Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 

 

Julia Otxoa

Guten Café

         

 

Txetxu Aguado
Department of Spanish and Portuguese
Dartmouth College - USA

Como lectores, más de una vez nos preguntamos para qué seguir leyendo, por qué dedicar esfuerzo y tiempo a esa literatura acartonada de la actualidad tan autocomplaciente consigo misma y con sus piruetas expresivas, siempre desprovista de la fuerza de lo verdadero y, lo que es peor, de la fuerza para insertarnos en algún tipo de sentido. Y, sin embargo, de vez en cuando nos llegan pequeñas joyas, como esta colección de microficciones de Julia Otxoa, para recordarnos que todavía es posible encontrarse con esa literatura que nos ayuda a explicarnos, a buscarnos por algún lugar entre sus páginas, fuera de los lugares y de los tiempos de nuestra decadencia y opresión vital. Todavía queda esperanza en la literatura.

Gunten Café participa por completo de la poética de lo pequeño, de todo aquello que todavía es capaz de sorprendernos con el minimalismo de su expresión, de lo alejado del exceso de argumentación racional y del exceso de páginas con que se reviste la presencia de la nada. Los microrrelatos de esta colección, por el contrario, en su mezcla de géneros, en sus frases casi entrecortadas, en las imágenes captadas en el instante mismo de su evasión, y en sus momentos de apertura a significados entrevistos en los vértices de la existencia, nos insinúan un sentido en lo que ocultan, en lo que deliberadamente huyen de mostrar abiertamente para no perderlo del todo. Lo que no se dice cuenta tanto o más que lo que se expresa. Cada palabra trae consigo un idioma; cada frase es una propuesta de lenguaje poético sin exageraciones ni aspavientos, humilde. Frente a la obviedad repetitiva y machacona de los mensajes actuales, el antídoto circula por la profundización en la palabra poética de Julia Otxoa.

Para leer esta colección se requiere una aptitud sensible hacia lo mágico, así como el olvido del ruido y de la luz estridentes que todo lo deforman, para saborear la lectura poco a poco, pausadamente, fuera del tiempo de la actualidad, en busca de ese otro tiempo que libera la percepción. Hay que vaciarse antes de acercarse a estos relatos, para disfrutarlos lo más posible, para no deformarlos y dejarse envolver por ellos suavemente, sin cuidados. Descontaminados de toda la cotidianidad ya hecha y tramada por alguien ajeno, y armados con la esperanza de un acercamiento más verdadero a lo personal, se nos propone "un tiempo como creación" (8) o una "percepción como escritura íntima" (8) de los paisajes y geografías de lo personal perdidos en algún lugar de nosotros mismos. Para ello, será necesario romper con el lenguaje (44), no para silenciarlo como quería Samuel Beckett, ni para expulsarlo de sí mismo como propone Juan Goytisolo. Las estrategias poéticas de Gunten Café no van en esas direcciones. Julia Otxoa quiere desorientar los diccionarios con la nieve (19), expresarse en idiomas extraños (36), insertarse de lleno en "la cartografía de la contradicción" (66) que mejor representa la confusión de nuestros días y abrir el lenguaje, lo que tan celosamente guarda en su interior, a la vida verdadera, a sus pulsiones y también a sus sobresaltos inesperados. Se quiere relacionar la palabra, en suma, con su origen en parábola, como sugiere la autora, como "alegoría de nuestros mejores sueños, de nuestros paisajes por dibujar, de nuestro vocabulario por inventar."

No es casualidad, en este sentido, la presentación de una edición bilingüe, castellano-euskera, de los relatos de Gunten Café. En la traducción, como ya reclamara Walter Benjamin, en su constante ir y venir de un lado a otro, se transparentan los significados y los sentidos más auténticos, esos perdidos en la normalidad del uso diario en una sola lengua. En el acertado trabajo de traducción de Felipe Juaristi, en el ir y venir entre las palabras de dos formas de "habla" y de relación con el mundo distintas, aunque nunca radicalmente opuestas, se hace realidad el sueño de Camille Godan, la traductora atípica de una de las microficciones, de "tener al menos cinco piernas y doce manos [. . .] para un número indeterminado de cabezas" (40). Y es que la multiplicación de los miembros del cuerpo traductor de Godan deviene imagen de la pluralidad de los sentidos convocados en la traducción.

Pero Gunten Café no es sólo una llamada de atención sobre el lenguaje. Su objeto es también invocar un tiempo menos lineal y un espacio menos saturado de lo cartesiano. Por eso, los textos juegan con las extrañezas y con las perplejidades inesperadas en lo ordinario en busca de instantes de belleza alejados de lo prosaico, de lo ya sabido o visto irremediables veces. La estética de la belleza tiene además una proyección ética, pues circula privilegiadamente por nuestro espíritu contestatario, o por lo que quede de él, en contra de todas estas formas de reducirnos, y reducir a los demás, a quién sabe qué. La belleza que reclama la autora, hay que salir a buscarla por los caminos de la rebeldía, de la acción en contra de lo que nos quieren presentar como la única realidad, cuando sólo se trata de uno de sus fragmentos. Y la extrañeza y la perplejidad, aunque sólo sea por unos instantes, nos desrealizan y nos deconstruyen de la misma manera que desmontan los entramados culturales y simbólicos con los cuales nos escamotean la verdad. El ejercicio estético para Julia Otxoa es ese impulso prometeico -siempre fracasado, siempre renovado-dirigido a desbrozar dentro del marasmo de nuestras vidas la sorpresa, a manifestarla en esas rendijas por donde se cuela lo inesperado en el instante menos premeditado.

Todavía sigue habiendo esperanza en la literatura de Gunten Café, como la hay en su última microficción, en la capacidad para no desentenderse de una mirada amable sobre lo que nos rodea y recrearlo en sus mejores momentos, no importa en qué circunstancias o lugar. En el basurero se alcanza a rozar las estrellas (74), porque la esperanza es no dejarse engullir por la materia oscura y siniestra del vertedero, pero tampoco de su reverso en la forma de una economía que todo lo mercantiliza. En la lectura cuidadosa de estos microrrelatos, nos tornamos en cazadores de instantes, como nos propone Rafael Argullol, a la espera de la toma de control verdadera sobre el "caótico instante de nuestros días" (66). Mientras ese momento llega, seguiremos "una navegación a la deriva" (34), "un viaje alrededor de la aproximación" (24) de lo que nos importa, guiados por esta colección de microrrelatos escritos por Julia Otxoa.

 

23/08/2004


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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2004