Eva Aladro      Poemas

 

La buena vida

La buena vida:
el aire bajo el sol
corre fresco
pero trae un recuerdo de tibieza
la sombra negra,
la mariposa fina
retoca el brote
con sus blancos dedos
sorteando el tiempo danza con el cielo,
dormita el viejo perro
sueño de música,
una de la tarde;
la niña espera el pecho
el niño canturrea,
pronto comeremos.

 

Ante un jardín murciano

Mucho tiempo estuve regando los jardines
pero llegó la época en que no es preciso hacerlo,
cambios de cielo, frutas de un tiempo diferente
dictan mis obligaciones silenciosos;

mucho tiempo me entregué a un oficio eterno
hasta que el cambio de las órbitas me mandó parar
anunciando su imperio con campanas
jubilosas y alegres bajo mi piel
me enseñó:

la vida, interminable ofrenda, se detiene en silencio
como una canción que regala su ritmo a los oídos
la ciega hormiga siente sobre su ser
advientos de libertad antes de verlos
escritos en la espesura de su noche.

Mucho tiempo pensé que mi tarea era vitalicia
pero en secreto se estaba llegando ya el descanso.

 

El fulgor

Tú comprimido, el fulgor, los ojos,
un compás. El volumen, el miedo, el nombre.

Tu corazón en vez de palpitar
timbreó eternamente.

Al silencio
siempre le supe magnánimo.

(de Imagen de la Luz, Madrid, Devenir 1995)

 

Haiku de la calle Sainz de Baranda

La mañana, lluvia de trinos
que moja el bulevar verde,
que se mece entre dos calles
en el abismo de luz

(de La tierna voz que vive, Madrid, Huerga y Fierro, 2002)

 

La Herida

Como las corrientes de brisa en el cielo libre
yo he creado una bocanada podrida y fantasmal,
su aire rancio ventila una cueva concéntrica
donde una vez una herida, un desgarro, un rasgueo
despertó, instrumental, una extraña melodía.

Este aire de grito viejo, de marea de odio e insectos
entre el polvo blanquecino, en acción constante y firme
horada las paredes de esta boca socarrona
y así va empedrando en una sima profunda
el instante mineral eternamente quieto
y el siempre abierto párpado de una rara mirada,
fija en su propio mirar, embriagada en su señorial hueco,
perdida en una mina que nunca profundiza
pero que vive el vértigo de su perforación constante,
sonriente, con cuán extraña sonrisa.

Cuántas veces no habló, por esa lanceolada boca
aquella que tiene la palabra cuando ya nada respira,
cuántas veces el surco doliente de su bodega,
de su usada oquedad, de su rocosa cueva no olvidó
el edificio de su dolor en su dolor mismo,
y en hipnosis musical, doblando a muerte el mismo tono
erosionar así el óvalo pulido de su voz,
y erosionar la voz de que vivía.

Cuántas veces no cavé y volví a cavar al compás
su podredumbre de eterno socavón perseverante,
y allí mismo clavé imágenes para no restañar
la coagulada hemorragia de su vejez,
para que su vacío fuera, para que sangrara
una urgencia siempre espectral,

cuántas palabras, palabras digo, callaron
para que su muerto eco gritase
un orgullo más que vivo,
y en su negro banquete de vino oscuro
cuántas pobres migajas se perdieron;

(oh enamorado golpe, del golpe enamorado,
oh golpe gravitatorio que también se hurga en secreto,
oh magnética pasión, traición suprema
para un eterno acendramiento).

Cuántas veces no gustó la monótona herida
del cadáver también de la esperanza,
cuántas veces no se quiso a sí misma la herida
como una cítara hueca y abandonada.

(publicado originariamente en la revista "Cuadernos del matemático" en 1991 y posteriormente en 2002 dentro del libro "La tierna voz que vive")

 

Pacto en vida

No se pondrán crepúsculos sombríos
sobre nuestra señal de vida,
esta tierna soldadura será tras el futuro,
yo, la inmóvil extensión de tu alegría
permaneceré sumándote al vacío,
tú, la cierta negación del azar mío
multiplicando mi amor conforme crece.
Por tu felicidad no habrá más tiempo
en mis manos decididas,
y de tan blanca amistad, yo existiré.

Esta tierna soldadura nos doy por garantía.

(de Imagen de la Luz, Madrid, Devenir 1995)

 

Eva Aladro Vico (Madrid, 1963) es Profesora Titular de Teoría de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Su obra poética está reunida en tres libros: Imagen de la Luz (Devenir, Madrid, 1995), Cuaderno de versos (Ópera Prima, Madrid, 1998) y La tierna voz que vive (Huerga & Fierro, Madrid, 2002). En esta sección se incluyen dos poemas inéditos.

     

 

© Eva Aladro 2003
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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