Espéculo

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Julia Otxoa

Variaciones sobre
un cuadro de Paul Klee

    

   Después de la muerte de las grandes narrativas, de esos modelos interpretativos sobre lo real que lo entienden como totalidad dirigida hacia un fin, nos hemos quedado con trozos de realidad vagando a la deriva y sin la posibilidad de interpretarlos coherentemente. Los hilos que hilvanaban la gran narrativa han quedado rotos y en su lugar aparecen solo descosidos, pedazos, fragmentos aislados del anterior cuadro general del sentido, como los microrelatos contenidos en Variaciones sobre un cuadro de Paul Klee de Julia Otxoa donde la primera narración da título al conjunto.

Si la gran narrativa no tiene fuerza para articularse, queda aún la pequeña narración, la microficción para contar la historia de un fragmento, pero de uno particularmente relevante. Y ello no como consolación frente al fracaso explicativo de la gran narrativa, sino como búsqueda de sentido tomando como escala lo humano en lugar de la Historia o de la Ciencia en general. Algo no funciona del todo bien en éstas últimas. Sus axiomas son demasiado prosaicos para un vivir que se niega a dejar de lado los rincones no del todo racionalizados de la existencia. Se propone en los excelentes relatos de Julia Otxoa una realidad más acorde con el lado poético de lo vital. En este lado se encuentran los destinatarios de las cartas en "Correspondencia," entusiasmados por el constante cambio de personalidad que la confusión de su remitente les atribuye, por el constante nomadismo en la articulación de su identidad. Asimismo, el personaje de "Contabilidad" ha descubierto que una baldosa de una acera no se parece a sí misma, o como diría René Magritte, no es una baldosa. Es algo más.

Las microficciones de Julia Otxoa se dirigen a ese algo más, quieren dan cuenta de ese momento epifánico cuando los personajes adquieren la comprensión de sí mismos y de la verdadera naturaleza del paradigma dentro del cual habitan. Lo extraordinario de este instante no es accidental sino resultado de forzar la lógica habitual hasta sus últimas implicaciones, produciéndose una "des-realización" de los objetos, de los personajes y de sus funciones. En "Signos" la carta utilizada para comunicar pierde su función cuando se convierte en un escrito de signos lingüísticos indescifrables por parte de la destinataria. Alejandro Magno en "El durmiente," recibe su fama de gran conquistador curiosamente al dormir tranquilo antes de la gran batalla, lo cual es lo que más aterroriza a sus enemigos. El personaje de "Teléfono" queda paralizado al tomar conciencia de la infinidad de los pequeños gestos necesarios para contestarlo.

Al seguir las pautas lógicas de lo cotidiano, se acaba deconstruyendo los postulados sobre los que se asienta su realidad, abriéndola mediante el extrañamiento a la variedad y diversidad de configuraciones. Así, se accede a una verdad otra, parcial y relativa si se quiere, como quizás lo sean todas, pero verdadera en relación al instante que la ha producido, es decir, verdadera por su contraste con las mentiras a las que se opone. Al final de "Correspondencia de la República de Mimodrama" emerge la verdad política de las banderas y de lo representado por ellas. En "Fantasmas del pasado" los gobernantes de hoy han sido los criminales del ayer.

Cuando se trastoca el orden del sentido cotidiano, los personajes abandonan su anonimato, accediendo a su total trasparencia cara a los demás, recuperando una existencia. Sus condiciones de vida anodinas adquieren de repente visibilidad, se convierten en significativas aunque solo sea para la compresión de su propio mundo y de su problemática. Este es el caso del entrañable Lao-Ching. Al proyectar su sombra sobre un tigre, cree encontrarse finalmente con un igual que le escuche, pero dejándose arrastrar por su percepción personal de las cosas acaba devorado por el tigre. Y también feliz, porque al fin ha encontrado el interlocutor ideal antes ausente. De igual manera, el personaje de "Equívoco" quiere reconocer las caras que le circundan, pero no sabe a quién identificar ni para qué. Termina por huir avergonzado. No obstante, los sugerentes fragmentos de Julia Otxoa no conducen a lo absurdo o a la imposibilidad de otorgar sentido. No vagan como fantasmas a la búsqueda de una corporalidad, de un significado. Por el contrario, se mueven en una región de ternura, entre lo irónico de una realidad que no es nunca lo que aparenta ser y la añoranza por vivir dentro de unas apariencias de factura propia más satisfactorias para lo personal y su problemática.

En Variaciones sobre un cuadro de Paul Klee, el abandono de la facticidad de lo que llamamos realidad produce un instante excepcional donde todo se vuelve del revés. Aquí todo es fragmentando y difuso, sin un sentido unívoco. Desde el territorio fronterizo a caballo entre lo racional cotidiano y lo excepcional irracional, desde el juego con lo nebuloso, con lo ambiguo, desde la curiosidad y la capacidad para la sorpresa, desde el humor y lo lúdico, todavía es posible escapar a los sentidos con los que se presenta la realidad única y el pensamiento que la recrea. Frente a esas realidades donde no hay nada que hacer ni que decir porque se está totalmente sometido a sus dictados, la voluntad de lo pequeño en los relatos de Julia Otxoa, remiten al lector a un espacio y a un tiempo otros donde los grandes temas,me refiero a la ética, a lo humano, o a la política,se piensan y ganan sentido en la inmediatez de las pequeñas historias y las pequeñas palabras. Lo literario traspasa el territorio del mero juego lingüístico para devenir momento de reflexión sobre la naturaleza humana. No es otro el propósito de la microficción para la autora en esta colección de magníficos relatos.

Txetxu Aguado


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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2003