Así que pasen cinco años, de Federico García Lorca

María Elvira Luna Escudero-Alie
The Johns Hopkins U./SAIS y Howard University
Literature_courses@yahoo.com


 

   
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A Maruja Escudero de Luna, por todos sus talismanes.

“El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre”.
Federido García Lorca.

 

Así que pasen cinco años, Leyenda del tiempo en tres actos y cinco cuadros, (1931), del célebre poeta y dramaturgo español, Federico García Lorca (1898-1936), es una obra teatral con veintidós personajes, caracterizada por su dimensión polivalente, experimental, su aura surrealista, y ese lirismo esplendoroso, travieso y burbujeante que recorre urgente y apasionado la obra de Lorca. Esta compleja y fascinante pieza teatral lorquiana, adelantada a su época, nos presenta una multitud de interesantes símbolos, quehan sido frecuentemente analizados bajo el prisma del psicoanálisis. En estas breves líneas, yo me ocuparé solamente, de la simbología de los astros que aparecen en esta obra construida, como bien apunta el Dr. Juan Antonio Rodríguez Pagán, “con la libertad de un poema”.

Los fenómenos de la naturaleza que surgen y enmarcan esta pieza teatral son varios: la tormenta, los truenos, las nubes, los rayos, la lluvia, la escarcha, la nieve, el rocío, etc. Los astros en cambio, no son muchos; pero su importancia sí que es considerable. A saber, el sol aparece alrededor de tres veces en toda la obra, en tanto que la presencia de la luna es mucho más destacada, pues la hallamos por lo menos trece veces, la mayor parte de éstas, en el segundo acto. Siguiendo a Cirlot, diré que el sol representa la energía vital, lo masculino, la razón, la luz, y la luna, en cambio; lo femenino que será por contraposición: lo mágico e intuitivo, lo pasivo, lo fúnebre y yerto; la muerte.

Es interesante notar que incluso cuando aparece el astro sol en el primer acto, cuando el niño le dice al gato-gata: “Yo iré solo muy despacio, después me dejarás mirar el sol… Muy poco, con un rayo me contento” (p.386), la corriente que fluye no es luminosa; pues se percibe un tono más bien misterioso y nefasto en las palabras del niño, quien además, para enfatizar en esta suerte de clima lúgubre, es un aparecido.

En el tercer acto, la Mecanógrafa duda del poder luminoso del sol y le dice al Joven: “Sí; que el sol es un milano. Mejor: un halcón de vidrio. No: que el sol es un tronco, y tú, la sombra de un río. ¿Cómo, si me abrazas, di, no nacen juncos y lirios, y no destiñen tusbrazos el color de mis vestidos? Amor, déjame en el monte harta de nube y de rocío, para verte grande y triste cubrir un cielo dormido”. (p.437-438).

Como podemos ver, en general, el sol no tiene en la obra, connotaciones positivas. Podría decirse que el sol está dominado por la luna, que es presa de su yugo, que ésta lo envuelve y avasalla, no sólo porque aparece una decena de veces más, sino porque todos los personajes y todas las atmósferas parecen estar regidos por la luna, y aquí es interesante destacar que incluso el Padre de la Novia se ocupa de la astronomía.

En el acto segundo, en la explicación previa al diálogo del segundo acto hay la siguiente indicación: “los balcones están abiertos y por ellos entra la luna” (p.396).

Podríamos decir que la intención es clara; la luna dominará la casa, que es el universo de los personajes; la luna impregna de su luz gris la atmósfera de la casa-universo; la luna influirá también en el ánimo de los personajes; la luna pues, reinará definitivamente en este segundo acto.

La Criada le cuenta a la Novia lo siguiente: “En mi pueblo había un muchacho que subía a la torre de la iglesia para mirar más de cerca la luna, y su novia lo despidió.(...) “Decía que veía en la luna el retrato de su novia” (p.403). Aquí hay una premonición; y también una identificación espantosa; la Novia como la luna, y la luna como la muerte. El Padre desencantado de la actitud de su hija, voluble como el astro lunar, predice temeroso: “Esta noche hay un eclipse de luna”. (p.406). El Joven le replica a la Novia en cuanto ésta rompe su compromiso con él porque “se quiere quemar en otro fuego” (p. 411), y luego le comenta airada que nunca tuvo trenzas, destruyendo así, en un arrebato de furor, la imagen más dulce que el desolado Joven recuerda de ella, (al cabo de cinco años de espera amorosa): “Sería la luz de la luna. Sería el aire cuajado de bocas para besar tu cabeza.” (p.409). El Joven entonces, le atribuye a la luna poderes mágicos; es la luz de la luna la que le hizo ver trenzas donde no había. Sabemos sin embargo que la Novia se cortó las trenzas, precisamente porque le gustaban mucho a su novio.

Más adelante el Joven entre imperioso y suplicante le dice a su ex-Novia: “No es tu engaño lo que me duele. Tú no eres mala. Tú no significas nada. Es mi tesoro perdido. Es mi amor sin objeto. ¡Pero vendrás! (....) Para que no muera. ¿lo oyes? Para que no muera.” (p.413).

Luego tenemos nuevamente la presencia insistente de la luna, en las recomendaciones para el clima de la escena:‘‘La luz de la escena se oscurece. Las bombillas de los ángeles toman una luz azul. Por los balcones vuelve a entrar una luz de luna que va en aumento hasta el final. Se oye un gemido”. (p.415.).

El Maniquí por su parte, canta y llora, anunciando la desgracia, como el Coro de las tragedias griegas:‘‘¿Quién usará la plata buena de la novia chiquita y morena? Mi cola se pierde por el mar y la luna lleva puesta mi corona de azahar”. (p.416). El Joven hace eco del Maniquí, y repite trémulo: “Y la luna llevará en vilo tu corona de azahar”, (p. 417), y luego, el Joven le dice melancólicamente al Maniquí: “Antes que la roja luna limpie con sangre de eclipse la perfección de su curva, traeré temblando de amor mi propia mujer desnuda.”(p. 421). Observemos entonces el carácter negativo e incluso tétrico que se le atribuye a la luna, y a su carencia de luz. Podríamos tal vez parafrasear estas líneas así: “Antes que me alcance la muerte, conseguiré ser amado”.

El Viejo le dice más tarde, en el tercer acto, a la Mecanógrafa, refiriéndose al Joven: “Porque si él tiene veinte años, puede tener veinte lunas” (p.442), y como en distintas ocasiones se da en esta obra la identificación de la luna con la muerte, podríamos recitar también estas líneas así: “Porque si él tiene veinte años, puede tener veinte muertes”.

El Payaso hablando luego con el Arlequín dirá: “Lunas y mares sin abrir. Quedan atrás.”(p.445). Quizás podríamos parafrasear estas líneas de la siguiente manera: “Muertes y promesas o esperanzas sin cumplir, se diluyen”. El Joven regresará al espacio perdido de su niñez para decir: “(...)Recuerdo que, siendo niño, vi nacer una luna enorme detrás de la barandilla de sus pies…¿O fue por los hierros del balcón. No sé. ¿Dónde está?” (p.450). Y finalmente, el Joven, ya agonizante dirá: “Sí, sí. Un poco de chartreuse. El chartreuse es como una gran noche de luna verde dentro de un castillo donde hay un joven con unas algas de oro.” (p.457).

Queda claro entonces, que la luna está presente en todos los ambientes, que acompaña al Joven incluso en el momento de su muerte. La luna pinta el paisaje interior de la casa y el espíritu mustio de los que transitan por ella de una luz mortecina; la única que es capaz de brindar. La luna está en todos los espacios; ocupa el espacio exterior y el interior también. La Novia puede ser identificada también como la luna y por ende la muerte. El ol ha sido ya derrotado por este poder mágico y nefasto de la luna; el astro-sombra. Los personajes no tienen luz, no tienen energía, ya no hay mañana para ellos, han sido reducidos al nivel de casi sombras que deambulan sin norte hacia lo único que les es dado experimentar ya, la muerte. La luna, entonces connota ese espacio sombrío, lo mágico y lo oscuro; aquello desprovisto de vida, la mismísima muerte.

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Cirlot, Juan-Eduardo. Diccionario de Símbolos. Editorial Labor, Barcelona, 1992.

García Lorca, Federico. Obras Completas, II tomo. Editorial Aguilar, Madrid: 1977.

Rodríguez, Juan Antonio. Lorca: poeta dramático. Versión en la red del artículo de la Revista Exégesis, Puerto Rico, año 10, volumen 27.

 

© María Elvira Luna Escudero-Alie 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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