Desde el otro lado:
Ensayo para leer lo femenino
en un poema de Gloria Young

Erasto Antonio Espino Barahona
Universidad Católica Santa María La Antigua (Panamá)
Universidad de La Sabana (Colombia)
peespino@usma.ac.pa


 

   
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0.

No creo equivocarme si afirmo que al observar el panorama sociocultural del área, desde aquellas atalayas que permite el oficio académico, se percibe la irrupción de un cambio epocal. Y no porque lo diga Lyotard o Vattimo, sino porque pueden efectivamente registrarse cambios en las preocupaciones estéticas, en las tonalidades líricas y en los actores que juegan en el campo literario.

Las últimas décadas -pero ya antes, si pensamos en textos como El Segundo sexo de Simone de Beauvoir- son testigos de la emergencia de un discurso proveniente de los márgenes, de la periferia, no por su falta de sustrato ideológico, ni por ausencia de calidad estética -todo lo contrario- sino por el lugar subalterno que le había asignado el llamado ‘sistema patriarcal’ dominante. Hablo, pues, del discurso literario femenino.1

Mujeres escritoras hubo siempre. La novedad sea, quizás, la conciencia aguda de escribir desde un lugar que no es el del hombre. Sujeto que no es ya el dominador o el único director de la orquesta social, sino el compañero, el par, el amigo, con el que hay que construir ese espacio único común a hombres y a mujeres que es la Historia y el devenir que de ella se desprenda.

 

1.

Todo acto comunicativo se despliega -así como la vida humana- dentro de dos coordenadas precisas, dos dimensiones de las que no podemos sustraernos. Hablo del tiempo y del espacio. Pasa lo mismo con lo que hoy quiero enunciar. De hecho, el discurso, o mejor, mi mirada lectora sobre la poesía de Gloria Young2 se enmarca en una situación espacio-temporal donde lo femenino literario es puesto en cuestión. Sí, porque de la mujer escritora y de la escritura femenina viene a hablarse en este evento.3

Sirva esta introducción para hacer algunas puntualizaciones, sobre el sujeto crítico y sobre la tarea textual que me he propuesto en torno al poema “Soy” de Gloria. Diré, pues, que hablo conciente de mi otredad, de mi identidad (diversa) frente a ella, dado que mi mirada no puede ser sino masculina. Por ello, aun sin caer -espero- en ciertos excesos epigonales de la estética de la recepción, dejaré que el poema elegido me hable, me habite, me diga algo del mundo, sea de aquél que el mismo funda, sea de aquel que he ido construyendo en la lectura.

Partiré, entonces, de ese postulado fundamental que Eco (1979) ha explicado muy bien en varias de sus obras, cuando señala que en la interpretación de la obra literaria, entran en juego tres intentio, tres intenciones: la del autor, la de la obra y la del lector4. Mi apuesta estriba en tomar en consideración sobre todo las dos primeras, para poder desplegar aquí mi propia experiencia de lectura. Para una mirada más estilística, más hermenéutica del poema de Gloria -o sea más atenta a lo autoral- tendremos ya otras ocasiones…

 

2.

El texto del que hoy me ocupo, el poema “Soy”, aparece en la antología Palabra Virtual (www.palabravirtual.com), portal Web mexicano que nació gracias al esfuerzo realizado por Dina Posada (El Salvador), Blanca Mateos (México), Jorge Carrol (Argentina), Jesús Ángel Morato (España) y Guido Ferrer (Chile). Este contexto mediático de donde he hallado el poema de Gloria constituye -en palabras de sus creadores- "una estupenda recopilación de poesía, con un especial énfasis en la poesía creada por la mujer, que durante siglos estuvo relegada".

He hecho mención sobre el contexto de lectura del poema yougniano porque éste constituyó un posicionamiento interpretativo que trataré de explicar. Encontrándome fuera de Panamá, lejos de nuestras fuentes bibliográficas críticas y creativas, imposibilitado de acceder al corpus real y no virtual de las obras de Gloria -desde Fiebre (1986) y Hotel (INAC, 1990) en adelante; me hallé ‘solo’ frente a la obra de esta poetisa panameña, sólo con mi “enciclopedia” lectora (como diría Umberto Eco)5, de modo homólogo al que se hallaría otro cibernauta del planeta que navegando por la Web se detuviese sobre la poesía de Gloria Young.

Pero decidí aceptar el reto, el reto de enfrentarme al texto mismo, de leerlo, es decir, recorrer su superficie texto-lingüística, decodificarlo e interpretarlo desde mis propias márgenes biográficas, literarias e ideológicas, hacer que el texto dijese ‘algo’ para mí. Me aventuré al encuentro de “Soy”, como lector posible, seguro que el resto de lectores -el público- no se acerca a los textos poéticos de Gloria Young, ni de ningún otro escritor o escritora para hacer análisis críticos o investigación literaria sino para gozarse el maravilloso e inefable placer de leer.6

 

3.

Pero ahora vayamos al poema:

Soy recinto
de todas las palabras colgadas en el viento
de la luz que atraviesa mi curva cordillera
de la canción del sueño
del mar con sus espumas
del alma desbocada al filo de una estrella

Soy voz
que no se esconde
que explora sus tejidos
que aúlla en el misterio de todos los silencios
que murmura a la vida
que acecha en la vigilia
que da vuelo a la risa venciendo la nostalgia.

Soy agua
de la lluvia
del mar
de la tormenta
y busco los tesoros
y lavo
las memorias

Soy mujer
de este siglo
escalando esperanzas
cabalgando corceles
de amor y de ternura
abriéndome los poros
al olor de las frutas
soltándome el cabello
surcando la dulzura
aquí
en la penumbra
de la
puesta del sol.
7

“Letras desnudas”, reza el título del diálogo que aquí nos convoca. Alguien dirá que dónde está la desnudez, o el erotismo en este poema. Y yo responderé que ambos están, pero como todo lenguaje artístico -usualmente más enfocado en la sugerencia que en la mención directa- los dos aparecen en la estructura profunda del texto y en los pliegues de sentido que como lectores nos toca levantar…

El erotismo está en la rotunda apuesta vital que no se expresa solamente a través del ejercicio de la sexualidad, sino en toda la corporeidad que media -sensualmente- la relación de la hablante con el mundo: Versos que nombran mi curva cordillera, o que exhortan a abrirse los poros al olor a frutas o a soltarse el cabello en gesto libertario, dan cuenta de esta intención textual.

Trataré ahora de recorrer el texto e ir aferrando los efectos de sentido que genera y que configuran finalmente la apuesta de lectura que deja “Soy” en mi ánimo y en mi cognición.

Soy recinto
de todas las palabras colgadas en el viento
de la luz que atraviesa mi curva cordillera
de la canción del sueño
del mar con sus espumas
del alma desbocada al filo de una estrella

La hipérbole viene como anillo al dedo a la intensidad emocional e ideológica del poema. Decir que se es recinto de todas las palabras, resulta lo mismo que decir que el lenguaje habita por entero a la poetisa. Palabras no de opresión sino de libertad pues vuelan intrépidas colgadas en el viento. Pero no es solo la palabra -vínculo de comunión con lo real- la que define la identidad de esta voz-poeta-mujer que habla en el texto. La luz -signo de vida- la atraviesa, como erótica caricia que cerca su generador vital: mi curva cordillera. Aquí la identidad viene dada por la capacidad de la mujer de acoger en sí lo inconmensurable: textualizado en la serie imaginaria de la canción del sueño, el mar y un alma indómita que surca el horizonte al filo de una estrella.

Soy voz
que no se esconde
que explora sus tejidos
que aúlla en el misterio de todos los silencios
que murmura a la vida
que acecha en la vigilia
que da vuelo a la risa venciendo la nostalgia.

La poetisa refleja aquí ese maridaje hermoso y necesario entre Ética y Estética, planteado con fuerza por la literatura comprometida y explicitado teóricamente sobre todo a partir de Mijail Bajtin. La voz poética no nació para el murmullo y el silencio sino para dar la cara, hurgar, cantar, decir lo que otros callan o simplemente, no están en condiciones de expresar. Porque la voz poética es una apuesta moral, puede volverse catapulta que nos lanza más allá de las ruinas imperantes, para volver a reír y darle vuelta a todas las nostalgias.

La simbología de la vida, antes evidente en la mención de la luz al inicio del poema, vuelve a irrumpir esta vez en la tipología del agua “de la lluvia / del mar / de la tormenta”. Agua que como en un bautismo panteísta purifica el pasado y rescata “los tesoros” ocultos de la historia y de la cultura, esto es, del quehacer de los hombres y mujeres dejados de lado por un sistema de dominación que niega la paz, la vida y la palabra.

Soy agua
de la lluvia
del mar
de la tormenta
y busco los tesoros
y lavo
las memorias

Avanzando en la lectura, la misma tonalidad del enunciado que repite de nuevo la anáfora que da titulo al poema, anuncia que se llega al final del texto: “soy mujer de este siglo”, confiesa la poetisa. Mujer que se sabe sujeto, testigo y actor de pleno derecho de la historia. Mujer que mira con pasión hacia el futuro y por eso vive “escalando esperanzas”.

Pero ella, abierta al amor fraterno y solidario, no se niega a ese amor íntimo e intransferible que supone el otro personal, el hombre, la pareja. Por ello va “cabalgando corceles / de amor y de ternura”.

Y confiesa sobrevivir al espanto de lo real…

abriéndome los poros
al olor de las frutas
soltándome el cabello
surcando la dulzura
aquí
en la penumbra
de la
puesta del sol.

.La declaración con que termina Gloria su poema es autoralmente un canto de fe. Una forma de enunciar -desde su condición de poeta panameña contemporánea- su presencia y postura existencial frente al devenir. Haciendo de la poesía, una herramienta, un acto ético para la construcción de sí misma, pero también un bálsamo, un océano dulce que cura o una lámpara que ilumina estas y otras horas oscuras del mundo.

 

Bibliografía

1. BRAVO REALPE, Nubia. 1996. “Elementos fundamentales de la intertextualidad”. En Litterae No. 6, pp. 75-92.

2. ECO, Umberto. Lector in fabula. Barcelona: Lumen, 1981.

3. RODÉ, Franc. “El liberalismo en la posmodernidad” en: Poupard, P. El horizonte de la libertad (comp.). Madrid: Ciudad Nueva, 1994.

4. YOUNG, Gloria. (2001-2003). “Soy”. Palabra Virtual. Antología de poesía hispanoamericana. Recuperado el 27 de febrero de 2003 de:
http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_poema1.php&pid=1813

Notas:

[1] Paul Ródec (1994) en su artículo “El liberalismo en la posmodernidad” afirma que: “Un rasgo positivo de la época posmoderna es asimismo la voluntad de devolver a la mujer el lugar que le corresponde en la sociedad. Esto es lo que se llama el neofeminismo” (p. 70). El neofeminismo no supone ya la lógica antagónica de lo masculino propia del feminismo radical de los años 70. Por el contrario, se afirma la feminidad como una otredad irreductible pero no contrapuesta sino dialógicamente vinculada a lo masculino, como la otra forma de ser en el mundo y estar en la Historia. Lo anterior, el feminismo de la diferencia y no de la oposición, asume “el principio de que la persona humana se construye a base de cuidar al otro, ve la vocación de la mujer en el servicio a la vida y en su protección” (p. 71).

[2] Gloria Young. Poeta, animadora cultural y política panameña. Licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública y en Literatura Dramática y Teatro (Universidad Nacional Autónoma de México). Ha ejercido la docencia y la investigación en la Universidad de Panamá y colaborado en revistas y periódicos de su país y del extranjero. Actualmente es Legisladora de la República. Ha sido finalista en el Torneo de Poesía de Verano'86 (Instituto Nacional de Cultura). Obtuvo el tercer premio en el certamen "León A. Soto 1986" (Alcaldía de Panamá) y recientemente obtuvo los honores del primer premio en el concurso literario "Amelia Denis de Icaza". En su obra se cuentan los siguientes poemarios: Fiebre (Panamá, 1986), Hotel (INAC, Panamá 1990), Laberinto (Panamá, 1992) y Templo de agua (Panamá, 2002).

[3] Este texto constituye la comunicación presentada por el autor en la mesa redonda "Letras Desnudas (Erotismo en nuestra literatura escrita por mujeres)” en el Primer encuentro de Escritoras de Panamá, celebrado en Ciudad de Panamá del 24 al 28 de marzo de 2003.

[4] Una síntesis de la posición de Umberto Eco sobre el problema de la intencionalidad en la interpretación de la obra literaria puede verse en: Interpretación y sobreinterpretación. Cambridge University Press: Madrid, 1997.

[5] La investigadora Nubia Bravo Realpe (1996) señala que “El término enciclopedia alude al conjunto de conocimientos que poseen el escritor y el lector. En el proceso de escritura-lectura, el autor y el lector realizan un paseo inferencial (de ilación con otros conocimientos, obras y contextos en general) basándose en sus experiencias culturales. La habilidad inferencial de cada uno de ellos y la amplitud de su enciclopedia desempeñan un papel importante que redundará en beneficio del proceso escritura-lectura. La enciclopedia hace que una obra literaria incluya el conjunto de informaciones que se vinculan con ella” (p. 79). Para el contexto original del término enciclopedia en el paradigma de la Semiótica textual, véase: Eco (1979).

[6] Para una exploración de la lectura como acto cognitivo, erótico y existencial, véase el artículo de mi autoría: “Eros, Gaudio, Avvenimento o la Experiencia de la lectura” en: Espéculo. Revista de estudios literarios No. 17. Año VII. Universidad Complutense de Madrid. Marzo - junio de 2001:
http://www.ucm.es/info/especulo/numero17/eros.html

[7] Young, Gloria. “Soy” (2001-2003) en:
http://www.palabravirtual.com

 

© Erasto Antonio Espino Barahona 2003
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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