Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 

 


  María Ángeles Maeso

     Perro
 

  

Hacia la nada
Joaquín Mª Aguirre Romero
Universidad Complutense de Madrid   

Perro, de María Ángeles Maeso, es una obra dura. Tan dura, al menos, como el mundo que estamos haciendo. En estos tiempos utilitarios, en los que las personas se ven reducidas a una función productora y valoradas desde ella, la autora nos muestra la historia de una pérdida, más que de la dimensión humana, de la dimensión social. "Sin trabajo, sin marido, sin útero ni ovarios en su sitio, a saber lo que pareces" (p. 55). Esta reducción de los tres factores determinantes de la posición -la laboral, la afectiva y la biológica- nos presenta el descarnamiento de un ser desgarrado por las tensiones internas y externas. Desposeída de todo lo que nos da consistencia a través de los otros, la protagonista se lanza a una búsqueda de su esencia a través de un cuerpo y una mente perforados por el dolor: dolor del cuerpo, dolor de la memoria. Hay que tocar fondo, sentirse en plena nada, para tratar de llegar a comprender no lo que ya no se es, sino lo que se ha perdido, un alma separada en alguna de esas mordidas que la vida le ha ido dando.

Reducida a una condición de insensibilidad, tanto física como anímica, la protagonista —nos viene a la memoria el Malone muere, de Samuel Beckett— se convierte en el resultado de unos tiempos despiadados, inhumanos, en los que vivir se ha reducido a una condición superficial y en donde los hombres son tratados como parte de máquinas, sustituibles por recambios en los momentos en los que sea requerido. La búsqueda de un alma, de un algo que habite ese cuerpo maltrecho y maltratado, humillado y despreciado, se convierte en la línea que atraviesa la obra. La negativa a ser solo materia, un objeto en una sociedad de objetos vivientes, no de sujetos, es la rebeldía inútil, casi camusiana, que sacude la conciencia de la protagonista.

Los méritos literarios de esta primera novela son muchos. Hay capítulos —son unidades de sentido, más que episodios— de gran belleza. La forma estilística elegida se mueve entre una narración entrecortada, con una selección de momentos en los que las pequeñas cosas adquieren una dimensión simbólica, y la reflexión casi ensayística sobre las condiciones de la protagonista. La prosa narrativa se deshace en imágenes que son analizadas por un conciencia dolorida. De su producción poética toma la autora una vocación por la construcción simbólica sin caer en la prosa poética. Es más bien el uso del lirismo en su sentido más hondo, como conexión con la intimidad, con lo más sentido del sujeto.

Porque de eso se trata, de conciencia. Conciencia de sí misma, conciencia de su futilidad, y rebeldía de esa conciencia en su avance irrefrenable hacia la destrucción de la sensibilidad, único refugio ante un dolor que atraviesa cuerpo y mente de forma insoportable. "Porque sé que triunfé. Que encontré ese punto intocable, que disparé y acerté. Que existía algo y lo recuerdo. Que en algún momento di en el centro de ese algo imprescindible. Y lo perdí para ser como ellos. Sonrío como ellos." (p. 85)

En Perro nos encontramos con la conversión de lo cotidiano -el paro, la infidelidad, el abandono, la enfermedad- transformado en tragedia existencial. Esas situaciones, reducidas a estadísticas, son las que pueblan nuestro mundo de noticias. Aquí lo vemos focalizado, diseccionado para hacernos ver que esos fríos números responden a situaciones humanas. "No soy un perro", repite la protagonista a través de la obra. Sí, es un mundo cruel. Merece la pena que nos lo digan, por si todavía no nos habíamos dado cuenta.

   27/07/2004

 


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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2004