Poder y seducción en el Libro de Apolonio

María Araceli Laurence
Universidad Nacional de Lomas de Zamora


 

   
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      La seducción representa el dominio del universo simbólico, mientras que el poder representa solo el dominio del universo real.
     Jean Baudrillard. De la seducción

Introducción

Si consideramos el poder como una relación de fuerza, tal vez, debería ser analizado en términos de lucha y de enfrentamientos. Así entendido, el poder se inscribe en las instituciones, en los lenguajes, en los cuerpos de unos y otros.

Es considerando lo antedicho que tomaremos como objeto de reflexión de este trabajo la siguiente hipótesis: el ejercicio de las acciones de poder se inscribe en el cuerpo de los sujetos instaurando, de esta manera, la presencia del “otro”, alguien que en algunos casos padece y tolera y, en otros, se opone, de manera activa o pasiva, a dicho ejercicio. Así, la organización vertical que implica la presencia de un dominante y un dominado se va a manifestar a lo largo del Libro de Apolonio inscribiéndose en distintos vínculos. Sin embargo, en un contexto en que rige la oposición entre lo femenino y lo masculino (el débil y el fuerte), la única forma que encuentra lo femenino (el débil) para hacer valer su fuerza es la seducción.

Dice Baudrillard:

La seducción es aquello que no tiene representación posible, porque la distancia entre lo real y su doble, la distinción entre el Mismo y el Otro está abolida. (1994:67)

A lo largo de la historia veremos cómo se articulan los lazos que relacionan los dos conceptos que estamos tratando: poder y seducción.

En Antioquía el rey ejerce sobre su hija el poder de manera cruel. En realidad, en este caso no podemos hablar de una relación de seducción sino de avasallamiento, no obstante, tanto Apolonio enamorado de la belleza de la hija del rey como los pretendientes seducidos por la posibilidad de heredar el reino se dirigen hacia el lugar, seducidos por distintos factores.

El rey Apolonio, que en Tiro regnava,
oyó daquesta duenya qu’en grant preçio andava;
quería casar con ella, q(u)a mucho la amava;
la hora del pedir, veyer non la cuydava. (18)

En Pentápolis, podemos hacer referencia a Luciana y Apolonio, en esta oportunidad, se trata de una relación dual porque si bien, por un lado, Apolonio no ostenta el poder desde el punto de vista del mando, sí ejerce influencia sobre la princesa a través de su erudición y de su dominio de la música, por otro, es Luciana quien decide casarse con el peregrino rechazando a los otros pretendientes y enviándole una carta a su padre donde expresa sus deseos.

Por último, en Mitilene, encontramos dos vínculos, en primer lugar, Antinágoras que protege a Tarsiana y, finalmente, se casa con ella. Por otro, Tarsiana y Apolonio ya que, desconociendo el lazo cosanguíneo que los une, la joven queda absolutamente fascinada por los conocimientos que demuestra poseer el viajero.

En otro sentido, Tarsiana había logrado evitar la prostitución y dedicarse a la juglaría gracias a sus habilidades y a la utilización que hace de su discurso, lo que nos permite hablar del poder que tiene este personaje sobre aquellos que la rodean.

 

El poder y el cuerpo

En cada uno de estos vínculos se actúa sobre el cuerpo de las personas. Las relaciones de poder operan sobre él, lo cercan, lo marcan y, en algunos casos, lo someten a suplicio, ya que las relaciones de poder han sido inscriptas en y sobre el cuerpo humano.

Antíoco viola y destruye a su hija. ¿Qué nos dice esta violencia sexual sobre el cuerpo femenino?

En relación con este punto recordemos a Baudrillard quien dice:

(...) obtiene fácilmente el consentimiento de la “víctima”, que obedece de algún modo con su abandono a las órdenes de una divinidad que requiere que toda fuerza sea reversible y sacrificada, sea la del poder o la natural, de la seducción, porque toda fuerza, y la de la belleza por encima de todas es sacrílega. (1994: 96)

El cuerpo de la mujer es un cuerpo seguro, un cuerpo construido socialmente para no devolver el golpe. El cuerpo femenino es instaurado para permitir el ejercicio de la virilidad, el silencio de las mujeres le es dado a los hombres para justificar sus acciones (recordemos que la nodriza le aconseja a la princesa no decir nada).

Demás yo vo[s] conseio, vós creyer me lo devedes,
al rey vuestro padre vós non lo enfamedes;
maguer grant es la pérdida, más val que lo calledes
que al rey a vós en mal preçio echedes. (10)

Ellas son pasivas y ellos son activos, pero los hombres dependen del cuerpo femenino para su masculinidad. El cuerpo femenino es, simplemente, una masa inerte sobre la que actúan la violencia y el placer. Esta “mecánica del poder” (Foucault) implica una relación de sumisión y acatamiento.

Por otra parte, los pretendientes, quienes habían sido atraídos por la belleza de la hija de Antíoco son condenados a muerte al no poder resolver el enigma. La ejecución, como ceremonia política, implica una manifestación excesiva y regulada de poder, expresión suntuaria de potencia. Una ceremonia que se asemeja al triunfo. Se despliegan, así, los efectos del poder sobre los cuerpos.

Avían muchos por aquesto las cabezas cortadas;
sedían, sobre las puertas, de las almenas colgadas.
Las nuevas de la duenya por mal fueron sonadas,
a mucho buen doncel avían caras costadas. (16)

El hecho de englobarlos a todos bajo un denominador común “pretendientes” implica mantenerlos bajo la mirada de un saber permanente y ser descriptos como grupo, como fenómenos globales en oposición a esto vemos que la individuación aparece expuesta en quienes ejercen la soberanía y en las regiones superiores del saber (desconocemos el nombre de la hija de Antíoco).

Podemos trazar una línea que nos lleve desde el silencio de la hija de Antíoco hasta la voz de Tarsiana, (quien preserva su virtud por sus conocimientos) una línea que nos traslade desde un cuerpo destinado a ser mirado hacia un cuerpo destinado a ser escuchado. Entonces, el cuerpo habla, y develar los misterios de un cuerpo que habla requiere el pasaje de la continuidad de la mirada hacia la discontinuidad del lenguaje. En un caso el silencio y en otro la palabra como estrategias de resistencia.

El ser humano en su estado de indefensión se enfrenta a distintos tipos de experiencias, una de ellas es la vivencia de satisfacción de la que derivan dos nociones capitales: el deseo y el “Otro”.

El deseo será el intento siempre fallido de reestablecer la situación de satisfacción primera.

Mediante la acción específica realizada a través del auxilio ajeno y cuya ejecución trae aparejada la satisfacción de la necesidad se instaura la presencia de un “otro”. El poder aprehende al otro, fundamentalmente, a través de los pequeños detalles. En el caso de Antíoco el poder no se oculta, no se enmascara. Se muestra como feroz tiranía en los más ínfimos detalles, cínicamente. El ejemplo más claro es la adivinanza:

“La verdura del ramo escome la raýz,
de carne de mi madre engruesso mi serviz.”
El que adevinase este vieso qué ditz,
Esse auría la fija del rey enperadriz. (17)

Si bien las afirmaciones que provienen del psicoanálisis podrían resultar anácronicas para el caso, podemos citar lo siguiente:

Freud toma una observación de Frazer según la cual “la ley no prohíbe mas que lo que los hombres serían capaces de hacer bajo la presión de algunos instintos, así, por ejemplo, de la prohibición legal del incesto debemos sacar en conclusión que existe un instinto natural que nos empuja al incesto”. En otras palabras, se nos dice: si está prohibido se debe a que es deseado (no habría necesidad de prohibir lo que no se desea...) (Deleuze-Guattari, 1998: 119)

Aparece, así, el texto como producto y productor de un grupo de fantasías y deseos si bien, obviamente, no debemos olvidar el contexto ya que estamos comentando una obra del mester de clerecía a través de la que se pregonan los principios del cristianismo por medio de personajes paganos, de manera tal que la emergencia de estos deseos son fuertemente censurados y se presentan como fruto de la actuación del demonio.

El pecado, que nunca en paz suele seyer,
tanto pudo, el malo, bolver rebolver
que fiço ha Antiocho en ella entender
tanto que se quería por su amor perder. (6)

En este sentido dice Baudrillard:

Un sentido indeleble recae sobre la seducción. Para la religión fue la estrategia del diablo, ya fuese bruja o amante. La seducción es siempre la del mal. (1994: 9)

Decir quién ha hecho qué, designar el blanco es un primer paso en la lucha contra el poder. El discurso de la lucha se opone al secreto.

Dixo:- “Non deves, rey, tal cosa demanar,
que a todos aduze verguença pesar.
Esto, si la verdat non quisieres negar,
entre tú tu fija sse debe terminar (24)

Sin embargo, al revelar Apolonio el enigma que propone Antíoco y, así, poner en evidencia su secreto, firma su propia sentencia de muerte y es obligado a huir para salvar su vida.

Cuando el rey desafía a los pretendientes a descifrar la adivinanza, además de ejercer de manera descarada el poder, se produce una situación paradójica: si los aspirantes a la mano de la princesa no resuelven el enigma serán condenados a muerte y si lo hacen (como Apolonio) correrán idéntica suerte.

El secreto. Cualidad seductora iniciática, de lo que no puede ser dicho porque no tiene sentido, de lo que no es dicho y, sin embargo, circula. Sé el secreto del otro pero no lo digo y él sabe que yo lo sé pero no corre el velo (...) (Baudrillard, 1997: 77)

El secreto solo es poseedor de poder cuando no es revelado “igual que la seducción actúa a condición de no ser nunca dicha, nunca querida” (Baudrillard, 1997: 77)

Para que exista seducción es necesario una relación dual que contenga signos secretos. Podemos notar en el texto que quienes seducen son los personajes débiles quienes logran hacerlo a partir de su vulnerabilidad.

 

La seducción y el saber

El saber funciona como metáfora del poder. El espacio del saber estaría formado en el Libro de Apolonio, por un lado, por el saber libresco y el erudito:

Enderr[ó]se Apolonio en sus cámaras privadas,
do tenié sus escritos sus estorias notadas.
Rezó sus argumentos, las fazanyas passadas,
caldeas latines, tres o quatro vegadas. (31)

Y, por otro, por el saber empírico ya que, por ejemplo, Apolonio ha sido advertido que Antíoco ha ordenado su muerte.

Es en este contexto que podríamos afirmar que uno de los elementos fundamentales del ejercicio del poder es la palabra, la utilización del discurso.

Es a partir del discurso entendido como: “(...) conjunto heterogéneo de intereses y prácticas que tienen por objeto la instauración de un sistema de dominio y su perpetración” (Foucault, 1997: 19), es en el ejercicio de la palabra, considerada como formación ideológica, que la realidad va a aparecer oculta detrás de su representación. Va a justificar, en definitiva, la relación de dependencia o dominio “relaciones asimétricas de poder” tal como las llama Foucault.

Estas representaciones están formadas por elementos que sitúan al otro en inferioridad de condiciones. Se establece, así, una relación de tipo amo/siervo. Se produce el cruce entre un discurso que afirma la relación de poder (Antíoco) y otro que la niega (Apolonio).

Los personajes en los que este vínculo entre saber y seducción se manifiesta de manera más clara son Apolonio y Tarsiana.

Apolonio logra, primero, seducir a Luciana con sus conocimientos.

Fue en est comedio, ell estudio siguiendo,
en el rey Apolonio fue luego ent[end]iendo.
Tanto fue en ella el amor encendiendo
fasta que cayó en el lecho muy desflaquida. (197)

Y más tarde a Tarsiana.

Tarsiana, por su parte, logra seducir a Antinágoras primero con su belleza:

El senyor Antinágora, que la villa tenié en poder
vio esta cativa de muy gran parescer (395)

Y luego con su discurso:

Mas, como Dios lo quieso, ella fue bien artera;
con sus palabras planas metiólo en la carrera (406)

Tarsiana, también seduce a los viajeros con sus dichos:

Por la palabra sola, luego de la entrada
fue de los pelegrinos bien quista amada (485)

Antinágoras la convoca para que alegre a Apolonio por las penas que padece. Tarsiana intenta llevar regocijo a este hombre sin saber que es su padre.

En este episodio se produce una mutua seducción entre los personajes, encontrándose, veladamente, la amenaza del incesto. Tarsiana le ofrece una serie de adivinanzas que Apolonio va resolviendo favorablemente provocando la admiración de la joven por su erudición. Finalmente, Tarsiana al no poder cumplir con su propósito:

Con grant cuyta que ovo non sopo qué asmar
fuele amor los braços al cuello a echar (527)

Siendo rechazada con violencia por el protagonista:

Óvosse ya con esto el rey a enssanyar,
ovo con fellonía el braço a tornar;
óvole huna ferida en el rostro a dar,
tanto que las narizes le ovo ensangrentar. (528)

En este caso, podemos hacer referencia a la diferencia psicoanalítica entre el discurso manifiesto y el discurso latente ya que el discurso latente desvía al discurso manifiesto hacia su verdad. En oposición a esto, en el juego de la seducción lo superficial anula lo profundo para sustituirlo por el encanto de las apariencias.

Dice Baudrillard:

(...) el inconsciente seduce por sus sueños, seduce por su concepto, seduce desde el momento en que “ello habla” y en que ello tiene ganas de hablar (...) (1997:56)

Tarsiana debe ser rechazada y es agredida porque es ella quien está dotada por naturaleza de toda seducción. Apolonio debe, así, a través de una maniobra, contrarrestar la fuerza natural que hace que él se sienta tentado a sucumbir.

(...)la seducción posee la oblicuidad del sesgo del sueño o del rasgo ingenioso, que con una sola diagonal atraviesa el universo psíquico y su diferentes niveles para tocar, en las antípodas, un punto ciego y desconocido, el punto precintado del secreto (Baudrillard, 1997: 103)

La joven desconoce la identidad del hombre que está frente a ella y a él le ocurre lo mismo. Se entabla así, en Apolonio una resistencia a ser seducido y todos los medios son buenos para escapar de la tentación.

Dice Carmen Monedero:

(...) los psicoanalistas interpretarían (...) que Apolonio en su subconsciente ya ha presentido que es su hija, lo mismo que ante el falso sepulcro intuyó que allí no estaba enterrada, y evita el tabú milenario revolviéndose contra eso (1987: 46)

La autora sostiene que ocurre algo semejante en la relación entre Tarsiana y Antinágoras y que la virtud de la joven es protegida porque él tiene una hija virgen.

Por último, podemos decir que en los dos casos que estamos analizando existe una relación positiva entre poder, saber y seducción, en definitiva, Tarsiana logra descubrir su identidad a partir del encuentro con el padre a quien creía perdido.

Dice Foucault:

Hay que cesar de describir siempre los efectos del poder en términos negativos (...). De hecho el poder produce; produce realidad; produce ámbitos de objetos y rituales de verdad (1989: 198)

En el texto, se realiza un pasaje desde un ejercicio del poder que expulsa, usa, destruye, mata, un poder impune, un poder de tipo político y familiar, un poder utilizado para el mal (personificado en Antíoco) hacia un poder ejercido a través de la seducción (sobre todo en Apolonio y Tarsiana) al que podemos definir como un poder positivo, un poder que sabe y que utiliza este conocimiento para finalidades nobles.

 

Conclusión

A lo largo de este trabajo hemos intentado dar cuenta de la relación existente entre poder y seducción en el Libro de Apolonio. Hemos visto a la seducción como un instrumento que permite, en algunos casos, al más débil, al más frágil, posicionarse contra el poder.

Los personajes no seducen por sus fuerzas o por sus manifestaciones ampulosas de supremacía, sino que lo hacen a partir de su vulnerabilidad.

Apolonio seduce por su erudición y, también, por las desdichas que padece, al igual que Tarsiana, quien logra sobreponerse a una serie de situaciones que van desde el peligro de muerte hasta la pérdida del honor y la libertad. En relación con este punto recordemos, también, a la hija de Antíoco que seduce por su tormento y a Luciana que enferma por su amor hacia Apolonio. Estos seres seducen a los otros a partir de su fragilidad y así, también, nos seducen como lectores.

En sentido absolutamente opuesto Antíoco ejerce su poder tan impunemente que puede exhibir y anular la conducta que tiene con su hija.

Así como el poder ejercido desde el mando es visible y pertenece a uno solo, el poder que emana del ejercicio de la seducción es silencioso, dual y, en cierta manera, inexplicable.

¿Será la seducción algo frívolo, superficial que solo interesa por las apariencias y el placer? O, en definitiva, como dice Baudrillard “Todo es seducción, solo seducción” (1994: 81)

En todo acto de seducción está presente el reto: se reta al otro a dejarse atrapar. El secreto está en saber jugar el juego.

A través de la seducción, continuamente, evocamos y revocamos al otro y es en ese juego con el otro donde encontramos nuestra propia identidad.

 

Bibliografía

Anónimo, (1987) Libro de Apolonio, Editorial Castalia, Madrid.

Baudrillard, Jean, (1994) De la seducción, Red Editorial Iberoamericana, Buenos Aires.

Deleuze, Gilles y Felix Guattari, (1998) El antiedipo, Paidós, Barcelona.

Foucault, Michel, (1989) Vigilar y castigar, Siglo XXI, Buenos Aires.

————, (1995), Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones, Alianza Editorial, Buenos Aires.

————, (2000), Los anormales, Fondo de cultura económica, Buenos Aires.

 

© María Araceli Laurence 2003
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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