Espéculo

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Miguel Herráez

Cuentos franquistas

     

 

ANTECRÍTICA

El cuento y la España del último franquismo

Miguel Herráez


En España, el cuento como género nunca ha gozado de reconocimiento. Ya no hablo de prestigio, simplemente hablo de acogida. De un modo contrario, la demanda de él en el resto de Europa o en toda América, desde Canadá hasta la Ushuaia argentina, en donde es una de las formas literarias de mayor vigor y supervivencia, el relato breve tiene desde el siglo XIX una gran presencia. Si estableciéramos una línea desde Twain o Poe o Hemingway, podríamos bajar por Joyce, Woolf, y subir hacia Chejov o Bunin o Turgueniev, y bajar de nuevo hacia Maupassant, y relanzar la cosa hacia Arlt, Borges, Cortázar y un inmenso, interminable etcétera de raíces latinoamericanas. En España, poco.

Explicar las razones de por qué no cristaliza acá este formato de narración parece que obedezca a planteamientos de índole sociológica. No hay tradición. El costumbrismo decimonónico fue una esperanza, pero se frustró en seguida. Se suele citar a Leopoldo Alas como referencia posterior y de éste se pasa a Pío Baroja. Luego el género se hunde hasta reaparecer, sobre todo, con la llamada Generación del 54, la que lo impulsa: Ignacio Aldecoa, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Jesús Fernández Santos, entre otros. Es verdad que, a partir de ahí, y, luego, con los años sesenta, el género da la impresión de que comienza a andar por sí mismo. Pero sólo es un espejismo.

Ese espejismo fue el reflejo deformado introducido por los llamados autores del boom. Quiero decir que ellos sí escribieron y publicaron y vendieron cuentos en España, muy en especial en un tiempo en que ser latinomericano (Seix Barral, Bruguera) era casi una carta de calidad a priori. También no es menos cierto que, en la mayoría de los casos, en ese paréntesis de años sesenta y setenta, los citados escritores latinoamericanos reunían ambas condiciones: ser de allá y encima escribir muy bien. Sólo hay que recordar, más los nombrados arriba, a Vargas Llosa, García Márquez, Carpentier, Benedetti, Onetti, Soriano, Donoso, Ribeyro, Bioy, Hernández, Ocampo o Monterroso. Cuando se acabó el boom y dejó de llegarnos el posboom, se acabó también el cuento.

¿Por qué entonces escribir cuentos, publicar un libro de cuentos? ¿Qué sentido tiene intentar meterse en el mercado a codazos con un género menospreciado por un lector que busca libros de autoayuda o novelas o ensayos? Es una pregunta muy difícil de responder. Considero que el cuento está más próximo del poema que de la novela, lo cual, para alguien que ha escrito tres novelas -mi caso-, ya es de por sí un reto. Lograr centrarse en una tensión, jugársela en la verticalidad sin esa red de seguridad que tiene a medio plazo toda novela, es algo tan debilitante como fatigoso. Pero, al mismo tiempo, es un ejercicio en realidad muy placentero. Esa es una de las razones del porqué he optado por el riesgo que conlleva el cuento.

Otras. Me atraía escribir historias cortas a partir de situaciones experienciales, casi autobiográficas. Recuperar la vida pequeña de hechos pequeños, pero siempre con el trasfondo del franquismo (algo que ya había hecho en algunos de los catorce relatos de Te lo puedo decir ahora, Ronsel, Barcelona, 2001), atmósfera bajo la que gravitan los ocho de estos Cuentos franquistas (Ronsel, Barcelona, 2004) Las postrimerías de la dictadura y el inicio de la transición, las complicidades políticas de la sociedad, el rechazo generalizado de enormes sectores de la vida española. Echar una ojeada agridulce hacia atrás, sin nostalgia, pero con una dócil melancolía por el tiempo transcurrido. En mi ánimo nada de revisionismo de un período deplorable de la historia de España ni posible sublimación de tantos sucesos lamentables. Sólo he querido regresar a aquellos colegios en los que la pared principal de cada aula ofrecía el retrato de Franco y en cuyos patios estaba la marmita de la leche en polvo norteamericana y los graffitis y las células urbanas y los grises y todo aquel escenario lleno de incertidumbres y esperanzas. Una manera como otra de reinventarse. No sé si son justificaciones, pero sí son motivos. Los motivos que me han servido para acometer este libro.


 El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/herraez.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2004