Los diarios de Alejandra Pizarnik:
censura y traición

Patricia Venti*


 

   
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El carácter público del texto autobiográfico es la principal causa que promueve su censura; basta revisar la bibliografía de diarios y cartas publicados, nos dice Arriaga Flórez1, para comprobar la mutilación que han sufrido antes de su edición. Los familiares, albaceas literarios, etc., intervienen, recomponen, vetan, alteran el manuscrito no solo suprimiendo nombres, referencias de terceras personas, sino también censurando al propio escritor. El libro que llega a manos del lector es un texto reconstruido al gusto del mercado y según la ideología de la casa editora.

Con los diarios de Pizarnik, han ocurridos dos cosas: primero, cuando la autora regresó a Buenos Aires, quiso reescribir algunas entradas para publicarlas en revistas literarias y segundo, después de 30 años de su muerte, su albacea ha suprimido más de 120 entradas, además de excluir casi por completo el año 1971, y en su totalidad el año 72. Las omisiones están distribuidas a lo largo del diario, cuya materia suele referirse a temas sexuales o íntimos. También se excluyeron fragmentos de textos narrativos que muestran las costuras de la escritura, que a posteriori serán reelaborados para su publicación. La edición de Lumen siguió el modelo editorial que empleó Leonard Woolf, basado en tres tipos de fragmentos. En la primera se encuentran ciertos párrafos en los que se utiliza el diario como método para practicar o ensayar su arte literario. En la segunda, tenemos unos pasajes que a la autora le servían de materia prima para escribir. Y en tercer lugar, comentarios de libros que estaba leyendo. Así mismo, el marido de V.Woolf decidió no indicar las omisiones alegando que “los puntos suspensivos hubieran fatigado al lector”, también en este punto coinciden.

A partir del año 54, la escritora argentina comenzó a llevar un diario y alrededor de 1965, seleccionó las entradas de los años que vivió en París -cuatro en total- y los modificó casi en su totalidad. El texto reescrito es una especie de “autoedición” que, parece tener dos objetivos: uno personal y otro literario. A nivel personal, eliminó las referencias sobre su madre y lo que estaba “pasado y acabado” a nivel personal se convirtió en material literario. Hubo dos publicaciones, la primera, “Diario 1960-1961”2, cuyas dieciocho prosas poéticas, en su mayoría breves, formaban parte de un proyecto más ambicioso: “...una especie de diario dirigido a (supongamos Andrea), es decir: no serían cartas ni un diario común. Podría estar dividido en dos o tres partes. Una dedicada al amor, la otra a la angustia, la tercera a mon dieu!!.”3 El material original se redujo a un resumen con dieciocho entradas que recogía retazos de una escritura hecha día a día. La primera fechada el 1 de noviembre de 1960, dice: “Falta mi vida, falto a mi vida, me fui con ese rostro que no encuentro que no recuerdo”. Y la última, del 14 de enero de 1961: “Soñé con Rimbaud. Par litterature, j’ai perdu ma vie”. El narrador hace un recuento de sus fracasos, dolencias psicosomáticas, y derrotas amorosas. Pizarnik biográfica, se convierte en personaje y a la postre en mito de si misma. La segunda, “Fragmentos de un diario, París, 1962-1963”4 son anotaciones despojadas de lo confesional y convertidas en complicados aforismos literarios. La exigencia formal, casi perfecta, desvirtúa lo que se cuenta y rompe la apariencia de lo real. De la misma manera, no hay crescendo en los pensamientos y visiones, sino un conjunto de espejismos contrapuestos.

En el caso de la edición póstuma5, tenemos que la selección de sus diarios (1954-1971) se hizo siguiendo el criterio de Myriam Pizarnik, hermana de Alejandra y legataria de su obra, quien exigió que se hiciera una selección de fragmentos de contenido literario evitando las referencias a la vida privada de la escritora y de las personas mencionadas. Así en el prólogo de la edición 2003 se dice lo siguiente: “He tenido en cuenta el principio de respeto a la intimidad de terceras personas nombradas, aún vivas, y a la intimidad de la propia diarista y de su familia”6. Los argumentos de Becciu no satisfacen el rigor de los criterios filológicos, ni tampoco las exigencias de una edición “memorable”. En primer lugar porque no se sabe exactamente qué criterios sigue para excluir por completo fragmentos de la versión original por entradas corregidas por Pizarnik. El cuaderno que abarca los años «1962-1964», alega la editora, fue concebido para ser publicado y que “podría considerarse la fase final de reescritura”; en vista de lo cual, la albacea literaria decide pegar los fragmentos trabajados al texto original, produciendo al final un collage o en el mejor de los casos un palimpsesto. En segundo lugar, como bien lo señala Nora Catelli, el carácter supuestamente hiriente de determinados pasajes no es razón suficiente para suprimirlos, si se tiene en cuenta que han transcurrido treinta años desde su fallecimiento. La mutilación de un corpus diarístico puede hacerse, pero ello a condición de anunciar y explicar los criterios de selección con claridad en el prólogo. En el caso de Virginia Woolf, su marido lo expurgó antes de su edición, pero él nos dio explicaciones del por qué de una primera versión censurada: “...casi siempre es un error publicar parcialmente diarios o correspondencia, de manera principal cuando las omisiones se efectúan con la finalidad de proteger la sensibilidad o la reputación de personas vivas. Casi siempre, las omisiones alteran u ocultan la verdadera personalidad del autor del diaria o de la correspondencia y dan lugar un cuadro académico, en el plano material, al eliminar arrugas, granos, ceños y asperezas. En el mejor de los casos, e incluso tratándose de diarios sin expurgar, nos dan un retrato deformado o parcial del autor, debido a que, tal como Virginia Woolf advierte en este diario, fácilmente se incurre en la costumbre de hacer constar un determinado estado de ánimo como, por ejemplo, el de irritación o de infelicidad, y de no escribir el diario cuando se experimentan estados de ánimo opuestos. En consecuencia, el retrato es, desde el principio, desequilibrado y entonces, si otra persona deliberadamente elimina otro rasgo del autor, el retrato se transforma en una simple caricatura”7. La afirmación de que el Diario publicado no es un “relato de vida” sino un “diario literario” - además de justificar la señalada censura previa - es una tergiversación que la propia lectura de los textos seleccionados se encarga de desmentir en más de una entrada.8

Arriaga Flórez9 encuentra que los diarios publicados de forma póstuma sin el consentimiento previo del autor, son textos “violados” en su fuero interno y llegan a convertirse en literatura “a través de una triple traición: a la voluntad del autor, al carácter efímero y contingente del texto y por último, a su secreto”. La edición de Lumen cumple esa triple tradición a la vez que sus cambios en el corpus original pertenecen a tres categorías: algunos son a nivel personal, otros ideológicos y otros a la esfera del mecenazgo. En el ámbito personal se eliminan referencias “poco amables” a amigos y miembros de la familia. Así como comentarios denigrantes a personas relacionas afectivamente con ella. Lo íntimo interfiere, obviamente con lo literario. O, si se desea, los editores deciden ceder ante un tipo de restricciones ideológica. Se han omitido ciertas líneas que pueden ser importantes para la (auto) construcción del personaje. El tema del sexo sirve de enlace entre lo personal y lo ideológico.

La editora adaptó el manuscrito del diario a las limitaciones que le impuso la esfera del mecenazgo, -la editorial Lumen en este caso- que seguramente respondiendo a un estudio de mercado, “sugirió” suprimir pasajes que pudieran ofender la moral del lector de clase media. Dentro de las omisiones más ideológicas destacan las referencias a sus relaciones lesbicas, pasajes con fuertes connotaciones sexuales y violencia física. Es aquí donde podemos concebir el texto como la metáfora del cuerpo, de la que se le amputa una parte más o menos vital. Así es que, en cierto sentido, omitir las supresiones es (aunque sea por silepsis) preservar una integridad. Ese recorte es el que aspira a ser canonizado.

Otro defecto de la presente edición, es la falta de información acerca de las personas, lugares, instituciones, libros y revistas, etc., citados en el cuerpo textual, con excepción de algunas notas del editor que aparecen desordenadas o no tienen la mayor relevancia. También se han cambiado las fechas originales de numerosas entradas del diario. Tampoco el lector ni el crítico, disponen de un índice de nombres y de obras citadas. Resulta, en consecuencia, imposible leer los Diarios sin tener al lado una buena biografía al lado, sobretodo porque carece de una cronología bio-bibliográfica.

 

Notas:

[1] Arriaga Flórez, Mi amor, mi juez, opus cit., p.18

[2] Pizarnik,Alejandra, “Diario 1960-1961” Mito. Bogotá, 7 (39-40): 110-115, Dic, 1961, Ene-Feb, 1962.

[3] Pizarnik, Alejandra, Diarios. opus cit., p. 30

[4] En 1964 aparecieron una selección de estos fragmentos en Poesía=Poesía y Les Lettres Nouvelles.

[5] Pizarnik escribió entre 1954 y 1972 veinte cuadernos, seis legajos de hojas mecanografiadas y varias hojas sueltas con correcciones hechas a mano. Los originales se encuentran depositados en la biblioteca de la Universidad de Princeton, New Jersey, USA.

[6] Pizarnik, Diarios, opus cit., p. 9

[7] Woolf, Virginia, Diarios. Barcelona, Editorial Lumen, 1999, p.

[8] La editora legitima su selección y censura basándose en la “intensión” de A. P. de preparar una versión literaria de sus cuadernos autobiográficos: “Para la presente edición me he guiado por el deseo de Alejandra Pizarnik, expresado verbalmente en la tarde del domingo 24 de septiembre de 1972, cuando fui a su casa de la calle Montevideo 980. Estuvimos conversando un buen rato y en un momento dado, refiriéndose a sus diarios, dijo que había estado pensando en que le gustaría que se hiciera una selección para publicarla un día como un diario de escritora”.(Becciu., “prólogo” en Diarios, opus cit., p. 7) Sin embargo, sabemos que la autora en muchas entradas desmiente la intencionalidad de hacer de sus cuadernos un diario de escritora, parece más bien destinados a servir de refugio “intimo” o morada: “Cuando se trata de prosa entro en la confusión. Pero podría empezar con cuentos muy breves. No, yo quiero un refugio. El refugio es una obra en forma de morada. ¿Acaso no lo es este -digamos- «diario»?”(Pizarnik., Diarios, opus cit., p.368)

[9] Arriaga Flórez, Mi amor, mi juez, opus cit., p.38.

 

[*] Patricia Venti (Venezuela) es Licenciada en Letras por la Universidad de Zulia (Maracaibo, Venezuela); realiza en la actualidad su tesis de doctorado en la UCM, becada por la Fundación CajaMadrid, sobre Alejandra Pizarnik.

 

© Patricia Venti 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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