Tradición y elegancia castellanas
en el vocabulario de Enrique Larreta

Alfredo Canedo


 

   
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Los pocos versados en reminiscencias y resonancias del idioma, históricos hijos del orgullo y la emulación, sostienen que Enrique Larreta ha sido un escritor de prosa aristocrática, extravagante y selecta; cosa absolutamente falsa, ya que en mucho es de caudal idiomático tanto hispanoamericano como del Diccionario de la Lengua y, consiguientemente, del castellano de todos los tiempos. Y en esto último, no pocos han sido sus esfuerzos por ennoblecerla con voces propiamente criollas y de la tradición hispana; a pesar del falso principio a que su vocabulario estaba bajo amparo de filólogos y lingüísticas de la Academia de Letras de España.

Necesitó Larreta de la lengua española barroca, noble y solemne para dar plasticidad y dinamismo a su narrativa específicamente criolla; aunque reconociendo en páginas iniciales de Tiempos iluminados’ al bucólico paisaje pampeano por riquísimo surtidor de la nueva cultura hispanoamericana con dialecto propio:

“Soy español de sangre pero no idioma”.

No obstante lo cual, aceptando, con sensual delectación en ‘Zogoibe’, el vocabulario de los hombres de la llanura rioplatense afín al elegantemente castizo de pastores andaluces:

“En efecto, ¿qué había sido el gaucho sino un zagal andaluz, con el mismo culto moruno del caballo, la misma destreza jactanciosa, los mismo cantos melancólicos?

Escribir en lengua hispanoamericana era para Larreta pensarse a sí mismo; por tanto, no se exagera al decir que su escritura literaria es una suerte de apasionado diálogo de palabras criollas con las propias de España. Al caso, las bellas descripciones pampeanas y urbanas con los más frecuentes adjetivos propiamente hispanos: ‘livor’, ‘púrpura’, ‘rubí’, ‘grama’, ‘carmesí’, ‘oro’, ‘dorado’, ‘rubio’, ‘topacio’, ‘azul’, ‘ceríulo’; igualmente la metáfora algo qujijotesca y quevedonina con que Larreta conjugó y trabó su brillante imaginería a lo largo de todo su obra literaria.

Para muestra, ‘La gloria de don Ramiro’, novela singular en argumento y estilo, es transposición de términos castellanos en los de uso coloquial del criollo: ‘cálcanos’ por talones, ‘pupilas’ en vez de ojos, ‘sentido’ por espíritu, ‘modulan’ o ‘parlan’ por conversar o hablar, ‘catar’ por mirar, ‘gisar’ por aderezar y ‘guarecer’ a cambio de sanar. Allí también los giros del ‘Quijote’ absolutamente respetados por Larreta; de ejemplo: ‘caía aquel fogón’, ‘oro púrpuro’, ‘flaco de medalla’, ‘¿qué hechizo te han echado?’, ‘un espacio rectángulo encuadrado por claustrales galerías’ y ‘era asaz numeroso’. Del mismo tenor, aunque con ligeras diferencias, ciertas frases de resonancia cervantina; tanto mejor:

“Tuvo por seguro (Larreta dice de Ramiro) que, en los tiempos venideros, nideros, su historia sería leída en hogares y refectorios para edificación de las almas”.

No el sentido de esta frase de Larreta menor a la del Hidalgo de la Triste Figura diciendo a su sobrina que en tiempos venideros algún cronista ya español o de otras tierras hispanas ‘escribirá en palabras castizas y bien castellanas’ la historia de sus hazañas por los valles manchengos y toledanos.

Con idéntica catadura hispana, el pasaje donde Ramiro presagia su destino ante el impotente espectáculo del cielo gris:

“No hay vida más heroica, más fuerte, vida más vida que la de aquel que desmudándose por entero del vano ropaje mundanal, sigue la senda de Cristo Nuetro Señor”.

Tal evocación del personaje novelado pareciera haber sido extraída de los versos de fray Luis de León: “Qué descansada vida/ la del que huye del mundanal ruido./ Y sigue la escondida Senda”.

En ese orden, el estilo gongoriano en Ya le falta muy poco’, una de las mejores creaciones poéticas de Larreta:

Ya le falta muy poco al peregrino
para dejar la mundanal posada.
Ha salido al balcón. La madrugada
clarea en la frescura del camino.

La filiación métrica y musical de esos versos del poeta argentino a los de las trovas hispánicas es innegable, para lo cual basta cotejarlos con los de Luis Góngora en el soneto 43 de ‘Soledades’: “Descaminado, enfermo, peregrino,/ en tenebrosa noche, con pie incierto,/ la confusión pisando el desierto,/ voces en vano dio, pasos sin tino”.

Pero sin duda el más gongoriano de los cantos de Larreta es ‘Avila’ en homenaje a la medieval ciudad castellana de los palacios, iglesias y muros:

Pone fray Juan plantas en el suelo.
A pie descalzo y lumbre de candela
se levantas, en fuga paralela,
santas paredes, torres poderosas.
Y es la ciudad en él piedra que vuela.

Asimismo, el juego de colores en versos de Larreta es de sello gongoriano. De entre las variadas tonalidades usadas por éste, al menos muy frecuentes, el azul en referencia al cielo pampeano, el rojo al amanecer, el amarillo al trigo y el negro como elemento discordante dentro de la armonía del mundo. Esos y otros colores en La gloria de don Ramiro’ son motivo de imágenes para enriquecimiento de conceptos: ‘caballo de oro’, ‘frente de marfil’, ‘ojos de diamante’, labios de coral’, ‘cuerpo de mármol’, etc.

También mérito de Larreta fue haber asemejado arcaísmos del dialecto criollo, ya de léxico o de sintaxis, a los de uso por Lope de Vega, Quevedo y Calderón; como que los más leído en ‘Santa María del Buen Aires’, ‘El linyera’, ‘Zogoibi’ estos: ‘así mismo’, por asimismo, ‘abajarlo’ por bajarlo, ‘escuchallas’ por escucharlas, ‘jovel’ por joven, ‘estirpar’ por extirpar, ‘crisólida’ por crisolito, ‘alfange’ por alfanje ‘alhacena’ por alacena, ‘algalfa’ por algalia, ‘espetativa’ por expectativa, ‘záfiro’ por zafiro, ‘expulgar’ por espulgar, ‘acemilla’ por acémila, y cuantos más invariables en parlantes de uno y otro solar.

A su prosa entre castiza y criolla adornó con galicismos; cuando éstos con verdadera legitimidad ya eran de uso idiomático del parlante rioplatense. Los más frecuentes en ‘La gloria de don Ramiro’ son: ‘mentón’ por barbilla, ‘gesto’ por ademán, ‘tarde calma’ por tarde tranquila, ‘acentuado’ por señalado, ‘sospechado’ por sospechoso, ‘entre ellos’ por entre sí. Tampoco eludió afrancesadas construcciones gramaticales como si fueran copias en ‘Cyrano’ de Edmond Rostand, en ‘Rival de don Juan’ de Luis Bertrand, en ‘Precursor de Judea’ de Anatole France, y en ‘La reliquia’ de Gustave Flaubert. Unas pocas de ellas en su novela mayor: ‘Medrano fue encargado de ir en su busca’, ‘las calles llenas estaban de limosneros fingidos’, ‘la hermosa espada con que le había obsequiado su tío abuelo’, ‘entrecerrando los ojos’, ‘voleó una piedra y luego la otra’, ‘habiéndola desvestido hasta la cintura’ y ‘todos los roedores dispararon hacia los muros en instantánea fuga’.

Pero si Larreta ha mezclado generosamente expresiones hispanas con francesas, no quiso, empero, mostrarse ingrato con los argentinismos. De ahí, los más abundantes en la mayoría de sus escritos en prosa y versos: ‘saltó del otro lado del cerco’, ‘cosa de no creerse’, ‘tata Dios’ o ‘con chiripá, boleadoras y cuchillo’.

 

Esa energía y libertad de lenguaje escrito de Larreta fue ridículamente calificada en El caso de la gloria de don Ramiro’ por el novelista rosarino Martín Aldao:

“Larreta se mete en frases telegráficas y no sabe cómo salir de ellas e incurre en verdaderos galimatías. ¡Y hay quienes llaman a esto prosa de gran escritor! A esta fecha, más que un autor de antologías habrá coleccionado algunas perlas de esas perlas con los consabidos ditirambos a la prosa de Larreta”.

Con empaque de escritor altivo y veleidoso, Aldao desestimó que por el lado de Larreta no había preocupación mayor de conocerse la idiosincracia y hasta la tradición del criollo si no mediante la lengua, y que en este proceso son válidos los léxicos del mismo origen latino superpuestos a otros.

Aparte de ese y otros comentarios no felices, lo cierto que Larreta hizo florecer la tradición del dialecto criollo con sonoridad castellana, y que, absolutamente consustanciado en ello, ha sido uno de los intelectuales más firmes en bregar por la identidad hispanoamericana desde la expresión escrita y oral.

 

© Alfredo Canedo 2003
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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