La inocencia sepultada

Entrevista con Sergio González Rodríguez

Roberto García Bonilla


 

   
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Y los asesinatos continúan. Pero cuando el olvido no entraña la verdadera muerte, todo esta vivo. SGR

 

Entre 1993 y 2003 fueron asesinadas en Ciudad Juárez, Chihuahua, más de 300 mujeres jóvenes (en 2004 ya se suman dos víctimas más) ; en promedio su edad era de 22 años. El escritor Sergio Rodríguez González hizo su primer viaje a la frontera de la muerte en 1995 e inició su propia búsqueda explicatoria sobre estos homicidios; sus revelaciones, confrontaciones, encuentros y conclusiones sobre el contexto sociohistórico económico y político aparecieron el diario Reforma. El crítico literario se adentró hasta los últimos intersticios del horror, la violencia, el alarido. Encontró móviles, constantes en una mezcla de homicidios en serie y crímenes comunes. Es en suma, como dice Robert K Ressler, el producto de una orgía sacrifical de cariz misógino; las víctimas son encontradas, preconcebidamente, en calles, fábricas, comercios o escuelas, ante el silencio protector de las autoridades, cuyas declaraciones destacan por las omisiones.

En Huesos en el desierto (Anagrama, 2002) González Rodríguez funde reportaje, crónica y ensayo con rigor testimonial expresividad y honda reflexión y llega hasta las últimas consecuencias en su investigación, resistiendo amenazas, intimidaciones y agresiones físicas. La impunidad sobresale; los responsables vagan por las calles o departen en los restoranes y de las muertas de Juárez nos llega su indecible luz como arena de volcán. Ciertamente “el Estado de derecho en México en una ficción”. El hecho ha recorrido todo el mundo; medios de comunicación de todas partes siguen buscando huellas delatoras. Parte de la respuesta la da el Instituto Mexicano de Estudios de la Criminalidad Organizada (IMECO): “El crimen en lo fundamental es [...] protegido desde el Estado y defendido desde el Estado [...] De hecho las ‘mafias’ mexicanas habitan en el corazón del mismo Estado”.

Ahora el propio ensayista reflexiona -a partir de un cuestionario que respondió por escrito- sobre algunas sobre las motivaciones, temas y nudos contenidos en Huesos en el desierto, que ha tenido una recepción extraordinaria dentro y fuera de México.

 

¿Cómo nació tu interés por investigar el caso de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez?; ¿en su origen tenía que ver con uno de tus motivos conductores como escritor: documentar y reflexionar sobre los bajos fondos?

—No sólo estaba el eco de los temas tratados en mi libro Los bajos fondos, esa aproximación al comportamiento proclive a la noche de las élites artísticas y literarias a lo largo del siglo XIX y XX, o sus intersecciones con lo prostibulario y lo delincuencial, sino algo más preciso: el diagnóstico de los contrastes entre la imagen fílmica y literaria en torno del asesino en serie y su posibilidad de emergencia en la frontera norte de México. Con todo, el primer atisbo a Ciudad Juárez, una auténtica "dimensión desconocida" como la definió Robert K. Ressler, me condujo al drama profundo del país, al reino de la impunidad y la imposibilidad de la justicia.

Huesos en el desierto tiene muchas lecturas, pero en cualquier caso es difícil mantener la cordura que va del estrépito a la incredulidad y el sobresalto, pasando por la náusea, ¿cómo decidiste la escritura del libro como tal?

—A lo largo de los años en que me dediqué a estudiar el tema, y a publicar en Reforma diversos reportajes, crónicas y artículos, atravesé también por los sentimientos de incredulidad, indignación, miedo, asco e inermidad. Pero sentía imprescindible tratar de encontrar un equilibrio racional que me alejara del patetismo, la nota roja, el desaliento, y lo encontré en el registro de todo el proceso delincuencial y su contexto histórico. Así, lo que antes se presentaba como una nebulosa obscura, gaseosa y caótica de sucesos inconexos, comenzó a convertirse en un mapa cada vez más nítido de la lógica siniestra del poder público y privado y sus nexos con el crimen organizado. Debajo de la "transición democrática", de su fe en la política partidista proclive a la oligarquía del país, surgía un documento de barbarie.

¿Cómo fuiste descubriendo ese mundo tan oscuro donde la vida se reduce a vértigos del azar; cómo lograste que te revelarán los datos más secretos y comprometedores para las instituciones(además de las referencias biblio-hemerográficas y las descritas en las fuentes.

Huesos en el desierto está fundado en una serie de investigaciones de campo, que en consecuencia te llevan a los protagonistas centrales. Una vez que hablas con ellos, aparecen indicios, hechos, testimonios, documentos que, complementados con las fuentes secundarias (libro y periódicos), sirven para arrojar luz allí donde las autoridades, por ineficacia y corrupción, han arrojado sólo confusiones y tenebras. El resto es un asunto del azar o de la providencia. En el fondo, se trata de una concentración intelectual y anímica que, desde luego. se apoya en la realidad, pero que cuenta a su vez con la capacidad de conjeturar para dirigir la pesquisa hacia el rumbo correcto.

Si sabemos que de erradicarse el narcotráfico la economía de Estados Unidos caería entre 19% y 22% y la mexicana hasta un 63%, no es difícil entender por qué ese hermético vínculo entre actores, protectores; protagonistas intocables, y chivos expiatorios acusados. ¿Cómo sitúas tu investigación temeraria en este contexto de secretos a voces y de gritos silenciados?

—Es una investigación de riesgo, desde luego, y el único manto protector con que cuento al final es la propia posibilidad de publicar lo que escribo. Yo no busqué el tema, sino que el tema llegó a mí. Sólo me queda estar a la altura de las circunstancias, e intentar hacer bien mi trabajo. Tengo claro algo: nadie debe ir a la guerra si no está dispuesto a entrar en el campo de batalla. Suena grandilocuente, pero es verdad.

Más allá de las razones económicas, una de las grandes preguntas es por qué las víctimas son mujeres jóvenes, trabajadoras, de bajos recursos económicos, algunas veces solas. ¿Para ti qué implica ese furor misógino ("la mujer es por naturaleza pecadora y por lo tanto, debe ser castigada”)?; ¿esa marca sexual tiene que ver con la manera en que el narcotráfico "proyecta su sombra y expone sus métodos?

—En la psicopatía de los asesinos parece haber un elemento adicional que le otorga un grado de alevosía mayor a sus crímenes: cierto rencor social que se ensaña con víctimas pobres. El poder del narcotráfico en México, así como sus nexos con empresarios y políticos resulta algo inobjetable, tanto como el hecho de que el narcotráfico implica una estructura patriarcal, jerárquica, iniciática, caciquil, que depende del secreto, de la sangre y del sacrificio en su cruzada contra el orden establecido. La violencia extrema, es decir, la violencia de género en este caso, es uno de sus mecanismos activos, aunada a la mediación de creencias irracionalistas, como la narcobrujería, el narcosatanismo, o la fe en la Santa Muerte.

¿En tu opinión la cultura creada por el narcotráfico ­los narcocorridos, las vestimentas, las armas, etc., que los tipifican- surge cómo parte del fenómeno conjunto, hoy una especie de épica construida para exaltar una figura que concentra algunos de las aspiraciones más elementales del género humano: poder y dinero?

—La llamada subcultura del narcotráfico evoca tradiciones populares y las mezcla con estereotipos de las industrias culturales o del espectáculo. El mercado sanciona los contenidos, los difunde y los entroniza con su dejo romántico hasta devolverlos a las diversas comunidades en un efecto de repetición que se agota a sí mismo en el trayecto, no sin antes convertir su estatuto de mercancía en otra industria cultural más: la de la academia, sobre todo, aquella que actúa en forma acrítica y encuentra allí un pretexto para autovalidarse.

Al parecer la resonancia de ciertos homicidios es circunstancial y termina por reducirse a la nada; el químico egipcio -con antecedentes penales en Estados Unidos- Abdel Latif Sharif fue condenado por el asesinato de la joven Elizabeth Castro, sin embargo había contradicciones entre las características presentadas por la familia y el cuerpo presentado, ¿es un hecho usual que no sólo se inventan culpables sino también restos de las víctimas?

—Sí, por desgracia, se trata de algo usual en Chihuahua. Se volvió a repetir con el caso de los ocho cuerpos hallados en el campo de algodón en noviembre de 2001: de acuerdo con los exámenes de ADN, ninguno de los cuerpos corresponde a las víctimas cuyo nombres fueron divulgados por las autoridades chihuahuenses en su momento. Todo el caso se les cayó, por lo que decidieron ocultar dichos resultados. Sin embargo, continuó el proceso judicial contra dos choferes con un saldo trágico: el abogado de uno de ellos fue asesinado a mansalva por los mismos policías que lo detuvieron y torturaron, y uno de los dos choferes murió, en circunstancias sospechosas que indican sus asesinato, en el penal de alta seguridad de Chihuahua.

¿Cómo explicas el caso de la joven holandesa Hester van Nierop?; ¿esté sería uno de los ejemplos de las víctimas circunstanciales?

—Ante todo, hay que recordar que el espacio público en Ciudad Juárez es de alto riesgo. En particular, para las mujeres. El caso de Hester van Nierop es impresionante: una muchacha que tenía horas de transitar por Ciudad Juárez, y terminó asesinada. En este contexto, no sólo ella sino todas las víctimas serían circunstanciales, pero esto nada nos dice y, al contrario, obscurece los hechos. Alguien la asesinó y está libre, su crimen continúa impune. Allí está el meollo del asunto.

¿En tu opinión que porcentaje de asesinatos estuvo fuera del círculo; narcotráfico, autoridades -estatales o federales- chivos expiatorios, pugnas y ajuste de cuentas o crímenes como claves?

—Para responder esto a cabalidad tendríamos que disponer de cifras oficiales ciertas y comprobables. Me atengo al porcentaje que propuso el Informe de Amnistía Internacional de agosto de 2003: un sesenta por ciento de homicidios sexuales o en serie; el resto serían cualquier clase de asesinatos dolosos.

Irene Blanco mostró que Abdel Latif Sharif Sharif no es el multiasesino que describe la fiscal al frente de la Fiscalía Especial para la Investigación de Homicidios de Mujeres (FEIHM).

—El razonamiento es al contrario en términos de derecho: la autoridad nunca ha demostrado la culpabilidad de Sharif Sharif como multiasesino, porque NO es culpable. Las autoridades de Chihuahua inventaron su culpabilidad. De hecho, el proceso que lo tiene en la cárcel condenado a 25 años por el homicidio de Elzibeth Castro García está viciado desde su origen.

En tu opinión porque la señora Blanco desistió su defensa del caso. (No deja de ser significativo que luego se haya incorporado como delegada de la SECODAM en el sur del país); ¿No resistió que se prolongara la sentencia por más de cinco años (y que llegara a los ocho)?

—Irene Blanco llegó hasta donde pudo llegar. La amenazaron de muerte a ella y a su familia. Atentaron contra la vida de su hijo. Su nombramiento como delegada de SECODAM le ha permitido sobrevivir, así sea bajo la posible vigilancia de sus empleadores.

Según Noeleen Hayzer directora del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas (UNIFEM) el número de mujeres aniquiladas en el mundo se aproxima a 60 millones. ¿En que lapso sucedieron estás aniquilaciones?

—La fuente se refiere a un plazo mediato y, en todo caso, la cifra es confrontable.

Cuando se minimiza el fenómeno de las muertes en Juárez se puede aducir fácilmente, la barbarie que se vive en muchos lugares del mundo. Pero además hay que añadir más de 500 mujeres desaparecidas, también, en la última década, ¿no?

—Las desapariciones de mujeres en Chihuahua contradicen la seguridad de su gobierno acerca de que en el periodo que le ha correspondido gobernar hubo una mejoría, ya que se presentaron menos casos de homicidios contra mujeres que en el sexenio previo. ¿Y las desapariciones, que nunca hubo tantas? Esto resulta inquietante sobre todo cuando el mismo gobierno reconoce haber ocultado el hallazgo de al menos un cuerpo en 2002.
   Esa abstracción que llamamos Ellos puede crear una ficción de terror (inventar culpables, escenarios y testimonios) pero detrás está la realidad con un sinfín de mensajes (in)descifrables. Ellos aparecen como omniscientes de una verdad que todos conocemos (las desaparecidas aumentan igual que los hallazgos de los cadáveres), pero se sabe muy poco de los móviles específicos y sus estrategias multiformes ni tampoco, cuándo terminará con esta brutalidad.

¿Aceptas que una posible conclusión somera sobre las homicidios de las mujeres muertas en Juárez es que el poder político y el poder económico vinculados aparecen como un abstracción inasible e intocable?

—No creo que sea algo tan abstracto ni inasible: están publicadas las pistas suficientes como para detener a los posibles culpables. La respuesta sobre el grado de intocabilidad de los sujetos señalados pertenece a las autoridades. A la fecha, se niegan a responderla.

Huesos en el desierto, además de ser una investigación que recorre distintas geografías sobre una barbarie cuyos motivos están identificados -aunque están lejos de poder precisarse- despliega muchas preguntas y reflexiones en torno a las nuevas relaciones entre empresarios-medios de comunicación y Estado (no sólo en México). ¿Puedes abundar sobre la idea "el Estado de derecho en México sería una ficción"?

—Me permito insistir que la barbarie que nos preocupa tiene motivos más que precisados. Por lo demás, reitero que el "Estado de derecho" debe consumarse en lo real y en lo formal, y no sólo, como en México acontece, en el segundo término. Es una contradicción escandalosa hablar de Estado de derecho cuando se tienen una impunidad de casi cien por ciento de los delitos, o cuando los jueces están corrompidos entre un cincuenta y setenta por ciento. O, más aún, cuando se presentan crímenes contra la humanidad sistemáticos como en Ciudad Juárez. En México vivimos bajo en una democracia "pirata", en el sentido de la mercancía "pirata", como bien afirma Vicente Verdú en su libro más reciente: El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción.

¿Cómo explicas la militarización de la seguridad pública en México?

—Por la esperanza de que la milicia fuera más eficiente y menos corrupta que las policías civiles. En los hechos, esto ha sido otra ficción del falso Estado de derecho en el que vivimos, donde lo legal y lo ilegal, lo lícito y lo ilícito se entremezclan en las instituciones públicas.

¿Cuánto ha servido la difusión internacional sobre las mujeres asesinadas en Juárez, para crear conciencia en el propio país del caso y cuánto ha servido para maniqueizar a México como territorio del horror, caos e impunidad?

—El apoyo internacional ha sido muy fuerte para evitar que la barbarie se normalice entre nosotros. A la fecha, nadie ha contribuido más que las propias autoridades mexicanas a reflejar el horror, el caos, la impunidad, y a demostrar su vigencia cotidiana una y otra vez.

¿Tú crees que los homicidios en Ciudad Juárez han contribuido para que México aparezca como un país de riesgo para los inversionistas extranjeros?

—No soy tan ingenuo como para creer que los inversionistas reparan en la vida de las personas de los países en los que invierten.

En tu opinión, ¿cómo ha manejado la prensa mexicana el caso, en cuyos extremos se encuentran, la búsqueda de la verdad y la testimonialidad y en el otro, el amarillismo que así enmascara los verdaderos nombres y pretende hacer verosímiles las versiones oficiales (por ejemplo, las declaraciones espectaculares de supuestos responsables de homicidios que más bien son chivos expiatorios)?

—Los medios masivos de comunicación, sobre todo los de índole electrónica, han tendido a la indiferencia y la reiteración de las versiones oficiales. Es una pena. Ojalá esto cambie cuanto antes.

¿Tu crees que la clase ilustrada (quiero decir los académicos los intelectuales los artistas) se ha sensibilizado ante este hecho?

—Al menos, este proceso de sensibilización se ha dado poco a poco.

¿Cuál ha sido la recepción de Huesos en el desierto por los escritores?

—Muy generosa. Extraordinaria, diría yo. Algo que de verdad agradezco.

Cómo enfrentaste el miedo a lo largo de tu investigación, sobre todo a partir del momento en que empezó la intimidación y agresión física sobre ti; ¿Cómo enfrentas la vida después de la brutalidad

—En 1999, al rozar los nexos de corrupción entre el crimen organizado y el poder, comencé a entrar en una zona de riesgo. Para contrarrestar el miedo trato de pensar en las tareas pendientes, en reivindicar la memoria de las víctimas. En exigir el castigo de los culpables y de quienes los patrocinan y los protegen.

¿Qué has visto y has sentido?

—El horror. El dolor. El miedo. Pero he registrado también la generosidad, el valor, la comprensión de muchas personas. No me siento solo.

¿Cómo ha cambiado tu vida está investigación: me refiero a tus hábitos, valores, manera de percibir el mundo; vincular la realidad con la escritura (la literatura)?

—Cambio todo para mí. Es demasiado inmediato este hecho como para que pueda valorarlo ahora.

Para terminar me gustaría que me dijeras, cómo glosarías en el contexto de Huesos en el desierto, la siguiente cita: "Dueño de su vida, el hombre, lo es también de su muerte".

—Si pienso en las mujeres que fueron víctimas de homicidio en Ciudad Juárez, la cita es una mentira podrida.

 

Sergio González Rodríguez, escritor y periodista, fue editor en el diario La Jornada. Desde 1993, es Consejero Editorial y colaborador del diario Reforma. En 1995, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez. Es autor, entre otros títulos, de Los bajos fondos, el antro, la bohemia y el café (1988) y de El Centauro en el paisaje (1992), finalista ex aequo del Premio Anagrama de Ensayo en Barcelona, España. En 2002, publicó su investigación sobre narcotráfico, poder político y femicidio en Ciudad Juárez titulada Huesos en el desierto, finalista del Premio de Reportaje Literario Lettre/Ulysses 2003 en Berlín, Alemania. En 2003, publicó la novela El triángulo imperfecto, finalista del Premio de Novela Antonin Artaud/ México. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

 

© Roberto García Bonilla 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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