parece. Y, si eso es el sheol, que no nos molesten , nos haremos un nido en la nada.

La ternura en que convive el matrimonio, incluso, cuando están setenta y siete semanas sin relacionarse. El terror de los marineros y del capitán ante la tormenta y la decisión que van a tomar -apelar al juicio divino- que señalará, claro, al extraño, al que no es de los suyos. La candidez del aprendiz de idiomas que "se estaba preparando para hacer de mensajero o embajador" -p.58- y el juicio que semejante profesión le merece al anciano. La calidad del vientre de la ballena, otro seno. La sabiduría y discreción del cajero de Tiffany's como la de sus homólogos, hoy, en un banco suizo. La decepción de Jonás tras haber corrido tanto riesgo y su enfado con YHVH que le desacredita y le mata el ricino.

Lo que nos ofrece es la historia de un hombre y, eso, mientras siga habiéndolos, es intemporal. Aparecerán totalitarismos -como el de Nínive, donde se prohíbe discrepar - y lo políticamente correcto variará, habrá conflictos cotidianos derivados de la convivencia, jóvenes con intención de medrar, hombres tranquilos y sin ambiciones, mujeres coquetas y que quieren que su marido sea importante -ascienda-, hombres con o sin pendientes -según las modas-, que conocerán lugares lejanos o no, que se comprometerán o no con la voz oída o no oirán voz alguna... Pero la condición del hombre seguirá siendo idéntica.

Las descripciones nos sitúan en un ambiente humano, próximo al nuestro. La creación de ambientes cotidianos nos hace convivir con los personajes y su mundo, contribuye a ello la atención a lo simple y lo pequeño. El humor y la ironía -marca de la casa- relativizan y subrayan conceptos como: la expresión literaria -pp.11 y 17-, la violencia diaria -p.52-, la misión del narrador -p.83-; para las notas finales no hay palabras: son una delicia, el colofón. La plasticidad de las imágenes sorprende como siempre. En fin, la ternura y el mimo con que se cuenta hacen esta fábula -relato de un hombre para hombres- entrañable y apasionante.

Claro que en la base de todo ello hay un gran conocimiento y referencias culturales múltiples, pero sin ruido, como sin que se note, forman parte de la vida del narrador.

Un libro contracorriente, que nos pone delante de los ojos al mundo y al hombre en clave de humor y de ternura: pura gloria.


 El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/jonas.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2003