Ideario educativo de Ángel Lombardi

Mariela Puerta de Muñoz
Universidad Católica Cecilio Acosta


 

   
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La educación se establece como fundamento indispensable para la construcción y la organización de las sociedades a nivel mundial. Desde la antigüedad, la humanidad le ha concedido un asiento importante al desarrollo de experiencias que apunten a la evolución del propio hombre. Los griegos, de la mano de pensadores como Sócrates, Platón, Aristóteles e Isócrates, lograron tejer toda una concepción educativa que ha trascendido en el tiempo convirtiéndose en paradigma de culturas posteriores. Este espíritu formativo se fue incrustando en las bases de la humanidad fortaleciéndolas siglo tras siglo, estableciendo así una plataforma que nunca podrá ser obviada ni desplazada. Es así como cada civilización ha ido desplegando un sistema educativo cuya misión sea la de perpetuar y solidificar en sus habitantes el bagaje intelectual, cultural y sentimental cónsone con su condición de ciudadanos. Y es que no cabe duda de que la educación es el único camino para que el hombre pueda crecer intelectual y espiritualmente logrando construir, a mediano o largo plazo, un criterio propio y crítico ante las diversas situaciones que se le presenten a lo largo de su vida. Sin la disposición que brinda la educación sería imposible llegar a ese estado en donde la sensatez y la prudencia se conviertan en valores determinantes dentro de la formación del individuo.

Es por ello que el tema educativo se ha constituido durante años como la médula espinal que fortalece las investigaciones de estudiosos del proceso pedagógico venezolano. Proceso que, lastimosamente, ha estado impregnado de equivocaciones que se repiten y se repiten sin césar, sumergiendo a la sociedad venezolana en una escalofriante batalla campal, donde la oportunidad de educar se convierte en una suerte de rueda de la fortuna en donde siempre resulta ganador aquel privilegiado que pudo ser tocado por las manos divinas de algún politiquero de turno. Aunque hablar actualmente de meritocracia resulta un poco reiterativo, hay que destacar que se ha violado constantemente desde siempre en todos y cada uno de los sectores que conforman nuestra sociedad. He allí parte del grave dilema nacional; de nada vale ser el mejor, ya que la más de las veces la calidad, en éste caso del docente, sucumbe ante el carné del partido que ostenta cierta cuota de poder, a veces pareciera que de nada vale trabajar para lograr un verdadero cambio estructural de la realidad educativa venezolana. Qué se puede esperar de los educadores de básica y media diversificada, si el cuerpo docente de las facultades de educación de nuestras universidades está más preocupado por seguir el modelo pedagógico de moda que por idear uno que, por los menos, nazca de nuestra realidad. Esta es una vieja herida que ha indispuesto la salud de la república y muchos han intentado solventar la crisis, desde Simón Rodríguez hasta Cecilio Acosta, desde Mario Briceño-Iragorry hasta Luis Beltrán Prieto Figueroa. Todos han concluido que nuestro problema no es de forma sino de fondo.

Esta ha sido una de las más grandes preocupaciones del Dr. Ángel Lombardi, quien ha dedicado parte de su vida a reflexionar y a buscar una solución eficaz al problema educativo venezolano, que hoy más que nunca se constituye en una llaga palpitante que no nos permite emerger en medio de tanta mediocridad. En sus reflexiones dedicadas al tema educativo ha tocado varios puntos clave en la dinámica de la crisis; la Universidad y sus luchas intestinas, la política y sus desvíos morales, la escuela y sus desatinos en la lucha por formar al hombre del mañana, son algunos de los tópicos tratados por el Dr. Lombardi.

Las Universidades, según Ángel Lombardi, deben establecerse como el medio idóneo para propiciar el intercambio intelectual, sin dejarse llevar por situaciones triviales que tienden a empobrecer el espíritu del ser humano. Esta idea es expuesta en el artículo: “La Facultad de Humanidades y la Educación Básica”, donde expresa:

“…que la facultad sea campo de trabajo y no tierra de nadie propicia al chisme, la zancadilla, la manipulación y la gestoría académica, que lamentablemente ha vuelto a renacer con vigor renovado.”

Lamentablemente nuestras universidades se han deshumanizado, parecieran que perciben al estudiante como un ente vacío, el cual necesita ser llenado de información “necesaria” para poder obtener una profesión que le otorgue la posibilidad de insertarse en la sociedad como un sujeto “productivo” descuidando olímpicamente la formación de un espíritu crítico y que aspire a las más altas esferas del pensamiento humano. La tecnocracia se ha adueñado de las entrañas de la magna casa de estudios, dejando a un lado la inequívoca importancia del ser humano como tal, con sus aciertos y equivocaciones, con el irrenunciable derecho a elegir sobre su vida y su destino. Esta es una preocupación que manifiesta el profesor Lombardi en otro artículo “La Incógnita del Hombre: El joven y la Contracultura”:

“Administrar, gerenciar, planificar, son algunas de las palabras mágicas de la tecnocracia, expresión de una sociedad industrial cuya máxima aspiración es la integración organizativa a todos los niveles: eficiencia, productividad, costos, son expresiones de esta racionalidad técnica, aparentemente necesaria, pero peligrosamente deshumanizante y deshumanizadora.”

“…nuestra cultura imitativa ha aupado a una tecnocracia de mentalidad dependiente que nos ha conducido a un experimentalismo educativo que linda en lo absurdo: todo cambia para que nada cambia.”

“Todo cambia para que nada cambie…” no hay otra frase que defina mejor el caos educativo de nuestro país, cada gobierno llega con propuestas “innovadoras” o “revolucionarias” que buscan reformar el sistema educativo prometiendo una reestructuración profunda que logre redimensionar los paradigmas impuestos por otros mandatarios. Pero el gran problema de las políticas educativas venezolanas es que siempre han cambiado cada cinco años; estas, lamentablemente, forman parte de las estrategias políticas del momento que fomentan la deshumanización de las instituciones educativas que, lejos de formar al individuo lo reprimen condenándolo a la más aterradora mediocridad. El profesor Lombardi reflexiona acerca de este escenario:

“¿Dónde está el gobierno que quiera asumir esta responsabilidad? Habrá que convocar a la familias: padres y educandos, a los docentes sin distinción de ningún tipo para rescatar nuestro sistema educativo?

No cabe duda de que su intención, al formular estas interrogantes, no es otra que buscar la manera de despertar a la sociedad en general, de hacer notar no sólo la gravedad del problema sino la necesidad de unirnos como sociedad para hallar soluciones que puedan ir solventando la situación. Pero para poder emprender esta lucha se debe partir de la realidad de cada pueblo, no se puede seguir imitando teorías foráneas que no se ajustan a las necesidades de la población y que terminan siendo abstracciones.

“Tenemos que concientizarnos y concientizar, la realidad si no la incorporamos existencialmente, pensamiento, cuerpo, espíritu, no tiene sentido y de allí proyectar nuestro compromiso, incorporarnos a lo real para transformarlo.”

“Nuestro desarrollo y liberación será efectivo en el momento que lo dotemos de auto- impulso y autocreación. Nuestra realidad por encima de cualquier teorización evitando caer el abstracciones”

Definitivamente la escuela, el liceo, la ciudad y la sociedad no pueden seguir divorciados, la necesidad de una unificación, de un trabajo en equipo es vital para la reestructuración de nuestro sistema educativo de lo contrario jamás lograremos salir de la crisis educacional que hoy por hoy nos aqueja.

Asimismo, la necesidad de erigir una educación que busque humanizar y sensibilizar al individuo con su realidad y con su entorno es expuesta en “Notas sobre la reforma educativa y universitaria”, donde enuncia:

“Lo que es incuestionable es definir y ofrecer una educación a todos sustentada en los valores que la humanidad ha ido definiendo y adquiriendo, entre otros, tolerancia, pluralismo, democracia, solidaridad, desarrollo sustentable, equilibrio ecológico y por sobre todo la convivencia y la paz sobre el reconocimiento absoluto de la libertad y dignidad de cada ser humano, sin distingos de ninguna especie”.

La deshumanización es un tema tratado por el Dr. Lombardi en gran parte de sus artículos sobre educación, y es que su profunda preocupación por esta terrible realidad lo ha llevado a reflexionar en variadas ocasiones sobre las graves consecuencias que ha acarreado para la sociedad venezolana, pero esto no sólo se ha quedado en consideraciones plasmadas en papel, sino que se han cristalizado al momento de ejercer su profesión docente. Cumpliendo su rol como profesor o rector ha luchado incansablemente por suprimir la deshumanización dentro de las aulas de clases haciendo que, tanto docentes como alumnos, logren captar la verdadera esencia del quehacer educativo plasmada en el siguiente párrafo:

“La educación, como proclamó la UNESCO, es un aprender a ser, por consiguiente excede en mucho a la simple aula de clase, ésta debe integrarse a la ciudad y a la sociedad en ella debe prevalecer la imaginación, y la libertad y no la rutina domesticadora”.

Nunca habían sido tan legítimas y oportunas las apreciaciones del profesor Lombardi, ya que su ideario educativo no sólo ha quedado plasmado en papeles, sino que ha trascendido a lo largo de su intachable labor como docente, como Decano y como Rector de la Universidad del Zulia y, posteriormente, de la Universidad Católica Cecilio Acosta. A lo largo de su gestión en la UNICA ha trabajado incansablemente por construir una Universidad pertinente y trascendente, donde el diálogo y la discusión pueda producirse libremente en cada rincón, donde sus profesores y estudiantes comprendan la relevancia del ambiente universitario como medio propicio para debatir y profundizar sobre situaciones actuales.

Desde las páginas en la prensa zuliana, reunidas luego en un hermoso libro llamado acertadamente Catedral de Papel, el profesor Ángel Lombardi deja expuesto un testimonio de fe inquebrantable en Venezuela y en su más importante potencial: la juventud. Allí están liberadas al tiempo y al espacio sus ideas sobre la educación necesaria, expuestas sin ningún complejo para el debate, para la reflexión oportuna y desinteresada. Queda ahora a la sociedad asumir su irrenunciable compromiso de velar por los cambios requeridos para el bienestar colectivo. Un punto de partida podrían ser las palabras de un hombre que ha hecho de la docencia y apostolado de dignidad y de compromiso.

 

© Mariela Puerta de Muñoz 2003
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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