Espéculo

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David Castillo

SIN MIRAR ATRÁS


Juan J. del Rey Poveda
I.E.S. Valle de Guerra (Tenerife).

David Castillo desarrolla en Sin mirar atrás (Anagrama, 2003) la historia de una crisis permanente. Crisis que trata de resolver a lo largo del libro. Esto es la nota más significativa del protagonista, que analiza así su estado: “Estoy cansado, las cosas me van bien, pero el pasado vuelve a mí, abre cicatrices de heridas que me habían hecho daño” (pág. 17). Esta conciencia del problema se agudiza por dos hechos trascendentales, sobre los que gira continuamente el protagonista: la extraña muerte de su amigo Rafael y el deterioro de su relación amorosa con Clara.

El pasado aparece como un fantasma y muestra que todo ha cambiado. Así, los amigos anarquistas del protagonista se han convertido en traficantes de productos prohibidos y el entorno -Barcelona, España, el mundo entero- también se ha transformado para mal, en su opinión. No era esto lo que él esperaba.

A causa de la crisis, el protagonista se busca a sí mismo: este es uno de los ejes temáticos de la novela. Esta búsqueda incluye la felicidad. Al final del libro el protagonista ve con claridad la realidad y la posible solución a sus conflictos. Sobre todo, se da cuenta de cómo son las cosas.

La figura del protagonista es grandiosa, en el sentido de que él es la novela, y todo se construye en torno a él. Es un héroe moderno, lleno de contradicciones tremendas en su actuar. Su principal rasgo es la inadaptabilidad al mundo actual, capitalista y superficial. Esta característica procede de su pasado político anarquista y violento, deseoso de transformar radicalmente el mundo. La inadaptabilidad va unida a su tormentosa relación con Clara, que no le proporciona la dicha suficiente (ni, sobre todo, la tranquilidad), sino multitud de pesares. Sólo su hija supone para él un estímulo afectivo positivo constante.

Por otra parte, el ejercicio de la violencia se manifiesta en todo y en todos los personajes. Hasta el protagonista la practica: baste recordar la escena vejatoria con la prostituta marroquí, que es terrible. Llama la atención la conversión de anarquistas muy comprometidos en ladrones de la peor calaña. En general, esta violencia es lo normal en la acción novelesca.

Debido a esta situación de violencia, se produce una denuncia continua de un mundo que permite un modo de actuar que degrada al ser humano. Es una denuncia dirigida contra los gobernantes y contra la ideología capitalista, feroz y sin piedad. El dinero ya no es el poderoso caballero del Barroco, sino que se ha convertido en lo más importante en la vida actual. Es chocante que personajes como Larbi pasen de una radicalidad política que buscaba la transformación del mundo a una situación de riqueza ganada ilegalmente y ¡hasta empleados del hogar tengan! Y no sólo se denuncia a los anarquistas y comunistas que se han cambiado de chaqueta, sino al occidente europeo, que vive en la opulencia, mientras en otras partes del planeta la gente pasa necesidades. Denuncia, pues, del poder, tan peligroso como el dinero: a él se arriman todas las ideologías.

También se produce la denuncia de la ciudad europea moderna, encarnada en Barcelona, plagada de miserias morales y egoísmos. La ciudad, que en su origen fue la cuna de la civilización, es ahora una selva en la que es difícil sobrevivir con dignidad. “Dignidad”, palabra que exige y reclama nuestro héroe.

Denuncia, crítica, del mundo intelectual, universitario, que se mueve en busca del prestigio y el dinero, que crea una cultura ligera, no comprometida, que busca su alianza con el poder político.

Denuncia de la hipocresía social, que también se reencarna en el protagonista, profesor universitario que no cree en la universidad y periodista que reniega de su profesión. Odia la actual situación social y para cambiar de vida acepta entrar en las redes de unos ladrones sin escrúpulos, antiguos compañeros anarquistas. Clara es también un personaje hipócrita con multitud de caras contradictorias: manifiesta amor y, a la vez, engaña a su pareja y es agresiva con él; se cree intelectual, sin embargo abandona la tesis doctoral y escribe sobre temas intrascendentes en la prensa; es generosa, pero se preocupa excesivamente por sus intereses personales.

¿Qué hay frente a esta hipocresía? ¿Cómo resolver la crisis? Parecen ser algunas de las preguntas que plantea la novela. Y, por supuesto, la denuncia de las injusticias.

 

Nota:

[1] David Castillo, Sin mirar atrás. Traducción de Luis Santana. Barcelona: Anagrama, 2003. Todas las citas son de esta edición.

4/07/2003


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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2003