Luis Cernuda se acerca a Cervantes
entre la Realidad y el Deseo

Gloria López Forcén
UNED (Centro Asociado de Terrassa)
Facultad de Filologia


 

   
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1. Introducción: Luis Cernuda, el poeta, el lector, el crítico.

El presente trabajo pretende atender a la opinión y valoración que la obra cervantina y el personaje de Cervantes merecen a Luis Cernuda. Para ello trabajaremos con los dos artículos que el poeta ha dedicado específicamente a D. Miguel de Cervantes y que han sido recogidos en el volumen de crítica literaria titulado Poesía y Literatura I y II1, uno de ellos bajo el título "Cervantes" y fechado en 1941 y otro, más breve, que tituló "Cervantes, poeta" y que dató en l962. Hemos recogido también las alusiones al autor del Quijote que Cernuda incluyó aquí y allá en sus artículos literarios, sobre todo en aquéllos que dedicó a novelas y novelistas y en las que siempre aparecerá Cervantes como faro iluminador del oficio de narrador. Cernuda, a pesar de no haber cultivado la novela como género, debió ser, si atendemos a lo que dice en sus artículos, un exigente y apasionado lector de novela.

Cernuda es, sobre todo, -debemos dejar constancia de ello, porque sólo así daremos el valor que le corresponde a sus opiniones sobre Cervantes, la novela o la misma creación literaria- uno de los más importantes poetas de la llamada Generación del 27 (a pesar de sus propios reparos a la utilización de esta terminología). Parece además que el tiempo está por fin situándolo donde siempre debió estar, esto es, en primera línea, entre los más importantes, y lo que seguramente sería más de su agrado, entre los que más se "oyen" al leer a los nuevos poetas contemporáneos: hallaremos sin duda su eco más rotundo, como bien han señalado los críticos, en la poesía de Gil de Biedma, pero también en otros poetas jóvenes (poetas futuros, les llamaba él), que están reconociendo si no un maestro -no están los tiempos para reconocer magisterios fácilmente-, sí un querido compañero de viaje. Y por todo ello, además de por su valor intrínseco, interesan hoy sobremanera sus opiniones.

Cernuda es un poeta que ejerció de tal durante toda su vida y que se sentía además vitalmente vinculado a la poesía, pero es también un hombre, como hemos señalado, vinculado a la literatura, a la palabra escrita, al arte de los escribidores, no sólo desde el punto de vista profesional -fue lector y profesor de literatura desde nuestra Guerra Civil hasta su muerte en Méjico-, sino desde el goce del lector. Conocedor y, en algunos casos, apasionado de la literatura alemana y de la anglosajona, jamás se desvinculó de lo que eran los materiales con los que construía su propia obra, esto es, su propia lengua, como no podía dejar de hacer quien según sus propias palabras: "Poeta alguno/su tradición escoge ni su tierra,/ ni tampoco su lengua, él las sirve..."2 El poeta será, pues, un lector atento de toda la literatura española y un avispado gustador de lo más interesante de la tradición literaria. Pero más allá de opiniones valorativas hechas desde la erudición, Cernuda reivindicará un acercamiento a la obra literaria que el lector debe hacer desde "las tripas". El lector debe disfrutar con la obra literaria, debe sentirse distinto después de haber leído y además debe elegir aquellos autores que "le dicen" personalmente a él. Cernuda es capaz de valorar como excelente a un escritor, ver en él la capacidad de creación, para, a renglón seguido, asegurar que, a pesar de ello, él prefiere otro porque es ese otro el que le llega al alma. Nunca, al leer la obra crítica de Cernuda, podemos perder de vista al hombre. No porque él pretenda un exhibicionismo malsano -ya veremos que incluso le molestaba esa actitud en determinados escritores- sino porque él no concibe el conocimiento si no es a partir del sentimiento3. Ello no quiere decir ni mucho menos que no sea riguroso en sus juicios, sino que más allá de la perfección o imperfección formal él se siente con capacidad de elegir. Esta es la actitud que le lleva, por ejemplo, a preferir a Garcilaso frente a S. Juan de la Cruz, sin que ello signifique objeciones de tipo literario al segundo sino libérrima preferencia personal.

Es necesario, pues, conocer un poco qué piensa el poeta de la obra literaria y de la crítica, antes de adentrarnos en sus consideraciones sobre Cervantes y su obra, porque saber qué espera él de un libro, de los personajes, de la tarea del crítico y del lector, pondrá en su justo término las opiniones que sobre el autor de "El Quijote" analizaremos después.

Parece importante empezar por el principio. Cernuda en su libro Ocnos4, en el capítulo que denomina "Biblioteca" dice tajante:

"Mas un libro ha de ser cosa viva y su lectura revelación maravillada tras de la cual quien leyó ya no es el mismo, o lo es más de como antes lo era. De no ser así el libro, para poco sirve su conocimiento, pues el saber ocupa lugar, tanto que puede desplazar a la inteligencia (...)"

En 1961, cuando publica un artículo hablando de la obra de Dashiell Hammet a raíz de la muerte del novelista5, Cernuda insiste en sus ideas:

"Leemos para divertirnos o para aprender, quiero decir para nuestro aprendizaje intelectual, y poco podríamos aprender de una lectura cuando ésta, además de entretenernos no consiga asociarnos íntimamente con ella, no despierte en nosotros la emoción de compartir una experiencia excepcional, tanto intelectual como humanamente."

Vemos, pues, qué es lo que pide Cernuda a una obra literaria, y ello va a ser importante para calibrar el valor que va a dar a la obra cervantina y, sobre todo, para ver sus juicios no como una afirmación categórica hecha sólo desde el intelectual, sino también, o por encima de todo, desde el hombre que es la esencia del poeta.

Hay otro aspecto que nos interesa resaltar de la visión cernudiana y es su valoración de la crítica. Ello, que es de máxima importancia a la hora de calibrar su propia obra, ya que como sabemos tiene una relación amor/odio con la crítica (con un predominio quizá del segundo aspecto sobre el primero), es también un elemento a tener en cuenta en su juicio sobre Cervantes y su valoración personal del escritor.

Justamente en uno de los dos artículos sobre los que se basa el presente trabajo -nos referimos al que publicó sobre Cervantes en 1941-, hallamos unos sustanciosos comentarios sobre el papel de la crítica que lógicamente centra en la obra cervantina, pero que podríamos extender a su concepción general sobre el tema. Así dirá Cernuda:

"Tan densa puede ser la masa de comentarios eruditos acumulada sobre una obra, que ya es difícil adelantarse hasta aquélla sobre la cual recaen, y ésta, extraña y lejana se nos pierde de vista, como la lucecilla que brilla remotamente entre las sombras nocturnas del camino. Resulta así que la crítica erudita, antes que acercarnos un texto nos lo separa, y antes que aclararlo, lo oscurece."

Y proseguirá:

"Y así la erudición, nacida del arte literario y viviendo de él, pretende desplazarle, arrojando al artista del terreno que es suyo y usurpándoselo bajo especiosos pretextos.

Hoy parece olvidarse que a quienes frente a una obra literaria no persiguen sino, y nada menos que, el deleite estético, les ha bastado siempre para conseguir ese fin un poco de buen gusto propio, tanto como les ha estorbado la erudición indigesta ajena. Todo lo que tales lectores necesitan es que les deparen un texto puro y fiel, y aceptando agradecidos esta labor, dejan a un lado, con raras excepciones, la ingente masa de erudición que sobre la obra original se ha acumulado".6

El artículo concluirá con una declaración de principios a la luz de los cuales deberemos valorar la opinión de Cernuda sobre Cervantes y su obra:

"La crítica sólo da testimonio de una reacción literaria subjetiva, que en ciertos casos quizá represente la de un grupo de lectores a quienes une común intención estética. Pero sí puede y debe la crítica insistir en la necesidad individual de verificar esa reacción por sí, de experimentarla para que el conocimiento del pasado, histórico, literario, artístico, sin ser información, es decir, erudición, redima la ignorancia natural del hombre y enriquezca su vida. Y ésta ha sido la finalidad de esta divagación: no descubrir a Cervantes, sino descubrirnos a nosotros mismos, hombres de hoy, en Cervantes.7

 

2. Cernuda y su valoración de Cervantes y de la obra cervantina.

2.A. Cernuda y Cervantes:

A través de los textos, hay dos aspectos que nos llaman la atención en la valoración de Cernuda respecto a Cervantes: De una parte, su valoración como novelista, al que sitúa a un tiempo en el inicio y cúspide de la novela moderna; y de otro lado, su valoración - identificación?- con el Cervantes hombre, que no es precisamente un triunfador y cuyos valores hace suyos el poeta del 27.

Respecto a este segundo aspecto veamos cuáles son los valores que destaca:

En primer lugar, valorará especialmente su carácter de artista frente al erudito -ya hemos visto cómo huía de la erudición como forma de conocimiento-, ello unido a lo que llama "curiosidad humana" y que Cernuda descubre en la afirmación que hace el narrador del Quijote sobre su costumbre de leer incluso los papeles que encuentra por el suelo, y que el poeta atribuirá al propio Cervantes, identificando autor y narrador sin ningún tipo de reparo:

"Cervantes como es sabido era hombre que conocía sus textos, pero no libresco; un artista antes que un escritor. Y en esa anécdota que él mismo nos cuenta de cómo recogía para leerlos los papeles que hallaba por la calle, debemos ver sólo una prueba de su siempre despierta curiosidad humana."8

Otro aspecto que le llamará la atención en lo que se refiere a las cualidades humanas de Cervantes es la capacidad para la ironía que Cernuda considera que debe ir unida, para que sea válida, con el afecto o, lo que es lo mismo, con la comprensión. Así, en el artículo que hemos citado anteriormente sobre la obra de Dashiell Hammet (ver nota n 5), tras el fragmento que hemos señalado, seguirá:

"Para conseguir eso (se refiere como hemos visto a la literatura que debe enseñar y divertir) la visión de la realidad debe ir entreverada de afecto y de ironía lo cual desde Cervantes acá, ha sido la meta del arte novelesco."

También cuando aprecia que sólo algunos aspectos del Lazarillo pueden acercarse a la obra cervantina, hace no obstante una objeción; según asegura Cernuda, la obra anónima:

"Carece de esa sonrisa que brilla en la obra de Cervantes sobre los errores y locuras humanas, comprendiendo y perdonando."9

Y ello según Cernuda hay que explicarlo a partir de la vida de D. Miguel:

"...lo rico y variado de su experiencia vital, la amplitud y generosidad de su inteligencia, libre como pocas inteligencias españolas lo han sido en este mundo."10

Finalmente, y en un artículo sobre Galdós11, un novelista al que reivindica de forma absoluta y que considera de estirpe cervantina en vida y obra, señalará una actitud de ambos que bajo su punto de vista les hace especialmente grandes, en lo humano y en lo literario.

"Con respecto a Cervantes, sí tiene afinidad (se refiere a Galdós) y ambos son, probablemente, nuestros únicos escritores sin aludir ahora a los poetas, que conocieron lo que es la generosidad y que fueron capaces de comprender y respetar una actitud humana o un punto de vista contrarios a los suyos"

Hemos visto, pues, cómo el Cervantes hombre cautiva por sus cualidades personales a Cernuda, tanto en lo que se refiere al degustador de literatura, como al hombre que quiere sentir en el escritor a otro hombre que le habla. Veamos ahora qué le parece el Cervantes creador y al valorar este aspecto debemos distinguir entre las dos facetas que caracterizan al autor de "El Quijote": de una parte, la valoración que Cernuda hace del Cervantes novelista, comentario que a simple vista puede no parecer excesivamente original, puesto que de la importancia e innovación que supone en la novelística la obra cervantina se ha hablado y mucho -Cernuda piensa que incluso demasiado- a través de los tiempos, y el poeta no puede hacer sino adherirse a las ideas generales. Cernuda, no obstante, ofrecerá, tal vez sin ánimo de inventar nada que ya esté inventado, alguna pincelada original a la hora de valorar la forma de concebir la novela por Cervantes. Lo que seguramente sorprenderá es la valoración excepcionalmente positiva que Cernuda hace del Cervantes poeta y que es quizás lo más novedoso, partiendo como partimos de una opinión casi generalizada de que lo que en novela era originalidad y genio, no pasaba de corrección en lo que se refería a la poesía.

Respecto a lo que Cervantes aporta a la novela, querríamos recoger algo de lo que señalábamos al hablar de la humanidad del autor y que lógicamente Cernuda sólo pudo conocer a través de su obra; la ironía, el afecto, la generosidad y la comprensión del hombre, que tanto atraían a Cernuda, serán ingredientes de la novela cervantina como transposición del carácter del autor y constituirán según el poeta sevillano una de las características de su obra.

La primera innovación al arte novelesco que nuestro poeta ve en Cervantes apunta a la invención del héroe novelesco. Según Cernuda, antes existía el héroe épico o el dramático, pero no el novelesco, que según él se basaría en la creación en la novela de los dos elementos que hacen que un hombre sea: el alma y su ambiente. Cernuda compara el trabajo que hace Cervantes respecto al Quijote con el que hace Velázquez respecto a sus criaturas a las que es capaz de pintar con "el aire y la luz donde se mueven". Visto así, D. Quijote sería, pues, "el primer ser novelesco entero y cabal de que tenemos noticia".

Otro aspecto importante sería ver cómo se plantea el crítico la relación de Cervantes respecto a las cuestiones de tradición y renovación; Cernuda considera que en Cervantes se dan una y otra. Cree del todo demostrado que respecto a la tradición, el escritor no es un extravagante, puesto que de hecho asume un género claramente codificado, como es el de las novelas de caballerías. Pero partiendo de esa tradición que no desprecia sino que, al contrario, asume, Cervantes es capaz de, mediante una pirueta magnífica, abrir unos horizontes inesperados que le llevarán a convencerse de ser el primer escritor de novelas en castellano, como él mismo se definirá en el prólogo de las "Novelas Ejemplares".

El tercer aspecto que resalta Luis Cernuda y que evidentemente constituye una originalidad pasmosa, aunque hoy, tras los múltiples seguidores del genial escritor forme parte de lo asumido en literatura y haya incluso adquirido el carácter casi de género -nos estamos refiriendo a la llamada metaliteratura-, consiste en la inclusión de la crítica literaria o de la preceptiva literaria en la misma obra narrativa, en una especie de juego de encajes o de muñecas rusas. Parece claro que esto sí es una novedad y que está suficientemente estudiado, pero Cernuda en su apreciación va más allá: lo que realmente le parece novedoso no es sólo que Cervantes explique cómo cree que debe ser la novela, sino que sea capaz de experimentarla hasta conseguir la síntesis perfecta de lo que propugnaba como idea. Así, señala Cernuda, mientras en el " Coloquio de Perros" hace una sutil distinción entre las historias narradas, al apuntar que:

"los cuentos unos encierran y tienen la gracia en ellos mismos; otros, en el modo de contarlos; quiero decir que algunos hay que aunque se cuenten sin preámbulos y ornamentos de palabras, dan contento; otros hay que es menester vestirlos de palabras, y con demostraciones del rostro y de las manos y con mudar la voz, se hacen algo de nonada, y de flojos y desmayados se vuelven agudos y gustosos".12

Cernuda dirá que el autor de tal apreciación conseguirá en el Quijote que:

"En dichos capítulos, (se refiere a las novelas breves introducidas en el Quijote o en las primeras andanzas del héroe), están tratados como si el interés exclusivo novelesco consistiese en la peripecia (...) En los restantes capítulos la tarea es más difícil: necesita en cambio acudir a las demostraciones de las palabras y del rostro, y a las mudanzas de la voz para hacer algo de "nonada" como él dice (...). Así fue introducida por primera vez la realidad en la ficción como materia ruda que el artista debía trabajar y pulir conciliando dos técnicas artísticas en apariencia diferentes".13

La apreciación de Cernuda no es ociosa porque matiza de una manera interesante un tema que ha hecho correr ríos de tinta:¿ hay o no hay realismo en el Quijote?, y si lo hay, ¿podemos considerar como un invento cervantino algo que ya aparecía en obras como La Celestina?. Lo que nos dice Cernuda es que la novedad estriba en el tratamiento que se da a esa realidad, no en la realidad misma y en el convencimiento cervantino de que la realidad es materia literaria que sin embargo en ocasiones necesita de ser reelaborada para adecuarse al fin que pretende: incardinarse en la literatura. Y ello es sin duda la innovación de Miguel de Cervantes. En palabras del propio Cernuda:

"El interés novelesco, desde ese momento no ha de concentrarse sólo en lo que se cuenta, que sería puro melodrama, ni en lo que se dice, que sería puro ejercicio retórico, sino en contar la realidad y aplicar a esta nueva forma de relato el artificio técnico antes empleado como recurso para avivar el placer del lector. Así surge la novela moderna como imagen ideal de la sociedad".14

Cernuda fundamenta en ese matiz nada menos que la grandeza de la novela a partir de Cervantes, porque pone en su lugar la importancia de la realidad. Veamos que las palabras que siguen, y asumiendo el paralelismo que hará el poeta entre Cervantes y Galdós, servirían para dar clases de "realidad" a más de un novelista realista que sólo en lo más grosero pretende ver el material de una novela. Para Cervantes, o así lo cree Cernuda, y es convincente en su explicación, se trata de trabajar la realidad de forma que:

"El interés novelesco puede y debe consistir en algo más que lances y peripecias acaecidos a los personajes; ahondando en el alma de éstos, haciéndoles moverse, no con arreglo a la trama previamente concebida, sino al contrario, ajustando la trama a las posibilidades humanas que en ellos hay , se obtenía una nueva forma novelesca más real de lo que hasta entonces había sido la novela.15

Por otro lado, Cernuda quiere hacer constar respecto a la obra cervantina lo que él llama sin ningún tipo de ambages "unidad perfecta" y se queja inmediatamente de cómo la crítica tiende a considerar a Cervantes como autor de un solo libro. Para él está claro el error de esta apreciación:

"Y sin embargo dicha unidad existe en la obra de Cervantes, y es característica principal de ella, ya que cada una de las partes que la componen tiene doble significación: una por lo que en sí representa, y otra por lo que representa en relación con las demás: no es posible, por tanto, aislar caprichosamente una de dichas partes sin que ésta pierda su relación con el conjunto, y nosotros, la percepción de su parcial significado."16

Prosigue el párrafo insistiendo en la unidad de tal obra, para acabar con la afirmación, tal vez más sorprendente de todo el artículo: "...teniendo nosotros en Cervantes nuestro máximo poeta". Nuestro máximo poeta!, teniendo en cuenta que el pobre Cervantes se quejaba, no sabemos si lastimosa o irónicamente de "la gracia que no quiso darle el cielo...". En todo caso, esta afirmación implica que, estuviera el propio Cervantes o no de acuerdo, no era valorado en su época como poeta. Por ello sorprende que, siglos más tarde, otro poeta, profundo conocedor de la poesía española, afirme sin ningún tipo de complejos que Cervantes es el máximo poeta... La explicación sin duda nos la dará el propio Cernuda en estos y otros artículos.

En un artículo publicado en 1941, que titula "Marsias"17, Cernuda utiliza el mito para hablar del papel del poeta y acaba concluyendo lo siguiente:

"Qué se cifra simbólicamente en este mito de Marsias? Que el poeta debe saber cómo tiene frente de sí a toda la creación, tanto en su aspecto divino como en el humano, enemistad bien desigual en la que el poeta, si lo es verdaderamente, ha de quedar vencido y muerto".

Aquí empezamos a entender la sorprendente afirmación de Cernuda: el poeta no lo es -o no lo es sólo- por el hecho de escribir en verso. La poesía es, vista así, una determinada actitud ante el acto de la creación, y de esta manera empieza a quedar claro todo, porque la visión poética es para Cernuda parte inherente a todo escritor, ya que como bien señala:

"Por lo demás no creo exista escritor a quien falte la visión poética de la realidad, porque dicha percepción poética, en mayor o menor grado, es lo que confiere alteza y permanencia a una obra literaria."18

Por lo tanto, poeta sí, más allá incluso del verso, porque la poesía no necesariamente tiene que encontrar su acomodo en el contar de las sílabas o el encuentro de ricas rimas. De hecho, insistiendo en el tema del arte poético más allá de la poesía, veremos que en el artículo de 1962 que titula "Cervantes poeta", al que ya hemos hecho referencia al inicio del trabajo, dirá:

"Lo cierto es que acaso el tema me deje hoy más frío y dudoso sobre las facultades poéticas de Cervantes. No quiero decir que dude de que fuera poeta, porque no me cabe duda de que lo era, y de los más altos que tuvimos; quiero decir que dudo acerca de si la capacidad suya poética, que, apareciéndonos con fuerza incomparable en sus obras de prosa, nos deje con igual convicción irresistible en respecto a las que escribiera en verso".19

Pero, no obstante, y a pesar de las dudas afirma:

"De Cervantes puede afirmarse por lo pronto, que maneja ambas formas de verso, lírico y dramático, con no inferior destreza ni menor saber técnico que aquellos con que los maneja, digamos, un Lope (!!!!).

(...) Cierto que Cervantes, como versificador, no pudo decirse que añadiera nada esencial al verso, en la historia de nuestra poesía"

El argumento de Cernuda nos sorprende, más todavía cuando prosigue:

..." Es que pudiera decirse de Lope que sí añadió algo esencial a nuestro verso, algo no existente antes de él?"20

Se mueve el poeta, pues, entre lo que la crítica establecida dice y lo que Cervantes le dice a él desde el punto de vista de la visión poética. El resto del artículo insistirá en determinadas composiciones poéticas que le parecen, cuanto menos, dignas de respecto. Hablará de Cervantes como iniciador de la poesía de meditación en España, emparentándolo con D. Miguel de Unamuno ( autor que, como sabemos, valorando sobremanera "El Quijote", valoraba tan poco a Cervantes) y nos propone que, por encima de todo, -retomando lo ya dicho sobre el papel a veces desorientador de la crítica-:

"Reconozcamos, al menos, que a Cervantes no le faltan "soltura, fluidez, dominio del verso"(...) y leamos ya sus versos con menos telarañas en los ojos, porque muchos dones líricos y saber de poeta hay en ellos, por desdeñado que su autor esté de propios y extraños."21

Maticemos, pues, su afirmación sobre las excelencias del Cervantes poeta que no se refieren tanto a su don versificador, aunque reivindica su habilidad, sino a su percepción de la realidad desde la visión poética que es propia a todo escritor, escriba en verso o en prosa. Y ello, en puridad, por poco que se conozca la obra cervantina, poco se le puede discutir a Cernuda.

 

3. Cernuda y El Quijote.

Mención aparte merece el tratar de señalar cómo ve el poeta la mayor creación cervantina. Es evidente que, a pesar de su afirmación de que la obra cervantina es una y se explica desde su totalidad, la figura de Don Quijote, por su entidad, por su ejemplaridad y por su trascendencia temporal y literaria, merece atención aparte y el propio Cernuda se la concede, ya que es a la única criatura cervantina a la que se refiere de forma específica. Veremos cuál es la valoración que de Don Quijote hará el poeta sevillano.

Para empezar, como es casi una costumbre en él, pretende desmarcarse de las lecturas anteriores que se hacen del Quijote, especialmente de las lecturas que hicieron sus inmediatos antecesores en el tiempo, esto es, la llamada Generación del 98, que elevan al personaje cervantino a la categoría de símbolo.

Tras un envenenado comentario sobre el hecho de que la generación anterior es "más rica en comentario estético que en creación artística" se queja de que tras su visión de la literatura española, aparezca siempre un punto de vista que califica de "sentimental y caprichoso, proyectando sobre aquélla (la literatura) su propia imagen." Del mismo modo le molesta la utilización del Quijote como símbolo para explicar la decadencia española, ya que según dice Cernuda:

"Hablar de decadencia nacional para explicar a Don Quijote, como hacen los de 1898, es confundir la vida con el arte (quizá Cernuda ofrece, no sé si con conciencia absoluta, uno de los reproches más acertados a la generación precedente a la suya). El fondo histórico sobre el cual éste se mueve puede condicionarle, pero nunca explicarle."22

Claro, si lo explicara, viene a decir Cernuda, el novelista se convertiría en historiador y a Cervantes, si algo no se le puede negar es justamente el concepto de novelista, la capacidad de trabajar con la realidad para trascenderla.

Cernuda no obstante, observador agudo, distingue entre las voces y los ecos y continúa:

"Pero esto, ya no es tanto actitud de las gentes de 1898 como de quiénes sin su inteligencia ni su cultura nos aturdieron los oídos con que les dolía España; y para curarse ese dolor, como antes se andaban a cristazo limpio con los herejes, ellos han andado (permitáseme lo absurdo de la expresión ) a españetazo limpio con quienes gozábamos de perfecta salud española y no nos dolía nuestra tierra en parte alguna, o si nos dolía, guardábamos ese dolor para nosotros mismos".23

Prosigue ironizando sobre la idea de Unamuno de salir en busca del sepulcro de D. Quijote, para llegar a una afirmación rotunda que nos acerca a la realidad de la verdadera relación del poeta con la obra:

"y si a Unamuno le molesta Cervantes, y pretende dejarlo a un lado, no pueden movernos las mismas razones a quienes sólo afecto, admiración y respecto sentimos hacia él. No tengo sino alargar mi brazo y alcanzar su libro para toparme con Don Quijote, hablándome y acompañándome como nadie de este mundo me habló ni me acompañó jamás. Lo abro, y la voz misma que respondía a la mía balbuciente por primera vez sobre unas páginas, la misma que respondió a mis sueños de juventud, vuelve a hablarme ahora. Pero ahora con un tono más grave y hondo, sin perder por eso su divina sonrisa."24

En este último aspecto queremos incidir, porque, una vez visto que es crítico ante la actitud de sus antecesores en la valoración del Quijote, debemos acercarnos a la propia valoración que de la obra hace el poeta, de la obra y del loco que la habita.

El primer aspecto que reivindicará Cernuda es la risa, y es muy a tener en cuenta en un autor con fama de hosco como el sevillano. Ya hemos visto cómo al valorar a Cervantes habla de la ironía y de la gracia como dos ingredientes básicos del buen cocinero literario y de ahí que, al margen de otros aspectos que no niega, reivindique la voluntad humorística de Cervantes al presentar al héroe: Escenas como la de la venta, dice Cernuda, sólo pueden incitar a la risa y eso es lo que pretende provocar su autor. Por lo tanto, asegura, no estaban equivocados los contemporáneos del Quijote al reírse de él. Lo que es novedoso, sin embargo, es que esa risa no nos lleve a considerar ridículo al héroe, sino a enamorarnos de él.

"Rara vez la calidad moral de un ser, real o ficticio es tan alta, que salga no sólo intacta sino engrandecida del lance que despierta nuestra risa. A través de las flaquezas que reímos en D. Quijote comenzamos a vislumbrar en el maduro hidalgo un alma juvenil, donde arde puro y vivo el fuego del entusiasmo apasionado."25

Y es aquí cuando el lector se enamora del personaje, e insistimos en el término del enamoramiento, porque siguiendo a Cernuda, este sentimiento que provoca constituye la característica principal del verdadero héroe novelesco:

"pobres héroes novelescos son los que no consiguen enamorarnos, porque ellos necesitan, como las criaturas vivas, atravesar una dura superficie de indiferencia y soledad para herirnos en lo más hondo de nuestro ser, prendiendo allá la chispa divina del amor, que nos une al fin con las criaturas, y a través de ellas con la creación toda".26

La relación, pues, de Cernuda respecto a Don Quijote es -aunque no lo afirme, lo explica con meridiana claridad- la del lector enamorado del personaje, y desde ahí irá desgranando los rasgos que le son amables.

En primer lugar, coincidiendo con el resto de la crítica, aceptará la evidencia de que Don Quijote como personaje se engrandece a lo largo de la novela, y lo que comienza siendo un antihéroe irrisorio, a pesar de seguir provocando la sonrisa, ya no es un antihéroe, sino un héroe al que le han cambiado su realidad. Porque para Cernuda, la llamada locura del héroe no es tanto una fatalidad de la mente como del espíritu. Cernuda basará esa locura en lo que llama un acuerdo tácito del héroe: "la decisión de no confrontar la realidad que él desea con la realidad ajena a su voluntad" y lo explica con un magnífico ejemplo: tras reconstruir la celada que se le había roto, crea una con nuevos materiales y "sin querer hacer nueva experiencia della, la disputó y tuvo por celada finísima de encaje". Es evidente que para utilizar términos especialmente gratos a Cernuda, ante la realidad y el deseo, el magno loco opta por no comprobar el grado de coincidencia que se da entre ambas. Prosigue Cernuda afirmando:

"Don Quijote es, pues, un loco en tanto que desdeña la experiencia práctica, porque, animado como está de grandes deseos ambiciosos, cree que de ningún tanteo práctico ha salido jamás obra grande y beneficiosa para la humanidad."

E insiste en que D. Quijote:

"Es un héroe, ya que sólo los héroes se lanzan a esa dura tarea de forjar para goce y provecho, una realidad que satisfaga los puros y altos deseos de justicia, verdad y amor."27

Ante ello, parece deducir Cernuda, poco importa que esos deseos tengan o no mucho que ver con la realidad y, desde luego, lo mejor es no confrontarlas.

Esta idea de la locura como grandeza, como huída de una realidad mezquina, más que como enfermedad de la mente, la considera más de una vez Cernuda y no sólo con referencia a D. Quijote, aunque siempre partiendo de él como personaje ejemplar. En el artículo ya citado sobre su admirado Galdós nos presta algunas de las ideas recurrentes sobre el tema:28

"Ahí es cuando aparecen entonces en su obra esa serie numerosa de reformadores, visionarios y locos que por ella desfilan como Ramón Villaamil, Guillermina Moreno, Ido del Sagrario, Máximo Rubín, Benigna, Nazarín, Alma, Angel Guerra y otros tantos de estirpe quijotesca.(...)"

Y sigue:

"Los propósitos generosos de aquéllos a quienes sus contemporáneos toman por dementes, traducidos al lenguaje ordinario y puestos en acción, pueden ser, a la larga, los que hagan marchar el mundo".

Locura, pues, como forma de reforma, sobre todo esa locura activa, que pretende vengar agravios y salvar indefensos, locura que engrandece a quién la padece frente a la locura ordinaria de quien se siente razonable.

Sin embargo, Cernuda no es un ingenuo y también ve otros aspectos de la locura, aunque no coincidan con la de estos locos insignes:

"claro que por la locura pura y simple, sin pruritos reformadores, busca también expresión para algunos rasgos del carácter español que nunca fue muy razonable que digamos"...pero es que "si ser loco no es razonable, ser demasiado razonable es el otro extremo que linda con la locura..."

Meridianamente claro a pesar de la aparente complejidad retórica: la locura es necesaria para las grandes empresas que nunca serían abordadas por un ser razonable capaz de medir hasta las últimas consecuencias los efectos de cada paso.

Para completar el análisis, cabría ver la valoración que Cernuda hace de las tan comentadas relaciones entre hidalgo y escudero: contrariamente a lo que ha venido comentándose hasta el momento en que habla Cernuda, que por otra parte se adelanta a opiniones posteriores en su valoración, no ve en la dualidad de los personajes la tan traída y llevada diferencia entre realidad e idealidad:

"ambos son de la misma sustancia espiritual, ambos son seres que , en grado diverso, creen en sus ideas más que en la realidad y quieren dar a ésta, forma en consonancia con el arquetipo que de ella existe en su propia fantasía".

Qué hombre realista podría creer a pies juntillas, como hace Sancho, que semejante hidalgo sea capaz de conseguir una ínsula y además dejar a un elemento como él de gobernador? De verdad se puede llamar a quién eso piensa con convencimiento un hombre realista? Cernuda cree que no y explica en qué se basa la diferente idealidad de uno y otro:

"lo que les separa es su diferente fuerza espiritual, tan rica en D. Quijote y tan pobre en Sancho (...) y muchas veces cuando su señor vacila desengañado de su heroico sueño, viene el escudero a consolarle, animándole a persistir en sus andanzas."

Y prosigue para acabar de dibujar la figura del escudero:

"Sancho quiere ser también uno de los buenos, no activamente, imponiéndose como tal a los demás, sino pasivamente, juntándose con aquéllos que lo son, ya que, como él dice: "Arrímate a los buenos y serás uno de ellos"".29

Cernuda concluye insistiendo en lo que ha sido su línea argumental, en lo que cree que da carácter de personaje novelesco a los dos protagonistas del libro:

"Como a los hombres en la vida, ni a Sancho ni a Don Quijote podemos incluirlos bajo una denominación exclusiva."

Exactamente como los hombres: no cabe mayor elogio para un personaje novelesco.

 

4. Cernuda, cervantino y quijotesco.

A modo de conclusión, unas palabras para precisar la íntima conexión que el poeta sevillano mantiene por afinidades ideológicas y personales con el autor de Don Quijote, e incluso con el personaje cervantino.

Posiblemente, Cernuda mismo no habría llegado a una conclusión clara al respecto, pero no podemos olvidar que muchas de las afirmaciones y defensas que hace del autor y del personaje lo acercan a sus propias convicciones íntimas.

Desde el punto de vista literario, algunas de las afirmaciones que hace quejándose de las actitudes que provocó en su día Cervantes corresponden a las ideas sobre la crítica que él mismo tuvo que soportar en su día como autor. Veamos alguna de estas opiniones, empezando por unas ideas sobre el autor y el lector:

"En otra ocasión he aludido a que me parecen existir, con respecto a la acogida que los lectores les dispensan, dos tipos de obras literarias: aquéllas que encuentran a su público hecho y aquéllas que necesitan que su público nazca. El gusto hacia las primeras existe ya, el de las segundas debe formarse"

Esto lo decía respecto a Galdós, lo insinúa frente a Cervantes y, si lo comparamos con su magnífico poema "A un poeta futuro", veremos que lo decía para sí mismo: tras la queja de cómo "disgusta a unos por frío y a los otros por raro", afirma:

"Cuando en días venideros, libre el hombre
Del mundo primitivo a que hemos vuelto
De tiniebla y de horror, lleve el destino
Tu mano hacia el volumen donde yazcan
Olvidados mis versos, y lo abras,
Yo sé que sentirás mi voz llegarte,
no de la letra vieja, mas del fondo
Vivo en tu entraña, con un afán sin nombre
Que tú dominarás. Escúchame y comprende.
En sus limbos mi alma quizá recuerde algo,
Y entonces en ti mismo mis sueños y deseos
Tendrán razón al fin , y habré vivido."30

Cernuda se siente, pues, a sí mismo, como Cervantes, como Galdós, creador cuyo lector no ha nacido todavía, y por supuesto, como Cervantes, maltratado por una crítica que no le entiende:

"Porque los contemporáneos, a lo menos en España, nunca saben lo que se pescan y sólo repiten, a tontas y a locas, la necedad formulada por el primer cretino que se entromete a opinar sobre lo que nada sabe ni entiende".

Si nos centramos en su divertido e irónico trabajo "El crítico, el amigo y el poeta" (1948), casi la única muestra de ironía -aunque un tanto envenenada- del autor, vemos claramente y además con un paralelismo que se ajusta especialmente a lo que queremos expresar, cómo afirmará frente al crítico ignorante y con ideas tan preconcebidas que pese a todos los intentos son inamovibles:

" Recuerda a Don Quijote, vencido, camino de su aldea, cuando, durmiendo en el campo, una piara de cerdos le pasa por encima? Nunca busco en Don Quijote más de lo que Cervantes dice; pero a pesar mío veo ahí una imagen de lo que con el poeta hacen los críticos."31

Hemos pasado con suavidad, casi sin darnos cuenta, de la posible identificación con Cervantes a la identificación con D. Quijote, pero es que no podía ser menos: si recordamos cuánto se ha dicho de la visión de la realidad de D. Quijote y lo comparamos con las palabras de Cernuda en "Palabras antes de una lectura" (1935), no nos queda ya ninguna duda:

"A partir de entonces comencé a distinguir una corriente simultánea y opuesta dentro de mí: hacia la realidad y contra la realidad, de atracción y de hostilidad hacia lo real. El deseo me llevaba hacia la realidad que se ofrecía ante mis ojos como si sólo con su posesión pudiera alcanzar certeza de mi propia vida. Mas como esa posesión jamás la he alcanzado sino de modo precario, de ahí la corriente contraria, de hostilidad ante el irónico atractivo de la realidad. Puesto que, según parece, ésa o parecida ha sido también la experiencia de algunos filósofos y poetas que admiro, con ello concluyo que la realidad exterior es un espejismo y lo único cierto, mi propio deseo de poseerla. Así, pues, la esencia del problema poético, a mi entender, la constituye el conflicto entre la realidad y deseo, entre apariencia y verdad, permitiéndonos alcanzar alguna vislumbre de la imagen completa del mundo que ignoramos, de la "idea divina del mundo que yace al fondo de la apariencia", según la frase de Fichte."32

Cernuda lo ha dicho todo, se nos ha convertido en "un quijote" que se diferencia del auténtico, de aquél que, construida la celada, prefiere no probarla para ver si en realidad funciona, en que a pesar de todo, él, Cernuda, no puede dejar de contrastar la apariencia y la verdad, y de ahí nace la desolación del poeta, la desolación de la quimera, ahora sin mayúscula, de quién pretende vivir la contradicción entre la realidad y el deseo, exactamente igual que el hidalgo manchego.

 

BIBLIOGRAFÍA

Luis Cernuda, "La realidad y el deseo 1924-1962". Ed. Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1964

- "Ocnos" Ed. Seix Barral, Barcelona, 1977

- "Poesía y Literatura I y II". Ed. Seix Barral. Colección Biblioteca Breve/Libros de Enlace, Barcelona, l971

"Miguel de Cervantes y los escritores del 27". Presentación y Selección de Ana Rodríguez Fischer. Anthropos, Monografías temáticas n l6, Barcelona, 1989

"Miguel de Cervantes, la invención poética de la novela moderna". Artículos de varios autores. Anthropos, revista de documentación científica de la cultura, n 98-99, Barcelona, 1989

"Don Quijote de la Mancha, la vida humana, libro, y acto de imaginación y creación". Artículos de varios autores; Anthropos, revista de documentación científica de la cultura, n 100, Barcelona,1989

Miguel de Cervantes Saavedra, "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha". Ed. Espasa Calpe, Col Austral, Madrid, 1965

-"Novelas Ejemplares I y II". Edición Harry Siebber, Ed. Cátedra, Madrid, 1992

 

Notas:

[1] Editado por Seix Barral en la Colección Biblioteca Breve de Bolsillo-Libros de Enlace (1971).

[2] La realidad y el deseo 1924-1962 Ed. Fondo de Cultura Económica. Novena reimpresión en España, 1985. Pág.338 "Díptico Español"

[3] Irá incluso más allá, en Ocnos (Ed. Seix Barral 1977), concretamente en el texto que titula "El acorde" dirá Cernuda:"nada puedes percibir, querer ni entender si no entra en ti primero por el sexo, de ahí al corazón y luego a la mente." Pongamos en paréntesis la preeminencia del aspecto sexual en el campo literario que es en el que nos estamos centrando, pero veamos cual es el camino que señala para su forma de entendimiento y de percepción: del corazón a la mente.

[4] Op. Cit. pág. 133

[5] Poesía y Literatura I y II. Ed. citada pág. 349

[6] "Poesía y Literatura I y II" Ed. cit. Pág. 221-222

[7] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Cit. Pág 245

[8] "Poesía y literatura I y II" Ed. cit. Pág 224

[9] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Cit. Pág.240

[10] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Cit. Pág. 240

[11] "Poesía y Literatura I y II" Ed. cit. pág.63

[12] "Novelas Ejemplares I, II" Ed. Cátedra, pág.

[13] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Cit. Pág. 233

[14] "Poesía y literatura I y II" Ed. cit. pág. 235

[15] "Poesía y Literatura I yII " Ed. Cit. pág. 235

[16] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Cit. Pág. 243

[17] "Poesía y LiteraturaI y II" Ed. Cit. pág. 366

[18] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Cit. pág. 243

[19] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Cit. Pág. 246

[20] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Cit. pág. 247-248

[21] "Poesía y Literatura I y II " Ed. cit. pag. 255-256

[22] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Cit. pág 224

[23] Poesía y Literatura I y II" Ed. cit. Pág. 225

[24] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Cit. Pág. 226

[25] "Poesía y Literatura I Y II" Ed. Cit. pág. 228-229

[26] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Cit. pág. 231

[27] "Poesía y Literatura I y II" Ed.cit. pág. 239

[28] "Poesía y Literatura I y II" . 65.

[29] "Poesía y Literatura I y II" Ed. cit. pág 236-237

[30] "La realidad y el deseo " 1924-1962. Ed. Fondo de Cultura Económica, Méjico 1958. "A un poeta futuro" págs.206-209

[31] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Cit. pág. 175

[32] "Poesía y Literatura I y II" Ed. Citada. Artículo "Palabras antes de una Lectura" Págs. 151-156

 

© Gloria López Forcén 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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