La segmentación de los grupos
sociales en el espacio urbano:
La región más transparente (1958) de Carlos Fuentes
y Las reinas de Polanco de Guadalupe Loaeza (1988)


Francisco Manzo-Robledo
Assistan Professor Spanish
Department of Foreign Languages and Literatures
Washington State University


 

   
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El hombre de la ciudad viste el traje europeo, vive de la vida civilizada tal como la conocemos en todas partes; allí están las leyes, las ideas de progreso, los medios de instrucción, alguna organización municipal, gobierno regular, etc. Saliendo del recinto de la ciudad, todo cambia de aspecto; el hombre de campo lleva otro traje, que llamaré americano, por ser común a todos los pueblos; sus hábitos de vida son diversos, sus necesidades peculiares y limitadas; parecen dos sociedades distintas, dos pueblos extraños uno de otro. Aun hay más; el hombre de la campaña, lejos de aspirar a semejarse al de la ciudad, rechaza con desdén su lujo y sus modales corteses, y el vestido del ciudadano, el frac, la capa o la silla, ningún signo europeo puede presentarse impunemente en la campaña. Todo lo que hay de civilizado en la ciudad, está bloqueado por allí, proscrito afuera; y el que osara mostrarse con levita por ejemplo, y montado en silla inglesa, atraería sobre sí las burlas y las agresiones brutales de los campesinos.
Domingo Faustino Sarmiento, en Facundo (1848).

At present, feminism, Gramscian Marxism or neo-hegemony theory and Marxist political economy, amongst others, are participant in the debate on the appropriate ways of analysing popular culture [and their products] and the mass media. Postmodernism is not the only one we have to contend with.
Dominic Strinati (248)

 

En este ensayo se presta atención principalmente a la segmentación que ocurre en la clase alta por medio del estudio de dos productos literarios/culturales, donde se muestran conflictos de relación humana en la sociedad y la manera convenenciera en que estos se resuelven para beneficio de uno u otro sector. Es importante mostrar cómo el acto-espacio1 de individuos al no conformar con los acto-espacios de los otros, produce tensión y esta a su vez da como resultado una segmentación dentro del mismo grupo o clase social. Para que exista una solución, ese acto-espacio debe plegarse al acto-espacio moldeado por la mayoría, de otra forma el individuo queda marginado, fuera de ese grupo.

Para el análisis propuesto, además de la teoría cultural, se hacen otras consideraciones como son las de género y la reproducción de mitos o estereotipos (como el del comportamiento femenino abismado en la ignorancia y superficialidad). Se mostrarán ejemplos y se propondrá orígenes a estas situaciones.

En la cultura latinoamericana, hoy en día todavía existe, flotando como nube gris, la elucubración de Domingo Sarmiento, Civilización y Barbarie : bajo esa visión casi naturalista, lo urbano se mira como la personificación de la evolución, y la provincia, siempre a la zaga, imitando a la ciudad pero nunca igualándola. El campo, la provincia y todo lo que de allí deriven, se encuentra en un ciclo y dimensión distintos: tardío, en otro tiempo, o cuando bien, interesante y curioso por su naturaleza. A la sombra de la gran ciudad, los pueblos y pequeñas ciudades pierden su identidad, empezando por el nombre, su localización requiere como referencia obligada las coordenadas de la ciudad grande. En el caso de México, la Gran ciudad de México eclipsa a todas las demás en el país. La concentración de población (uno de cada cinco mexicanos está allí), poder, recursos económicos y servicios, la convierte en el centro de todo movimiento, allí es donde se marca el palpitar del país, allí se encuentra el centro de todos los centros de las ciudades mexicanas: La región más transparente, el imperio de Las reinas de Polanco. En este trabajo se analiza la multisegmentación, principalmente de los miembros de la sociedad de la clase alta urbana en las obras arriba citadas.

El debate sobre la teoría de la cultura de masas puede encontrarse en los escritos de Pascal y Montaigne en los siglos XVI y XVII respectivamente (cit. En Dominic Strinati, 2). En los años cincuenta, con el establecimiento de la modernización en varios países del mundo, y bajo la óptica de la teoría cultural de masas, la segmentación en las urbes se agudiza; con la industrialización y el urbanismo, el sentido y valor comunitario se rompe o desaparece, los individuos se aíslan, la alienación se intensifica, y las únicas relaciones entre éstos son de carácter contractual y financiero (Strinati 9). En el ensayo “A Theory of Mass Culture” (cit. por Dominic Strinati, 13), D. MacDonald propone que bajo estas condiciones, los individuos se convierten en parte de una masa y que las relaciones entre ellos se concretan a situaciones abstractas, distantes y no-humanas: el caso de un partido de fútbol o una gran barata en el caso de multitudes, un sistema de producción industrial, un partido político en el caso de una masa de individuos. Estos conceptos, importantes en el desarrollo de la teoría cultural, y que pueden auxiliar en el estudio de la segmentación en grupos sociales, no son suficientes para explicar otra segmentación más interna, de herencia en algunas circunstancias y en otros casos de género.

Anterior al advenimiento de los suburbios metropolitanos donairosos, las ciudades latinoamericanas mostraban una distribución urbano-social paracéntrica: el poder emanaba del centro hacia afuera y éste era inversamente proporcional a la distancia relativa a ese centro: a mayor separación del centro, menores las manifestaciones de auge, y el garbo de las residencias sufría el achique correspondiente. Obedeciendo al crecimiento urbano desmedido, la vida del centro de la ciudad cambió radicalmente, ahuyentando a los moradores de las viviendas elegantes, creándose así los suburbios, reestructurándose las concentraciones de grupos sociales siempre acorde a la jerarquía económica y esfera social. Sin embargo, a diferencia de la ciudad del sueño de Sarmiento, dentro de la misma ciudad, en el medio urbano actual, se reproduce el esquema de civilización y barbarie en un grado más complicado. La literatura, como reflejo, aunque sea tenue, de la realidad, muestra en algunas obras esta segmentación.

En los años cuarenta y cincuenta, México sufrió la mayor transformación de su historia2, y esa transformación se concentró más en la capital de la república: México D.F. Durante esa época, fresco aún el recuerdo de la segunda guerra mundial, México se recuperaba de los destrozos causados por la Revolución, la Guerra de los Cristeros y los subsecuentes reacomodos políticos. Después de las revoluciones, la miseria en el campo contrastado con el espejismo de la gran ciudad, atraía a ésta —y sigue atrayendo, más de veinte millones después— a gente de la provincia en busca de la tierra prometida, llevando a la gran ciudad sus sueños y la cultura de la tierra en que vivían. De estos tiempos, los tiempos de los Alemán, los Uruchurtu, habla la novela de Carlos Fuentes, La región más transparente (1958). Pero también nos habla del presente, un presente forjado desde allá con la “modernización” de la capital, centro de poder político: los subsidios millonarios, los convertidos en millonarios por los subsidios y compadrazgos políticos redituables, y por otro lado las grandes migraciones de provincia a la gran ciudad, al centro del poder, este es el lugar de los personajes de Guadalupe Loaeza, Las reinas de Polanco.

En La región más transparente, el medio urbano de la ciudad de México se encuentra seccionado en espacios geográfico-sociales. Este seccionamiento se manifiesta a razón de los sectores sociales que habitan la gran urbe: los ricos de abolengo, los ricos pobres (ricos venidos a menos por las pérdidas durante la Revolución, pero con apelativo de ‘importancia’), los nuevos ricos (hijos de la Revolución, o del PRI), los de la clase media, los pobres que llegan de provincia en busca de prosperidad y que se unen a los que ya eran menesterosos desde épocas vetustas. Como individuos de un grupo social, cada uno tiene un acto-espacio, es decir un área de acción propia reconocida que también delimita su actividad. Cuando este acto-espacio no coincide con el que se debía tener, entonces surge el conflicto.

En el libro coordinado por Rafael Loyola, en el ensayo “Filosofía y literatura: La hora de los catrines”, Sara Sefchovich nos dice con referencia a ese tiempo: “Han triunfado los catrines en la realidad y en la literatura. El país marcha por la vía de la modernidad y atrás quedan los indígenas, los campesinos, las leyendas, los pueblos y hasta la Revolución” y después añade; “el país se asienta, los obreros quieren volverse catrines y los catrines políticos” (319-20), es decir, el acto-espacio de cada cual se vuelve confuso, y el ‘caos’ sobreviene.3

Al hablarse de obreros y catrines se acepta como un hecho la existencia de una segmentación, pero esta segmentación es de sobra aceptada. En las primeras páginas de La región más transparente el lector intuye otra clase de segmentación añadida, en donde, en forma de guía, se introducen los personajes en grupos separados por títulos a manera de estampilla jerarquizante: los de Ovando, los Zamacona, los Pola, los burgueses, los satélites, los extranjeros, los intelectuales, el pueblo, los revolucionarios, los guardianes. Nótese que solamente hay tres apellidos en los títulos y el resto queda agrupado bajo un sustantivo colectivo; de la misma manera, en la obra de Loaeza, los personajes quedan determinados bajo un título único y determinante: son reinas, no de cualquier parte, sino de Polanco, un suburbio ahogado por la gran mancha urbana y que en años pasados tuvo mejores días de elegancia y tradición.

La segmentación patente desde el inicio de La región más transparente se complica porque además de las diferencias de poder económico, se sobreponen, dentro del un mismo grupo, la heterogeneidad-supuesta o real-cultural; el acto-espacio del individuo está delimitado también por factores fuera de su control. Considerando un ejemplo fuera de la novela, en el filme Los olvidados (1950) de Luis Buñuel, los jóvenes que allí aparecen todos pertenecen a la misma clase social; la diferencia que existe con el “Ojitos”, el niño de provincia abandonado por su padre en el mercado, es casi nula. Sin embargo, los jóvenes locales asumen una posición de superioridad con respecto al fuereño, como si el vivir o nacer en la capital elevara al individuo con respecto al de provincia. En La región más transparente, en varias ocasiones, leemos cómo los personajes de la clase económicamente pudiente consideran indispensable tener un apellido de prosapia reconocida, “clase”, “estilo” o “venir de una familia de abolengo”, por sobre el poder económico. Pimpinela de Ovando es un caso modelo; su familia, rica de antaño, viene a menos al perder las propiedades durante la Revolución. Aún así, los miembros de la clase alta la consideran miembro importante de su grupo; en su apellido encierran valores impuestos al acto-espacio como la decencia, la buena educación, el aprecio a la alta cultura, además de que puede traer “vínculos” y obtenerse dividendos de él. Cuando Pimpinela habla sobre Norma Larragoiti de Robles (una nueva rica, primera esposa de Federico Robles), aconseja a su tía (rica-pobre) para obtener la ayuda de Norma por medio de una cena. Le dice: “Pero Normita se derrite con un buen apellido, y una cena aquí, entre tus mementos, la va a sacar de quicio.” (subrayado mío, Fuentes 99). Cuando Pimpinela le pide a Norma que ayude (por medio de la influencia del esposo) a su tía para recuperar las haciendas perdidas, Norma, tratando de minimizar el “problema” de no tener un apelativo de “clase”, dice: “-Para eso es, Pimpinela, ¡no faltaba más! Cómo no voy a atender tu asunto, si es el mío, si yo pasé por eso. Yo tuve la suerte de casarme con Federico, y eso me solucionó todos mis problemas. Cómo crees que no voy a ayudar a una amiga de mi clase...”, a lo cual Pimpinella, intuyendo el intento de Norma, responde: “-Sí, eso nos salvará siempre, Norma, esa fidelidad a nuestra clase. Hay quienes no lo comprenden” (subrayado mío 300).

Norma Larragoiti de Robles es hija de madre mestiza y de un español pobre, con un hermano en los Estados Unidos trabajando de bracero; su esposo es muy rico e influyente; no obstante no son aceptados plenamente por la clase alta. Entre los acto-espacios de Norma y Federico y los de los demás del grupo de clase alta no hay concomitancia; antes bien, son considerados intrusos. Norma intenta a toda costa ser admitida por los ricos-pobres y los de abolengo; los que la rodean transigen con ella por su dinero, pero a sus espaldas la aguijonean por su bajo linaje, situación que se deteriora aún más por el origen humilde de su marido. Federico Robles, hijo de campesinos de una de las ex-haciendas de los Obando, ex-soldado revolucionario, abogado, banquero y consejero de compañias extranjeras, llega a las cumbres del poder económico con base a la apertura de su acto-espacio: una ambición desmedida y un despiadado manejo del poder. Norma se casa con Federico por su dinero, saliendo así de la pobreza. Federico, por su parte, especula casándose con una mujer de apellido que considera le traerá relaciones. Al igual que a Norma, todos a su alrededor lo toleran por su dinero, pero lo consideran “un barbaján”. Otro ejemplo de esto se da cuando Charlotte (“introductora de celebridades” (16)) comenta en el círculo sobre Silvia (otra nueva rica) y Norma,

-Las dos vulgares y de la clase media que se pescan millonarios a base de decir que el mar es divino y poner los ojos en blanco. Los mexicanos no quieren problemas de otro estilo con sus mujeres. Nada más bonitas y que se sientan seguras con la lana y se acuesten every now and then como cadáveres a recibir sin chistar los chorros de machismo satisfecho...” (320)

Nótese que no se dice nada de los millonarios, el comentario coloca a la mujer, y no sólo de la clase media, en un lugar de objeto de arte y placer. El caso de Norma y Silvia que sin dinero ni linaje, aspiran elevarse a la burguesía del poder “pescando” un hombre rico. Los millonarios Federico y Régules (financiero) por lo menos ya lograron las ganancias suficientes para intentar comprarse el sitio.

La segmentación contra la que Norma infructuosamente combate se complica otro poco al intervenir otro eje de definición en la conformación del acto espacio: los valores, algo mencionado por la teoría cultural de masas, en este caso en particular con referencia a relaciones sexuales ilícitas. Los ejemplos en la novela abundan y aquí sólo se mencionan dos, en donde cada parte en la conversación tiene una idea propia del acto-espacio ajeno; en la misma conversación entre Norma y Pimpinela ya antes citada, comentan:

—¡Qué monada. No cabe duda que las gentes que se han criado igual acaban juntándose. Sobre todo en este ambiente tan inmoral. ¿Que te parece lo de Silvia y Caseaux? [pregunta Norma].

—No hay que culparla. Vivía sola, sin la menor atención de su marido, sobre todo en esos pequeños detalles que tanto cuentan. [contesta Pimpinela]

—Yo vivo igual y no me quejo ni ando buscando padrotes, tú.

—Ahí está la diferencia claro. Tú eres gente decente. La decencia da fuerza.

—…

—Son cosas que no se aprenden, Norma…así nos criaron (Corchetes míos, 301)

En otro fragmento de la novela, Gus, el “homosexual de regreso” (16) dice de Pimpinela: “—Y prendida a su virginidad, toda chorita, como si la aristocracia se definiera por el culo. Palabra, Bobó, eso estaba bien cuando México era una aldea y todas las familias se conocían. ¡Pero ahora, con cuatro millones! Francamente, ni quien te lleve la cuenta de los orgasmos” (320).

La hipocresía y la pretensión de clase de Norma se ponen al descubierto por medio de Ixca Cienfuegos, uno de los “guardianes” de los acto-espacios de los personajes importantes en la novela, una especie de conciencia colectiva. Antes de acostarse con ella, éste la inscribe en una posición de “intermediaria social” (309), es decir, un puente de unión entre el pobre enriquecido y los ricos-pobres y los de abolengo, requerido para salvar la distancia abierta por la segmentación.

Vemos pues que en la gran urbe, a la segmentación geográfica y de clase económica, se añade la otra, la de la herencia de sangre y la de género. Para terminar de complicar la situación de la fragmentación grupal, en La región más transparente están los extranjeros que por el hecho de serlo, reciben admiración en los círculos sociales (por ejemplo Pedro Caseaux, “jugador de polo, amante de Silvia Régules” (16)), aunque resulten ser impostores4 como es el caso de “Principe” Vampa que según Bobó (uno de los “satélites”), resultó que “no era más que un cocinero titulado de una pizzería de San Francisco”(441). La segmentación es entonces reforzada por una admiración a la cultura apátrida, especialmente la francesa y la estadounidense (similar a la admiración de Sarmiento). En la novela, esta admiración se hace inminente por la profusión de léxico extranjero entreverado en las conversaciones de los personajes (y con esto no se hace referencia a Gabriel y el Tuno, los que estuvieron de braceros e imitan los sonidos de algunos vocablos en inglés) adoptando también modales de culturas que consideran dominantes. Por ejemplo, Norma hablando de sí misma con Ixca Cienfuegos y bajo los efectos de las copas dice: “—¡Ergo Norma Larragoiti¡ ¡Social Climber Number One! ¡A la bío, a la bau! (309).

En La región más transparente se muestra que dentro del núcleo económico más poderoso, el dinero y el poder no es suficiente para ser plenamente aceptado, y que se produce otra segmentación con una jerarquía como la que sigue: 1) los ricos con “buen” apellido, 2) los de “buen” apellido, aunque no sean ricos, pero que siguen practicando las “buenas” costumbres de la clase alta (estos son los ricos pobres), 3) los ricos extranjeros y 4) los nuevos ricos. Esto se recrudece entonces al aplicarse a las otras clases sociales, que sin dinero y sin linaje permanecen en la inferioridad, siendo los poseedores de los acto-espacios con mayores limitantes. En la novela, esta segmentación, factor importante en la conformación del acto-espacio, es aún más áspera para la mujer. En La región más transparente, a la mujer se la presenta con muchas de las peculiaridades concurrentes en El laberinto de la soledad de Octavio Paz. Esto se ve, por ejemplo, en el siguiente comentario de parte de Natasha (una de las extranjeras ricas, en busca del paraíso, antigua cantante de un cabaret de San Petersburgo, París y Berlín), que al igual que Paz, es profunda observadora del comportamiento de la clase alta mexicana. Habla con Rodrigo:

-¿Sabes que eres muy cariñoso y dulce? Lo sé, querido no lo digas; aquí es muy difícil. Todas las mujeres mexicanas de nuestra clase son unas beatas hipócritas fruncidas o unas putas baratas. Quieren seguridad o manosear, pero no una relación....¿humana? Il faut savoir mener les choses, ¿sabes?

-¿Y quién tiene la culpa?

-Los hombres mexicanos, bien sur. ¿Qué cosa decía la monjita esa? “Hombres necios”, etcétera. Éllos quieren que las mujeres sean beatas o putas, algo definido que no los obligue a gastar mucho la imaginación. ¿Y qué más? ¿Te lo digo? Ecoute: no hay quien me pare de hablar mal de México. ¿Nuevos ricos que no saben qué hacer con su dinero, que sólo tienen eso, como un caparazón de bicho, pero no todas las circunstancias cómo se dice… de gestación que en Europa hasta a la burguesía le dan cierta clase? Claro la burguesía en Europa es una clase; es Colbert y los Rotschild, pero es también Descartes y Montaigne; y produce un Nerval o un Baudelaire que la rehacen. Pero aquí, querido, es como un regalito imprevisto para unos cuantos, on ne saurait pas se débrouiller… No hay, cómo se dice… ligas, se trata de una casta sin tradición, sin gusto, sin talento. Mira sus casas y ¡sale marmite!, sus ajuares; son una aproximación a la burguesía, son toujours les singes… los changuitos mexicanos jugando a imitar a la burguesía. (176)

La observación mordaz de Natasha no termina ahí, continua en otras páginas. Ella es la observadora de la cultura mexicana que desde su posición de extranjera considera tener un lugar privilegiado para juzgarla. De la cita viene a la mente el estereotipo de la mujer como la monja o como Malinche. Norma, su conciencia, expresa con referencia a Federico Robles: “me violaba, me exigía todo de la carne, me rajaba y se rajaba a sí mismo en un esfuerzo divagado por darme toda la gloria de su machismo, en un ejercicio mecánico, frío” (350).

En la novela de Fuentes, el espacio urbano es repartido a los diferentes grupos, y las actividades que cada grupo lleva a cabo atañen a la clase a la que corresponden con su acto-espacio asignado. Así, a los de la clase alta los vemos en fiestas y convivios (Ovando, los burgueses, los extranjeros); los ricos nuevos; los hijos de la Revolución, “preocupados” por el país y su dinero (Federico y Régules); los de la clase baja en los trabajos manuales y de servicios (taxista, sirvienta, secretaria, prostitutas). La región más transparente nos da una fotografía, con buen contraste, pero muy complicada, de cómo se interrelacionan los habitantes en el medio urbano, adaptándose a las condiciones que el medio impone, reinventándose para sobresalir (tal es el caso de Robles, Rodrigo Pola, Régules, Beto y otros) a las dificultades que se presentan, acoplando el acto-espacio personal al hegemónico, aunque esté de por medio el vender los principios personales (como el caso de Rodrigo Pola).

Los personajes de las clases alta en La región más trasparente pertenecen a los que años antes ya había expuesto Luis Spota (1925-85) en forma bosquejada en La estrella vacía (1950) y con mayor precisión en Casi el paraíso (1956); más de treinta años después, en1988, aparecen las mujeres de esa clase en la primera edición de Las reinas de Polanco, que con anterioridad ya habían aparecido en forma de reportes periodísticos.

Las reinas de Polanco es una colección de crónicas, del tipo costumbrista, “crónicas de crisis” según Schaefer-Rodríguez (62). En la contraportada del libro de la edición utilizada en este trabajo (1994), Elena Poniatowska dice:

Nos brinda la crónica de los ricos, pero una crónica que nada tiene que ver con la que durante muchísimos años se hizo en los periódicos, la reseña administrativa de actitudes que se traducían en actividades... un mundo reducido y fácil de reseñar que sin embargo jamás fue reseñado con la ferocidad con la que Guadalupe Loaeza ataca a una sociedad mucho más fragmentada, muchísimo más dispersa y más difícil de encajonar, que es la sociedad de hoy.

Habrá que aclarar que de todas las crónicas en el libro, solamente tres de un total de treinta y ocho se cuelan al otro extremo de la escala económico-social, es decir al de la clase baja: ”Lucha en Las Lomas”, “Una esquina mexicana” y “Payasos mexicanos”. Por eso mejor sería decir que se trata de crónicas de un sector de la sociedad, el mismo del que Luis Spota y Carlos Fuentes ya se habían ocupado.

En 1981-82 (como ya antes había sucedido en 1977), los eventos en México expusieron la fragilidad del sistema económico basado en la bonanza del petróleo. El “milagro económico” (Benjamin Keen 311) era un espejismo creado en falsas expectativas. La deuda externa se encargó de aclarar la atmósfera económica, dejando al espejismo sólo en la memoria y en los bolsillos vacíos del trabajador. En estos años se produjo una de las mayores crisis económicas en la historia del país, con una duración persistente durante toda la década (y que en la actualidad se repite). En 1983 el ingreso per capita en México, medido en dólares, era siete veces menor que el de 1950 (Keen 312). A estos años se refieren las crónicas de Loaeza.

Las reinas de Polanco nos habla de mujeres de la clase alta con acto-espacios bien definidos, vestidas en “’jogging suit’ con niños en los brazos, otras ataviadas con elegantísimos trajes en lino; las más jóvenes, vestidas con conjuntos comprados en Houston, en mezclilla made in Mexico” (23). Las reinas, perjudicadas por la crisis, tratan de adaptarse al estado de sitio económico, es decir, hacen lo mismo que todas las mujeres de las otras clases, con la única diferencia que las reinas compran menos cerezas venidas directamente de Estados Unidos y tratan de pagar los 80 pesos de tortillas con un billete de cinco mil (10), o ya no pueden viajar a Houston o a La Joya “como si se fuera a la esquina para ir de shopping y regresar con las petacas (Louis Vuitton ¡of course!) repletas y revueltas con kilos y kilos de ropa…” (41). Las crónicas confirman lo que ya era del dominio público: la clase alta vive mejor aún durante la crisis. Don Pablo, el carnicero de la Estrella de Polanco, le vende carne a una clienta que le manda postales de la Tour Eiffel: “Don Pablito, ahora voy a llevar dos buenos kilos de filetes muy limpiecitos (5 mil pesos el kilo), porque van a venir mis nietos a comer. Mire le voy a enseñar las fotos” (10). Las crónicas informan: la crisis es real, también la clase alta la sufre, por lo tanto, sus integrantes, también son mexicanos: “¿Te das cuenta, y yo que regresé mis dólares para invertir en México, porque al fin comenzaba a creer en él”(23). Pero al mismo tiempo avivan el efecto de la segmentación al proponer las diferencias en los acto-espacios de los grupos sociales. De los que frecuentan el Café 58 se nos dice que

Allí todos son nice, casi, casi, beautiful people, aunque unos ciertamente, no muy beautifuls que digamos. Pero poco importa, ya que, con sus beautifuls coches estacionados brillantísimos en batería y en doble fila, se sienten soñados, seguros porque son hijos de papi y también de mami y ¿por qué no?, nietos de sus abuelos y primos de sus primos, que también son muy ¡acá!, y viven en Las Lomas y Polanco. (16)

En este establecimiento de ricos, se sienten “super, super”, “at home”, de lo más “relax”, “very mexicans” usando la salsa Tabasco sobre las papas a la francesa (16). Comparemos a éstos con Lucha, vestida con “uniforme de cuadritos rosa y blanco, pequeño mandil riveteado con encaje de tira bordada, sandalias de plástico Windy’s y peinada a la Verónica Castro” (71) o los que

a partir de las diez de la mañana, van llegando listos para trabajar con sus bolsitas de tela donde guardan su botella de plástico y su cuña: el Chicote, el Very, el Hueso, el Búho, el Querreque, el Ruso, Drupi, el Negro, el Pichirilo, el Orejón, el Zorrillo, el Machupichu, el Clash, el Mouse, el Teca, y el Miraviones. Diez y seis chavos en total, que tiene entre doce y diez y siete años, caminan entre los coches y dicen; ‘¿Una repasadita, joven?’. (77)

o el payaso de la calle, Amador Gabino Aceves, con horario de trabajo de 9:00-5:00, edad: tres años, estatura: 70 cms., peso: 17 kilos…(79). La segmentación social se intensifica por la misma obra de Loaeza, un producto de la cultura de masas (todas sus crónicas fueron primeramente artículos periodísticos). También, el desbalance en el número de crónicas intensifica la idea de segmentación social: treinta cinco de la clase alta contra tres de la baja, con una implicación posible de que las actividades de la clase alta, por más vacías que lo parezcan, son más importantes de narrar. El acto espacio de la clase alta es de mayor interés, aunque por otro lado dé la impresión de ser una crítica abierta al sistema.

El continuismo de los mitos también juega un importante papel en lo que es o no aceptado en la sociedad. William B. Gudykunst y Young Yun Kim, nos dicen, “Humans are active organisms. In making sense of our environment, we create as much as we define. A large class of social objects, such as our concept of love, friendship, beauty, and freedom, ‘exist’ only as created and collectively understood meanings” (34).

Las crónicas de Loaeza y la novela de Carlos Fuentes (como antes lo hizo Spota), recrean el mito de lo frívolo de las actividades de la clase alta, sobre todo en la representación femenina, en donde sus acto-espacios se reducen a lo más insubstancial y nimio, en contraste con el de los hombres siempre en plan de conquistadores, agresivos y en busca del éxito aunque sea material. Allí no encontramos a las Valerias, las Morenas o las Genovesas de la novela Dos mujeres (1990) de Sara Levi Calderón, y nos obliga a preguntarnos: ¿no existe este tipo de mujeres en Polanco, Roma, Las Lomas, etcétera? Independientemente de que Las reinas de Polanco y las mujeres de La región más transparente sean de la clase alta, ¿son tan vacías y faltas de fortaleza para buscar soluciones a los problemas reales de sus vidas? En Dos mujeres, las mujeres (Valeria por lo menos) son de la clase alta, pero siguen siendo de carne y hueso, siguen sufriendo las injusticias de la sociedad machista; en Las reinas de Polanco y La región más transparente las mujeres sufren la enfermedad virulenta del materialismo y del ocio como si hubieran alcanzado el todo, o la nada, y claro, la crónica es popular y aceptable porque dice todo lo superficial que puede llegar a ser una clase social, pero al final de cuentas no dice nada nuevo, aunque sí lo peor. Tanto Las reinas de Polanco como La región más transparente dejan al lector hacer sus propias conjeturas, lo empuja a que vea más allá de las páginas del libro, y de la misma manera, parece decir: bien, esto puede suceder en la clase alta, pero mira a tu alrededor dondequiera que estés, verás que la mujer es mucho más compleja y capaz de lo que la sociedad admite y permite. Si nos quedamos en la lectura superficial, en la de “crónica de crisis”, nos quedamos en lo que Mas’ud Zavarzadeh llama “fábulas de inteligibilidad” (24) impuestas por diferentes medios de comunicación y difusores de “cultura”. Entonces, por ejemplo, mientras que Las reinas de Polanco ataca a un segmento de la clase alta, las mujeres en su totalidad son las perjudicadas, puesto que las mujeres de esa clase son las que en todo caso tienen la mejor educación y tendrían la capacidad de escapar el dominio patriarcal.

Concluyendo, la segmentación en el medio urbano de la sociedad contenido en obras literarias puede ser analizado usando teorías culturales. Sin embargo, la segmentación se hace más complicada cuando intervienen otras circunstancias, es decir (dentro de un mismo grupo social) la segmentación también se manifiesta atendiendo a otros factores además de los económicos, como son el origen, el género y la cultura propia, siendo uno de los más importantes la diferencia entre los acto-espacios y las tensiones que estas diferencias producen. La segmentación puede ser advertida leyendo contracorriente, de otra forma todo queda en la “normalidad” de las circunstancias narradas. El hilo de conexión que une a obras tan desemejantes como La región más transparente, Las reinas de Polanco, o también Casi el Paraíso o la Estrella vacía, es la forma en que expresan la segmentación de la población en el medio urbano y luego la otra segmentación que puede producirse al interior de un mismo grupo, captando así los pormenores que caracterizan a un grupo o clase dentro del marco general de la sociedad mexicana.

 

Notas:

[1] Para una explicación más amplia sobre el acto-espacio, ver el libro Las dos caras del discurso homofóbico en México...

[2] Ver por ejemplo, Entre la guerra y la estabilidad política: El México de los 40, una serie de ensayos coordinados por Rafael Loyola, México: Ed. Grijalbo, 1990.

[3] En el libro de Juan Pedro Viqueira Albán, notando la confusión de quién era quién en la época colonial cita al obispo de Michoacán en 1679, quien denuncia lo siguiente: "the notable disorder... in clothes, as web as their lack of honesty because without any distinction, both nobles and plebes dress with silks and precious cloths, wear jewels of gold and pearls, an silver." (7)

[4] Como sucede en Casi el paraíso (1956) de Luis Spota (1925-1986)

 

Obras citadas

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Burns, E. Bradford. “Latin America”.Englewood Cliffs: Prentice Hall, 1986.

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Gudykunst, William B., and Young Yun Kim. “Cultural Variations in Message Decoding”. Ed. Louise Fiber Luce. Lincolnwood: National Textbook Company, 1992. 34-51

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Loaeza, Guadalupe. Las reinas de Polanco. México: Cal y Arena, 1994.

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Zavarzadeh, Mas’ud. Seeing Filmes Politically. Albany: State University of New York Press, 1991.

 

© Francisco Manzo-Robledo 2003
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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