“Ese libro de estampas que es la vida”:
La poesía reciente de José Antonio Mesa Toré

Tiffany Gagliardi
Assistant Lecturer, Spanish
Department of Languages and Cultures
University of Otago, New Zealand


 

   
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El análisis e interpretación de una nueva obra literaria siempre parece sufrir del mismo padecimiento: el no poder ubicar dicha obra dentro del período mismo en que ésta se produce. Aunque los críticos pueden clasificar la buena o mala calidad de una obra durante los años de su producción, estas valoraciones son frecuentemente equívocas. Según Francisco Rico, “un período se reconoce sólo cuando, al cerrarse, se descubre toda la complejidad del juego de acciones y reacciones en que se mueve siempre la literatura” (VIII). Es decir, una aproximación hacia el valor del arte nuevo siempre es un acto de fe. Con esa esperanza, intento analizar la obra del nuevo poeta español José Antonio Mesa Toré, destacando algunos rasgos dentro de su poética que le liga a los otros de una generación más reciente.

José Antonio Mesa Toré es miembro de un grupo de poetas malagueños quienes han logrado estimación en las últimas décadas del siglo XX. Nacido en Málaga en 1963, el poeta se graduó de la Universidad de Málaga con una Licenciatura en Filología Hispánica. Trabaja actualmente como profesor de español para extranjeros. Desde los años ochenta, Mesa Toré ha colaborado en la edición de Litoral y ha dirigido la revista poética Puente de Plata. Sus libros poéticos incluyen En viento y en agua huidiza, publicado en 1985, El amigo imaginario en 1991, por lo cual recibió el Premio Rey Juan Carlos I de Poesía, y una antología de su poesía titulada La alegre militancia publicada en 1991. Su último libro, La primavera nórdica recibió una beca del Ministerio de Cultura español. Además de sus propias publicaciones, Mesa Toré ha sido incluido en varias antologías nuevas como La poesía más joven, Fin de siglo, Poesía Andaluza de hoy y La generación de 99.

La poesía de este poeta español parece reflejar los rasgos claves dentro de la producción de los últimos poetas de interés que se han incorporado a la poesía española. Por eso, creo que su obra es emblemática de la nueva generación. En Los nuevos nombres, José Luis García Martín señala las características predominantes de esa poesía:

Avanzada la década de los ochenta, la situación comienza a cambiar. La poesía «figurativa», la que rechaza los elementos irracionales del lenguaje y hace hincapié en la emoción, la experiencia, el humor, la narratividad, e el ambiente urbano, parece convertirse en la opinión estética predominante. (95)

La poesía de José Antonio Mesa Toré no sólo demuestra estas tendencias sino que destaca de la de otros nuevos por su alta calidad. Se puede considerar su poesía como “el arte de las masas” de lo cual José Ortega y Gasset escribió en su ensayo La deshumanización del arte. Es una poesía popular o de experiencia con un alto nivel de accesibilidad. Por apelar a los sentimientos humanos básicos, frecuentemente de una perspectiva profundamente nostálgica, Mesa Toré ata al lector a su poesía en una pseudo auto-identificación con las experiencias cotidianas de la voz poética.

Se puede distinguir dos estilos relativamente muy distintos en la producción poética de Mesa Toré. Aunque este tema se enfocará en su poesía más nueva es importante notar que su poesía temprana demostró un estilo radicalmente distinto de su poesía actual. En viento y en agua huidiza, el primer libro de Mesa Toré, contiene poemas cortos de un estilo neo-barroco, llenos de imágenes culturalistas, adornos y artificios, alusiones a figuras renacentistas y greco-romanas, y palabras cargadas. “Dante Alighieri en compañía de Virgilio” ejemplifica esta poesía temprana:

Nevados de solemne silencio
en la amable pócima sus párpados
desvanecen y el brillo de sus músculos
ante la bruma rindiendo las armas.
Gacela en las fauces del polvo,
un túnel de fósil noche
a sus pies el barquero extiende:
¡Oh vosotros que entráis, abandonad
toda esperanza!

Este octavo cuidadosamente elaborado indica el tono oscuro y la visión pesimista de la vida, tan importante en la poesía barroca. Desde este primer experimento con su propia voz poética, la obra del poeta ha pasado por un cambio radical hacia una poética de experiencia cotidiana. En su totalidad la producción poética de Mesa Toré se ha desarrollado más hacia este segundo estilo.

En su antología Fin de siglo, Luis Antonio de Villena comenta las influencias históricas sobre los nuevos poetas. La poesía de la nueva generación, según Villena, sirve como una reinvidicación y exaltación de la Generación del 50, sobre todo en Jaime Gil de Biedma, Francisco Brines y Angél González. Por su tendencia de abandonar el culturalismo y el verso libre y remplazarlo por una reclamación de “la poesía de la experiencia, más cotidiana, y más medida” (21), los nuevos desarrollan una poesía ultra-contemporánea y popular. En la obra poética de Mesa Toré, se nota fácilmente este desplazamiento de un estilo culturalista por una voz experiencialista.

Un análisis de la poesía reciente de José Antonio Mesa Toré demuestra la influencia de la Generación del 50 sobre su poesía de experiencia. Debido a su cotidianeidad y claridad, sus asuntos próximos, sean urbanos amatorios o nostálgicos y su intento de conmover al lector, los poemas de Mesa Toré sirven simplemente como relaciones del pasado o remembranzas de la juventud. El lector establece una amistad con y empatía para el poeta. Hay una creación de fraternidad por sentimientos y momentos compartidos debido a la utilización de una voz poética que establece un tono normal de todos los días. El poeta es cualquier hombre, un amigo, un hermano, otro que sufre y siente en común.

Un tema central de la poesía de la experiencia es obviamente la rememoración del pasado, la recolección de momentos nostálgicos que surgen a causa de un aroma familiar o una visita con un viejo amigo o una tarjeta postal recibida hace años. José Antonio Mesa Toré comenta su viaje retrospectivo y evocativo en un ensayo que escribió en la introducción a selecciones de su poesía en la antología La generación de 99 escrito por José Luis García Martín:

Cuando empecé a escribir, yo creía que buceando en el fondo del pasado, con la memoria por bombona de oxígeno, encontraría entre las sombras abismales el tesoro perdido... cada poema, un fragmento del tesoro. (124)

Sin duda, una gran cantidad de sus poemas se refieren a fragmentos de su juventud. Estas experiencias no pretenden más que compartir un momento con el lector. En suma, estos poemas representan “la vida” que el poeta describe en su poema “Los días tontos” como un “libro de estampas”.

Dos poemas en particular se destacan como ilustrativos de la tendencia de José Antonio Mesa Toré a captar estampas sencillas de su juventud y convertirlas en breves remembranzas poéticas. En su poema “Las bicicletas”, incluido en el libro El amigo imaginario, Mesa Toré describe las aventuras veránales que él pasaba en excursiones de bicicleta con sus primas. El poema consiste en una décima que aproxima en detalle la experiencia misma del poeta y un sexteto que trata el asunto de una manera más abstracta. La falta de una rima fija en los versos endecasilábicos crea un tono más discursivo que poético. El poeta incorpora la aliteración cuando describe el “desorden / de un desván” (1-2) y los “vestidos / empapados, los pechos de mis primos” (8-9). Efectivamente, esta técnica mantiene una ligereza que corresponde al ambiente juvenil del poema. Juntos su dependencia en el encabalgamiento y las frases truncadas asemejan la manera caótica por la cual la mente humana recuerda el pasado. La incorporación de imágenes sensoriales - “timbres”, “olores silvestres”, su “cara al viento” enfatizan la función de los sonidos, olores, y sentimientos como catalizadores de la memoria. La primera estrofa del poema apunta a las imágenes veránales, “las bicicletas”, “las veredas”, “la fuente”, y “el pedaleo”, que forman lo concreto de su memoria. En la segunda estrofa, el poeta se mueve hacia una abstracción de su remembranza por definir “la adolescencia”. El poema termina nostálgicamente con la afirmación de que solamente “el clima de aquellas excursiones y la inercia / de pecar contra el sexto mandamiento” (14-16) quedan en el presente.

El poema “Fin de curso”, incluido en su antología, La alegre militancia, desarrolla otra memoria juvenil. El poeta relata una noche, al borde de las vacaciones veránales, que él pasó en la compañía de otra estudiante. Esta memoria está encapsulada en nueve versos encabalgados de verso libre. Con pocas palabras, el poeta expresa una situación tan cotidiana y mundana que el lector no puede evitar identificarse con la voz poética. La experiencia de la evasión de los padres, “nos creían tus padres estudiando” (1), y los estudios, “nos olvidamos / de los libros, los lápices” y aún las diversiones, “y la sal del verano” (8-9) por la experimentación amorosa adolescente, crea un ambiente de auto-identificación entre el escritor y su lector. Mesa Toré describe el fin de curso con adjetivos que inspiran en el lector la angustia de los exámenes finales. Los estudiantes se sienten “débiles y cansados” y “frenéticos” (3-4). Finalmente, el poeta alude a la complejidad de organizar las aventuras amorosas de la juventud. Es evidente que los estudiantes tuvieron que planear con cuidado no ser descubiertos “nos dejó alguien / las llaves de aquel ático - y las sábanas limpias / encima del pupitre” (6-8). Por recrear la vida, Mesa Toré nos da una poesía de experiencias comunes. “Las bicicletas” y “Fin de curso” representan la narración de momentos felices de la adolescencia, los “fragmentos del mapa de tesoro” a los cuales alude el poeta.

Es en el ensayo que sirve como la introducción del libro de García Martín donde el crítico encuentra la clave a una segunda categoría dentro de la poesía reciente de Mesa Toré. El poeta reconoce que su búsqueda en el pasado por un tesoro a través del recuerdo de las experiencias, no se puede adquirir. A causa de la transformación del pasado por la memoria, “Acaso para hacerla más juiciosa / y justa, la memoria colorea…” (“Los días tontos”), el poeta rechaza las experiencias recordadas como vía al tesoro, “ahora sé que no” (124). En vez de concentrarse nostálgicamente en los momentos, Mesa Toré empieza a desarrollar una poética que depende de un nuevo lema: “la vida es poca cosa” (124). Por esto, el poeta insiste en que la esencia del pasado y el presente se encuentra en objetos triviales que aislados parecen insignificantes pero juntos forman la vida. En contraste con sus poemas de experiencia, “Un tintero” y “Ti voglio bene” se concentran en dos “cosas” cargadas con la esencia del pasado.

En su poema “Ti voglio bene”, Mesa Toré se concentra en un objeto pequeño, una tarjeta postal, y la elabora en una demostración de como “la vida es poca cosa”. Desde Florencia una “escueta posta de viaje” llega con “unas cuantas faltas leves de ortografía” (1-2). En un soneto polimétrico, el poeta narra la breve historia de una relación amorosa. Este artículo postal contiene en una forma reducida todos los detalles necesarios para comprender el carácter de la relación. Los cuartetos constan de detalles sobre la tarjeta misma enfocando en el temblor de “la azul caligrafía” que indica el estado nervioso de la mujer.(7) Los tercetos están dirigidos directamente a la “lejana turista” (9) y plantean la confusión emocional que existe entre la pareja. El poeta pregunta:

¿Quién puede comprenderte mi lejana turista?
Hoy me mandas suspiros, promesas, algún beso,
y ayer mismo huías con un hasta la vista. (9-12)

Es por reflejar algo sencillo, pocas palabras enviadas del extranjero, que uno ve la vida. El último terceto demuestra que el peso del poder en la relación favorece a la mujer. El yo narrativo promete reunirse “a la hora prevista” para ver las fotos del viaje “como un tonto” (13-14) El poema demuestra que la esencia vital del pasado existe no tanto en las memorias sino en los objetos triviales que representan el pasado.

De una manera semejante, “Un tintero” se centra en un pequeño objeto heredado por el “yo” poético. El poema consiste de quince versos sueltos principalmente heptasilábicos ligados por encabalgamiento. Entre las posesiones del difunto, el escogimiento de un tintero en la forma de un “pavo real de bronce” (5) nos demuestra una afinidad con algo que capturó la atención juvenil del narrador más que la de su madurez.

Otra cosa no quise
de cuantas me ofrecieron
como recuerdo suyo. (1-3)

El tintero viene a servir como esencia de sus recuerdos del difunto. El instrumento, un objeto cotidiano sin duda bien utilizado por el muerto durante su vida, se hace para el narrador del poema sus mejores memorias. El puesto del tintero “en una selva mustia / de libros y de estorbos” (6-7) refleja la actitud familiar con la cual la voz poética intenta aproximar su reliquia. Es por utilizar el tintero, “Y le vertí en el buche / la tinta fraternal / con la que ahora escribo” (9-11), que el “yo” poético espera lograr la misma intimidad que tenía con el difunto en los años pasados. Quiere que la herencia sirva como vía para recibir en sus mejillas “el lacre de unos labios” que conoció “cuando era niño” (14-15). Es por el recuerdo de un artículo viejo que la voz poética intenta recapturar los sentimientos de su pasado.

Dentro de muchos de los poemas de José Antonio Mesa Toré existe un sentido profundo de la nostalgia por el tiempo pasado. Aunque el poeta escribe frecuentemente con un tono ligero o juvenil, es importante comentar sobre su tendencia de lamentar los años pasados como si fueran mucho más de lo que actualmente son. Esta prematura visión nostálgica distingue su poesía de los otros de su generación. “Viejos amigos” ilustra la perspectiva avanzada sobre el paso del tiempo que posee el joven poeta. El poema comenta la relación de algunos amigos “que se ven muy tarde en tarde” (1) por el paso de los años. Aunque están lejos de los noches de su juventud, se reúnen en “Una boda, un bautizo” donde celebran “los mismos chistes malos de siempre” (8-10). A pesar de la rutina de estas reuniones, los viejos amigos encuentran consolación en “que (la) amistad y vino mejoren con los años” (13). Es con resignación hacia la vejez que los amigos, “cumplen con sus mujeres el soñoliento rito / de perpetuar la especie” (14-15). El tono del poema, establecido por palabras como “lejos”, “insomnes”, “desertores”, “encerrado”, “siempre”, y “soñoliento”, es uno de cansancio y rendición hacia la vida. La falta de ánimo de los años jóvenes, salta del poema y casi choca con el dato de que el poeta solamente tiene treinta y siete años. Este poema refleja la madurez de Mesa Toré e indica la amplitud de su poesía de experiencia.

En conclusión, Mesa Toré, a pesar de sus pocos años, ha logrado desarrollar varios estilos poéticos en el proceso de encontrar una voz poética bien personal. Su temprana experimentación con la poesía barroquizante ha cedido el paso a una poesía de experiencia característica de su generación.

Los rasgos de los nuevos nombres, “humor, cotidianidad, gusto por la narración, rechazo de los experimentos vanguardistas, convivencia de diversas tradiciones” (García-Martín, 123), son prolíficos en su obra. La trayectoria de su poesía revela varias intenciones de redescubrir su juventud o por contemplar las experiencias mismas o por analizar los objetos del pasado. Aunque sea difícil evaluar el valor del arte nuevo, la poética de José Antonio Mesa Toré es, por lo menos al momento de producirlo, y su obra futura será bien esperada.

 

Bibliografía

de Villena, Luis Antonio. ed. Fin de siglo: Antología. Madrid: Visor, 1992.

García Martín, José Luis. La generación del 99: antología crítica de la joven poesía española. Oviedo: Nobel, 1999.

García-Posada, Miguel. ed. La nueva poesía (1975-1992). Barcelona: Crítica, 1996.

Mesa Toré, Jose Antonio. La primavera nórdica. Valencia: Pre-textos, 1998

—— En viento y en agua huidiza. Málaga: Librería Anticuaria El Guadalhorce, 1985.

—— El amigo imaginario. Madrid: Visor, 1991.

—— La alegre militancia (antología 1986-1996). Málaga: Miguel Gómez Ediciones, 1996.

Francisco Rico, Darío Villanueva y otros. eds. Historia y crítica de la literatura española: Los nuevos nombres: 1975-1990. Barcelona: Editorial Crítica, 1992.

 

Las bicicletas

Pasaban el invierno en el desorden
de un desván y el revuelo de sus timbres
era siempre el aviso de salida
para un tiempo sin fechas, soleado.
Por entre los maizales, las veredas
estrechas cara al viento. La disputa
por no llegar el último a la fuente.
O, tras el pedaleo y los vestidos
empapados, los pechos de mis primas
sintiendo la impericia de los dedos.

La adolescencia fue los días claros
entre olores silvestres y la prisa
por saber de la vida sus secretos.
Horas de las que sólo dura el clima
de aquellas excursiones y la inercia
de pecar contra el sexto mandamiento.

(De El amigo imaginario)

 

Fin de curso

Nos creían tus padres estudiando
en casa de un amigo hasta la madrugada,
débiles y cansados en los últimos días
del frenético curso. Inducía el verano
a las playas de moda y hubiera sido fácil
salvar sus vacaciones, pero nos dejó alguien
las llaves de aquel ático - y las sábanas limpias
encima del pupitre - donde nos olvidamos
de los libros, los lápices y la sal del verano.

(De La alegre militancia)

 

Ti voglio bene

Me envías una escueta posta de tu viaje
con una cuantas faltas leves de ortografía
- aunque eso no importa, ya sabes mi manía
de perseguir tus líricas traiciones al lenguaje.
Hablas de la ciudad, del mediocre hospedaje
en pleno centro de Florencia y todavía
hacia el final te tiembla la azul caligrafía
cuando dices que sientes mi sombra entre el paisaje.
¿Quién puede comprenderte, mi lejana turista?
Hoy me mandas suspiros, promesas, algún beso,
y ayer mismo huías con un hasta la vista.
No temas: estaré aguardando el regreso
en el sitio fijado y a la hora prevista,
para ver como un tonto las fotos del suceso.

(De El amigo imaginario)

 

Un tintero

Otra cosa no quise
de cuantas me ofrecieron
como recuerdo suyo.
Traje a casa el tintero,
pavo real de bronce
que en una selva mustia
de libros y de estorbos
despliega la baraja de las horas.
Y le vertí en el buche
la tinta fraternal
con la que ahora escribo,
por si desde la sombra
reciben mis mejillas
- como cuando era niño-
el lacre de unos labios.

(De La primavera nórdica)

 

Viejos Amigos

Que se ven muy tarde en tarde, lejos
de las noches insomnes en que, cerrado el libro,
confiaban la magia de sus primeras citas,
el carmín indulgente en la casa sin padres.
Entonces desertores del desánimo
y de la misa, hoy lo son del tiempo
en que ensayaban juegos más limpios que la vida.
Una boda, un bautizo, un vuelo de campanas
en el cielo encerrado les condenan
a celebrar los mismos chistes malos de siempre,
las bravatas que afloran como acné del pasado.
Y acabado el festín, tan satisfechos
de que amistad y vino mejoren con los años,
cumplen con sus mujeres el soñoliento rito
de perpetuar la especie.

(De El amigo imaginario)

 

© Tiffany Gagliardi 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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