El espacio y el tiempo en la obra de Rulfo:
un lugar para pensar

Yoon Bong Seo
Universidad de Guadalajara
(México)


 

   
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I

En la época en que Rulfo escribe los cuentos y la novela, muchos de los lugares en donde se desarrollan los textos son poblaciones que no alcanzan el rango de ciudad; son pueblos, rancherías, y haciendas. Los personajes de "Nos han dado la tierra" se dirigen a un pueblo. Los habitantes de "La Cuesta de las Comadres" se van por el rumbo de los encinos y del monte. Las hermanas de Tacha, en "Es que somos muy pobres", se van para Ayutla. Los hombres de "No oyes ladrar los perros" se dirigen a Tonaya. Los Páramo emigran a Comala. Todos estos movimientos migratorios se realizan dentro del marco rural; se busca un lugar que ofrezca lo que el propio no puede, pero sin rebasar el ámbito campestre.

En cambio, cuando se menciona alguna ciudad como destino del viaje, la emigración queda marcada de manera distinta. Pedro Zamora se va para México tras una mujer y allá encuentra la muerte. Dolores y Juan Preciado emigran a Colima y ella muere sin haber podido regresar a su pueblo, como tanto anhelaba.

Sin embargo, dos casos rompen el esquema anterior. En "El día del derrumbe", la ciudad podríamos decir que se acerca al pueblo por medio de la figura del gobernador y su gente -la residencia del gobernador es siempre la capital del estado- y el cuestionamiento de que es objeto desacraliza su figura como autoridad al igual que la de sus acompañantes. El otro caso lo constituye "Paso del Norte", en el que la alusión a la ciudad es abiertamente negativa:

De los ranchos bajaba la gente a los pueblos; la gente de los pueblos se iba a las ciudades. En las ciudades la gente se perdía; se disolvía entre la gente.

"¿No sabe ónde me darán trabajo?" "Sí vete, a Ciudá Juárez. Yo te paso por doscientos pesos. Busca a fulano de tal y díle que yo te mando. Nomás no se lo digas a nadie." "Está bien, señor, mañana se los traigo".

("Paso del Norte", p. 135) (1)

Además, en uno de los fragmentos que perdió en la última versión publicada, se habla explí-citamente de la explotación que sufren los emigrados en la ciudad de México: “Ayer descargué co-mo una tonelada de plátanos detrás de la Mercé y me dieron lo que me comí. Resultó con que los había robado y no me pagaron nada, hasta me cusiliaron a los gendarmes.”(2)

Se trataría, entonces, de denunciar las condiciones de vida que los campesinos -que han dejado de serlo incluso en su mismo lugar, como es el caso del protagonista- encuentran en las ciudades, y del peligro que corre su propia identidad, ya que "la gente se perdía; se disolvía entre la gente". No obstante, éste es sólo un indicio, y no se encuentra otro más en ninguno de los textos rulfianos.

Por otra parte, "Paso del Norte" es un cuento que tiene una extraña trayectoria en el conjunto de la obra de Rulfo, pues por largo tiempo estuvo fuera de la colección de El Llano en llamas,(3) y es de los pocos cuentos que Rulfo ha rechazado abiertamente:

[...] era un cuento muy malo. Yo no sentí que lo quitaran. Tenía dos pasos, dos saltos un poco difíciles de unir: el momento en que se va el hombre a buscar trabajo de bracero en los Estados Unidos y cuando regresa. Por eso es que yo no insistí en que lo volvieran a poner.(4)

Pero, independientemente del inconcluso trabajo estilístico, Rulfo agrega un comentario que nos parece muy significativo y que puede iluminar una interpretación. Rulfo dice:

Me hubiera gustado poder escribir ese cuento, trabajarlo un poco más y concretarlo, sí, porque es el único cuento antiimperialista que yo tengo, ¿no? Tengo pensado escribir unas cosas así. A ver si en las próximas sí me lanzo duro contra los gringos.(5)

¿Cuál será el motivo más decisivo en la estructura significativa del texto, el rechazo a la ciudad o la intención antiyanqui? La obra de Rulfo no constituye un elogio al campo ni un desprecio a la ciudad, porque la obra de Rulfo está libre del "determinismo" de una voz que se pudiera identificar con el autor y de los narradores-censores que dirigen la lectura del lector.

Sin embargo, respecto de la intención antiyanqui, Rulfo habla en una entrevista sobre los nexos entre los Estados Unidos y México:

Sí, fuimos sometidos a su poderío económico y, ciertos países nuestros, hasta al político. Pero, culturalmente, ellos jamás han podido someternos ni tampoco influirnos por la sencilla razón de que no comprenden la mentalidad latinoamericana, profundamente ajena a la anglosajona. Algo más, la cultura latinoamericana tiene tras de sí muchos siglos de existencia. Nuestro pasado, tan antiguo como la propia humanidad, sigue vivo en la memoria de millones de gentes.(6)

Si recordamos ahora las palabras de Dolores Preciado que se quedan vivas en el recuerdo de Juan Preciado: "...El abandono en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro" (Pedro Páramo, p. 27), podríamos pensar que Dolores es una más entre los oprimidos. El dueño del poder y de la riqueza -riqueza que adquirió a costa de ella misma- merece que se le cobre caro por el abuso, la explotación, el engaño, el maltrato, la desigualdad; "cóbraselo caro" puede significar la manifestación del derecho de los oprimidos.

La hermana de Dolores, Gertrudis, se quejaba de ella y su hijo por la carga económica que significaban. Cuando Dolores se ha ido, Eduviges Dyada pregunta a Pedro Páramo: "-¿Pero de qué vivirán?", y él contesta, "-Que Dios los asista." (p. 27).

Si volvemos a "Paso del Norte", podemos darnos cuenta que se destaca especialmente el hecho de cruzar la frontera -el dinero que el protagonista debe juntar, la aventura a través del río, la agresión por parte de la guardia fronteriza-, y el que el cuento se titule "Paso del Norte". La relación de conflicto se entabla mucho más con el vecino país del norte que con el problema de la ciudad.

Aunque los personajes de Rulfo no son indígenas, nos permitimos comparar su caso de emigración a la ciudad con la de los grupos indígenas, pues, como dice Roger Bartra, "de alguna manera, uno de los elementos básicos de la definición del ser del mexicano, de la identidad nacional, es justamente el campesino y, sobre todo, el campesino indígena".(7)

Marcos Matías, un indígena nahua de Acatlán, Guerrero, quien se desempeña como investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social en la ciudad de México, declara: "La ciudad no nos ha despojado de nuestra cultura, aunque vivamos en ella seguimos siendo indígenas".(8) Señala que en la ciudad han procurado conservar los principios que los integran como comunidad, y la comunidad es la que ha salvado su identidad propia; "para nosotros la identidad siempre alude a una diferenciación con respecto a la ciudad", y dice que aunque ya no hablen náhuatl los que han nacido fuera de Acatlán, eso no ha sido obstáculo, pues "la cultura rebasa la condición lingüística, hablar el castellano o vivir en la ciudad no implican la pérdida de nuestra identidad. Su matriz son la cohesión y la propia comunidad; mientras esto no se rompa, seguiremos siendo indígenas".(9)

Así pues, no se trata de una elección disyuntiva. El campo y la ciudad son igualmente espa-cios que conforman el gran territorio de cualquier nación, y sus condiciones de vida propician la di-ferenciación social y cultural que hace a una “cultura urbana” y a otra “cultura rural”. Antes que excluirse, se complementan, desde el punto de vista de la conformación de una identidad nacional. Rulfo era consciente de ello, y no debemos olvidar que entre sus escritos se encuentran también varios que se ubican en el ámbito de la ciudad.

Sin embargo, no podemos pasar por alto el reto que significa para el habitante del medio rural, para los sujetos de la cultura campirana, enfrentar los problemas que muchas veces vienen de los centros urbanos en donde se instalan las instituciones del poder. Rulfo también era muy cons-ciente de ello, y de que su tarea como escritor no era la de dictar sentencia alguna. El lector debe ha-cer su parte.

 

II

En una reflexión sobre el espacio y el tiempo, recordaremos las palabras de dos textos de Rulfo:

Ustedes y yo y todos sabemos que el tiempo es más pesado que la más pesada carga que puede soportar el hombre. ("La herencia de Matilde Arcángel")

-Son los tiempos, señor. (Pedro Páramo)

Juan Rulfo es consciente del problema que significa el tiempo en la conciencia y en la vida del hombre. En la obra de Rulfo, los personajes y sus historias se mueven en un tiempo y en un espacio que surge de la memoria, de los recuerdos. Y en el caso de Pedro Páramo, en un tiempo y espacio de la conciencia desde la muerte.

En la novela encontramos que los murmullos y los recuerdos convocan una serie de espacios característicos de la vida familiar privada al mismo tiempo que lugares al aire libre en desplazamientos por tierra y en viajes, aunque circunscritos en el ámbito de Comala. No hay la inclusión de otras poblaciones, excepto Contla -a la que podríamos poner como equivalente de Comala por ser, como dice el párroco del lugar, otro más de esos "pobres pueblos"-.

Por el camino que lleva a Comala camina Juan Preciado, un hombre vivo, y encuentra un lugar inmerso en un tiempo que le resultan completamente ajenos a su naturaleza:

Ahora estaba aquí, en este pueblo sin ruidos. Oía caer mis pisadas sobre las piedras redondas con que estaban empedradas las calles. Mis pisadas huecas, repitiendo su sonido en el eco de las paredes teñidas por el sol del atardecer. (10)

Aunque él sólo lo percibe de manera externa, su presencia se va incorporando poco a poco a esa "otra" dimensión, ya que sus pasos se unen a los ecos que pueblan Comala. La significación que tiene el ordenamiento de las prácticas en el tiempo y en el espacio es continua y cotidiana: "somos" en y gracias a estas dos dimensiones. Y somos cambiantes. Es decir, la recreación significativa de un referente de identidad puede modificarse con el tiempo e incorporarse a las nuevas circunstancias "de otro modo", distinto a las significaciones previas en donde lo importante no es tanto el contenido, sino la forma misma.

Ahora bien, ¿cuáles son los rasgos principales de esta forma de tiempo?

Este tiempo es colectivo; sólo se diferencia y se mide por los acontecimientos de la vida colectiva. Todo lo que existe en ese tiempo existe sólo para la colectividad. No se ha puesto en evidencia todavía la serie individual de la vida (no existe aún el tiempo interior de la vida individual; el individuo vive por completo en el exterior, en el conjunto colectivo).

Es también un tiempo de labor. La vida de cada día y el consumo no están separados por el proceso de trabajo productivo. El tiempo se mide a través de los acontecimientos laborales (las fases del trabajo agrícola y sus subdivisiones). El sentido del tiempo se forma en la lucha laboral colectiva contra la naturaleza. Nace en la práctica del trabajo colectivo, cuyo objetivo consiste en diferenciar el tiempo y darle forma.

En general, no es posible todavía una diferenciación de los tiempos: presente, pasado y futuro (diferenciación que supondría la individualidad esencial como unidad de medida). El tiempo se caracteriza por la tendencia general hacia delante: trabajo, movimiento, acción. El tiempo está, en este caso, inmerso en la tierra, sembrado en ella, y allí mismo madura. En su movimiento, la mano trabajadora del hombre va unido y lo ven. Es denso, irreversible y realista.

En los textos de Rulfo la historia se centra en el medio rural que enfrenta, sociohistóricamente hablando, el problema de la pérdida de sus tierras. El tiempo histórico y el espacio social que son la Revolución Mexicana y el movimiento cristero en la sociedad rural bajo el dominio de los caciques, y en un contexto más específico, el sur de Jalisco, que se nos presenta como un espacio de gran variedad geográfica y cultural: espacio conformado por los extensos valles de Sayula y Zapotlán, al centro, donde se localiza la famosa laguna seca y salitrosa de Sayula, cobijados al occidente por la sierra de Tapalpa y al oriente por la del Tigre. Al noreste, con los fértiles valles de la ribera de Chapala, al este el estado de Michoacán, al noroeste la zona cañera de Cocula, al occidente las tierras secas del Llano Grande, y al sur el estado de Colima y los municipios poco integrados de Pihuamo, Tecalitlán y Jilotlán.

Considerando el valor que representa la tierra, tanto para el individuo como para la colectividad, los personajes de Rulfo enfrentan el problema de la búsqueda de un nuevo espacio, de un espacio propio en el cual puedan ‘ser’. El recurso parece encontrarse en el traslado del mundo real al mundo de los recuerdos en la memoria colectiva. Para las culturas populares el recurso de la memoria es vital. Existen en la medida en que recuerdan y actualizan su historia pasada -de ahí el culto a los difuntos, por ejemplo-. La memoria es la que perpetúa los recuerdos y la que los transforma. Son vivos sólo los recuerdos que cambian en nuestra memoria activa.

En ese nuevo espacio y tiempo, los acontecimientos de la historia en que se enmarca la obra de Rulfo pueden influir y modificar la configuración de los personajes, que a su vez es generadora del propio espacio y tiempo individual. Rulfo dice al respecto:

Yo ya tenía en mente la idea de Pedro Páramo y de un pueblo en el que habitan seres que puede decirse que ya son seres agonizantes, las almas que siguen viviendo. Esto me dio la idea, ya de plano, de pasar a los muertos: la historia de un pueblo donde los personajes que hablan, que se mantienen aún, que funcionan, están muertos. Y el hecho de que los muertos no viven en el tiempo ni en el espacio. El problema en la vida es el tiempo. Yo entiendo que la vida no es una progresión cronológica, vivimos en fragmentos. (11)

El viaje,(12) la llegada (la historia del pueblo: Toribio Aldrete, las mujeres), la muerte en la plaza, lugar público por excelencia, el entierro. Y desde la sepultura, la historia de Susana. Por otra parte, la historia de Pedro Páramo, siempre estacionado en la Media Luna, en donde otros se mueven por él: Fulgor Sedano, el Tilcuate. La historia del padre Rentería su viaje al pueblo a Contla y luego, a la Revolución. Todos ellos, lugares y tiempos en donde los personajes encuentran su razón de ser y son:

Una mujer que no era de este mundo. (p. 139. Subrayado nuestro.)

y que sí era en su propio mundo,

¿Pero cuál era el mundo de Susana San Juan? (p. 122)

El pasado mismo ha de ser creativo, ha de ser actual dentro del presente (aunque sea en un sentido negativo, indeseable). Un pasado creativamente actual que determine el presente, diseña, junto con el presente, el futuro, define en cierta medida el futuro. Así se logra la plenitud del tiempo, una plenitud evidente y visible.

El pasado creativo debe manifestarse como necesario y productivo en las condiciones de una región determinda como una humanización creadora de la región que había convertido un pedazo de espacio terrestre en el lugar de la vida histórica de los hombres, en una parcela del mundo histórico. Y, ciertamente, Juan Preciado ‘es’ en la medida en que conoce la historia de Comala y la historia de Pedro Páramo que son su propia historia. Y todos los personajes ‘despiertan’ de su sueño de la muerte para recordar su historia o para encontrarla -y encontrarse- en los murmullos de los otros muertos. Rulfo dice:

A cualquier hombre no le suceden cosas de manera constante y yo pretendí contar una historia con hechos muy espaciados, rompiendo el tiempo y el espacio. Había leí-do mucha literatura española y descubrí que el escritor llenaba los espacios desiertos con divagaciones y elucubraciones. Yo antes había hecho lo mismo y pensé que lo que contaban eran los hechos y no las intervenciones del autor, sus ensayos, su formade pensar, y me reduje a eliminar el ensayo y a limitarme a los hechos, y para eso busqué a los personajes muertos que no están dentro del tiempo o el espacio. Suprimílas ideas con que el autor llenaba los vacíos y evité la adjetivación entonces de moda.Se creía que adornaba el estilo, y sólo destruía la sustancia esencial de la obra, es de-cir lo sustantivo. Pedro Páramo es un ejercicio de eliminación.(13)

La técnica -"ejercicio de eliminación"- de que nos habla Rulfo al escribir sus textos, logra manejar el diálogo y el estilo directo en función de la actualización de las acciones. Se trata de una narración que está escrita desde un pasado que es todavía presente; como si los acontecimientos estuvieran sucediendo o acabaran de suceder. Tiempo de la memoria, pero todavía tiempo de la acción. La impresión que se tiene al leer la novela de Rulfo es la de que el espacio se presenta a través de las voces de los personajes. No hay descripciones ‘objetivas’ y por ello el lugar pertenece a la imaginación de los mismos; una entidad totalmente subjetiva en la que es difícil distinguir un adentro de un afuera. Los lugares pertenecen a los personajes, los habitan y caracterizan y, a su vez, son descritos por ellos y por sus acciones. El espacio no es un lugar neutro donde se suceden los acontecimientos, sino que forma parte de ellos y les otorga su carácter.

Así pues, los personajes de Rulfo viven en un ámbito que no se puede definir como un espacio o como un tiempo determinados, sino que se trata de cierto espacio en el tiempo que resulta inasible a nuestra perspectiva espacial y temporal -debemos por ello, entrar y ver la perspectiva de cada personaje-. De esta manera, tanto el tiempo como el espacio se presentan en los textos como problemas centrales en los cuales sólo la muerte reina en ellos con libertad absoluta: muerte del tiempo, muerte de la tierra, muerte que es la liberación y la definición de su propia identidad.

Espacio y tiempo en las obras de Rulfo que dan cuenta y permiten la manifestación de la cultura mexicana en términos de su identidad. Una cultura descubre su identidad y logra su más alto desarrollo, cuando obtiene un conjunto de valores que la tipifican, y su madurez consiste en llevar este conjunto de valores hasta sus últimas consecuencias.

En América Latina, en México, no debe comprenderse la identidad como un concepto determinado y con características definidas, sino -al igual que Rulfo en sus textos- como algo que ha ido haciéndose en la medida en que ha adelantado en ese proceso. Y en dicho proceso, la aportación de Juan Rulfo en la línea de la búsqueda de la identidad, ha sido decisiva. En la obra de Rulfo se comprueba que la literatura es, a la vez, reflejo y configuración de la concepción global que toda cultura conlleva, según afirmamos en páginas anteriores. Es el lugar donde la identidad cultural se imprime, organiza y expresa como experiencia viva.

Juan Rulfo inicia nuevos caminos para la narrativa mexicana contemporánea, dentro de un ambiente literario inmerso en el problema de la conformación de lo nacional. Definir el concepto de identidad en el marco de los textos de Rulfo ha implicado un esfuerzo por comprender las prácticas simbólicas de la identidad, más que como rasgos descriptivos inmóviles, como elementos relativos de una red de relaciones sociales en movimiento en los textos.

El cuestionamiento sobre la identidad en México, visto con los ojos de Rulfo en sus textos, nos ha permitido revisar las dimensiones y facetas del problema mediante la valoración de su obra, en términos de su compromiso con el pueblo mexicano. Un compromiso que le ha valido el reconocimiento y su consagración como uno de los grandes de la literatura universal.

 

Notas

(1) Juan Rulfo, El Llano en llamas, 3ª ed. (1980), FCE, México, 1992. Cito por esta edición.

(2) Sergio López Mena, (ed.), "Paso del Norte", en Juan Rulfo. Toda la obra, Claude Fell (coord.), UNESCO, Madrid, 1992 (Col. Archivos, 17), p. 124.

(3) Segio López Mena señala que en la reimpresión de los cuentos de 1969 de Fondo de Cultura Económica se suprimió "Paso del Norte" y no regresó al volumen hasta 1980, fecha en que en la edición corregida por Rulfo lo "reincorpora muy mutilado". Ibid., p. XXXIII.

(4) María Helena Ascanio, "Juan Rulfo examina su narrativa", en Juan Rulfo. Toda la obra, Claude Fell (coord.), op. cit., p. 876.

(5) Idem.

(6) Iván Argentiski, "Una entrevista desconocida de Juan Rulfo", trad. y notas de Rumen Stoyanov, Plural, núm. 189, 1987, p. 30.

(7) Martín Solares, "La invención de la identidad. Una entrevista con Roger Bartra", Renglones, núm. 24, diciembre 1992-marzo 1993, p. 41.

(8) María Celia Arzate, "Seguimos siendo indígenas. Entrevista a un migrante náhuatl", México indígena, núm. 22, 1988, p. 35.

(9) Ibid., p. 36.

(10) Juan Rulfo, Pedro Páramo, 3ª ed. (1981), FCE, México, 1991, p. 12. Cito por esta edición.

(11) Manuel Osorio, "Juan Rulfo, reflexiones en París", Plural, núm. 220, 1990, pp. 5-6.

(12) Vid. Fernando Aínsa, quien ha dedicado un capítulo al tema del viaje en función de la identidad, en Identidad cultural de Iberoamérica en su narrativa, Gredos, Madrid, 1986.

(13) Fernando Benítez, "Conversaciones con Juan Rulfo", México Indígena, núm. Extraordinario, México, 1986, p. 49.

 

Bibliografía citada

AÍNSA, Fernando, Identidad cultural de Iberoamérica en su narrativa. Gredos, Madrid, 1986.

ARGENTISKI, Iván, "Una entrevista desconocida de Juan Rulfo", trad. y notas de Rumen Stoyanov,

Plural, núm. 189, 1987, pp. 27-30.

ARZATE, María Celia, "Seguimos siendo indígenas. Entrevista a un migrante náhuatl", México indígena, núm. 22, 1988, pp. 35-36.

ASCANIO, María Helena, "Juan Rulfo examina su narrativa", Escritura, núm. 2, 1976, pp. 305-317. [Diálogo con los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela, 13 de marzo de 1974].

BENÍTEZ, Fernando, “Conversaciones con Juan Rulfo”, México Indígena, núm. Extraordinario, México, 1986.

OSORIO, Manuel, "Juan Rulfo, reflexiones en París", Plural, núm. 220, 1990, pp. 4-7.

LÓPEZ MENA, Sergio, establecimiento del texto y notas de El Llano en llamas, Pedro Páramo y Otras letras de Juan Rulfo, en Juan Rulfo. Toda la obra, Claude Fell (ed.). UNESCO, Madrid, 1992 (Col. Archivos, 17), pp. 1-404.

RULFO, Juan, El Llano en llamas, 3ª ed. (1980). FCE, México, 1992

RULFO, Juan, Pedro Páramo, 3ª ed. (1981). FCE, México, 1991.

SOLARES, Martín, "La invención de la identidad. Entrevista a Roger Bartra", Renglones, núm. 24, diciembre 1992-marzo 1993, pp. 41-49.

 

© Yoon Bong Seo 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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