Josep Palau i Fabre, la voz subversiva del alquimista

Francisco Ruiz Soriano


 

   
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Josep Palau i Fabre, poeta barcelonés nacido en 1917, es uno de los máximos representantes de la poesía catalana de postguerra por la capacidad de asumir una tradición y, a su vez, subvertir y romper unos modelos impuestos en busca de nuevas formas de innovación poética. Como muchos de los grandes maestros de la literatura catalana contemporánea, Carles Riba o J.V. Foix, Palau i Fabre se mueve entre la tradición y la renovación vanguardista, pero la capacidad de subversión termina por dominarlo todo hasta el punto de abrir nuevos espacios poéticos y humanos jugando con los estilos, la métrica y el desdoblamiento del poeta en la escritura, no sin ahondar con ironía y amargura existencial en la crisis de la sociedad moderna como hicieron movimientos vanguardistas de postguerra entre los que cabe citar el surrealismo lúdico que encarnó el Postismo en la literatura española o la Generación Beat en la norteamericana, porque Palau i Fabre tiene mucho de outsider como Carlos Edmundo de Ory o Álvarez Ortega, poetas que van a contracorriente en el mar de estilos literarios predominantes de la segunda mitad del siglo XX, o que hacen de su vida y de su poesía una manifestación de su forma de ser y entender la existencia.

Esta unión de Vida y Poesía -proyecto común en todo gran artista de la modernidad- se puede vislumbrar en Poemes de l’Alquimista (1952), magna obra que recoge poemarios publicados desde su incipientes tanteos literarios en 1936 hasta el cierre del ciclo en 1952, tras su autoexilio parisino, convirtiéndose el poemario en una especie de autobiografía del propio Palau que va mostrando en sus versos ese recorrido hacia los infiernos del ser a través de la literatura, trayectoria vital y poética que abarcaría tanto el inicio de un aprendiz de poeta -con todo lo que significa de la asunción de una tradición literaria- como la ruptura y destrucción de esos modelos poéticos en pos de nuevas vías imaginativas, bajo el cedazo estético de la vanguardia y el existencialismo radical, mientras el poeta indaga en la desolación del ser humano a la vez que desentraña otras vías ideológicas y estéticas de penetrar en el arte: desde el retorno a lo primigenio hasta la reivindicación de otras facetas más oscuras y misteriosas del ser humano, desde el orientalismo y la alquimia hasta la experimentación con las formas poéticas en un juego de infinitas perspectivas (aforismos, poemas en prosa, teoría de colores, mimesis, laberintos, poemas dramáticos, cuentos alegóricos y desdoblamientos poéticos donde el escritor lleva hasta sus últimas consecuencias la idea de imitatio clásica, etc).

Todo ello representa un nuevo punto de vista y de posicionamiento crítico frente al pensamiento occidental; porque en ese intento de recuperar el arte total que conlleva la vanguardia se esconde la idea de libertad y de dar una nueva esperanza al ser humano, de retornar a aquella unidad bipolar del hombre perdida tras años de religión cristiana, racionalismo cartesiano y deshumanización tecnológica, para volver de nuevo la mirada hacia oriente y el budismo en un intento de rescate de la esencia humana originaria. El poeta busca esa nueva espiritualidad que también otros poetas surrealistas como Antonin Artaud propugnaron, parangón de una indagación existencial y artística que otros movimientos estéticos de postguerra realizaron a su vez, buen ejemplo fueron los artistas integrantes de Dau al Set o poetas franceses como Michaux, Leris, Ponge o Bonnefoy sin ir mas lejos. En esta actitud crítica y toma de consciencia rebelde, en este poner en solfa un punto de vista monolítico de la moral burguesa, es donde Palau i Fabre entronca con los grandes poetas que admira: Baudelaire, Rimbaud y Artaud, además se su pasión por grandes artistas como Picasso, a quien ha dedicado numerosos estudios: Vides de Picasso (1962), Picasso (1963), Doble ensayo sobre Picasso (1964), Picasso a Catalunya (1967), Picasso i els seus amics catalans (1971), Homenatge a Picasso (1972), El Guernika de Picasso (1979) etc, hasta su monumental Picasso vivent (1981).

Dramaturgo, ensayista, crítico de arte y narrador -muchos de sus cuentos fueron recogidos en su magno Contes de capçalera (1995)- se podría situar entre los escritores de la República o Generación de la Guerra Civil por publicar sus primeras obras a mediados de los años treinta, junto a una serie de poetas como Agustí Bartra que se vivieron influidos por las vanguardias y el neorromanticismo como forma de posicionamiento ante la realidad y la literatura novecentista dominada por el magisterio de Josep Carner, Manent o Eugeni d’Ors; así, para Palau i Fabre la vanguardia llega a ser una opción vital y estética, una forma de lucha y un posicionamiento entre clasicismo y transgresión en busca de nuevas perspectivas estéticas y formas de imaginación, de forma que el poeta se convertirá con los años y frente al predominio de una poesía clasicista y neorrealista, en un guía para las nuevas generaciones de poetas de los setenta como Xavier Bru de Sala, que junto a experimentales como Joan Brossa, fueron ejemplo a seguir por el empleo de un lenguaje fresco que junto a la libertad imaginativa modernizó la literatura y la lengua de este país, anclada todavía en el perfeccionismo excelso de los postsimbolistas. Componente de esa segunda vanguardia catalana de los años cuarenta que vio en J.V. Foix un maestro, Palau como muchos de sus coetáneos de Dau al Set y de la vertiente más surreal del grupo Ariel (Perucho o Sarsanedas) abogaron por el arte total y vieron en el surrealismo esa vía de escape, hicieron del desorden y el caos un baluarte de libertad y apoyo para sus opciones estéticas y vitales.

Director de revistas como Poesia (1944-5), Palau intentó entroncar con la vertiente vanguardista de antes de la guerra que representaron publicaciones míticas como: L’Amic de les Arts de Carbonell i Gener (1926-29) donde colaboraron surrealistas como Dalí, Miró, J.V. Foix o Sebastiá Gasch; Revista de Poesia (1925-7) de Marià Manent; o los Quaderns de Poesia (1935-6) que dirigieron Teixidó, Riba, Garcés, Foix y Manent mismo. Palau rescató perfectamente esa tradición vanguardista catalana a la vez que daba a conocer nuevas corrientes europeas al incluir en su publicación traducciones de poetas franceses surrealistas y presentar un fuerte aparato crítico que se interesaba por el arte moderno y reflexionaba sobre el fenómeno poético, buen ejemplo son textos del propio Palau como “El mèdium” o “Crear, traducir” que presentaban ya cierto aire de manifiesto estético donde definía la poesía como el arte de traducir la vida y, en última instancia, “Conocimiento que nos acerca al Absoluto”:

Totes les poesies són traduccions. Toda poesia és la traducció d’un poema viu engendrat en l’esperit. aquest original és inassolible; resta sempre inèdit. La poesia és, per tant, l’art de traduir la vida de l’esperit mitjançant l’esperit. Operació doble on malícia i ingenuïtat són una mateixa cosa, on la intel.ligència i l’instint es confonen, on el bé i el mal desapareixen. Operació completa, per tant; total. La més pròxima a una Coneixença, la que ens acosta més a l’absolut.
Poesia, nº4, 1944.

Más tarde colaboraría en la dirección de Ariel (1946-51) junto a Josep Romeu, Miquel Tarradell, Joan Triadú o Federic-Pau Verrié, otra de las revistas fundamentales para la recuperación de la cultura catalana, a la que luego se incorporarían críticos y escritores como Alexandre Cirili Pellicer, Joan Perucho o Jordi Sarsanedas con los que compartió una visión de la literatura como espacio de la imaginación, la vanguardia como un revulsivo transgresor de la situación del momento, parangón de lo que en pintura estaban realizando Tàpies, Cuixart o Pons.

Es en esa búsqueda de una tradición y, a la vez, la subversión de unos modelos con una nueva interpretación de éstos, donde cabe situar Poemes de l’Alquimista, recopilación de varios libros que el poeta estructura como un viaje existencial y poético por la experiencia de la identidad del yo y del propio lenguaje literario. Los poemas verán la luz en el año 1952 de forma clandestina en París, para despistar la censura, como muy bien señaló Joan Triadú en su Poesía catalana de postguerra (1985), el libro fue impreso sin permiso oficial, en Barcelona, dentro de la colección “Els llibres de l’Óssa Menor” al cuidado de Josep Pedreira; luego aparecerían una segunda edición en 1972 con sintomáticas supresiones por la censura y una tercera en 1977 donde se restauraría las composiciones y versos eliminados, hasta que en octubre de 1997 el autor establecería su versión definitiva en la Editorial Proa de Barcelona.

Formado por cinco libros: L’aprenent de poeta, L’alienat, Càncer, Laberint y Atzucac (“El aprendiz de poeta”, “El enajenado”, “Cáncer”, “Laberinto” y “Callejón sin salida”), el poemario se acompaña de unas “notas” donde el autor explica y da algunas indicaciones de la obra, tendencia al ensayo complementaria del poemario que muestra también esa faceta reflexiva y crítica de Palau i Fabre que dará a conocer en recopilaciones como La tragèdia o el llenguatge de la llibertat (1961), Quaderns de l’Alquimista (1977) o Quaderns inèdits de l’Alquimista (1991), conjunto de textos donde recoge meditaciones estéticas y existenciales en las que subyacen el magisterio y la admiración por Ramon Llull, Shakespeare, Picasso, Rimbaud, Van Gogh y otros grandes escritores como Artaud a quien le dedicará también un ensayo fundamental Antonin Artaud i la revolta del teatre modern (1976).

Palau i Fabre presenta la idea de la alquimia como un medio de alcanzar la unión de Poesía y Vida, la destilación de un arte total que dé cuenta de la experiencia del ser humano, búsqueda sagrada y mística que intenta llegar a la esencialidad de esa totalidad; la poesía se convierte entonces en una iniciación, en un ritual de autoconocimiento de los misterios últimos de la existencia. El poemario va a plasmar ese viaje argonáutico donde el toisón de oro no es otra cosa que la propia experiencia y el conocimiento sufrido; uno a uno, el poeta va desentrañando sus pasos iniciáticos de carácter estético y vital desde un inicial “Aprendiz de poeta” hasta la catábasis a los infiernos del ser que representa “Cáncer”, para terminar con una “Despedida” que es ese “Callejón sin salida” hacia la muerte irremediable de la vida humana, puesto que el hombre es un “animal que es busca” como señala el propio poeta en la introducción al poemario, búsqueda de sí mismo y desintegración del yo en pos de la exploración de un universo de libertad siempre tratando de romper tiempo y espacio como malditas construcciones sobre la tierra, como ideas básicas que recorren una obra supurante de rebeldía amarga.

El primer libro, L’aprenent de poeta, está ligado a la idea de iniciación juvenil a la poesía, de retrato de artista adolescente donde el aprendiz se ve iluminado por los destellos y el magisterio de la poesía oficial novecentista, son esos Epigrames daurats composiciones en torno a 1936 que muestran la influencia de la lectura del libro de Marià Manent L’aire daurat (1928); poemas breves y de plenitud emocional donde predomina la metáfora esencial que se van contraponiendo en forma dialéctica a poemas algo más largos también de tendencia amorosa (“Excés de la primavera” o “Cançó de la noia que habita el cor”) donde el poeta intenta retratar impresiones que en la sección “Alba dels ulls” se centran ya en cuadros y pintores determinados, ideales de belleza clásica o paisajes de armonía que marcan el magisterio a seguir: “Testa d’Hipnos” de Perugia, “Autoretrat” de Francesc Gimeno, “La naixença de Venus” de Botticelli, “Nàpols” de Marquet, “Helena Fourment en vestit de noces” de Rubens, incluso “Imatge de Gala” de Salvador Dalí; todo ha sido una especie de ekfrasis donde se recorre la historia del arte, verdadero ejemplo de victoria sobre la muerte, ya que la cita de Ausiàs March que introduce el libro señala esa brevedad de la vida frente a la inmortalidad del arte, al menos, como plasmación del instante de belleza para la eternidad (“La vida és breu e l’art se mostra llonga”), pero también de modelos estéticos para el joven aprendiz, ejemplos de cierta armonía clásica que esconden ya la semilla de la subversión por la presencia de ciertos tonos decadentistas que rompen el ideal de pureza que anhela todo novel escritor.

En esa búsqueda de la esencialidad se encuentra “Pedra” dedicado a filósofo Xavier Zubiri, del que fue alumno Palau en la Universidad de Barcelona a principios de los años cuarenta, el poema muestra el intento de llegar a la esencia de las cosas, esa vertiente juanramoniana donde el nombrar poético es la cosa misma que las palabras evocan en ese anhelo de alcanzar la esencia pura; bajo la filosofía de Zubiri llega el espíritu a la apropiación mimética de la cosa al pensarse y decirse, aprehensión de la realidad por el espíritu que conduce a la identificación con esa realidad:

Dura com l’aigua dura.
Arrel d’ella mateixa.
En èxtasi perenne
la pedra perpetua
la pedra, imatge pura,
i la idea de pedra
se’ns fa del tot madura.1

El mimetismo implica una identificación y conocimiento, pero también búsqueda de nuevos caminos en ese acercamiento a la naturaleza y las cosas, una nueva visión de la realidad.

Por otro lado, Zubiri también le transmitiría esa idea de “ser arrojado en el mundo” que está presente en Aranguren y en casi toda la Generación de la República o del 36 como característica definidora de estos poetas, además de ese retorno a lo humano cotidiano. Fueron escritores arrojados a la cárcel, al destierro y a la vida misma, en una sensación de exilio interior y desolación que se traduce en esos conceptos de alienación y desintegración del yo que subyacen en el poeta y que se presenta en una necesidad de construirse un nuevo yo, de restituirse una personalidad propia por las relaciones con las cosas y los seres. Esta mimesis conduce al poeta a los asideros de una tradición que subvierte en pos de unos valores de imaginación y libertad personal, apropiación y recomposición con otras perspectivas y visiones de esos modelos a imitar que a veces desembocan en un nuevo poema o en un juego metapoético anunciado ya en esta primera parte en composiciones como “Poeta-Narcís” donde se identifica Poesía y Vida y donde la existencia es el espejo del poema:

Vers: sigues igual a mi.
Jo em veig en tu si em veus.
Som una o dues veus?
Quina, però, és de qui? 2

Este primer libro que lleva el título del mismo poemario L’aprenent de poeta de 1944 y que recoge composiciones de otro de 1943, Balades amarges, va desentrañando la propia evolución del poeta: desde ese ideal de desposeimiento que implicaba una poesía pura y esencial de tintes novecentistas hasta derivar hacia un posicionamiento humano radical: esa vertiente del nuevo romanticismo que se perfila en los años treinta y que implica la toma de partido por las circunstancias políticas e históricas, el compromiso del poeta con la realidad vivida donde la poesía es emoción y conciencia. La sección “Balades amargues” muestran esa evolución y la conciencia del dolor de la existencia humana, el poeta es tan pronto un “Cavaller” que lleva el dolor en los ojos como un guerrero que mira la verdad con todas sus consecuencias en “Els mots del retorn”, para llegar en el apartado de “Elegies” a la actitud rebelde de un Rimbaud o un Artaud que se inviste de la experiencia que le confiere la bajada a los infiernos y que tendrá su punto culminante en el libro de Càncer; así esos amagos subversivos de ruptura con una tradición asoman en el magnífico soneto “Jo em donaria a qui em volgués” donde el ideal del amor cortés trovadoresco que busca un ideal de amante con todo lo que implica de fidelidad amorosa se trastoca por un amor cualquiera y libre, bajo una estilística donde la ironía -incluso bajo el empleo del verso agudo- y el sarcasmo destruyen el falso romanticismo, una nueva concepción del amor moderno donde la vacuidad y la desposesión del yo se muestran como actitud de rebeldía frente a la posesión:

Jo em donaria a qui em vogués
com si ni jo me n’adonés
d’aquest donar-me: com si ho fes
un jo de mi que n’ignorés.

Jo em donaria a qui es donés
a canvi meu per sempre més:
que res de meu no me’n quedés
en el no meu que ho en rebés.

Jo em donaria per un bes,
per un de sol, pro que besés
i del besat em desbesés.

Jo em donaria a qui em volgués
com si no jo me n’adonés:
com una almoina que se’m fes.3

Esta subversión del amor también se vislumbra en “Cançó breu”, donde el deseo nunca insatisfecho centra el poema, motivo que luego recreará en el mito de Don Juan y del diablo en muchas de sus obras dramáticas y cuentos; este tema del anhelo de plenitud aparece también en “Fragment del superhome”, en esta composición la pasión nunca saciada se convierte en una fuerza abarcadora de la existencia del hombre desde lo primigenio, Palau presenta unos tópicos que son comunes a esta generación marcada por la fuerza de la sangre, por el deseo de comunión del ser humano con la naturaleza y sus manifestaciones vitales más elementales, es esa vertiente de la poesía impura que cantaba Neruda y que tan presente está en los poetas surrealistas de entreguerras. Por otro lado, la vuelta a la cotidianeidad y el poso de amargura que la realidad presenta se refleja en otras composiciones como “La núvia” donde trata la belleza perdida en la fugacidad del tiempo, mientras el amor irrealizable centra “L’impossible” y la muerte ridícula por amor se describe en “Carole Lombard, estrella del cinema, mor carbonizada en incendiar-se l'avió que la conduïa a Los Angeles”.

El tema de la vacuidad y la desolación por la pérdida de ideales es notoria y seria otro de los grandes temas que hilvana el poemario, así en “Versos tristos”, el poeta trata el motivo de la caída de las ilusiones y el desacuerdo con las convenciones sociales que la falsa moral burguesa impone al individuo. Normas y leyes que conducen al ser humano a un estado de postración existencial, es el tópico del “hollow men” de T. S. Eliot que trataron los poetas del veintiste en su vertiente surreal y que Palau explendidamente recrea en el poema mediante la desposesión de las cosas, la pérdida de límites, el absurdo de la existencia y la insatisfacción que le produce vivir, situación que alcanza su punto álgido con la descripción del cuerpo humano como un mero despojo, pero consciente en su degradación bajo el empleo de las interrogaciones retóricas:

Jo sóc un home vague, sense geografia.
Vers el meu litoral, qui, doncs, s’hi acostaria?

No tinc casa ni porta per on sortir de mi:
una mirada morta i un son sense coixí.

Veig el cel empedrat, i la meva estimada
és una noia fina que potser no m'agrada.

Viure no té sentit, si no és per a morir.
I morir com? I quan? Avui, demà, o ahir?

No tinc somnis als ulls perquè el cos me´ls prenia:
frisances de la pell i carn que s’extasia.4

La segunda parte del poemario lleva por título L’alienat, consta de tres libros o apartados principales: “Els Grans Poemes de l’Emperador Iang-Po-Tzu”, “Imitació de Rosselló-Pòrcel” y “Ròssec”.

Dedicados a los maestros Carles Riba y Marià Manent, “Los Grandes Poemas del Emperador Iang-Po-Tzu” muestran una vertiente del haikai y los tankas que Carles Riba utilizó en “Tannkas de les quatre estacions” y “Tannkas del retorn” que recogió en Del Joc i del foc (1946), vertiente lírica que tiende al aforismo por su brevedad y condensación de una experiencia, pero que en Palau esconde también la crisis del poeta escindido entre el clasicismo de la tradición occidental y el anhelo de evasión hacia Oriente, entre la moral inculcada y la sensualidad necesaria, entre la muerte o estado de asfixia en que se encuentra sumido por las circunstancias políticas del país y el deseo de libertad, en última instancia aspiraciones vitales que se encarnan en esa huida espiritual por el arte donde el mito de Asia aparece como ideal de salvación. El poeta llega a presentar estilísticamente ese acercamiento el paraíso en su poesía mediante el uso de aliteraciones sensuales, las correspondencias musicales entre colores, perfumes y lugares en los que el Palau busca un arte total que sea también salvación y espacio de libertad, que dé a la lengua semilla de creación.

En “Imitació de Rosselló-Pòrcel” el poeta entra dentro del juego de la mimesis y el concepto de subversión poética, especie de metapoesía donde Palau se desdobla, retomando del poeta mallorquín muerto en 1938 (y que había dejado inacabado Imitació del foc que luego aparecería publicado póstumamente) aquellos poemas que estaban en proyecto de terminar (diecinueve títulos) y que Palau presenta y acaba en una nueva versión propia, todo como ejemplo de su estética de libertad y mimetismo. De esta forma, composiciones como “Peix” contribuyen a dar forma a esa teoría mimética del arte y de la realidad. El poeta se identifica con el pez, ser que se mira a sí mismo, verdadero precursor de aquel Axolotl de Julio Cortázar, pero también, a otro nivel, muestra un juego metapoético donde el poema llega a convertirse en un pez dentro del límite cerrado de la pecera que es la obra misma dentro del universo del poeta. Esta línea de desdoblamientos en correspondencia entre poesía y música, entre estado anímico y paisaje externo, se presenta en “Ballada” o “Lorelei”, mientras la doble personalidad del vino surge en “Vi dolç” y el tema del doble en “El mirall”, poemas que muestran una dialéctica entre realidad y deseo, entre ideales y crisis de las ilusiones vitales. Este juego antitético de estados entre lo real y lo imitado que amaga cierta desolación alcanza con “Imitat de Dante” uno de los puntos álgidos, pues es el canto tercero del Infierno, el que abre la puerta a la ciudad doliente, la metáfora de la situación terrible en que se encuentra sumido el poeta:

Per mi sabreu el mal, sabreu la bava
que destil.len els homes, invisible,
i el fons dels cors com el fons d’una cava.
Per mi sabreu tota cosa possible:
la verge puta que ningú es tirava
i el bord donzell, de cul massa irascible.
Sabreu el bé i el mal, la bruixeria,
les llúpies, els amors, la niciesa,
fal.lus caiguts i sense poesia
i pecats clandestins sense grandesa.5

Palau i Fabre entra dentro de la tradición de los poetas malditos, la de aquellos que han bajado al infierno o que con el alma condenada han penetrado en lo más profundo de la miseria del ser humano, entronca con la tradición visionaria de los poetas románticos y surrealistas que buscan en el misterio de la vida y de la muerte, en lo absurdo de lo cotidiano cierta razón de su existencia.

El poeta por medio de la alquimia del verbo destila esa experiencia, los deseos más escondidos del alma humana en un juego dialéctico de voces y antítesis que estructurarían poemas como “Lullaby”, “Enemic de l’aire” o “Vent (amb veus)”. Los temas del amor, el erotismo o el retorno a lo primigenio van desentrañando las composiciones con imágenes oníricas cargadas de sensualidad como en “Arena de l’amor”, o de cierta violencia anímica que buscan el secreto de la existencia en “Vella memòria de boscos” y “Triomf d’alta follia”. En el tercer apartado, “Ròssec”, asoman elementos idílicos que intentarían salvar en vano al poeta de esa caída infernal: serían ecos armónicos del paisaje de la infancia o de la patria que se ven trastocados por la ironía y la amargura de la situación política del presente en que vive y que, por lo tanto, degradan esos valores o ideales, buen ejemplo es esa elegía de “En la mort de Rabindranath Tagore” en pareados, “Senyera 1942” -nostálgico anhelo de las libertades de Cataluña que choca con la situación vivida bajo la dictadura ese año- o la ironía de “Beatus ille” donde se exalta la locura de una vida libre con todas sus posibilidades.

El tercer libro, Càncer, adquiere el valor simbólico de una sociedad que está enferma o en crisis, el poeta -como tantos artistas de la modernidad estética- toma conciencia de ese estado de degradación de los valores occidentales para denunciar esa situación terminal de las cosas y de la vida a la vez que indagar en su propia angustia existencial. Poemas como “La sabata” ponen en solfa la relación entre los sexos, la hipocresía burguesa y la doble moral; bajo el símbolo de un zapato abandonado en la basura, el poeta entronca con la imaginería surreal de los objetos personificados y la cosificación degradante que connota la desolación del ser humano, pero también muestra esa vuelta a lo cotidiano radical y la sinceridad del escritor con el lector:

He donat el meu cor a una dona barata.
Se’m podria a les mans. Qui l’hauria volgut?
En les escombraries una vella sabata
fa el mateix goig i sembla un tresor mig perdut.

Totes les noies fines que ronden a ma vora
no han tingut la virtut de donar-me el consol
que dóna una abracada, puix que l’home no plora
pels ulls, plora pel sexe, i és amarg plorar sol.

Vull que ho sápiguen bé les parentes i amigues:
Josep Palau no és àngel ni és un infant model.
Si tenien de mi una imatge bonica,
ara jo els n’ofereixo una de ben fidel.

No vull més ficcions al voltant de la vida.
Aquella mascarada ha durat massa temps.
Com que us angunieja que us mostri la ferida,
per això encara la sabata en els fems.6

Caída mítica en los infiernos personales -de tintes rimbauderianos por su provocación- las composiciones van desentrañando la amargura de los ideales perdidos y el anhelo de lo primigenio que es ese retorno a los orígenes de la vida. “Sonet intrauterí” señala el deseo de realización sexual, pero también esa vuelta al principio del ser y a la idea de “desnacer” como estado de regresión prenatal que se contrapone a toda maduración de la existencia, actitud también provocadora que, como en el poema “L’Edat de pedra”, implica el ansia de una libertad ancestral perdida por el hombre debido al avance científico y racional através los siglos, mientras un ser solitario -imagen del propio poeta- evoca un espacio de libertad imaginativa.

El tema de la sexualidad como transgresión moral va hilvanando algunos poemas: “Paradís atroç”, “Idil.li”, “El coit”, “Malson”, etc, donde asoman las ideas de la mala conciencia, la soledad (desarrollado en “Sol”), el caos como pilar base de su estética y vida, la esterilidad de la existencia, la vacuidad o la destrucción de la pureza, éste último ejemplificado maravillosamente en el poema simbólico “La rosa”, tan exaltada por los poetas y que Palau -siguiendo la tradición de William Blake- trastoca en imprecación e insulto después de despojarla de sus esencialidades antes exaltadas.

Esa búsqueda de sí mismo, de llegar a lo profundo del alma humana, define al poeta de tal forma que llega a adquirir características visionarias (“Mèdium”), o bien llega a adoptar una actitud revolucionaria muy próxima a figuras rebeldes como Don Juan o el Diablo por lo que tienen de transgresores, así esa idea de marginalidad y condenación aparece en el poema “Don Joan”, interés por el mito que le llevará también a que sea personaje central en varias obras de teatro: La tragèdia de Don Joan (1951), Don Joan als inferns (1952), Esquelet de Don Joan (1954), donde también surge esa búsqueda de unir Vida y Poesía como espacio de provocación y de libertad, anhelo de plenitud por medio del arte. Sintomático es que ya en el manifiesto poético del primer número de su revista Poesia en el año 1944, asociara a Don Juan con el poeta como ejemplo a seguir en ese juego de realidades y ficciones que es la Literatura:

El poeta, en tant que poeta, no és sinó un home que petrén perdurar en tant que home per tal d’estimar i ‘esser estimat per la dona.

El poeta és sempre infidel.

Aquest poeta o l’altre, a l’hora del seu primer bes, havia ja conviscut estretament amb moltes dones encara per ésser.

Moltes dones d’avui abandonen la cambra i els fills per donar-se, en la nit, a l’abraç m’es recòndit del poeta ja mort. Ara nu en la ment i en el somni.

L’amor del poeta triomfa del Temps i l’Espai.

Aquest és el seu orgull i el seu gaudi.

Per això el poeta, l’home lleig.

Tot poeta conté en potència un Don Juan.

El Don Juan és el poeta actualitzat.

La poesia és una veritat composta d’una sens fi de mentides o una mentida composta d’una sens fi de veritats. Poesia és Metafísica.

           Poesia, nº 1, 1944.

La muerte aparece con la visión de haber vivido la existencia en todas sus posibilidades, incluso en el poema final, “El genio”, se hace una apología de la transgresión de la vida y de otras existencias que implica la autodestrucción y el crimen para volver así a otro estado de cosas o al concepto de renacer, la genialidad consiste en esa conciencia y llevarlo a cabo, en ver otros puntos de vista de la existencia, en ser otro diferente y poseer otras vidas como Lady Macbeth a la que implora como guía.

El cuarto libro lleva por título Laberint y presenta secciones de gran variedad. Como el simbólico laberinto del arte y del transcurrir existencial, el poeta experimenta con gran multitud de formas buscando el camino que la libertad creativa le inviste y que llega a convertirse en el espacio de la obra misma. Es un juego metapoético donde el laberinto es símbolo de las infinitas combinaciones de la escritura en un recinto cerrado que es el libro. La obertura se sucede hacia dentro- como en el laberinto mismo- y la exploración interior de todo ese trayecto existencial, llevado a cabo por el alquimista, se ha convertido en viaje hacia el conocimiento de uno mismo.

Palau i Fabre emplea multitud de estilos: desde el cuento alegórico en “La metamorfosis de Crorimitekba” hasta las formas métricas clásicas en decasílabos de Ausiàs March en “Vaig com les aus”, desde el juego experimental fonético en “El poema” hasta el uso de la lengua castellana en “Tierra fértil”; pero quizás sea esa teoría del mimetismo que emplea el poeta hasta sus últimas consecuencias donde mejor se presenta la faceta de la libertad creativa y las infinitas posibilidades de entender el arte y profundizar en el mismo a la vez que se abren caminos a la existencia, así son las composiciones originales de los poetas que Palau i Fabre admira las que sufren un proceso de imitación y adquieren en su nueva versión una renovada interpretación y perspectiva, nos referimos a poemas como “El lector invisible” donde recrea la “Espatlla” de Rosselló-Pòrcel, “Estances” de Carles Riba, “L’étranger” de Baudelaire, incluso “Sensation” de Rimbaud de la que llegan a aparecer hasta cinco versiones diferentes cada una más alejada del original. El poeta da una interpretación inédita partiendo del modelo, ejemplo de esa estética libre en la que la aprehensión del original le lleva a identificarse con él y, a partir de ese hecho, se proyecta hacia nuevas perspectivas y significaciones, no sólo es mimesis y apropiación, sino experimentación total en ese hacerse y recrearse continuo que es la obra y la vida, juego metapoético de destrucción y creación que es también la Literatura porque ésta es experiencia propia de lo vivido y lo leído.

Este paralelismo de correspondencias -tan baudelairianas- lleva al poeta incluso a practicar una teoría de los colores, evocación de aquel soneto de Rimbaud “Les voyelles”, pero que tiene como base la pintura de Picasso, así en la sección “Teoria dels colors, al boig dels colors, Picasso”, el poeta atribuye una serie de simbolismos y connotaciones a cada color: el azul domina en “El Danubi blau”, el blanco en “Capítol en blanc”, el negro en “Negatiu”, el verde en “Cul d’ampolla”, el naranja en “Taronja”, el rojo en “El primer amor” y el amarillo en “L’or no és groc” experimentando con sensaciones, evocaciones y connotaciones que cada color le produce, llegando a una especie de vasos comunicantes entre poesía y pintura.

Cierra este libro cuarto la sección “Final”, compuesta de tres poemas: “L’home de les cavernes”, donde Palau introduce el versos que son aforismos, reflexiones metapoéticas que indagan en lo primigenio del ser humano a través de la sensación vital que aflora en primera instancia y que son reflejo también de ese mito platónico de la caverna en el que el ser humano está condenado a ver reflejos de imágenes; “Sonet sord sobre l’art egipci”, donde indaga en la naturaleza misteriosa del símbolo; y, sobre todo, “Cant espiritual” en que Palau entra dentro de esa tradición de los poetas de postguerra que niegan o imprecan a Dios por el estado de miseria y desolación existencial en que se encuentra sumido el ser humano.

El quinto libro, Atzucac, (Callejón sin salida), terminaría ese trayecto poético y vital que sintomáticamente el poeta dedica a sí mismo. De esta forma, toda la obra se ha convertido en un viaje iniciático de bajada a los infiernos de la desesperación para resucitar de nuevo a la vida, una vez vertido todo el veneno y destilada la esencia; así, entre sus versos van surgiendo ideas reveladoras como el concepto de sobrevivir a la propia muerte que aparece en “La mort sobrevivent”, la existencia vista como un ritual iniciático que ha de sufrirse personalmente -esa experiencia de soledad- en “Sol”, el anhelo del canto o el intento de alcanzar lo imposible de tintes pitagóricos en “La música de les esferes” donde Palau reconoce que su vida ha sido nada más que ruido mientras invoca el suicidio.

Ese estado de acabamiento, de ruina existencial y de fuga raudal hacia la muerte van hilvanando los motivos de estos últimos poemas, donde el poeta llega a compararse con una vieja ciudad decadente en “Sóc tan vell...”. Canto del cisne final que cierra todo un ciclo donde no falta la alegoría como en la composición en prosa poética titulada “Conte”en la que se escenifica la muerte de un príncipe -que es el poeta mismo- por un tumor o feto que se transforma en la obra creada, especie de hijo que nace después de tanto sufrimiento. El poemario termina con “Comiat”, la despedida del escritor que con tono sincero abandona ya la poesía, pues la obra ha suplantado del todo la existencia que agoniza y muere, de esta forma Palau i Fabre deja todo su ser en los versos, toda su sangre en el libro creado mediante una metáfora de tinta que se convierte en fruto o semilla de supervivencia. En esta batalla entre vida y poesía se ha producido la muerte vital del se humano, pero, por otro lado, también surge un nuevo renacer que es la pervivencia en las obras, otra forma de existencia que es el Arte o la Literatura; del poeta sólo quedan los versos como testimonio y testamento de esa confrontación:

Ja no sé escriure, ja no sé escriure més.
la tinta m'empastifa els dits, les venes...
-He deixat al paper tota la sang.

¿On podré dir, on podré deixar dit, on podré inscriure
la polpa del fruit d’or sinó en el fruit,
la tempesta en la sang sinó en la sang,
l’arbre i el vent sinó en el vent d’un arbre?
¿On podré dir la mort sinó en la meva mort,
morint-me?
La resta són paraules ...
Res no sabré ja escriure de millor.
Massa a prop de la vida visc.
Els mots se´m moren a dins
i jo visc en les coses.7

El poemario desentraña la crisis de identidad del ser humano en el mundo moderno, la fragmentación de la realidad y la búsqueda de la totalidad. Presentado como un nuevo The Waste Land elotiano, Poemes de l’Alquimista se mueve entre tradición y vanguardia, entre la libertad de experimentación y una necesidad de asideros espirituales bajo modelos clásicos que actúen como baluartes ante la desintegración del yo. El poeta, inmerso en una sociedad de falsos valores y condenado a una existencia aciaga en un país oprimido por imposiciones totalitarias, reacciona con un autoexilio vital y la propugnación de una estética alquímica la cual, bajo la mimesis y subversión de formas, le ayuda a profundizar en el amplio abanico de posibilidades artísticas que es la poesía de la imaginación.

Siguiendo a los grandes maestros (Artaud, Rimbaud o Picasso), Palau convierte su experiencia vital y literaria en indagación existencial, aunque ésta quede a veces como mero testimonio de ese amargo itinerario iniciático donde penetrar en los misterios de la vida y de la muerte es sacar la verdad más terrible de la condición humana. La poesía se convierte así en redención, pero con la actitud rebelde y visionaria de las vanguardias a las que Palau i Fabre pertenece, pues como un nuevo Orfeo tras la catábasis, la Poesía adquiere el poder salvador y rememorador en tanto que inmortaliza para la eternidad ese sublime terrible que es toda caída en los infiernos del ser humano.

 

Notas.

Vertimos la traducción de los poemas al castellano realizada por el propio poeta Josep Palau i Fabre que ha publicado recientemente la Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores: Poemas del Alquimista, Círculo de Lectores, Barcelona, 2002.

[1] PIEDRA. A Xavier Zubiri.
Dura como agua dura. / Raíz es de sí misma. / En éxtasis perenne / la piedra perpetúa / la piedra, imagen pura, / y la idea de piedra / se nos torna madura. (1942)

[2] POETA-NARCISO
Verso: sé tú mi igual. / Me veo en ti si tú me ves. / ¿Somos dos voces a la vez? / ¿Pero cuál es de quién? ¿Cuál?

[3] YO ME DARÍA A QUIEN ME QUISIERA...
Me daría a quien me quisiera / como si ni cuenta me diera / de esta entrega: como lo haría / un yo de mí que me ignorara. // Yo me daría a quien se diera / a cambio de mí para siempre: / que nada mío me quedara / en el yo que yo recibiera. // Yo me daría por un beso, / por uno solo, que besara / y que lo besado borrara. // Me daría a quien me quisiera / como si ni cuenta me diera: / cual caridad que se me hiciera.

[4] VERSOS TRISTES
Soy hombre perdidizo y sin geografía. / Hacia mi litoral, ¿quién, pues se acercaría? // Sin casa y sin puerta por donde huir de mí: / una mirada muerta y un sueño sin cojín. // Veo el cielo empedrado y mi mujer amada / es una linda chica que quizá no me agrada. // ¿Vivir tiene sentido, si no es para morir? / ¿Y morir cómo y cuándo? ¿Ayer, mañana, aquí? // Mi propio cuerpo asume los sueños de mis ojos: / estremecida piel y carne de despojos. (invierno 1941-2)

[5] IMITADO DE DANTE
Por mí sabréis el mal, sabréis la baba / que destilan los hombres, invisible, / y el corazón, más negro que una cava./ Por mí sabréis toda cosa posible: / la virgen puta que nadie desvirgaba/ y el doncel borde, de culo irascible. / Sabréis el bien y el mal, la brujería, / las lupias, los amores, la memez, / falos caídos y ya sin poesía / pecados clandestinos sin grandeza. (18 de enero de 1943)

[6] EL ZAPATO
Le he dado el corazón a una mujer barata. / Se pudría en mis manos. ¿Quién lo hubiera querido? / Por entre los escombros un vetusto zapato / nos encandila igual, es tesoro escondido. // Ninguna de las chicas que rondan junto a mí / ha tenido el valor de otorgarme el consuelo / de un abrazo: el hombre no llora por los ojos, / sí llora por el sexo -y es triste llorar solo. // Quiero que se percaten mis parientas y amigas: / Josep Palau no es ángel ni es un chico modelo. / Si es que de mí tenían una imagen bonita, / yo les ofrezco ahora una imagen sin velo. // No quiero más ficciones en torno de mi vida. / Aquella mascarada perduró demasiado. / Ya que os molesta tanto que os enseñe la herida, / en los escombros dejo mi zapato gastado. (21 de marzo de 1943)

[7] DESPEDIDA
Ya no sé escribir, ya no sé escribir más. / La tinta me embadurna los dedos, las venas... / -en el papel dejé toda mi sangre.// ¿Dónde decir, dónde dejar dicho, dónde inscribir / la pulpa del áureo fruto sino en el fruto, / la tempestad en la sangre sino en la sangre, / el árbol y el viento sino en el viento de un árbol? /¿Dónde podré decir la muerte sino en mi muerte, / muriéndome ? /Lo demás son palabras... /Ya no sabré escribir nada mejor. / Demasiado cerca de la vida vivo. / Las palabras se me mueren adentro / y yo estoy en las cosas. (París, 6 de mayo de 1946)

 

Selección bibliográfica:

Obra poética de Josep Palau i Fabre

- Balades amarges, Melilla, 1942.

- L’aprenent de poeta: 1936-1942, La Sirena, Barcelona, 1944.

- Imitació de Rosselló-Pòrcel, La Sirena, Barcelona, 1945.

- Càncer, Edicions de l’Alquimista, Paris, 1946.

- Poemes de l’Alquimista: 1936-1950, La Sirena, Barcelona, 1952, (fechada en París, edición clandestina).

- Poemas del Alquimista. Antología, Plaza y Janés, Esplugues de Llobregat, 1979, (texto bilingüe, versión del autor).

- Poemes de l’Alquimista, 6a ed., Proa, Barcelona, 1991, (edición definitiva).

- Five Faces, Institut d’Estudis Nord-Americans, Barcelona, 1994, (selección y traducción de Sam Abrams).

- Les veus del ventríloc, Proa, Barcelona, 2001.

- Poemas del Alquimista, (Edición bilingüe del autor. Prefacio de Juan Goytisolo), Círculo de Lectores, Barcelona, 2002.

Breve selección sobre el autor:

- AAVV., Palau i Fabre, ICE Universitat de Barcelona, 1987.

- BALAGUER PASCUAL, Enric, Poesia, alquimia i follia. Aproximació a l’obra poètica de Josep Palau i Fabre, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, Barcelona, 1995.

- BORDONS, Glòria y SUBIRANA, Jaume (Ed), Literatura catalana contemporània, Proa, Barcelona, 1999.

- GARCÍA FERRER, J.M., y ROM, Martí, Josep Palau i Fabre, Associació d’Enginyers Industrials de Catalunya, Barcelona, 1993.

- GUERRERO, Manuel, “El mimetisme segons Josep Palau i Fabre”, Lletra de canvi, nº 39, Barcelona, primavera 1995.

- RIQUER, M. de, COMAS, A., MOLAS, J., Història de la literatura catalana, Ariel, Barcelona, vol. 11, 1986.

- TRIADÚ, Joan, La poesía catalana de postguerra, Edicions 62, Barcelona, 1985.

 

© Francisco Ruiz Soriano 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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