Análisis y estudio del material cronístico
en una comedia de senectud:
La campana de Aragón

Ingrid Vindel Pérez
Universidad Autónoma de Barcelona


 

   
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La campana de Aragón es comedia que Lope anuncia por primera vez en su lista de El peregrino, cuando ésta aparece publicada en 1604. La comedia, sin embargo, no vería la luz hasta el año de 1623, en la XVIIIª Parte de comedias, impresa en Madrid por Juan González y listada con dedicatoria a don Fernando Vallejo, Colegial del Mayor de San Bartolomé1. La comedia, aún inédita, ofrece una perspectiva nada menospreciable para el público, dado que La leyenda de la campana de Aragón —comúnmente conocida como la Leyenda de la campana de Huesca— ofrece un asunto no tan ignorado por el público contemporáneo, como se piensa. Sus raíces circulan hoy en notas, en breves noticias escritas que la singularizan en su conjunto a modo de curiosidad; en dichos u oralidades que transmiten incluso esos elementos tan anecdóticos por legendarios. Pero el conocimiento que se tiene de la leyenda en sí no es suficiente al público. Bien que el género legendario contiene, en el fondo, unos hechos históricos y reales que lo sustentan, y que también han ido transformándose con el paso de los años; y bien que el público prefiera deleitarse, no tanto en la historia como en esa esa misma transformación de la leyenda, es prudente e indispensable determinar la diferencia que resulta de la amalgama de ambos géneros. Su discernimiento es significativo para observar el conocimiento y el trenzado a la hora de abordar la comedia lopesca: no tanto la anécdota en sí como lo entreverado y las fuentes que la encauzan. En este breve artículo, me limito sólo a cincelar unos pocos cauces que puedan abrir una brecha a futuras investigaciones. Se pretende indicar asimismo los equívocos y trivializaciones con ánimo de ofrecer una pauta o interpretación más ajustada, tanto de la comedia lopesca como de los materiales cronísticos y legendarios que aquí nos ocupan.

La elección de esta comedia responde a una necesidad apremiante de seguir investigando unos manuscritos inéditos, una transformación de esos materiales cronísticos que la definen, y también para recomponer algunas de las anfibologías que divagan por esasa ciénagas de la cronística interpoladas en la comedia lopesca para mayor sonrojo de quienes han permitido su olvido en los anaqueles de lo inédito.

La campana de Aragón es obra que no se publica hasta casi veinte años después de anunciarla Lope en la lista de El Peregrino. Morley y Bruerton, con buen criterio, la clasificaron entre aquellas obras de Lope cuya composición es de fecha dudosa, por cuanto su metro no permite ubicarla en un momento cronológico determinado. Al punto de publicarse en la decimoctava parte, la comedia muestra ejemplos de métrica italiana, pero son ya muy pocas las silvas o tercetos —un 15% del total de la obra— los que se mantienen frente a los octosílabos —un 85% de su versificación—; lo cual viene a abandonar ese criterio del metro italiano en favor del octosílabo del Lope de senectute. La presencia de heptasílabos es también notoria en La campana de Aragón, pese a ser su disposición algo irregular; no obstante, se abandona casi en su totalidad el verso esdrújulo —otro de los rasgos característicos de su senectud—; y así el lector puede encontrar ristras enteras de heptasílabos parejas a hiladas de silvas y al abandono del esdrújulo, que denotan la reformulación de la comedia ya en los años de senectud, por lo que no es de extrañar que Morley y Bruerton se concedan el sano beneficio de la duda a la hora de fechar la comedia, pues hay casi dos décadas de por medio entre el momento en que Lope la anuncia en El Peregrino y su fecha de publicación y, atendiendo a la insólita mezcolanza en el verso y el metro, no es de extrañar que Lope hubiera ido retomando la comedia a lo largo de varios años, y no de una forma continua sino alternativa.

En las letras castellanas, la leyenda de la campana de Huesca aparece documentada por primera vez en la Crónica de San Juan de la Peña o Crónica Pinatense, redactada a finales del siglo XIV, por mandato de Pedro IV el Ceremonioso y dos siglos después del reinado de Ramiro el Monje. Cuando uno se acerca a la leyenda de la campana, la tradición nos remite a un trasfondo de la literatura clásica que no debe caer en saco roto. Lo que nos lleva a pensar que la Leyenda recogida con dos siglos de posterioridad al reinado de Ramiro no es derivación de ningún material cronístico sino un reflejo imperfecto de motivos bien extendidos de la literatura clásica.

Las fuentes cronísticas —con bastantes discrepancias con respecto a las legendarias— indicaron en su momento que sí ocurrió algo extraño con la nobleza en el momento de reinar Ramiro, y en ello centrará la comedia su atención. Los Anales Toledanos Primeros, dan cuenta de esa noticia hacia el año 1136, con un escueto «Mataron las potestades en Huesca». Y la crónica del historiador árabe, Ibn’Idari, revela asimismo que el monarca aragonés ordenó decapitar a siete de los principales nobles que habían asaltado una caravana de mercancías, proveniente de tierras islámicas que se dirigía a Huesca, con lo cual se violaba el tratado de paz que Ramiro el Monje había concertado con el gobernador musulmán de Valencia y Murcia; pero éste es un dato falto de confirmación en otros escritos cronísticos del siglo XIV.

Acaso pueda parecer árido el hecho de recurrir a materiales historiográficos, pero es fundamental el adecuado discernimiento del material legendario, de un lado, y del histórico, de otro. Los materiales cronísticos2 coinciden en admitir que, hacia el año 714 las fuerzas musulmanas, capitaneadas por Muza Ibn Musayr, se presentan ante Zaragoza, que les es sometida sin ninguna dificultad. Los musulmanes, sin embargo, llegaron por el norte hasta Loarrre y Alquézar, ocupando Huesca y Barbastro, y estableciendo en Zaragoza la capital de un amplio territorio que llamaron Marca o Frontera Superior de Al-Andalus. En términos generales, todo el valle del Ebro fue dominado sin resistencia por el linaje musulmán de los Banu Qasz; —los “invasores rebeldes”, al decir de las crónicas cristianas— que respetaron las costumbres y la religión de los habitantes. Fuera del territorio de la Marca —con frecuencia, insumisa a Córdoba— quedó posteriormente Huesca. De otro lado, los francos ocuparon Jaca desde el mismo siglo VIII y dominaron, a través de nobles locales, la zona del río Aragón creando un condado con este nombre. Con el desmoronamiento del poder califal, los territorios aragoneses se disgregaron en reinos de taifas, de entre los cuales el de Zaragoza fue el que tuvo, en el siglo XI, un papel más destacado. La zona pirenaica, sin embargo, quedó al margen de la dominación musulmana. En el siglo X, el condado de Aragón fue incorporado al reino de Navarra. Pero a la muerte de Sancho III el Mayor, Aragón quedó como reino independiente al otorgársele el título de rey a Ramiro I (1035-1063), hijo bastardo del rey navarro. Ramiro I amplió el reducido territorio que había heredado, con la incorporación de la zona del Sobrarbe y del Ribagorza e inició la conquista de la zona musulmana, tarea que continuaron sus descendientes, Sancho V Ramírez (1063-1094) y Pedro I (1094-1104). Alfonso I el Batallador amplía los límites de su reino casi a los que actualmente constituyen el territorio de la comunidad aragonesa. A la muerte de Alfonso I —y, a partir de aquí, el material cronístico se entrevera con el material legendario—, y después de solucionar un extraño testamento que dejaba el reino a las órdenes religiosas, los nobles impulsan la coronación del hermano del difunto rey, Ramiro II llamado “el Monje”, que era obispo de Barbastro y Roda. El material legendario cuenta, sin embargo, que Ramiro fue mal recibido por los prohombres del reino debido a su condición de monje y que, angustiado por esta actitud, envió a un mensajero a pedir consejo al Abad del monasterio de San Ponce de Tomeras, al cual había pertenecido3. Se dice que el Abad escuchó al mensajero y sin mediar palabra lo llevó al huerto monacal. Ante la desconfianza del abad con el mensajero, aquél empezó a cortar los tallos de los tallos de unas coles que más sobresalían de la plantación, indicando al emisario: “Ve y explícale al rey lo que acabas de ver”. Ramiro comprendió el significado del gesto4 y convocó a los nobles a Cortes en Huesca, con el pretexto de construir una campana que se oyera por todo el Aragón.5 La leyenda dice que los nobles acudieron a la cita, no sin dejar de mofarse de la pretensión del rey que, obviamente, creían absurda6. Ramiro apostó algunos hombres de su confianza en una sala del palacio real oscense. A medida que los nobles entraban, iban siendo decapitados y sus cabezas puestas en el suelo, en forma de círculo; cuando éste se completó fue degollado el capitoste y su cabeza pendió de una cuerda sujeta a la bóveda, a modo de badajo. La leyenda se cuenta, todavía hoy, de forma fácil y popular, como ejemplo que ilustra el escarmiento de un rey hacia sus prohombres7; y es éste pasaje el que, a grandes rasgos, ha dado más que hablar en las letras castellanas8, y el que inspira a Lope a la hora de documentar su comedia.

No parece difícil dilucidar los materiales cronísticos que barajaba Lope. Conoce, por ejemplo, la recuperación de Huesca por parte de los reinos cristianos9; la impor-tancia que el enclave de Jaca suponía como hito de la ruta de los peregrinos —el entonces llamado Camino de Santiago— y también como primera ciudad que rinde obediencia a Ramiro; trata asimismo detalladamente la presencia de personajes muy concretos como don Pedro de Atarés y la de don García Ramírez10. Hace hincapié asimismo en algunos pormenores de corte epocal como la importancia que durante el reinado de Ramiro adquiría la presencia de la cruz de Santiago11 y en otros detalles de tono más puramente cronístico como la repoblación de los antiguos territorios musulmanes. Lope conoce bien la incorporación de la zona del Sobrarbe12, la importancia que para Alfonso el Batallador suponía la recuperación del enclave de Zaragoza13, la vulnerabilidad que, frente a los árabes suponía la disensión de la nobleza aragonesa14, etc.

Al margen de todo, están los materiales legendarios, que en la comedia lopesca, adquieren los tintes de la Crónica Pinatense15, pues en el resto de materiales cronísticos —y pese a coincidir todos en la decapitación de parte de la nobleza— no hay ni rastro de la campana o del consejo del gobernante a partir de la señal de algunos vegetales. A la hora de reformular la leyenda, Lope escribe con arreglo a ciertos espacios poéticos que él modifica en el lugar de los de la Crónica aragonesa. Y así se sustituye, por ejemplo, el consabido huerto de los tallos por un jardín florido del cual fray Leonardo va cortando las cabezas de las flores más altas16. El clásico jardín de Lope se convierte nuevamente en ese espacio que cumple esa clásica función juiciosa de un consejo que le es dado al gobernante,a fin de obtener una consolidación de su persona. La elección de la campana en Lope es, sin embargo, algo más desproporcionada: Lope no tiene que justificar el origen de ningún reino tal como debía hacer la historiografía, y así se dice en la obra dramática que la campana deberá oírse, no por todo el Aragón sino por todo el mundo17. Todo ello aderezado en otro tipo de cuestiones más estilísticas propias de Lope: la huerta, por ejemplo, supone además un espacio ambivalente en el que cualquiera es capaz de esconderse; cualquiera sí, pero no los prohombres o los Grandes del reino, y tampoco Ramiro como heredero; a ellos la huerta les supone un espacio de descubrimiento y notoriedad18 -tal como ocurría en la Pinatense- que debe evitarse.

Dejando de lado todos esos indicios que suelen esgrimirse en la circulación de la leyenda, sí hay distintos datos que inquietan a la hora de asomarse uno a la comedia lopesca. Uno de ellos es el momento en que Ramiro se enfrenta a los moros armado con escudo, espada y riendas. Éste es un hecho que la Primera y la Segunda Crónica narran no como humillación sino como prueba del heroísmo y la valentía de Ramiro ante los moros. Lope, por el contrario, invierte el valor del pasaje y aprovecha el recurso para intensificar la humillación de los nobles ante Ramiro19. De otro lado, las Crónicas Generales traen a colación la presencia detallada de algunos personajes como Pedro de Atarés; y, sin embargo, nada o casi nada se dice acerca de ambos en la comedia, datos que sí recogerían historiadores más tardíos como el padre Juan de Mariana o Jerónimo Zurita. Las historias de Juan de Mariana tampoco parecen ser el filón del que el dramaturgo extrae su material, pues el nombre de los seis jueces elegidos para dirimir los conflictos navarro-aragoneses no concuerda con los propuestos por Lope20 y, pese a algunas coincidencias, Lope no tenía razón para excluir de la nomenclatura a un personaje como Pedro de Atarés.

La trayectoria que Lope concede a estos materiales nos lleva a preguntarnos sobre las fuentes que el Fénix barajaba en su composición. Cuento de antemano con todos aquellos cauces que puedan haber hecho circular la leyenda por vía oral21; sin embargo, ante la imposibilidad de documentarla y testimoniarla adecuadamente, debe agudizarse el ingenio para conjeturar cuáles de esos cauces impulsaron la circulación de la leyenda en los siglos XVI y XVII. Que Lope no estuvo en Aragón —viaje en el cual pudiera habido documentarse de los trazos más generales— es un hecho que muestra cada una de sus biografías. Aunque se nos hubiera escapado alguno de sus viajes al Aragón —como ocurre con los de Toledo— y admitiéramos que Lope hubiera conocido la leyenda de primera mano, aún nos quedarían muchos cabos sueltos por atar. ¿Coteja el dramaturgo fuentes de diversa índole o extrae los materiales de una sola de ellas? ¿De cuál o de cuáles? A diferencia de lo que ocurre con su viaje al Aragón, Lope sí visitó en numerosas ocasiones la ciudad de Toledo: ¿Es verosímil creer que Lope hubiera tenido acceso a los Anales Toledanos y la crónica del historiador árabe Ibn’Idari? Las juiciosas indicaciones del profesor Rafael Ramos me llevan a detenerme en la posibilidad de que Lope tuviera conocimiento de la refundición que de la Crónica General de España hizo Florián de Ocampo en el s. XVI o, en su defecto, de los archivos reales para los que Ocampo había trabajado durante el reinado de Carlos V. Sin embargo, el texto editado por Ocampo22, conviene en general con la Primera Crónica General en sus versiones amplificada y concisa, y con la Versión crítica. El pasaje citado anteriormente en el que Ramiro es armado con el escudo y las riendas todas ellas lo traen sin más comentario. La Crónica de 1344, sin embargo, sí ofrece novedades. En el ms. regio E2, un corrector del siglo XIV introduce adiciones marginales al texto primitivo que el traductor gallego incorporó a su versión y de ahí pasó a la de 1344. Las adiciones atañen al reinado de Alfonso el Batallador y Ramiro el Monje —Primera Crónica General, cc. 794-795, notas a pp. 476b12 y 477b50—. Una de las noticias añadidas sobre Alfonso es la de las armas de Aragón que llevan 4 cabezas de reyes moros, porque el rey los había matado a todos en un día. Sin embargo, en la cuarta parte, cuando se vuelve a hablar de Alfonso I, la Crónica de 1344 vuelve a la misma versión que las demás, incluyendo las diversas opiniones sobre el incierto destino del rey aragonés tras la derrota de Fraga23. Teniendo en cuenta lo anterior, es claro que Lope no utilizó directamente como fuente de su comedia el texto editado por Ocampo, sino una historia que conocía una información semejante a la de la Crónica de 1344 —piénsese en el detalle de las cabezas de moros en armas aragonesas—, lo que se confirma, además, por los añadidos que dicha crónica interpola en el reinado de Ramiro el Monje y que proceden del mismo corrector del siglo XIV. No puede omitirse, por supuesto, la opinión de Menéndez Pelayo, quien piensa que la fuente histórica directa de La campana de Aragón es el Valerio de las historias (1472) de Diego Rodríguez de Almela24. Bien es cierto que la obra de Almela tuvo gran difusión —al menos 10 ediciones impresas: la 1ª, de 1487 y la 10ª, de 158725— y es claro que Lope pudo utilizarla. La obra de Almela refunde sin dudas la Crónica de 134426; y a Almela cabe atribuir la interpretación como indignidad o simpleza de la apostura del rey Ramiro en la batalla con las riendas en la boca, que reaparece en historiadores posteriores como Zurita o Mariana, y que justamente trae Lope. Sin embargo, el confuso episodio de las Cortes y la campana no está en Almela. Según Menéndez Pelayo, el dato procedería de la Crónica de San Juan de la Peña, en sus versiones latinas y en posteriores traducciones, pero tampoco nos aclara mucho más acerca de la leyenda.

A la hora de escudriñar los orígenes que dan pie a la comedia, creo inevitable preguntarse el porqué de su uso: ¿es sólo por abordar otro de los materiales cronísticos y legendarios relativos a la historia de España como era de su gusto? Da mucho que pensar el hecho de que en la literatura clásica ese motivo de los tallos sobresalientes que simbolizan cabezas cortadas vaya siempre parejo a la ética del líder; la alusión, desde luego, tampoco es precisamente gratuita en Lope: a Ramiro se le presenta en su condición de monje, pero son nutridos los parlamentos entre el rey y fray Leonardo —su álter ego27— que plantean el tema de la humildad28 con respecto a la figura del príncipe cristiano29. Desde el primer hasta el último acto se sopesan, con preferencia, diferentes virtudes como la humildad30 versus soberbia31-, dado que en pleno siglo XVI son los valores que deben guiar el regimiento del príncipe cristiano. Y así se atiende a la caridad —fundamental en su figura—32, al cristocentrismo33, a la predestinación —al intentar defenderse en vano Ramiro de su sueño34—, la piedad, la salvación35, o la tristeza36. Lope es dado a cambiar con frecuencia los paradigmas que puedan regir la ética del líder, sin amoldarse a ninguno en concreto; pero en La campana de Aragón —a diferencia de ese otro grupo de obras en las que Lope había puesto por delante la virtus aristotélica—, el cuidado de la religión se observará de forma muy rigurosa37. El espejo de príncipes expuesto en la comedia responde, por ende, al paradigma del príncipe cristiano por cuanto Ramiro no puede ni debe discernir el buen gobierno de su reinado de la presencia de Dios38. El principal conflicto entonces de los prohombres del reino es el de pretender una grandeza que sólo se debe a Dios39, y no es hasta el acto III que Lope zanjará la cuestión40 al exponer el temor que al rey -como Dios en la tierra- se le debe.

La leyenda de la campana de Aragón no es más que un mero soporte argumentativo que permite encauzar una idea determinada del monarca cristiano. La tan fabulada leyenda de los tallos vegetales que sobresalen, pareja siempre a una ética del líder en la materia clásica41, nos lleva a pensar que tanto la Crónica de San Juan de la Peña como las posteriores crónicas redactadas con anterioridad a la comedia lopesca pretenden ser exponentes de carácter político, por cuanto el motivo literario no es más que un alegato que permite la identificación de una grandeza lejana de la de los nobles.

Las limitaciones de espacio no nos permiten contrastar aquí todos aquellos datos que pudieran tener algún correlato con las fuentes cronísticas y legendarias. Pero es urgente un estudio pormenorizado de todos aquéllos antecedentes que han ido quedando por el camino: desde una documentación y un contraste pormenorizado de los personajes de la comedia, pasando por el parangón de determinados pasajes de la tradición cronística, se disiparán no pocas dudas y se incorporarán muchos otros matices al adecuado análisis y al estudio de la comedia lopesca de La campana de Aragón.

 

Notas:

[1] Para las citas, sigo la editio princeps publicada en la XVIIIª Parte de las comedias de Lope de Vega, Madrid, 1623.

[2] Suelo referirme en ello al historiador Ibn’Idari, a los Anales Toledanos Primeros, y la Crónica de San Juan de la Peña, que son las tres fuentes que dan cuenta del material cronística, pese a ser ésta la última exponente que adereza el relato con composturas de tintes más fabulados. Mención aparte me merecen las Crónicas Generales de España, que ordenan su material histórico dentro de un proyecto cristiano conforme a esa idea visigótica de la unidad peninsular y, por tanto, de forma muy sesgada.

[3] Cfr. los vv. 2999-3003: “En este jardín florido / quiero entrar, está advertetido / de lo que quieres hazer / porque le has de responder / a los ojos, no al oído”

[4] Cfr. los vv. 3161-3172: “Fue cortando las más altas / que mostravan más sobervia, / escapando de sus manos las humildes y pequeñas. / Esto es, Señor, lo que dize / que en este negozio adviertas, / mas ¿qué tiene esto que ver / con satisfazer mi afrenta?”

[5] Cfr. vv. 3187-3194: “Parte luego Don Fortunio / y di a mis Grandes nobles e hijos dalgo / que yo he traçado hazer una campana / que se oiga en todo el mundo, para esto / tengo necesidad de que se junten / los nobles de Aragón en mi palacio. / Fortunio: ¿Campana que se oiga en todo el mundo?/ ¿Qué dizes gran señor?”

[6] Cfr. vv. 3279-3388: “Fortunio: Quiere hacer una campana / que se oiga en todo el mundo / tocada tarde y mañana. / Pedro: ¡Qué bavo ingenio! Salsino: Profundo... / Lope: ¡Rica industria! García: Soberana... / Pedro: ¡Bravo Arquímedes! Lope: Notable / García: ¿Hay hombre tan mentecato?”

[7] Cfr. acotación vv. 3373- 3377: “Aya dentro ruido de armas, córrese una cortina y está a modo de campana las cabeças de los Grandes, y el rey Ramiro con su cetro, y una espada desnuda en la mano, y un mundo a los pies del rey, encima de la campana / Ramiro: “Aragón, oye al segundo / Ramiro pues oy te allana / con castigo tan profundo, / porque aquesta campana / que se oirá por todo el mundo. / Y vosotros decendiente / d’éstos que veis degollados / a vuestros ojos presentes, / quedaréis escarmentados / de ser al rey obedientes. / Temblad, temblad y creed / que soy rey; en fin hazed / como vasallos leales, / que os pondré así, si sois tales, y si no, os haré merced.”

[8] Recuérdese que, además de la comedia de Lope, Antonio Cánovas del Castillo publicó en su juventud una novela histórica, La campana de Huesca, publicada en Madrid en el año de 1852, a partir del mismo motivo argumental.

[9] Así lo afirma Fortunio en el acto I, vv. 33-35: “Juntos en esta ocasión / avemos, Señor, ganado. / Tú a Güesca al valiente Moro, / y yo tu gracia, tesoro (...)” y vv. 56-60: “Supe que a Güesca assaltavas / trezientos hombres junté / con essas maças, o clavas / y de los montes baxé / por el peligro en que estavas.” También Nuño en los vv. 75-82: “Ya queda Güesca por ti, / rey famoso aragonés, / que a tu mezquita subí / y aquestas lunas que ves / a tus cruzes abatí. / Allí, Señor, enarbolo / tu estandarte, y queda solo, / dando terror al pagano.”

[10] Cf. vv. 146-159: “Señor, no permita el cielo / que la vitoria declares, / cuando estampan en tu suelo / moros los pies a millares. / Rey: ¿De dónde? Atarés: De Zaragoça / que su rey Alboacén / tus campos tala y destroza. / Rey: ¿Vienen cristianos? Atarés: También / con sueldo cristianos goza. / Rey: ¿Quién le acompaña? Atarés: Un García / del rey de Castilla, hermano. / Rey: ¿Cristiano ayuda este día / a un Moro contra un cristiano? / Vamos que esta causa es mía.”; vv. 775-777: “Cupo a Fernando a Castilla, / y de Navarra y Tudela / don García fue señor”; vv. 2346-2361: “Los navarros que supieron / que sin advertirles nada, / les avían dado rey, / la nobleza a Cortes llaman. / Eligen a don García, / que con los moros estava / en el reino de Valencia, / y embaxadores despachan. / Vino a Navarra contento, / donde trayendo la fama / de su corona las nuevas, / partó a Pamplona a estorvalla. / Garci Ramírez, ya rey, / niega a Aragón la demanda, / formó exército, y comiençó / a castigar su arrogancia.” (la cursiva es mía)

[11] Cf. vv. 167-169: “La cruz roja de aquel santo / puede al mundo hazer temblar / si a tu lado la levanto.” (piénsese que la Cruz de Santiago forma parte del cuadrante inferior izquierda en campo blanco del escudo aragonés.

[12] Cf. 775-777: “Ésta que llaman Sobrarbe, / muerto don Sancho se entrega / el rey de Aragón, Ramiro”.

[13] Cf. 951-956: “No he de ponerme la corona de oro, / insignia de que el rey que hereda goza, / ni cetro en mano, para más decoro, / ni galas dignas de mi edad tan moça, / hasta que pueda, desterrando al moro, / coronarme en la insigne Zaragoça”; aunque también vv. 983-986: “Venid conmigo, que me abrasa el pecho / el desseo de verme adonde digo, / que he de poner a Zaragoça el pecho, / contra el poder del bárbaro enemigo.” y vv. 1172-1173: “Lope: Entra, señor, y la vitoria goza, / Alfonso: Abraçadme, sagrada Zaragoça.” y vv. 1213-1217 por boca del rey moro: “Firme el Pilar se quedó, / mas fue para los cristianos, / que hoy sobre mi fe cayó, / arrojado de las manos”.

[14] Cf. los vv. 2231-2232: “Aragón está alterado, / su gente no se concierta.”

[15] Así lo demuestra la carta que Fortunio entrega a fray Leonardo en los vv. 2938-2947: “Los grandes cavalleros de mi corte han dado, viéndome ignorante, en hazer burla de mí; tanto que si juzgo los pleitos son de animales ridículos; si peleo, me hacen llevar la lança en la una mano y la adarga en la otra y las riendas en la boca. Detrás de mí murmuran todos, tanto que ayer les oí: querían hazer rey a Don Pedro. Aconsejadme, padre Leonardo, para que éstos me teman, y no digáis nada a Fortunio, que él piensa que va a otra cosa.” (la cursiva es mía).

[16] Así lo afirma Fortunio cuando se refiere al fraile en los vv. 3025-3028: “Sé padre que avéis cortado / de aqueste jardín florido / las flores que avéis hallado / que más altas han crecido.” y en los vv. 3161-3172: “luego un pequeño cuchillo / sacó de una vaina negra / que de su cinta pendía, / y entre las flores y yervas / fue cortando las más altas / que mostravan más sobervia, / escapando de sus manos / las humildes y pequeñas. / Esto es, señor, lo que dize / que en este negocio adviertas, / mas ¿qué tiene esto que ver / con satisfazer mi afrenta?”

[17] Cf. las palabras que Fortunio dirige a los nobles en los vv. 3279-3285, entre otros: “Quiere hazer una campana / que se oiga en todo el mundo / tocada tarde y mañana. Pedro: ¡Qué bravo ingenio! Sancho: ¡Profundo! / Lope: ¡Rica industria! García: ¡Soberana! / Pedro: ¡Bravo Arquímedes! Lope: ¡Notable! / García: ¿Hay hombre tan mentecato?” (la cursiva es mía).

[18] Cfr. vv. 2208-2210: “Mejor estaré en la huerta, / pero estaré mas notorio, / que es más clara y descubierta.”

[19] Cfr. el pasaje en n. 16.

[20] Según Lope, por Aragón, Pedro de Amaya, Ferriz de Huesca y Rojas, Pedro Caxal de Zayas; por Navarra, Ladrón de Guevara, Jimén Torres Cortés, Guillén Aznárez de Otarza. Si se atiende a la historia de Mariana, los jueces por Aragón son don Cajal, Ferriz de Huesca y Pedro de Atares; por Navarra, don Ladrón, don Guillén Aznar y don Jimeno Aznar.

[21] Me refiero al abandonado Cantar de la campana de Aragón. El poema, todavía inédito, está en vías de ser digitalizado por la Biblioteca Virtual Cervantina.

[22] Para un adecuado estudio acerca de la mentada crónica vid. el estudio de María del Mar Bustos “La crónica de Ocampo y la tradición alfonsí en el siglo XVI”, incluido en Alfonso X el Sabio y las Crónicas de España, Universidad de Valladolid-Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, Valladolid, 2000, pp. 187-217.

[23] Vid. para ello la edición de Cintra, Crónica Geral de Espanha de 1344, IV, Lisboa, Academia portuguesa da história, 1990, cc. DCXCV-DCC, pp. 199-207

[24] Vid. Estudios sobre el teatro de Lope de Vega, CSIC, vol. III, Madrid, 1949, p. 410.

[25] Vid. G. Cirot, Les histoires générales d’Espagne, Burdeos, 1904, p. 17, n 5.

[26] El lector puede muy bien comprobarlo precisamente en el fragmento sobre el reinado de Ramiro el Monje que trae Menéndez Pelayo en íbidem.

[27] Para ello cfr. vv. 426-428, 1447-1450, 2325-2332.

[28] Remito al lector muy especialmente al largo parlamento que fray Leonardo expone ante Ramiro en los vv. 209-236.

[29] Cfr. vv. 265-275: “Eres fray Ramiro, hermano, / del rey Pedro de Aragón, / y dando al mundo de mano / diste ejemplo en religión / de ser príncipe cristiano. / Donde tu mucha humildad, / estorvada en mi presencia / no impide tu caridad, / mas mira que la obediencia / es negar la voluntad. / Y ésta es de grande importancia.”

[30] Cf. vv. 295-301: “En romance, aunque avergüence / de serlo, en un libro vario, / leí —con Cruz se comience— / que el diablo dijo a Macario: / “fraile, tu humildad me vence”. / Desde entonces profesé / ser muy humilde”

[31] Cf. vv. 240-243: “Es verdad que Pedro dize, / que Dios da gracia al que está / humilde, y que contradize / al que en ser soberbio da”

[32] Cf. vv. 265-274: “Eres, fray Ramiro, hermano / del rey Pedro de Aragón, / y dando al mundo de mano / diste exemplo en religión / de ser príncipe cristiano. / Donde tu mucha humildad, / estorvada en mi presencia / no impide tu caridad, / mas mira que la obediencia / es negar la voluntad.”

[33] Cf. vv. 374-378: “Contemplad pues lo de dentro, / pues el alma dentro está, / y bolvéis la vista al centro, / alma, abrid las puertas ya, / que ya a contemplaros entro.” pero también vv. 430-432: “Cuando Dios algo revela / en sueños -grande misterio- / el alma entonces recela.”

[34] Cf. v. 393: “Aragón: Tú te defiendes en vano”.

[35] Cf. vv. 1454-1462.

[36] Cf. vv. 2043-2055: “Mire Ramiro, que escribe / San Pablo que la tristeza / por Dios nunca se prohíbe / que a penitencia endereça / el coraçón en que vive. / Mas la del mundo es de suerte / que dize que engendra muerte, / y allá dize Salomón, / que humilla al fuerte varón, / y el consuelo le divierte. / Jamás tristeza des / tu alma, y tu alegre vida / nos dize el Eclesiastés”

[37] Cf. por ejemplo los vv. 2068-2075: “Era bueno y virtuoso / mi Alfonso, fue descuidado / en el culto religioso / por solo darse a soldado / temerario y belicoso. / Quiso el cielo con exemplo / mostrar que ha de venerarse / su santo y sagrado templo.”

[38] Cf. para ello vv. 2155-2162: “Buelve a mirar, ¡oh, Ramiro! / la patria donde naciste, / mira al gran rey de tu nombre, / que nos la dexó tan libre. / Allí servirás a Dios, / que te guarde y encamine, / para que en tus armas pongas / tu escapulario por timbre.”

[39] Cf. para ello los vv. 2325-2332: “Leonardo: Notable ignorancia fue / tener un fraile sentado, / y a tantos Grandes en pie. / Ramiro: Grandes delante de vós / son pequeños, no habléis d’ellos. / Vidaure: ¿Si lo ha dicho por los dos? / Ramiro: Que Dios es más grande que ellos / y baxáis del cielo a Dios.”

[40] Lo hace en los vv. 3178-3180: “piadoso soy, estraña cosa es ésta / para mi condición, mas ya he caído, / que el rey que no castiga, no es temido.” aunque también en vv. 3299-3306 por boca de Fortunio: “¡Oh, fiero escuadrón villano, / tan malo es un rey cristiano, santo y humilde y inocente, / piadoso, justo, clemente, / de coraçón limpio y sano. / Plegue al cielo que os castigue, / y pues no le conocéis, / que a un rey tirano os obligue.”

[41] Cfr. vv. 3374-3386: “Aragón, oye al segundo / Ramiro, pues oy te allana / con castigo tan profundo, / porque aquesta es la campana / que se oirá por todo el mundo. / Y vosotros decendiente / d’estos que veis degollados / a vuestros ojos presentes, / quedaréis escarmentados / de ser al rey obedientes. / Temblad, temblad y creed / que soy rey, en fin, hazed / como vasallos leales”.

 

Abril de 2004

 

© Ingrid Vindel Pérez 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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