¿Dos puntos después de enumeración?
Normativa y realidad ortográficas

Miguel Ángel de la Fuente González
Escuela Universitaria de Educación de Palencia
Universidad de Valladolid


 

   
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En la sección que la Ortografía de la Lengua Española (Real Academia Española 1999: 64) dedica al uso de los dos puntos, se puede leer:

También para cerrar una enumeración, antes del anafórico que los sustituye [a los elementos enumerados], se utilizan los dos puntos. Ejemplos:

Natural, sana y equilibrada: así debe ser una buena alimentación.
Terremotos, inundaciones y erupciones volcánicas: esas son las principales catástrofes naturales.

Sin embargo, si contrastamos esta norma con la realidad de lo escrito, veremos que ni los dos puntos constituyen la única solución ortográfica ni la estructura en que aparecen es tan simple. Por lo tanto, y para ahondar en este asunto, vamos a desarrollar los siguientes apartados:

  1. El anafórico o término acumulador en sí.

  2. Los tipos de construcciones en que aparece.

  3. Las diversas soluciones ortográficas.

 

1. EL ANAFÓRICO O TÉRMINO ACUMULADOR

Al respecto, vamos a ocuparnos de seis aspectos: su denominación, función, tipología morfosintáctica, heterogeneidad, complejidad y localización (inmediata o lejana).

1.1. Sobre la denominación de ese elemento que cierra la enumeración, y al que la Real Academia se refiere con el término “anafórico”, hay otras posibilidades como la de “término acumulador” (Navarro Tomás 1974: 65); “elemento globalizador” (De Paula 1983: 149); “término sintético” (Grevisse; tomado de Paula 1983: 26) o “resunto” (Mourelle de Lema 1985: 265). Aquí usaremos (ya hemos usado) las denominaciones de La Real Academia y la de Navarro Tomás, ya que se complementan, pues no siempre son ambas cosas.

1.2. Sobre la función del término acumulador, advierte Navarro Tomás (1974: 65):

Los términos de la serie enumerativa van a veces seguidos de un último término que reúne y abarca el sentido de todos los términos precedentes. La enumeración aparece, en estos casos, como exposición analítica e incompleta del conjunto semántico acumulado en el grupo [o elemento] final.

Sin embargo, no siempre la enumeración que precede al término acumulador es “exposición analítica incompleta” (puede ser completa), ni parece necesario que lo sea, si observamos la realidad y los ejemplos que nos salen al paso.

Además, y sobre la función de ese anafórico o elemento acumulador, aparte de la de resumir o completar la enumeración, hay casos que parecen más bien seleccionar uno de sus elementos. Veamos algún ejemplo, no sin antes advertir que, a partir de aquí, marcaremos, con negrita nuestra, el anafórico o elemento acumulador de los ejemplos, aunque solamente su parte central (algunos de sus modificadores o complementos aparecerán sin negrita, para no recargar visualmente el texto). Unos ejemplos de selección:

¿Casarse de nuevo? ¿Redecorar la casa? ¿Operarse los párpados? ¿Cambiar de tónica? ¿Adelgazar diez kilos? ¿Viajar a la Amazonia? ¿Adoptar un niño? ¿Aprender chino? Cualquier cosa antes que prorrogar la fastidiosa monogamia del yo (Verdú 2001: 64)

El dedo inmenso y estúpido del maestro de primaria buscándome entre los pupitres con el pretexto de los afluentes de la margen izquierda del Tajo; la paciencia de mi madre intentando enseñarles piano Schmoll a mis manos sin gracia; el jardinero que mataba gorriones estrangulándolos con las manos en su espalda y me miraba riendo; la niña de la que me enamoré a los diez años, que iba a ser dentista y murió antes de serlo, en las sábanas de hierro de un coche atrozmente arrugadas, una cama de asientos, ruedas, chasis: ¿cuál de estas cosas me habrá lastimado primero? (Lobo Antunes 2001: 24).

Traición. Angustia. Pecado. Egoísmo. Esperanza. Dolor. Muerte. ¿Qué es el amor? (Anuncio de la película Amores perros en El País, 17-III-2001, pág. 34).

1.3. En cuanto a la tipología morfosintáctica del elemento (acumulador o anafórico), hay muchas posibilidades. Quizás las más frecuentes sean estas cuatro: sustantivos, pronombres, adjetivos y verbos (u oraciones).

1.3.1. Sustantivos, a veces con elementos cuantificadores como algún numeral, determinantes indefinidos ( todos, ninguno, etc) o demostrativos (estos, esos, etc.). Algunos ejemplos:

Cordial y educado. Bebedor y violento. Ególatra e impotente. Dos en uno. Alexander K., presunto asesino de Carabantes, llevaba doble vida (Trujillo 2003: 29)

Los franceses, en cambio, los italianos, los españoles, todos los latinos, no conciben una guerra sin héroes (Camba 1970: 157).

El comercio, la industria, la agricultura, todo el mecanismo de la vida, ha sido paralizado de pronto en Alemania […] (Camba 1970: 148)

Es dificilísimo, casi imposible, expedir un telegrama desde Alemania, desde Austria, desde Rusia, desde Inglaterra, desde Francia, desde Bélgica, desde ningún país beligerante (Camba 1970:144).

Inglaterra, Francia, Alemania, cada país publica su libro correspondiente (Camba 1970: 145).

Sobre los recuerdos sentimentales ha triunfado la vida, la alegría hecha dolor, el juego cotidiano: el circo (Amorós 1991: 245).

1.3.2. Pronombres y adverbios anafóricos (como entonces, así, etc.):

El pacto de Italia con Alemania y Austria era un pacto político muy hábil: pero contrario al sentimiento de Italia, a sus rivalidades históricas, a su raza, a todo (Camba 1970: 153).

La tela de nuestros trajes, los botones de nuestras camisas, los timbres de nuestras habitaciones, el cuero de nues­tras botas, todo esto es extranjero; pero los palabras con que los denominamos son perfectamente castizas (Camba 1970: 108).

Las noticias comprometidas o perjudiciales, las que pueden descubrir un plan de campaña o producir un efecto pernicioso en la opinión, esas no las transmiten (Camba 1970: 144).

Cuando al llegar a cierta edad las ideas han adquirido en nosotros contornos definidos y sus matices se han fijado en colores, cuando el pensamiento, robustecida su osamenta, presenta esqueleto más duro aunque más quebradizo que en su infancia, cuando en la mente crecen vigorosas unas cuantas doctrinas entre ideas muertas, entonces es muy difícil representarse los albores de la propia razón (Unamuno 1954:104).

1.3.3. Adjetivos o sintagmas preposicionales:

Las banderas son religiosas, políticas, económicas: tornasoles (Arciniagas 1951: 197)

Con él -con ellos, pero, sobre todo, con él- venía un aire de inconformismo, de rebeldía, de libertad. Más sencillamente: de vida (Amorós 1983: 275).

1.3.4. Verbos (o proposiciones)

De vez en cuando les llevaban sillas y se les acercaban los botilleros, hombres graves a lo mejor, a servirles una copita y darles algunos inútiles consejos: a animarles (Unamuno 1964: 50).

Así es que preferían entenderse con ella que, aunque tampoco cedía, daba razones, discutía, ponderaba el género: en fin, hablaba (Unamuno 1964: 37).

Y, cuando hablan o escriben Fraga, Pío Cabanillas o Ricardo de la Cierva -por citar tres nombres ilustres-, sé muy bien quiénes son, de dónde vienen, qué pretenden: los entiendo (Amorós 1983: 284).

Y ahora no hay crédito, no hay trabajo, no hay produc­ción, no hay importación, no hay nada (Camba 1970: 148).

Iba y venía. Comía y dormía. En definitiva, vivía (Trujillo 2003: 30).

1.4. Heterogeneidad

Por otra parte, el elemento que cierre la enumeración puede suponer cierta ruptura morfosintáctica; aunque nunca funcional. Así, en los casos que siguen, por ejemplo, una enumeración de sustantivos o de adverbios se cierra con una proposición:

Alemania y Austria le ofrecen a Italia concesiones territoriales: Trieste, Trento; la vista gorda sobre el Tesino, ¡quien sabe qué!... (Camba 1970: 153).

Unas [noticias] son falsas para despistar, para hacer creer, aquí, allí, donde sea, una cosa por otra (Camba 1970: 144).

Alemania tiene todavía mucho que comer, y cuando se agoten sus provisiones comerá gatos, ratas, piedras, lo que sea… (Camba 1970: 251).

1.5. Complejidad: elemento simple o múltiple

Los ejemplos vistos hasta ahora sólo contaban con un término acumulador; pero podemos encontrarlos de mayor complejidad, aunque sean menos frecuentes. Tres ejemplos dobles y uno triple:

Yo prefiero un toro, un león hambriento, un carro de mudanzas o un automóvil a ciento a la hora, prefiero cualquier fiera y cualquier vehículo a un ciclista o a un caballo en las calles de la City (Camba 1970: 76).

¡Cuántas gentes reunidas! Padres, hijos, nietos, abuelos y tatarabuelos, todos de gala y todos serios (Unamuno 1964: 19).

El frío o el calor, la literatura o la política, el suce­so de ayer o las teorías de Einstein: con todo trabaja y a todo le saca chispa la musa del periodista (Camba 1955, 90).

Es un espectáculo fascinante: hombres y mujeres, jóvenes y viejos; empleados, obreros, dependientes de comercio, gentes vestidas pobremente o elegantemente, todos en una ma­sa compacta, todos pendientes del reloj, todos apresurados, pero eso sí, en un orden perfecto, sin empujones, sin gritos, llenos de “usted perdone” a cada tropezón inevitable (Barea 2000: 324).

1.6. Localización: inmediatez o lejanía

Aunque el elemento anafórico o acumulador suele ir inmediatamente después de la enumeración, puede, a veces, retrasarse y aparecer tras el verbo u otros elementos, lo que provoca cierta sorpresa al lector. Por ejemplo:

El feudalismo alemán. La autocracia. El militarismo. Ríase usted de todo esto (Camba 1970: 195)

Sex-symbol, mito erótico. Se han manejado mucho estas etiquetas y conceptos, los últimos meses, refiriéndose a las dos famosas actrices […] (G. Salvador 1996: 46).

Spaghetti, ravioli, tagliarini, lasagne, tagliatelli… Comprenderán ustedes que estos nombres deliciosos no pueden designar ninguna cosa mala (Camba 1956: 47).

Perez de Ayala, Ortega y Gasset, Unamuno, Valle-Inclán, Baroja. ¿Qué importa la pureza del metal con que estos hombres elaboran su prosa? (Camba 1961: 72).

Levantarse, ducharse, vestirse, desayunar, desplazarse hasta el trabajo, entrar en el local, disponerse de cara a la faena. Para cumplir con estos gestos es preciso, durante años, un esfuerzo diario sobrehumano (Verdú 2000: 72).

Alta tecnología y los mejores vinos de EE. UU.; estrellas de Hollywood y pandilleros de Los Ángeles; mansiones en Beverly Hills y barrios marginales de “sin papeles”; San Francisco y Sacramento; surf, Disneyland y violencia policial. El estado que gobernará Schwarzenegger es la rica contradicción americana, pero está en crisis (Ruiz-Hermosilla 2003: 42).

 

2. TIPOLOGÍA BÁSICA

El encuentro del término acumulador o anafórico y la enumeración se produce en tres tipos de contextos o yuxtaposiciones, a los que denominaremos “barrera”, “cumbre” e “incisos”. Para ello, hemos tenido en cuenta la pausa, fundamentalmente, y el nivel de entonación. Aunque esta pausa puede estar condicionada, al menos, por tres factores: el signo de puntuación que sigue a la enumeración; el elemento de cierre, anafórico u otro (sustantivo, adjetivo, verbo, etc.); y el lugar que ocupa la enumeración en la frase (rama tensiva o distensiva).

2.1. PROTOTIPO “BARRERA”

Lo denominamos así porque, entre la enumeración y el elemento anafórico o acumulador, la pausa produce un corte fuerte. Después de este corte, el elemento anafórico o acumulador, que retoma el conjunto de la enumeración, para proseguir con el enunciado. Podría representarse así:

Enumeración pausa elemento acumulador + resto de la oración

La enumeración previa aparece, pues, como algo independiente, separado. Quizás podría considerarse un caso de topicalización (por encabezar la oración y por la huella pronominal que, en cierto modo, supone el anafórico).

Concretando sus características:

  1. El signo de puntuación: los dos puntos (aunque podría ser cualquiera de la escala de la enfatización).

  2. El tipo de elemento acumulador: anafórico, preferentemente.

  3. El lugar de la enumeración: rama tensiva

Para este caso sirven los ejemplos de la Real Academia, a los que añadiremos otros:

Natural, sana y equilibrada: así debe ser una buena alimentación.

Terremotos, inundaciones y erupciones volcánicas: esas son las principales catástrofes naturales.

Carnes y pescados: tal es la base principal de lo que llamaremos cocina inglesa (Camba l956: 53).

Percebes y almejas: he aquí los dos moluscos más populares de Madrid (Camba l956: 115).

2.2. PROTOTIPO “CUMBRE”

En este caso, el elemento acumulador es como el remate de una ascensión, su culminación. Además de pronunciarse con cierta enfatización, la pausa puede no hacerse o ser muy corta (o, por lo menos, no es tan pronunciada como en el caso barrera). Podría representarse así:

(Parte oración) + enumeración + elemento acumulador + (resto oración)

Concretamos sus características prototípicas:

  1. El signo de puntuación: una coma

  2. El tipo de elemento acumulador: “Todo” y “nada” son quizás los remates más típicos, aunque pueden ser también sustantivos, verbos, etc.

  3. El lugar de la frase: indiferente.

Algunos ejemplos:

Así, la autoridad militar no sólo monopoliza el uso de las vías férreas, sino que se apodera de los automóviles particulares, de la gasolina, de los carros, de los caballos, de todo (Camba 1970: 130).

Los rusos, los servios, los franceses, todo el mundo es detenido en la calle (Camba 1970: 134).

Los suizos, en tiempo de paz, son, como he dicho antes, franceses, alemanes, italianos, la mar de cosas; pero, al verse en peligro, son suizos, tan sólo suizos (Camba 1970:144).

2.3. PROTOTIPO INCISO

En este caso, el elemento totalizador tiene un carácter de inciso y se pronuncia, por tanto, en un nivel de tono más bajo que el conjunto de la oración. Podría representarse así:

(Inicio oración) + enumeración acumulador en inciso (resto oración)

Concretando sus características:

  1. El signo de puntuación: la coma es la más frecuente (aunque podría ser paréntesis o raya)

  2. El tipo de elemento acumulador: sustantivo, preferentemente.

  3. El lugar de la enumeración: rama distensiva

Algunos ejemplos:

Habla de Azcárate, de Salmerón, de Moret, de Melquíades Álvarez, de Menéndez Pelayo, de Echegaray y de Cajal, todos miembros del profesorado español, lo mismo que él, y que, de venir a Munich, tampoco podrían alojarse en el Hotel de los Tres Cuervos (Camba 1970: 93).

Se prescindía así, pacatamente, de numerosos nombres comunes, de algún que otro verbo y de no pocas interjec­ciones, vocablos todos para los que no faltaban autoridades clásicas que los avalasen y que tampoco ignoraban los académicos fundadores (G. Salvador 1996: 58).

En el Essener Hof […] suelen verse en la misma mesa, bebiendo y brindando, turcos y servios, chilenos y japoneses, chinos y argentinos, gentes que un día se matarán tal vez entre ellos con las mismas armas que van a comprar allí (Camba 1970: 172).

Estos tres prototipos, lógicamente, no se encuentran siempre en estado puro en la realidad de los textos, ya que sus características básicas (el signo de puntuación, el tipo de elemento acumulador y localización) varían y se combinan, para dar lugar a una rica variedad de subtipos.

Esta gran variedad, en lo que se refiere a la puntuación concretamente, será objeto del siguiente apartado; en realidad, el más extenso de este trabajo. Pero, antes de iniciarlo, hemos de advertir que, aunque la clasificación de los diversos ejemplos dentro de la triple tipología no resulta siempre fácil, las soluciones ortográficas coinciden mayoritariamente en los tres.

 

3. LAS SOLUCIONES ORTOGRÁFICAS

Como ya hemos podido advertir, las posibilidades de puntuar no se reducen al signo de los dos puntos, como indica la Real Academia. Vamos a ver, pues, cómo se utilizan cualquiera de los signos de las que llamamos escalas de “enfatización” y escala de “incisos”, según cada prototipo.

3.1. PUNTUACIÓN DE LOS CASOS “BARRERA”

Para puntuar este tipo suelen emplearse los cinco signos de la que llamamos “escala enfatizadora”: (,) / (;) / (:) / (.) / (…).

Por otra parte, el uso de cada uno de los signos de la escala no es indiferente, ni por los motivos que subyacen a su empleo ni por las consecuencias. Estos signos de puntuación se usarían en función de tres factores que consideramos decisivos: la naturaleza y características del elemento anafórico o acumulador, el contexto y el estilo. Factores a los que ahora no hemos prestado suficiente atención, aunque no descartamos hacerlo en una futura ocasión.

3.1.1. USO DE LA COMA

Se trata de una solución bastante frecuente, quizás más que la de los dos puntos. La coma, sin embargo, supone prácticamente la nula enfatización. Algunos ejemplos:

En formas inteligentes -así Orwell: 1984-, en formas bobas que prefiero no nombrar, así se nos pinta el horizonte próximo (Marías 1968: 107).

Unamuno, Ganivet, Baroja, Azorín, Valle-Inclán, los Machado, Maeztu, Menéndez Pidal, Asín Palacios, Gómez Moreno, Zuloaga, Falla, éstos sí son de nuestro tiempo, los mayores de la época en que aún vivimos (Marías 1968: 145).

Lo que de la vida se espera y se quiere, lo que de ella se pretende, la intensidad y sabor a que se aspira, el grado de felicidad que se necesita para ser feliz, todo esto varía enormemente […] ( Marías 1972: 09).

3.1.2. USO DE PUNTO Y COMA

El punto y coma crea una mayor separación que la coma, aunque enfatiza menos que los dos puntos, y quizás tenga cierto carácter anticuado.

Administración, técnica, policía, ideologías prefabri­cadas; éste parece ser nuestro destino (Marías 1968: 107).

Sobre la novela, el teatro, el romanticismo, Mariana, Quevedo, Espronceda, Zorrilla, la poesía pastoral; sobre todos estos temas y otros muchos ha escrito Lista interesantes estudios (Azorín1960: 87-88).

Naturaleza, pueblo, mujeres; éstos son los tres temas fundamentales -y los tres grandes amores- del admirado poeta (Azorín 1960: 89)

3.1.3. USO DE DOS PUNTOS

Los dos puntos pueden considerarse el signo típico de enfatización; es, además, objeto de la regla de la Real Academia, citada al principio de este artículo. Sin embargo, con anterioridad a la edición de la normativa de l999, la Real Academia no recogía regla alguna al respecto, aunque podría estar en germen, sugerida, en otra que se refería a elementos equivalentes separados por dos puntos.

Algunos ortógrafos, anteriores a 1999, se adelantaron a la Real Academia, de alguna forma. Aunque, al interpretar sus reglas, habrá que fijarse en tres detalles: si se refieren o no a enumeración previa (no siempre se hace); si hablan de elemento anafórico o totalizador (que a veces falta o es insuficientemente limitado) y los ejemplos que ilustran las reglas (no siempre acertados). Repasamos, pues, algunos de estos antece­dentes.

A) Francisco Marsá (1977: 164): “En el caso de que la oración que resume lo expresado por las demás vaya al final del período, le preceden los dos puntos. Así: Bebió demasiado, y cantó, y bailó, y alborotó la casa: dio un espectáculo desagradable”

B) Gómez Torrego (1989: 75, I): “Cuando se anuncia o se cierra una enumeración: Simpático, estudioso y responsable: así es mi novio (Aposición a través del atributo anafórico así). Adyacente, atributo y predicativo: éstas son las funciones posibles de un adjetivo (atribución a través del anafórico éstas)”.

C) Gómez Torrego (1998: 502) repite la misma norma de 1989; sin embargo, varía el ejemplo, que carece, en este caso, de un elemento acumulador (como tales o similar): Agudas, llanas, esdrújulas: son las clases de palabras según el acento.

D) Escarpenter (l992: 16-17): “Cuando una enumeración concluye con un comentario a modo de resumen, justificación o conclusión”. De los dos ejemplos, nos interesa sólo uno: Miedo, hambre y enfermedades: eso impidió la sublevación.

E) Arturo Ramoneda (1999: 27): “Para cerrar una enumeración y precisar lo que ella representa: Generoso, desenvuelto y siempre alegre: así era él. Salud, dinero y amor: ahí están las metas de todos nosotros”.

Vistas estas reglas, cuyos ejemplos parecen más bien inventados o adaptados a las circunstancias, reproduciremos algunos sacados de textos literarios:

Bistecs y chuletas; chuletas y bistecs: he ahí los componentes del único paraíso en que, de momento, podemos pensar los vecinos de la villa y corte (Camba 1961: 66).

Suficiencia, independencia, libertad, serenidad, imper­turbabilidad: tales parecen ser los ideales helénicos, sobre todo a medida que va pasando el tiempo [...] (Marías 1968: 27).

La poesía vigorosa y alta, de fuertes raíces, la que nace de las luchas gigantescas de la idea; la que brota en el combate del progreso o arranca de la mente que quiere escalar el cielo; la de los titanes: ésta, ni le gustaba ni la comprendía (Unamuno 1964: 125).

3.1.4. USO DE PUNTO

El punto crea normalmente un estilo cortado; su uso parece más moderno que el de los dos puntos, por los que muy bien puede ser sustituido en los ejemplos que copiamos:

Fea, ignorante y, sobre todo, frugal. Tal es, en mi concepto, la única mujer posible para un escritor […] (Camba 1955: 71)

En paz y en gracia de Dios. He aquí todo (Unamuno 1970: 116).

¿Por qué se estudia latín? ¿Para que sirve? He aquí dos preguntas íntimamente conexionadas (Unamuno 1970:11).

¡Progresar por progresar, llegar a la ciencia del bien y del mal para hacernos dioses! Todo esto no es más que avaricia, forma concreta de toda idolatría, hacer de los medios fines (Unamuno 1970: 113-114).

Pervivir. Pasar a la posteridad. Trascender. Por reali­zar tales anhelos hubo quien llego a aniquilar a sus rivales (Fraguas 2000: 80).

3.1.5. CASOS BARRERA CON PUNTOS SUSPENSIVOS

Los puntos suspensivos (equivalentes a la palabra etcétera) ofrecen dos posibilidades: equivaler a punto o no. Así, cuando los puntos suspensivos equivalen a punto, la palabra que les sigue va en mayúscula obligatoriamente. Así aparece recogido en la normativa de la Real Academia (1999: 68). Por ejemplo:

Anselmo Miguel y Beethoven, Solana y el Greco, Baroja y Goya, Chicote y el jamón con setas… Esto era, según Nogales, el café del “Nuevo Levante” (Camba 1955: 34)

Bélgica, el Luxemburgo, Alsacia-Lorena, Suiza… En estos campos de batalla combaten, desde hace mucho tiempo, Francia y Alemania en el idioma, en la industria, en la cultura, hasta en la cocina… (Camba 1970: 179)

Dos Francisco Heredia, don Evaristo Pérez de Castro, don Antonio González, don Eusebio Bajardi… ¿Quiénes son todos estos? (Azorín 1973: 46).

En caso de que los puntos suspensivos no equivalgan a punto (no cierran el enunciado), es necesario que vayan acompañados por el signo correspondiente; coma, por ejemplo. Por ello, no es aceptable la supresión en el siguiente texto:

Soberbia, Avaricia, Lujuria, Ira…[,] la verdad es que Landrú reunió un buen grupo de pecados en una sola persona y circunstancia (Díaz-Plaja 1970: 184).

En la nueva normativa, al referirse a las combinaciones de los puntos suspensivos con otros signos, advierte la Real Academia (1999: 69):

Tras los puntos suspensivos no se escribe nunca punto. Sin embargo, sí pueden colocarse otros signos de puntuación, como la coma, el punto y coma y los dos puntos.

Quizás utilizar el verbo poder (“pueden colocarse…”) no sea lo más adecuado, pues parece abrir una posibilidad, una opción; cuando lo que hay que entender es que los puntos suspensivos no impiden la presencia de otros signos de puntuación que no sean el punto. O, como ya había señalado Polo (1974: 133), los puntos suspensivos “no ahorran a otros signos” que el contexto requiera. También Vigara (2001: 63) recalca la idea de que los puntos suspensivos “no son incompatibles con otros signos de puntuación”.

3.1.6. BARRERA CON RAYA: UN CASO DE EXTRANJERISMO ORTOGRÁFICO

Como es sabido, en otras ortografías europeas se usa, con cierta frecuencia, la raya donde nuestra normativa prescribe dos puntos. Hemos encontrado casos de este uso en tres traducciones de diferentes lenguas, épocas y particularidades ortográficas: alemana de 1963; inglesa de 1971; y rusa de 2001.

En el texto alemán traducido, el más antiguo, hemos encontrado un ejemplo con raya (de tamaño normal) entre espacios en blanco:

El sol, el firmamento azul, dos abetos cubiertos de nieve, la resbaladiza senda, las alegres campanillas del caballito a las que este hace sonar cuando echa juguetón la cabeza hacia atrás, y la llanura - todo ello contribuye a que una indecible sensación de bienestar tome posesión de mí (Wigmans 1963: 171).

Según advierte Martínez de Sousa (2001: 140) la raya entre espacios en blanco constituye un galicismo tipográfico. Sin embargo, el texto traducido del inglés usa raya pegada a la derecha:

Cuarteles enormes de cemento, filas de casitas cuidadas e idénticas de los oficiales, el gimnasio, la capilla, el campo de golf, las piscinas -todo está proyectado ciñéndose a un patrón mas bien rígido (McCullers 1971: 61).

Una piña en una rama, el vuelo de un pájaro en el cielo azul, un vivo rayo de sol sobre el oscuro verdor de los ár­boles -todo lo veía como por primera vez (McCullers 1971: 129)

En una reciente traducción del ruso, encontramos casos de raya corta (-) y entre espacios en blanco:

Guardia reforzada, medidas especiales de seguridad durante todos los traslados de la familia imperial, comunicación con muy pocas personas, que entran en un círculo pequeño formado por el padre-emperador - todo esto dejó huella en Nicolai (Sheláev 2001: 8).

Las revoluciones en las viejas monarquías de Asia que parecían eternas en su entumecimiento, en Irán, Turquía y China, las crisis en Bosnia y Marruecos que estaban a punto de involucrar a toda Europa en una guerra total, el conflicto entre Italia y Turquía en 1911 - todo eso creaba una sensación de fragilidad de la vida, falta de seguridad en el futuro de Rusia y de la dinastía (Sheláev 2001: 99).

Pero no sólo aparece en traducciones. Copiamos dos textos de Octavio Paz y J. Pla, en los que sospechamos la influencia de ortografías no españolas:

La muerte del sol, la decapitación de San Juan, la noche de Igitur en su castillo abandonado, el naufragio de Un coup de dés y la súbita aparición de la Osa Mayor, que surge en el Septentrión como la consecuencia, la refutación y la rima de los dados arrojados al océano- todo eso se repliega en el “Soneto en ix” (Paz 1973: 82).

Uvas, higos, aceitunas, cebollas, ajos, habas, coles, hierbas… -estos son los productos con que se alimenta el pueblo campesino griego (Pla 2001: 271).

Como veremos, el uso de raya no es anglicismo si aparece en inciso (el tercer tipo). Sin embargo, en los ejemplos de Paz y Pla, la raya es inadecuada sustituta de los dos puntos.

3.2. PUNTUACIÓN DEL TIPO “CUMBRE”

Aunque la diferencia con los casos “barrera” no siempre resulta nítida, coincide el tipo de signos de puntuación. Aplicaremos, pues, de nuevo la escala enfatizadora: (,) / (;) / (:) / (.) / (…).

3.2.1. USO DE COMA

Una escena callejera, el párrafo de un libro, un paseo por el campo, el cruce del arroyo Abroñigal, una moza de cántaro vista en la fuente, las palabras de un predicador, el perro de un hortelano, los locos de un manicomio, un ramo de flores, un molino, un puente, cualquier cosa, en fin, de la vida diaria entra en el cerebro de Lope y rápidamente logra ir asociando en su torno escenas, situaciones, actos, toda una obra que horas antes, tal vez minutos antes, no existía (Azorín 1960: 16).

Los niños, los viejos, los enfermos, todo el mundo quisiera disparar contra Inglaterra los terribles cañones (Camba 1970: 222)

Los hoteles suizos están llenos de viejos que se pasan el día tosiendo y refunfuñando contra los ruidos, contra las corrientes de aire, contra todo (Camba 1970: 232)

3.2.2. USO DE PUNTO Y COMA

Aunque pueda parecer el punto y coma un tanto fuera de uso, incluso anticuado, hemos localizado dos casos de normativa reciente. Así, además de normas específicas sobre el uso de dos puntos, Santos Guerra y cols. (1995: 41) formulan una regla no demasiado clara (aunque el ejemplo sea inconfundible):

Delante de una oración que abarca o resume todo lo expresado en incisos anteriores, ya separados por comas [se usa punto y coma]:

El incesante tránsito de coches, la notable afluencia de gente, el ruido y griterío de las calles, la desusada animación en la ciudad; todo hace creer que el Presidente llega hoy.

Por su parte, Antonio Millán Garrido (1997: 115) da una norma similar: “Cuando después de varios incisos separados por comas la frase final se refiere a ellos o los abarca y comprende todos [se usa punto y coma]: La Junta de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia, la Junta Nacional de Colegios de Abogados, la Conferencia Episcopal; todos hacen un llamamiento al Gobierno para que definitivamente dé una solución al problema”.

A continuación, reproducimos algunos ejemplos más:

Y dejadme que os diga algo más: si no os interesa nada de vuestro oficio, en mi biblioteca hay millares de novelas, hay libros sobre jardines o sobre aviones; hay libro sobre todo lo que os pueda interesar (Barea 2000: 393).

Y por encima de lo fugitivo, de lo cotidiano, de Parlamentos, revueltas políticas, guerras, cambios de régimen, caídas de ministros; por encima de todo, esto es lo inactual, lo perenne […] (Azorín 1973: 44).

Cuando corazón y cerebro resuenan y viven y palpitan con el libro; cuando las imágenes del libro evocan imágenes paralelas del cerebro y sus emociones paralelas de corazón y de libro hacen pensar y sentir, recordar, reír o llorar y angustian; o refrescan; cuando el libro en fin nos coge y nos somete a él y nos sacude, el libro es bueno (Barea 2000: 183).

Sin embargo, también hay casos en que los elementos de la enumeración no van separados entre sí por comas, sino por punto y coma:

Te digo que esto va mal; quitarán el sirinsirin de San Nicolás; quitarán los gigantes; quitarán todo… (Unamuno 1964: 112 ).

Platillos volantes que vienen de Ultratierra; viajes interplanetarios para los que se reserva pasaje; todo es, en definitiva, broma, nada es serio, nadie piensa de verdad que las cosas sean así… (Marías 1968: 137).

3.2.3. USO DE DOS PUNTOS

Gascón Martín (1998: 129) se refiere al uso de dos puntos “ante una frase que es resumen de lo anterior” y pone el siguiente ejemplo: El terrible accidente de aquella mañana, la vuelta de los autobuses escolares, la gran afluencia de camiones: todo contribuía a hacer intransitable el centro de la ciudad. Al año siguiente, y en otra obra, ofrece este ejemplo (Gascón Martín 1999: 71): El ruido de los coches, el aullido del viento, los ladridos de los perros: todo contribuía a aumentar la jaqueca. (Obsérvese que, en todos estos casos, detrás de los dos puntos va minúscula).

Algunos ejemplos más:

Las lámparas, las sillas, el contenido de los cajones y los armarios: todo lo arrasó la bestial homicida (Montero 1983: 8).

Los puros, las recetas, las cerillas aplastadas de Agapito: todo se mezcló en un revoltijo de cáscaras de huevo y posos pringosos de café (Montero 1983: 227).

[…] La fe busca lo imposible, lo absoluto, lo infinito y lo eterno: la vida plena (Unamuno 1970: 146)

3.2.4. USO DE PUNTO

Si la enumeración previa al elemento acumulador se puntúa con punto (por su extensión o énfasis), entonces el elemento acumulador o anafórico no puede ser menos y, lógicamente, debe usar también punto. Como en los siguientes ejemplos:

¿Una mala racha? ¿Una crisis conyugal? Todo cavía en la cabeza de cualquiera de sus escasos amigos (Trujillo 2003: 29).

Decididamente, la Fe es todavía superior a la Ciencia. Creamos, por tanto, en la “antifimosis”.. Creamos en la vacuna antituberculosa. Creamos en la Fiesta de la Flor. Creamos en todo (Camba 1955: 53).

Canales no acabados. Teatro empezado. Palacio sin concluir. Museo incompleto. Hospital fragmento. Todo a medio hacer (Larra, en Azorín 1973: 84).

El aire es más resplandeciente ahora. Los pájaros trinan con más alegría. Canta la calandria y contesta el ruiseñor. Las flores tienen sus matices más vivos. Las montañas son más azules. El agua es más cristalina. El cielo es más brillante. Todo parece en el mundo fuerte, nuevo y espléndido (Azorín 1973B: 142).

Sin embargo, si los elementos de la enumeración previa no van separados por punto, y el elemento anafórico sí, la enfatización resulta mayor, por contraste. Por ejemplo:

Desde luego era lunes, y los lunes parecían afectar al secretario de un modo curiosísimo, le ponían verborreico, exultante y saltarín. Insoportable (Montero 1983: 129)

Se puede odiar la forma de gobierno existente en un periodo determinado; se pueden odiar determinados lugares de su territorio; se pueden odiar determinados individuos u organizaciones. Se pueden odiar infinitas cosas (Barea 2000: 477).

3.2.5. USO DE PUNTOS SUPENSIVOS

La existencia de tales puntos suele responder al carácter incompleto de la enumeración; pero, además, y como ya hemos advertido, pueden actuar como equivalentes a punto (sigue mayúscula) o no (sigue minúscula y coma, por caso). Unos ejemplos:

Montreux, Saint-Moritz, Interlaken… Todo está muerto (Camba 1970: 233).

El amor, los afectos profundos y demás… Todo eso hay que crearlo. Cada cual con sus propias manos (Lijánov 1978: 140).

Los libreros, Mi vuelta a Francia, Una pensión burguesa, Los transeúntes, Las visitas de año nuevo, La silla de postas…, todos son cuadros de costumbres que recuerdan a Mesonero [...] (Azorín 1973: 142).

Al salir de una casa se imaginaba uno que se encontraría con un vasto espacio libre, un campo, flores silvestres…, tierra, en fin (Lijánov 1987: 5)

Al igual que vimos en los casos barrera, también aquí algunos autores suprimen, en contra de la normativa ortográfica, la coma que debería ir detrás (Real Academia 1999: 69). Dos ejemplos:

Viajé con Interraíl por toda Europa, durmiendo en los trenes, en las estaciones…[,] donde podía (Cuéllar 2002: 8).

Espléndida fotografía, gran realización, guión prodigioso por su claridad, diálogo y construcción…[,] en fin, una película para ver muchas veces y disfrutar siempre (Pérez Puig 2003: 76).

3.2.6. UN USO INCORRECTO: COMA ANTE PUNTOS SUPENSIVOS

Desde no hace mucho, ha surgido la moda de poner coma delante de los puntos suspensivos. Desde luego, la Real Academia sólo se refiere a la coma tras puntos suspensivos. Por ello, y por otros motivos que podrían aducirse, el uso de coma y de puntos suspensivos lo consideramos incorrecto.

En cualquier caso, las soluciones ortográficas son diferentes para los ejemplos que vamos a reproducir. Así, cuando los puntos suspensivos equivalen a punto (la siguiente palabra irá en mayúscula), sobra la coma y hay que suprimirla; como en los siguientes textos:

Padres, educadores, deportistas, publicitarios, políticos, medios de comunicación, …

Todos somos responsables
(Anuncio de la FAD, en La Razón, 7-IX-03, pág. 45).

Excelentísimo, Ilustrísimo, Señoría, Usía, Majestad, Alteza, Eminentísimo, Magnífico, Monseñor, Reverendo, Vuestra Merced, Vuecencia, Serenísmo, Don, Honorable,… ¿Cuál es la mejor manera de pedir una subida de sueldo? (Anuncio de Actualidad Económica, El País, 2-VI-2001, pág. 7; este caso es de tipo barrera).

Sin embargo, si los puntos suspensivos no equivalen a punto (la siguiente palabra va en minúscula), y si, como advierte Ana Vigara (2001: 63), “la frase precisara normalmente, allí donde los puntos suspensivos aparecen, otro signo, habría que mantenerlo, colocándolo inmediatamente después” (cursiva nuestra). Pero no delante de los puntos suspensivos, como en la siguiente cita:

Pero realmente el derroche de medios, de continuidad en el seguimiento, de precisión hasta llegar a los resultados definitivos, de seguridad en los corresponsales, del tino de los comentaristas, del tono de los presentadores,… todo, todo estuvo a una altura impresionante (Pérez Puig 2001: 77)

(… el tono de los presentadores…, todo, todo estuvo…)

3.2.7. LA ENFATIZACIÓN DEL ANAFÓRICO O TÉRMINO ACUMULADOR

Según Navarro Tomás (1974: 65), ese elemento acumulador o globalizador con que suelen terminar las enumeraciones “recibe el tono más alto de la frase, destacándose más o menos sobre el nivel medio, según el interés con que se refuerce su sentido”.

De los factores suprasegmentales, creemos que hay que tener en cuenta tres: la pausa, la fuerza y el tono. Estos factores actúan según se trate de acumuladores barrera o cumbre. Así, en los casos de barrera predomina quizás la pausa sobre la fuerza; mientras que en los casos cumbre predomina el refuerzo sobre la pausa.

Hasta ahora nos hemos referido a los signos de puntuación de la escala de la enfatización, signos que se utilizan después de la enumeración, entre esta y el anafórico o término acumulador. Sin embargo, en este momento nos vamos a centrar en otros signos y recursos que se aplican directamente sobre el anafórico o término acumulador. Estos recursos son, concretamente, la cursiva, la negrita, los signos de exclamación y los puntos suspensivos. (No hay que confundir, obviamente, los puntos suspensivos con que terminaba la enumeración, con los puntos suspensivos que van detrás del anafórico o término acumulador). Además de estos signos, a veces se dan ciertos refuerzos verbales y casos de reiteración.

Los ejemplos que podemos poner no son abundantes. En ellos, lógicamente, dejamos de utilizar la negrita, aunque la retomaremos al terminar este apartado.

A) CURSIVA: “¿No habrá en este libro, paralelamente a ella, una concepción de la vida antisentimental, ciega para la maldad y para el bien, amoral, en una palabra” (Azorín 1982: 94).

B) NEGRITA: “Ved la extraña paradoja; aquí la vida será más gris, más uniforme, más diluida, menos vida que en las grandes ciudades […]” (Azorín 1967: 81).

C) SIGNOS DE EXCLAMACIÓN: “Este secreto constituye, en último término, su única personalidad literaria, y a él le debe consideración, jerarquía social, dinero, honores oficiales, ¡todo! (Camba 1955: 108). “En México, y más concretamente en el estado de Morelos, los campesinos reclaman obstinadamente la recuperación de sus tierra, de las parcelas ocupadas y expropiadas por los grandes terratenientes. ¡Lo de siempre!” (Dracodaidís 2001: 20).

D) PUNTOS SUSPENSIVOS: “Con multas. Con revólveres. Con ametralladoras. Con lo que sea… El caso es exterminarlos” (Camba 1955: 55). “Un chico sale con un pistolón, un señor gordo, barrigudo, asoma en mangas de camisa manejando un sable, un alfanje, una cimitarra, cualquier cosa…” (Camba 1970: 143).

E) VARIOS SIGNOS SIMULTÁNEOS: “Y quien dice una afección herpética, dice un gabán viejo, una papeleta de empeño, un tacón torcido, un sombrero abollado, ¡cualquier cosa!…” (Camba 1961: 124).

F) REFUERZOS VERBALES: A veces acompaña al elemento acumulador, algún refuerzo verbal, como en fin, en una palabra, en definitiva, en suma, en general, es decir, etc. Unos ejemplos:

Si una reina cualquiera […] quiere impresionar una película, que haga de modista, que haga de portera, que haga de camarera, que haga de cualquier cosa, en fin, aunque sea de presidenta de la República, pero que no haga de reina, porque no sabrá (Camba 1955: 157)

Se trata de suspender, durante un tiempo, el cotidiano ajetreo y las íntimas preocupaciones, vacar de la propia vida y entrar en otras, reír otras risas, llorar otras penas u otras alegrías, habitar otros ámbitos, recorrer otros caminos: en una palabra, enajenarse (Salvador 1996: 99).

Porque ¿quiénes eran estos partidarios? Liberales de lo más avanzado, socialistas y anarquistas, intelectuales, etc., en una palabra, toda esa minoría que en todo país existe, que sólo vive y actúa tratando de cambiar el orden establecido, por otro que, según ellos, es mejor (Barea 2000: 581).

Empiezan a interesarle [al hombre moderno] las cosas, las tareas sociales, los hombres; en suma, la naturaleza por sí misma (Ortega 1965: 205).

Con él -con ellos, pero, sobre todo, con él- venía un aire de inconformismo, de rebeldía, de libertad. Más sencillamente: de vida (Amorós 1983: 275).

Me ponía en ridículo ante las gentes, diciéndoles que yo era una buena persona, un infeliz y un alma de Dios, esto es, casi un idiota (Camba 1970: 235).

G) LA REITERACIÓN: Otro tipo de refuerzo verbal sería la simple repetición del elemento acumulador (quizás más propio del código oral). Por ejemplo:

Las tapias, las fachadas, los coches, las farolas, todo, todo, estaba cuajado de letreros y colores (Gala 1973: 125).

El orden impecable de la habitación, la limpieza con la ayuda de un trapo fijado al final de un palo, el transporte diario del carbón, el mantenimiento del fuego en la estufa, el reparto de las raciones y la limpieza de los correspondientes platos y cucharas, en caso necesario el transporte y cuidado de los enfermos, y quién sabe cuántas cosas más; todo, absolutamente todo dependía de él (Kertész 1997: 193).

3.3. PUNTUACIÓN DE LOS CASOS INCISOS

Aquí se pueden emplear no sólo la escala de los incisos, sino también la que hemos empleado en los tipos anteriores, la de la enfatización. Veámoslo en detalle.

3.3.1. USO DE LA ESCALA DE LOS INCISOS

Como corresponde a su naturaleza misma, aquí se utiliza la que llamamos “escala de los incisos”: [, …,] / [(…)] / [-…-].

A) USO DE LA COMA

Se trata, sin duda, del signo que menos resalta el carácter incidental del elemento totalizador, aunque sea el de uso más abundante. Copiamos algunos ejemplos:

En él [están], Sondica, Lujua, Erandio, Zamudio y Derio, cinco pueblecitos como cinco polladas, con sus cinco iglesias como cinco gallinas, picoteando en su valle de verdura eterna (Unamuno 1964: 104).

Se estudia, con nuevo espíritu, nuestro castizo y glorioso teatro y a la vez el contemporáneo de las demás naciones europeas, estudios ambos que han de concurrir a un mismo fin (Unamuno 1970: 35).

Pidió cortésmente Don Quijote verlas, y le enseñaron a San Jorge, San Martín, San Diego Matamoros y San Pablo, caballeros andantes del cristianismo los cuatro, que pelearon a lo divino (Unamuno 1970: 115).

Hay indudables analogías entre Irala el colonizador y Zumalacárregui el guerrillero, dos nobles zorros vascos (Unamuno 1976: 128).

Sin caridad y completamente sin reticencias, como él mismo proclama, exhibe el contenido miserable de sus vidas: hambre, codicia, miedo, fracaso, deseo, malicia, presunción, pobreza, náusea y ternura torpe, todo ello expresándose a través de diálogos mínimos y de mínimas acciones (Barea 2000: 126).

B) PARÉNTESIS O RAYAS

Aunque sean los signos más típicos e inconfundibles de los incisos, no hemos encontrado muchos ejemplos:

El segundo maestro que quiero traer a colación es Max Weber, clásico por excelencia de la sociolo­gía, crítico profundo de la tecnoburocratización y el desen­cantamiento -notas ambas de nuestro mundo para las que halló una poderosa metáfora: la “jaula de hierro”- y mentor intelectual de la Escuela de Frankfurt (Rodríguez Ibáñez 1989: 113).

Las revueltas, los motines, las usurpaciones, las abdicaciones, el advenimiento de nuevas dinastías, las transformaciones sociales, las mutaciones del régimen de propiedad o de la estructura jurídica, los inventos, los descubrimientos, las guerras, las conquistas -todo ese enorme e incoherente rumor de la historia con sus vicisitudes incesantes- no entrañaban alteración de la imagen del tiempo y de la cuenta de los años (Paz 1985: 239)

Este carácter cognoscitivo primario del lenguaje lo he encontrado afirmado o confirmado por muchos pensadores: en cierto sentido, ya por Platón […] y, más tarde, por San Agustín, Santo Tomás, Vico, Croce, Gentile, Heidegger y, entre los lingüistas filósofos, Pagliaro (todos, para mí, “maestros” a este respecto) […] (Coseriu; en Polo 2002: 821).

En los dos primeros ejemplos que acabamos de reproducir, vemos que la primera raya (o de apertura) se completa con otra, de cierre. Esto se corresponde con lo que apunta la Real Academia (1999: 77) sobre la raya, que se usa, “como otros signos de puntuación [los paréntesis], para servir de signo de apertura y cierre que aísle un elemento o enunciado”. La supresión de la segunda raya (frecuente en textos, por ejemplo, de Ortega y Gasset) no es justificable, en un contexto no dialogado, donde, como señala la Real Academia (1999: 77), “se coloca siempre una raya de apertura antes de la aclaración [o inciso] y otra al cierre final. Por ejemplo: Esperaba a Emilio -un amigo-. Lamentablemente, no vino” (Real Academia 1999: 77).

Ya José Polo (1974: 332-333) se había fijado en la supresión de la segunda raya, en lo que se “coincidiría con el uso en otras lenguas: el inglés, por ejemplo”. Esta práctica, frecuente en bastantes editoriales, se justificaba en que “la frase acaba y no hay necesidad de la otra [raya] como diacrítico, aunque sospechamos que la razón de tal práctica es de tipo estético: causan mal efecto visual tantas rayas”. No obstante, y por “coherencia entre paréntesis y raya; es decir: salvo en la raya dialogal, pongamos siempre dos (tratándose de funciones parentéticas)”.

3.3.2. USO DE LA ESCALA DE ENFATIZACIÓN

Sin embargo, las construcciones en inciso no sólo utilizan la escala de los incisos, como acabamos de ver, también pueden valerse de los signos de la escala enfatizadora, si es que el redactor quiere resaltar el elemento en inciso (o se ve obligado a hacerlo, por la dinámica misma del texto). Por lo tanto, cabe también puntuar con (;) / (:) / (.) / (…). Adviértase, además, que todos los ejemplos que van a continuación podrían meterse entre paréntesis, lo que prueba su carácter de inciso.

A) USO DE PUNTO Y COMA

[…] Dos de las más preciosas cualidades que todo fanatismo destruye son el sentido crítico y la capacidad de ponerse en el caso de los demás; cualidades que acaso son una sola (Unamuno 1976: 44-45)

B) USO DE LOS DOS PUNTOS

Es un uso normal en otro tipo de incisos enfatizados, aunque algunos redactores podrían usarlo inadecuadamente por automatismo. Ejemplos correctos:

Llegó a aprender en qué pueblos podría encontrar algo que comer y en qué posada le servirían una comida: el cono­cimiento más importante de todos los conocimientos humanos en un distrito donde el hambre impera (Barea 2000: 131).

Pero tal vez la suave moraleja del autor tiene la misma finalidad que ciertas declaraciones de nuestros grandes escritores satíricos cuando escribieron las mejores [novelas] picarescas amontonando episodios de bellaquería y corrupción entre gente alta y baja, y después proclamaron con gran energía que sus libros servían de ejemplo disuasivo o de edificación: todo ello, una indirecta súplica dirigida a la Inquisición, para escaparse a la censura… (Barea 2000: 89).

Rambal era actor, director, empresario e inventor de trucos: todo en una pieza (Amorós 1991: 82).

C) USO DE PUNTO

Fuera he dejado esa tarde un Madrid lleno de basura, un país plagado de chapuzas, de insolencias, de huelgas descontroladas, de vagos remunerados, de imbéciles públicos, de ignorantes locuaces, de fantoches importunos, de abulia nacional. O así lo creía. Toda una invitación al pesimismo, que acaso, desde esas misteriosas conexiones psicosomáticas, sea en definitiva lo que me haya traído hasta esa noche terrible e inolvidable (Salvador 1996: 97).

Lo que más me gusta de mi infancia es que en ella no teníamos más televisor que los libros para leer, la imaginación para soñar y el cariño de mis padres y hermanos para conversar. Tres programas, desde luego, mucho más sabrosos que todos los telefilmes (Martín Descalzo 1991: 205).

¡El sempiterno suceso! ¡La devoradora actualidad! Todo anecdótico, todo fragmentario, sin que haya modo de sacar sustancia ni contenido a nada (Unamuno 1976: 125)

Las grandes ciudades nivelan, levantan al bajo y rebajan al alto, realzan las medianías y deprimen las sumidades. Efectos de la masa, que son poderosos tanto en química como en la vida social (Unamuno 1976: 142).

D) USO DE PUNTOS SUSPENSIVOS

Recordamos sus dos posibilidades: equivalentes a punto o acompañados de coma. Un ejemplo de cada:

En un estudio detenido de la obra de Larra debería atenderse a diversos factores: los antecedentes de la obra, las influencias, el carácter y desenvolvimiento del espíritu de Larra, las consecuencias que la obra ha tenido en la li­teratura patria, el juicio de los contemporáneos y luego de la posterioridad… Todo esto con datos exactos y escrupulo­sos, y sin divagaciones ni hipérboles (Azorín 1973: 142).

Y tiene [el portugués] voces que nos acarician los oídos y la imaginación: saudades, soturno, luar, nevoeiro, magoa, noivado…, voces cuya alma es intraducible (Unamuno 1976: 22).

 

4. ¿DOS PUNTOS DESPUÉS DE ENUMERACIÓN?…

A punto de finalizar, y aunque aún quedaría mucho por decir, tenemos que mirar al título y plantearnos nuevamente la pregunta que encabezaba el artículo: “¿Dos puntos después de enumeración?”. Ya hemos dado la respuesta: “Dos puntos, sí; pero no sólo”. Y además, dependiendo de ciertas circunstancias.

Aunque pueda resultar inquietante, hay que acostumbrarse a la idea, más bien realidad, de que hay contextos de puntuación (prácticamente todos) que admiten no un solo signo, sino un variado conjunto de soluciones ortográficas. La normativa simple o simplificadora de la Real Academia parece contradecir la realidad (los textos escritos), mucho más variada y rica, y a la que no es posible cerrar los ojos ni dar la espalda.

En este artículo hemos intentado matizar y profundizar en un problema concreto de puntuación, lo cual esperamos haya servido para exponer a nuestro lector a un abundante número de ejemplos y de soluciones ortográficas de las que quizás no era consciente. Nuestro agradecimiento por la atención y el esfuerzo de quienes nos han leído.

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NOTA: Como puede observarse hay ejemplos de obras traducidas de otros idiomas. Esta inclusión se justifica por dos motivos: 1) Normalmente, nadie, cuando interpreta o lee un texto, tiene reservas con respecto a la puntuación del mismo, por el hecho de ser traducido. 2) El sistema de puntuación es paneuropeo en su origen, y seguramente también por su futuro.
   Dentro de un libro homenaje (en prensa) se encontrará otro estudio que sirve de complemento al tema que hemos tratado aquí; tal artículo se titula “¿Dos puntos antes de enumeración? Un problema más que ortográfico”.

 

© Miguel Ángel de la Fuente González 2003
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero25/2puntos.html