Editorial


Mayor generosidad digital

Se dirige a nuestra revista una lectora, docente universitaria, desde Perú. Nos comenta que, no solo allí, se siente la denominada "brecha digital". Esta brecha supone la distinción entre los países que disponen de infraestructuras y un amplio parque informático y aquellos cuyos recursos en este área son reducidos. Internet, en muchos países, es un recurso al alcance de muy pocos.

Nos comenta también que allí donde Internet es cara, también lo es la adquisición de libros y suele serlo -añadimos nosotros- la producción editorial. Esta conjunción de factores tienen un resultado claro: los límites a la investigación y a la creación.

Cuando la crisis argentina estaba en su punto más elevado, desde estas páginas virtuales, señalamos el peligro que suponía el corte del acceso a Internet de la universidades de aquel país. Suponía aislar a la población académica y, en el momento de mayor carestía, cerrarle el paso a la mayor fuente de información que ha existido en nuestra historia.

El problema que manifiesta nuestra lectora es de gran importancia, sobre todo porque lo padecen muchos millones de personas en países de un gran potencial intelectual que se ven, en cambio, condenados a la invisibilidad por carecer de los recursos necesarios para mostrar al resto su capacidad investigadora y que esta repercuta sobre sus ámbitos culturales.

Nuestra apuesta por este medio digital ha sido siempre por su carácter nivelador, por suponer una forma de transferencia e intercambio enriquecedora para todos. Pero la existencia de esa brecha es innegable. De poco sirve difundir si no existen los medios suficientes para que la información llegue a su destino final.

Es urgente la creación de más Programas de cooperación tecnológica. Cuando, desde los Gobiernos de muchos países, se crean este tipo de programas, se hace más con la vista puesta en la penetración económica que en la cooperación cultural. Las infraestructuras de redes y el parque informático son los elementos básicos sobre los que se construye una auténtica Sociedad de la Información. Sin ellos, la información no fluye ni en la dirección ni con la velocidad adecuadas para alcanzar el desarrollo necesario y deseable.

Sería de ilusos pensar que de estos objetivos se van a ocupar aquellos para quienes la Sociedad de la Información es solo otra forma de hacer negocios. Por ello es necesario que lo hagan aquellas instituciones cuyos objetivos son el fomento del desarrollo sociocultural. La inversión en redes y parque informático tienen un efecto multiplicador de los recursos disponibles; son una doble via, de entrada y salida, de información.

Esos países en los que los libros son caros, como lo son las computadoras y los accesos, no deberían verse condenados a que esa brecha se ahonde cada día más. Evitarlo solo puede hacerse mediante el aumento de la generosidad digital. ¿Cómo lograrlo? Esto es algo que deberíamos tratar de responder entre todos, buscar soluciones que logren que esta brecha, en lugar de ampliarse, se redujera. Estas soluciones pasan por la superación de las propias brechas internas, que es la distancia que separa a las universidades públicas de las de elites. En la medida en que los accesos a los fondos de información resultan más fáciles a aquellos que tienen más facilidades en estos países, la brecha interna se dispara, ahondando más en los desniveles sociales.

Por nuestra parte, solo podemos hacer lo que ahora hacemos: tratar que esta revista virtual siga dando salida a la mayor cantidad posible de investigación de calidad de los docentes que generosamente utilizan este medio para difundirla. Y tener la esperanza de que estas páginas, de acceso abierto, vayan llegando cada día a más lugares.

Joaquín Mª Aguirre
Editor


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