La Sensualidad del Libro de Buen Amor

Hugo N. Santander
American University Central Asia
Hsantand@hotmail.com


 

   
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Un sociólogo podría trazar en el 'Poema del Mío Cid' y en el 'Libro Buen Amor' los rasgos esenciales del medioevo en España. Los versos solemnes del Cid darían cuenta del respeto a las jerarquías, la supravaloración del honor y el ensoberbecimiento; las estrofas burlonas de Buen Amor de la perspicacia y la sensualidad.

El 'Libro de Buen Amor' parece ser la creación de un ex-convicto del siglo catorce: «Este es el libro del Arcipreste de Hita, el qual compuso seyendo preso por mandado del cardenal Gil, Arçobispo de Toledo (S)». El tiempo ha preservado tres manuscritos desiguales: S, T y G. S por el manuscrito de Salamanca, T por el de Toledo y G por el de Gayoso. Los dos primeros se refieren a copias preservadas por dos bibliotecas, cada una localizada en la ciudad de la cual el manuscrito toma el nombre, Gayoso fue un bibliófilo que preservó el tercer manuscrito en su biblioteca personal. La biblioteca municipal de Oporto también conserva folios de una traducción del siglo quince al Portugués. A partir de este material, la erudita argentina María Rosa Lida de Malkiel consagró su vida a la reconstrucción del poema «en su versión definitiva»1. Su laboriosidad ha sido recientemente cuestionada por Jean Dagenais, quien en 'The Ethics of Reading in Manuscript Culture' propone la existencia no de uno, sino de tres libros, cada cual distinto del texto original impreciso: «El texto de S, G y T ofrecen un cuadro radicalmente divergente del libro de Juan Ruiz. Géneros y números de sustantivos y adjetivos calificativos se confunden a lo largo de sus lineas. Los sujetos no concuerdan con los verbos en su conjugación (…) Este es la razón por la cual cada manuscrito adquire su propia autonomía (…) Sin más objeciones, podríamos imaginar la posibilidad borgiana de un texto en el cual cada palabra fuese la misma palabra.»2

A partir de su propia lectura de 'Pierre Menard, autor del Quijote' Dagenais ve en cada edición crítica la obra de un editor y en cada manuscrito la obra de su amanuense: «cada lectura conduce a la producción de un nuevo texto.»3 Mediante la coexistencia autónoma de tres obras independientes, Dagenais resuelve discrepancias aparentemente irresolubles. En S 432 d, por ejemplo, se lee:

“[mujer] ancheta de caderas”

Mientras que el manuscrito G reza:

“[mujer] angosta de cabellos”

Cabría preguntarse, empero, hasta que punto las hipótesis de Dageneis coinciden con los predicados de los filología clásica; las ediciones críticas inglesas, francesas o alemanas de los autores griegos de principios del siglo veinte ya incluían a pie de página las variaciones de los manuscritos existentes. Dagenais postula así mismo que los pasajes subrayados o suprimidos por los amanuenses y lectores ocasionales de cada manuscrito suministrarían nueva información a partir de la cual los profesores universitarios de nuestra época descubrirían el carácter, la ideología o el sentido del humor de los lectores y amanuenses del medioevo tardío. Dicho ejercicio, aunque laudable, estaría asimismo condicionado por el carácter, la ideología o el sentido del humor de los profesores universitarios de nuestra época. La hipótesis de Dageneis, como cualquier hipótesis, ha de comprenderse como un módelo que adecua el entendimiento a su objeto; hacer de este módelo el objeto mismo constituye un error. La coexistencia de manuscritos disímiles no implica, ipso facto, la existencia de textos independientes. Ya Juan Ruiz, como tantos otros poetas medievales, escribía para ser cantado o improvisado por un juglar ante la nobleza o el vulgo. Los facsímiles existentes indican sobre todo las variaciones que tres amanuenses ejecutaron sobre un poema original impreciso en años diferentes y en ciudades distantes. Los textos ligeramente divergentes del 'Libro del Buen Amor' no suplantan, sino que más bien recrean, através de sus insertos y omisiones, la obra de Juan Ruiz.

Las fuentes del 'Libro de Buen Amor' son las historias de las Mil y Una noches, y los relatos medievales de la tradición árabe y judaica en la península ibérica. Juan Ruiz tradujo y trastocó además los versos del 'Pamphillus', quizá la comedia más leída en Europa durante el medioevo tardío. Como Chaucer y Bocaccio, Juan Ruiz canta a los placeres corporales con el propósito de despertar la hilaridad de sus oyentes. La risa, a diferencia del llanto, se comparte alrededor de una mesa. Sólo la soledad engendra tristeza. El protagonista del 'Libro del Buen Amor' se esfuerza incesantemente por escapar a su soledad, por amar y ser amado. En el prólogo del manuscrito de Salamanca, Juan Ruiz confunde su propósito con el de su protagonista:

“Señora, dame gracia, dame consolacion” (9c)

Que para el hombre medieval quiere decir compañía (con-solus). Buen Amor es un estado de gracia que el autor anhela. A lo largo de sus fracasos la soledad surge como verdadera antagonista del poema.:

“E yo, como estava solo, sin compañía” (112a)

“Ca el ome que es solo siempre piensa en cuidados” (1316d)

“Que solo, sin compaña, era penada vida” (1317d)

“Desque me vi señero e sin fulana, solo (1331)

La falta aparente de unidad de los versos del 'Libro de Buen Amor' no es ejena a los caprichos y los escalabros amorosos. Así el miedo a la muerte ya está presente al comienzo del poema, cuando Arcipreste va a casar a una bella doncella, y reaparece más tarde, en un tono doloroso después de la muerte de Trotaconventos.

En cada episodio del poema la sensualidad propia a la naturaleza , combate a la moral contraria a la naturaleza; propia al entendimiento . En las estanzas números 152 y 153, Juan Ruiz atribuye su debilidad amorosa a los astros:

Muchos nacen en Venus que lo mas de su vida
Es amar las mujeres nunca se les olvida;
Trabajan e afanan muy mucho sin medida,
E los mas non recaban la cosa mas querida;
En este signo atal creo que yo naci;
Siempre pune en servir dueñas que conoci
El bien que me fezieron no lo desgradesci
A muchas servi mucho nada non acabesci (152-153).

El autor defiende a través de Trotaconventos el derecho al placer corporal de la mujer. Los tres escribas preservaron con cuidado, sin conocimiento mutuo, los episodios más espinosos: la seducción de una viuda, de una doncella, de una monja, de una mora y el acto de ser seducido y violado por tres campesinas. Se puede descubrir incluso una justificación del adulterio en la historia de la mujer de Pitas Payas. Es diciente que las objeciones argumentales dadas a Trotaconventos sean tomadas del código moral impuesto por la sociedad medieval, en tanto que Trotaconventos basa sus argumentos en la urgencia del cuerpo por amar y ser amado. A lo largo de estos episodios es la mujer quien protagoniza los eventos y toma las decisiones pertinentes.

La sensualidad del poema ha motivado interpretaciones escabrosas y discretas en España y Argentina: «La interpretación todavía más corriente del 'Libro de Buen Amor', sobre todo entre intérpretes españoles, ve en el poema una autobiografía real y verídica que, al vaivén de los percances de la vida de Juan Ruiz ya es la confesión erótica de ‘un castellano torturado por desbordante apetito sexual’4, ya es ‘expresión de la obsesionante cuita que atormenta por todas partes al poeta’5. Esta interpretación extrema descarta el Prólogo en prosa (…) y muchos otros pasajes en que, a lo largo del Libro, Juan Ruiz insiste en la función didáctica de su poema ameno, función que, a mi entender, es causa y efecto de haber elegido su autor el género literario de las maqamat hispanohebreas, de forma autobiogrófica y propósito docente».6

Pero indicar que el próposito de Juan Ruiz fue didáctico sería redundante. El hombre medieval, condicionado por las cartas de San Pablo, era incapaz de justificar menos aún por escrito, la dimensión lúdica del arte. Cada poema, y en especial cada poema cómico, debía incluir una justificación didáctica: «El hombre medieval encontraba una barrera, en el mejor de los casos, frente la lectura; el placer de leer sólo podía ser alcanzado através del esfuerzo por alcanzar la virtud o la sabiduría (…) El placer per se era pecaminoso.»7 Siglos más tarde, en Inglaterra, Daniel Defoe tendría que justificar aún la dimensión educativa de sus obras.

La versión de Salamanca incluye una advertencia didáctica en su prólogo, pero a menos que atribuyamos al hombre del medioevo una ingenuidad inverosímil , dicha advertencia no podría ser más contraproducente. Através de negaciones el autor despierta la curiosidad de sus oyentes, quienes“desecharán e aborrecerán las maneras e maestrías malas del loco amor, que faze perder las almas” (S: prólogo). Juan Ruiz no desaprovecha la ocasión para presentar su obra como un manual de pecadores:

«Empero, porque es umanal cosa el pecar, si algunos, lo que non los consejo, quisieren usar del loco amor, aquí fallarán algunas maneras para ello» (S: prólogo).

Pese a sus advertencias, o precisamente a causa de sus advertencias, el episodio más celebrado entre los oyentes medievales fue el de las serranas, en donde la sexualidad es más explícita:

La vaqueriza traviessa
Dixo: ‘luchemos un rato:
Lievate dende apriessa,
Desbuelvete de aques hato’.
Por la muñeca me priso,
Ove de fazer quanto quiso. (971).

Del mismo modo, los lectores de los siglos XIV y XV del manuscrito de Salamanca, subrayaron y anotaron los pasajes en donde Juan Ruiz alude al Ars Amatoria de Ovidio y a los comentarios aristotélicos sobre la necesidad sexual.8

Sería erroneo, por otra parte, reducir el 'libro del Buen Amor' a lo burlesco. No sin fundamento, Felix Lecoy señala que Juan Ruiz parodia las estanzas sagradas del latín al alterarlas9. Pero sus burlas no atacan el ideal sagrado, sino la imperfección humana, esto es, le jerga y el comportamiento de los monjes del medioevo. El papa y los obispos de Roma, como personas de carne y hueso, son objeto de sus bromas:

“Yo vi alla en Roma, do es la santidad
que todos al dinero fazen grand omildat” (493a-b)

Esta carencia de empatía con la ideología popular medieval da cuenta de las obtusas interpretaciones académicas del 'Libro de Buen Amor': «Aunque el Libro de buen amor trata de sexualidad, la interpretación de la obra es una aporía crítica. ¿Cuál es la perspectiva de Juan Ruiz sobre los actos sexuales que presenta? ¿Por qué da lecciones de sexo? ¿Cómo reconciliamos esta instrucción con su actitud hacia la Virgen María, a quien llama comienzo y raíz de todo bien?»10 El hombre del medioevo asociaba el pecado a la redención, y la redención al pecado; Juan Ruiz, de hecho, intercala episodios escabrosos con oraciones piadosas: «La fiscalidad de los encuentros amorosos raya en lo grotesco y la urgente necesidad de sublimación conduce directamente a la profunda meditación sobre la pasión de Cristo»11. Las últimas estanzas del 'Libro de Buen Amor' o, tal y como fue llamado durante el medioevo, del 'Libro de Arcipreste de Hita', incluye la 'Cántica de los clérigos de Talavera' (1690-1709), en la cual un grupo de sacerdotes implora a la iglesia que se les permita tener concubinas. Algunos escritores ven en Juan Ruiz, a partir de este pasaje, a un reformador12. ¿Es su poema la confesión de un sacerdote envuelto en escándalos amorosos? Buen Amor es el amor que lleva a Dios, pero esa busqueda no excluye como Edgar Paiewonsky señala , la unión carnal: «[Percibimos] un destello de la consciente sutileza de Juan Ruiz. Al aludir a la simiente, nuestro autor identifica la esencia de los finito y temporal con la esencia de lo erótico. El hombre es ‘flaco’ y ‘aparejado’ a efectuar el acto sexual precisamente porque el hombre es el resultado de este acto-‘de inmunda simiente concebido’. De esta manera el tema del ‘amor loco d’este mundo’, introducido al comienzo del segundo párrafo desde la perspectiva del alma se ensancha para abarcar no sólo el pecado específico del acto sexual, sino el genérico de la vida misma».13

El pecado es un acto destinado a ser vencido y condenado por lo sagrado, pero así mismo un acto necesario antes de la salvación. Las gárgolas de las iglesias medievales también corresponden a esta concepción: cuerpos deformes de hombres y animales que acechan en torno al santuario y que se esconden o escapan através de sus muros.

 

Notas:

[1] Lida de Melkiel, María Rosa. Juan Ruiz: Selección del Libro de Buen Amor y Estudios Críticos. Buenos Aires, 1973. p., 307.

[2] «The scripta S, G and T offer a radically different picture of Juan Ruiz’s Libro. Genders or numbers of nouns and modifying adjectives are confused in many lines. Subjects and verbs do not agree in person or number… This is the tendency for each copied manuscript to become more like itself. Barrowing a term from linguistics, we may call this phenomenon ‘leveling’… Without the intervention of other, opposing forces, we could imagine the Borgesian eventuality of a text in which every word was the same word.» Dagenais, Jean. The Ethics of Reading in Manuscript Culture. Princeton, 1995. Pp. 131-133.

[3] «The process of reading leads to the production of new scripta». Ibidem. p. 171.

[4] Sánchez Albornoz, C. España, un enigma histórico. Buenos Aires, 1956, I, 496.

[5] Alonso, Dámaso. La cárcel de Arcipreste, CuH, febr. 1957, Pp 165-177.

[6] Lida de Melkiel, María Rosa. Op. cit., p. 341.

[7] «For medieval man the border lay, in the best of cases, right after reading; the enjoyment of reading could only be santictified through striving for virtue or wisdom… Enjoyment per se was sinful». Huizinga, Johan. The Autum of the Middle Ages. Chicago, 1996, p. 40.

[8] Dageneis, John. Op. cit. cfr. p. 211.

[9] «Nous avons à faire à une parodie joyeuse». Lecoy, Felix. Recherches sur le ‘Libro de Buen Amor’. Paris, 1938, p. 216.

[10] Eisenberg, Daniel 'El buen amor heterosexual de Juan Ruiz' en Los territorios literarios de la historia del placer. I Coloquio de Erótica Hispana Madrid: Libertarias, 1997, pp. 49-69. La perplejidad de Eisenberg presenta antecedentes: «Elle a voulu voir en son auteur un moraliste qui représentait la laideur de la nature humaine pour en inspirer l’horreur, ou, au contraire, elle s’est émue du dévergondage et de l’impiété de l’oeuvre. Oú est la verité?” Pons, Joseph-S. 'L’Archiprêtre de Hita: Esquisse pour un portrait' en Bulletin Hispanique, May 1951. P. 20.

[11] Paiewonsky Conde, Edgar. , 'Polarización erótica medieval y estructura del Libro de Buen Amor' en Bulletin Hispanique, junio 1954, p. 351. “Mais il distingue fort bien l’amour bestial, le fol amour, le bon amour et l’amour pur ou spirituel (…) Juan Ruís se place au centre de l’abondance de náture”. Pons, Joseph-S. Op. cit., Pp, 309-311.

[12] Vease Weisser, F. Spraliche Kuntsmittel des Erzpriester von Hita, VKR, 1934, VII, p.243.

[13] Paiewonsky Conde, Edgar. Op. cit., p. 339.

 

© Hugo N. Santander 2003
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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