En tiempo de guerra
tras el estallido solar del porvenir

Pablo Mora
moraleja@telcel.net.ve
Profesor Titular, Jubilado, UNET
San Cristóbal, Táchira, Venezuela
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La poesía es un estar despiertos al mundo
Andrei Tarkovski1

¿Quién es el ignorante que mantiene que la poesía
no es indispensable a los pueblos? Hay gentes
de tan corta vista mental, que creen que toda la fruta
se acaba en la cáscara. La poesía, que congrega o disgrega,
que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas,
que da o quita a los hombres la fe o el aliento,
es más que necesaria a los pueblos que la industria misma,
pues ésta les proporciona el modo de subsistir,
mientras que aquélla les da el deseo y la fuerza de la vida.

José Martí2

Del adagio, de la mordedura de la tristeza, el aleteo del sueño
despertándonos a la vida, el sonido de la cuerda ascendiendo por
riscos de ternura para detenerse absorto ante el universo, conjurando
tempestades, descifrando la transparencia de lo efímero, arribamos al

andante, este tiempo nuestro desatado de penas en el que metales,
vientos y cuerdas se esparcen para hacer su trabajo alfarero sobre los
días. En ese movimiento desplegamos lámparas de tierra y linternitas
de agua, desde el fondo de los pozos, para ir dibujando sobre la noche
del pasado, el estallido del porvenir, galopando en la frondosa
cabellera de la alegría, hacia los horizontes de la vasta humanidad que al fin seremos.

Mery Sananes3

 

Belleza y Revolución

Asombro, imaginación, vida, manera de vivir, modo de vida, de vida integral, de conocimiento, manifestación de la existencia humana, descubrimiento, encuentro, convocatoria, rebelión, revelación, expresión de libertad, libertad de vuelo, la poesía, antes que contar con una esencia única, un único origen, se fundamenta en una búsqueda de la verdad-belleza fincada en una vivencia personal, a la luz de una praxis cimentada en un colectivo, ofrecida como testimonio creador de comunicación.

Ponga la atención en sí o en el colectivo, a partir de su interioridad en el común misterio, dentro de una perenne vigilancia, el poeta da cuenta de lo que siente, vive, medita, ve.

… porque el verbo es ése: ver,
y ése el Espíritu, lo inacabado
y lo ardiente, lo que de veras amamos
y nos ama…

        Gonzalo Rojas, Oscuro.4

… Queda sólo el retumbo
en la turbación de la mirada.

…Significa mi ahora apenas el milagro
de la mirada…

… Entonces ver,
mirar como cualquier animalejo silvestre.
Contemplar se puede llamar el existir…

… Tempomirada...
…Codicia de palpar, avaricia de ver,
ínsito ánimo de expandir el plexo de la mirada…

      Lubio Cardozo, Ver.5

… Y se llamó al “estado de abierto” del “ser en” la “iluminación” del ser ahí”, en la cual y sólo en la cual, resulta posible lo que se dice “ver”.
        Heidegger, El ser y el tiempo.6

Imaginación, arte, creatividad, mirada, conciencia, vocación, transparencia, modo de relacionarse con la realidad -la más larga y gozosa de las noches-, rol de la poesía es ver, presentar visiones del mundo. Si viéramos podríamos descubrir lo invisible, la verdad que está ahí afuera y ahí dentro de cada uno, porque nuestros actos o nuestra palabra diaria nos pueden permitir ver la luz, fundiendo la palabra y la mirada, el ojo y el habla lírica7. Tiene que ver con la emergencia de un sentido que no ha de ser comprendido sino producido: un acontecimiento que hace de la noche el reino en el que (des) hacer mundos y asaltar la realidad. Otra poesía es posible. En la poesía se juega la partida. Lo que necesitamos es abordar a tiempo el tema de las maneras de ver.8 La frontera entre la realidad y el sueño cumple la misión primordial de dañar los sueños más urgentes y más bellos. (Jacques Derrida). Las guerras de la actual poesía están en otros campos, otros frentes, otros territorios, otras actitudes, otras miradas, de confrontación y aprovechamiento, de crisis y oportunidad. En este tiempo de incertidumbres, la poesía invita a mirar de nuevo con “otros” ojos, más atentos, despiertos, conscientes de lo mirado.9

Posicionamiento moral ante la realidad, poesía de la experiencia, poesía entrometida, comprometida -littérature engagée-, responsable, poesía de la conciencia, de nuevo compromiso, de mirada más colectiva, en resistencia, del conflicto, de la utilidad, otra sentimentalidad, la poesía ha de convocar una mayor presencia del hecho social, ha de hablarnos de nuestra vida, nombrando nuestra realidad, hasta sernos útil. Dispuesta a desenmascarar los espejismos de la realidad y constituirse en propuesta ética, hasta que despierte la conciencia crítica del lector frente a las leyes del pensamiento único.10 Que de la desolación general se pueda esbozar una máquina de guerra capaz de contrarrestar la violencia que todos padecemos. Dentro de una militancia creadora definida, no necesariamente sectaria, fanática o dirigida.

Poesía revolucionaria o social -el nombre no importa (política, civil) - sustantivamente es expresión literaria y adjetivamente realidad social. Es arte, ciencia y técnica, que conllevan un profundo mensaje humano. Una literatura que sobre su finalidad característica -la búsqueda de la belleza- persigue otra: la de tocar muy de cerca la sensibilidad popular. Ahora bien, para que se dé esta poesía, cabalmente, se requiere un artista de genio, un creador pleno. De resto, se expone a dejarse llevar por el soporte -la realidad social-, olvidando su papel de recreador de la belleza. De ahí que sean pocos los elegidos. El campo atrae, pero sobran los versificadores y faltan los poetas, los poetas de hecho. Tanto es así que de encontrarnos frente a un verdadero poema social, éste no ha de tener ni fecha de emisión -de nacimiento- ni de defunción. Estaríamos frente a la eterna poesía: la que resiste a los siglos por su mensaje. Hasta un poeta griego antiguo mantendría, así, la vigencia, hoy: Tirteo. Diríamos que mientras exista un Vietnam o un Iraq sobre la tierra, existirá la poesía y poesía social. Existirá sobre la tierra en tanto el hombre y la mujer respiren, en decir de Miguel Otero Silva.

La poesía cumple la misma función social que todo arte, en la medida en que el artista es un ser social, que parte de un medio dado y se dirige a él; por abstracto que sea un arte, jamás podrá hacer referencia a otra cosa que no sea la problemática del hombre. Igual, la conciencia social del poeta relaciónase con los conflictos de un sistema político y no con la poesía como oficio artístico. El poeta, aún el más comprometido socialmente, prepara la conciencia de solución, mas no la solución misma, porque el hecho poético no es el hecho sociológico.11

Sin ser propiamente historia ni sociología, la poesía social pone de manifiesto las inquietudes de los hombres y los pueblos. Aparentemente ambigua, la poesía social nos da pie para pensar que existiera una poesía no social, pura expresión de la subjetividad. Aunque toda poesía es social, existe una poesía en la cual los acontecimientos colectivos, los conflictos sociales o sus efectos han sido transformados, deliberadamente, en material poético. El yugo y la libertad, la riqueza y la pobreza, el amor y el odio, son algunos de los aspectos que representan el estímulo necesario y creador para que exista la Poesía Social. Evocar las cosas tristes de los pueblos marginados e inocentes que sufren, pero que sin embargo tratan de sobrevivir y luchan por encontrar un pedazo de esperanza; hacer de esta esperanza una ilusión, una utopía concreta, llena de tantas cosas bellas; contagiar los sentimientos humanos, las inquietudes espirituales y rebelarse en medio de la injusticia social, constituyen algunas de las metas de la Poesía Social.12

Para Ludovico Silva, la belleza es revolucionaria. De este principio debe nutrirse la teoría del socialismo. Ya Rimbaud sostenía la proposición de que “el porvenir será socialista”. Todo arte verdadero per se es revolucionario, independientemente o más allá de su contenido ideológico-político, si es que lo tiene. Toda revolución artística genera una transformación y una expansión de la sensibilidad humana y de la conciencia del hombre. A pesar del subdesarrollo de la conciencia social con sus secuelas de los estancamientos artísticos o de la cultura política, así como el surgimiento de la disidencia, un sistema que pretenda sustituir al sistema capitalista tiene que pugnar por una sensibilidad, por una liberación estética del hombre, esto es, por un hombre nuevo, liberado de las inmensas ataduras represivas, generadoras de agresión. El socialismo tiene que presentarse como una nueva sensibilidad, como un desarrollo libre de la conciencia, como la emancipación estética del hombre; en definitiva, lejos de toda plusvalía ideológica, como la emancipación de la “alienación universal”. De donde Belleza y Revolución ha de ser permanente bandera de combate.13

La supervivencia de un escritor en gran parte depende de lo bien que el artista refleje la época en que le toca vivir y crear. En tanto sienta la gigantesca agonía del mundo, la plasme y esclarezca; en tanto se desvele por el bien de los hombres; en tanto preste su pluma al servicio del arte, los avatares y complejidades del hombre.

Poesía, en fin, como forma emocional del conocimiento, como posibilidad de crear descubriendo, al servicio del hombre concreto, de palabra primordial pronunciada desde el ser entero; poesía en función desalienante, desalienada; realista, de palabra justa, necesaria, portadora del reclamo, de la angustia cotidiana; expresión del caos permanente, compenetrada con el contexto histórico. Una cosmovisión basada en un real humanismo asumido por el sujeto dialógico.

Poesía en resistencia: una conciencia de la responsabilidad, una poesía desafío, una poesía tentativa. Un aprendizaje de los que fueron y son, de los que están siendo, de los que vienen. Buscar nuevas armas: incendios propagándose desde las márgenes, levantando incendios en los matorrales del lenguaje. (Nietzsche). Hacer soñar largamente a quienes por lo general no sueñan, y sumergir en la actualidad a aquellos en cuyo espíritu prevalecen los juegos perdidos del sueño. (René Char). Combinando el arañazo al pensamiento y el corazón, esa punzada luminosa que tiembla en las entrañas, con el compromiso: el señalamiento y la denuncia de las heridas y opresiones de nuestro tiempo. Respirar desde la conciencia, desde esa herida abierta, en guerra, que llamamos conciencia.14

Tirar con atención del hilo de la realidad. Ésa la mejor poesía que concebimos para el mundo. Una poesía de la mirada, de atención, de guardia. Ese estar en el mundo que sólo puede mostrarse a una conciencia que, desde la radicalidad de su exponerse, universaliza lo individual de su experiencia, permite que nos reconozcamos en lo que habla y no nos desposee; que lejos de bloquearnos, nos permite autopercibirnos, lejos de las categorías del pensamiento dominante, continuar pensando y hablando, nos moviliza intelectualmente tanto para la crítica, como para la adhesión y la acción… En la medida en que sepamos liberarnos de lo que nos expropia y asumamos nuestro estar y actuar en el mundo desde la insumisión, la honestidad y el apoyo mutuo, tendremos una oportunidad para intervenir, realmente, en el mundo. A partir de ahí, las cosas ya sólo podrán cambiar, y no sólo en poesía.15

Una poesía de denuncia y sensibilización. Poesía en la calle. Pudiera ser mediante la performance, en defensa de los derechos humanos conculcados. Como la realizada por el artista venezolano Juan Loyola, descrita por Clemente Padín, en las rampas de la entrada del edificio de la 18ª. Bienal de San Pablo, Brasil, en 1985, titulada Fondo Monetario Internacional, Andá a la Puta Madre que te Parió. Donde un mar de tinta roja inundó las vías de entrada en el día de la apertura de la Bienal y Loyola, mientras sus ayudantes y algunos visitantes, cayeron, rodaron, se pusieron de pie y volvieron a caer, en una clara referencia a los baños de sangre que se venían llevando a cabo en Venezuela y otros países con motivo de las represiones populares y las duras restricciones al consumo que provocaba el compulsivo pago de la deuda externa y sus intereses.16

Ante el desenlace de un desguazamiento sistemático profundo al que nos vemos sometidos criminalmente, frente al abismo, frente a la humanidad en el estado estremecido en que se encuentra, la alternativa, ya en marcha, para una apertura de caminos: los jóvenes artistas, intelectuales, creadores, que van dando forma a un nuevo momento cultural, que va siendo también de observación crítica al desguace del cimiento cultural y material que nos devora. Delante de una humanidad saqueada y hambrienta, la literatura, el arte, la poesía, tienen hoy y siempre una función elemental: irradiar y despertar confraternidad, conocimiento, imaginación y participación social para una vida posible para todos. Pasar del cultivo de las formas vacías o vaciadas al diálogo práctico, fundante, cósmico, ecuménico, a la valoración de la palabra necesaria. Revalorizar la instancia poética, la de nuestra humanidad histórica con nuestro pecho al descubierto. Reafirmar la vida, reafirmar al hombre, todo aquello que no debe morir por necesario, vital. Reaprender que la poesía es igual a la voz más profunda del hombre ante sí mismo y ante el universo.17 Siempre del lado de la rebelión: lúcidos y tiernísimos frente a los más infelices; duros, exactos, crueles, frente a los imbéciles de los grandes poderes. (Francisco Madariaga).18

Hace falta estar ciego nos dice Rafael Alberti:

Hace falta estar ciego,
tener como metidas en los ojos raspaduras de vidrio,
cal viva,
arena hirviendo,
para no ver la luz que salta en nuestros actos,
que ilumina por dentro nuestra lengua,
nuestra diaria palabra.

      Rafael Alberti, De un momento a otro19.

O en el primer poemario antiimperialista escrito en castellano:

Nueva York, Wall Street, Banca de sangre,
áureo pulmón comido de gangrena,
araña de tentáculos que hilan
fríamente la muerte de otros pueblos.

… Ni siquiera eres dueña de tus noches…
Yo también canto a América, viajando
con el dolor azul del mar Caribe,
el anhelo oprimido de sus islas,
la furia de sus tierras interiores…
la dispersa conciencia de las olas…
Yo también canto a América futura.

      Rafael Alberti, 13 bandas y 48 estrellas20.

 

El estallido solar del porvenir

Trasmutar la palabra en grito, el grito en alarido, el alarido en coro, el coro en canción, la canción en asombro de todos los hombres. Cuando calla el día, maúlla el hambre en las ojeras grises. Entonces, la poesía toma la forma del torbellino y el aluvión. Se hace estallido e insurgencia. Se vuelve sobre sí misma para preguntar por su oficio, su sentido en medio de las tinieblas. Se hace palabra encendida que hace cauce al llanto que posa en el corazón engañado y afligido del hombre, para alcanzar un día la luz, para subrayar con su sangre la tragedia del mundo, el dolor de la tierra.

Canción anónima que se aposenta en la garganta de los hombres de todas las latitudes, todos los paisajes. Poesía, fuego organizado, señal, llamada y llamarada del naufragio. Para alcanzar un lugar en las avanzadas del conocimiento. Ni música ni medida, sino fuego. Bordando en el corazón la estrella roja, hecho fósforo y barro, pólvora y barreno, vigilar el rumbo para que no se retrase la fiesta del hombre, para que nadie duerma y salga a recorrer la tierra con el hilo luminoso de la justicia y el cascabel de la alegría. Instalarse en el centro del destino del hombre, hacerse instrumento para labrarlo. Constituirse en combatiente de las sombras, en encendedor de fogatas, en defensor de la justicia. Elegir entre las sombras y la luz. Juntar a los gritos anónimos e innumerables de quienes trabajan en la sombra paciente; persistentemente aguardando el tiempo de habitar en la luz. Pensar nuestro tiempo y nuestra propia responsabilidad en su acelerada descomposición, en el caos que nos contiene. Mientras tengamos vida, redimensionar nuestro hacer-decir frente a una concepción de la vida, del mundo, del hombre, de la humanidad que será en aras del mejor sentido y contenido del colectivo, ante una idea de la historia, la sociedad, la justicia, la belleza, el amor.

¿Qué mejor ofrenda que la canción de los tiempos que vendrán, cuando el hombre sea sacerdote del hombre y la tierra una mesa servida de alegría para todos? ¿Qué señal más alta que la que silban las hojitas de hierba en el viento de todas las colinas para anticipar la humanidad que será cuando al fin entre hermanos rescatemos la vida infinita que viene de las células más diminutas, recorre las dimensiones del amor y permanece polvo cósmico y enamorado, enarbolando hazañas de lo que aún seremos?

El canto recogerá la magia de la lluvia para aposentarse con ella en los aleros de los ojos de la risa. Canción que es hierba y colina, sonido de mar, fruta fresca, sal de la tierra, signo de advertencia, canto de insurrección para fomentar toda rebeldía. El poeta cantará su canción con los hombres de la tierra. Oirá el clamor, el griterío, al hambre en su galope. Testigo del grito, del aullido terrible de los hombres, sentado en el lugar del hambre, tendrá tiempo de llegar a ser.

Poesía es vida. Verso es todo suspiro que el hombre deletrea ante aquello que lo conmociona y asombra. Nada en la tierra que no cause asombro. El hombre guarda asombro para todo y es él mismo el asombro mayor. Poema es vivir del hombre cuando no hiere de muerte la vida. La poesía, por donde venga o vaya, ese viento antiguo, fuego que nadie puede contemplar sin un asombro antiguo, convertirá el pasto en noche, en cielo, en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en vida. Asombro antiguo, antigua lejanía, rayo, sueño antiguo; antigua soledad, antiguo asombro; hilo, alianza, sol y sombra, exactamente enigma; fogata, llanto, grito, espiga, pólvora; oirá el secreto de las piedras, del aire, de la estrella, de los hombres. Conducirá nuestra palabra hasta el sitio exacto en el cual el hombre se subleva, para que juntos hagamos de nuestra canción, canto de insurrección para los tiempos que vendrán.

“La poesía está viva. La poesía se cuela por los huecos de las puertas, de las ventanas, a pesar de los cerrojos que quieran ponerle: la poesía es subversiva”. Esto lo sostienen Bretón y Gonzalo Rojas. A pesar de toda hostilidad que atente contra la libertad del poeta, éste siempre recreará la realidad, será capaz de reconstruir todo condicionamiento si opta por soñar y luchar por sus sueños, por interrogar la realidad que existe detrás de lo real y que surge del talento de su corazón. Para ser poeta se requiere un buen grado de valentía, una clara, definida conciencia social.21 “No es que (…) confundiéramos obra y compromiso. La obra es lo que es. Pero rascando los problemas del oficio llegamos a las médulas vivas del compromiso y la responsabilidad de escribir, sin caer en adhesión total alguna.”22

No es que nazca un poeta, es que de pronto es ese corazón, la poesía que está en cada uno de los habitantes de este planeta, se vuelve verbo en su garganta. Y nace un poema, que no es hechura de un hechizo, sino laborioso andamiaje de un sueño colectivo que adhiere el arrebol de un atardecer único e insustituible. Un poema es un sueño colectivo. En la gran araña del viento y la helada flor de los umbrales.

Surgirá un nuevo orden. Una nueva poesía para un orden nuevo. Con la certeza de que las cosas habrán de ocurrir de otro modo. Poesía de insurrección porque no hay igualdad ni plenitud, ni espontaneidad ni sencillez ni terreno común donde no hay libertad. El poeta verdadero comprende que es necesario reventar las cercas del mundo, subvertir a todos los esclavos y aterrorizar a los déspotas, para que el hombre pueda aspirar a la liberación de su espíritu. Para ese combate en tiempos difíciles, el poeta rescata el asombro y el amor como su fuerza más alta, su poder invencible.

Una canción distinta para un orden nuevo. Para anunciarlo desde ya con todo el esplendor que pertenece a los tiempos que vendrán. Canto de insurrección. Una insurrección de la conciencia para que el hombre se mire a sí mismo, se conozca por primera vez, alto como es, degradado como ha sido, extraordinario como puede levantarse y erguirse, para alcanzar a los otros hombres y encontrar en esa solidaridad, en esa camaradería, en esa expansión, la verdadera y única plenitud. En la conciencia de estar salvaguardando la plenitud de los otros.

Insurrección de la palabra. Para que se haga su palabra, y su palabra sea acto, para que a su vez sea el acto quien toque al hombre. Una insurrección contra todas las cosas que impiden que el hombre vea, sienta, muera por mismo, por su propia voluntad. Insurrección por la pureza, la justicia, la libertad. Insurrección que es grito de guerra, llamado a la existencia, para romper toda servidumbre, toda dominación o esclavitud.

Toda poesía obviamente es social con independencia de su contenido. Toda poesía es política. En inicio toda política que no contenga poesía, entendida como esencia del hombre, no será una política para el mejoramiento de la humanidad. Y toda poesía que en su interior no sea política, porque revela lo real de la circunstancia del hombre, desde cualquiera de sus ángulos, será un mero escrito y no una saeta disparada al corazón del hombre.

Es la canción que desespera al enemigo, la que suena cada vez más alto, la canción rota que surge desde todos los confines de la tierra, y que la acompañan los pájaros y los insectos y las chicharras, y la toman los peces y la recogen las colinas, desde el mar, para hacerla descender con más fuerza aún. La que va a derrotar al enemigo, la que está derrotando al enemigo. La que no pueden quitar al hombre cuando le quitan la vida, la que no le pueden quitar a los pueblos, aunque los arrasen con llamas.

El espíritu es la canción, y la tierra es la canción y está cantando. Dolor de parto. Grito, alarido, música y guijarro, pólvora y barreno, fuego organizado, para tumbar los palacios, derribar los muros, y edificar al fin la casa de todos. Agenda del día. Parte, grito de guerra. Para fomentar toda rebelión, toda insurrección. La canción rota de la insurrección, la rebelión, la canción del combate. Hasta que la victoria haya instalado su dominio, y la alegría y el amor. Para entregárselos a los hombres que vendrán.

Entonces, salir a recorrer el insólito andamiaje de nuestras derrotas, perversidades, para recomponer, poco a poco, la claridad que nos pertenece. Refundar la vida. Fundar la vida de siempre. Comenzar de nuevo el acto de creación del hombre, el poder de creación; la búsqueda de los resquicios por donde se asome su canto, su humana y preterida condición humana. Para iniciar un tiempo, una historia y una vida nueva, al borde del universo, de pie, como un árbol robusto de un bosque frondoso, donde al fin podamos, como los pájaros, aprender a ser hombres.23

Y concluye taxativamente Mery Sananes al unísono con Pío Tamayo: Sólo así será nuestro el futuro. De los que agarramos el porvenir con la mano para moldearlo con líneas de ciencia y arte nuevos. Dibujando sobre la noche del pasado el estallido solar del porvenir. Galopando en la frondosa cabellera de la alegría, hacia los horizontes de la vasta humanidad que al fin seremos.24

 

Una canción que llueve sueños

Al alimón, los tiempos de guerra se juntan, juntaron, juntarán en el cristal quebrado de las ilusiones que nos sembró la risa. De allá para acá, no ha cesado la muerte, pero se ha multiplicado la mentira. Y ya este cuasihombre que somos, parece no saber hacia dónde mirar en busca de un camino. Tal vez porque siempre lo acostumbraron dejar que otros le indicaran la vida que debía vivir. Y en ese señalar, la muerte y el crimen no se han detenido. Se le calificó de uno y otro bando, para una misma cosecha de extinción y devastación. No hemos sido capaces aún de contribuir a crear un nuevo hombre que diera paso a una nueva sociedad, a pesar de que quedó la tierra regada de los innumerables hermanos que nos arrebataron. Íbamos con avidez a la conquista del poder, no de la razón para hacer del planeta algo distinto a lo que ha sido. Hoy, en este tiempo de guerra creciente, de abismos tormentosos y terribles, los pedazos de la canción del hombre, están tan fragmentados y dispersos, que a veces nos hacen creer que no podremos volver a recolectarlos. Y si fuese así y los muros fuesen tan gigantes, entonces tendremos que componer otra canción, inventar otro tiempo, enviar al exilio la muerte, invocar el porvenir, una y otra vez, persistente y testarudamente, hasta que dibuje aunque sea una tenue línea en el horizonte de la esperanza. Otros vendrán después de nosotros a seguir empujando la ilusión, a punta de siembra, de ofrendas, de una organización horizontal a través de la que todos nos juntemos para hacer valer nuestra decisión de vivir, por encima de todos los mercaderes antiguos y modernos, que siguen empeñados en extinguir lo poco que queda aún verde sobre la hierba.

Tiempo de guerra permanente el que nos ha tocado vivir. Difícil oficio ese de trasmutar muerte y dolor en recinto de ilusión, armados sólo de la sonrisa de los que se nos fueron y de los que llegan. No hemos podido detener la muerte interminable que se multiplica ni la oscuridad que se extiende persistente sobre el hombre. Hoy hay que atrapar luceros en las redes del alma para que vayan a darle de comer a las fogatas. Hay que moldear la palabra que hiere hasta hacerla bálsamo y dintel, granada reluciente derramadora de semillitas de amor. Dibujar desde este tormento las auroras que no vimos, el solar florecido que será un tiempo sin guerra, un planeta azul de alegría, en el cual el hombre que no somos se reintegre al fin a la naturaleza a la que pertenece, al cosmos de donde viene, habitante sideral del verde infinito de todas las inmensidades por siempre y para siempre.

No se ha ido la guerra, se nos ha venido encima con más fuerza que nunca, la de ayer y la de hoy, la de quienes no quieren sucumbir y los que pretenden ocupar sus lugares. Siempre el hombre al margen de toda acción, que no sea, quebrar sus secos ramajes para una poda que no alcanzará la sublevación de los copos. Los antiguos y los nuevos versos, esos versos, los tuyos y los míos, de entonces y tan de ahora, nos deben servir para invocar una nueva palabra, un signo distinto, para dinamitar el alma, no los campos ni los rostros, para dispararle a la esencia de lo que somos, no a la vida del otro. Juntos, uno tras otro, somos muchos. Algún día no disparará el soldado contra su hermano, ni el guerrillero contra el suyo, ni el combatiente contra quien obligan a despedazarlo. Nos pusieron y nos ponen a pelear entre nosotros. Y sin embargo tenemos aposentada en la garganta una misma canción que llueve sueños. Algún día nos encontrarán a todos juntos, y tendrán que deponer las armas, y tendrán que incendiar los arsenales, y tendrán que volver basura sideral los escombros de las máquinas infernales, porque no habrá quién las maneje, quien apriete los botones que las activen y mucho menos quienes las construyan ni formulen los cálculos para inventarlas. Algún día es la lumbre que alimenta la espera y es certeza de saber que algún día se recogerá la vida en la dulzura de los frutos caídos de la cesta o haremos brotar de ellos el hilo violeta de algún arco iris que aún no se ha asomado.

“Hoy me sublevo contra esa bomba de tiempo que es la muerte indiscriminada y el desplazamiento de los eternos condenados de la tierra. Me armé contra la injustita, dice Rimbaud. Pero de lo que se armó fue de una ardiente paciencia. Todo puede pasar cuando nadie puede ostentar ufano el perfil del inocente. Sé, señor, nuestro salvavidas. Ilumina a quienes toman las decisiones en pleno abismo. Y que sea expuesto al viento en su silla, en su silla de hierro, el hombre entregado a las visiones que irritan a los pueblos, como cantó Saint-John Perse”.25

Son estas en verdad
horas terribles
por todas las cosas
que no se perdonan
por todas las cosas
que hay que salvar
por todas las cosas
que son necesarias
en este tiempo de guerra

     Mery Sananes, Tiempo de guerra.26

Ciertamente, desde estos tiempos de guerra, penumbra y estallidos solares, de aguas turbulentas, se tiene que tomar las riendas, dirimir ideas, pensamientos, utopías, clasificarlos, hasta dar con un trabajo que desmonte propios, cósmicos, ajenos alaridos, hasta rehacer, reconstruir, fundar y refundar, reafirmar, reaprender, re(interpretar) o (re (inventar) los moldes donde signe el hombre nuevo su nuevo perfil, su lontananza. Cualquier paisaje airado, torbellino de ilusiones, preguntas y retratos, no más que trayecto para un camino aún por recorrer: esperanzas, desesperanzas, pasos desbordados, tras un salto al porvenir. Mientras, sólo queda volver a desmontar los vuelos apagados. Belleza, revolución, poesía social, compromiso, guerra, paz, pólvora y barreno, aurora o amanecer, ámbitos -la energía creadora del sueño- para aclarar, redimensionar, catapultar, para armar de nuevo, de cara a la completitud humana de este gran dolor en viaje hasta que cada idea-torrente llegue a ser canción que llueva sueños, equipaje para la vida, candil eterno, fogata, árbola encendida en cada insomne madrugada.

 

La razón poética ante la razón científica

Enzensberger ofrece un dilatado elenco de metáforas de las que se sirven las llamadas ciencias duras. En el campo de la cosmología, física y astronomía: antorchas, focos de mancha, coronas, vientos solares, ruido galáctico, agujeros negros, nubes oscuras, gigantes rojos, enanas blancas; en el de la matemática: raíces, fibras, gérmenes, nudos, lazos, bucles, rayos, banderas y pabellones, familias, esqueletos, anillos, ermitaños, monstruos, colas de golondrina, nudos salvajes... ¿Puede haber algo más poético?

La ciencia necesita del científico/poeta capaz de cambiar el marco de nuestra visión miope de la realidad. Cada vez que las preguntas se complican necesitamos reformularlas dentro de un nuevo marco en el que se hace imprescindible la valentía del artista/científico y el rigor del científico/artista.

Sin “emociones humanas”, según palabras de Lenin, “no ha habido, no hay ni puede haber búsqueda humana de la verdad”. Ciertos físicos llegan a decir: “Una idea tiene que ser más que cierta, tiene que ser también bella, si ha de causar mucha excitación en el mundo de la física... Una idea bella tiene mayor probabilidad de ser una idea correcta que una idea fea.” Afirmaba Huidobro: “La imaginación poética es hermana de la imaginación científica”.

“… Cuando se ha escuchado al más grande innovador científico de este siglo, iniciador de la cosmología moderna y responsable de la más vasta síntesis intelectual en términos de ecuaciones, invocar la intuición en ayuda de la razón y proclamar que ‘la imaginación es el verdadero terreno de germinación científica’, llegando incluso hasta reclamar para el científico el beneficio de una verdadera ‘visión artística’ -¿no tenemos derecho a considerar el instrumento poético como igualmente legítimo que el instrumento lógico? … En verdad toda creación del espíritu es en principio ‘poética’ en el sentido propio de la palabra; y en la equivalencia de las formas sensibles y espirituales, una misma función se ejerce, primeramente, para la empresa del científico y para la del poeta…. El misterio es común. Y la gran aventura del espíritu poético no le va en zaga a las aperturas dramáticas de la ciencia moderna… Frente a la energía nuclear ¿bastará la lámpara de arcilla del poeta para su propósito?. -Sí, si de la arcilla se acuerda el hombre.” (Saint-John Perse).27

De ahí, la importancia de la labor creativa en la resolución de problemas. El yo inconsciente o subliminal juega papel esencial en la creación matemática, es decisivo en el descubrimiento. La incubación que lleva a la iluminación, al encendido de la bombilla en el momento oportuno, cuando la idea viene como un repentino resplandor de relámpago, todo, hace pensar que el sentido de belleza estética, los criterios estéticos, están más que conectados con los de la verdad.

Repitámoslo, sin creación, sin asombro, no hay filosofía ni ciencia y menos técnica o tecnología. Ellas son hijas del asombro. La poesía un método de conocimiento, para el conocimiento de la realidad. El asombro el principio de la filosofía, la ciencia, la tecnología, la poesía. Cada nuevo obstáculo, objeto insólito, hace que lo admiremos y nos asombremos. El asombro hace cavilar y progresar al hombre. Ciencia y Poesía no más que hijas de la curiosidad, de la duda, de la necesidad del género humano en su eterna búsqueda de respuestas. De ahí que hayamos propuesto la creación de una nueva disciplina: la poiesología: ciencia de la creatividad y las leyes que la regulan en relación con la naturaleza, el hombre y el arte, al interior de la ciencia, la técnica y la tecnología.

En serendipity, en acecho, cabe la vigilia. En hondas madrugadas, en las altas horas del alba, tras el salto del dato inesperado, indispensable para darle aliento a la pesquisa diaria. En armónico silencio. En resilencia permanente, el universo en resilencia. La danza del aire en fuego, en tierra, en agua. Dando tiempo al camino a que regrese. A son de pétalos zafados de la luna. O de esta sombra antigua, vagabunda.

Con todo, mientras la lógica pretende explicar el mundo, será la Poesía -poiesis- la que se encargue de salvarlo. Sólo, entonces, la razón poética podrá rescatar para nosotros el mundo destruido por la razón científica, la razón técnica y la razón política

Habrá de haber lugar para la Poesía, si no quieren pueblos y hombres sucumbir.

 

Hacer mover la Tierra

Inventémosle al mundo una lógica poética. A las piedras enarbolemos el horizonte. Siempre habrá un camino, una trocha, un cauce. Compartamos una (i) rreverencia por la vida. Cada quien en su trinchera, avance en sueños, aspiraciones. Luchadores de una causa común, un mismo verdor, como el que anhelamos para una tierra poblada de una humanidad de verdad, sembremos semillitas en alguna parte; otros las recolectarán y esparcirán otra vez, con nuestras voces, con las suyas, con las de tantos, con el canto anónimo y colectivo del que hablan León Felipe, Gabriel Celaya y el viejo Walt, en Poesía, Sociedad Anónima, victoriosa, galopante por el orbe. Tomemos al vuelo las palabras que nos salgan al paso. Celebrémoslas. Enhebrémoslas. Hagamos el mejor tejido, el mejor bordado. Ni mías, ni tuyas, de nadie, sino de todos, en marcial convivialidad creadora. El insomnio en vez de convertirse en espejo de nosotros mismos, sea caja de resonancia de un canto por inventar. Celebremos la Poesía, desde las rosas pestañas de la aurora, nuestra primera camarada, hasta darle un viraje a tanta sombra, puesta la mano en los arietes, para seguirle el paso a la batalla y emprender las que falten todavía.

Corredores de relevo en una pista por construir, hacia una meta que aún no vislumbramos, a sabiendas de que la vamos construyendo cada vez que pasamos al otro nuestro equipaje frugal, para que se haga más leve el esfuerzo, y más luminoso el incendio solar de las luciérnagas. Nada más ni nada menos. Ésa, nuestra función; ése, nuestro oficio. ¿Cómo cultivarlo sin parecer sospechosos? ¿Cómo dejar que los pastos inunden los cielos, sin creer que por ello podemos cercarlos? No hay más cuándos, ni mientras, ni cercas. Todos los seres deberíamos cultivar relaciones de azulejos, nutrirnos cada mañana de pomarrosas, volar cometas con palabras incandescentes que vayan a llevar la luz donde sólo hay tinieblas. Pero allí no se queda nuestro oficio, ni nuestra tarea. Debemos indagar en la oscuridad, escudriñar en los pozos, bajar a las profundidades de las sombras, para entender, comprender, aprehender cuáles serán los caminos más expeditos para la luz, en un planeta, un mundo y una vida, que se han definido por la muerte reiterada. Allí debemos encontrarnos, en ese punto, para ver hacia dónde vamos, hacia dónde va esta dolida humanidad.

No queda sino aliarnos. Cómplices de un mismo sueño, para una causa común. Tras el alimón que alguna vez tendrá que sumar millones de cantos en una canción múltiple y única que refiera el dulzor de pomarrosa que está en el corazón de cada quien. Si no somos aspirantes a alquimistas, ¿de qué nos servirá la palabra? Debemos desmontar mentiras, no asustarnos de verdades que duelen, seguir siempre los caminos que sean fieles a nuestra concepción de la vida y a nuestro sueño de futuro. Por más solos que nos quedemos. Por más que el suspiro venga de las honduras de un pozo. Tras una palabra que en vez de confinar, libere. Trataremos de ir más acá del horizonte, a los pozos donde se esconde la angustia para llevarla lejos, lejos de la Tierra. Llegar a ser capaces de convertir los cascajos en gajitos, desde el territorio de los sueños, de los suspiros, del porvenir. Tendremos la alegría de encontrarnos con nuestros versos y extenderlos: en esa capacidad de leer en los charcos los conciertos que nos regalan los sapitos. Haremos de nuestros días no un cascajo de horas, sino un gajito de ilusión.

Solos, en medio de la tierra, solos, de la raza que canta en la tormenta, en el desierto, en soledad triunfante, interrogamos a la noche a solas: su temible imperio que pesa como un destino, pero nada amanece que no sea la faz monótona de otro día; de otro odio, otro terror, otra guerra. A tientas, a flor de siglo o de la niebla que cae de los remotos días, que crece y nos envuelve, volvemos a sentarnos y hablamos ya sin vernos; charlamos horas sin saber quién está muerto o quién vive todavía.

Solemnes a la manera del día, es decir, con la menor solemnidad aparente, improvisamos un simulacro de posteridad, donde empieza tranquilamente el futuro, para que la alegría llegue a ser al fin realidad y cada niño reciba, junto al alimento y el libro, la guitarra verde y roja a la que tiene derecho como hombre. El mundo está en un borde. No caben certidumbres rotundas. No nos queda sino ser contraste, hacer más vivo el vivir; no convencer ni vencer, sentir lo que las cosas, las palabras y las horas tratan de decir.

Si inventamos desde ya el futuro, lo estaremos atrayendo, convocando, haciendo posible. Hablamos del propio oficio de la palabra, de la poesía, del hombre que tratamos de ser. De nuestro trabajo aquí en la tierra, y en los delirios de un cielo poblado de azulejos. Estamos poniendo la atención en los más grandes retos que tenemos como pensadores, aspirantes a creadores, sembradores siempre de árbolas. No lo dejemos a un lado, hurguemos en él, a ver cómo nos ayuda a clarificar nuestros propios deslaves. Para las abrilerías, un tiempo azul de azulejos, que vista de lumbre las mañanas, un gajito de río que haga retoñar los guijarros y un bosque de árbolas, decididas a ser nube y aguacero en el pastizal de los cielos.

Resistir, rebelarse, es necesario. Sentirse, serse. Hay que comenzar por dentro/ o no nos entendemos. (Mery Sananes). Hacer volar los sueños. Hacer mover la Tierra. Lograr morir de pie. Pertenecer a una obra común, a un hombre común, a un común dolor humano, a una hora y un ahora cósmico. Que nunca se nos nuble el horizonte. Que no crezcan los cráteres del miedo. Que no se empequeñezca la esperanza. Que el entusiasmo sea fe, energía; creencia, riesgo, fuerza, madrugada; la festiva grandeza del preámbulo, un desgarre de luces torrentosas, un mirar hacia dentro de nosotros, una crisis fulgiendo en fogarada; resistir el milagro de la vida, el abrazo del hombre que florece, la grieta que nos lleve al alumbraje.

Sin que nadie nos haya conferido el derecho de hablar por el otro, y ni siquiera por lo que creemos que somos, enfrentemos como altavoces los problemas circundantes. Sigamos encontrando en los abriles y en los mayos y en los inviernos las claves que la vida nos da, para que seamos portadores de linternitas de agua y de lámparas de tierra. Y hagámoslo con espontaneidad y regocijo. Desfacedores de agravios y sinrazones, de claro en claro y de turbio en turbio, enderezando entuertos, velando a pensamientos desatados.

 

Angustias, misterios, sobresaltos

Venimos de las mismas veredas o las mismas Romas. Cada quien tiene sus giros, sus Girardi. Importante no tenerle miedo a las ideas. Cuidar cada quien sus impresiones. Ir libre por las calles. En el caso del poeta, misión delante, se vale de un lenguaje esencialmente imaginativo, alejado de los parámetros meramente explicativos, dentro del ámbito de la fantasía en aras de una soledad aparentemente atenta. A partir de un conocimiento de sí mismo, persigue una identidad o conciencia colectiva. De repente toma cartas en el acontecer inmediato y produce algún documento afrontando tal o cual imperio o régimen nacional. Estamos, entonces, ante la eterna polémica en torno al compromiso del escritor o la poesía comprometida.

El poeta entiende que la palabra está hecha para defender la luz del mundo, ver los árboles. oír los pájaros. Caminar entre la gente y saludar al sol profundo que brilla en el corazón de los humildes. Mirar el llanto oscuro que hay al fondo de todos los rincones. Verse en el que tiene más de mil años de pedir pan y sueño, en el que no tiene camino que seguir, en ese corazón asomado al espejo de sus enigmas. Detenerse a la orilla sangrante de una lágrima. Acercarse a los que sueñan o sollozan, o tienen hambre y sed bajo el cielo. Adentro de las pequeñas casas de cartón, escuchar el sonido de las lágrimas. Dar con la definitiva claridad del hombre. Irse noche abajo perdido entre las piedras y las flores, entre las sombras y las nubes.28

Estando así sus miras y sus rimas, la fidelidad del poeta a una u otra concepción política, pasajera, deja de ser determinante para el ejercicio de su papel creador al interior de su libre albedrío, en la perenne lucha por sus propios sueños. Antes que cómplice inútil de cualquier trastienda, antes que falsear la realidad alegremente, antes que hacer de su obra una mera naturaleza muerta, enarbola en alto la fogarada de sus sueños en conciencia colectiva.

Lejos de pensar como Napoleón que la política es el hado, sabe que en cuanto el poeta se mete en política, ¡adiós poeta! Es Goethe quien lo precisa: “En cuanto un poeta pretenda actuar en política, tendrá forzosamente que entregarse a un partido, y tan pronto como eso haga, se habrá perdido ya el arte. Tendrá que despedirse de su libre ingenio, de su visión de las cosas, desenfadada y libérrima, para encasquetarse hasta las orejas el gorro de la limitación y el odio ciego.”29

“Conciencia Colectiva” en cuanto que su vida y obra “se ajustan a su significación histórica, en la medida que parece resumir los logros, avatares y condición de los intelectuales y escritores.”30 Pablo Neruda es un claro ejemplo de esta limitación y este odio ciego.

Así, en Canción de gesta (1960), exaltación de la revolución cubana y saludo expectante a la revolución continental, demuestra, como él mismo lo admite, que se trata de un arma directa y dirigida, una ayuda elemental y fraternal que entrega a los pueblos hermanos para cada día de sus luchas, convencido de que asumía una vez más y con orgullo sus deberes de poeta de utilidad pública. Otro tanto ocurre con Incitación al Nixonicidio y alabanza de la Revolución Chilena (1973) donde pareciera no hallarse el padre otoñabundo de otros días y otros libros. Neruda mismo se adelanta a respondernos: “Pongamos frente al paredón de la Historia a un frío y delirante genocida.” Con la artillería poética por primera vez puesta en acción, nos recuerda: “Ha probado la Historia la capacidad demoledora de la Poesía, y a ella me acojo sin más ni más.” Definitivamente, estamos delante de un libro en el que antes que ambicionar la delicadeza expresiva, metafísica, el autor echa fuego hasta por las orejas, en la esperanza de que, refiriéndose a Nixon, “el deber de la poesía es convertirlo, a fuerza de descargas rítmicas y rimadas, en un impresentable estropajo.”31

Pensamos que esta obra de Neruda, canción ofensiva y dura como piedra araucana, demuele por completo al Presidente sanguinario, al criminal ardiente, al genocida de la Casa Blanca. Con todo y todo, horadando y horadando a Nixon, el furioso, el lejano chacal indiferente, a verso limpio y corazón certero, esta obra sin duda alguna estará en la mira de la poda crítica que en camino sobre Neruda venga, pues estamos indiscutiblemente delante de una función efímera del bardo araucano, que nos lleva a recordar la reflexión goethiana: En cuanto el poeta se mete en política, ¡adiós poeta!

Pensamos en tantos poetas que por mezclarse en las luchas de los partidos políticos, junto a uno y otro asesino, asesinato, fraude, dolo, corrupción, efusión de sangre, masacre, contubernio o conchupancia, terminaron siendo devorados por la política

Importante mantener la sangre fría a pesar de que nos hierva dentro. Ser firmes en nuestro propósito. La voluntad es inquebrantable cuando se tiene fe. Nada ni nadie debe desviarnos de la ruta que nos conduce a lo inexorable. (Emilio Figueredo). Cada quien debe guardar muy adentro y muy bien sus impresiones, sus propios sentimientos, angustias, sobresaltos.

De rondón, nos viene el albatros de Baudelaire: “Como el rey de la nube es el poeta: / burla al arquero, cruza el mar pujante, / y no puede, proscrito en el planeta, / caminar con sus alas de gigante.”32 Lejos de toda pequeñez, sin falsas pretensiones, sin necias suficiencias, sin fatuas nimiedades, el poeta, con la fe del proverbio latino, parece decirnos: Aquila non capit muscas. Representante del misterio, del enigma, del asombro y del insomnio, vigila que vigila, el poeta no cesa de preguntar y preguntarse:

Cuándo
con qué fuerza
de qué modo asumir
nuestro destino

      Dionisio Aymará, Vivir y otros enigmas.33

 

Entre magia, gozo y guerra

Haremos lo que nos falta sin cortarle la cabeza a la nueva, vieja Libertad. Esquivando ruinas, rendijas y tragedias, por la puerta grande entraremos al futuro. Procuraremos que no se desvanezca más la Fraternidad, la legalidad de nuestras cosas y modales entre la humana bruma. Reconoceremos, entre lluvias, quebrantos y derrotas, la Igualdad que todavía no conocen las palomas.

Desde las costas de la divina antigüedad, iremos al cósmico descubrimiento de nuestros descubridores, descubiertos ahora entre su selva oscura. Demostraremos que la historia comienza allí donde los monumentos empiezan a ser inteligibles como el indio que llevamos repleto de claves para el mundo y su conquista. De pueblo sin memoria que se dijo, responderemos por la historia nueva, a punta de herejías y retazos.

De vacío para un experimento, escenario apenas, seremos pueblo de pie ante el destino. Nuestro telúrico misterio es el tamaño, la grandeza, que ahora defendemos. Y a soberbios solidarios, no hay quien nos gane. Ya el salvaje sabe cual es su utópica presencia. Sujetos de la historia, ante el orbe que nos mira, en la corriente, entre el desierto, construiremos la nueva levadura, el nuevo pan: la paz, el lauro, la memoria.

Nuevos Comuneros, daremos socorro a nuestros sueños. No araremos en el mar porque hollaremos duro el caos primitivo con las cien cabezas de la hidra. Instauraremos la nuevavieja costumbre de hombres-salvajes-buenos- malos entre la sombraluz, de manos con el Sol. Haremos la síntesis, más allá de cruces, lenguas, misterios y milagros. Daremos con el primer quejido yaraví, la sonrisa primigenia con que saludáramos a nuestros dioses.

Para decirle al mundo que en su desierto, de tránsito, vamos perseguidos, persiguiendo. Con nuestros viejos nuevos trastos, cántaros, chícaras, chorotes y tapices, daremos calor, aguamiel y aguardiente a la esperanza, hasta hacer bailar a las estrellas, cuando canten los gallos de otro modo, al despertar la nueva madrugada.

Lejos quedaron los agobiantes lingotes del camino, los espejos. Cosmos es ya el caos, ecuménica energía. Vamos con el Creador y la creatura, en salvajes Catedrales, copulando en silencio, anudados durante siglos, pisoteados por las bestias. Vamos con el horno salvaje de todas las especies, con los manglares que penetran en el mar, borrachos de salmuera.

En cósmicos ayuntamientos, entre dioses, árboles y piedras; con las altas hierbas, la obsidiana, el cocotero, la libélula, la mosca, el escarabajo, la gaviota, la Mujer-Lagarto, el Suelo-duro, la caña, la raíz, el tiburón, la fina polvareda del aire. Con el hombre degollado hecho Luna. Con el buitre, el águila, la chicharra, el armadillo; las enredaderas, los torrentes, las cerbatanas y todos los caminos.

Con Pachacámac, Atampam, Guamán, Jadán, Gualanlema, Quilaquilago, Caxicóndor, Pumacuri, Tomayco, Cuchitaype, Guaicaipuro, Paramaconi, Sorocaima, Duchinachay, Dumbay.

Con nuevos paradigmas, instrumentos, direcciones, firmas, sinclinales, singladuras, óleos, espátulas, escuadras, capodastros, martillos, asombros y plomadas. A perseverar. A sobrevivir. A nuestra hacencia. A la duda. A compartir. A comprender a los ladrones, los grillos, los azulejos, los dementes, los zancudos. A quitarle zánganos al viento. A agregarle estrellas a los cielos.

Vamos a encontrarnos y a encontrar siquiera una parcela, por mínima que sea, una franja de nuestra fecunda antigua humanidad. Despiertos con el despertar del viento.

¡A libertad por todos los caminos!

 

Ceniza de un constante fulgor

Al cabo estábamos volando, conversando, furiosos, incorpóreos, dando vueltas en torno a la vida, alzando los brazos como relámpago, abriendo los cedros, los soles, las tardes, las noches, y desentrañándonos más allá de nosotros, buscándonos, Gentes del sueño y Gentes del viento, nubes con humo en cristal de poesía, en el patio de ladrillos y cielo, en el tiempo de las manos, siempre bajo el sol, bajo la noche. Del sueño y de los vientos, en errancia furibunda, a la ruta nos debemos. Atrás quedan las puertas quejándose en el viento. Atrás queda la angustia con espejos celestes. Atrás el tiempo queda como drama en el hombre: engendrador de vida, engendrador de muerte. El hombre siempre solo, con su mirada, suya, con sus recuerdos, suyos, y con sus manos, suyas. El hombre interrogando a sus calladas sombras, viajero, insomne, descontento, anónimo, oscuro, devorado, dormido bajo las estrellas de otro mundo, oyendo una campana de antiguos molineros. El hombre, ceniza de un constante fulgor, borrasca, grito y alborada, despeñadura enloquecida, locura en lucha con su pena, en indistinta celebración de vida, cuidando los helechos, la noche que roza los helechos. Nada tenemos contra la muerte. Pero nos hubiera gustado vivir la promesa de un paraíso donde el amor fuera posible sin la espina de su corona. Siempre la misma poesía. Nos deslumbra el goce imperfecto. Sin saber cuántas vidas hemos vivido, hay cauces que aún no hemos alcanzado. Cauces que nos cubren, nos circundan, nos acusan, nos gritan, nos reclaman. Hay cajas de madera, ruinas circulares, objetos rescatados, palabra, imagen, reciclaje, poetas enfrascados. Dos poetas, cinco poetas, diez poetas, veinte poetas, gallos flacos, desgreñados, cantando juntos a la vez. Justo un toque de campanas para alborotar plumajes. El vientre, el útero cósmico, un modo de estar en sueño, de preservar los mil ojos de la memoria, el orden cósmico, el magma, la visión, el timbre, los arpegios. Porque venimos de la noche y hacia la noche vamos. Esta es la sombra repitiéndose, el hombre, pincelazo en el paisaje, ara de dolor, barro, claroscuro, como un faro en mitad de la noche, ruido en el tifón de la noche, abandonado a las aguas, resistiendo, en la tierra de la noche, como un árbol después de la tormenta, ¡único huésped de la noche sola!

 

Sentado sobre los muertos

Sentado sobre los muertos que se han callado dos veces, beso zapatos vacíos y empuño rabiosamente la mano del corazón y el alma que lo mantiene. Que mi voz suba a los montes y baje a la tierra y truene, eso pide mi garganta desde ahora y desde siempre. Acércate a mi clamor, pueblo de mi misma leche, árbol que con tus raíces encarcelado me tienes, que aquí estoy yo para amarte con la sangre y con la boca como dos fusiles fieles. Si yo salí de la tierra, si yo he nacido de un vientre desdichado y con pobreza, no fue sino para hacerme ruiseñor de las desdichas, eco de la mala suerte, y cantar y repetir a quien escucharme debe cuanto a penas, cuanto a pobres, cuanto a tierra se refiere. Ayer amaneció el pueblo desnudo y sin qué ponerse, hambriento y sin qué comer, y el día de hoy amanece justamente aborrascado y sangriento justamente. En su mano los fusiles leones quieren volverse para acabar con las fieras que lo han sido tantas veces. Aunque te falten las armas, pueblo de cien mil poderes, no desfallezcan tus huesos, castiga a quien te malhiere mientras que te queden puños, uñas, saliva y te queden corazón, entrañas, tripas, cosas de varón y dientes. Bravo como el viento bravo, leve como el aire leve, asesina al que asesina, aborrece al que aborrece la paz de tu corazón y el vientre de tus mujeres. No te hieran por la espalda, vive cara a cara y muere con el pecho ante las balas, ancho como las paredes. Canto con la voz de luto, pueblo de mí, por tus héroes: tus ansias como las mías, tus desventuras que tienen del mismo metal el llanto, las penas del mismo temple y de la misma madera tu pensamiento y mi frente, tu corazón y mi sangre, tu dolor y mis laureles. Antemuro de la nada esta vida me parece. Aquí estoy para vivir mientras el alma me suene y aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue, en los veneros del pueblo desde ahora y para siempre. ¡Varios tragos es la vida y un solo trago es la muerte! (Miguel Hernández).

Está mi corazón en esta lucha. Mi pueblo vencerá. Todos los pueblos vencerán, uno a uno. Estos dolores se exprimirán como pañuelos hasta estrujar tantas lágrimas vertidas en socavones del desierto, en tumbas, en escalones del martirio humano. Pero está cerca el tiempo victorioso. Que sirva el odio para que no tiemblen las manos del castigo, que la hora llegue a su horario en el instante puro, y el pueblo llene las calles vacías con sus frescas y firmes dimensiones. Aquí está mi ternura para entonces. La conocéis. No tengo otra bandera. (Pablo Neruda).

Ellos no tienen lecho, pero sus manos son las que hicieron nuestras casas. Ellos comen cuando pueden, pero por ellos comemos cuando queremos. Ellos son zapateros pero están descalzos. Ellos nos visten pero están desnudos. Ellos son los dueños del aire cuando manejan alas, mas son los limosneros del aire en tierra. Ellos no hablan, tienen palabras vírgenes... Hacen nuevo lo viejo... La mañana lo sabe y los espera... (Manuel del Cabral).

Mientras alguien padezca, la rosa no podrá ser bella; mientras alguien mire el pan con envidia, el trigo no podrá dormir; mientras llueva sobre el pecho de los mendigos, mi corazón no sonreirá... El rumor de un pueblo que despierta ¡es más bello que el rocío! El metal resplandeciente de su cólera ¡es más bello que la espuma! Un hombre libre ¡es más puro que el diamante! (Manuel Scorza).

 

Exorcismo

Al fin de la batalla, y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre y le dijo: "¡No mueras; te amo tanto!" Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Se le acercaron dos y repitiéronle: "¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!" Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, clamando: "¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!" Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Le rodearon millones de individuos, con un ruego común: "¡Quédate, hermano!" Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Entonces, todos los hombres de la tierra le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; incorporóse lentamente, abrazó al primer hombre; echóse a andar... (César Vallejo).

A aquel hombre le pidieron su tiempo para que lo juntara al tiempo de la historia. Le pidieron las manos. Le pidieron los ojos. Le pidieron sus labios. Le pidieron las piernas. Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros. Le dijeron que eso era estrictamente necesario. Le explicaron después, que toda esta donación resultaría inútil sin entregar la lengua porque en tiempos difíciles nada es tan útil para atajar el odio o la mentira. Y finalmente le rogaron que, por favor, echase a andar, porque en tiempos difíciles esa es, sin duda, la prueba decisiva. (Heberto Padilla).

Dadle, dadle mil, dadle mil golpes, dadle mil golpes al diamante. Siempre, siempre seguirá, siempre seguirá siendo, siempre seguirá siendo diamante. Dadle, dadle mil, dadle mil golpes, dadle mil golpes al pueblo. Siempre, siempre seguirá, siempre seguirá siendo, siempre seguirá siendo el pueblo. Porque el pueblo es como el diamante. Encerradlo, encerradlo bajo mil, encerradlo bajo mil candados, encerradlo bajo mil candados al aire; siempre, siempre permanecerá, siempre permanecerá siendo aire. Encerradlo, encerradlo bajo mil, encerradlo bajo mil candados, encerradlo bajo mil candados al pueblo. Siempre, siempre permanecerá, siempre permanecerá siendo el pueblo. Asesinad, fusilad, masacrad, ametrallad al pueblo, habrá siempre, siempre habrá pueblo. Porque el pueblo es como el aire. Asesinad, fusilad, masacrad, ametrallad la luz; siempre, habrá siempre, siempre habrá luz. Porque el pueblo es como la luz. (Otto Raúl González).

Lo harán volar con dinamita. En masa, lo cargarán, lo arrastrarán. A golpes le llenarán de pólvora la boca. Lo volarán: ¡y no podrán matarlo! Lo pondrán de cabeza. Arrancarán sus deseos, sus dientes y sus gritos. Lo patearán a toda furia. Luego lo sangrarán: ¡y no podrán matarlo! Coronarán con sangre su cabeza; sus pómulos, con golpes. Y con clavos sus costillas. Le harán morder el polvo. Lo golpearán: ¡y no podrán matarlo! Le sacarán los sueños y los ojos. Querrán descuartizarlo grito a grito. Lo escupirán. Y a golpe de matanza lo clavarán: ¡y no podrán matarlo! Lo pondrán en el centro de la plaza, boca arriba, mirando al infinito. Le amarrarán los miembros. A la mala tirarán: ¡y no podrán matarlo! Querrán volarlo y no podrán volarlo. Querrán romperlo y no podrán romperlo. Querrán matarlo y no podrán matarlo. Querrán descuartizarlo, triturarlo, mancharlo, pisotearlo, desalmarlo. Querrán volarlo y no podrán volarlo. Querrán romperlo y no podrán romperlo. Querrán matarlo y no podrán matarlo. Al tercer día de los sufrimientos, cuando se crea todo consumado, gritando ¡libertad! sobre la tierra, ha de volver. Y no podrán matarlo.(Alejandro Romualdo).

 

Palabra, pueblo, pólvora

Palabra. Un poco de aire estremecido que, desde la madrugada confusa del Génesis, tiene poder de creación34. Diosa enseñoreada en el confín del orbe, del hombre y de la vida. Presencia humana. Señal de encuentro o desencuentro. En la diatriba, la decisión, la suerte o el destino. Espada, transparencia, duelo, reto o vínculo. Tapiz, alfombra, disfraz, encanto. Comunión, derrota, triunfo, destrucción, logro o meta. Justificación, condena, liberación. Intención, propósito, diálogo, aguijón o miel. Acción, empeño, lucha, comisión, misión. Deliberancia, discusión. Pensamiento. Convergencia. Divergencia. Lumbre, sombra o esperanza. Palabra en mano, volear semillas. Dar palabra, corazón y mano. Frente a una enmascarada, una palabra articulada, activa, justa, digna, fehaciente, clara, transparente, verdadera. Una palabra que golpee, junte y acompañe. La libertad de la palabra, derecho inalienable. Sacando cuentas y después de todo, tú sola y para siempre la palabra. Hermana mayor del hombre, presencia las agonías, protege al pueblo, vuelca como campana su acero y su sonido hacia todas las mañanas. Por la palabra comienza toda revolución en la medida en que sólo se consigue evitar los equívocos e hipocresías cuando la palabra realmente dice lo que significa. En momentos determinados, la poesía puede y debe, sin duda, protestar, gritar, acusar. Debe hacerlo como poesía, es decir, como lenguaje, de forma tal que los otros hombres sientan que el lenguaje que hablan los obliga a que se autoacusen, se autoerijan, y eventualmente a que se rebelen.35

Pueblo. Saber, querer, poder, camino de la sobrevivencia, de la muerte o de la gloria. La justicia -pan del pueblo- casi siempre hambrea al hombre. Ante un pueblo con justicia, sobra el arma. Defender los derechos del pueblo pareciera subversión. Mientras la llama roja de la fe flamea, la Libertad es la religión definitiva. La poesía de la Libertad el culto nuevo. Los hombres, todos, los nuevos sacerdotes. Las capillas, todos los caminos de la Paz.

Pólvora. Se empieza por la palabra. Al pie de ella, nace el pueblo. Perdida, en aprieto el pueblo, apela a la pólvora. Despierta la conciencia, se encienden las pasiones, surge la tormenta que arrasa, renueva, restaura, limpia, purifica. Al precio de su sangre, insurge el pueblo en busca de palabra. Se rebela. Desaforado, corre tras el pan. La guerra, el último remedio, sólo medio; el fin, la paz. La pólvora o la guerra, esfuerzo hacia la paz. El progreso, la civilización sistematiza, perfecciona la barbarie en medio de la larga letanía de este inhumano laberinto de finanzas salvajes, inconclusas, inventadas. Todos los náufragos tienen derecho a ser salvados, el límite lo da la dimensión del barco. O revolución o contrarrevolución. O revolucionarios o contrarrevolucionarios. Obstaculizar o construir. La revolución es una necesidad histórica, un hecho inevitable. De pueblo en pueblo, la revolución un día llegará. Podrá el día estar lejano, mas sí signado y ninguna reforma, ningún artificio, ninguna represión podrá evitar su adviento. Perdida la palabra, al pueblo no le queda sino asirse a la pólvora para reencontrar el camino, que puede ser de mucha o poca sangre. Las revoluciones que empiezan por la palabra, a las veces concluyen con la pólvora de manos del pueblo o de los hombres.

Palabra, pueblo, pólvora: consignas para un mundo o una patria en pie de guerra. Para el pan que haga falta. ¡Alumbre la luna nuevas intenciones desde este ruedo fantasmal del hambre!

 

Enigmas, claridades, sombritudes

Nunca conoceremos lo desconocido. La última realidad nos será vedada. El uno exige el dos en orgiástica pasión. La forma es el color. El paisaje sólo existe en la naturaleza. La ruptura, si la hubiese, proviene siempre de alguna huella del camino. La coherencia, la común herencia. Lo dinámico, lo estático, plantean la diferencia. Esto y más decía aquel hombre, convencido de que ciencia y técnica darían la mano al arte, de donde surgiría la nueva luz de los claros y las sombras por venir.

De aquel hombre, aquel artista, aquel sabio, aquel filósofo, no se supo el nombre, envuelto entre las luces y la lluvia, esfumado entre la noche. Convencido seguirá de que la mayor necedad es la de querer pintar un paisaje, con tantos con que a cada instante nos deleita la naturaleza. Una línea, tres, bastan para hallarle el alma a alguna tarde, el aroma a un asombro o el gemido, la pena, a una nube.

Entretanto, me pregunto ¿es preciso saber el nombre de los hombres? ¿O el mejor nombre, su palabra, sus sueños, sus tejidos, sus labranzas? Oír al hombre basta. Su nombre dejémoselo al viento. Simón pudo ser uno, uno más engarzado en la alambrada de la historia, mientras vibre su palabra en el camino.

De aquel pintor hablarán líneas, formas, articulaciones, andamiajes. Un cuadro llamaba al otro. Un asomo retaba al otro. Una línea seguía en las otras. Un color flotaba más allá del último horizonte. Mientras exponía la razón del arte, la sombra, el frenesí, su pintura a paso de hombre cabalgaba.

Línea a línea tejíanse los astros, brotaban los contornos, los perfiles, los relámpagos. Dibujo tras dibujo, íbamos de mar en mar descubriendo los frutos de la tierra tras el fuego cósmico. En regia fila las líneas, las planicies, hondonadas, muchedumbres; figuras, quiebres, caos, cosas. Isócrona geometría en onírica resonancia. Vestigios de insomnios, desfiles de enigmas, claridades, sombritudes. Luz, fuego, música interior. Génesis, memoria vegetal. El cuerpo del secreto, el cuerpo de la luz, el mundo de los símbolos; lo obscuro de las sombras, lo visible del misterio, los tejidos del alma; el claror del sueño, el fuego musical, el principio del encanto. Océano, musgo, rompeolas, eternidad. Vacío pleno de inminencias, intersticios. Temblores, filos y fisuras. Entrañas, crujientes hendiduras. Crecientes, pliegues milenarios. Archipiélagos, orilla pura, noche diluvial. El hombre deambula. El clamor del hombre, su alarido, su gozo eterno, su asombro inextinguible, el vino, el himno de la vida... itinerario, término, confín.

 

Canción contra la guerra

En el Oriente se encendió esta guerra. Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonías? Este juego es infinito. Nos recuerda Jorge Luis Borges, en este bélico ajedrez al que asiste hoy el orbe entero. Vallejo, en cambio: Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé. Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... Yo no sé. Hay golpes en la vida tan fuertes... Yo no sé. Entre tanto, increpa Gabriel Celaya: ¡Oh la USA del dólar, oh atómica agresora, Cartago anti-humanista, gigante que levantas sobre unos pies de barro tu cuerpo de oro y hierro, malditas sean tus madres, malditas sean tus huestes! Pues la USA siempre paga lavándose las manos, aséptica, correcta, comercial, puritana, y los Wasps, como saben lo que es un buen negocio, comprarán nuestras vidas masturbándose el oro.

De pronto media León Felipe: Aquí se rompen las cuerdas de todos los violines del mundo. ¿Me habéis entendido, poetas infernales? Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud... ¡Hablad más bajo! ¡Tocad más bajo!... ¡Chist!... ¡¡Callaos!! Yo también soy un gran violinista... Y he tocado en el infierno muchas veces... Pero ahora aquí... Rompo mi violín... y me callo. Y el vidente de Nueva York advierte: No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Pero si alguien cierra los ojos, ¡azotadlo, hijos míos, azotadlo! Haya un panorama de ojos abiertos y amargas llagas encendidas. No duerme nadie por el mundo. Nadie nadie. Ya lo he dicho. No duerme nadie.36

En tanto, Gustavo Pereira a capella nos ofrece su canción: Alguien soñaba cierta noche que todos los poetas del mundo, a un solo impulso, escribían sobre las paredes o los muros de las ciudades de la tierra una canción contra la guerra. Y que todas las madres y los padres y los niños y los jóvenes y las muchachas de todas las ciudades, las aldeas, las praderas, las montañas y los mares del mundo copiaban aquella canción en los cuadernos y en los platos, en las ollas y en las sábanas, en los zapatos y en las arenas, sobre los autos y las chimeneas, sobre las camisas y las pelotas. Hasta que todo el mundo fue una sola canción contra la guerra. Ni los políticos bribones, ni los militares obtusos, ni los científicos de la destrucción ni los mínimos ni los máximos comerciantes de la guerra pudieron atreverse a nada, mucho menos a soplar su globo de colores, pues la terrible P de la palabra Paz golpeaba con tanta furia sus intestinos que cada vez reducía más a gabazo su mala fe.37

 

Canción de Paz

Ancha soledad de los desiertos. Sol en los tejados. Silenciosa frescura del aljibe. Vellón azul rondando por el aire. Voz en alta llamarada. Milagro para el rayo en muerte de la guerra. Canto de la brisa, el sol y las quebradas. Hoja y camino. Camino caminando con el viento. Incógnita en el tiempo. Una pregunta en pie para los hombres. Colina para otear a Dios. Hondonada para hallar la luz. La cresta de un lucero, por el postigo corazón mirando.

Susurro de los árboles, tu sueño. Tu corazón, del tamaño del mar que conocemos. Tu cabellera, los ríos, las quebradas, los riachuelos. Diminuta, te escondes en los sauces que duermen a los lagos, en los cipreses de la tumba ajena, en los aljibes de las casas solas; en los zaguanes del amor del viento o en las pestañas de la madre pobre. Hojarasca entre la noche de los pájaros. Tronco fatigado por el tiempo y la tormenta. Latido de fogata crepitando entre la fronda.

Conoces nuestra locura como nadie más conoce. Nos visitas muy de madrugada o cuando cae el sol sobre el tejado. Contigo supimos los misterios de las cosas como si fuéramos espías de los dioses. Sus secretos descubrimos. Conoces todas las nieves, todos los riscos, todos los gestos de los hombres, todo el espesor del viento, la justa medida de la espera junto a la luz total de nuestras cosas. Fabricas los sueños del jardín. Doblegas la furia de la guerra. En cada trinchera nos proteges; nos cubres en cada retirada y avanzas con nosotros, la primera.

Has asistido a mil batallas y tienes otras mil por combatir. Ilesa saldrás en cada portachuelo. Ninguna polvareda nublará tu paso, menos las luces de tus blancos senos. Mientras seamos capaces de asistir a un terremoto sobre un rayo de luna o a una tempestad en una gota de sol, crecerá tu sombra, Hilandera Majestuosa, la de todos los hilos de los sueños. Desde los Decretos de Belén y de la Sala de Actos del Smolni, con el mundo entero por testigo, tranquilidad no del orden existente, sino la de un orden nuevo, en busca de una humanidad nueva. La de elevar al hombre nuestro sueño. La de tan amarte y tan morirte, P A Z.

 

Plegaria por la paz

Una leve sospecha nos consume: al borde de esta nueva primavera, van los hombres derecho hacia la guerra, dispuestos a acabar con la alborada. Amigos y enemigos se confunden con los mismos presagios de la muerte; no bastan los sollozos de las flores para calmar las furias de los vientos. Definitivamente se pelea. La sangre de los hombres se derrama. Cada vez son más altas las hogueras. La pavura del hombre se agiganta. Al verse codo a codo en la trinchera, ni dueño de su sombra ya se siente.

Hablamos de la muerte compañero, la misma que nos tiene sin cuidado, la que ha perdido el precio entre nosotros, la muerte, la infalible compañera. Pensamos en los campos de batalla, en ellos se nos funde la esperanza. Pensamos en mejores madrugadas para el pan amasado con la aurora. Pisoteada está la primavera. Son pocas las mañanas que nos quedan. No está quedando tiempo para el sueño. Cuidemos entretanto a nuestros hijos, mientras trenzan sus sueños lentamente. Sigamos con la vida que nos resta.

Es tiempo de velar por la esperanza, por los nuevos caminos de la aurora. Es tiempo de acercarnos a la madre a pedirle el aliento de la vida. Es tiempo de mirar a las estrellas, de andar con el hermano que nos queda a la huerta perdida entre la aldea para ver qué semillas recoger. Es tiempo de arrumbar los macundales, de encontrarnos de nuevo con la vida para invocar la aurora del vidente.

Hablamos de la guerra, infatigable huésped milenario, oráculo perenne del destino, se ensaña contra el hombre desde siempre y más contra el hombre de este tiempo. Acosa su figura, lo atropella, cabalga con los siglos, dibuja y desdibuja las fronteras, donde rebota, alegre, la pobreza. Carga con los sueños de los árboles y acaba con praderas y con valles. Implacable enemiga de los hombres, cruelmente los azota en todo tiempo. Primero fue Caín, quien no supo de su hermano y con él surgieron tantas guerras, que bastaría juntarlas para poblar una segunda tierra. Después fue un pueblo en el desierto en busca de la tierra prometida. Hoy los hombres pelean por la Luna. Mañana se disputarán el Sol. Hiroshima tan sólo fue una muestra. De niños supimos de Corea. Recordamos la suerte de Vietnam, alarido de un pueblo combatiente, amarrado a sus entrañas vivas. En Sabra y Chatila salpicaron de sangre las estrellas.

Cuando el aire huele a pólvora la guerra envejece el corazón. En la noche de la guerra, del hambre y de la lluvia, aparece, gigante, la sombra de la muerte. Por los niños perdidos en la guerra ¡Señor! danos menos fuerza para la guerra y más valor para la paz.

 

El hombre siempre

Desde la penumbra, en aprietos, desesperada, torrencialmente; en pie de asombro, a fuego airado, nada lento; desde pálpitos, temblores y arrebatos; desde una vida altamente peligrosa, desde la nostalgia, la tormenta, de cara al misterio y al milagro, horadando agujeros tras el mágico cantar de las chicharras, en busca de la risa arrebatada del hombre, venciendo la congoja con un telar de hilos de luz, aunque el suspiro se cuaje desde las honduras de un pozo. (Mery Sananes).

Se nos ha dicho: Nunca se pone más oscuro que cuando va a amanecer. Lo cierto es que el hombre corre, va, regresa, viene. El círculo perpetuo de la vida y la muerte. Uno y diverso, de perfil, sobre sus sombras, melodía in crescendo, su locura, su fe, sus osadías lo acosan.

Uno, uno más en el concierto, el hombre cavila, proyecta; enervante se sostiene, avanza, se defiende; desenfunda la paz contra la guerra. Hombro a hombro, codo a codo, enarbola los sueños de los árboles, la lluvia seminal de sus hurganzas, el centro genital de su coraje, el canto forestal de sus costumbres. Camina noche, sueño, vida. Amanece en horizonte, desplegado, tendido en la playa de su antigua pena.

Frente al largo espesor de su quejido, se reconoce, salta, se levanta; se sorprende, vivifica y lanza, enhiesto, sonreído. Relumbra, se decide, se esperanza, se reúne; finca su alborozo, su alegría o fija en el tiempo sus oídos. Arde de furia en la trinchera, eleva sus puños mal herido, quitándole la cara al miedo. Cara a cara, se encuentra, dialoga en alto con las horas. Canta, se desborda, multiplica, de nuevo cuenta. A pecho descubierto, ofrece cuerpo, vida, alma y suerte. Aloja su rabia luminosa en las esquinas. Sostiene la mirada de los árboles. Bendice los salmos de las sombras, los imponentes secretos de la niebla, la silenciosa castidad de los cordones, mientras avienta duro el corazón del sueño.

En furia cordial se descontenta ante la tarde, el fragor, el desespero; asido a su hermana gota jornalera, al pan que se esconde en los aleros. Lluvia tras lluvia, el suburbio se subleva. Llueve la grieta, la pobreza, el adobe llueve. Hambrientas, se arrinconan las miradas, se arropan furentes las tristezas; se persignan a gritos los silencios. De repente, estalla, se desata la lluvia entre los sueños y arrasa, intensa, choza, caserío, vereda, ahorro, sementera.

El hombre siempre, siempre el tiempo. Irrepetible, el instante perpetúa el camino, algo intemporal que el hombre saborea antes de que pase. Echarse a errar… existir es asomarse a la eternidad. La eternidad, deseo de que un instante eterno sea: presente sea, futuro sea. Presente como el mar, como el mar que no se arruga, no cambia, no pasa. Como el mar, presente el hombre siempre. Camino de la vida o de la mar. Luz, sombra, sangre, trigo, repulsión, dulzura. Detrás de todo el mar como un caballo desbocado, siempre galopando el mar. El mar irrumpe, bueno para el trabajo y la batalla. El hombre entre la mar, en esta hora de soledad marina, activa aguas puras. Existe, canta, sueña, cree. Desde los manantiales del olivo, locura al cinto, en lucha con su pena, andando, andando, andando, andando, andando.

 

Llama de Dios

¿Desfilará en el aire tu tragedia? ¿Hacia qué lado tus canciones fueron? ¿Quién canjeó tu nombre por los cheques? ¿Quién hasta cuándo quiere ser tu dueño? ¿Hasta cuándo tu sombra por los puertos? ¿A qué culpar de robo al sol, al tiempo? ¿Encenderás la patria con tus manos? ¿Qué ojo te persigue, acecha o quiere? ¿Eres ojo de Dios a la intemperie? ¿Eres el hombre liberando a Dios? ¿Canción para franquear la sombra eterna? ¿La araña hilando muerte para el pueblo? ¿O el monstruo contagiado de gangrena? ¿La paz, por ti, la paz sobre la tierra? ¿Qué sangre correrá que no te nombre? ¿De dónde viene tu alma acalorada? ¿Tus altas soledades corredoras? ¿La gracia de tu gracia es resistirte? ¿Tu canto es una lumbre evanescente? ¿Vives desde que existe el universo? ¿Está tu paz de parte de la guerra? ¿Del presagio, del miedo, del peligro? ¿Del otro lado de la sombra en sueño? ¿En qué alcancía escondes tus graneros?

¿Conoces tú los hombros de esta América? ¿Huyes acaso del clamor del pueblo? ¿Sabes tú de aquel nombre, aquella gesta? ¿Quién sostendrá tu espalda en las arenas? ¿Qué quedará del puerto sin tu sombra? ¿Quiénes te esconden, dinos, quién te engrilla? ¿Quién te corta las alas, quién tu vuelo? ¿De tu alma sólo quedan unas huellas? ¿Tu vida acaso sea un relámpago? ¿Tus placeres el mundo los ignora? ¿Cuándo serán barridos los bribones? ¿Cuándo los traficantes de la guerra? ¿Cuándo la enhiesta sombra de la escoria? ¿Cuándo el horror, la desazón, el miedo? ¿Cuándo el llanto, el dolor, el atropello? ¿Cuándo los duros goznes saltaremos? ¿Cuándo en tu nombre se alzarán los sueños? ¿En qué sueña la lámpara del pobre? ¿En quién el frente donde ruge el fuego? ¿Por qué parece más rabioso el cielo? ¿Cómo dejarte sola en el peligro? ¿Por qué tu paso vacilante, mudo? ¿Por qué este sueño apenas concebido? ¿Cuándo podremos poseer la tierra? ¿Cuánto dolor tu corazón soporta? ¿En qué trinchera escondes tu bravura? ¿Donde es aniquilado el enemigo? ¿O donde surge la esperanza ciega?

¿A quién confiarle cielo, patria y sueño? ¿A quién confiar la pena en adelante? ¿Qué quedará después del ventisquero? ¿Cómo amarrar el viento a tu cintura? ¿Cómo pasarse la palabra entera? ¿Cómo aprender el arte de morir? ¿Dónde están las auroras de los árboles? ¿Dónde se hallan tus días parisinos? ¿Tus sueños, tempestades, horizontes? ¿Tus enormes caminos en acecho? ¿El pulso de tus bosques soñolientos? ¿El abrasado borde de tu cuerpo? ¿Hacia dónde cogieron tus clarines? ¿Cuánta la soledad de tu alborada? ¿Dónde están tus caminos recorridos? ¿Qué sembrados añoran tu vigilia? ¿Por qué no ha vuelto tu canción al río? ¿Por fin entenderemos el enlace? ¿Quién puede precisar a la luciérnaga? ¿De quién será la suerte de las piedras? ¿Nadie podría ahora arrebatarte? ¿Seguirás tú encarnando el viento nuevo? ¿Cambiarás tú la espada por poema? ¿Volverás a los patios de la escuela? ¿Nos iremos pudriendo de impotencia? ¿Llama de Dios, nos caerás del cielo? ¿Algún día inundarás la tierra?

 

Sostener la luz

Inocentes quienes crean que para correr se hizo la esperanza. Quienes culpen a las rosas por darle de comer al pobre. Quienes sean incapaces de sostener la luz o enarbolen, cobardes, la derrota. Los que incendien las alas a la Paz o acaben con las huellas del camino. Los que no sepan de ningún secreto o al soldado le escondan sus fusiles. Quienes pierdan su tiempo en ventoleras o apenas si se acuerden de los suyos. Inocentes los Cristos sin sus látigos. Aquel imperio en busca de amapolas o el pueblo cuando entierre sus sudores. El soldado que atente contra el pobre o el pobre que arremeta contra el viento.

Inocentes quienes no reprochen al alba su tardanza hasta abrazar el asombro de la muerte. Quienes no atinen con el próximo jalón, inventen rutas nuevas, nuevas eras, el viraje que a diario nos aguarda. Quienes dejen de ser entre el alma de la patria en gloria o ascuas, salvando noche, tempestad, neblina, vendaval y cangilón; pena, chaparrón, vida o sobrevida.

Inocentes el aurinegro estiércol de los diablos; el pavoroso tesoro del hambriento -el eterno basural de los zopilotes, los zamuros-. Los que juntan casa a casa y añaden heredad hasta ocuparlo todo. El monte sin bramido de ganado; el aullido de la hiena, la salvaje cabra, el chacal o los hurones; los canarios, los gallos, los grillos, los cristianos y los trompos tuertos; cualquier unión patriótica, hideputa, unida, suprema, checa, eslovaca, ecuménica o romana; la ponzoña, la maleza, la cizaña; los Smith y sus deudas indeseadas, inmorales, indexadas; los Truman vagabundos de la guerra; el tísico pañuelo de la guerra; las indómitas fieras de la guerra; la desolladura del barro que seremos; el estridente relincho del rayo de los pájaros; los desvalidos gritos de un pescado muerto; los ojos abiertos de los ciegos.

Inocentes la clara tempestad de los caminos, el tiempo fatigado de infinitos y el silente lagrimón de la vereda -latigazo que a todos atribula, el que a la lucha sin cesar nos lleva-. Aquel que ausente de su ser delire. El que no sepa de ningún lucero. El simple labrador que sueña en ver crecer la flor de sus plantíos. El que, lejos de su infancia, viva. La sombra de la aldea galopando auroras, madrugadas, hacia la luz total de los fogones. El paso de la lluvia en torrencial suspiro mientras la madre su bocado implora; el niño que en harapos llanto apaña; el hombre entretejiendo llagaduras.

Inocentes quienes desconozcan que la última utopía evocaba un porvenir socialista en el cual cada hombre sería un creador, un poeta. O quienes, pretendiendo inventar el futuro, dejen de pedirle al hombre algo más difícil que dar todo lo que tiene: dar todo lo que él es, es decir, el poeta que lleva en sí; redescubrirse, reinventarse.

Inocentes quienes consideren sumamente fácil escoger entre rebelión popular o rebelión legal; entre asaltar el poder -una guerra de movimiento- o la guerra de trinchera. Apoderarse del Estado o tomar trinchera por trinchera, comenzando por dirigir las organizaciones sociales antes de la toma del Poder y, en última instancia, asaltar la Fortaleza o fortalezas del Estado. En fin, quien crea que el asalto sea cuestión de horas o que está a la vuelta.

 

Preguntar si la palabra sirve

En esta noche aciaga que cruzamos, en esta encrucijada de misiles y de cruces, soñemos junto al sueño de la mar. Pulsemos el tamaño del dolor ajeno. Preguntémoselo al mar que el mar lo sabe. En esta noche fría, noche propicia, creadora, amiga, contamos con dos alas: con la noche y con el mar. Mientras la llama roja de la fe flamea, mientras el fuego azul del horizonte espera, invita la bandera a batallar.

Tirémonos al mundo. Añadamos, por fin, algo al mundo. Alejémonos de las cosas, pongamos un mar de por medio, para ver las cosas de cerca. El mar lo comienza todo una y otra vez, lo une, lo disocia, lo aleja, lo transforma, lo acrece o lo vence y nos trae asimismo la esperanza, la dicha o la desilusión. El mar nos piensa y nos sostiene. Nos ciñe, nos espera. Antes que el tiempo se acuñara en días, el mar estaba y era.

A preguntar si la palabra sirve, si sirve para algo la alegría, si en el mundo no quieren a los tristes, si creen las espigas en el hombre, si tienen los milagros descendencia, si es cuestión de vivir contra morir.38

 

Apostemos a la poesía

Cuando algún turpial no encuentre hijo o alguna alondra no halle nido. Cuando penda la raíz de algún árbol. Cuando en procesión vaya un manojo de hongos por el bosque. Cuando comience a llenarse de pájaros el sueño. Ante el supremo aplauso de los pájaros. Cuando algún mendigo el pan envidie. Cuando nadie quiera al perro o al gato de la casa. Cuando tengamos que mirar de frente a Dios. Cada vez que la patria a misa llame. Cuando se cubra de niebla la pobreza. Cuando haya que velar la mochila sudorosa. Mientras el dado esté de nuestra parte. Cuando pase el tiempo a ras de piel. Al oír las pisadas de los días. El sonido de la tarde o de la noche. El sonido forestal del mundo. La desbotonadura de la rosa. Al subir al horizonte. Al partir en trozos el silencio.

Cuando queramos encontrarnos con los ojos del primer lucero. O dar -engrifados, por supuesto- con la línea aquella que delate nuestro insomne garabato. Cuando un libro se acuerde de nosotros. Apostemos a la poesía, al amor, a la rosa, a la vigilia. Apostemos a la lluvia, a la sombra y al silencio. Apostemos a la inocencia de la rosa. Al hombre, a la palabra y a la vida. Apostemos al sueño y al regreso. Al juego, al abrazo y a la danza. Al mar, a la ternura y a la risa. Al regreso apostemos sobre todo. A la revancha. A la esperanza desnuda. A la belleza que se expande. Al orgasmo del mundo, al que hace cauce en las vertientes locas. A la noche en que juntamos orgasmo con orgasmo. A la luna que recuerde la miel de nuestra sombra.

No se vive una sola vez. Estamos aquí para vivir en voz alta. ¡Si alguna vez te vieras en la rosa! ¡Si el universo entre la rosa viéramos! ¡Si el universo vieras... tal vez te entenderías! Olvidado del tiempo y de su ropa, viene y va el hombre, insomne y asombrado. Los árboles lo miran -el sol, la sombra- fruto no más del árbol. Lo más del hombre, el asombro. De asombro en asombro, se encuentra con su sombra insomne. Camino de la nueva aurora, halando al mundo. Tendrá tiempo de llegar a ser un hombre. Luego, no habrá más qué hacer. Tal vez a Dios con sus modales o resabios.

Sabe que bajo un paraguas toda brisa cabe; todos los zapatos de la lluvia. El problema radica en la sonrisa. Importante saber en qué parte estamos, dónde fuimos, suspiramos o estuvimos. Y entender muy bien al mar, al hombre, a la palabra y a la vida. Al sol, mejor a la palabra, quererla al alimón, a montones, a secas, a morir. A diestra y siniestra, a brazo partido, a paso largo. A cielo abierto, a cada rato, hasta las cejas. El asunto es acompañar la vida. A sol y sombra, donde sea preciso. Estar donde la vida misma quiso: al lado de la vida de por vida. Oír el amanecer. Oírle. Ir al amanecer. Amanecer, oír, nacer.

 

Seguimos con el hambre

Porque tu luz en las tinieblas resplandece. Porque clara luce tu sombra en la distancia o la noche de tu lumbre. Porque nunca te sentimos tan vecina a nuestro insomnio. Porque a diario nos compruebas que existe algo más acá de las estrellas, donde titilan las entrañas de tus hijos: el más acá poblado de miserias y de sueños. El más acá del horizonte. El más acá de tu entrecejo, de tu ira, desasosiego, tempestad y grito. Porque siguen los imperios velando tu riqueza, defendiendo a dentelladas, a mordiscos, su trono y lozanía, mientras la guerra se decreta; sigue, crece, se desborda y multiplica. Cerca de los golfos, cerca de los mares, cerca del hombre y sus tormentos. Verdadero asalto a mano armada, arrebatando conciencias, minerales, alboradas; mundos y submundos ante la colosal supermandad del odio.

Porque comienzan a escasear los perfumes de oréganos, cardones, tunas, semerucos, damas de medianoche, andiduras, guayanas, falconías, frente a las viejas casas solariegas, el sol, el solaraje, la rabia, la llagadura, el desvelo, la ternura. Porque arrastramos muerte todavía. Porque combatimos con el caballo azul del amor, el blanco de la libertad y el rojo del combate. Porque persiste angustia, soledad, silencio, crispación y pálpito, aguijando, aguijoneando, arañando nuestro tiempo, circundando las voces desgarradas del barranco. Porque morimos de miseria cada tarde ante el viento huracanado de la larga letanía de este dolor definitivamente inhumano. Porque el pecho es un celaje que no puede contenerte.

Porque persiste el desgarramiento, la llamarada, la brasa, la hoguera, la hojarasca, la bazofia cotidiana. Porque hacen falta jinete, cabalgadura, lontananza, sabanas para la canción de la victoria. Porque bebemos nuestra agua a precio de sangre dolarada. Porque casi no alcanza el sudor para la leña. Porque el yugo se encarama en la cerviz y nuestra piel quema como un horno por el ardor del hambre. Porque seguimos con el hambre todavía, descalzos todavía, sedientos todavía. Carcomida la conciencia desde adentro, desde afuera, desde siempre, desde cerca, desde lejos,

Oigamos el clamor, el griterío, al hambre en su galope. Escondámosle los dados a los dioses. Cuidemos de quedarnos de pronto sin presente, sin futuro, sin fe, sin osadía. ¡Juguemos a la patria! Hijos del Mañana, escuchemos la melodía del futuro. Comencemos de nuevo. Acumulemos paz, previendo las luchas que le faltan al torrente. Acumulemos sueños y verdades, lo que importa es la luz de los caminos.

¡A juego limpio! ¡Doblemos la parada! ¡A jugárselas! ¡Soñemos con la paz! ¡Apostemos a la patria! ¡Juguemos a la patria!

 

¿Dónde está mi país?

Al alimón con Mario Benedetti39

¿Dónde está mi país? ¿junto al río o al borde de la noche? ¿junto al pan o al borde de la sombra? ¿en un pasado del que no hay que hablar o en el mejor de los agüeros? ¿dónde? ¿dónde? ¿en la sabana, en la selva, en los raudales? ¿en la zanja azul del horizonte o en las insomnes cejas de estas teclas? ¿en la desolación de la memoria? ¿en la desgarradura de sus soles? ¿ en los cimientos de la aldea? ¿en los suspiros del viento? ¿en las sogas del hambre? ¿en los ahora libres calabozos o en las celdas de fantasmas asiduos?

¿Dónde está mi país? ¿en las manos abiertas y aprendices o en los muñones del remordimiento? ¿en las solapas del tiempo o en los relojes de leña? ¿en los cubiertos, las sombrillas, las cucharas? ¿simplemente en el sur? ¿en el mar, en sus golfos, sus riberas? ¿en el caño, los aleros, los postigos? ¿en qué pronóstico o escape? ¿en qué repliegue del dolor? ¿en que surco de la trampa? ¿en que pestaña del odio? ¿lo llevo acaso en mí? ¿lo llevas tú de lado? ¿lo lleva el mar de leva? ¿me espera en sueños? ¿en qué sueños?

¿Dónde está mi país? ¿debajo de la nube? ¿encima de los dioses? ¿del lado acá del viento? ¿del lado allá del trueno? ¿sobre cuántos despojos? ¿metido en qué fragores? ¿entre anafres y acechanzas? ¿lindante con qué alivios? ¿distante de la suerte? ¿lejano de su sombra? ¿rostro en qué piedra o ciénega? ¿petroglifo, azucena o fogarada? ¿trompo al aire? ¿dado suelto, cargado o en azogue? ¿crepitando de enigmas? ¿en soledumbres, bocanadas? ¿en miseria, quebrantos o malezas? ¿incontable de amores? ¿asceta en qué triunfo? ¿bandera en qué cima? ¿celaje en qué puerto? ¿pulso de qué candombe? ¿barricada en qué lidia, en qué combate? ¿postergado en qué olvido? ¿sumido en qué llanto? ¿espantado, adolorido? ¿en qué sueño, reto o clarinada?

¿Dónde está mi país? ¿seré sordo a su viejo cuchicheo o ciego ante el tizón de sus crepúsculos? ¿prestaré oídos a sus quejas? ¿pestañas a sus ojos? ¿manos a sus prados? ¿dónde está? ¿o estará? ¿en qué rincón o pedacito de miedo poco ilustre? ¿en qué grito o clarín? ¿acurrucado, agazapado, desvelado? ¿en pie de asombro? ¿dónde? ¿en qué muralla o huerto? ¿en qué palacio, tugurio o enramada? ¿en qué peldaño, arena o portachuelo? ¿en qué campana, conticinio o alboroto? ¿dónde? ¿dónde? ¿dónde? ¿libraré su pan, su calma, su cordura, su rabia o arrebato? ¿no cesaré jamás de preguntarlo? ¿nunca vendrá a mi encuentro? y si viene ¿con quién?

¿Dónde está mi país? ¿en qué destino o alucinación? ¿ en qué delirio, insomnio o madrugada? ¿en qué nido de hornero? ¿o de víbora? ¿o de ángeles? ¿en que alameda, en qué tardanza? ¿en qué crepúsculo, arcoiris o tonada? ¿en qué altivez de faro tenue? ¿en qué lugar del rostro? ¿en qué rastrojo, cerro o emboscada? ¿dónde? ¿en la frontera del teléfono? ¿en la parcela de la suspicacia? ¿socio de la quimera? ¿partido en dos o en tres pedazos? ¿callado, a gritos o a zancadas? ¿dulce de alaridos? ¿extenuado de tránsitos? ¿sumiso, insigne, doblegado?

¿Dónde está mi país? ¿en el cuaderno, en los platos, en las planas? ¿en la casi agobiante tensión de la esperanza? ¿en la alegre pesquisa de los niños? ¿en la sonrisa de sus soles? ¿en las luciérnagas? ¿en el clavel de la amnistía? ¿en las deudas de sus montes? ¿en las huellas del pánico? ¿en los morrales del hambre? ¿está en los que no están? ¿en el montón de la penuria? ¿en los umbrales y fogones? ¿en el enjambre que irrumpió en la calle? ¿en el telón impune? ¿en el zanjón? ¿en las gotas del alambre? ¿dónde? ¿en el pan que amanece pese a todo? ¿en la bondad endémica? ¿en el regreso de los nietos pródigos? ¿en los asuntos rojizos? ¿en las costumbres del gallo? ¿en los luceros del día? ¿Dónde está mi país?

 

Llamo al toro de la patria

Alza, toro, la Patria: levántate, despierta. Despiértate del todo, toro de negra espuma, que respiras la luz y rezumas la sombra, y concentras los mares bajo tu piel cerrada.

Despiértate.

Despiértate del todo, que te veo dormido, un pedazo del pecho y otro de la cabeza: que aún no te has despertado como despierta un toro cuando se le acomete con traiciones lobunas.

Levántate.

Resopla tu poder, despliega tu esqueleto, enarbola tu frente con las rotundas hachas, con las dos herramientas de asustar a los astros, de amenazar al cielo con astas de tragedia.

Esgrímete.

Toro en la polvareda más toro que otras veces, en mi patria más toro, toro, que en otras partes. Más cálido que nunca, más volcánico, toro, que irradias, que iluminas al fuego, yérguete.

Desencadénate.

Desencadena el raudo corazón que orienta por nuestras propias plazas, sobre su astral arena. A desollarte vivo vienen lobos y águilas que han envidiado siempre tu hermosura de pueblo.

Yérguete.

No te van a castrar: no dejarás que llegue hasta tus atributos de varón abundante, esa mano felina que pretende arrancártelos de cuajo, impunemente: pataléalos, toro.

Víbrate.

No te van a absorber la sangre de riqueza, no te arrebatarán los ojos minerales. La piel donde recoge resplandor el lucero no arrancarán del toro torrencial mercurio.

Revuélvete.

Es como si quisieran quitar la piel al sol, al torrente la espuma con uña y picotazo. No te van a castrar, poder tan masculino que fecundas la piedra; no te van a castrar.

Truénate.

No retrocede el toro: no da un paso hacia atrás si no es para escarbar sangre y furia en la arena, unir todas sus fuerzas, y desde las pezuñas abalanzarse luego con decisión de rayo.

Abalánzate.

Gran toro que en el bronce y en la piedra has mamado, y en el granito fiero paciste la fiereza: revuélvete en el alma de todos los que han visto la luz primera en esta geografía ultrajada.

Revuélvete.

Partido en dos pedazos, este toro de siglos, este toro que dentro de nosotros habita: partido en dos mitades, con una mataría y con la otra mitad moriría luchando.

Atorbellínate.

De la airada cabeza que fortalece el mundo, del cuello como un bloque de titanes en marcha, brotará la victoria como un ancho bramido que hará sangrar al mármol y sonar la arena.

Sálvate.

Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate. Levanta, toro: truena, toro, abalánzate. Atorbellínate, toro: revuélvete. Sálvate, denso toro de emoción y Patria.

Sálvate.

Miguel Hernández, El hombre acecha.40

 

Por un arma en paz

Nubes juntas, sueños juntos, barrio humilde, barrio cerca, desnudo, recio, original; tiempo viejo, sueño pronto, incansable, vieja copa, calle empinada, solitaria; siempre más lejos, más cerca, la tierra, la niebla, la tristeza, el asombro, el odio, el enigma; el desencuentro, el desagravio, la tregua; el otro, el pueblo, su fuerza, su razón.

Quedan la vigilia, el amor, la angustia espiralada; el héroe en su paso, la sangre, la huida; el rezo, las preguntas, el miedo, la seña, la orfandad. Quedan alta nube, alto desconsuelo, alto sol; campo, campana, campanario, campesino; grito, bala, presente eterno en lo fractal. Quedan la conciencia, el rito, el brazo, las cantinas, la pena, la salida. Quedan ansias, trizas, lucero, llanto, desvarío; embriaguez, juramento, soledad. Quedan sueño, noche, amanecer; la pobreza, el camino, la consigna, la canción. Queda el firme clamor hacia la fe.

Locura necesaria al horizonte de frente al paso, a la mañana; al engaño, la lumbre, el huracán. Año nuevo, mochila nueva, calle nueva, trepando eternidad. Sonrisa en mano, sin mentira, sin miedo, sin tardanza, al abierto, al rompe, a lo mejor. Multitud, fuego, árbol, clarín y claridad; caminante, marinero, alforja plena, sin cortar la luz, sin dejar la sombra; sin horario, sin retorno, con razón; sin bajar la guardia, sin bajar la alegría; en nombre del pan, del pobre y de la cena santa

Buscaremos el rincón de Dios, la guarida de las sombras, la escarcha del jardín; calendarios, repisas, relojes, enramadas; carpinterías, fogones, horizontes; poemas enraizados, viejas lluvias, clarinadas. Buscaremos madrugadas, insomnios rotos, infantes llantos, tempestades; nidos solos, silencios desbocados, aguas frescas, subversiones; patrullas, trincheras, rabias; luces, truenos, mayos; caprichos, persistencias, claridades. Buscaremos claveles y jazmines, voces, verdades y canciones; proyectos y bandejas, arados y charapos; locuras tempraneras, calles, plazas; semerucos, pancartas, esperanzas; presentes infinitos, aspavientos, macundales; vientos, sueños recios, contras, azabaches, persistencias, bendiciones.

Sabremos de arrebatos; del columpio de la rabia, del camino que lleva al desespero; de las edades del grito y la asechanza; de la vagina, de la pereza, de las prisas; del hambre, del ladrido imperial, de los bribones. Sabremos del instante, del naufragio, de las amargas grietas del roble; de los burdeles del aire, de las esquinas del sueño; de los apellidos del árbol, de las arenas del mal; de los basurales del pobre, de los molinos sin viento, de las entrañas del daño. Sabremos de las distintas caras cristianas; de los entierros sin hombros; de los suburbios sin santos; de los jirones de sueldo; de los retazos del agua; de las gargantas sin voz; de los charcos del dólar; de los gemidos del banco; de la señal del centavo.

Armaremos salones, cajas, calles, plazas; armaremos casonas, sueños, soles, tardes; milagros, camerinos y tarimas; aceras, consignas, faroles y banderas. Armaremos de acero los cantos. Hasta de dos en dos armarnos y amarnos hasta el fin. Echaremos las sombras al viento, a las espaldas los arroyos del tiempo, las barricadas sin paz. Revisaremos listas nóminas, retratos. Contrataremos, solicitaremos, inscribiremos a Dios.

Perdonaremos a la cizaña, a la ortiga, a los zancudos, a los cables, a la luz, a los técnicos, a su trabajo subliminal. Volveremos al sitio, al encuentro, al abrazo, con la frente en el cielo y el arma sin voz. Caminaremos despacio jardines, arrebol, sabana, aldea, alba, barrio, luna, madrugada, ciudad. Juntaremos casa, avío, diapasón, resabios, fincas y razones; víveres, dinero, el aceite, los garbanzos, el carriel. Cuenta rendiremos. Ajustaremos tragos, brindis, trasnochos, alegrías. Tornaremos al cimiento, a los caminos, a las ruanas, al cuatro, al arpa, los tiples, las maracas. Contaremos con el voto de los pájaros, con el aplauso de la tarde, con la confianza del vino, con las señas de la luz. Alistaremos las mesas, las jarras, las cafeteras, los manteles. Iremos a la marcha de los árboles. Al murciélago trizas volveremos. Echaremos el resto, apañaremos el sol. Daremos nuestra vida por un arma en paz.

Contemos con la vida. Cantémosle a la tierra, al bahareque, al oro, al riesgo, al desafío. Salgámosle al paso al superpoder. Inspeccionemos armas, demonios, insignias, santidades; andanzas, amenazas, mensajes, bodegas, secretos y arsenales químicos, biológicos, nucleares. Desenterremos el mal y sus secuaces. Reunamos tantos inspectores como sea posible. Crucemos las fronteras del imperio. Ingresemos en sus antros, en el fondo de sus cajas negras. Desarmemos sus desvergonzadas locuras belicistas, con la fuerza de la paz.

 

Camino de la patria

El camino es duro
muy duro
pero es el camino

      argimiro gabaldón41

Al alimón con Carlos Castro Saavedra42

Cuando se pueda andar por las aldeas y los pueblos sin ángel de la guarda. Cuando se pueda ir derecho al alma como quien va a la aurora o a la estrella. Cuando sean más claros los caminos y brillen más las vidas que las armas. Cuando sean más frescas las cascadas y las flores fulminen los fusiles. Cuando los tejedores de sudarios oigan llorar a Dios entre sus almas. Cuando de luz tejamos la mañana antes que la congoja al viejo plato.

Cuando en el trigo nazcan amapolas y nadie diga que la tierra sangra. Cuando con la nostalgia acorralada, cantemos todos marsellesas arias. Cuando la sombra que hacen las banderas sea una sombra honesta y no una charca. Cuando tan cierta sea la esperanza que cuelgue torrencial en nuestras manos. Cuando la libertad entre a las casas con el pan diario, con su hermosa carta. Cuando el cocuyo inflame en clarinada e invada de esplendores nuestros sueños.

Cuando la espada que usa la justicia aunque desnuda se conserve casta. Cuando toque la tarde su guitarra y no se vuelva a hablar de la miseria. Cuando reyes y siervos junto al fuego, fuego sean de amor y de esperanza. Cuando apamate, almendro y naranjal en plena guerra den cobijo al niño. Cuando el vino excesivo se derrame y entre las copas viudas se reparta. Cuando con sol brindemos en Arauca por sabernos seguros en el bongo.

Cuando el pueblo se encuentre y con sus manos teja él mismo sus sueños y su manta. Cuando el pueblo despierte de mañana y le sobren Palomos a sus bridas. Cuando de noche grupos de fusiles no despierten al hijo con su habla. Cuando torne la madre pobre a casa con su risa cargada de legumbres. Cuando al mirar la madre no se sienta dolor en la mirada y en el alma. Cuando por cada madre muerta nazca en la floresta azul un gran lucero.

Cuando en lugar de sangre por el campo corran caballos, flores por el agua. Cuando en lugar de llanto, las quebradas sus sueños con los hombres los compartan. Cuando la paz recobre su paloma y acudan los vecinos a mirarla. Cuando deje la paz de ser fulana y se asemeje nada más que al pan. Cuando el amor sacuda sus cadenas y le nazcan dos alas en la espalda. Cuando aparezca el ángel, camarada del pobre hermano bravo, muerto de hambre.

Sólo en aquella hora, sólo entonces, podrá el hombre decir que tiene patria.

 

ADENDA

manifiesto albar

la poesía es un acto creador y liberador q establece correspondencia entre lo visible y lo esencial, aspecto, éste último, q sólo puede verse con el corazón como explica acertadamente Antoine de Saint-Exupéry en El Principito, bello poema en prosa q reanima al niño q duerme en nosotros

el poeta, sin proponérselo, es un mago, un shamán, un místico. mediante la palabra como recurso ideal, agrega al trío de elementos (espacio-tiempo-causalidad) la sincronicidad, vaso comunicante entre el individuo, el mundo fenoménico y los planos invisibles a la mirada del ojo físico, integrándose a la consciencia cósmica

el acto poético es consecuencia de la ósmosis, de la fuerza osmótica, sutilísima, q desarrolla el poeta para ir y venir a regiones conocidas e ignotas. se tornan permeables la mujer y el hombre cuando versifican, cuando le dan cuerpo y sentido al poema

el poeta intuye y avizora, observa el continuo presente en las dos divisiones mecánicas q los calculadores le han endilgado: pasado-futuro. el poeta recorre en un instante momentos ocurridos, sucesos actuales y situaciones siguientes al ahora. visionario, se eleva sobre la actualidad del acontecer para ver panorámicamente hacia atrás y hacia delante. la fugacidad de imágenes, como en un vertiginoso calidoscopio, es atrapada con destreza por el poeta en el momento de escribir para luego retornar a la cotidiana temporalidad, semejante al pájaro después de cantar una linda melodía

la poesía es blues, bolero, cante jondo, yaraví, tango, porq está inundada de feeling, de profundo sentimiento, de amor, de protesta, de mayúsculo deseo de hermandad, de tristeza por el dolor, de alegría por la belleza

los poetas son frágiles como un ánfora de porcelana, la desigualdad y el desamor los puede sumir en estados melancólicos agudos, críticos

el verdadero creador, el poeta comprometido con sus congéneres; el hombre y mujer consubstanciados con los anhelos y luchas de los pueblos y naciones del mundo; el partidario de la igualdad, de la confraternidad, de la equidad y la armonía, es un soñador rebelde, un decidido utópico q no se deja subyugar por las engañosas formas de la ilusión del mundo mental, impuesto por los engendros de la dominación q han cercado a la Humanidad en una jaula invisible. el Che, en su ensayo de marzo 1 965 “El socialismo y el hombre en Cuba”, apuntó categóricamente esta sentencia originada en una honda reflexión: “Si se respetan las leyes del juego se consiguen todos los honores; los que podría tener un mono al inventar piruetas. La condición es no tratar de escapar de la jaula invisible.”

se es como un niño cuando se crean poemas en verso o en prosa, porq la inocencia, la pureza, permite la transparencia necesaria para realizar ese lindo acto de comunicación q es la poesía

el poeta incita, no sólo a la rebelión y a la revolución de las cuales es elemento integral, sino también a la resurrección, al renacer, al retorno a la vida plena, a la originaria condición paradisíaca, la de los seres sonrientes. sus escritos son portales o ventanas dimensionales para la interconexión estelar. al igual q Jesús de Nazareth, devuelve la visión, reanima a los muertos y estimula la trascendencia definitiva. el acto poético es una sorprendente levitación, una serena elevación, un trance, un éxtasis, samadhi, nirvana, estado glorioso

hologramas y realidad virtual, expresiones postreras de la ilusión, de la hipnosis desarrollada por los dominantes parodiadores, son recursos últimos difundidos como intento final para disminuir el influjo de la poesía como acción liberadora y otros actos soberanos surgidos de la creación amorosa de la luz

el poeta es un mensajero del alba, un integrante de la familia de la claridad, un portador de frecuencias hermosas, un vehículo unificador, un portavoz del mensaje universal de amor, un ser abierto a la multidimensionalidad, un humano integral, uno y múltiple, un heraldo de la aurora. el poeta toma para sí aquello q dijo Lao Tse en el Tao Te King : “El viaje hacia lo eterno comienza ante tus pies”

julio romero anselmi43

 

NOTAS

[1] TARKOVSKI, Andrei. “Poesía: estar despiertos al mundo”. En: Unión, La Habana, No 22, enero-marzo 1966, pp. 24-30.

[2] MARTI, José. Ensayos sobre arte y literatura. La Habana: Arte y Literatura, 1973, p. 157.

[3] SANANES, Mery. De la palabra, la cultura y el conocimiento. Caracas. Doctorado en Ciencias Sociales. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Universidad Central de Venezuela. Diciembre 2003. (Mimeografiado). Ensayo aceptado para ser publicado en la Revista “Intento” Nº 3, órgano de difusión del Doctorado en Ciencias Sociales de la FACES/UCV http://www.historiactual.org

[4] ROJAS, Gonzalo. Oscuro. Caracas. Monte Ávila Editores. 1977, p. 27.

[5] CARDOZO, Lubio. VER. Mérida. Editores ERATO, 1999., pp. 44-62.

[6] HEIDEGGER, Martin. El ser y el tiempo. México. Fondo de Cultura Económica, pp.164-167.

[7] RODRÍGUEZ, Juan Carlos. La poesía política de Alberti. Artifara, n. 2, (gennaio - giugno 2003), sezione Addenda, http://www.artifara.com/rivista2/testi/alberti.asp

[8] MÉNDEZ RUBIO, Antonio. Otra poesía es posible
http://www.nodo50.org/mlrs/Poetic/otpoet.htm

[9] FAJARDO FAJARDO, Carlos. La virtualización social del poeta (la poesía contemporánea de exclusión). En: Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid.
http://www.ucm.es/info/especulo/numero25/exclusio.html

[10] IRAVEDRA, Araceli. Radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española (contra la “poesía de la experiencia”). Universidad de Granada.
http://163.10.30.3/congresos/orbis/Araceli%20Iravedra.htm

[11] SASSONE, Helena. Lo Social y la Poesía. En: Diario El Nacional. Caracas, 28.08.76.

[12] ALTAMIRANO, Carlos. Poesía social de siglo XX: España e Hispanoamérica. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina. 1971, pp. 7-9.

[13] SILVA, Ludovico. Belleza y Revolución. Valencia, Venezuela. Vadell Hermanos Editores, 1979, pp.7-18.

[14] LA PALABRA ITINERANTE. Una aproximación a la poesía de la resistencia. Foro Social de las Artes. Valencia, marzo-abril 2003. La Palabra Itinerante.
http://www.forosocialartesvalencia.com/resistencia.htm
http://www.nodo50.org/mlrs/Poetic/resist2.htm

[15] ORIHUELA, Antonio. Fragmentos de poética.
http://www.nodo50.org/mlrs/Poetic/fragmen.htm

[16] PADÍN, Clemente. El arte en las calles. Primer Encuentro Bienal Alternativo de Arte Tomarte, organizado por la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad de Rosario, Santa Fe, Argentina, del 29 de Abril al 1ro. de Mayo de 1990.
http://www.forosocialartesvalencia.com/calles.htm

[17] DALTER, Eduardo. Ponencia. Jornadas de debate y reflexión “La poesía argentina en la crisis”. Coordinación de Pablo Montanaro. Café Literario Bollini. Buenos Aires, 25 y 26 de noviembre, 2002.
http://www.geocities.com/lololo56/dalt.htm

[18] HERRERA, Ricardo H. Breve Antología de la Poesía Argentina Actual. En: Revista “Poesía”. No. 88/89. Valencia, Venezuela, p.6-7.

[19] ALBERTI, Rafael. Hace falta estar ciego. En: Antología Poética. Buenos Aires. Editorial Losada, p. 157.

[20] Ibídem, pp. 161-171.

[21] LETELIER, Elías. El poeta y el miedo: la negación de la realidad. Tercer Encuentro Nacional de Poetas y Escritores. Coronel-Chile. A Propósito de Golpes y de Versos. En Actas Literarias. Poetas.com.
http://www.poetas.com

[22] ROJAS, Gonzalo. América es la casa y otros poemas. En: Casa de América. Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca, Salamanca 1998, p. 15. Citado por Jorge Riechmann: Poesía que no cede a la hipnosis.
http://www.nodo50.org/mlrs/

[23] SANANES, Mery. Walt Whitman Poeta de los tiempos que vendrán. Ediciones Desorden. Caracas, enero de 1973.

[24] SANANES, Mery. De la palabra, la cultura y el conocimiento. .op. cit.

[25] ARBELÁEZ, Jotamario. Oración por lo que pueda pasar. En: Cronopios.
http://eltiempo.terra.com.co/opinion/colopi_new/jotamarioarbelaez/ARTICULO-WEB-_NOTA_INTERIOR-1486733.html

[26] SANANES, Mery. Tiempo de guerra. Caracas, Ediciones Desorden, septiembre 1974.

[27] PERSE, Saint-John. Poesía (Discurso pronunciado en la recepción del Premio Nobel, 1960). En: Canto para un equinoccio - Antología Poética - .Caracas, Monte Ávila editores, 1991, pp.161-164.

[28] AYMARÁ, Dionisio. Huésped del asombro. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses... San Cristóbal, Táchira, Venezuela, 2000.

[29] GOETHE, Johann W. Obras Completas. Tomo II. Aguilar, Madrid, 1958, pp.1288-1289.

[30] ETCHEVERRY, Jorge. Neruda o Conciencia Colectiva. En: Poetas.com http://www.poetas.com

[31] NERUDA, Pablo. Canción de gesta. Incitación al Nixonicidio y Alabanza de la Revolución Chilena. Avilarte. Caracas, 1974, pp. 103-106.

[32] BAUDELAIRE, Charles. Las flores del mal. Libro Mex Editores. Ciudad de México, 1959, p.19.

[33] AYMARÁ, Dionisio. Vivir y otros enigmas. Carcasa, Litopar, 1996, p.7.

[34] ORTEGA Y GASSET. Tríptico. Mirabeau o el político. Madrid, Revista de Occidente, 1927.

[35] TREVISAN, Armando. Sobre el proceso creador. En: Revista “Poesía”. No. 85-86. Carabobo - Venezuela, 1991. p.3.

[36] SANANES, Mery. León Felipe Poeta de pólvora y barreno. Caracas, UCV. Cátedra “Pío Tamayo”, CEHA / IIES 7 FACES. Año 1988.

[37] PEREIRA, Gustavo. Prólogo. En: Almácigo 4 En Tiempo de guerra. (De Pablo Mora). Formas Lem. San Cristóbal, Táchira, Venezuela, 1985, p. 9.

[38] PEREIRA, Gustavo. Oficio de partir (o de cómo cierta melancolía puede convertirse en urgencia). Caracas. Editado por el Decanato del Núcleo de Sucre, Universidad de Oriente. Año 1999.

[39] BENEDETTI, Mario. Preguntas al azar (1986). En: Inventario Dos - Poesía Completa (1986-1991). Visor, Madrid, 1994, pp.283-471.

[40] HERNÁNDEZ, Miguel. Llamo al toro de España. En: El hombre acecha. Antología Poética. Círculo de Lectores, Valencia, 1977, pp. 246-249.

[41] GABALDÓN, Argimiro. Citado por Mery Sananes. En: Tiempo de guerra. Op.cit.

[42] HOLGUIN, Andrés. Antología Crítica de la Poesía Colombiana (1874 - 1974). Tomo II. Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1981, pp. 143-144.

[43] ROMERO ANSELMI, Julio. manifiesto albar. En: Poesia.org
http://www.poesia.org.ve/poema.php?codigo=1146

 

© Pablo Mora 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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