Molly Moon o las razones del éxito
de la literatura infantil británica

Blasina Cantizano Márquez
Universidad de Almería


 

   
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Tras el éxito internacional alcanzado por la saga de J. K. Rowling sobre las aventuras del aprendiz de mago Harry Potter, aparece un nuevo título de la literatura infantil británica que ya desde su publicación se convierte en todo un éxito de ventas y público, se trata de Molly Moon y el increíble libro del hipnotismo, de Georgia Byng, libro que a sólo dos meses de su publicación cuenta ya con tres ediciones y traducciones a distintos idiomas. La aparición del personaje de Molly Moon coincide en espacio y tiempo con el estreno a nivel internacional de Harry Potter y la cámara de los secretos, la segunda película de su más directo predecesor, hecho que parece haber causado no sólo las lógicas comparaciones entre ambos personajes, sino también una serie de ataques y críticas a su autora por lo que muchos consideran un claro caso de plagio. Por este motivo, estas páginas se van a dedicar al análisis de los elementos que han situado a Molly Moon en lo más alto, resaltando tanto los méritos propios como los coincidentes con otros títulos significativos de la literatura infantil.

Nada más comenzar la historia, nos situamos ante una protagonista que mucho nos recuerda no ya al caso cercano de Harry Potter, sino a toda una serie de personajes considerados como clásicos de la literatura inglesa. Al más puro estilo de Charles Dickens, Molly Moon tiene mucho en común con los protagonistas de obras tan célebres como Oliver Twist (1838), Nicholas Nickleby (1839), La Tienda de Antigüedades (1840), David Copperfield (1850), Casa Desolada (1852) o Grandes Esperanzas (1860) con todos ellos comparte el hecho de ser huérfana y llevar una vida de penalidades. A lo largo de toda la producción del escritor inglés, se observa cierta predilección por los niños desvalidos, como afirma Tébar “los huérfanos, paradigma del niño desgraciado, son su material humano más frecuente y más querido” (Tébar: 29). Estudiando a estos personajes-niño, se puede observar cómo, aunque huérfanos, la mayoría conoce sus raíces, lo que fue de su familia, a algunos les sobrevive algún familiar que cuida de ellos como la hermana de Pip en Grandes Esperanzas o el abuelo de la pequeña Nell en La Tienda de Antigüedades, otros llegan a descubrir su verdadera identidad en el transcurso de la obra como ocurre en Casa Desolada cuando la protagonista, Esther Summerson, descubre a su verdadera madre. En títulos más recientes vemos la situación de otros huérfanos que si bien es dura, cuentan con algún apoyo del mundo adulto: el protagonista de Las Brujas de R. Dahl, queda al cuidado de su adorable abuela noruega tras la muerte en accidente de sus padres, incluso Harry Potter conoce le nombre de sus padres y cómo murieron, vive con unos parientes directos que, si bien lo desprecian, son parte de su familia.

El caso de Molly es el más desesperanzador de todos ellos, incluso que el de Pip del que Tébar opina “no creo que quepa mejor ejemplo de criatura abandonada en el mundo sin raíces concretas, no recuerdo huérfano más huérfano, que ni siquiera está seguro del nombre de sus padres y tiene que inventarse su apariencia” (Tébar: 40), Molly es más huérfana aún que el pobre Pip, no sólo desconoce su origen o su familia directa, sino que parece haber salido de la nada, la abandonaron a la puerta del orfanato cuando era bebé, sin nombre y en una caja de cartón. La situación es aún más descorazonadora cuando la autora nos revela la razón de su nombre:

“El apellido de Molly, Moon, venía de “Caramelos Moon”, escrito en letras rosas y verdes en la caja de cartón donde la encontraron. Cuando la señora Trinklebury encontró también un boli en la caja, llamó al bebé Boli Moon. Y cuando la señorita Adderstone dijo que no permitiría que nadie se llamara “Boli”, Boli Moon se convirtió en Molly Moon” (Byng: 13)

El escenario donde se inicia la historia es Hardwick House, un orfanato lúgubre donde los niños pasan hambre y no reciben ningún tipo de cariño de parte de su directora, la señorita Adderstone. Este lugar nos recuerda sin duda al hospicio donde creció Oliver Twist o al colegio Dotheboys Hall donde trabajaba Nicholas Nickleby como ayudante de director. También vemos una clara similitud tanto con el personaje como con el escenario donde tienen lugar las aventuras de Annie, la protagonista de las tiras cómicas Little Orphan Annie que Harold Gray publicaba en el Chicago Tribune y que posteriormente se hace internacionalmente conocida por el éxito del musical de Broadway y la adaptación al cine de Disney. En ambas versiones, la acción principal transcurre en un hospicio gobernado por una excéntrica directora que sólo piensa en sí misma y nada siente por las huérfanas que tiene a su cargo, en este caso, es un recinto solo para niñas en el que la protagonista es alegre, divertida y se enfrenta a la situación cometiendo mil travesuras para deleite de sus compañeras. El caso de Molly vuelve a ser peor, no sólo es una niña tímida que sufre castigos tanto en el hospicio como en el colegio, sino que también es despreciada por sus propios compañeros, sobre todo por Hazel, que, entre otras cosas, la insulta frente a los otros niños con motes como “La Desastre”, “Ojos de Coco” o “Sopo” (de soporífera).

La única forma que tiene Molly de sobrevivir a este rechazo generalizado es la evasión a través de la imaginación, como afirma mercedes Gómez “el protagonista niño cuando vive situaciones de crisis personales, colectivas, sociales o familiares las traduce mediante pluriformes lenguajes: palabras, gestos, reacciones físicas, síntomas emotivos. En estos casos, aparecen como claves de personalidad las preferencias, los deseos y las limitaciones y se subrayan las descripciones de pensamientos y sentimientos” (Gómez, 61). En el caso que nos ocupa, ya desde la primera página, cuando está tomando un baño, vemos como Molly “desconecta” voluntariamente del mundo que la rodea cada vez que lo necesita y vuela con su imaginación:

“Se imaginó que volaba más alto, tan alto que podía ver la ladera de la colina donde se extendía el pueblo de Hardwick...Su mente voló hacia arriba como un cohete, y entonces se vio volando del mundo con su imaginación. Era relajante. Y a menudo, cuando estaba en este estado, se sentía diferente” (Byng: 8)

Molly coincide con otros niños de la literatura contemporánea en que “muchos protagonistas son tímidos y esta timidez aparece como necesidad de defensa, y de afirmación paradójica de la personalidad. Expresión de esta evolución afectiva son las escenas en las que el niño protagonista busca lugares solitarios: el jardín, el desván, un rincón, la propia habitación o el cuarto de los juguetes” (Gómez, 67). Para nuestra protagonista, este lugar secreto, antagónico del mundo gris de Hardwick House tanto por su ambiente como por su contenido, es la biblioteca del pueblo:

“Le gustaba mucho la vieja y desordenada biblioteca. Era un lugar tranquilo, y sus gruesos libros de fotografías de países lejanos daban a Molly muchos motivos para soñar. A Rocky y a Molly les encantaba ir allí. La bibliotecaria estaba siempre demasiado ocupada leyendo u ordenando libros como para importarle lo que hicieran. De hecho, era el único lugar donde Molly no estaba expuesta a que le cayera una regañina. Y podía relajarse en su escondite secreto” (Byng: 31)

Es importante señalar que esta afición por la lectura y las visitas a la biblioteca son las que la llevan a descubrir el libro del hipnotismo del profesor Logan. Esta característica de Molly nos hace recordar a otra ávida lectora protagonista de la literatura infantil: Matilda. Este personaje de R. Dahl “elude la mediocridad... se lanza a leer como si eso fuera un modo de escapar de su particular habitación cerrada... El primer libro que lee Matilda es Grandes Esperanzas, y bien es sabido que la literatura dickensiana está llena de niños desvalidos acongojados ante la sombra del adulto y marcados con el fuego de una infancia poco menos que lamentable” (Sánchez: 47). La pasión de Matilda por la lectura es algo fuera de lo normal, esta niña devora literalmente todo lo que cae en sus manos, tras leer ese primer libro de Dickens, “una semana después, Matilda, fascinada por Dickens, preguntó a la bibliotecaria si aquel autor no había escrito más libros. Durante los seis meses siguientes leyó Nicholas Nickleby y Oliver Twist; Jane Eire, Orgullo y prejuicio, Tess of the d´Urberville y Kim; el Viaje a la Tierra, de Mary Webb, y Alegres compañeros de Priestley; El hombre invisible; El viejo y el mar, El ruido y la furia y Las uvas de la ira; Brighton parque de atracciones, de Graham Greene, y Rebelión en la granja” (Pascual: 49-50). Además de un interesante repaso a clásicos de la literatura en lengua inglesa, vemos una evidente conexión temática entre Dickens-Dahl y autores posteriores como Byng que eligen a niños especialmente castigados por su entorno para protagonizar sus relatos, como se afirma del autor de Matilda “los niños favoritos del escritor británico son seres oscuros y atormentados, atrapados entre sus abrumadoras ganas de vivir y todas las circunstancias (siempre relacionadas con el mundo adulto) que se lo impiden” (Sánchez: 45). Sin lugar a dudas, a esta descripción responde el personaje de Molly Moon, una niña que lo tiene todo en contra, tanto en el mundo de los adultos como en el de los niños que habitan Hardwick House, obstáculos que unidos a su timidez logra vencer a través de elementos clave de esta historia como son su propia imaginación, los poderes hipnóticos que alcanza con el libro y su amistad con Rocky.

Para Molly Moon lo único positivo de su existencia es su fuerte amistad con Rocky, un niño al que dejaron abandonado el mismo día que a ella, razón por la que, más que amigo, lo considera un hermano. Es destacable el hecho de que esta relación fraternal ocurra entre dos niños de distinto sexo y distinta raza, demostrando que el sentimiento está por encima de cualquier prejuicio:

“La idea de perder a Rocky era demoledora, como perder un brazo, o una pierna, o a toda tu familia de repente, porque él era la única familia que Molly tenía” (Byng: 83)

Llegados a este punto, es importante destacar el papel que desempeña la pandilla o grupo de amigos no ya en la literatura infantil y juvenil, sino en el desarrollo personal de los jóvenes lectores; es raro encontrar alguna obra donde no se potencie valores como la amistad, la lealtad, incluso el honor entre miembros de un mismo grupo. Como ejemplo cercano, recordamos la especial relación entre Harry Potter y sus amigos Ron y Hermione, gracias a ellos descubre el mundo de Hogwarts, vence su inicial timidez y vive aventuras fantásticas. Como asegura Gilabert, “la autora de las novelas nos sitúa a Harry Potter frente a desafíos rodeados de misterio que deberá afrontar con la ayuda de sus amigos, Ron y Hermione... El protagonista y sus compañeros de colegio forman una pequeña pandilla, aunque la personalidad y dotes del líder son más vigorosas que en otros casos” (Gilabert: 23). En toda la serie de Harry Potter es evidente el papel de líder que el protagonista desempeña no ya en su grupo, sino en todo el colegio; aunque en un principio fue un rol no deseado, casi forzado, al que parecía no adaptarse (recordemos su llegada a Hogwarts, la admiración de sus compañeros al oír su nombre, etc.) tan pronto se complicaba la situación allí se mostraban las verdaderas razones de este liderazgo: inteligencia, valor, audacia. En el caso que nos ocupa es curioso observar cómo, pese a la estrecha relación entre Molly y Rocky, ella inicia la gran aventura de su vida en solitario: descubre el libro, comienza a utilizarlo, gana el concurso de habilidades y viaja a Nueva York. Aunque en un principio el viaje lo realiza para encontrar a su amigo, adoptado por una familia americana, tan pronto llega a la gran manzana, Molly parece quedar “hipnotizada” por el lujo y las posibilidades que le ofrece la ciudad. De hecho, disfruta tanto de su papel de estrella de Broadway que parece olvidar el propósito inicial de su viaje, por suerte, y cuando la situación se hace realmente difícil, aparece su amigo Rocky para ayudarla y completar juntos esta gran aventura:

“Los dos amigos corrieron el uno hacia el otro y se abrazaron como hermanos. Molly se alegraba tanto de ver a Rocky que, durante un segundo, se olvidó de todas sus preocupaciones. Era como haber recuperado un pedazo de sí misma.

Luego se separaron y se miraron incrédulos. Cada uno había pensado que tal vez no volviera nunca a ver al otro” (Byng: 209)

En los cuentos tradicionales, una vez presentados los personajes principales y la situación, “ahora hace su entrada en el cuento un nuevo personaje; se le puede calificar de agresor del protagonista (de malo). Su papel consiste en turbar la paz de la familia feliz, en provocar una desgracia, en hacer daño, en causar prejuicio” (Propp, 39). Este rol que antes era desempeñado por brujas, dragones, monstruos o magos malvados, es aquí interpretado por un ser conocido en el mundo del lector: un delincuente habitual que desde joven se gana la vida estafando y robando a sus semejantes. Simon Nockman primero se hace pasar por profesor del Museo de Chicago para hacerse con el libro y utilizar sus poderes de la siguiente forma:

“Se convenció de que, si podía hacerse con el libro, podría llevar a cabo los delitos más ambiciosos de su carrera, que llevaba ya cierto tiempo planeando. Porque Nockman no era ningún intelectual interesado en estudiar la hipnosis. No era un verdadero profesor, sino un granuja profesional. Con mucha experiencia a sus espaldas...Porque ahora, si la atrapaba, podría muy pronto lanzarse a la Súper Liga del Crimen. Nockman se lamió glotonamente los labios. Ahora sabía que se iba a convertir en el delincuente más grande de todos los tiempos” (Byng:174)

Estos propósitos cambian cuando descubre la destreza con la que Molly utiliza el libro, por eso secuestra a la perrita Pétula y hace chantaje a nuestra protagonista para que sea ella misma la que cometa el mayor robo de la historia. Nockman es un ser malvado donde los haya, ha cometido delitos durante toda su vida, sin lugar a dudas es un personaje que responde a la siguiente definición de Alison Lurie “los adultos que aparecen en los libros infantiles se encuentran presos de sus propios caracteres e incapaces de sufrir alteración o cambio alguno. Si son realmente desagradables la única cosa que puede redimirlos es la bondad natural del niño” (Lurie, 15). En este caso concreto, tras intentar cambiar su actitud delictiva por vías convencionales, Molly y Rocky no tienen otra forma de hacerlo entrar en razón que utilizando sus conocimientos hipnóticos para que recapacitara y se arrepintiera de las malas acciones cometidas:

“Su mente empezó a llenarse de más recuerdos de las cosas horribles que había hecho. Uno a uno, los fantasmas de sus malas acciones se le fueron presentando. Y cuanto más numerosas eran, más culpable se sentía Nockman, y más remordimientos tenía” (Byng: 302)

El mundo que rodea a Molly Moon es tan real y familiar al lector como su propia habitación, la acción comienza en el orfanato de un pequeño pueblo de Inglaterra, posteriormente se traslada a Nueva York, para finalizar volviendo a donde se inició. Aunque el lector español no conozca los lugares concretos donde se desarrolla la acción, el de Molly es un mundo real donde no todo es perfecto: hay que realizar tareas domésticas y escolares, hay niños que abusan de sus compañeros más débiles, se cometen delitos, etc. En este escenario general aparecen elementos y objetos cotidianos propios del entorno de los jóvenes lectores del siglo veintiuno, sobre todo los relacionados con la comunicación y las nuevas tecnologías: teléfonos, contestadores automáticos, mandos a distancia, cámaras de vigilancia, ordenadores e incluso un identificador de iris, al más puro estilo de James Bond. También el cine, la televisión y la radio juegan un papel muy importante en este libro: Molly y Rocky se sienten atraídos por la música y los diálogos de los anuncios que escenifican una y otra vez; Molly prueba las múltiples posibilidades que le ofrece el mando a distancia en Nueva York, infinidad de canales de televisión incluso para hacer la compra.

Por el contrario, muchos de los éxitos infantiles de los últimos tiempos tienen lugar en escenarios fantásticos que nada tienen que ver con la realidad, recordemos a Harry Potter otra vez, también al actualizado Señor de los Anillos, obras en las que la acción transcurre en tierras lejanas habitadas por seres extraordinarios con poderes sobrenaturales, un mundo donde todo es posible. En Molly Moon el único elemento fantástico que aparece es el poder hipnótico que ofrece el libro, un ingrediente que se utiliza en una proporción adecuada a lo largo de la historia, recordemos que en el libro los poderes de la hipnosis tiene duración limitada e incluso fecha de caducidad. Si bien y por lo general “la magia en los cuentos ofrece la posibilidad de superar airosamente difíciles aprietos, lo cual es para el niño un factor de esperanza y maduración” (Gilabert: 23), en este caso concreto, la hipnosis sustituye al poder tradicional de la magia, aunque en vez de viajar a lugares imposibles, los personajes permanecen en su mismo entorno con la salvedad que se pueden vivir experiencias y situaciones en un mundo paralelo a la realidad adaptado a las necesidades o deseos de la protagonista. Por la hipnosis, Molly, la que antes fue desdichada, torpe, pobre e ignorada por los demás, hace realidad sus deseos de ser rica, famosa y admirada por todos, como se aprecia en su excepcional actuación en Broadway:

“Durante dos horas, el público contempló el espectáculo embelesado, cautivado por el baile y las canciones de Molly. Sabía bailar ballet, claqué, jazz, y breakdance. Saltaba sin esfuerzo por el aire. ¡Volaba! Y cuando cantaba, al público se le ponía la carne de gallina y el pelo de punta. Era fascinante. Mientras que en realidad, el baile de Molly era torpe y sin ninguna coordinación” (Byng: 184-5)

Pese a haber conseguido sus más anhelados deseos, Molly tiene remordimientos por la forma en que los ha conseguido, se siente culpable por haber engañado a todos y por el daño causado a otras personas, así lo confiesa a Rocky:

“Yo también soy una delincuente.. Mira esta habitación. Engañé para tenerla, engañé a la gente para que la pagara, engañé a Davinia para robarle el papel. Engañé al público del concurso de Briersville, así que en realidad robé el dinero del premio, y les quité a todos esos niños la posibilidad de ganar ellos el concurso de habilidades” (Byng: 275)

Los valores morales de Molly Moon van mucho más allá del “no robarás” o “no engañarás” anteriormente expuesto, sin olvidar cuestiones ya mencionadas como la amistad como sentimiento universal o la importancia del desarrollo de la imaginación y la lectura. A lo largo de sus páginas observamos un ataque directo a la televisión, aparato que atonta a sus espectadores tanto o más que el propio hipnotismo:

“Mientras Molly veía los anuncios, asombrada por la regularidad de las pausas para la publicidad, por primera vez se dio cuenta de que los anuncios eran como el hipnotismo. Un hipnotismo que convencía a la gente de que comprara cosas. Como si les comieran el cerebro. Tal vez si alguien veía un anuncio que le dijera “necesitas esto” las veces suficiente, acabaría por creer que lo necesitaba de verdad” (Byng: 141)

El uso abusivo de la televisión y el poder que la publicidad ejerce sobre todos nosotros, tanto en televisión, como en radio o prensa, no es sino un indicador claro del consumismo en el que vivimos. En esta historia, vemos como cualquiera puede caer en las muchas tentaciones que nuestro entorno actual nos ofrece, Molly viaja a Nueva York con la intención de encontrar a su amigo Rocky, una vez en la ciudad se deja llevar por el entorno, se aloja en el hotel más lujoso (cuenta con piscina, servicio de limusinas, jacuzzi, etc), en la mejor habitación, compra ropa que no va a utilizar, se convierte en estrella de Broadway. Afortunadamente, Molly despierta de este ilusión de lujo y fortuna y vuelve a la realidad añorando la amistad de Rocky por encima de cualquier cosa que su dinero fácil le pueda proporcionar, el mensaje pro-amistad anti-materialismo queda más que claro al repetirse en varias páginas:

“Cayó en la cuenta de que, si no hubiera estado tan pendiente de sí misma, hace tiempo que podría haberlo encontrado. Se sintió fatal por haberlo olvidado, y por haber perseguido la fama y la fortuna en lugar de buscarlo. Esas cosas le parecían ahora una tontería comparadas con su valiosa amistad con Rocky. Lo quería como a un hermano y ahora necesitaba su amistad desesperadamente” (Byng: 204)

“Lo peor es que estaba tan pendiente de mí y tan enfrascada en mi fama, mi dinero y mis cosas chulas que casi me olvido de ti. Entonces, cuando me di cuenta de lo horrible que es no tener amigos” (Byng: 212)

“Los amigos de verdad son lo mejor que hay -dijo-. Mejor que la popularidad, la fama o el dinero. Rocky, me alegro tanto de que me hayas encontrado” (Byng: 224)

“La soledad hace que todas esas cosas chulas, lujosas y llamativas parezcan basura... Porque cuando te sientes solo, sin familia ni amigos, lo que más deseas en el mundo es no estar solo. Todas esas cosas lujosas no hacen que te sientas mejor. Te dan igual, lo único que deseas es estar con las personas a las que quieres. (Byng: 316)

Una vez de vuelta en Hardwick House y ya restablecido el orden y la limpieza del orfanato, Molly sale de madrugada para ir a la biblioteca, curiosamente, allí está la bibliotecaria esperándola para hacerle ver el verdadero poder del libro del hipnotismo de su bisabuelo, el profesor Logan:

“El libro del hipnotismo le había enseñado que tenía el poder de aprender cualquier cosa, siempre y cuando pusiera algo de su parte y lo intentara de verdad... A Molly ya no le importaba la fama. Sólo quería disfrutar de su vida y ayudar a otras personas a que disfrutaran de las suyas” (Byng: 347)

Es precisamente aquí, al final del libro, como en los cuentos más clásicos, donde se resume la principal moraleja de la historia: cada persona puede hacer posibles sus sueños, sólo es cuestión de proponérselo y luchar para conseguirlo, tarea que resulta mucho más llevadera si se cuenta con amigos en los que confiar. En definitiva, podemos leer Molly Moon como un canto a valores como el respeto, la convivencia y la amistad por encima de falsas ilusiones como pueden ser la fama o el dinero, mensaje que resulta necesario no olvidar en estos tiempos que corren.

 

Bibliografía

Byng, G. Molly Moon y el increíble libro del hipnotismo. Madrid: SM, 2002

Gilabert, J. “Las claves del éxito de Harry Potter” CLIJ 145, 2002, p.18-24

Gómez del Manzano, M. El protagonista-niño en la literatura infantil del siglo XX. Incidencias en el desarrollo de la personalidad del niño lector. Madrid: Narcea, 1987

Lurie, A. No se lo cuentes a los mayores. Literatura Infantil, espacio subversivo. Madrid: Fundación Germán Sánchez Rupérez, 1998.

Pascual, E. “La biblioteca de Matilda” CLIJ 156, 2003, p. 49-50

Propp, V. Morfología del Cuento. 8ª ed. Madrid: Fundamentos, 1992

Sánchez, S. “Matilda, ciencia y literatura” CLIJ 91, 1997, p. 44-49

Tébar, Juan “Los huérfanos de Dickens” CLIJ 66, 1994, p. 26-40

 

© Blasina Cantizano Márquez 2003
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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