Leer es elegir

Pablo Mora
moraleja@telcel.net.ve
Profesor Titular, Jubilado, UNET
San Cristóbal, Táchira, Venezuela


 

   
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Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar,
Hay una calle ciega que está vedada a mis pasos,
Hay un espejo que me ha visto por última vez,
Hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo.
Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos)
Hay alguno que ya nunca abriré.
Este verano cumpliré cincuenta años;
La muerte me desgasta, incesante.
Jorge Luis Borges, Límites

 

I Leer es elegir

Liminar

Leer es pasar la vista por o a lo largo de, pasar lista o revista, ver, observar, ojear, mirar, admirar, recorrer con la mirada, contemplar, otear, examinar, considerar, discernir, descifrar, analizar, razonar, reunir, relacionar, entresacar, reconocer, clasificar, distinguir, interpretar, juzgar, comprender, asimilar, explicar, tomar, coger, recoger, escoger, seleccionar, nombrar, apropiarse, seguir, amainar, devanar, costear, levar anclas, hacerse a la vela, cargar las velas, amainar las velas, recorrer, construir, reconstruir, aproximarse, rastrear, explorar, penetrar, interrogar, investigar, escuchar, enterarse, estudiar, profundizar, descubrir, percibir, acertar, atinar, adivinar, transmitir, discutir, crecer, rebelarse, crear, re-crear, inventar, gustar, saborear, cultivarse, ilustrarse, asombrarse, entusiasmarse, interactuar, vivir, legar, delegar... es decir, captar, asir, prender, aprender, aprehender, pensar, entender (intellegere = intus-legere), elegir (legere) y elegir lo mejor (intellegentia - elegantia).

Leer es pensar

Entre las operaciones que se cumplen en el acto de leer tenemos: la percepción, el reconocimiento, la organización y la retención del material leído. Se trata de percibir unos elementos y relacionarlos hasta dar con el significado o los significados que hagan posible su comprensión.

El desarrollo del pensamiento, según Hilda Traba, se correlaciona con los niveles de comprensión en la lectura. Progresivamente, la formación de conceptos discurre a través de las funciones de diferenciación, abstracción y ordenamiento, pasando por la inferencia y la generalización que, a su vez, incluyen la identificación, la comparación, la síntesis y la interpretación.1

Leer es pensar. La lectura equivale al proceso del pensamiento. Sin el pensamiento, la lectura no sería sino una simple actividad mecánica de reconocimiento de palabras y no la posibilidad de interpretación de símbolos, captación de significados y evaluación de mensajes.2

La lectura implica, al menos, cuatro operaciones: reconocer, organizar, elaborar y evaluar. Alcanzar el significado de los símbolos gráficos empleados en el texto; combinar el significado de las palabras en la oración, frase, párrafo o capítulo de marras; por último, evaluar o cotejar los contenidos con los ideales, las concepciones y sentimientos propios para aceptar o rechazar las supuestas verdades o afirmaciones vertidas en el texto.3

Para Goodman, la lectura se compone de cuatro ciclos: un ciclo óptico, que va hacia un ciclo perceptual, de allí a uno gramatical, terminando finalmente con un ciclo de significado.

Diríamos con Piaget que el ejercicio de la lectura gira entre la continuidad y la novedad, entre la estabilidad y el cambio, entre la asimilación y la acomodación, con miras a un equilibrio que progresa a medida del desarrollo intelectual del hombre, de su maduración, experiencias físicas e interacciones sociales.4

Por otra parte, si “el objetivo principal de la educación es crear hombres que sean capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente repetir lo que han hecho otras generaciones: hombres que sean creativos, descubridores”5, nos correspondería apuntar permanentemente a una lectura crítica, a una evaluación de nuestro devenir personal, histórico, donde, haciéndole caso a Russell, participen por igual factores actitudinales, cognoscitivos y evaluativos, en función del examen, del juicio, sobre nuestro acontecer diario.6

Pero ¿qué mayor acontecer diario que el de nosotros mismos? Antes que cualquier lectura horizontal, vertical o selectiva, exploratoria, informativa o de estudio, el hombre requiere permanentemente una lectura evaluativa de sí mismo en función de una co-lectura.

Él, a quien gratuitamente como a San Agustín se le diera el libro de la naturaleza bajo el imperativo de tolle, lege -toma, lee-, ha de hacerlo suyo, mirarlo, ojearlo y hojearlo, pulsarlo, vivirlo, analizarlo, interpelarlo -olerlo como hace García Márquez con todo libro nuevo- hasta que habiéndolo leído de tomo a lomo sea capaz de legar la mejor lectura a la posteridad como relevo existencial de su presencia, peregrinaje y acción en el mundo. Él que vio, anduvo y leyó, posesionado del tesoro del espíritu universal, deberá -testigo en mano-, traspasarlo a las generaciones de relevo que lo esperan en el camino.7

La palabra -la lectura- es acto de fe, profesión de fe, búsqueda de luz, fototropismo ascendente positivo - zetesis poiesológica-, extensión de la conciencia. Toma, lee, se nos dijo. Hecha nuestra lectura, un día delegamos nuestro asombro, nuestra cosecha, nuestra poesía -creación- y así al infinito, todos, lectores, creadores, recreadores, poetas en plan de permanente elección, hijos del mañana con nostalgia de paz y de futuro, en sueño eterno, en teleescritura - teleliteratura eternas.

La vida, ejercicio de lectura

Arquitecto de su propio destino -artifex vitae artifex sui- artífice de sí mismo, de su destino ( A. Nervo, B. Brecht) tal como la arquitectura un ejercicio de lectura (G. Legórburu), el hombre, mientras va siendo, en vida, no debería estar sino en permanente función de lectura, de vigilancia, de lección, de elección. Empezando por la lectura de su madre: Incipe, parve puer, risu cognoscere matrem. Comenzando, tierno niño, a conocerla por su sonrisa como lo soñara el pastoril Virgilio. Y, así, camino adelante, camino arriba, lluvia, noche, sol arriba, en su “largo rodeo” -nocte dieque incubando-, dándole vueltas al alma, siguiendo, prosiguiendo la lectura de su experiencia vital o erlebnis. Con la lectura de su tiempo, hilvanando sus mejores Hojas de Vida.

De lectura en lectura, entre sucesivas lecturas, entre primeras y segundas lecturas, fenomenológicamente hablando, entre nuevas lecturas; leyendo entre líneas; entre la lectura geológica, floral, paisajística, ecológica, ambiental, antropométrica; prosiguiendo con la lectura biopsicosocial, política, económica, laboral, recreacional, poética, cultural, mística, espiritual; va configurando la lectura arquitectónica del mundo, del espacio -físico y espiritual- y del tiempo histórico, la territorialidad en la que le correspondió vivir, leer, edificar, hasta dar con la mejor lectura individual inserta en la grupal, colectiva -glocal - que le permitirá la lectura de sus capacidades de aprehensión, codificación y decodificación, las que a su vez le irán revelando sus experiencias, en una palabra, los carriles, los durmientes, los cimientos o fundaciones por los que ha de fluir el hormigón de su conciencia social, de su obrar colectivo, de su impulso creador, co-creador, socio-creador, re-creador.

Buen capeador de tempestades, entre el mar turbulento de la vida, irá leyendo los signos, el espíritu del tiempo, los presagios de los días como otrora el guerrero los leyera en el vuelo de la corneja izquierda agazapada en los árboles del camino.

Dejando sus propias lecturas al vuelo de los días, haciéndose más legible para sí y para los suyos, irá descifrando las huellas de sus antepasados: sus testimonios, herencias, mensajes; sus lecturas, bibliotecas, acopios, enciclopedias o reservas. Igual hará con las partituras de los himnos de los pájaros y su gente; con los herbajes, papiros y rastrojos de sus campos, urbanizaciones y barriadas, hasta ir fraguando, haciendo más legibles su morada, su bagaje, su pueblo, su mirada; su aldea, su ciudad, sus lugares, sus parajes,

A poco andar, entre sus años, insomnios, rebeldías, el cúmulo de lecturas efectuadas le permitirá trazarse su Proyecto de Vida, su Proyecto Creador, su Vocación para la Vida como testimonio irreversible de la solución que dio al problema de los problemas, a ese conflicto o ese centro de un conflicto que es el hombre. (Dubuffet).

Con nuestro propio lápiz, apenas reparemos, habremos escrito nuestra historia en las Hojas de Vida de nuestro propio Libro de Vida. El tiempo y quienes nos sucedan se encargarán de evaluar finalmente nuestros escritos o legados.

Allí quedarán referencias de ese campo espiritual, de ese espacio cultural, de esa tonalidad de humor que coloreó las experiencias anímico-espirituales de nuestra época junto a nuestro “yo”. Allí retumbará la entonación que dimos a nuestro aliento, a nuestro élan vital, a nuestra energía creadora, a nuestro impulso creador o energía espiritual, resonancia acumulada que acompañó nuestros trasnochos mientras de madrugada, en penumbra vigilante, a coro en el asombro, cabeceábamos, sobre nuestras mesas de diseño, nuestra sed de sueño, nuestras ansias de vivir.8

Saber elegir

Lo cierto es que a pesar de toda escritura, antes que confiarnos a lo mero escrito, hemos de grabar el recuerdo vivo en nuestras propias almas, si queremos cultivar un verdadero saber y transferirlo, ya que “la verdadera escritura es la que se graba en el alma del que aprende”, del que lee.9

Y ¿de qué saber se trata? Sólo la frónesis nos dice cuáles son los bienes verdaderos y cuáles los falsos y por cuáles de ellos debemos optar. Cuáles, como los libros, son dignos de ser amados. Se trata precisamente de saber elegir, de saber leer. A partir del “conocimiento filosófico de las ideas que nace de la reflexión del espíritu sobre su propio cosmos interior”10. El saber reposa en la “concentración” del alma en búsqueda de “la más perfecta visión (teoría) del cosmos de las fuerzas humanas y demoníacas”.11

A pesar de la fuerza divina que apenas el hombre puede resistir, la que hace inseguros sus esfuerzos, con la que a veces los dioses ciegan a quienes quieren perder12, a pesar de la moira griega, de la tragedia, el hombre puede y debe ser autor, co-autor de su destino a través de la libertad de opción, de su decisión interior vital, de su selección, de su elección, de su lección, de su lectura vital, de “la mirada espiritual del hombre”.13

En fin de cuentas, “la responsabilidad es del que elige su suerte”, su vida, su aliento, su lectura, su “mayor lección”, su “lección fundamental” o comprensión del bien, el obrar y el trascender14. Desde el fondo de la caverna platónica, encadenados, de espaldas a la luz del sol ideal, frente al difícil pero no imposible “trabajo de romper las cadenas para poder tornar el torso desnudo hacia la entrada de la caverna, y mirar de frente, sin enceguecer, el mundo radiante de las ideas que pasan”.15

Duro y peligroso para todos elegir el destino de vida, leer su propia vida, su forma de vida, su ideal de vida, en marcha adelante, siempre hacia arriba16. Por eso, sólo agudeza, facilidad de comprensión y tenacidad17, harán posible al hombre la dialéctica sinopsis, la definición global, sintética, de sus virtudes, de la virtud, esa esencia común del espíritu, ese órgano ecuménico, cósmico, ese fuego o logos propio-universal del hombre.18

Leer es elegir

Conscientes de “la problemática que supone la plasmación del pensamiento por medio de la palabra escrita”, reconociendo sus límites, hemos de confiar en el “mundo del alma humana, en todas sus emociones y en todas sus fuerzas”19, en volvernos hacia la luz “con toda el alma”, en hacer girar “toda el alma” hacia la luz de la idea del bien, origen de todo, convencidos de que “el alma del hombre es como el ojo, el más solar de nuestros sentidos, el más noble”.20

Hemos de reconocer también que, a partir de la percepción, suma selectiva de sensaciones, por ensayo y error, por tanteo, el hombre va desde una sensibilidad externa a una interna, alcanzando una genérica-sintética, gracias a su tacto personal, tacto seguro (aiestesis) del que depende que podamos fijar la sensación de nuestra existencia, la radiografía de nuestra humanidad, en búsqueda de estrategias vitales de auto-realización, dentro del mejor auto-diagnóstico existencial, en comunión con los demás hombres21. En pro del llamado personal, vocacional, sociogénico, con miras a un sinérgico desarrollo societal específico.

Sin pretender fundamentar nuestra vida en el solo pensamiento, en sus limitaciones, pensamos con San Agustín que, antes que acudir al ámbito meramente social, hemos de regresar a nosotros mismos, pues, sin tener que ir fuera, es en el interior del hombre donde habita, reside la verdad: Noli foras ire, in te redi, in interiore homine habitat veritas (Aurelius Augustinus: De Vera Religione)22. En verdad, “todas las rutas van hacia la morada de los hombres”. Nos lo dice Horacio: Est modus in rebus, sunt certi denique fines, quos ultra citraque nequit consistere rectum. (Hay en las cosas medida y ciertos límites prescriptos, de los cuales jamás puede la virtud ir atrás ni ir adelante.) “No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. Lo más importante es invisible.”23

Antes que leer por leer, Gibbon nos recuerda que debemos ejercitarnos en pensar y, mejor, en saber elegir. Por ello, nos complace sobre manera coincidir plenamente con J. Guitton en que “leer es escoger, o, si preferís, con una palabra que se grabará: leer es elegir... y es elegir en todos los grados”, formas y sentidos.24

Lectura de la patria

Si importante es volver a la infancia, con ojos de niños, reconstruir lecturas, encontrarse con la niebla de vuelta a las primeras madrugadas, preguntar a la neblina por la primera plana de la escuela, por el cafetal y por su aldea, su soledad, su musgo, su vereda; por el sueño y su colina azul, cabalgando risueños por el cielo; tornar al fuego interior de la morada humana, al hombre que con nosotros va, a nosotros mismos, más importante y difícil elegir el destino colectivo: leer el mundo, configurar el destino de la propia patria, su mejor proyecto o porvenir.

Leer el mundo, saber leer el mundo es impostergable, indispensable, una necesidad. A partir de la lectura de nuestra aldea, de nuestra localidad, alcanzaremos la del mundo. Desde el cimiento de nuestra propia lectura y la de nuestras circunstancias, lograremos leer el mundo, el que nos correspondió, contribuyendo así a entender y salvar a la humanidad misma.

Es Ernesto Sábato quien lo recuerda: “No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y el aquí.”25 En otra ocasión nos convencía de que sólo universaliza quien ahonda en su aldea.

Apenas ojeado el panorama de violencia permanente, de incertidumbre y pre-revolución, de turbulencia, atrocidad y angustia, pudiera sostenerse que, hoy, entre nosotros, en nuestra patria, nadie lee, nadie estudia y menos, investiga. Ni está en condiciones de hacerlo. Nadie puede leer, ni estudiar, ni investigar holgada, cómoda, sistemática, metódicamente, como convendría, debido al clima reinante de zozobra, desasosiego e intranquilidad, con las concomitantes secuelas negativas para nuestro desarrollo intelectual, técnico y científico.

Difícil, entonces, adelantar una lectura crítica, interpretativa, de la patria -científica- como otrora la hicieran, ejemplarmente, en Latinoamérica, un Mariátegui, un O’Higgins, un Allende, un Bolívar, un Vallejo, un Guevara, un Zea, un Rama, un Rodó, un Freyre, Asturias, Martí, Picón Salas, Betancourt o Carpentier.

En un como secuestro histórico cotidiano, nuestra identidad aparece descaradamente incautada, retenida, confiscada. Ante el vacío de la norma y los valores, las alternativas para definir una ubicación, un despegue, se oscurecen. Somos más capaces de identificarnos con una estación radial o televisiva, nacional o local, con un órgano periodístico o una ventana virtual, que con nosotros mismos y con nuestra propia patria, sus intereses, aspiraciones, utopías.

Menos, somos capaces de dar con la entonación, el humor, con la tendencia, con el perfil que pudiera determinar una salida definitiva para nuestro entorno personal-social-colectivo, glocalizante. Enrarecido, nublado, congestionado el palacio y, con él, el parlamento, la capilla, los altares, la banca, la callejuela, los bares, las cantinas, los burdeles y sus guarichas, no somos más que “barcos ebrios” en permanente tempestad que no atinamos a dar con mejores amaneceres.

Y menos con un Estado Social Naciente en cuanto auténtica transición social fincada en una solidaridad alternativa y en una exploración de lo posible y lo factible dentro de los rieles de la presente hora histórica; en cuanto nuevo paso evolutivo nacional, amparado en una lealtad social, fundada en el valor universal de la persona en su doble dimensión individual y social, dispuesto a resolver los problemas sociales, en la amplia perspectiva de un mundo glocalizado, dentro de los fraternos lindes geopolíticos, mediante nueva visión, nuevos instrumentos, nuevas leyes, nuevos métodos, nuevas creaciones. (F. Alberoni). Mediante otro modo de ver el mundo, de leerlo, de vivir o sobrevivir, en cuanto construcción histórica, donde la verdad y el saber social sean normas de ser en concomitancia con una real praxis liberadora, razón de ser de nuestra más legítima elección

Difícil, desde luego, convencerse de que la paz pasa a través de la revolución; de la realidad de un orden nuevo mediante la acción solidaria, colectiva. De la hora de la creación, la esperanza y el riesgo. La de asumir personal, comunitaria y nacionalmente el riesgo de la aventura humana y afrontar con fortaleza la eventualidad del fracaso. De que sólo una tierra -una democracia- distinta hará menos imposible el cielo. (G. Girardi).

Urge “rescatar, leer los signos que dejan las constelaciones y los solsticios para que trabajemos como esforzados segadores en dirección a la luz, esté donde esté, en los territorios de la democracia o la subversión, en aquellos que apunten hacia la consagración de la justicia, la belleza y el amor.” (Mery Sananes).

Lectura de América, del mundo

Alargando la lectura patria, más difícil todavía pretender una lectura de América o del mundo. En medio de la larga letanía del cósmico dolor humano, en esta hora de guerra planetaria, en esta hora incierta de los hombres, “entre la herida universal” del orbe, en esta suprema encrucijada de historia y liderazgos, mientras cada quien quiere su imagen agigantar, cuando “la luna canjeó su puesto con la muerte”, entre nosotros, medianamente imposible distinguir el rumbo, el ritmo, el viraje, el aire que nos falta, el necesario para leer en alta mar, para estudiar y cultivarse, mientras esperamos, atrincherados en luz, al enemigo, cual contrafuertes de justicia y esperanza.

Ojalá leyésemos a tiempo a América que sería como leernos a nosotros mismos, a nuestros primeros jeroglíficos, entre tanta vorágine mundial. Ojalá una Cruzada Nacional-Continental le saliera al paso a tanto apabullante desconcierto, aturdimiento audiovisual, transnacional, capaz de reparar por los fundamentos psicosociales, sobre todo socio-geopolíticos del fenómeno de la lectura, donde al tiempo que se estudie y considere la naturaleza de la misma como proceso de enriquecimiento evolutivo humano, se la entienda como posibilidad real de comprensión de nuestra trágica dependencia y como alternativa válida para la formación del Proyecto Nacional Continental Necesario.

Mientras a las puertas marinas de nuestro Continente, encima de nuestras patrias, cerca de los hombros de esta América, sin que nadie sepa de aquel hombre, aquella gesta, se yergue, orondo, el invasor con sus últimos alaridos de dominación y violencia, como nunca nuestra orgánica y subterránea unidad vital ha de afianzarse en nuestra Lengua, en nuestras ideas, nuestros enunciados, nuestros principios, canciones, minas, siembras, soledades, graneros, horizontes, tinieblas, clarores, llagaduras, signos, señas, para retomar el discurso de nuestra Liberación Continental mediante una auténtica lectura selectiva, analítica, evaluativa, nacional-continental-científica, convencidos de que nuestra mejor defensa es el conocimiento de nuestro propio idioma, nuestros propios textos, que es como decir de nuestros propios sueños, creaciones, trasnochos, vigilias o esperanzas.

Nuevas Bienaventuranzas

¡Ay del hombre que tenga que recordar: aprendí de niño a disparar con la pistola de mi padre! Bienaventurado, en cambio, quien confirme que aprendió a leer en el seno de su madre y, mejor aún, quien empezó a conocerla por su sonrisa.

Venturado quien aprendió “a leer en los ojos de su maestra bajo el cielo siempre azul de su mirada: la palabra aurora en su alegría trasnochada; mar, laguna, estero, cuando dejaba pasar su voz de agua serena”. Dichoso porque aprendió “a leer espiga de sólo ver el viento trillando en sus cabellos”.26

Feliz el que proclama con nostalgia alegre: “La maestra que me enseñó a leer tenía en sus ojos un mar que a veces viene a refrescar mi soledad.” Felices los que descifren las “preguntas sin respuesta esperando en los caminos.”27

Bienandante quien en el exilio sienta todavía a su patria en “la piel, esa memoria de los días” mientras “pasan cielos después de la lluvia buscando azules que ahora languidecen en los jazmines de su llanto.”28

Bienhadado quien aprendió el color tostado de la guerra en los ojos enloquecidamente tiernos de su Cristo o quien leyó los grandes peligros de su patria en el crujido terrible de sus goznes.

Afortunado aquél que hubiere habitado en “El Techo de la Ballena” porque ése si sabe de “Las hogueras más altas”. También quien hubiere estado en las entrañas del monstruo porque supo como nadie de sus horrendísimos secretos, maquinaciones y asechanzas.

Agraciado aquél que no esquiva la mirada ante la ruin miseria porque sabe del hormigón de las vocales, lejos del dominio de los perros vivos.

Conténtese quien haya conocido la Libertad en el regazo de una nodriza negra, soñando a la sombra de sus pechos amasar la paz para su gente.

Enorgullézcase el que atine a leer la historia de los pájaros y el viento en la música arbolada de la sombra mañanera.

Florézcale la vida a quien en todo acordeón palpe la lágrima del hambre escondida en la garganta de un hombre o en un fusil o ametralladora mercenaria, ajena.

Confórmese quien detecte tantas muertes anunciadas lejos de Macondo, entre su aldea, cerca de su casa o en su propia cena.

Bienafortunado el hombre que lea los grises secretos del camino en los augurios de las aves, laderando sueños detrás de alguna barricada.

Feliz quien, a primera leída, lo asombren los relámpagos del pobre, “los rostros de las palabras” vida, muerte, sobrevida o tiempo o pan o luna o rabia.

Venturoso el hombre que acostumbre leerle a las horas sus celadas; a los sueños, sus celadas y a los hombres, sus celadas.

Bienaventurado quien conozca el sigilo misterioso de las Cuevas donde yacen o se esconden las palabras, botines y maldades de los dioses, los demonios y los bosques.

Dichoso quien lea el aplauso de los pájaros.

Conténtese quien haya oído decir que “la palabra es la casa del ser”, que “saber es saber a qué atenerse” y que “pensar es, en última instancia, saborear.”29

Bienaventurado quien conozca “las razones del mundo, los problemas del tiempo, del espacio, de la inmortalidad.” De igual modo quien sienta llorar un libro, nostálgico y dolido, “sobre la ruina de los sueños y los amores, sobre la vanidad, inanidad y futileza de las cosas.”30

Confórmense quienes “ante una página escrita no se olvidan de ser hombres y que un hombre les habla”, pues reconocen que aunque “los libros no son los hombres, son medios para llegar a ellos.”31

Antes que anochezcan nuestros ojos ¿a qué engañarnos? La verdad es que nunca hemos sabido leer. Nos lo dice Hsiang, el custodio de los libros. Ahí están en los altos anaqueles, cercanos y lejanos a un tiempo, secretos y visibles como los astros. Ahí están los jardines y los templos32. Las trágicas comedias de los hombres y sus dioses.

Mientras “la noche gastada se quede en los ojos de los ciegos, piensa que de algún modo ya estás muerto.” Pregúntate, con Borges, “si no te espera el mármol que no leerás... si entre los libros de tu biblioteca no hay alguno que ya nunca abrirás y si ¿no es acaso tu irreversible tiempo el de aquel río en cuyo espejo Heráclito vio el símbolo de su fugacidad?”33

Pregúntate si ¿no es acaso hombre quien aprende a leer y a descifrar a tiempo el vientre de su “noche larga y oscura en la cual la luna canjeó su puesto con la muerte?34

 

II Hacia una lectura audiovisiva

Pedagogía de la lectura audiovisiva

Debe pensarse seriamente en el fomento de una actitud crítica ante los medios de comunicación social imperantes en nuestra sociedad moderna, a través de los pilares fundamentales de la familia, el hogar y los propios grupos comunitarios. Propicia la ocasión para que la denominada “antiescuela” de los extramuros escolares traspase sus linderos y coparticipe con los educadores en un análisis formal de la producción audiovisiva que nos circunda.

Se trata de que se establezca un flujo de experiencias, donde se enriquezcan tanto las comunidades de base como las educativas, propiamente dichas, a través del diálogo que pueda suscitarse a partir de los mensajes provenientes de los distintos medios de comunicación social. Esta tarea de aprendizaje mutuo, recíproco, fortalecería el espíritu de nuestros jóvenes para afrontar las tantas alienaciones a las que se ven expuestos diariamente.

Valiéndonos de una actitud “apocalíptica”, en lugar de dejarnos llevar por los medios en sí, estaríamos en acecho permanente frente a lo que nos brindan, buscando siempre una problermatización de nuestros intereses y propósitos que apuntale una auténtica pedagogía o educación de la libertad tal como lo pregona insistentemente Paulo Freire.

Antes que mera evasión, buscaríamos la cuota de responsabilidad social que debe caracterizar a los mejores mensajes comunicacionales, en esa incidencia o compromiso con nuestra propia responsabilidad mediata e inmediata.

Un acercamiento a la producción y al fenómeno audiovisivo equivale a proponernos una alternativa educacional para la escuela activa que todos anhelamos.

Tal actitud crítica consiste precisamente en caer en cuenta que el comunicador transmitió su mensaje a través de un proceso de escogencia entre varias hipótesis, que el espectador debe comprender, decodificar y valorar, es decir, leer mediante una auténtica, racional, crítica lectura audiovisiva.

En una palabra, frente a la creciente plusvalía ideológica de permanente alienación, padres, familia y escuela, tienen una ardua tarea que cumplir, de manera de desalienar a tiempo las mentes de las actuales generaciones más que nunca urgidas de libertad para pensar en su respuesta personal y social, en su proyecto individual y societario.

En pro de una real lectura audiovisiva, aupamos una verdadera pedagogía audiovisiva, que considere la presencia de la actual era de las comunicaciones como un hábitat normal y expedito, en el que sustente sus objetivos, su logística.

A tiempo debemos intercambiar programaciones y experiencias que sean capaces de salirle al paso a las fuerzas transnacionales sustentadoras del monopolio ideológico de los medios de comunicación social.

Creemos firmemente que sólo el establecimiento de un diálogo permanente de jóvenes entre sí y entre los jóvenes y las viejas generaciones será capaz de cumplir con el relevo del patrimonio de nuestros mejores valores morales, artísticos e intelectuales. Diálogo en algunos instantes ocasional; en otros, permanente; pero que en todo caso conviene programar cuando las circunstancias lo ameriten, en función de nuestra formación comunitaria, de nuestro crecimiento ciudadano.

Educación para un hombre audiovisivo

En el campo educativo, los medios de comunicación han suscitado todo un trastrocamiento en los métodos y en los valores. La educación tradicional se basaba en criterios lógicos y sistemáticos que influían sobre el sujeto de la educación, creando convicciones profundas y estables. Con la llegada de los mass media un nuevo factor se insertó prepotentemente en el sistema educativo, constituido por las nuevas influencias que los medios de comunicación ejercen.

“La existencia de los hombres se sitúa siempre más sobre el plano visual” en decir de J. M. Peters. Es común oír hablar del hombre audiovisivo -homo ciberneticus-. De modo que se hace necesario que una nueva forma de educación intervenga para trazar un puente entre la vida real de los jóvenes y la irreal que asimilan en el “segundo mundo” de los medios.

Respecto a la mayor o menor influencia de los mass media, parecen oponerse las defensas señaladas por J. T. Klapper. Es decir, que frente a los contenidos de los medios, cada individuo esgrime una serie de defensas, por lo que lee y oye sólo aquello que concuerda con sus gustos (exposición selectiva), asimila y entiende sólo las nociones que coinciden con sus ideas (percepción selectiva) y acomoda toda recepción de manera de hacerla corresponder con sus opiniones primarias (memoria selectiva).

Estando así las cosas, muchos pedagogos hablan insistentemente de la actitud crítica del destinatario de los mensajes audiovisuales y expresan algunas ideas acerca de una futura pedagogía ante los medios, a desarrollarse sea en la familia, sea en la escuela. Hablan de una educación que se adapte a las concretas condiciones de vida, capaz de ayudar a los jóvenes, atraídos por una masa de información, a no acumular sin distinguir, a comparar noticias, a retener los valores auténticos, a ordenar las múltiples impresiones, sensaciones e ideas, y a investigar sobre el verdadero significado de los acontecimientos. De manera de eludir los tatuajes de tanto apabullamiento ideológico.35

El papel de la familia

El joven audiovisivo precisa de la familia como el más válido instituto para adquirir criterios orientadores en relación con los mass media. Así, en referencia a la TV, una educación frente a este instrumento, válida para el cine y para todos los otros medios, puede desarrollarse en tres momentos: el de la selección, el de la co-visión y co-audición y el del diálogo.

Es necesario ayudar al joven a escoger aquello que conviene para el desarrollo de su personalidad. Esta selección él no puede hacerla solo. En este campo, como en todo aquello que refiérese a la educación, hasta tanto el joven no haya alcanzado un grado de madurez intelectual y moral que le permita asumir sus propias responsabilidades, corresponde a la familia defender y orientar su personalidad todavía frágil.

Después viene el momento de la co-visión y co-audición. Es conveniente que también los padres asistan a la transmisión televisiva para ayudar a los hijos a desmitificar, a corregir y puntualizar actitudes y expresiones. Se trata de enseñarles a ser maestros de sí mismos y de sus juicios. Es bien sabido que de cien mensajes que recibe el joven, sólo treinta provienen de los padres o de la escuela; los otros setenta provienen de los medios de comunicación social. Hoy, la educación o deseducación, en gran parte, débese a los medios.

Una sana pedagogía familiar debe escoger el momento del diálogo ocasional para guiar gradualmente al niño y al joven, sin imposición, a la selección del espectáculo, a la crítica de las visiones del mundo propuestas y sobrentendidas en las transmisiones. Este papel educativo se puede cumplir instaurando un diálogo permanente y programado, ya sea con los responsables de los medios de comunicación social, ya sea con los propios hijos. Un acceso o nexo es indispensable: la familia debe hacer conocer los deseos, expectativas y críticas hacia aquellos que presentan diariamente tantos elementos de cultura y evasión; a su vez, los productores deberían conocer y respetar las exigencias de la familia.

Tal como se sostuviera en las Semanas Sociales de Francia, en 1955: “Es necesario formar cuidadosamente el sentido crítico de los jóvenes, en la edad en la cual éstos se abren a la vida civil y social, no para alimentar el gusto por la crítica, al cual tal edad es propensa, sino para enseñarles a vivir y a pensar como hombres en una sociedad en la cual los medios de comunicación social y de difusión de las noticias y de las ideas han alcanzado una irresistible fuerza de persuasión: saber leer un periódico, juzgar un film, criticar un espectáculo; saber conservar la autonomía del propio juicio y de los sentimientos contra todo aquello que tienda a despersonalizar al hombre, ha llegado a ser una de las necesidades más apremiantes de nuestro tiempo.”

El papel de la escuela

La educación ante los medios que en la familia tiene un carácter de protección, defensa, ayuda, debe continuar e intensificarse en la escuela. Por lo tanto, la cinta magnetofónica, la cámara fotográfica, los discos, los discos compactos interactivos (CD - I), la grabadora, la filmadora, los televisores; el acceso a los ordenadores y a los otros tantos medios de comunicación y programas informáticos educativos que suponen novedad tecnológica, deben entrar activamente en la escuela, como elementos de continuidad a la obra formativa de la familia y como una nueva dimensión de la educación audiovisiva.

Bien se sabe que el profesor y el libro no son los únicos docentes; también la radio, la televisión, el cine, el computador, de diversos modos, enseñan. El joven de hoy es distinto de aquel de las generaciones precedentes. El desarrollo de las comunicaciones, el advenimiento de Internet, han multiplicado su experiencia visiva, han ejercitado su inteligencia y propuesto un nuevo orden de valores. El uso de los medios cambia profundamente la enseñanza. Estamos ante un total viraje en la historia de la educación.

La complejidad de la Red, de los multimedia en general, constituye un hecho cultural y educativo que exige una formación muy peculiar. Con esos instrumentos ha nacido un neolenguaje hecho de palabras, de imágenes y de sonidos. Igualmente, una neolectura apenas por nominarse y definirse: la lectura hipertextual.

La función de la escuela en relación con los mass media es la de una educación del sentido crítico, que debe ser provocado y desarrollado en los alumnos máxime cuando fenómenos como la ubicuidad y la simultaneidad son tan patentes en los medios, dentro de esta aldea global, dentro de esta glocalización en la que descansa el pavor cósmico en que vivimos. Dentro de esa capacidad de Internet de expandir el mundo social del usuario con gente distante, pero al mismo tiempo fortalecer los lazos en el lugar donde vive. Glocalización que viene a cubrir el vacío en la relación Internet-Comunidad Local. Capacidad de localización que fortalece los vínculos entre personas que comparten un lugar físico cercano y que, aunque no se conocen, terminan armando un proyecto mutuo, abriendo aún más el círculo social (la red social) a lugares remotos, trabajando juntos, con inteligencia colectiva, en colectiva lectura y colectiva creación, en verdadera Sociedad Anónima, sintiéndose parte del mundo de una forma interactiva, sin los consabidos mediadores o poderes fácticos establecidos.

La función de la nueva escuela -máxime de la nueva universidad- ha de enrolarse, enmarcarse, circunscribirse dentro de la convivencia de procesos de comunicación global y procesos de comunicación local, multiplicando simultáneamente los espacios globales y los espacios locales, convergiendo o manifestándose paralelamente en creciente sinergia funcional creadora.

Urge, entonces, propiciar el mayor acercamiento, la mayor promoción de la pedagogía audiovisiva junto con su correspondiente lectura audiovisiva, tan requeridas por nuestro momento, que al tiempo que le salgan al paso al circuito descomunicacional presente, apuntalen ideológicamente una más auténtica visión del mundo a partir de asuntos o propuestas como los implícitos en la glocalización.

Urge un enfoque cibernético de la pedagogía, un docente cibernetizado, una convivialidad virtual. El modelo curricular cibernético propuesto por Marcelo Careaga Butter, “sustentado básicamente en el concepto del control comunicacional presente de manera cada vez más masiva en los sistemas educacionales, entendido este control como el conjunto de modalidades automatizadas de acceso a las fuentes de información, incorporando todas las modalidades tecnológicamente eficientes de transferencia de conocimiento... Esta nueva dimensión se sustenta en el desarrollo creciente de una conciencia cibernética intuitiva que se vislumbra como nuevo patrón cultural presente en las nuevas generaciones, quienes a través del uso cada vez más versátil y fluido de las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (NTIC ) desarrollan habilidades tecnológicas y comunicacionales que redundan en nuevas modalidades de resolución de problemas, procesos que terminan siendo intelectuales, operando las NTIC como formas de extensión de la inteligencia humana.”

Ante las implicaciones de la neolengua y del neolenguaje, dentro de la actual simbiosis de los multimedia, surgen la videológica, la videopolítica, la videocracia. No sólo saber cómo leemos sino cómo pensamos, cómo vemos y nos vemos. Permanentemente inmerso en la pantalla, adscrito y absorto en su videológica, el homo audiovisualis contemporáneo, partícipe de una omnicontemporaneidad histórica, dispone de una descomunal omnicomprensividad a modo de motivación glocalizada o “conciencia cibernética intuitiva” en la que el nuevo "sistema nervioso" comunicacional, sumido en una apabullante videocracia, a gritos reclama prestar atención a las líneas maestras, claves, para el futuro ecuménico planetario: interactividad, movilidad, convertibilidad, conectabilidad, omnipresencia y mundialización. (A. Toffler).

 

III Aventura del saber

Lectura poética, lectura científica

Existe tanto la lectura poética como la científica, afianzadas en la creación artística y en la científica, respectivamente.

Tratando de entender la poesía, Leopoldo María Panero, afirma: “La poesía, es verdad, no es nada en sí misma; muchas veces lo he dicho: no es nada sin la lectura. Es por eso que el gnomo hispánico se siente en la necesidad de descifrar la poesía, rebuscando en ella la presencia de un contenido objetivo. Olvida, sin embargo, que la lectura poética debe ser subjetiva: y como descubriera Chomsky, el alma está antes que las palabras, lo que de paso nos libra de otra lectura científica, que sería la lectura estructural.”36

Según sea el perfil cerebral dominante, cada lector opta por diversos tipos de información, da prioridad a un tipo particular de información. Analiza lo escrito de manera muy precisa o ve el conjunto, aunque no los detalles. El lector “doble cerebro” utiliza una estrategia interactiva, entendiendo que leer es pre-ver; estar mejor preparado “para apreciar puntos de contacto entre lo conocido como científico y la creación artística y literaria, que pudieran constituirse como una vía útil al conocimiento de ambas manifestaciones culturales.” En efecto, para Mata Sandoval “hay una dimensión estética en la ciencia que fascina al escritor: habrá una parte de la creación científica que tiene una antesala poética y otra de la presentación formal que se apoya en una estrategia retórica.”37

Para Víctor O. García, la poesía como método para el conocimiento de la realidad, aunque parece diferenciarse del método científico, utiliza las mismas teorías científicas para explicarlo. Lo que nos lleva a caracterizar al conocimiento por la poesía como un conocimiento integral, que lleva a una visión integral de la realidad dentro de una simbiosis omnicomprensiva de la lectura poética con la lectura científica.38

La lectura en la sociedad de la información

“La escritura y la lectura se han constituido en parámetros que miden el desarrollo cultural y económico de un pueblo. La comunicación y la información han sido elementos constitutivos de la sociedad. Siempre han estado presentes de una manera implícita o explícita en el desarrollo de la humanidad. Representan un verdadero recurso estratégico para el desarrollo económico-cultural de las naciones.”39 Esto piensa Elsa Margarita Ramírez Leyva, al estudiar la lectura en la sociedad contemporánea.

Siguiendo el pensamiento de Alvin Toffler, corroboramos que el saber del Estado ha descansado siempre en su control de la fuerza, la riqueza y el conocimiento, definiéndose la naturaleza del poder sobre todo en términos de la distribución de la información, llegando a ser el conocimiento, en nuestro siglo XXI, la más básica de todas las materias primas.

Inherente el poder a todos los sistemas sociales y a todas las relaciones humanas, lo que importa en nuestro caso es preguntarnos ¿cuán importante, entonces, el precio de la lectura en tiempo de conocimiento, saber, desarrollo, información, desinformación? De la lectura depende en verdad la libertad del hombre. Así, el mucho, real o poco desarrollo humano. El hombre es libre en tanto lee.

“El progreso consiste en que la gente pueda leer y lea.” (.J. L. Perlado) Poder leer y leer. He ahí el dilema: No poder. No poder leer. No saber leer. No leer. No poder, porque el libro está sellado o no saber por no saber leer. Impotencia: No saber, desconocer las letras (Nescio literas).

Lege, quaeso. Read this: “Et erit vobis visio omnium sicut verba libri signati, quem cum dederint scienti litteras, dicent: lege istum: et respondebit: Non possum, signatus est enim. Et dabitur liber nescienti litteras, diceturque ei: Lege et respondebit: Nescio litteras.” (Is. 29. 11-12).

El que sabe leer, responde: No puedo, el libro está sellado. I cannot, for it is sealed. El que no sabe leer, sólo una respuesta: I am not learned. No sé leer.

Scienti o nescienti, las letras, la lectura: el misterio, la incógnita, el enigma; el costo, el valor, el tanto, el precio o sobreprecio; el pago, la comisión, la recompensa. Éste, el problema, el asunto, el caso. That is the question. Opresión, sumisión, dominación, hegemonía, soberanía, libertad. El hombre vale lo que sabe. El hombre vale lo que lee.

En crisis la lectura, en parte por la propia Internet, en vista de la notable disminución en las aptitudes y el gusto por leer, plena razón tiene Ramírez Leyva cuando rotundamente afirma: “A mayor calidad y cantidad de cultura de la información, más se espera avanzar en el proceso (infinito) civilizatorio al servicio de los valores y derechos universales. De lo contrario la civilización puede ponerse al servicio de la agresión y al autoaniquilamiento.”40

Ante las evidentes, notorias dificultades afrontadas por la sociedad de la información, “las capacidades de la lectura deberán superar los obstáculos que la reducen a ser un mero reconocimiento de signos y una actividad banalizada por las ofertas impresas, audiovisuales y digitales que empobrecen los contenidos, a la vez que deterioran los procesos cognitivos.”41

El desarrollo de la sociedad de la información en cuanto realidad creciente nos confirma que la información es poder, ojalá compartido. De donde, urge avanzar en los procesos de digitalización y liberación de los respectivos recursos. El uso de la telemática en la Universidad ha de ser objetivo prioritario. El valor de la Red ha de verse como sistema de difusión del conocimiento y como espacio de encuentro capaz de localizar investigadores con intereses comunes para el desarrollo de objetivos específicos. Dándole la razón a la inminente ad-hocracia planteada por Alvin Toffler en cuanto “organización veloz, dinámica y rica en información del futuro, llena de células efímeras y de individuos extraordinariamente móviles (...) transitoriedad, gran movilidad entre organizaciones en su interior y una constante generación y extinción de grupos de trabajo temporales (...) sistemas temporales adaptables y rápidamente variables.”42

Lectura de goce

Dentro de la gama conocida de lecturas, entre ellas: la recreativa, la discursiva, la ambiental, la profunda o analítica; la de estudios, escolar, crítica, formativa; además de la científica y artística; aparece la creativa, lúdica o la lectura de goce como actitud inicial e indispensable de acercamiento a un texto literario.

Lejos de todo imperativo pedagógico, leer no debe entenderse como deber, sino como placer , diferenciando tajantemente entre lectura por gusto o por disgusto. Éste uno de los más graves daños infringidos por los sistemas pedagógicos: darle preferencia a la lectura formal, escolar, crítica antes que a la lectura voluntaria, placentera, de evasión, poética, de goce -como acto gozoso-. Ya hablaba R. Barthes del placer del texto como San Agustín diferenciaba entre el uso y el goce. Llégase a sostener que “el libro ideal es el que puede ser leído por placer.” De acuerdo a la lógica kantiana-nos lo recuerda Héctor Rojas- “para que se produzca el goce, la lectura de un libro debe producir un efecto inmediato que active la sensibilidad o esa capacidad receptiva que nos permite recibir la representación de los objetos. La sensibilidad es entonces la que nos ofrece las intuiciones y el placer.”43

Lectura hipertextual

Ana Calvo Revilla, desde el Número 22 de Espéculo, es quien mejor nos aclara esta lectura hipertextual, a quien citamos in extenso.

“El hipertexto tiene dos elementos estructuradores: el texto estructurado por el autor tiene como elemento base el texton, mientras que el que estructura el lector-usuario tiene como unidad base el escripton. Así pues, tenemos unidades de escritura (texton, significante) y unidades de lectura (escripton, significado)44.” Previamente nos había hablado del texton como el material escrito y del escripton como la trayectoria textual elegida.

Citando a G.P. Landow, Calvo Revilla nos recuerda que “una de las características fundamentales del hipertexto es estar compuesto de cuerpos de textos conectados, aunque sin eje primario de organización”, enfatizando en que “será el lector quien marque su eje de lectura textual.”45

A modo de conclusión, en referencia a la que hemos dado en llamar lectura hipertextual, la autora de marras nos recuerda lo subrayado por Landow, cuando éste afirma que “el hipertexto cambia radicalmente las experiencias que leer, escribir y texto suponen (...)” Experiencias que pueden llevar al lector a convertirse en lector-autor, ante lo cual concluye nuestra autora: “Esta posibilidad de que cada lector pueda agregar, alterar, editar el texto, abre la puerta a la creación colectiva; a medida que otros lectores accedan a él, el texto queda abierto como tierra fértil para que broten nuevas y mejores ideas.”46

En esta lectura hipertextual, el lector se convierte “en creador de significados (...) ampliando, construyendo, un nuevo conocimiento (...) el hipertexto fomenta un tipo de conocimiento autodidacta, desarrollando estrategias cognitivas particulares y habilidades de pensamiento propias. La lectura que genera el hipertexto viene definida como un proceso en el que el lector esencialmente construye y reestructura su propio conocimiento de un modo autónomo.”47

En definitiva, los nuevos medios en tanto productores de conocimiento obligan a estudiar y garantizar el nuevo aprendizaje humano, la nueva lectura hipertextual. Nos hallamos delante del nacimiento de un nuevo espacio de elaboración de conocimiento con la particular participación del cerebro-computador, desembocando todo en un aprendizaje cooperativo signado por modalidades cognitivas estructurantes del nuevo acto de la lectura. Lo que obliga a ir definiendo la nueva inteligencia colectiva derivada de las recientes tecnologías, de los tantos multimedios o complementos educativos, de los novedosos procesos cognitivos, de las múltiples interconexiones de nodos multimediales.

En cuanto real constructo textual, el hipertexto supone un nuevo rol en el lector hipertextual a partir de la plurivocidad de la experiencia gozosa o fruitiva: la nueva exploración, el nuevo tanteo, descubrimiento, que hacen de la navegación virtual un efectivo encuentro dispuesto a fundamentar al máximo el Proyecto Cultural del siglo que comienza. (Gianfranco Bettetini).

Aventura del saber

Siendo la lectura sinónimo de encuentro, en ella escritor y lector - compañeros de viaje- concurren a la mejor aventura humana, desde la madrugada primigenia cuando tuvo la palabra poder de creación (J. Ortega y Gasset). “Si la lectura no es una aventura del saber, en la cual se ponen en cuestión todos los saberes anteriores, pues no es una lectura.”48

A partir de la lectura y la escritura, elementos fundamentales en la vida de toda persona, cada quien “queda inscrito en la humanidad de manera plena”, sostiene Noé Jitrik, quien recalca: “Aprender a leer y a escribir es el verdadero destete. Es el momento en el que alguien empieza a ser individuo, rompe realmente el cordón umbilical y debe valerse por sí mismo. La lectura y la escritura son los aprendizajes que nos permiten tener conciencia de lo que somos en el universo, tanto en lo individual como en lo colectivo”.49

Motores de la humanidad, lectura y escritura obligan al hombre a insertarse en el hormigón histórico-colectivo-cósmico-personal. Es cuando se habla de la enciclopedia del lector, el background o bagaje cultural, intelectual, en el que confluye toda resonancia humana -poética- a partir del eterno tolle, lege.

En Conversación sostenida en La Habana, José Saramago le respondía a Noé Jitrik: “Yo digo a veces que nosotros somos seres de papel; la verdad es que yo no puedo imaginarme ni imaginar a nadie fuera de lo que ha leído y de lo que ha quedado de lo que ha leído; sin mencionar la memoria que en muchos casos es memoria de lo leído.”50

Definitivamente, somos producto de la lectura. Con ella creamos y re-creamos. Nos creamos y nos re-creamos. Ojalá con ella diéramos cumplimiento a lo que para Joaquín M. Aguirre Romero habría de ser el único objetivo de cualquier disciplina humanística: “la comprensión del mundo y, a través de esto, la comprensión de nosotros mismos.”51

Gabriel García Márquez, quien todavía hoy ni el mismo sabe quién es, a quien le costó mucho aprender a leer, quien tenía el arraigado vicio de leer todo lo que le cayera en sus manos, acostumbrado a leer en sus reservados habituales hasta que le espante el sol, alguna vez insaciable lector sin ninguna formación sistemática, sí sabe -Gran Lector entre la soledad de sus insomnios- qué es leer: sabe que sólo deberían leerse los libros que nos fuerzan a releerlos; que uno de los secretos más útiles para escribir es aprender a leer los jeroglíficos de la realidad sin tocar una puerta para preguntar nada, mientras la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.52

 

Addenda

Bis repetita placent

Ante el homo ciberneticus

Leer es captar, asir, prender, aprender, aprehender, pensar, entender (intellegere = intus-legere), elegir (legere) y elegir lo mejor (intellegentia - elegantia). Es saber elegir. Elegir en todos los grados, formas y sentidos. Es la capacidad de asombro del homo sapiens. Logro fantástico en el mundo antiguo. Forma de alentar el espíritu y llevar el alma de paseo. Desarrollo, energía espiritual, resonancia acumulada. Diferenciación, abstracción y ordenamiento. Inferencia, generalización. Identificación, comparación, síntesis, interpretación. Novedad, continuidad. Estabilidad, cambio. Asimilación, acomodación. Maduración, experiencia, interacción. Es empezar a conocer a la madre por su sonrisa. Lluvia, noche, sol arriba -nocte dieque incubando- dándole vueltas al alma, oír el aplauso de los pájaros. Descifrar a tiempo el vientre de la noche larga y oscura en la que la luna canjeó su puesto con la muerte. La vida, ejercicio de lectura. El hombre requiere una lectura evaluativa de sí mismo. Hemos de leer la patria. Indispensable, una necesidad, leer el mundo. Urge una lectura de América. De nuestra América. Como nunca nuestra orgánica y subterránea unidad vital ha de afianzarse en nuestras ideas, enunciados, principios, graneros, horizontes, clarores, llagaduras, siembras, signos, señas para retomar el discurso de nuestra Liberación Continental, conscientes de que nuestra mejor defensa, el conocimiento de nuestros propios sueños, creaciones y vigilias. Indefensos ante el cotidiano bombardeamiento visual, televisivo, hemos de dar con el perfil que pueda determinar una salida definitiva para nuestro entorno personal, social, colectivo, glocalizante. Dar con un Estado Social Naciente. Convencidos de que la paz pasa a través de la revolución. De que sólo una tierra, una democracia distintas hará menos imposible el cielo.

Telever, en cambio, es cegarse, oscurecer, nublarse, ofuscarse, atrofiar, ponerse telarañas, desconocer, desinteresarse, doblar la cabeza, claudicar, plegarse, fingir, burlar, mentir, desfigurar, estar en manos de, pender, apocarse, someterse, deteriorarse, debilitarse, alienarse, enajenarse. Telever es el acto que ha provocado un cambio en la naturaleza del hombre: el homo sapiens se apaga y aparece, prevalece el homo videns. Destronada la palabra, sometida a la primacía de la imagen, la sociedad está condenada a "ver sin entender", a ver sin analizar ni comprender, sustituyendo el lenguaje conceptual (abstracto) por el perceptivo (concreto), prevaleciendo lo visible sobre lo inteligible. El telever deteriora nuestro capital intelectual humano, nuestra capacidad de manejar conceptos, abstracciones, ideas no visibles. El hombre que se alimenta de telever -el homo videns- deja de pensar bien. Los niños crecen en el universo del telever y se convierten en video-niños camino a su etapa de video-adultos, siempre dependientes de la imagen, con una particular videológica que no les permite entender, expresándose en un lenguaje insustancial, inconexo, que los llevará a un yo desintegrado, que puede ser explicado mediante una videopaideia. (Giovanni Sartori.).

Incapaz el homo insipiens de sostener el mundo creado por el homo sapiens, dentro de una videocracia en la que aparece aminorada la capacidad de gestionar la vida en sociedad; debilitado el ciudadano y la democracia, resulta imposible entender lo que ocurre alrededor. El pensamiento insípido lo promueve una televisión que premia la extravagancia, la insensatez, el absurdo. Esta revolución multimedia con el común denominador: el telever, nos confirma que video-vivimos en una sociedad teledirigida con una marcada influencia de la televisión y de la cibernética, donde predomina una “multitud solitaria”, incomunicada, dentro de una “soledad electrónica”, con escasa formación, resultando la televisión creadora de las diferentes corrientes de opinión, induciendo. teledirigiendo la opinión pública. Mediante una “subinformación”, en tanto que los mensajes son extremadamente resumidos, simplistas, insuficientes; y una “desinformación” amañada en función de quienes ostentan el poder (videopolítica). A la larga, la televisión fragmenta, multiplica la estupidez y mata la capacidad de abstracción, los procesos racionales. El homo videns no ve cosas concretas sino imágenes de la realidad fabricadas por la televisión. Ésta muestra al pobre desocupado que tiene hambre, pero no explica por qué está desocupado o cómo se resuelve el problema. Siendo así, aun las cosas que se ven no las puede comprender. La información se nos da descontextualizada. (G. Sartori).

Frente a las limitaciones del analfabetismo gráfico, el analfabetismo audiovisual deja al telespectador en una precaria situación de indefensión ante los mensajes televisivos. La falta de conciencia de los consumidores sobre los intereses y mecanismos de seducción y manipulación de los mensajes audiovisuales facilita esta tarea. Saber leer los medios y escribir, realizar producciones audiovisuales, utilizar los propios medios, constituye el punto de partida de la práctica pedagógica que tiene como objetivo conseguir un receptor / emisor crítico, una alfabetización audiovisual capaz de decodificar, analizar, evaluar y comunicarse en una variedad apropiada de formas. (Marisol Yánez et alii).

El papel hegemónico incontestable de la tv, la indefensión ante los mensajes, el analfabetismo audiovisual, la manipulación social de los medios, el imperio del plano o la violencia visual, demandan, entonces, una respectiva alfabetización, un rescate de la cultura escrita, una pedagogía de la lectura audiovisiva, que atienda al nuevo homo ciberneticus, al neolenguaje y neolectura: la hipertextual. Pedagogía que ha de contar con un enfoque cibernético, con un docente cibernetizado al interior de una convivialidad virtual. Sería referirse al modelo curricular cibernético propuesto por Marcelo Careaga Butter, sustentado en el desarrollo creciente de una conciencia cibernética intuitiva.

Sin embargo, el homo audiovisualis contemporáneo, paradójicamente partícipe de una audiovisualidad traducida en omnicontemporaneidad histórica, instantaneidad y ubiquidad, dispone de una omnicomprensividad a modo de motivación glocalizada, en la que el nuevo “sistema nervioso” comunicacional, sumido en un como agabillamiento videocrático, a gritos reclama prestar atención a las líneas maestras para el futuro ecuménico planetario: interactividad, movilidad, convertibilidad, conectabilidad.

Llegando a ser el conocimiento, en nuestro siglo XXI, la más básica de todas las materias primas; constituyendo la escritura y la lectura parámetros que miden el desarrollo cultural y económico de un pueblo; siendo que de la lectura depende la libertad del hombre y que el progreso consiste en que la gente pueda leer y lea, he aquí el dilema: Poder leer y leer. O no poder, no saber leer. No leer. Impotencia, indefensión suprema, indefensos quienes no saben o desconocen las letras (Nescio litteras). Las letras, la lectura: el misterio, la incógnita, el enigma; el costo, el valor, el tanto, el precio o sobreprecio; el pago, la comisión, la recompensa. Éste, el problema, el asunto, el caso. That is the question. Opresión, sumisión, dominación, hegemonía, soberanía, libertad. El hombre vale lo que sabe. El hombre vale lo que lee. Importa emplear el pensamiento -la lectura- para cambiar el mundo, respetando, valorizando la naturaleza del hombre.

“Las capacidades de la lectura deberán superar los obstáculos que la reducen a ser un mero reconocimiento de signos y una actividad banalizada por las ofertas impresas, audiovisuales y digitales que empobrecen los contenidos, a la vez que deterioran los procesos cognitivos.” ( Elsa M. Ramírez Leyva).

En definitiva, los nuevos medios en tanto productores de conocimiento obligan a estudiar y garantizar el nuevo aprendizaje humano, la nueva lectura hipertextual. Nos hallamos delante del nacimiento de un nuevo espacio de elaboración de conocimiento con la particular participación del cerebro-computador, desembocando todo en un aprendizaje cooperativo signado por modalidades cognitivas estructurantes del nuevo acto de la lectura. Lo que obliga a ir definiendo la nueva inteligencia colectiva derivada de las recientes tecnologías, de los tantos multimedios o complementos educativos, de los novedosos procesos cognitivos, de las múltiples interconexiones de nodos multimediales.

En cuanto real constructo textual, el hipertexto supone un nuevo rol en el lector hipertextual a partir de la plurivocidad de la experiencia gozosa o fruitiva: la nueva exploración, el nuevo tanteo, descubrimiento, que hacen de la navegación virtual un efectivo encuentro dispuesto a fundamentar al máximo el Proyecto Cultural del siglo que comienza. (Gianfranco Bettetini).

“Leer, leer, leer. Escribir, amar, leer, fumar, leer. Escribir, amar, amar, leer, fumar, leer. Escribir, amar y luego morir”. (Ednodio Quintero).

“Piensa que de algún modo ya estás muerto”. (Jorge Luis Borges).

 

Notas:

[1] BERBIN, J. L. Consideraciones críticas sobre la lectura en los programas de educación primaria. Ediciones de la facultad de Humanidades y Educación. U. C. V. Caracas, 1982. pp. 36-37.

[2] Ídem.

[3] LASSO DE LA VEGA, J. El trabajo intelectual (Normas técnicas y ejercicios de documentación). Fondo Educativo Interamericano. México, 1986. pp. 36-46.

[4] LABINOWICZ, E. Introducción a Piaget. Pensamiento. Aprendizaje. Enseñanza. Fondo Educativo Interamericano. México, 1986. pp. 36-46.

[5] Ibídem. p. 265.

[6] BERBIN, l. J. op. cit. P. 37.

[7] FOULQUIE, P. Diccionario de Pedagogía. Oikos-Tau, S. A. Barcelona (España), 1976. p. 272.

[8] POUILLON, J. et alii. Problemas del estructuralismo. Siglo Veintiuno Editores. México. 1971. p.173.

[9] JAEGER, W. Paideia. Fondo de Cultura Económica. México. 1985. p. 997.

[10] Ibídem. p. 563.

[11] Ibídem. p. 564.

[12] Ibídem. pp. 60-145-610.

[13] Ibídem. pp. 775-776.

[14] Ibídem. pp. 776-678-688.

[15] SILVA, L. Ensayos temporales. Poesía y teoría social. Academia Nacional de la Historia. Caracas. 1983. p. 247.

[16] JAEGER, W. op. cit. pp. 777-778.

[17] Ibídem. p. 716.

[18] Ibídem. pp. 10 y ss.

[19] Ibídem. pp. 994-996.

[20] Ibídem. pp. 696-682.

[21] Ibídem. p. 800.

[22] BALZA, J. Lectura transitoria. Colección de la Revista “En Negro”. Cantaura, Venezuela. 1973. p. 19.

[23] DE SAINT-EXUPERY, A. El principito. Alianza Editorial. Madrid. 1974. pp. 78-87-93.

[24] FOULQUIE, P. op. cit. idem.

[25] SÁBATO, Ernesto. La resistencia. Bogotá. Seix Barral, 2000. p. 17.

[26] VARAS, I. Todo camino orillas. Ediciones La espada Rota. Caracas. 1985. p. 17.

[27] Ibídem. p. 56.

[28] Ibídem. pp. 44-72.

[29] FERRATER MORA, J. Modos de hacer filosofía. Editorial Crítica. Barcelona (España). 1985. pp. 106-146-170.

[30] CARRANZA, E. La vida secreta de los libros. En: Antología de la rosa. Antonio M. Díaz. ULA, Mérida. 1983. Contraportada.

[31] PAVESE, C. Leer (Oficio de vivir). En: Magazín Dominical. El espectador. No. 361. Marzo 25 de 1990. p. 3.

[32] BORGES, J. L. Obra poética. Alianza Editorial. Madrid. 1972. p. 342.

[33] Ibídem. pp. 38. 240-300.

[34] HERRERA, J. Dolor y poesía en Manizales. En: El espectador, Bogotá. Domingo. 25 de marzo de 1990. p. 10-A.

[35] IANUZZI, V. I mass media e i loro segreti. Roma. Edizioni Paoline. 1980. pp. 91-110.

[36] PANERO, L. P. Entender la poesía. En: ABC (26.03.88). Fuente: Pedro Provencio, Poéticas españolas contemporáneas, II, Hiperión, 1988. Artes Poéticas:
http://librodenotas.com/poeticas/Archivos/001830.html

[37] BLANCO SÁNCHEZ, R. La creación científica y la creación artística. Revista Médico Moderno.. Julio, 2002.
. http://www.percano.com.mx/medicomoderno/2002/julio/creacion%20cientifica.htm

[38] GARCÍA, V. El conocimiento a través de la ascesis poética.
http://www.monografias.com/trabajos2/elconoc/elconoc.shtml

[39] RAMÍREZ LEYVA, E. M. La lectura: un problema para la sociedad de la información.
http://www.ejournal.unam.mx/iibiblio/vol15-31/IBI03109.pdf

[40] Ídem.

[41] Ídem.

[42] TOFFLER, A. El cambio del poder. Barcelona. Plaza & Janes Editores, S. A. 1990. pp. 372-384.
___________ El “shock” del futuro. Barcelona. Plaza & Janes Editores, S.A. 1988. pp. 181-183.

[43] ROJAS, N. ¿Qué libros merecen ser amados por sí mismos? En: Verbigracia. El Universal. Caracas.
http://www.eluniversal.com/verbigracia/memoria/N1/contenido01.htm

[44] CALVO REVILLA, A. Lectura y escritura en el hipertexto. En: Espéculo, Número 22.
http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/hipertex.html

[45] Ídem.

[46] Ídem.

[47] Ídem.

[48] VARGAS, A. Lectura y escritura, motores de la humanidad. En: La Jornada. México, lunes 18 de junio de 2002.
http://www.jornada.unam.mx/2001/jun01/010618/04an1cul.html

[49] Ídem.

[50] JITRIK, N. SARAMAGO, J. Conversación en La Habana.
http://www.geocities.com/gregorovivs/saramagoii.htm

[51] AGUIRRE ROMERO, J. M. La enseñanza de la Literatura y las Nuevas Tecnologías de la Información. En: Revista Espéculo. Número 21.
http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/eliterat.html

[52] GARCÍA MÁRQUEZ, G. Vivir para contarla. Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2002.

 

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TOFFLER, A. El cambio del poder. Barcelona. Plaza & Janes Editores, S. A. 1990.

_____________ El “shock” del futuro. Barcelona. Plaza & Janes Editores, S.A. 1988.

 

© Pablo Mora 2003
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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