Editorial


Uniformidad y educación

La tendencia actual de la educación es hacia algo que se ha dado en llamar "convergencia", quizá por no llamarlo "uniformidad". El sistema educativo superior español se encamina hacia un punto que no es fácil de visualizar o imaginar, hacia una denominada "convergencia" europea. Según parece nos dirigimos hacia un lugar en el que todos dejaremos de ser lo que somos en pos de algo que nadie ha sido..., hasta el momento.

A aquellas primeras promesas de una Europa diversa y múltiple le han seguido toda una serie de directivas en las que se va renunciando a lo que se es en beneficio de una presunta identidad que, históricamente, nunca ha existido. De la Europa como suma hemos pasado a la "única Europa", a una Europa uniforme en la que no está claro de dónde salen los modelos.

Por mucho que se nos llenen lo oídos de grandes palabras, lo cierto es que todas estas iniciativas no tienen más que un objetivo: la movilidad laboral. En el fondo, no se ha superado aquella mentalidad de "comunidad económica europea". El sistema educativo es considerado como una forma de preparación para el mercado y no como una forma de desarrollo de la persona. Y esto es un abandono de los ideales universitarios de equilibrio.

La educación es cada vez más tecnocrática, más pragmática, utilitarista y economicista. Docentes y alumnos somos piezas de una maquinaria únicamente comprendida y expresada en los términos de un discurso general, amplio y asentado: el económico. Lo demás sobra.

Si a esto añadimos otra forma de uniformidad —de la que nadie habla, por cierto—, la que va imponiendo los modelos y formas de trabajo de los campos de las Ciencias al de las Humanidades, tendremos un resultado final bastante predecible.

Joaquín Mª Aguirre
Editor


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